viernes, 24 de septiembre de 2010

Un fragmento de los Soliloquios de San Agustín

Dios, Creador de todas las cosas, dame primero la gracia de rogarte bien, después hazme digno de ser escuchado y, por último, líbrame. Dios, por quien todas las cosas que de su cosecha nada serían, tienden al ser. Dios, que no permites que perezca ni aquello que de suyo busca la destrucción. Dios, que creaste de la nada este mundo, el más bello que contemplan los ojos. Dios, que no eres autor de ningún mal y haces que lo malo no se empeore. Dios, que a los pocos que en el verdadero ser buscan refugio les muestras que el mal sólo es privación de ser. Dios, por quien la universalidad de las cosas es perfecta, aun con los defectos que tiene. Dios, por quien hasta el confín del mundo nada disuena, porque las cosas peores hacen armonía con las mejores. Dios, a quien ama todo lo que es capaz de amar, sea consciente o inconscientemente. Dios, en quien están todas las cosas, pero sin afearte con su fealdad ni dañarte con su malicia o extraviarte con su error. Dios, que sólo los puros has querido que posean la verdad. Dios, Padre de la Verdad, Padre de la Sabiduría y de la vida verdadera y suma, Padre de la bienaventuranza, Padre de lo bueno y hermoso. Padre de la luz inteligible, Padre, que sacudes nuestra modorra y nos iluminas; Padre de la Prenda que nos amonesta volver a ti.

A ti invoco, Dios Verdad, en quien, de quien y por quien son verdaderas todas las cosas verdaderas. Dios, Sabiduría, en ti, de ti y por ti saben todos los que saben. Dios, verdadera y suma vida, en quien, de quien y por quien viven las cosas que suma y verdaderamente viven. Dios bienaventuranza, en quien, de quien y por quien son bienaventurados cuantos hay bienaventurados. Dios, Bondad y Hermosura, principio, causa y fuente de todo lo bueno y hermoso. Dios, luz espiritual, en ti, de ti y por ti se hacen comprensibles las cosas que echan rayos de claridad. Dios, cuyo reino es todo el mundo, que no alcanzan los sentidos. Dios, que gobiernas los imperios con leyes que se derivan a los reinos de la tierra. Dios, separarse de ti es caer; volverse a ti, levantarse; permanecer en ti es hallarse firme. Dios, darte a ti la espalda es morir, convertirse a ti es revivir, morar en ti es vivir. Dios, a quien nadie pierde sino engañado, a quien nadie busca sino avisado, a quien nadie halla sino purificado. Dios, dejarte a ti es ir a la muerte; seguirte a ti es amar; verte es poseerte. Dios, a quien nos despierta la fe, levanta la esperanza, une la caridad. Te invoco a ti, Dios, por quien vencemos al enemigo. Dios, por cuyo favor no hemos perecido nosotros totalmente. Dios que nos exhortas a la vigilancia. Dios, por quien discernimos los bienes de los males. Dios, con tu gracia evitamos el mal y hacemos el bien. Dios, por quien no sucumbimos a las adversidades. Dios, a quien se debe nuestra buena obediencia y buen gobierno. Dios, por quien aprendemos que es ajeno lo que alguna vez creímos nuestro y que es nuestro lo que alguna vez creímos ajeno. Dios, gracias a ti superamos los estímulos y halagos de los malos. Dios, por quien las cosas pequeñas no nos empequeñecen. Dios, por quien nuestra porción superior no está sujeta a la inferior. Dios, por quien la muerte será absorbida con la victoria (1Co 15, 54). Dios, que nos conviertes. Dios, que nos desnudas de lo que no es y vistes de lo que es. Dios, que nos haces dignos de ser oídos. Dios, que nos defiendes. Dios, que nos guías a toda verdad. Dios, que nos muestras todo bien, dándonos la cordura y librándonos de la estulticia ajena. Dios, que nos vuelves al camino. Dios, que nos traes a la puerta (Mt 7, 8). Dios, que haces que sea abierta a los que llaman. Dios, que nos das el Pan de la vida. Dios, que nos das la sed de la bebida que nos sacia (Jn 6, 35). Dios, que arguyes al mundo de pecado, de justicia y juicio (1Co 16, 8). Dios, por quien no nos arrastran los que no creen. Dios, por quien reprobamos el error de los que piensan que las almas no tienen ningún mérito delante de ti. Dios, por quien no somos esclavos de los serviles y flacos elementos (Ga 4, 9). Dios, que nos purificas y preparas para el divino premio, acude propicio en mi ayuda.

Todo cuanto he dicho eres tú, mi Dios único; ven en mi socorro, una, eterna y verdadera sustancia, donde no hay ninguna discordancia, ni confusión, ni mudanza, ni indigencia, ni muerte, sino suma concordia, suma evidencia, soberano reposo, soberana plenitud y suma vida; donde nada falta ni sobra: donde el progenitor y el unigénito son una misma sustancia. Dios, a quien sirve todo lo que sirve, a quien obedece toda alma buena. Según tus leyes giran los cielos y los astros realizan sus movimientos, el sol produce el día, la luna templa la noche, y todo el mundo, según lo permite su condición material, conserva una gran constancia con las regularidades y revoluciones de los tiempos; durante los días, con el cambio de la luz y las tinieblas; durante los meses, con los crecientes y menguantes lunares; durante los años, con la sucesión de la primavera, verano, otoño e invierno; durante los lustros, con la perfección del curso solar; durante grandes ciclos, por el retorno de los astros a sus puntos de partida. Dios, por cuyas leyes eternas no se perturba el movimiento vario de las cosas mudables y con el freno de los siglos que corren se reduce siempre a cierta semejanza de estabilidad; por cuyas leyes es libre el albedrío humano y se distribuyen los premios a los buenos y los castigos a los malos, siguiendo en todo un orden fijo. Dios, de ti proceden hasta nosotros todos los bienes, tú apartas todos los males. Dios, nada existe sobre ti, nada fuera de ti, nada sin ti. Dios, todo se halla bajo tu imperio, todo está en ti, todo está contigo. Tú creaste al hombre a tu imagen y semejanza, como lo reconoce todo el que se conoce a sí. Óyeme, escúchame, atiéndeme, Dios mío, Señor mío, Rey mío, Padre mío, principio y creador mío, esperanza mía, herencia mía, mi honor, mi casa, mi patria, mi salud, mi luz, mi vida. Escúchame, escúchame, escúchame según tu estilo, de tan pocos conocido.

Ahora te amo a ti solo, a ti solo sigo y busco, a ti solo estoy dispuesto a servir, porque tú solo justamente señoreas; quiero pertenecer a tu jurisdicción. Manda y ordena, te ruego, lo que quieras, pero sana mis oídos para oír tu voz; sana y abre mis ojos para ver tus signos; destierra de mí toda ignorancia para que te reconozca a ti. Dime adónde debo dirigir la mirada para verte a ti, y espero hacer todo lo que mandares. Recibe, te pido, a tu fugitivo, Señor, clementísimo Padre; basta ya con lo que he sufrido; basta con mis servicios a tu enemigo, hoy puesto bajo tus pies; basta ya de ser juguete de las apariencias falaces. Recíbeme ya siervo tuyo, que vengo huyendo de tus contrarios, que me retuvieron sin pertenecerles, cuando vivía lejos de ti. Ahora comprendo la necesidad de volver a ti; ábreme la puerta, porque estoy llamando; enséñame el camino para llegar hasta ti. Sólo tengo voluntad; sé que lo caduco y transitorio debe despreciarse para ir en pos de lo seguro y eterno. Esto hago, Padre, porque esto sólo sé y todavía no conozco el camino qué lleva hasta ti. Enséñamelo tú, muéstramelo tú, dame tú la fuerza para el viaje. Si con la fe llegan a ti los que te buscan, no me niegues la fe; si con la virtud, dame la virtud; si con la ciencia, dame la ciencia. Aumenta en mí la fe, aumenta la esperanza, aumenta la caridad. ¡Oh cuán admirable y singular es tu bondad!

A ti vuelvo y torno a pedirte los medios para llegar hasta ti. Si tú abandonas, luego la muerte se cierne sobre mí; pero tú no abandonas, porque eres el sumo Bien, y nadie te buscó debidamente sin hallarte. Y debidamente te buscó el que recibió de ti el don de buscarte como se debe. Que te busque, Padre mío, sin caer en ningún error; que al buscarte a ti, nadie me salga al encuentro en vez de ti. Pues mi único deseo es poseerte; ponte a mi alcance, te ruego, Padre mío; y si ves en mí algún apetito superfluo, límpiame para que pueda verte. Con respecto a la salud corporal, mientras no me conste qué utilidad puedo recabar de ella para mí o para bien de los amigos, a quienes amo, todo lo dejo en tus manos, Padre sapientísimo y óptimo, y rogaré por esta necesidad, según oportunamente me indicares. Sólo ahora imploro tu nobilísima clemencia para que me conviertas plenamente a ti y destierres todas las repugnancias que a ello se opongan, y en el tiempo que lleve la carga de este cuerpo, haz que sea puro, magnánimo, justo y prudente, perfecto amante y conocedor de tu sabiduría y digno de la habitación y habitador de tu beatísimo reino. Amén, amén.

Cuando debe reiterarse el baustismo


Retomando Sursum Corda. Antes que nada disculpas por la larga ausencia pero quienes saben algo de mi, conocen que mi ausencia se debió a mi estado de salud. Ahora, casi completamente repuesto (a Dios gracias) retomo este Blog destinado a la espiritualidad católica y la defensa de la Fe.
He visitado el Blog de la Sociedad Religiosa San Luis Rey de Francia (¡Gracias Padre Mauricio por sus oraciones!) y me he detenido en una publicación referente al Santo Bautismo. Es sorprendente como aún es menester remarcar que el baustimos es absolutamente obligatorio para acceder a la visión beatífica. Pero aprovecharemos esto para realizar un pequeño estudio sobre los casos en los cuales una persona bautizada por un hereje o cismático debería ser bautizado nuevamente, por lo menos sub conditione.

Es cierto que el Magisterio de la Iglesia insiste en que el bautismo de los herejes no es inválido per se. Ahora, eso no quiere decir que siempre sea válido, o que el mismo no deba ser reiterado, por lo menos sub conditione.


Primer Concilio de Arlés, año 314:
Can. 8 cerca de los africanos que
usan de su propia ley de rebautizar, plugo que si alguno pasare de la herejía a
la Iglesia, se le pregunte el símbolo, y si vieren claramente que está bautizado
en el Padre y en el Hijo y en el Espíritu Santo, impóngasele sólo la mano, a fin
de que reciba el Espíritu Santo. Y si preguntado no diere razón de esta
Trinidad, sea bautizado.


El bautismo debe considerarse entonces inválido cuando “no diere razón de esta Trinidad”. ¿Qué Trinidad era aquella a la que apelaban los Padres Conciliares? Pues a la falsa trinidad de los errores cristológicos como los triteístas, sabelianos y herejes del estilo, es decir aquellos que, si bautizaban no lo hacían en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, diferenciando las personas de la Santísima Trinidad. Hoy en día, los Testigos de Jehova y varias sectas evangelistas bautizan “En el Nombre de Jesucristo”. Ese bautismo es absolutamente inválido y debe ser repetido.
¿Qué ocurre entonces con el Bautismo de las Iglesias Protestantes “tradicionales” (luteranas, calvinistas, etc.)? La validez del mismo está marcada por si conservan o no los elementos del sacramento:


  • ¿Se bautiza con agua?

  • ¿El bautizante derrama el agua mientras pronuncia la formula “Te bautizo en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”?

  • Y sobre todo ¿Tiene intención de realizar el bautismo?

Si analizamos los textos de los reformistas veremos algunas cosas interesantes sobre su “intención”. En los textos del temprano Lutero (el de las 95 tesis) como el tardío de Esmalcalda encontramos una ortodoxa visión del Bautismo, al que considera imprescindible para la salvación. Precisamente, el Lutero tardío es más estricto en esto ya que se encuentra batallando contra los anabaptistas quienes negaban la utilidad del sacramento.
Para Zuinglio el bautismo no tiene ningún efecto per se, es solamente un símbolo de algo previo que es la fe. Por su parte Calvino condenó a Zuinglio pero también se apartó de Lutero, ya que para el Reformista de Ginebra el bautismo es el medio normal de la salvación, pero nunca era obligatorio en sí. Una persona que tuviera la fe, al ser justificado por la misma podría alcanzar la salvación sin recurrir a una “obra” como el sacramento del bautismo. Los anglicanos, por su parte guardarán el bautismo a la usanza católica.

¿Qué ocurre con las sectas unitarias o anti-trinitarias? En este caso, al existir un error sobre la Trinidad, es evidente que el bautismo no se realizará “En Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”, sino en nombre de una falsa trinidad, que no es Dios. Por lo tanto, dicho bautismo debería considerarse inválido y sería menester repetirlo, cuando menos sub conditione.
Finalmente tenemos que realizar la pregunta crucial del Bautismo conferido en la Iglesia Conciliar del Vaticano II. El hecho de que dudemos que en la actual secta modernista se esté ofreciendo el bautismo debe ser una de las mayores alegrías del Demonio. Si analizamos las “reformas” del Conciliabulo Vaticano II veremos que en primer instancia, a pesar de la supresión de los exorcismos, no tendríamos que realizarnos esta pregunta… pero con la introducción de vernáculo las cosas cambian. En Estados Unidos la formula habitual pasó de “… Father, Son and Holy Ghost” a “Holy Spirit”, lo cual como bien sabe cualquiera que entienda el inglés, no es lo mismo”. Por lo tanto el bautismo en inglés utilizando la formula “Father, Son and Holy Spirit” es inválida y debe reiterarse. En español no estamos mejor, pero esto depende de la intención del ministro. En varias parroquias me ha tocado ser testigo de verdaderas herejías cristológicas en medio de un sermón. Entonces, si no podemos estar seguros si para el “sacerdote” conciliar el Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es igualmente Dios, y que los Tres son un Mismo Dios y no Tres Dioses diferentes… entonces los bautismos realizados en la Iglesia Conciliar deberían ser repetidos, por lo menos Sub Conditione por un verdadero sacerdote del Movimiento Tradicional.
No está en juego una “relación diplomática”, sino la ventura de las almas. Con las almas no se negocia.