miércoles, 27 de mayo de 2015

San Juan Crisostomo: La dignidad del sacerdocio

La Dignidad del sacerdocio
Por San Juan Crisostomo, Sobre el sacerdocio III, 4-6




Cuando contemplas al Señor sacrificado y puesto sobre el altar, y al sacerdote que ora y asiste al sacrificio, y a todos los presentes bañados con la púrpura de aquella sangre preciosísima, ¿acaso piensas que estás aún entre los hombres y que pisas la tierra?, ¿no te sientes más bien trasladado a los Cielos donde, desterrado de tu alma todo pensamiento carnal, miras con alma desnuda y mente pura las realidades mismas de la gloria? ¡Oh maravilla! ¡Oh benignidad de nuestro Dios! El que está sentado en la gloria junto al Padre, es tomado en aquel momento en manos de todos, y se deja abrazar y estrechar de los que quieren. Así lo hacen con los ojos de la fe.

¿Quieres ver la soberana santidad de estos misterios? Imagínate, te ruego, que tienes ante los ojos al profeta Elías; mira la ingente muchedumbre que lo rodea, las víctimas sobre las piedras, la quietud y el silencio absoluto de todos y sólo el profeta que ora; y, de pronto, el fuego que baja del cielo sobre el sacrificio... Todo esto es admirable y nos llena de estupor.

Pues trasládate ahora de ahí y contempla lo que entre nosotros se cumple: verás no sólo cosas maravillosas, sino algo que sobrepasa toda admiración. Aquí está en pie el sacerdote, no para hacer bajar fuego del cielo, sino para que descienda el Espíritu Santo; y prolonga largo rato su oración, no para que una llama desprendida de lo alto consuma las víctimas, sino para que descienda la gracia sobre el sacrificio y, abrasando las almas de todos los asistentes, las deje más brillantes que plata acrisolada.

¿Quién habrá, pues, tan loco, quién tan perdido de juicio que desprecie soberbiamente misterio tan tremendo? ¿Acaso ignoras que, sin una particular ayuda de la gracia de Dios, no habría alma humana capaz de soportar el fuego de ese sacrificio, sino que nos consumiría a todos absolutamente?

Si alguien considera atentamente qué cosa significa estar un hombre envuelto aún de carne y sangre, y poder no obstante llegarse tan cerca de aquella bienaventurada y purísima naturaleza; ése podrá comprender cuán grande es el honor que la gracia del Espíritu otorgó a los sacerdotes. Porque por manos del sacerdote se cumplen no sólo los misterios dichos, sino otros que en nada les van en zaga, ya en razón de su dignidad en sí, ya en orden a nuestra salvación.

En efecto, a moradores de la tierra, a quienes en la tierra tienen aún su conversación, se les ha encomendado administrar los tesoros del Cielo, y han recibido un poder que Dios no concedió jamás a los ángeles ni a los arcángeles. A ninguno de éstos dijo: lo que atareis sobre la tierra será también atado en el cielo (Mt 18, 18). Cierto que quienes ejercen autoridad en el mundo tienen también poder de atar, pero sólo los cuerpos. La ligadura del sacerdote toca al alma misma y penetra dentro de los cielos. Lo que los sacerdotes hacen aquí abajo, Dios lo ratifica allá arriba; la sentencia de los siervos es confirmada por el Señor. ¿Qué otra cosa es esto, sino haberles concedido todo el poder celeste? A quienes perdonareis—dice—los pecados, les serán perdonados; y a quienes se los retuviereis, les serán retenidos (Jn 20, 23). ¿Qué poder puede haber mayor que éste? Todo el juicio se lo ha dado el Padre al Hijo (Jn 5, 22); pero yo veo que ese juicio ha sido a su vez enteramente puesto por el Hijo en manos de sus sacerdotes (...)

Sin la dignidad del sacerdocio no podríamos salvarnos ni alcanzar los bienes que nos han sido prometidos. Porque si nadie puede entrar en el reino de los cielos, si no es regenerado por el agua y el Espíritu (cfr. Jn 3, 5), si se excluye de la vida eterna al que no come la carne y bebe la sangre del Señor (cfr. Jn 6, 53-54), y todo esto sólo puede cumplirse por las manos santas del sacerdote, ¿cómo podría nadie escapar al fuego del infierno y alcanzar las coronas que nos están reservadas?

Los sacerdotes son quienes nos engendran espiritualmente, los que por el Bautismo nos dan a luz. Por ellos nos revestimos de Cristo (cfr. Rm 13, 14; Gal 3, 27), nos consepultamos con el Hijo de Dios (cfr. Rm 6, 4) y nos hacemos miembros de aquella bienaventurada Cabeza. De suerte que los sacerdotes debieran merecernos más reverencia que los magistrados y reyes, y sería incluso justo tributarles mayor honor que a nuestros mismos padres. Porque éstos nos engendran por la sangre y la voluntad de la carne (cfr. Jn 1, 13), mas aquellos son autores de nuestro nacimiento de Dios, de la regeneración bienaventurada, de la libertad verdadera y de la filiación divina por la gracia.

Los sacerdotes judíos tenían poder de librar de la lepra del cuerpo; digo mal: sólo tenían poder de examinar a los ya curados de ella, y bien sabemos cuán disputada era entonces la dignidad sacerdotal. Mas los sacerdotes cristianos han recibido potestad, no sobre la lepra del cuerpo, sino sobre la impureza del alma; no de examinar la lepra ya curada, sino de limpiar absolutamente de ella. Por eso, los que desprecian al sacerdote cometen un sacrilegio mayor que Datán y sus secuaces, y merecen más severo castigo (cfr. Num 16).

(...) Pero no sólo en orden a castigar, sino también para hacernos bien, ha dado Dios a los sacerdotes mayor poder que a los padres naturales. Va de los unos a los otros la diferencia que corre entra la vida presente y la venidera, pues los unos nos engendran para aquélla y los otros para ésta. Además, los padres no pueden librar a sus hijos de la muerte corporal, no son capaces ni de alejar de ellos una enfermedad que les acometa; los sacerdotes, en cambio, curan muchas veces a un alma enferma y salvan a la que está a punto de perderse; a unas les mitigan el castigo que merecen, a otras les impiden en absoluto caer. Y eso no sólo por sus enseñanzas y amonestaciones, sino también con la ayuda de sus oraciones. Y es así que los sacerdotes no sólo tienen poder de perdonar los pecados cuando nos regeneran por el Bautismo, sino también los que cometemos después de nuestra regeneración (...). Además, los padres naturales poco o nada pueden hacer en favor de sus hijos, cuando éstos ofenden a algún personaje o poderoso de la tierra los sacerdotes, en cambio, nos reconcilian muchas veces, no ya con magistrados o emperadores, sino con el mismo Dios irritado contra nosotros.

martes, 26 de mayo de 2015

La barbarie islámica



La foto de arriba muestra el sufrimiento increíble que enfrentan las víctimas sometidas por el odio del Islam contra todos los cristianos. El periodista Michael Mannheimer se refiere a estos hechos con las siguientes palabras:

"La imagen expresa exactamente la brutalidad y el odio perverso, cínico e inhumano a los cristianos, tal como lo sentía el creador del Islam".

De hecho el Corán dice (Sura 9:3)

"Habla en nombre Alá y Su Enviado [Mahoma], dirígete a los hombres el día de la peregrinación mayor. «Alá no es responsable de los asociadores [Cristianos], y Su Enviado tampoco. Si se arrepienten será mejor para ustedes. Pero, si no obedecen y toman la espalda, sepan que no escaparán de Alá». ¡Anuncia a los infieles [Cristianos] un castigo doloroso!"



El mismo libro que predica asesinar a los cristianos fue besado y llamado "sagrado" por el usurpador Wojtyla/JP2.

lunes, 25 de mayo de 2015

La línea media ¿En retirada?

Ante los ataques del actual usurpador de la Santa Sede, la línea media-modernista-conservadora de la Iglesia Conciliar del Vaticano II parece estar, hoy más que nunca en decadencia y en retirada. Aquellos modernistas-conservadores que se habían multiplicado durante la usurpación de Ratzinger/Benedicto XVI, especialmente por medio de los blogs, páginas de facebook y otros medios virtuales, hoy brillan... por su ausencia.

¿Alguien recuerda la felicidad de estos cuándo Ratzinger "liberó" la Misa Tridentina indultada, del Antipapa Juan XXIII-Bis? ¿Alguien recuerda como aleccionaban a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X tras la erección del Instituto Buen Pastor? ¿Alguien recuerda como se promovieron las palabras altaneras del apóstata Padre Navas (en la imágen) en todas esas páginas y foros de Internet? ¿Y el tan mentado Instituto San Felipe Neri, que se apagó tan magistralmente como se había encendido? ¿Y todos los demás grupos indultistas, salidos del lefebvrismo? ¿Alguien se olvidó las burlas y los insultos lanzados contra los sedevacantistas?

El blog The Hermeneutic of Continuity, por ejemplo, está desde hace más de un mes sin ninguna actividad, luego de hacer una gran propaganda por la petición a los Cardenales (de la Iglesia Conciliar) respecto al famoso Sínodo de la Familia. Otros blogs fueron simplemente suprimidos por los sacerdotes modernistas que los llevaron adelante.

Desbandados, ocultos, esperando a que otro modernista, un poco más conservador ocupe el trono que ahora Bergoglio usurpa, esta línea media nos recuerda aquellas palabras del profeta Isaías (14: 12-20):

¡Cómo has caído de los cielos, Lucero, hijo de la Aurora! ¡Has sido abatido a tierra, dominador de naciones!Tú que habías dicho en tu corazón: «Al cielo voy a subir, por encima de las estrellas de Dios alzaré mi trono, y me sentaré en el Monte de la Reunión, en el extremo norte. Subiré a las alturas del nublado, me asemejaré al Altísimo. ¡Ya!: al seol has sido precipitado, a lo más hondo del pozo.»Los que te ven, en ti se fijan; te miran con atención: «¿Ese es aquél, el que hacía estremecer la tierra, el que hacía temblar los reinos, el que puso el orbe como un desierto, y asoló sus ciudades, el que a sus prisioneros no abría la cárcel?»Todos los reyes de las naciones, todos ellos yacen con honor, cada uno en su morada.Pero tú has sido arrojado fuera de tu sepulcro, como un brote abominable, recubierto de muertos acuchillados, arrojados sobre las piedras de la fosa, como cadáver pisoteado. No tendrás con ellos sepultura, porque tu tierra has destruido, a tu pueblo has asesinado. No se nombrará jamás la descendencia de los malhechores.

domingo, 24 de mayo de 2015

Pentecostés

Domingo de Pentecostés





"La gran Solemnidad, que la Iglesia Católica conoce con el nombre de "Pentecostés", era ya celebrada por el pueblo judío antes del cristianismo, en memoria de la promulgación de la ley de Moisés en el monte Sinaí. Los cristianos continuaron celebrándola en memoria de la ley evangélica, que tuvo lugar este día en el Cenáculo de Jerusalén, con la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles. -Del iluminado Cenáculo de Pentecostés salió tal día como hoy la Iglesia de Dios a tomar posesión del orbe, y triunfó del mundo y de sus sabios y de sus políticos y de sus tiranos y de sus pasiones y de sus vicios la voz de los Apóstoles, porque era la voz del Espiritu Santo. Nerón ajustició a Pedro; el areópago se rió de Pablo, pero el Areópago yace en el olvido y la doctrina de Pablo se predica aún hoy. Cuanto tiene de sobrenatural aliento la vida católica es obra y don del Espíritu Vivificador. Sardá y Salvany.

Hermosa imagen de la Misa de Pentecostés, celebrada por nuestro muy querido amigo, el Reverendo Padre Mauricio Zárate, de la Sociedad Religiosa San Luis Rey de Francia


jueves, 21 de mayo de 2015

Billot sobre el papa deponendus

Billot sobre el papa deponendus

Por Christian, amigo y hermano en la fe.

Presentamos a continuación un fragmento de la obra de Louis Billot, De Ecclesia, (vol. 1, pag. 630-632). El contenido de esta entrada nos fue remitido por  nuestro querido amigo Christian, quien ha colaborado anteriormente con Sursum Corda en varios temas muy interesantes de teología y filosofía. Él nos presenta ahora este breve ensayo sobre la tesis del Papa deponendus, muy en boga en ciertos grupos tradicionalistas: el Papa que cae en herejía puede ser depuesto por la Iglesia. Frente a esta teoría, nada mejor que el clarificador análisis que realiza el Cardenal Billot.




En verdad, de estos dos modos de hablar (Papa deponendus-Papa depositus) parecería que esta última retiene la vía en la cual todavía se mantienen ilesos los principios certísimos de la constitución eclesiástica. Y fácil aparecerá al que lee las consideraciones que reúne Cayetano para persuadir sobre la primera opinión, tratando de demostrar en vano cómo puedan existir estas tres cosas al mismo tiempo, a saber:

1) Que el Papa devenido hereje no es depuesto ipso facto por el derecho divino o humano.

2) Que el Papa, permaneciendo Papa, no tiene superior sobre la tierra.

3) Que el Papa, si se desvía de la fe, sin embargo debe ser depuesto por la Iglesia.

Pero en contra está que si en caso de herejía puede el Papa que todavía permanece Papa ser depuesto por la Iglesia, se seguiría necesariamente una de dos: o que la deposición no arguye superioridad del deponente sobre el depuesto o que el Papa que permanece Papa tiene, en verdad, por lo menos en algún caso, superior sobre la tierra.

Además, una vez que se abre el camino para la deposición, ya no existe razón alguna, sea por su propia naturaleza sea por derecho positivo, por la cual se restrinja la deposición solamente al caso de herejía. Ya, pues, se destruyen todos los principios por los cuales se muestran generalmente su repugnancia y no queda más que una regla voluntaria a la que se le agrega también una excepción arbitraria.

Además, las razones por las cuales rechaza Cayetano la opinión de sus adversarios, apenas si son de algún valor:

“Se ve, dice, que el Papa hereje no queda privado ipso facto (del pontificado) ni por derecho divino ni por el humano por la siguiente razón: Algunos obispos si son herejes no son privados ipso facto por derecho divino o humano; ergo tampoco el Papa. La consecuencia es obvia, ya que el Papa no está en una condición inferior a la de los otros obispos. Lo afirmado se prueba así: El obispo que descree contra la fe sólamente por un acto interior es verdadera, propia y perfectamente hereje y no es privado ipso facto. En esta afirmación hay dos proposiciones: la primera es que se es perfectamente hereje sólamente por medio de un acto interno, y esto es manifiesto per se… la segunda en cambio se prueba… ya que tal hereje no es excomulgado, pues la Iglesia no puede excomulgar a quien no puede juzgar. Por lo tanto mucho menos es privado de la potestad de la jurisdicción que es por comisión del hombre, etc. (Tract. 1 de auct. Papae et Concilii, cap. 19).

En lo cual ves que el fundamento de Cayetano está sólamente en que para la herejía es suficiente el acto interior, y que por razón de la herejía interna nunca se pierde la jurisdicción. El argumento, pues, procede así: a causa de la herejía interior y per se oculta el obispo no pierde la jurisdicción; por lo tanto, jamás el obispo que deviene hereje es privado de jurisdicción episcopal ipso facto; por lo tanto, el Papa tampoco, ya que no está en una situación peor.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que no se trata en el presente sobre la herejía en cuanto es un pecado contra la virtud de la fe en el foro interno de Dios y la conciencia, sino pura y simplemente de la herejía que tiene la fuerza de separar al hombre del cuerpo visible de la Iglesia y se opone directamente a la profesión exterior de la religión católica. Tal herejía no es interior u oculta, sino solamente exterior y notoria, como largamente explicamos en la Quaest. 7, thes. 11, 2.

No es descreyendo ocultamente sino profesando abiertamente descreer aquellas cosas que se les propone para creer a los fieles cristianos con fe católica, lo que rompe el vínculo por lo cual pertenecía a la estructura visible de la sociedad eclesiástica, y por lo tanto pierde inmediatamente el status de miembro con todos los títulos que el mismo presupone esencialmente.


Hecha, pues, la hipótesis del Papa que se hace notoriamente hereje, se debe conceder, sin dudas, que perdería ipso facto la potestad pontifical, pues al ser infiel se pondría, por propia voluntad, fuera del cuerpo de la Iglesia, como dicen los autores que sin razón, parecería, contradice Cayetano.


martes, 19 de mayo de 2015

Los templos del Demonio

Visto en Stat Veritas blog:




Templo de “El Señor de los rayos” a un costado del panteón de la cruz, de estilo modernista, edificado entre 1956 y 1957, ubicado en el Barrio de Cholula, cerca del Centro de la Ciudad de Aguascalientes, México.
Un fruto más del modernismo conciliar y de la aberrante arquitectura moderna fea y alejada de la verdadera teología católica.

lunes, 18 de mayo de 2015

El ícono de la ascensión

El ícono de la ascensión (Hch 1:1-12 y Lc 24:36-53)

Texto gentilmente enviado por un lector, para ser publicado en Sursum Corda

Introducción

La fiesta de la ascensión del Señor está estrechamente ligada con el Evangelio según san Lucas y con el Libro de Hechos que también fue escrito por san Lucas. Ambos libros conforman una sola obra que a menudo se la llama la díptica lucana. La celebración litúrgica sigue muy de cerca el texto bíblico en cuanto que sitúa la fiesta a cuarenta días de la resurrección y diez días antes de pentecostés.
La fiesta de la ascensión es una de las grandes fiestas del Señor de la Iglesia Ortodoxa, esas fiestas que tienen que ver con los actos salvíficos de nuestro Señor Jesucristo en la tierra y que nos dejan a nosotros un fuerte mensaje de fe y esperanza. El ícono que hemos escogido para esta interpretación es de la tradición rusa aunque tiene muchos elementos comunes con la iconografía griega.

La representación de Cristo

En la parte superior del ícono se encuentra Jesucristo resucitado y glorificado ascendiendo a los cielos. Su representación encabeza la mitad superior del ícono y expresa así su protagonismo. El círculo, símbolo de la perfección divina, representa esa apertura a los cielos y la presencia de la gloria de Dios. Alrededor de la misma se encuentran a cada lado tres ángeles que son los seres más cercanos a la presencia de Dios en su trono celestial (ver Is 6:2; Ap 5:11). Los dos ángeles inferiores le van portando en un movimiento de elevación hacia los cielos mientras los otros cuatro proclaman con sus trompetas esta ascensión hacia los cuatro puntos cardinales de la tierra. Los ángeles fueron los testigos del nacimiento del salvador (Lc 2:8-16) es decir del descenso de Cristo a la tierra  (la katábasis, en griego) y ahora son testigos de la ascensión de Cristo a los cielos después de haber cumplido su misión (laanálepsis, en griego).

La Virgen con ángeles
Cristo está sentado de una manera majestuosa, acentuándose así su divinidad. Con su mano derecha bendice a la Virgen, a los apóstoles y a todos los que contemplamos el ícono. Esta bendición destaca su función sacerdotal del Dios encarnado que vino para manifestar su benevolencia a toda la creación. Esta bendición es una afirmación de que la Promesa del Padre, la venida del Espíritu, es una realidad. En el libro de Hechos Jesús dice a sus discípulos: “ustedes recibirán una fuerza, cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes, y de este modo serán mis testigos en Jerusalén, en Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra” (Hch 1:8).

Es así que Cristo, en el momento de su ascensión envía a los apóstoles a predicar el Evangelio por el mundo entero; a predicar el misterio de salvación que les ha sido revelado y que, con la llegada del Espíritu Santo, se afianzará en sus corazones. 

En su mano izquierda lleva la Palabra escrita, la misma que proclamó a los apóstoles y que contiene los misterios de la historia. Esos misterios incomprensibles que sólo con la ayuda del Espíritu se pueden revelar. Es el mismo rollo de misterios que se encuentra en la descripción del trono del libro del Apocalipsis: “Vi también en la mano derecha del que está sentado en el trono un libro, escrito por el anverso y el reverso, sellado con siete sellos. Y vi a un ángel poderoso que proclamaba con fuerte voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y soltar sus sellos?” (5:1-2). Él mismo vendrá de los cielos para poner final a la historia y para consumar la obra de salvación.

Los apóstoles y la Virgen

Los apóstoles a la derecha
Siguiendo el texto de san Lucas, el iconógrafo representa la escena en la naturaleza abierta, cerca del Monte de los Olivos, según lo dice Hechos (1:12) y que explica la representación de los olivos en el fondo de la imagen. Una vez más es el campo, el desierto (en lenguaje bíblico), el lugar apropiado para la manifestación divina. Las ciudades sufren la corrupción del pecado y la concupiscencia y por ello Dios elije la naturaleza pura para su manifestación. Desde el Monte Sinaí con Moisés, pasando por el desierto de Judea con Juan Bautista, y la montaña del sermón con Cristo, ahora nos encontramos en los campos de Jerusalén, donde Jesús promete el pronto envío del Espíritu Santo.

La Virgen preside. Ella representa la iglesia. Es el modelo de la respuesta positiva al llamado de Dios. En su posición de orante eleva su intercesión a Cristo y refleja la acción de quienes contemplan este ícono en oración. Cristo y la Virgen forman la línea vertical de una cruz que se complementa con la línea horizontal que separa el cielo y la tierra. Es una cruz invisible pero que está ahí presente y que une a toda la creación con Dios y que tiene a Cristo manifestado en su gloria divina y a la Virgen María intercediendo por nosotros.

Los apóstoles a la izquierda
Los apóstoles aparecen en dos grupos simétricos de seis. Todos contemplan el cielo y ven a Cristo ascender a la vez que parecen esperar su pronta venida. El grupo de la derecha tiene una actitud dinámica con sus brazos elevados al cielo. Ellos representan la fuerza evangelizadora de la iglesia que señala al Cristo bendiciendo y proclama el libro de su misterio. El grupo de la derecha mantiene una actitud calma y de contemplación. Ellos representan la oración y la contemplación silenciosa. Ambos son la realidad de una misma iglesia que se encarna sobre todo en la Virgen. 

Los dos ángeles a cada costado de María encarnan lo relatado en Hechos: “Como ellos estuvieran mirando fijamente al cielo mientras él se iba, se les presentaron de pronto dos hombres vestidos de blanco que les dijeron: Galileos, ¿porqué permanecen mirando al cielo? Este es Jesús, que de entre ustedes ha sido llevado al cielo, volverá así tal como lo han visto marchar al cielo” (Hch 1:10-11). Los ángeles reafirman el envío de Jesús y desenlazan así el dinamismo propio del ser cristiano. Ser cristiano implica salir a caminar por la vida y dar testimonio de nuestra fe con palabra y obras.

Conclusiones

Para concluir esta breve presentación del ícono de la asunción les propongo un himno propio del servicio litúrgico de la fiesta que pone de manifiesto la importancia de la celebración:

 “Después de haber concluido toda la divina economía de nuestra salvación y habiendo unido ya las criaturas celestiales y terrenales, has subido al cielo, a la gloria, oh Cristo, Dios nuestro; pero no te has alejado de aquellos que te aman, ya que te has quedado para siempre con nosotros y nos dices: Yo estoy con vosotros; nadie estará contra vosotros”.

Bibliografía

Castellano Cervera, J. Oración ante los iconos: los misterios de Cristo en el año litúrgico.Centre de Pastoral Litúrgica: Barcelona, 1999
Baggley, John,             Festival icons for the Christian yearCrestwood, NY: St. Vladimir's Seminary Press, 2000.

8 de mayo: Solemnidad de la Santísima Virgen de Luján

El 8 de mayo fue la solemnidad de Nuestra Señora de Luján, Patrona de la Nación Argentina y de la capilla de la Sociedad Religiosa San Luis Rey de Francia, en la Ciudad de Vedia, Buenos Aires.


No dejemos de pedirle a la Virgen Santísima que proteja nuestra Patria y a nuestra Santa Iglesia Católica en estos tiempos tan difíciles

domingo, 17 de mayo de 2015

Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo

Tomado de Año Litúrgico - Dom Prospero Gueranger.


GLORIFICACION DE LA HUMANIDAD DE CRISTO



Jesús subió al cielo. Su divinidad nunca estuvo ausente de él, mas hoy su humanidad es entronizada y coronada allí con brillante diadema; he ahí un nuevo aspecto del misterio de la Aspensión. El triunfo no bastaba a esta santa humanidad; el descanso le estaba preparado sobre el trono mismo del Verbo eterno al que está unida por una misma personalidad y allí debe recibir las adoraciones de toda criatura. Ante el nombre de Jesús, Hijo del hombre e Hijo de Dios, de Jesús sentado a la derecha del Padre Todopoderoso, "toda rodilla debe doblarse en el cielo, la tierra y los infiernos'".

¡Habitantes de la tierra!, allí está aquella naturaleza humana que se apareció antes en la humildad de los pañales, que recorrió Judea y Galilea, no teniendo donde reclinar su cabeza, que fué encadenada por manos sacrilegas, flagelada, coronada de espinas y clavada en una Cruz; pero mientras los hombres ignorantes la pisoteaban como un gusano de la tierra, ella aceptaba el cáliz de dolores con entera sumisión y se unía a la voluntad del Padre; aceptaba, transformada en víctima, desagraviar a la gloria divina dando toda su sangre como rescate de los pecadores. Esta naturaleza humana, nacida de Adán por María Inmaculada, es la obra maestra del poder de Dios. Jesús "el más hermoso de los hijos de los hombres'" es objeto de admiración para los ángeles; en él descansan las complacencias de la Santísima Trinidad; los dones de gracia depositados en él sobrepasan a los que han sido concedidos a los hombres y a todos los espíritus celestes juntos; pero Dios le había destinado al camino del dolor, y Jesús que hübiera podido rescatar al hombre con menor costa suya, se entregó voluntariamente a un mar de humillaciones y dolores con el fin de satisfacer con creces la deuda de sus hermanos. ¿Cuál será la recompensa? El Apóstol nos lo dice: "Hízose obediente hasta la muerte y muerte de Cruz; por lo cual Dios le exaltó y le dió un nombre que está por encima de todo nombre".

¡Oh vosotros que tomáis parte en este mundo en los dolores con que nos rescató, que gustáis seguirle en las estaciones de su peregrinación hasta el Calvario, levantad hoy la cabeza y mirad a lo alto de los cielos! "Porque sufrió la muerte, hele aquí coronado de gloria y honor'". "Cuanto más se humilló al igual de un esclavo, El que podía en su otra naturaleza llamarse sin injusticia igual a Dios'", mas el Padre se complace en elevarle en gloria y poder. La corona de espinas que llevó en la tierra es reemplazada por la diadema de honor. La cruz que dejó imponer sobre sus hombros es en adelante el signo de su principado. Las llagas, que los clavos y la lanza estamparon en su cuerpo, resplandecen como soles. ¡Sea, pues, dada gloria a la justicia del Padre hacia Jesús su Hijo! pero regocijémonos también de ver en este día "el Hombre de dolores"- transformado en Rey de la gloria y repitamos con entusiasmo el Hosanna que la corte celestial hace resonar a su llegada.

JUEZ UNIVERSAL. — Con todo eso no creamos que el Hijo del hombre sentado sobre el trono de la divinidad queda inactivo en su descanso glorioso. El Padre le ha dotado de una soberanía pero soberanía activa. Le ha nombrado "juez de vivos y de muertos y todos nosotros debemos comparecer ante su tribunal". Apenas nuestra alma deje su cuerpo será transportada al pie de este tribunal donde se ha sentado hoy el Hijo del Hombre y oirá salir de su boca la sentencia merecida. ¡Oh Salvador coronado en este día! sénos misericordioso en esta hora decisiva para nuestra eternidad.

Mas la judicatura ejercida por el Señor no se limitará al ejercicio callado de este soberano poder. Los ángeles nos lo han dicho hoy: debe presentarse de nuevo en la tierra, volver a descender a través de los aires, como ha subido, y entonces tendrán lugar los solemnes juicios, donde todo el género humano comparecerá. Sentado en las nubes del cielo, rodeado de milicias angélicas, el Hijo del hombre aparecerá en la tierra con toda majestad. Los hombres verán "aquél que taladraron'" y las huellas de sus heridas, que aumentarán su hermosura, serán para unos objeto de terror y para otros de inefables consuelos. Como pastor, separará sus ovejas de los cabritos y su voz soberana, que la tierra no escuchó desde hacía tantos siglos, resonará para mandar a los pecadores impenitentes descender a los infiernos e invitar a los justos a ocupar, en cuerpo y alma, la mansión de las delicias eternas.

REY DE LAS NACIONES. — En espera de este desenlace final de los destinos de la raza humana, Jesús recibe también del Padre, en este día, la investidura visible del poder real sobre las naciones de la tierra. Habiéndonos rescatado con el precio de su sangre, le pertenecemos; sea, pues, en adelante nuestro Señor. Es, en efecto, y se llama Rey de reyes y Señor de señores. Los reyes de la tierra no reinan legítimamente sino por El y no por la fuerza o en virtud de un pretendido pacto social cuya sanción no pasa de aquí abajo. Los pueblos no se pertenecen a sí mismos, dependen de El. Su ley no se discute; debe estar por encima de todas las. leyes humanas como su regla y señora: "Las naciones temblarán bajo su cetro, dice el Rey-profeta; los pueblos, para salir de su dominio, forjarán vanos proyectos; los príncipes de la tierra se concertarán contra El; dirán: rompamos su yugo y arrojémosle lejos de nosotros". ¡Inútiles esfuerzos!, porque, dice el Apóstol, "es necesario que reine, hasta que tenga puestos todos sus enemigos bajo sus pies" hasta que aparezca por segunda vez para derribar el poder de Satanás y el orgullo dé los hombres.

Así, pues, el Hijo del hombre, coronado en su Ascensión, debe reinar sobre todo el mundo hasta su vuelta. "Mas, diréis, ¿reina donde los príncipes creen tener su autoridad del mandato de los pueblos, donde los pueblos seducidos por este ídolo que llaman libertad, ha perdido hasta el sentido mismo de la autoridad? Sí, reina, pero con la justicia, puesto que los hombres desdeñaron ser conducidos por su bondad. Borraron su ley de sus códigos, concedieron el derecho de ciudadanía al error y a la blasfemia; y entonces les ha abandonado a su juicio absurdo y engañoso. La unción bendita no hace ya sagrado en ellos el poder efímero, que se escapa a todas horas de las manos que se esfuerzan por retenerle, y, cuando los pueblos, después de haber rodado por los abismos de la anarquía procuran constituirle de nuevo, es inútil, porque se le ve desplomarse otra vez, porque los príncipes y los pueblos quieren estar fuera del dominio del Hijo del Hombre. Y así será, hasta que los príncipes y pueblos, cansados de su impotencia, le llamen a reinar sobre ellos, hasta que vuelvan a tomar la divisa de nuestros padres: "¡Cristo vence! ¡Cristo reina! ¡Cristo impera! ¡Dígnese Cristo reservar—a su pueblo—de todo mal!".

En este día de tu coronación, recibe los homenajes de tus fieles, ¡Oh Rey, Señor y Juez nuestro! Fuimos por nuestros pecados los autores de tus humillaciones y sufrimientos en el curso de tu vida mortal, mas nos unimos hoy a las aclamaciones que dejaron oír los Espíritus celestes en el momento en que la diadema real fué colocada sobre tu divina cabeza. Sólo percibimos ahora un reflejo de tus grandezas; mas el Espíritu Santo que nos has prometido acabará de revelarnos todo lo que podemos conocer aquí acerca de tu poder soberano cuyos fieles y humildes subditos queremos ser siempre.

El Domingo de la octava de la Ascensión, llamado en Roma durante la Edad Media, Domingo de las Rosas porque en este día era costumbre cubrir de rosas el pavimento de las basílicas, como homenaje a Cristo que se elevaba al cielo en la estación de las flores. La fiesta de la Ascensión tan radiante y llena de júbilo, cuando se considera en su aspecto principal, que es el triunfo del Redentor, embellecía los esplendorosos días de primavera. Se olvidaba un momento la tristeza de la tierra para acordarse sólo de la palabra de Jesús a sus Apóstoles, a fin de que nos fuere repetida: "Si me amárais os alegraríais de que fuera a mi Padre'". Imitemos este ejemplo, ofrezcamos a nuestra vez la rosa, a aquél que la hizo para adorno de nuestra morada y sepamos servirnos de su belleza y perfume para elevarnos hasta aquel que dice en el divino Cántico: "Yo soy la flor de los campos y el lirio de los valles". Quiso llamarse nazareno para que este nombre misterioso despertase en nosotros el recuerdo que expresa, el recuerdo de las flores de quien no se ha desdeñado tomar el símbolo, para expresar el encanto y suavidad que aquellos que le aman encuentran en él.

En memoria del Genocidio Armenio

El día 23 de abril de 2015 se conmemoró el centenario del Genocidio al Pueblo Armenio, por parte del brutal y criminal Imperio Otomano. En Sursum Corda queremos rendir un homenaje al más de millón de cristianos que fueron martirizados por odio a la Fe de Cristo.


Quisiera enfatizar el término "martirio". Las víctimas de la barbarie musulmana-otomana fueron testigos de Cristo. Prefirieron morir antes que renunciar a la Fe Católica. Al igual que los cristianos asesinados hoy en día por todos los grupos musulmanes, igual que aquellos cristianos a los que Occidente decide ignorar y los deja morir en manos de los terroristas y criminales, ellos nos dan un testimonio de la Fe. Repugna la actitud de la jerarquía de la Iglesia Conciliar del Vaticano II, que ha blasfemado contra Cristo, considerando al Islam una religión verdadera, que ha besado al satánico Corán. Repugnan las palabras de Bergoglio, de Ratzinger, de Wojtyla y de Montini en referencia a la secta de Mahoma.

Nuestro Señor nos dijo: "Y seréis odiados de todos por mi nombre; y el que perseverare hasta el fin, éste se salvará." (Mt 10:22). Por lo tanto, los millones de cristianos armenios, sirios, asirios, griegos, chinos y africanos que han sufrido la muerte a causa del Nombre de Cristo sirven como una señal para nosotros.

sábado, 16 de mayo de 2015

Carta abierta a la Conferencia Episcopal Colombiana

Mi amigo Leonardo Rodriguez, director del Blog Itinerarium Mentis escribió una carta abierta a la Conferencia Episcopal de la Iglesia Conciliar en Colombia. La misma está motivada por las claras y patéticas blasfemias pronunciadas por Juan Vicente Córdoba Villota, obispo (inválido) de Fontibón, y además... jesuita
Les dejamos la carta a nuestros lectores y les recomendamos que, aún cuando sepamos que este patético personaje no es sino, un agente de la Iglesia del Anticristo, firmemos nuestro repudio por semejante blasfemia.



Señores,
Conferencia episcopal colombiana


El día de ayer mayo 14 de 2015, Monseñor Juan Vicente Córdoba fue noticia nacional a causa de unas declaraciones suyas, al parecer dadas en el marco de un foro con la comunidad LGBT. Dichas declaraciones, entre otras, contienen la siguiente frase que a la luz de lo enseñado por el Catecismo de la Iglesia Católica en el numeral 2148, se constituyen en verdaderas blasfemias públicas:

"No sabemos si alguno de los discípulos de nuestro señor era mariconcito, no sabemos si María Magadalena era lesbiana, no sabemos, parece que no, porque bastantes pasaron por sus piernas".

Señores de la Conferencia episcopal:

¿Es ese lenguaje de un católico?
¿Es ese lenguaje de un miembro del clero?
¿Es ese lenguaje de un Monseñor?

Quisiera expresar mi profunda consternación por el lenguaje bajo, vulgar, blasfemo y abiertamente ofensivo utilizado por Juan Vicente Córdoba en sus declaraciones. La imagen del clero, de la iglesia, de los fieles en general ha sido golpeada y hoy somos el hazmerreír del país por culpa de unas declaraciones completamente salidas de tono del monseñor.

Sin entrar a juzgar intenciones espero que al menos las palabras (blasfemas según el catecismo) del monseñor no sean motivadas por un deseo humano de caer bien, agradar, hablar de forma políticamente correcta, etc. Porque en ese caso estaríamos hablando de una verdadera traición a su deber de pastor, con la única intención de agradar al lobo.

Señores, si la blasfemia aún es pecado, y supongo que lo es, puesto que en el canon 1369 del Código de derecho canónico se pide, para quien en ella incurre, que sea “castigado con una pena justa”, lo mínimo que uno esperaría es que el monseñor salga a ofrecer disculpas y retractación pública, así como pública fue su blasfemia.

De otra manera estaríamos asistiendo a la autorización por parte de la jerarquía del derecho a la blasfemia, y ya nadaríamos entonces en aguas bastante lejanas del catolicismo.

Que el monseñor recapacite sobre el daño que ha hecho y pida disculpas, o de no ser así, por favor informen a la opinión pública que blasfemar YA NO ES PECADO.

Cordialmente,

Leonardo Rodríguez

El Islam es una religión de guerra

El siguiente artículo fue tomado del blog amigo Legión Católica, cuya regular lectura recomendamos.


El grupo Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) difundió hoy un audio con un mensaje de su líder, Abu Bakr al Baghdadi. Es el primero desde que fue reportado herido en un ataque aéreo de la coalición internacional liderada por Estados Unidos.
LEA MÁS: ISIS tiene bajo asedio militar la ciudad siria de Palmira, una joya arqueológica de 2.000 años
LEA MÁS: El congreso de EEUU tratará sanciones contra Al Manar TV, el canal de Hezbollah
En el mensaje, titulado "Marchar hacia adelante sea pesado o sea liviano", el líder yihadista llama a los musulmanes de todo el mundo a respaldarlos y a unirse a las filas de ISIS, además de rechazar los ataques de la coalición internacional, que hasta el momento le asestó varios golpes en los territorios que controlan en Irak y en Siria.

"EL ISLAM ES LA RELIGIÓN DE LA GUERRA", MUY CONTRARIO A LO QUE DIJERA JUAN PABLO II AL BESAR EL CORÁN

"El islam es la religión de la guerra" y no de la paz, agrega, y afirma que al profeta Mahoma le fue ordenado hacer la guerra "hasta que solamente se adore a Alá".
Además, Al Baghdadi hace referencia a la campaña aérea saudita llevada adelante en Yemen contra los rebeldes chiítas y critica duramente a la familia real saudita.
El mensaje en idioma árabe de Al Baghdadi ha sido difundido además en ruso, inglés, turco, francés y alemán, dando cuenta de su estrategia de reclutamiento internacional.
De confirmarse la autenticidad del mensaje, se trataría de la primera grabación del jefe del grupo yihadista en seis meses.