miércoles, 20 de agosto de 2014

Honestidad intelectual

He decidido publicar aquí en Sursum Corda el artículo  Intellectual Honesty, de nuestros amigos de The Lay Pulpit. No obstante e artículo es simple y elocuente, quisiera hacer una serie de breves comentarios.

El primero de ellos es que este artículo se puede aplicar sin ningún problema a lo que hoy vivimos en Argentina en particular, pero en todo el universo "tradi" en general. Uno podría preguntarse si esto es debido a una suerte de "carácter" impreso en la mente y los espíritus de los autoproclamados "tradicionalistas". El deseo de demostrar que son algo diferente y mejor que los "católicos", término éste que han rechazado so color de ser usado, también, por los fieles de la Iglesia Conciliar. ¿Cuántes veces hemos sido testigos o víctimas de los interrogatorios de los "hermanos" tradicionalistas? ¿Cuántas veces no bastó con decir a dónde ibamos a Misa (aquí en Sursum Corda eso fue una constante por mucho tiempo), sino luego interrogar hasta el último ápice de la posición teológica adoptada? ¿Y que se busca con todo eso sino encontrar el justificativo para la condena? Porque muchos en el universo tradicionalista parecen que se convirtieron, de un día al otro en los nuevos inquisidores o mejor aún, fueron elevados a la categoría de fiscales del Valle de Josafat. Todo es motivo de error y ataque: sedevacantistas, lefebvristas, neo-lefebvristas, resistentes, falsos resistentes, totalistas, guerardianos y una larga lista de etcétera que se van conjugando. A modo de ejemplo recibí un correo electrónico de alguien que se definió como "resistente sedevacantista", es decir, un sedevacantista que sólo asiste a las misas del grupo de Monseñor Richard Williamson, pero... agregaba, era totalista, es decir, rechazaba la tesis del Papado Material como "herética y satánica". Un polígrafo sedevacantista me acusó de convivencia con la Iglesia del Anticristo porque le señalé sus errores en teología sacramental, y él olvidó que el Padre Cekada dijo en su reciente libro, que el Novus Ordo podía ser válido.

La erudición de estos tradicionalistas es, efectivamente como dice el artículo de The Lay Pulpit, una erudición falsa, limitada, sesgada y miope, controlada por el sacerdote u obispo al que siguen a pie juntillas. De allí que son incapaces de mantener cualesquier debate teológico. La estrategia la han demostrado tanto los seglares como los sacerdotes:
a) El Teólogo-Tradicionalista realiza declaraciones grandilocuentes y cargadas de citas, alguna que otra frase en latín y citas del Doctor de Aquino y del Magisterio.
b) Respuesta de algún católico medianamente formado que le señala el error en el que cayó el Teólogo-Tradicionalista.
c) Dicho Teólogo-Tradicionalista no revisa su posición ni revisa los argumentos que se le presentan en contra, sino qe los reafirma, usando las mismas citas que antes, agregando otras tomadas de otros artículos de algún otro sacerdote o laico que piensa como ellos.
d) El católico insiste en que el Teólogo-Tradicionalista está en el error y presenta nuevos argumentos.
e) El Teólogo-Tradicionalista entonces escribe un nuevo texto o artículo redoblando las declaraciones de a), pero esta vez acusa al contendiente de hereje, modernista, liberal, masón e infiltrado.
f) El fiel católico insiste en los errores del Teólogo-Tradicionalista y presenta nuevos contra-argumentos y le señala que está desviando una disputa teológica al plano personal.
g) El Teólogo-Tradicionalista vuelve a la carga y acusa a su contendiente de tener con él un problema personal y que lo ha difamado y que es víctima de un ataque por defender la Verdad y la Iglesia, mientras que su contendiente es poco menos que el Falso Profeta.

¿Ejemplos? Muchísimos. ¿Muestras? Revise usted mismo los foros, escuche a los modernos teologastros que se mueven por allí y encontrará de todo. Un presbítero sostuvo que las ordenaciones realizadas por un obispo consagrado ilícitamente eran dudosas, se le señaló su error y luego de haber pasado varios días tratando de defender su postura, admitió que, si bien eran "válidas" había que evitar esos sacerdotes por provenir de un obispo ilícito; cuando le señalé a ese presbítero que hoy todos los obispos son ilícitos, ya que ninguno cumple los requerimientos del Código Pío Benedictino y le di ejemplos concretos, solicitó mi expulsión de un foro y envió a varios amigos comentarios desagradables y difamatorios sobre mi persona.

El lector del texto que aquí reproducimos encontrará sobrados ejemplos sobre la "mojigatería tradicionalista": un sacerdote puede decir cualesquier barbaridad de un fiel, pero si el fiel le contesta, queda inmediatamente "excomulgado", no importa si el sacerdote mintió... es un sacerdote y se ha convertido, por eso mismo en un ser infalible. El Concilio de Constanza enseñó que el Papa podía ser un no-predestinado, pero el Concilio no sabía que un día, los sacerdotes se convertirían en seres dotados una infalibilidad mayor a la que gozan los Papas.

Hipocresía, falsedad, deshonestidad intelectual, cosas que sobran cuando falta la caridad. Gracias a Dios, ni siquiera estas disputas de conventillo podrán destruir a la Iglesia Católica.

Buena lectura.




It seems that whenever one “traddie (traditional Catholic) meets with another, one of the first questions asked is, “Where do you go to church?”  And if you answer to one's satisfaction on that query, he then goes on to the next bit of interrogation, such as, “How often?”  Or, “Who do you think was the last valid pope?”  Or, “Was that you that I saw at that ‘Novus Ordo’ funeral (or wedding)?”  Or, “Are you [or are you not] a ‘sedevacantist’?”  The questioning goes on until he finds some technicality on which to “hang” you – at which point, the questioning stops, and then pregnant silence sets in (or said traddie not-so-subtly changes the subject, begs to be excused, and then leaves).  Later, behind your back, you are duly (and ritualistically) condemned for whatever wrong answer you gave.  Traddieland seems to have a bumper crop of such drudges whose only aim in life is to find out peoples’ business, then crucify them for not “dotting the right i's and crossing the right t's.”

And besides being amateur Grand Inquisitors, many traddies are “arm-chair theologians” who like to quote from whatever latest book they’ve read, or who parrot what they’ve just heard from whichever cult-master they're revering at the time – and who are eager to show off their new-found “erudition” on such “articles of faith” as sedevacantism, “una cum,” etc.  And, of course, they “cherry pick” whatever opinions or data support their position, and ignore (and condemn) those that don’t.  Many of them, too, are “amateur historians,” with varying degrees of (incomplete) knowledge about Church history, freemasonry, the Illuminati, Zionism – whatever they've “boned up on” to impress others with their ersatz erudition.

One of the things that many love to point out is the fact that our country was founded by “a bunch of Masons.”  Yes, that is true: most of our founding fathers were Masons; but, for the most part, they were God-fearing men; and our country was – at that time – thoroughlyChristian in nature and actions; and Catholicism was allowed to flourish unencumbered, without fear of persecution -- while back in the mother country, it suffered persecution as late as the mid-nineteenth century (when Britain starved Catholic Ireland halfway into extinction).  Because of the Constitution drafted by our forefathers, we are free to worship, assemble, and express our opinions as we choose.

Amateur traddie “historians” like to “condemn” our forefathers, yet the very fact that they can express that “condemnation” without fear of reprisal is owing to the freedoms promulgated and guaranteed by those very forefathers.  Yes, a Catholic theocracy based on true Catholic principles is a Utopia we all wish for – but when will that realistically be achieved?  The closest the world got to that was in the earlier Middle Ages – the “Age of Faith.”  But that gave way to greedy, worldly clerics (and to abuses such as Lay Investiture and Simony), culminating in the Protestant Revolt – a train wreck from which we are still recovering.  The return to a Catholic Utopia has so far been an elusive pipe dream – and traddieland has done precious little to “make it real.”  

Traddieland has, instead, emulated not “Utopia” but that which destroyed Utopia: worldly self-seekers more interested in spreading their influence than in spreading the Faith – that, plus much of traddieland has calcified into a mass of letter-of-the-law “tinkling cymbals and sounding brass” who, more often than not, don’t even follow that letter.  Instead, they condemn people for mere trivialities, yet ignore fundamental Catholic morality: a girl’s wearing an athletic headband in church is “a mortal sin,” yet a school principal’s sons watching porn on a computer is “boys will be boys.”  They preach about “the dignity of life,” yet justify the murder of a Terri Schiavo, or the harvesting of a heart from a “donor” for a wealthy parishioner’s child.

This mentality has trickled down to the parishioner level, where the culties love to mimic their cult-masters (especially to malign the cult-master’s enemies -- which, of course, earns them “brownie points”).  Many of them are “mini-policemen,” chiding parishioners (especially visiting newcomers) about such things as “dress code” and “conduct” in church.  Any woman wearing a sleeveless dress, or not wearing a head covering -- or whose hemline is not well below the knees, or who is caught being “disrespectful” (e.g., whispering to someone during Mass) – is duly admonished.  Violating any of these “rules” may result in being denied Communion (and, in some cases, being escorted from the church).  Yet, when a boy (who happens to be the school principal’s son) impregnates a fellow student, nothing is said (or done) about that.  [In fact, he may even be featured in a complimentary article in a subsequent church bulletin – and was).

Another way this Puritanism manifests itself is prudishness in speech.  For instance, a man once reacted to a pack of lies that his pastor told (about his deceased father) by rightfullycalling them “bullshit.”  He was then condemned as “un-Catholic” by a fellow parishioner for using that word.  She said nothing about the fact that the pastor told a bald-faced lie: that was okay -- because “he was a priest.”  But a layman using the word “bullshit” -- that was “un-Catholic.”  It seems that using a “toilet” word is sinful, but sullying a deceased man’s character isn’t

In traddieland, Catholic common sense has vanished – and been replaced by tyrannical Puritanism, dispensed by letter-of-the-law, “holier-than-thou” martinets ready to jump all over anyone who makes a false move.  And all of that behavior – the Puritanism, the ersatz “intellectualism,” the prudery, the prying, judgmental questioning – is directly traceable to the cult-masters, and their preoccupation with what looks good (vs. what is good).  It’s all about superficiality, about appearances, about sanctimony, about HYPOCRISY.

These witch-hunters -- instead of interrogating people with long litanies of prying, fault-finding questions -- need to ask one another (and themselves) only two questions: 1) Do you love God with your whole heart and your whole soul?  and 2) Do you love your neighbor as yourself?  And the other thing that they need to keep in mind (and observe) is this: “Judge not, lest ye should be judged.”  Traddieland’s problem is simple: too much false piety, too much “holier-than-thou” ostentation, too much superficiality – in short, too much “sounding brass and tinkling cymbals.”  Its solution is simple, too: it needs CHARITY.

martes, 19 de agosto de 2014

Lengua litúrgica y lenguas sagradas

En el presente ensayo, quisiera señalar la diferencia entre las lenguas litúrgicas y las lenguas sagradas, en efecto, ambas suelen confundirse y se toman las designaciones como sinónimo. Así, por ejemplo, los defensores de la Misa Tridentina, suelen decir que el Latín es una lengua sagrada a la vez que litúrgica, al igual que el griego o el hebreo. También, el término “lengua muerta” se ha conjugado muchas veces con el carácter sagrado o litúrgico de alguna lengua particular.

Sabemos, por Aristóteles, que nuestras inteligencias pueden conocer tanto las esencias de las cosas como sus revestimientos externos, es decir, los fenómenos. En griego se emplea el término φαινόμενoν que se puede traducir por “apariencia”, “manifestación”, e incluso “revestimiento”. Por lo tanto,  un fenómeno es la apariencia o manifestación de una esencia. El término esencia proviene del latín esse, significando “ser”, lo que existe. Es decir, aquello que existe se manifiesta ante los ojos y esa manifestación es el fenómeno. Los hombres, en nuestro estado actual, estamos imposibilitados de conocer algunas esencias, así, por caso, no podemos ver a Dios tal como Él es en esta vida. Recordemos la petición que hizo Moisés a Dios “Manifiéstame tu gloria”, empero el Señor le responde “No podrás ver mi faz, que no ve hombre mi faz, y vive”, sólo puede ver la espalda (Ex 33: 20-21):

He aquí un lugar cerca de mí, y estarás sobre la peña; cuando pasare mi gloria, te pondré en hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano, hasta que hubiere pasado; y retiraré mi mano, y entonces me verás las espaldas; empero mi faz no se verá. (Ex 33: 22-23).

No obstante, nos consuela saber que, si perseveramos en la Gracia, al salir de este mundo podremos ver a Dios cara a cara y le conoceremos tal como él es. ¿Implica esto que nosotros no podemos conocer a Dios, como creen los agnósticos modernistas? En absoluto. Nosotros conocemos a Dios a la medida de nuestra inteligencia humana (una inteligencia caída, pero elevada por la Gracia de Dios), y nuestra inteligencia no puede abarcar todo lo que es el Omnipotente. Por lo tanto, corresponde al lenguaje el poder significar las esencias tal como las conocemos ahora, aún cuando no puedan abarcar todo su esse. A modo de ejemplo tenemos el término “transubstanciación” por el cual se significa a “al cambio de toda la substancia del pan en la substancia del Cuerpo de Cristo y de toda la substancia del vino en la substancia de su Sangre” (Dz 877), por lo tanto, transubstanciación significa eso y específicamente eso y no otra cosa, y cuando yo digo que Dios es una Trinidad, quiero decir que Dios es una Trinidad, no una “trinidad y algo más”.

Ahora bien, ocurre que el lenguaje del hombre cambia constantemente, se transforma por los usos y las costumbres a punto tal que en el paso de una generación a otra, o de una región a otra. Para salvar esta situación, la Iglesia ha codificado su liturgia en lenguas especiales, llamadas “lenguas litúrgicas”. Estas tienen la particularidad de encontrase “fijas”, incólumes al paso de los tiempos y las modas, son estáticas y se transmiten de una generación a otra para la preservación de la pureza del rito. Esta transmisión es una traditio, tradición que proviene precisamente de tradere, “entregar”, “transmitir”, “poner en custodia”. Las lenguas litúrgicas aseguran la custodia de los ritos mismos. No obstante, el fin no es el rito en cuanto tal, sino en cuanto lo que este significa o lo que en él se manifiesta. Un rito sería entonces un φαινόμενoν de una esencia. De allí que la causa del combate no es la Misa Tridentina por la Misa Tridentina, como lo harían los modernistas, los conservadores o los ritualistas, sino la Misa en tanto expresión apropiada de la fe católica. Dicho de otra manera, la Misa Tridentina es la expresión apropiada de todo aquello en lo que cree y debe creer un católico y en ella se realiza el sacrificio perfecto en el cual Cristo es Sacerdote y Víctima.

Las lenguas litúrgicas evitan entonces las ambigüedades, las confusiones y los anacronismos. No son, sin embargo, “lenguas muertas”, porque continúan siendo cultivadas, estudiadas y aprendidas. Es preferible hablar, en todo caso de “lenguas tradicionales”, es decir, aquellas que se transmiten con el fin de que los significados de las palabras no se alteren, sino que se mantengas estables a través de los siglos.

La Iglesia Católica Romana ha tenido el latín como lengua litúrgica por excelencia y de hecho, los rituales latinos son latinos. Tanto el Tridentino, el Sarum, el Dominico, el Ambrosiano y los demás, son en latín. En muchas iglesias ortodoxas y las uniatas, no se usa como vulgarmente se cree, lenguas vernáculas, sino el “Eslavo eclesiástico”, en ruso “церковнославя́нский язы́к”. El Patriarcado de Alejandría mantiene el uso del copto y los ritos orientales el siríaco, que deriva del arameo. Hasta los armenios conservan su liturgia en una lengua inalterada: el armenio clásico.

Una lengua sagrada no necesariamente es litúrgica. Las lenguas sagradas son aquellas que Dios utilizó para manifestar su Palabra, es decir, son las lenguas de las Sagradas Escrituras: el hebreo y el griego. El latín no es una lengua sagrada, porque el Evangelio no se escribió en ese idioma, pero la Iglesia conservó la edición latina, la Vulgata de San Jerónimo en los términos que fijó el Concilio de Trento:

Además, el mismo sacrosanto Concilio, considerando que podía venir no poca utilidad a la Iglesia de Dios, si de todas las ediciones latinas que corren de los sagrados libros, diera a conocer cuál haya de ser tenida por auténtica; establece y declara que esta misma antigua y vulgata edición que está aprobada por el largo uso de tantos siglos en la Iglesia misma, sea tenida por auténtica en las públicas lecciones, disputaciones, predicaciones y exposiciones, y que nadie, por cualquier pretexto, sea osado o presuma rechazarla. [...] que en adelante la Sagrada Escritura, y principalmente esta antigua y vulgata edición, se imprima de la manera más correcta posible (Dz 785-786).

A lo que Pío XII explicó de la siguiente manera:

Así, pues, esta privilegiada autoridad o, como dicen, autenticidad de la Vulgata, no fue establecida por el Concilio por razones principalmente críticas, sino más bien por su uso legítimo en las Iglesias, durante el decurso de tantos siglos; uso a la verdad, que demuestra que la Vulgata, tal como la entendió y entiende la Iglesia, está totalmente inmune de todo error en materias de fe y costumbres; de suerte que, por testimonio y confirmación de la misma Iglesia, se puede citar con seguridad y sin peligro de errar en las disputas, lecciones y predicaciones; y, por tanto, este género de autenticidad no se llama con nombre primario crítica, sino más bien jurídica. (Dz 2292).


El latín ha permitido la conservación y transmisión de la doctrina católica. Como lengua litúrgica permitió que las Sagradas Escrituras y la Santa Misa fueran preservadas y comprendidas tal como debían ser interpretadas y no pervertidas según los intereses de un tiempo, lugar o filosofías particulares. A diferencia del texto griego, el latín impide que la exégesis se torne eiségesis.

lunes, 18 de agosto de 2014

San Roberto Bellarmino sobre la tesis sedevacantista

El Padre Basilio Méramo envió a su lista de correos el siguiente artículo en el que demuestra los errores de los dominicos de Avrillé apelando a San Roberto Bellarmino.




REFUTADOS POR SAN ROBERTO BELARMINO 
EL PADRE DEVILLERS Y LOS DOMINICOS DE AVRILLÉ

Como los dominicos de Avrillé preguntan ¿Si el Papa es infiel o herético, qué pasa
con él?, (Si le pape est infidèle ou hérétique, que devient-il ?), les vamos a
ayudar a esclarecer un poco las neuronas, iluminándolos con la luz de la verdad,
que es una de las obras de misericordia, es una de las manera de limosna espiritual:
enseñar al que no sabe y corregir al que yerra, puesto que persisten en sacar un
trasnochado artículo del P. Devillers y que lo republican ahora nuevamente el 11 de
Agosto en su página web http://www.dominicainsavrille.fr/.
En realidad doblemente trasnochado, puesto que esa sentencia que los Dominicos
hacen suya, fue refutada nada más y nada menos que por el Cardenal San Roberto
Belarmino, que egregia y lúcidamente dice como sigue:
“La cuarta opinión es la de Cayetano, para quien (De auctor. Papae et Conc.,
cap. 20 et 21), el Papa manifiestamente herético, no está ‘ipso facto’ depuesto,
pero puede y debe ser depuesto por la Iglesia a mi juicio, es sentencia esa
sentencia no puede ser defendida. Pues, en primer lugar, se prueba con
argumentos de autoridad y de razón que el hereje manifiesto está ‘ipso facto’
depuesto. El argumento de autoridad se basa en San Pablo (Epist. ad Titum, 3),
que ordena que el hereje sea evitado después de dos advertencias, es decir,
después de revelarse manifiestamente pertinaz, lo que significa antes de cualquier
excomunión o sentencia judicial. Es eso lo que escribe San Jerónimo agregando
que los demás pecadores son excluidos de la Iglesia por sentencia de excomunión,
pero los herejes se apartan y se separan a sí mismos del Cuerpo de Cristo.
Ahora bien, el Papa que permanece Papa no puede ser evitado, pues ¿cómo
habríamos de evitar nuestra propia cabeza? ¿Cómo nos apartaríamos de un
miembro unido a nosotros?.
Este principio es certísimo. El no cristiano no puede de modo alguno ser Papa,
como lo admite el propio Cayetano (Ibídem, cap. 26). La razón de ello es que no
puede ser cabeza el que no es miembro; ahora bien, quien no es cristiano no es
miembro de la Iglesia; y el hereje manifiesto no es cristiano, como claramente
enseña San Cipriano, San Atanasio, San Agustín, San Jerónimo y otros; luego el
hereje manifiesto, no puede ser Papa.
A eso responde Cayetano que el hereje no es cristiano ‘simpliciter’, mas lo es
‘secundum quid’. Pues dado que dos cosas constituyen al cristiano -la fe y el
carácter- el hereje, habiendo perdido la fe, aún está de algún modo adherido a la
Iglesia y es capaz de jurisdicción; por lo tant0 todavía es Papa, pero debe de ser
destituido, toda vez que está dispuesto, con disposición última, para dejar de ser
Papa: como el hombre que aún no está muerto, pero se encuentra ‘in extremis’.
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Contra eso: en primer lugar, si el hereje, en virtud del carácter, perteneciese, ‘in
actu’ unido a la Iglesia, nunca podría ser cortado y separado de ella ‘in actu’, pues
el carácter es indeleble. Pero no hay quien niegue que algunos pueden ser ‘in actu’
separados de la Iglesia. Luego el carácter no hace que el hereje este ‘in actu’ en la
Iglesia, sino que es tan solo una señal de que él estuvo en la Iglesia y de que a ella
debe volver. Analógicamente, cuando la oveja yerra por las montañas, el carácter
en ella impreso no hace que ella esté en el redil, sino que indica de qué redil huyó y
a qué redil debe ser nuevamente conducida. Esa verdad tiene una confirmación
en Santo Tomás, que dice (S. Theol. III, 8, 3) que no están ‘in actu’ unidos a Cristo
los que no tienen fe, sino sólo están potencialmente, Santo Tomás ahí se refiere a
la unión interna y no a la externa, que se hace por la confesión de la fe y por las
señales visibles. Por lo tanto, el carácter es algo interno y no externo, según Santo
Tomás el mero carácter no une ‘in actu’ el hombre a Cristo.
Todavía contra el argumento de Cayetano: o la fe es una disposición ‘simpliciter’
necesaria para que alguien sea Papa, o tan sólo para que lo sea de modo más
perfecto (‘ad bene esse’). En la primera hipótesis, en el caso de que esa disposición
sea eliminada, por la disposición contraria, que es la herejía, inmediatamente el
Papa deja de ser tal: pues la forma no puede mantenerse sin las disposiciones
necesarias. En la segunda hipótesis el Papa, no puede ser depuesto en razón de la
herejía, pues en caso contrario debería ser depuesto por ignorancia, improbidad
y otras causas semejantes que impiden la ciencia, que impiden la ciencia, la
probidad y demás disposiciones necesarias para que sea Papa de modo más
perfecto (‘ad bene esse Papae’). Además de eso, Cayetano reconoce por la
ausencia de las disposiciones necesarias ‘no simpliciter’, mas tan sólo para mayor
perfección (‘ad bene esse’), el Papa no puede ser depuesto.
A eso, Cayetano responde que la fe es una disposición ‘simpliciter’ necesaria más
parcial y no total; y que, por lo tanto desapareciendo la fe el Papa todavía puede
continuar siendo Papa en razón de otra parte de la disposición que es el carácter,
el cual todavía permanece.
Contra ese argumento: o la disposición total, constituida por el carácter y por la
fe, es ‘simpliciter’ necesaria, o no lo es, bastando entonces la disposición parcial.
En la primera hipótesis desapareciendo la fe ya no resta la disposición
‘simpliciter’ necesaria, pues la disposición necesaria ‘simpliciter’ era la total, y la
total ya no existe. En la segunda hipótesis la fe sólo es necesaria para un modo
más perfecto de ser (‘ad bene esse’), y por lo tanto su ausencia no justifica la
deposición del Papa. Además de eso, lo que se encuentra en la disposición última
para la muerte, inmediatamente deja de existir, sin intervención de ninguna otra
fuerza extrínseca, como es obvio. Luego, también el Papa hereje deja de ser Papa
por sí mismo, sin ninguna deposición.
Por fin, los Santos Padres enseñan unánimemente, no sólo que los herejes están
fuera de la Iglesia, sino también que están ‘ipso facto’ privados de toda
jurisdicción y dignidad eclesiástica. San Cipriano dice: ‘afirmamos que
absolutamente ningún hereje ni cismático tiene poder y derecho alguno’; y enseña
también que los herejes que retornan a la Iglesia deben ser recibidos como laicos,
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aunque hayan sido anteriormente Presbíteros u Obispos en la Iglesia. San Optato
enseña que los herejes y cismáticos no pueden tener las llaves del reino de los
cielos ni ligar o desligar. Lo mismo enseñan San Ambrosio, San Agustín, San
Jerónimo. (…) El Papa San Celestino I, que figura en el Concilio de Efeso escribió:
‘Es evidente que permaneció y permanece en nuestra comunión, no consideramos
destituido a aquel que ha sido excomulgado o privado del cargo, ya sea episcopal
o clerical, por el Obispo Nestorio o por otros que lo siguen, después que estos
comenzaron a predicar la herejía. Pues la sentencia de quien ya se reveló como
debiendo ser depuesto, a nadie puede deponer’.
Y en carta al Clero de Constantinopla el Papa Celestino I dice: ‘La autoridad de
nuestra Sede Apostólica determinó que no sea considerado depuesto o
excomulgado el Obispo, Clérigo o simple cristiano que haya sido depuesto o
excomulgado por Nestorio o sus seguidores, después que estos comenzaron a
predicar la herejía. Pues con tales predicaciones defeccionó de la fe, no puede
deponer o remover a quien quiera que sea’. Lo mismo repite y confirma San
Nicolás I. Finalmente, también Santo Tomás enseña (S. Theol. II-II, 39,3) que los
cismáticos pierden inmediatamente toda jurisdicción y que será nulo lo que
intenten hacer con base en alguna jurisdicción. No tiene fundamento lo que
algunos responden a esto: ‘Que esos Padres se basan en el Derecho antiguo,
mientras que actualmente, por el decreto del Concilio de Constanza solo pierden
la jurisdicción los que son nominalmente excomulgados y los que agreden a los
clérigos. Ese argumento –digo- no tiene valor alguno, pues aquello Padres,
afirmando que los herejes pierden la jurisdicción, no alegan Derecho humano
alguno, que por otro lado en aquella época tal vez no existiese respecto de esa
materia, sino que argumentan con base en la propia naturaleza de la herejía. El
Concilio de Constanza solo trata de los excomulgados, es decir, de los que
perdieron la jurisdicción por sentencia de la Iglesia, mientras que los herejes ya
antes de ser excomulgados están fuera de la Iglesia y privados de toda
jurisdicción. Pues ya fueron condenados por su propia sentencia, como enseña el
Apóstol (Tit. 3, 10-11), es decir fueron cortados del cuerpo de la Iglesia sin
excomunión, conforme explica San Jerónimo.
Además de eso, la segunda afirmación de Cayetano de que el Papa hereje puede
ser verdadera y autoritativamente depuesto por la Iglesia, no es menos falsa que
la primera. Pues si la Iglesia depone al Papa contra la voluntad de éste, está
ciertamente por encima del Papa; el propio Cayetano sin embargo defiende, en el
mismo tratado, lo contrario de esto. Cayetano responde que la Iglesia,
deponiendo al Papa, no tiene autoridad sobre el Papa, sino solamente sobre el
vínculo que une a la persona con el Pontificado. Del mismo modo que la Iglesia
uniendo el Pontificado a tal persona, no está por eso por encima del Pontífice, así
también puede la Iglesia separar al Pontífice de tal persona en caso de herejía, sin
que se diga que está por encima del Pontífice.
Pero contra eso se debe de observar en primer lugar, que, del hecho de que el
Papa depone Obispos, se deduce que el Papa está por encima de todos los Obispos,
aunque el Papa al deponer a un Obispo no destruye la jurisdicción episcopal sino
tan solo la separe de aquella persona. En segundo lugar, deponer a alguien del
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Pontificado contra la voluntad del depuesto, es sin duda una pena; luego, la
Iglesia al deponer a un Papa contra la voluntad de éste, sin duda lo está
castigando; ahora bien, castigar es propio del superior y del juez. En tercer lugar,
dado que conforme enseñan Cayetano y los demás Tomistas, en la realidad el
todo y las partes tomadas en su conjunto son la misma cosa quien tiene autoridad
sobre las partes tomadas en su conjunto, pudiendo separarlas entre sí, tiene
también autoridad sobre el propio todo constituido por aquellas partes.
Está también desprovisto de valor el ejemplo de los electores, dado por Cayetano,
los cuales tienen el poder de designar a cierta persona para el Pontificado sin
tener con todo poder sobre el Papa. Pues cuando algo está siendo hecho, la acción
se ejerce sobre la materia de la cosa futura, no sobre el compuesto, que aún no
existe; pero cuando la cosa está siendo destruida, la acción se ejerce sobre el
compuesto, como se torna patente en la consideración de las cosas de la
naturaleza. Por lo tanto, al crear al Pontífice, los Cardenales no ejercen su
autoridad sobre el Pontífice, pues este aún no existe, sino sobre la materia, ésto es,
sobre la persona de cuya elección tórnase dispuesta para recibir de Dios el
Pontificado. Pero si depusiesen al Pontífice, necesariamente ejercerían autoridad
sobre el compuesto, es decir, sobre la persona dotada del poder pontificio, es
decir, sobre el Pontífice”. (Implicaciones Teológicas y Morales del Nuevo Ordo
Missae, Arnaldo Vidigal Xavier da Silveira, obra mimeografiada en 1971, Sao Paulo-
Brasil, p. 167,168, 169, 170, 171).
Así San Roberto Belarmino concluye dando su sentencia: “Luego, la opinión
verdadera es la quinta, de acuerdo con la cual el Papa hereje manifiesto deja por
sí mismo de ser Papa y cabeza, del mismo modo que deja por sí mismo de ser
cristiano y miembro del cuerpo de la Iglesia y por eso puede ser juzgado y punido
por la Iglesia. Esta es la sentencia de todos los antiguos Padres, que enseñan que
los herejes manifiestos pierden inmediatamente toda jurisdicción, y
concretamente de San Cipriano, el cual así se refiere a Novaciano, que fue Papa
(anti Papa) en el cisma que hubo durante el pontificado de San Cornelio: ‘No
podría conservar el Episcopado, y si fuese anteriormente hecho Obispo, se apartó
del cuerpo de los que como él eran Obispos y de la unidad de la Iglesia’. Según
afirma San Cipriano en ese pasaje, aunque Novaciano hubiera sido verdadero y
legítimo Papa, con todo habría decaído automáticamente del Pontificado en caso
de que se hubiese separado de la Iglesia. (…) Lo mismo dice Melchor Cano
enseñando que los herejes no son partes ni miembros de la Iglesia y que no se
puede ni siquiera concebir que alguien sea cabeza y Papa, sin ser miembro y
parte (…) el fundamento de esta sentencia es que el hereje manifiesto no es de
modo alguno miembro de la Iglesia, es decir, ni espiritualmente ni corporalmente,
que significa que no lo es ni pos unión interna ni por unión externa. Porque
inclusive los malos católicos están unidos y son miembros, espiritualmente por la
fe, corporalmente por la confesión de la fe y por la participación de los
sacramentos visibles; los herejes ocultos están unidos y son miembros, aunque
solamente por unión externa; por el contrario, los buenos catecúmenos
pertenecen a la Iglesia tan solo por una unión interna, no por la externa; pero los
herejes manifiestos no pertenecen de ningún modo, como ya probamos”. (Ibídem,
p.172, 173).
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Entonces queda claro que ni el P. Devillers ni los Dominicos de Avrillé pueden hoy
contradecir lo que aquí lucida y claramente expone el Santo Doctor y Cardenal San
Roberto Belarmino; al hacerlo quedan olímpicamente refutados.
P. Basilio Méramo
Bogotá, 13 de Agosto de 2014

sábado, 16 de agosto de 2014

Sermón de San Anastasio Sinaíta: ¡Qué bien se está aquí!

¡QUÉ BIEN SE ESTÁ AQUÍ!
Del sermón de san Anastasio Sinaíta
el día de la Transfiguración del Señor


El misterio que hoy celebramos lo manifestó Jesús a sus discípulos en el monte Tabor. En efecto, después de haberles hablado, mientras iba con ellos, acerca del reino y de su segunda venida gloriosa, teniendo en cuenta que quizá no estaban muy convencidos de lo que les había anunciado acerca del reino, y deseando infundir en sus corazones una firmísima e íntima convicción, de modo que por lo presente creyeran en lo futuro, realizó ante sus ojos aquella admirable manifestación, en el monte Tabor, como una imagen prefigurativa del reino de los cielos. Era como si les dijese: «El tiempo que ha de transcurrir antes de que se realicen mis predicciones no ha de ser motivo de que vuestra fe se debilite, y, por esto, ahora mismo, en el tiempo presente, os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin haber visto llegar al Hijo del hombre con la gloria de su Padre».

Y el evangelista, para mostrar que el poder de Cristo estaba en armonía con su voluntad, añade: Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y se los llevó aparte a una montana alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.

Éstas son las maravillas de la presente solemnidad, éste es el misterio, saludable para nosotros, que ahora se ha cumplido en la montaña, ya que ahora nos reúne la muerte y, al mismo tiempo, la festividad de Cristo. Por esto, para que podamos penetrar, junto con los elegidos entre los discípulos inspirados por Dios, el sentido profundo de estos inefables y sagrados misterios, escuchemos la voz divina y sagrada que nos llama con insistencia desde lo alto, desde la cumbre de la montaña.

Debemos apresurarnos a ir hacia allí -así me atrevo a decirlo- como Jesús, que allí en el cielo es nuestro guía y precursor, con quien brillaremos con nuestra mirada espiritualizada, renovados en cierta manera en los trazos de nuestra alma, hechos conformes a su imagen, y, como él, transfigurados continuamente y hechos partícipes de la naturaleza divina, y dispuestos para los dones celestiales.

Corramos hacia allí, animosos y alegres, y penetremos en la intimidad de la nube, a imitación de Moisés y Elías, o de Santiago y Juan. Seamos, como Pedro, arrebatado por la visión y aparición divina, transfigurado por aquella hermosa transfiguración, desasido del mundo, abstraído de la tierra; despojémonos de lo carnal, dejemos lo creado y volvámonos al Creador, al que Pedro, fuera de sí, dijo: Señor, ¡qué bien se está aquí!

Ciertamente, Pedro, en verdad qué bien se está aquí con Jesús; aquí nos quedaríamos para siempre. ¿Hay algo más dichoso, más elevado, más importante que estar con Dios, ser hechos conformes con él, vivir en la luz? Cada uno de nosotros, por el hecho de tener a Dios en sí y de ser transfigurado en su imagen divina, tiene derecho a exclamar con alegría: ¡Qué bien se está aquí!, donde todo es resplandeciente, donde está el gozo, la felicidad y la alegría, donde el corazón disfruta de absoluta tranquilidad, serenidad y dulzura, donde vemos a (Cristo) Dios, donde él, junto con el Padre, pone su morada y dice, al entrar: Hoy ha sido la salvación de esta casa, donde con Cristo se hallan acumulados los tesoros de los bienes eternos, donde hallamos reproducidas, como en un espejo, las imágenes de las realidades futuras.

viernes, 15 de agosto de 2014

Un intercambio con Olga Moreno

El día de ayer tuve un intercambio epistolar con la señora Olga Moreno, quien administra la lista de correos y página web “Católicos Alerta”. Desde que tuve el debate con el señor Patricio Shaw y el presbítero Nicolás Despósito, la señora Moreno decidió removerme de la lista de correos. Los lectores asiduos recordarán que hace poco más de un año, publiqué una larga respuestaa la “Hermana Maria de la Trinidad” en el que aclaré cuales eran mis diferencia con la dueña de “católicos Alerta”. El lector interesado en saber el primer “roce” con la señora Olga Moreno, puede ir al final de la presente entrada y encontrará el primer intercambio epistolar con esta pionera del tradicionalismo, lo cual, evidentemente, no le otorga a ella infalibilidad alguna.
No obstante ya no recibía los correos de Católicos Alerta, me llovían e-mails sobre cuestiones políticas, que, realmente, me interesan mucho menos que las religiosas. Fue entonces que redacté el siguiente correo electrónico. He decidido publicar esto por dos motivos, en primer lugar porque ya me han llegado los comentarios de esta buena señora y sus seguidores, poco caritativos para con mi persona, y en segundo lugar (y más importante aún) porque en esto se puede ver el grave problema de ciertos sectores autodenominados tradicionalistas: un capillismo soberbio, incapaz de reconocer cualesquier falta u error yq ue llevan todas las disputas teológicas y doctrinales al plano personal. Ocurre entonces, que cuando uno les responde algo, salen a decir que se los está difamando, cuando son en realidad ellos los que usan esas técnicas desde hace muchísimos años y de manera sistemática. Lamentablemente para estas personas, como el caso de la señora Olga Moreno, carecen de buena memoria y a veces se les escapan ciertas miserias familiares de algunos de sus propios colaboradores, a veces se olvidan y cuentan que tal o cual es un "miserable", "seguramente judío", que hizo una donación y luego la reclamó dejando a un grupo de sacerdotes prácticamente en la calle.
Mis correos están en azul y los de la señora Moreno en rojo. 


De: Raúl Miguel
Enviado: jueves, 14 de agosto de 2014 01:56:47 p.m.
Para:Olga Moreno

Estimada Sra Olga Moreno,
                                  De mi consideración. He sido removido, lamentablemente, de la lista de correos de "Católicos Alerta", de donde recibía información que me interesaba. Lamentablemente, ahora recibo correos sobre cuestiones políticas. Le agradezco que, si me repone de la lista de "Católicos Alerta", me elimine de estos correos sobre el gobierno, en caso contrario, elimíneme directamente de todos sus listados.

Suyo en Cristo,
Raúl


Para mi sorpresa recibí este correo:

From: Olga Moreno
Date: Thu, 14 Aug 2014 15:00:35 -0300
Subject: Re: Libro Negro de la Corrupción K
To: Raúl Miguel

Lo lamento, creí que también lo había eliminado de aquí. Pierda cuidado, que ya no recibirá ningún correo de mi parte.  Si le interesa saber la razón, siga leyendo, de lo contrario pare aquí, no quiero ocuparle su precioso tiempo, no vaya a ser que le quede en el tintero alguna persona para criticar.
Me desagrada sobremanera, su forma de proceder. En su Blog critica a todo el que se le cruza en el camino. Si disiente en alguna afirmación,  descalifica al autor, la mayor parte de las veces con CALUMNIAS, ignoro si las crea usted o las saca de alguna parte, publicándolas sin siquiera tratar de ver si tienen algo de verdad (un consejo: recuerde la fábula de las plumas esparcidas al viento) Aparentemente, el grupo de Vedia, está resentido por algo (ignoro qué) con el resto de los grupos que luchan contra la herejía del llamado concilio Vaticano II, y, están con una lupa buscando para ver si encuentran algo en ellos que les parece criticable, para proceder a publicarlo a los cuatro vientos, ya sea por correos masivos o en su Blog. Lo abyecto, es que no se limitan a discutir ideas, sino que denigran y CALUMNIAN a los autores de las mismas, sin ni siquiera detenerse a averiguar si lo que dicen es verdadero (aunque así fuera, también sería censurable pues estarían faltando gravemente a la caridad); a lo largo de los años he tenido varias experiencias al respecto. Aconsejo a los damnificados, que no se molesten en responder, que los ignoren (como hice yo cuando me tocó el turno), no vale la pena.
En cuanto a usted personalmente,  es evidente que por tener un título de no sé qué, ni quiero saberlo,  se siente con ciencia infusa (¡cuidado con la soberbia!). A propósito, este no será el último correo, recibirá otro con una fábula que le viene como anillo al dedo. Espero que recoja la enseñanza de la misma.
Hasta nunca
Olga C. Moreno

Entonces decidí responderle lo siguiente:


Estimada Señora Olga Moreno,
                                       De mi consideración. He recibido sus dos correos electrónicos, y aunque sé que es muy factible que usted no me responda, deseo realizar una serie de aclaraciones para su conocimiento y el de algunos de sus colaboradores.

En primer lugar, es falso que en mi blog se critique a cualesquier persona. De hecho, en mi blog no se discuten cuestiones personales, sino doctrinales y teológicas. Valga como ejemplo el debate con el Obispo Juan José Squetino, o la más reciente diferencia con el señor Patricio Shaw. Lamentablemente, algunas personas quieren hacer parecer que se trata de algo personal. No es ese mi caso, siempre insistí en que son cuestiones meramente teológicas. ¿Podría usted indicarme alguna calumnia que yo haya pronunciado, por ejemplo contra el señor Shaw? ¿No sería más bien él quien calumnio a quienes disentimos en esa barbaridad de que una misa "una cum" es peor que todos los abortos de la historia? ¿No calumnio e infamó él al sostener que teníamos algún interés obscuro en nuestra postura? ¿Y acaso, no es cierto que ni él, ni ningún otro pudo responder con un manual de historia, teología y derecho canónico en mano las objeciones a sus tesis?

En segundo lugar, yo no estoy desparramando las miserias de los demás. Como le expliqué líneas arriba, me detengo únicamente en cuestiones doctrinales, teológicas o canónicas. Sí en cambio me opongo cuando un presbítero, con una formación deficiente en teología sacramental desea pontificar, por ejemplo respecto a la validez o no de las ordenes religiosas, confundiendo validez con licitud, y luego, para colmo, se desdice y varía sus postulados... pero insiste en que aún él tiene razón. Tampoco, señora, voy por allí contando las miserias familiares de las mismas personas que luego publican en mi página web, o su tacañería, o las donaciones que hicieron y luego retiraron.

En tercer lugar, el blog católico romano "Sursum Corda" es de mi entera y absoluta responsabilidad. La Sociedad Religiosa San Luis Rey de Francia no tiene ninguna relación con lo que yo escribo o publico. Esas asociaciones siempre me han sorprendido y llamado la atención. Creo que demuestran el problema del capillismo y la idea de que los fieles debemos de carecer de cualesquier idea o postuyra propia y tenemos que obedecer a los religiosos. No me sorprendía esa tendencia entre la gente de Monseñor Juan José Squetino, pero me llamó poderosamente la atención de su parte de usted.

En cuarto lugar, yo pensé que grupos que adhieren a su sitio de Internet son los que "está[n] resentido por algo (ignoro qué) con el resto de los grupos que luchan contra la herejía del llamado concilio Vaticano II, y, están con una lupa buscando para ver si encuentran algo en ellos que les parece criticable, para proceder a publicarlo a los cuatro vientos, ya sea por correos masivos o en su[s] Blog[s]". Me alegro de que tanto usted como yo nos indignemos ante la misma práctica. No obstante, me pregunto, como en el primer punto, quién es el que eso promueve realmente. Sería una acción tan reprobable como largar el rumor sobre la desviación sexual de un seminarista, y luego sacerdote, sin ninguna evidencia y promover que alguien lo publique ¿No le parece? O tan miserable, quizás, como insistir en la filiación judía de un presbítero que está en condiciones de ser consagrado obispo ¿No lo cree usted? ¿Qué evidencias existen sobre ello? ¿Es menester publicarlo así como se ha hecho? ¿Con qué fin? ¿No es eso faltar a la caridad?

En quinto lugar, estimada señora, soy consciente de que no tengo ciencia infusa. Reconozco mis errores y hasta llegué a pedir perdón públicamente en mi blog. No obstante, me alegro mucho de que en su sitio de Internet, si publiquen los nuevos doctores de la Iglesia, como el señor Patricio Shaw. 

Finalmente, quiero que sepa que, a pesar de lo que usted y algunos otros puedan creer, tengo un gran respeto por su persona, una de las pioneras de la resistencia católica en nuestro país.

Suyo en Cristo Nuestro Señor, y recordándola en mis oraciones,
Raúl


El celibato sacerdotal

Revisando el correo de Sursum Corda encontré el e-mail que me enviara un lector de nombre Miguel sobre el tema del celibato sacerdotal. Es menester hacer una clara diferencia entre las Iglesia de rito oriental, enlas cuales se permite a los hombres casados acceder al sacerdocio, de las otroas Iglesias, muchas de ellas de tipo "veterocatólicas" que permiten a los sacerdotes casarse. 
Recomiendo al respecto la lectura de estos artículos publicados hace ya un tiempo:





Date: Tue, 24 Jun 2014 19:04:27 -0500
Subject: 
From: xxxxxxxxxxxxx@gmail.com
To: sursumcordablog@hotmail.com

Cordial Saludo
Quisiera saber si los concilios I y II de letrán son ecuménicos e infalibles, pues en estos se aborda la cuestión del celibato sacerdotal, sin embargo entiendo que las iglesias orientales (y no me refiero a las cismáticas) gozaron de cierta autonomía al respecto.

No entiendo como un tema a seguir por la iglesia universal se convierte de un momento a otro en una decisión que depende de cada patriarcado como si se hubiera tratado sólamente de un sínodo provincial.

Agradezo una pronta respuesta, cabe añadir que solo soy un laico y no tengo ningún conocimiento de teología.


***
Mi respuesta:

Estimado Miguel,
Gracias por su correo. Razones laborales me mantuvieron alejado del correo electrónico y del blog varias semanas. Responderé brevemente su pregunta:

Todos los concilios ecuménicos son infalibles. Los Concilios de Letrán no establecieron el celibato, sino que afirmaron lo que la Iglesia siemrpe practicó, y aún practican los orientales: un hombre elevado al sacerdocio no puede contraer válidamente nupcias, ya que posee un impedimento, que es el sacramento del matrimonio. No obstante, en los ritos orientales, los hombres casados si pueden ser ordenados sacerdotes, y en algunos momentos de la historia, la Iglesia Latina dispensó a hombres casados a acceder a las sagradas ordenes. El matrimonio no es impedimento para recibir el sacerdocio, pero el sacerdocio, si impide contraer nupcias válidamente.

Ahora bien, que cada rito permita o no a los hombres casados acceder a las ordenes, es materia de disciplina. En la Iglesia Latina, desde el Concilio de Elvira, está claro que no es la costumbre permitir que los casados sean ordenados.
Por su parte, el Papa San Siricio escribió al obispo Himerio de Tarragona:

Vengamos ahora a los sacratísimos órdenes de los clérigos, los que para ultraje de la religión venerable hallamos por vuestras provincias tan pi-soteados y confundidos, que tenemos que decir con palabras de Jeremías: ¿Quién dará a mi cabeza agua y a mis ojos una fuente de lágrimas? Y lloraré sobre este pueblo día y noche [Ier. 9, 1]... Porque hemos sabido que muchísimos sacerdotes de Cristo y levitas han procreado hijos después de largo tiempo de su consagración, no sólo de sus propias mujeres, sino de torpe unión y quieren defender su crimen con la excusa de que se lee en el Antiguo Testamento haberse concedido a los sacerdotes y ministros facultad de engendrar. Dígame ahora cualquiera de los seguidores de la liviandad... ¿Por qué [el Señor] avisa a quienes se les encomendaba el santo de los santos, di-ciendo: Sed santos, porque también yo el Señor Dios vuestro soy santo [Lv. 20, 7; 1 Petr. 1, 16]? ¿Por qué también, el año de su turno, se manda a los sacerdotes habitar en el, templo lejos de sus casas? Pues por la razón de que ni aun con sus mujeres tuvieran comercio carnal, a fin de que, brillando por la integridad de su conciencia, ofrecieran a Dios un don aceptable...
De ahí que también el Señor Jesús, habiéndonos ilustrado con su venida, protesta en su Evangelio que vino a cumplir la ley, no a destruirla [Mt. 5, 17]. Y por eso quiso que la forma de la castidad de su Iglesia, de la que El es esposo, irradiara con esplendor, a fin de poderla hallar sin mancha ni arruga [Eph. 5, 27], como lo instituyó por su Apóstol, cuando otra vez venga en el día del juicio. Todos los levitas y sacerdotes estamos obligados por la indisoluble ley de estas sanciones, es decir que desde el día de nuestra ordenación, consagramos nuestros corazones y cuerpos a la sobriedad y castidad, para agradar en todo a nuestro Dios en los sacrificios que diariamente le ofrecemos. Mas los que están en la carne, dice el vaso de elección, no pueden agradar a Dios [Rom. 8, 8].
...En cuanto aquellos que se apoyan en la excusa de un ilícito privilegio, para afirmar que esto les está concedido por la ley antigua, sepan que por autoridad de la Sede Apostólica están depuestos de todo honor eclesiástico, del que han usado indignamente, y que nunca podrán tocar los venerandos misterios, de los que a sí mismos se privaron al anhelar obscenos placeres; y puesto que los ejemplos presentes nos enseñan a precavernos para lo futuro, en adelante, cualquier obispo, presbítero o diácono que - cosa que no deseamos fuere hallado tal, sepa que ya desde ahora le queda por Nos cerrado todo camino de indulgencia; porque hay que cortar a hierro las heridas que no sienten la medicina de los fomentos. (DZ 89)


Suyo en Cristo Nuestro Señor,
Raúl

Nulidad de los pontificados de apóstatas

Enviado por ATF.


Este tema ha sido discutido hasta por demás. La razón fundamental de la abundancia de discusiones, resulta que hay muchas personas, y en especial clérigos, que no distinguen entre derecho eclesial o canónigo y Ley Divina. Entre éstos se encuentra el P Ceriani, el Dr Salza y los dominicos de Avrillé y otros.
Este tema está profusamente expuesto en la Cum Ex Apostolatus Officio, del tiempo en que la Iglesia se alarmó a causa de la ruptura luterana. Las personas que no distinguen entre los dos órdenes jurídicos, creen que esta Bula ha sido abrogada. No queremos negar que algún aspecto de ella, de característica netamente canónica, lo haya sido. No somos doctores en Derecho Canónico, pero el meollo de la Bula, como el texto que transcribimos, es de derecho Divino y no caduca:

6. Nulidad de todas las promociones o  elevaciones de desviados en la Fe.
Agregamos que si en algún tiempo aconteciese que un Obispo, incluso en función de Arzobispo, o de Patriarca, o Primado; o un Cardenal, incluso en función de Legado, o electo Pontífice Romano que antes de su promoción al Cardenalato o asunción al Pontificado, se hubiese desviado de la Fe Católica, o hubiese caído en herejía. o incurrido en cisma, o lo hubiese suscitado o cometido, la promoción o la asunción,incluso si ésta hubiera ocurrido con el acuerdo unánime de todos los Cardenales, es nula, inválida y sin ningún efecto; y de ningún modo puede considerarse  que tal asunción haya adquirido validez, por aceptación del cargo y por su consagración, o por la subsiguiente posesión o cuasi posesión de gobierno y administración, o por la misma entronización o adoración del Pontífice Romano, o por la obediencia que todos le hayan prestado, cualquiera sea el tiempo transcurrido después de los supuestos antedichos. Tal asunción no será tenida por legítima en ninguna de sus partes, y no será posible considerar que se ha otorgado o se otorga alguna facultad de administrar en las cosas temporales o espirituales a los que son promovidos, en tales circunstancias, a la dignidad de obispo, arzobispo, patriarca o primado, o a los que han asumido la función de Cardenales, o de Pontífice Romano, sino que por el contrario todos y cada uno de los pronunciamientos, hechos, actos y resoluciones y sus consecuentes efectos carecen de fuerza, y no otorgan ninguna validez, yningún derecho a nadie. 
Es de clara evidencia que este tema es de LEY DIVINA, ya que una persona que está fuera de la Iglesia no puede ser su Cabeza, ni vicariar al Señor en ella.
Para más aclarar, señalemos que la Iglesia doctoró a San Alfonso María de Ligorio, a raíz de que expuso esta doctrina con claridad. Veamos sus dichos:
Si alguna vez el Papa, como persona privada, cayese en la herejía, se vería al instante despojado del pontificado; pues, como estaría entonces fuera de la Iglesia, ya no podría ser jefe de la Iglesia.
Más claro; échale agua.

Asunción de la Santísima Virgen María

Tomado de Foro Católico




San Bernardo no halla reparo en decir que la Asunción de María es tan inefable como la generación de Cristo.
(Transcrito de AÑo Cristiano/ Juan de Coisset)
Ya en fin llegó, carísimos hermanos míos, dice san Agustín, este día tan venerable para nosotros; este día que excede todas cuantas festividades solemnizamos en honor de los santos; este día tan célebre; este clarísimo día en que creemos que la Virgen María pasó desde este mundo a la gloria celestial: Adest nobis, dilectissimi fratres, dies valde venerabilis, dies omnium sanctorum solemnitates praecellensdies inclyta, dies praenclara, dies in qua é mundo migrasse treditur virgo Maria. Resuenen en toda la tierra las alabanzas, los festivos clamores de alegría en el día glorioso de su triunfante Asunción: Laudes insonet universa térra cum summa exultatione, santae virginis illustrata excessu. Porque sería cosa muy indigna que no celebrásemos con extraordinaria devoción, culto y aparato, la solemne fiesta de aquella por quien merecimos recibir al Autor de la vida: Qua indignum valdé est, id illius recordationis solemnitas si apud nos sine máximo honor e, perquam merunmus Auctorem vitae suscipere. Este es uno de los más célebres días del año, dice san Pedro Damiano, por ser el dia en que la santísima Virgen, digna por su nacimiento del trono real, fue elevada por la santísima Trinidad hasta el trono del mismo Dios, y colocada tan alto junto a la admirable Trinidad, que se arrebata hacia sí los ojos y la admiración de los ángeles: Sublimis illa dies est, in qua Virgo regalis, ad thronum Dei Patris evehitur, et in ipsius Trinitatis sede reposita, naturam angelicam sollicitat ad videndum. A la verdad, el misterio de este día es superior a todas nuestras expresiones; y san Bernardo no halla reparo en decir que la Asunción de María es tan inefable como la generación de Cristo : Christi generationem, et Maríae Assumptionem quis enarrabit? Pasmados de admiración a vista de una gloria que tiene suspensos y como embargados de asombro a los mismos ángeles, nos contentaremos con referir la historia de este admirable misterio.
La opinión más recibida en la Iglesia, fundada en la tradición, es que, después de la Ascensión del Salvador a los cielos y de la venida del Espíritu Santo, vivió la Virgen veintitres años y algunos meses más en este mundo. Aunque era tan abrasado y vivo el deseo que tenia la Señora de seguir al cielo a su querido Hijo, consintió quedarse en la tierra para el consuelo de los fieles, y para atender a las necesidades de la Iglesia recién nacida, conviniendo que su presencia supliese de alguna manera la ausencia corporal de Jesucristo. Lo mucho que podía en el cielo era de gran socorro a los fieles que vivían en la tierra, alcanzando aquellos primeros tiempos de persecución, sosteniéndose su fe con la noticia y con el consuelo de que aun vivía entre ellos la Madre de su Dios. Era la Virgen su oráculo, su apoyo y todo su refugio. Fortalecía su virtud, animaba su celo, enseñaba a los doctores, dice el sabio Idiota, y era como el oráculo de los mismos apóstoles.Doctricem doctorum, magistram apostolorum. Y el abad Ruperto asegura que en cierto modo suplía con sus instrucciones lo que el Espíritu Santo no tuvo por conveniente descubrirles, habiéndoseles comunicado, por decirlo así, con limite y con medida; y los santos padres convienen en que el evangelista san Lucas supo singularmente de boca de la santísima Virgen las particulares circunstancias de la infancia del niño Jesús, que deió especificadas en su evangelio, y que aun por eso se dice en él que María no dejaba perder cosa alguna de las que entonces pasaban, conservándolas en su memoria y meditándolas en su corazón: Maria, conservabat omnia verba haec, conferens in corde suo.
Durante el espacio de estos veintitrés años, la vida de la santísima Virgen fue un continuo ejercicio del más puro amor y un perfecto modelo de todas las virtudes; una oración no interrumpida, y esta misma oración un éxtasis perpetuo. Visitaba con frecuencia los sagrados lugares que el Salvador había santificado con su presencia, cumpliendo los misterios de nuestra redención. Aunque esta divina Madre vivía en la tierra, su corazón nunca se separaba de su amado Hijo, que habitaba en el cielo. Pasábanse pocos dias sin que Jesucristo se le apareciese, y ninguno en que no conversase familiarmente con los ángeles, singularmente destinados a su servicio; y aunque distante de la celestial Jerusalén, mientras duró su habitación en la tierra, gustaba abundantemente de todas sus delicias.
Hacía casi doce años que residía en Jerusalén la santísima Virgen, cuando los apóstoles y los discípulos se vieron precisados a retirarse de aquella ciudad por ia persecución que los judíos suscitaron contra los fieles. Y si el maravilloso progreso que hacía el Evangelio la colmaba de gozo y de consuelo, se templaba mucho este por el furor con que era perseguida la Iglesia. Cuando la Virgen dejó Jerusalén, se encaminó a Éfeso en compañía de san Juan hacia el año 45 del Señor; pero sosegada.un poco la persecución, se restituyó a aquella ciudad, en la cual permaneció el resto de su vida.
Mientras tanto, habiendo ya llevado los apóstoles la luz de la fe a casi todo el universo, y estando ya la Iglesia sólidamente establecida en todas partes, parecía tiempo que la Virgen dejase ya la estancia de la tierra, que consideraba como lugar de destierro. Suspiraba continuamente por aquel feliz momento, que la había de volver a juntar para siempre con su querido Hijo; cuando un ángel, que se cree fue san Gabriel, le vino a anunciar el día y la hora de su triunfo. Es cierto que, habiendo sido preservada del pecado original por especial privilegio, como lambién de toda otra culpa durante su santísima vida, no estaba sujeta a la muerte, que es pena del primero; mas habiéndose sujetado a ella Jesucristo, no quiso María eximirse de padecerla.
Seis circunstancias, a cual más prodigiosas, observan los santos padres en la Asunción de la santísima Virgen. Primera, su muerte, que muchos de ellos y algunos martirologios llaman sueño: Dormitio. Segunda , la glorificación de su alma en el mismo momento de su separación. Tercera, la sepultura de su santo cuerpo en el lugar de Getsemaní. Cuarta, su gloriosa resurrección tres días después. Quinta, su triunfante Asunción en cuerpo y alma a los cielos. Sexta, su coronación en la gloria por la santísima Trinidad.
Algunos padres antiguos, y entre ellos san Epifanio, parece ponen en duda si murió la Madre de Dios, o si permaneció inmortal. Autorizaban una duda tan bien fundada, así su inmaculada Concepción, como su divina maternidad; pero la Iglesia en la oración de este día expresa con claridad que verdaderamente murió según la condición de la carne: Quam pro conditione carnis migrasse cognoscimus. San Juan Damasceno dice que no se atreve a llamar muerte a esta separación, sino sueño, a una unión más íntima con su Dios; un tránsito de la vida mortal a la dichosa inmortalidad: Sacram tuam migrationem haud quaquam appellabimus morterri, sed somnum, aut peregrinationem, vel, ut aptiori verbo utar, cum Deo prcesentiam. No separó, dicen los padres, aquella purísima alma de su santo cuerpo, ni la violencia de la enfermedad, ni el desorden de los humores, ni el desfallecimiento de la naturaleza; rompió aquella unión el puro amor divino, y obra suya fue la muerte de la Virgen. Había encendido el Espíritu Santo en su corazón un amor tan abrasado, que fue un continuo milagro, dice san Bernardo, la vida de María; no siendo posible que sin él sufriese el violento ardor de aquel divino fuego. Cesó este milagro con su muerte. No quiso Dios suspender por más tiempo el efecto de aquel sagrado incendio; dejóle obrar con toda su fuerza en aquel corazón sin mancha, santuario del divino amor. No pudo naturalmente resistir por más tiempo a sus esfuerzos, y consumido a violencia de aquellos divinos ardores, terminó sin dolor tan santa vida. O no había de morir la santísima Virgen, dice san Ildefonso, o había de morir de amor.
Hallábase a la sazón en Jerusalén en la casa del cenáculo. Esparcida la voz entre los fieles de que la Madre de Dios estaba para dejarlos, y para ir a ponerse en posesión del glorioso trono que su querido Hijo le tenía preparado en la celestial Jerusalén, no es fácil expresar los contrarios afectos de gozo y de dolor que se apoderaron a un mismo tiempo de todos sus corazones. Por una parte, se consideraban en vísperas de verse separados de su querida Madre, que era todo su apoyo y todo su consuelo; por otra, reconocían que iba a volverse a unir con su amado Hijo en el cielo, donde sería su abogada con Dios y toda su confianza. De todas partes concurrieron a ella para recibir su última bendición. San Juan, como sagrado depositario de aquel tesoro, no se apartaba un punto de su lado, solícito más que nunca de rendir todas las obligaciones de hijo a la mejor de todas las madres. Estaba incorporada la Virgen en un humilde lecho, y desde allí consolaba a todos los fieles que se hallaban presentes, dando nuevo aliento a su fe y exhortándolos a la perseverancia; cuando, por un raro prodigio que ella sola tenía sabido que había de suceder, todos los apóstoles y algunos de los discípulos que estaban esparcidos por el mundo, se hallaron milagrosamente trasladados al cuarto del cenáculo para tributar sus últimos respetos a la Madre del Salvador. San Dionisio Areopagita, que se halló presente, nombra a san Pedro, suprema cabeza de los teólogos; a Santiago, hermano del Señor; a los otros príncipes de la jerarquía eclesiástica, y además de eso a san Heroteo, a san Timoteo y a otros muchos discípulos de los apóstoles, de cuyo número era el mismo san Dionisio.
Juvenal, patriarca de Jerusalén, san Andrés, obispo de Creta, y san Juan Damasceno, con otros padres, aseguran que los apóstoles fueron trasportados en una nube por ministerio de ángeles. En el tratado de la muerte de la santísima Virgen, atribuido a san Meliton, obispo de Sárdica, se dice que la Señora tenía en la mano una palma que el ángel le había traído cuando bajó a anunciarle el día y la hora de su muerte. Mientras tanto, encendieron muchas velas todos los circunstantes; lodos se deshacían en lágrimas, consolándolos a todos la santísima Virgen; y habiendo exhortado, así a los apóstoles como a los discípulos, a predicar el Evangelio con el mayor celo y valor, asegurando a toda la Iglesia de su poderosa protección, vio aparecer al Salvador, acompañado de todos los coros de los ángeles, que. venía a recibir su dichosísimo espíritu, y a conducirle como en triunfo al lugar de la bienaventurada inmortalidad. Abrasada entonces el alma con lodo el fuego del divino ardor, se desprendió por sí misma del cuerpo, y fue conducida en triunfo hasta el trono del mismo Dios.
En el mismo punto en que expiró la santísima Virgen, se llenó todo el cuarto de una resplandeciente luz más brillante que la del sol. Toda la milicia de la corte celestial, dice san Jerónimo, salió al encuentro de la Madre de Dios, cantando himnos y cánticos en honor suyo, que fueron oídos de todos los que se hallaban en el cenáculo; Militiam caelorum cum suis agminibus festive obviam venisse Genitrici Dei cum laudibus el canticis. Y aquella alma tan pura, más santa que todos los ángeles y todos los santos juntos, fue elevada, dice san Agustín, hasta el trono del soberano Señor del universo, muy superior a todas las celestiales inteligencias:Angelicam transiens dignitatem, usque ad summi Regis thronum sublimata est. Ni era justo, añade el mismo padre, estuviese colocada en otro lugar que en el inmediato al que ocupaba aquel Señor que ella misma había dado a luz en este mundo: Non enim fas est alibi te esse quám ubi est quod a te genitum est.
Luego que rindió su espíritu la santísima Virgen, todos los circunstantes se postraron a sus pies regándolos con sus lágrimas. Los fieles que se hallaban en Jerusalén y en su contorno concurrieron todos apresurados a venerar aquel santo cuerpo, santuario del Verbo encarnado y arca del nuevo Testamento. Sanaron todos los enfermos que se presentaron delante de él; y san Juan Damasceno, que trasladó a nuestra noticia todo lo que llegó a entender de la tradición, dice que hasta los mismos judíos sintieron los efectos de su poder, y participaron de sus milagros.
Después que todos hubieron satisfecho su devoción, fue llevado el santo cuerpo al sitio donde se le había de dar sepultura, que era el pequeño lugar de Getsemaní, distante trescientos pasos de Jerusalén. Llevaban el féretro los santos apóstoles, y los seguía el resto de los fieles con velas encendidas, porque los judíos estuvieron tan lejos de oponerse a esta pompa fúnebre, que antes bien ellos mismos se agregaron a ella para hacerla más numerosa y más célebre, llenos todos de veneración a María. Fue depositado el santo cuerpo con gran respeto en el sepulcro que estaba preparado, y este se cerró con una gruesa piedra. En una carta que Juvenal, patriarca de Jerusalén, escribió al emperador Marciano y a la emperatriz Pulquería, dice que así los apóstoles como los otros fieles, pasaban los días y las noches junto al sepulcro, sucediéndose unos a otros, y mezclando sus voces y sus cánticos con los ángeles, cuyas suavísimas canciones no se dejaron de oír en todos aquellos tres días. Mas no era conveniente, dice san Agustín, que el Salvador dejase en la sepultura un cuerpo, del cual el suyo había sido formado, ni una carne, que en cierta manera era la suya: Caro enim Jesu, caro Maria. ¿Quién tendría atrevimiento para imaginar que aquel Hijo de Dios que vino al mundo, no para quebrantar la ley, sino para cumplirla, se dispensase en la más mínima obligación de las que deben los hijos a los padres? Nunquid non pertinet ad benignitatem Domini Matris servare honorem, qui legem venerat non solvere, sed adimplere?
Pues ahora; aquella misma ley que manda honrar a la Madre, manda al mismo tiempo preservarla de todo lo que puede ceder en su deshonor: Lex enim sicut honorem Matris praecipit, sic inhonorationem damnat. Pudo Jesucristo, concluye el mismo santo, eximir de la corrupción al cuerpo de su santísima Madre; pues ¿quién se atreverá a decir que no lo quiso hacer? Potuit eam a putredine et pulvere alienum facere, qui ex ea nascens potuit Virginem relinquere. Es la corrupción del cuerpo oprobio de la naturaleza humana; miróla Jesucristo con horror; y por consiguiente, lo mismo parece que debió hacer con su Madre: Putredo humanae est opprobrium conditionis, a quo opprobrio cum Jesus sit alienus, natura Mariae excipitur, quam Jesus de ea suscepisse probatur.
Con efecto, al tercer día, dice san Juan Damasceno con la mayor parte de los santos padres griegos y latinos; como santo Tomás, el único de los apóstoles que no se había hallado presente a la muerte de la santísima Virgen, desease ansiosamente ver el sagrado cuerpo, disponiendo Dios que no se hallase a la muerte de su Madre, para proporcionar un medio natural de manifestar su gloriosa resurrección; y pareciéndoles muy justo a los demás apóstoles darle este consuelo, se abrió el sepulcro; pero quedaron todos gustosamente sorprendidos cuando no encontraron dentro de él sino los lienzos y los vestidos con que el santo cuerpo había sido amortajado, exhalando de sí una fragancia exquisita: Post tres dies, dice san Juan Damasceno, angelico cantu cessante, habiendo cesado al cabo de los tres días la celestial música de los ángeles: Qui aderant apostoli (cum unus Thomas, qui abfuerat, venisset, et quod Deus susceperat corpuss adorare voluisset) tumulum aperuerunt, sed omni ex parte sacrum ejus corpus nequáquam invenire potuerunt; cum ea tantum invenissenl in quibus fuerat compositum; et ineffabili, qui ex his próficiscebatur, essent odore repleti Asombrados a la vista de tan grande maravilla, cerraron el sepulcro, persuadidos que el Verbo divino, que se había dignado hacerse hombre y tomar carne en el vientre de la santísima Virgen, no había permitido que su cuerpo estuviese sujeto a la corrupción, antes quiso resucitarle tres días después de su muerte; y anticipándole la resurrección general, le hizo entrar triunfante en la gloria: Loculum clauserunt, ejus myslerii obstupefacti miraculo: hoc solum cogitare potuerunt quod cuit placuit ex María Virgine carnem sumere, et hominem fieri et nasci, cum esset Deus Verbum et Dominus gloriae; quique post partum incorruptam servavit ejus virginitatem, eidem etiam placuit et ipsius, postquam migravit, immaculatum corpus, incorruptum servatum, translatione honorare, ante communem et universalem resurrectionem. Este es el común sentir de la Iglesia, como lo publica todos los años en el oficio de la octava de esta fiesta. Por eso, dijo san Agustín, exponiendo aquello del salmo 25: Non dabis sanctum tuum videre corruptionem, que aquel santo cuerpo en que tomó carne el divino Verbo, no se podía creer fuese entregado en presa a los gusanos y a la podredumbre, causándole horror sólo el pensarlo: Sentire non valeo, dicere perhorresco; y explicando san Juan Damasceno aquello del Profeta: Surge, Domine, in requiem tuam, tu et arca sanctificationis tuae; ¿quién no ve, dice, que la resurrección de que habla el Profeta, es la del Salvador y la de la santísima Virgen, aquella arca misteriosa que encerró en su seno la fuente de la santidad?
¡Quién podrá comprender, exclama san Bernardo, la gloria con que subió al cielo la santísima Virgen! ¡con qué raptos de amor le salieron al encuentro tantas legiones de ángeles! ¡con qué afectos de respeto y veneración! ¡con qué cánticos de alegría la acompañaron! Quis cogitare sujficiat quám gloriosa hodie mundi Regina processerit; et quanto devotionis affectu tota in ejus occursum calestium regionum prodierit multiludo! Ni hubo jamás en el mundo triunfo más glorioso, ni se conoció en él día más célebre, dice san Jerónimo, que este día en que la Virgen fue elevada a los ciclos: Et haec est praesentis diei festivitas. Atrévome a decir, exclama el bienaventurado Pedro Damiano, que, prescindiendo de la divinidad, la pompa y el aparato de la Asunción de María fue mayor que el de la Ascensión del mismo Jesucristo: Audacter dicam, salva Filii majestate, Virginis Assumptionem longe digniorem fuisse Christi Ascensione; pues en la Ascensión del Salvador solamente le salieron a recibir los ángeles; pero en la Asunción de María, además de todos los espíritus angélicos, el mismo Hijo de Dios salió al encuentro de su Madre, y la condujo hasta lo más elevado de los cielos. Pues qué nos admiramos ya, dice san Bernardo, de que las celestiales inteligencias se quedasen como extáticas de pasmo, preguntándose unas a otras: Quae est ista quae ascendít de deserto, deliciis affluens, innixa super dilectum suum? ¿Qué mujer es esta? como si dijeran, ¿qué pura criatura igualará jamás la gloria y la santidad de esta mujer que sube del desierto, colmada de dulcísimas delicias y apoyada sobre su mismo amado Hijo? El recibimiento que Salomón hizo a su madre, no fue más que un imperfecto bosquejo, una oscura sombra del que el Salvador hizo hoy a la Virgen:Surrexil Rex in occursum ejus (dice la Escritura) adoravitque eam, et sedit super thronum suum; posilusque est thronus Matris ejus quaes sedit ad dexteram ejus: Levantóse el Rey de su trono, salióla a recibir, saludóla profundamente; y volviendo a ocupar su solio, puso el de su Madre a la derecha del suyo. En el misterio de este día se verifica aquel prodigio que tanta maravilla causó en el cielo al evangelista san Juan: una mujer vestida del sol, con la luna a sus pies, coronada su cabeza con doce estrellas resplandecientes. Si el ojo del hombre no vio, dice san Bernardo. ni el oido oyó, ni cupo jamás en su imaginación lo que tiene Dios preparado para los que le aman; ¿quién podrá nunca explicar ni aun comprender la que preparó para su Madre, que ella sola le amó más que todos los hombres juntos, y a quien Él ama más que a todas las criaturas? Quid paeparavit gignenli se? No es posible, dicen los padres, que persona humana pueda explicar ni el exceso de la gloria, ni la elevación del trono de la Virgen. Ni esto debe causar admiración, dice Arnaldo de Chartres: la gloria de María en cuerpo y alma en el cielo no es como la de los demás; hace clase aparte; ocupa un lugar incomparablemente más elevado que el de los ángeles, pues la gloria que posee María no solo es semejante a la del Verbo encarnado, sino en cierta manera la misma: Gloriam cum Matre, non tam communem judico, quam eamdem.
La solemnidad de este día debe despertar nuestra devoción, dar nuevo aliento a nuestra fe y excitar nuestra confianza. Nos trae a la memoria, dice san Bernardo, que tenemos en el cielo una reina, que al mismo tiempo es nuestra madre; una medianera todopoderosa con el soberano medianero; y una abogada con el Redentor, que ninguna gracia le puede negar (Serm. 2 de Adv.):Domina nostra, mediatrit, nostra, advócala nostra. Esta es la escala de los pecadores, esta mi grande esperanza, esta el fundamento de toda mi confianza (Serm. de Aqueductu.): Hac peccatorum haec mea magna fiducia, haec tota rato spei mea. Tu, oh Virgen santa, dice san Agustín, eres, por decirlo así, la única esperanza de los pecadores; por ti esperamos el perdón de nuestros pecados; en tu intercesión colocamos la esperanza de nuestro premio (Serm. 18 de Sanct.): Tu es spes única peccatorum; per te speramus veniam delictorum, et in te, beatissima, nostrorum est exspectatio proemiorum. Concediósele todo el poder en el cielo y en la tierra, dice san Anselmo; no hay cosa imposible para aquella que puede resucitar la esperanza de la salvación en los mismos desesperados (De Laudib. Virg.): Data est illi omnis potestas in caelo et in térra; nihil illi impossibile, qui possibile est relevare in salutis spem, desperantes. Toda la esperanza, gracia y salud que tenemos, estemos persuadidos de que todo nos viene por la intercesión y por el valimiento, de María (Ibid.): Si quid spei in nobis est, si quid gratiae, si quid salutis, a María noverimus redundare. Si quieres asegurar siempre buen despacho, y que sean aceptadas tus oraciones, acuérdate de ofrecer por manos de María todo lo que ofrecieres a Dios:Si non vis pati repulsam, per Mariae manus offerre memento quidquid offerre vis Deo. Ella es la esperanza de los desesperados, dice san Efren, puerto de los que naufragan, y único recurso de todos los que no tienen otro (De Laúd. Virg.): Spes desperantium, portus naufragantium, et auxilio destitutorum única adjutrix. Todos los tesoros de las misericordias del Señor están en sus manos, dice san Pedro Damiano: In manibus ejus sunt thesauri miserationum Domini. En fin, ser devoto tuyo, oh bienaventurada Virgen María (dice san Juan Damasceno), es tener armas defensivas, puestas por Dios en las manos de los que quiere salvar (Orat. de Assumpt.): Devotum tibi esse, oh beata Virgo, est arma quaedam habere, quae Deus iis dat quos vult salvos fieri.
Estaba el sepulcro de la santísima Virgen en el lugar de Getsemaní y en el valle de Josafat, siendo el más respetable y más digno de honor que había en el mundo, después del sepulcro de Cristo. Pero en tiempo de los emperadores Tito y Vespasiano arruinaron de tal modo aquel santo lugar las tropas que se apoderaron de Jerusalén, que después no les fue posible a los fieles reconocer el sitio donde había estado. Esta es la razón por que san Jerónimo no hace mención alguna del sepulcro de la santísima Virgen, haciéndola de los sepulcros de varios patriarcas y profetas que fueron visitados por santa Paula y santa Eustoquia. Descubrióse después, andando el tiempo, no queriendo el Señor que aquel venerable sitio, santificado con tan sagrado depósito, estuviese por más años oculto a la veneración de los fieles. Asegura Burchard, que él mismo le vio, pero tan enterrado en las ruinas de otros edificios, que se bajaban sesenta escalones para llegar a él. Beda escribe que en su tiempo ya se mostraba enteramente descubierto, y al presente se muestra a los peregrinos entallado en una peña.
Siempre fue la fiesta de la Asunción una de las más solemnes de la Iglesia; y por lo que toca a la solemnidad va a la par, por decirlo así, con las fiestas de la Epifanía y de Pascua. Pero en Francia se puede decir que se hizo más célebre que en otras partes desde que Luis XIII, de gloriosa memoria (Bourd.) en el año de 1638, escogió este día para consagrar su persona, su real familia y todo su reino a la santísima Virgen, no ya por un voto secreto formado dentro de su corazón, sino por el más público y el más auténtico que hizo jamás algún monarca cristiano; pues no de otra manera que David le hizo en presencia de su pueblo: In conspectu omnis populi ejus; mandando que se publicase en todos los lugares de sus dominios, interesando en él a todos sus vasallos, y queriendo que fuese de eterna memoria. Este es el origen y el fin de las santas procesiones que este día se hacen en toda la Francia, y son otros tantos públicos testimonios de la protesta que hacen los reyes cristianísimos de que quieren depender de María, reconociéndola por soberana suya mediante este culto público y solemne.