viernes, 27 de mayo de 2011

Mantener la fe cuando no hay sacerdotes

Hoy en día muchísimos católicos verdaderos están alejados de los sacramentos, no porque sean herejes ni cismáticos, es decir, no por tener impedimentos válidos para ello, sino porque los sacerdotes que ofrecen la Verdadera Misa Católica son pocos comparados con aquellos que día a día se suman a la Santa Iglesia, hoy en catacumbas. A diferencia de aquel que asiste a la parroquia del barrio y que a veces solo debe caminar unas pocas cuadras para entrar a una iglesia semivacía, pudiendo elegir el lugar sin ningún inconveniente, el católico verdadero debe hacer varios kilómetros para poder confesarse, oir Misa y comulgar; a veces la distancia es tan grande que pasan días, semanas hasta que puede volver a ir, y en el mejor de los casos, un sacerdote establece un centro de Misa, un oratorio relativamente cerca de su hogar y con cierta regularidad da los sacramentos a los fieles. Lamentablemente, la mezquindad, la hipocresía y el cinismo de algunas "congregaciones" tradicionalistas capturan las almas como si fueran propias, las atemorizan, les infunden pavor y les prohíben recibir a cualquier sacerdote que no sea parte de su congregación particular, ya que, para ellos todos los otros son herejes y cismáticos. Así, estos enemigos de la Cruz de Cristo, que se revisten de falsa piedad, no son sino como esos fariseos hipócritas, ciegos que conducen a otros ciegos al Abismo.
Pero volvamos a nuestro tema central. La dificultad de acceder a los sacramentos puede ser también un auxilio de Dios, una señal de Dios para mantenernos firmes en su Gracia salvadora.
Así, por ejemplo, sabemos que la fe es la primera de las gracias (más, sin ella es imposible agradar a Dios Hebr. 11, 6) como señaló San Agustín y es la que nos mueve a buscar al Señor, a Cristo y reconocer que él se encarnó para salvar a los hombres (San Agustín, De Pecc. mer. remiss. I, 26, 39) nos esforzamos para permanecer en el Señor. Nuestra fe es simple y está contenida en los tres credos, cada uno de ellos es una ampliación del otro, más todos expresan la misma creencia en Dios Todopoderoso, Justo y Misericordioso, Rey de tremenda majestad que, como dice el Dies Irae “que nos salvas gratuitamente”.
Pero la fe sola no alcanza, y menos en estos tiempos de relativismo. Es menester demostrarla con las obras, en efecto, el Apóstol Santiago nos dice “muéstrame sin las obras tu fe, que yo por mis obras te mostraré la fe” (Sant II, 18), porque la fe sola no nos alcanza, no basta con decir “Creo en Dios Padre todopoderoso… voy todos los domingos a misa, y colaboro con la Congregación Tradicionalista” para ser salvos. ¿Acaso no nos recuerda el hermano del Señor que también los demonios creen en Dios? ¿Acaso no creen en un solo Dios también los protestantes? ¿No creen en un solo dios los modernistas de la Iglesia Conciliar? Así pues, tal como nuestra fe se expresa en la oración litúrgica verdadera y detesta al Novus Ordo Missae, nuestra fe se ve expresada en las obras que realizamos y que dan testimonio de que somos cristianos verdaderos, porque “así como el cuerpo sin el espíritu es muerto, así también es muerta la fe sin obras” (Sant II, 26).
Por ello, y sabedores de que no tenemos a disposición siempre un sacerdote con el cual confesar nuestros pecados, nos debemos esforzar por mantener nuestra pureza, reconociendo siempre que somos pecadores, porque sólo uno es Justo. Nuestras obras entonces deben estar dirigidas a, como dice el Concilio de Trento tratar de perseverar en la fe (Sesión VI, Decreto sobre la justificación, Cap 13):


Porque Dios, si ellos no faltan a su gracia, como empezó la obra buena, así
la acabará, obrando el querer y el acabar [Phil. 2, 18; can. 22] l. Sin embargo,
los que creen que están firmes, cuiden de no caer [1 Cor. 10, 12] y con temor y
temblor obren su salvación [Phil. 2, 12], en trabajos, en vigilias, en limosnas,
en oraciones y oblaciones, en ayunos y castidad [cf. 2 Cor. 6, 3 ss]. En efecto,
sabiendo que han renacido a la esperanza [cf. 1 Petr. 1, 3] de la gloria y no
todavía a la gloria, deben temer por razón de la lucha que aún les aguarda con
la carne, con el mundo, y con el diablo, de la que no pueden salir victoriosos,
si no obedecen con la gracia de Dios, a las palabras del Apóstol: Somos deudores
no de la carne, para vivir según la carne; porque si según la carne viviereis,
moriréis; mas si por el espíritu mortificareis los hechos de la carne, viviréis
[Rom. 8, 12 s]

Y es esa misma gracia que continuamente alimentamos por medio de las obras del espíritu, que redundan en las buenas acciones que a Dios agradan, las que alimentan la Gracia en la cual debemos preserverar, porque esa Gracia Salvadora, esa gracia eficaz no solamente vale para la remisión de los pecados, sino además nos ayuda a no cometerlos, porque estamos en las manos de Dios (XVI Concilio de Cartago, Can III). Haciendo buenas obras, esforzándonos y guardando la pureza de nuestro corazón preservamos en la gracia, algo más necesario cuando no tenemos un sacerdote al que recurrir en caso de grave falta. Y más aún, porque aquel que cree que con confesar sus culpas se salva, se engaña a sí mismo y comete el terrible pecado de la presunción, es decir, pecar argumentando que Dios es misericordioso y lo perdonará.
Así el católico fiel a la Tradición, no sólo no debe cometer presunción, sino hacer continua penitencia por sus pecados. El hombre, así debe practicar una verdadera contrición, pero esta no es voluntad sólo del hombre, sino verdadero don de Dios que da a quien quiere. Así, el cristiano, el católico siente un verdadero y sincero dolor por sus pecados, detesta el pecado, siente vergüenza porque ha ofendido a Dios y por ello mismo tiene el propósito de no volver a pecar. Dice el Tridentino que
este movimiento de contrición fue en todo tiempo necesario para
impetrar el perdón de los pecados, y en el hombre caído después del bautismo,
sólo prepara para la remisión de los pecados si va junto con la confianza en la
divina misericordia y con el deseo de cumplir todo lo demás que se requiere para
recibir debidamente este sacramento
”.
El católico fiel a la Iglesia de siempre, sabedor de que es indigno de los sacramentos a los que tampoco puede acceder fácilmente se esfuerza por vivir cristianamente, rechaza el pecado y de caer en él siente la verdadera contrición que lo eleva nuevamente a Nuestro Señor.
Sin posibilidad de la confesión diaria y tal vez semanal, el católico debe realizar un diario examen de conciencia y progresar en su vida espiritual, ayudado por la oración. La meditación de los misterios dolorosos del Santísimo Rosario son, por lo tanto ayuda inestimable. ¿Qué recordamos en cada misterio? Sólo basta recordarlos: En el primero recordamos la agonía de Nuestro Señor Jesucristo en el Monte y pedimos a Nuestro Señor el don de la contrición; en el segundo recordamos a Nuestro Señor Jesucristo atado al pilar y siendo flagelado ¡El Verbo se hizo carne para sufrir por nuestra salvación! ¡Dios mismo sufre gratuitamente por nosotros! Y nosotros le hemos ofendido con nuestros pecados… él que es perfecto decidió descender, sufrir y morir por nosotros, seres indignos, corruptos y malévolos… y aún así lo olvidamos con tanta presura… por eso debemos pedir la gracia de la mortificación física. Siempre de a poco, siempre por niveles, suspender el postre o el café luego de la cena, un día no almorzar, un día en vez de tomar el colectivo ir caminando mientras vamos rezando, así poco a poco ir creciendo. Un día dormir sin la almohada, otro con menos abrigo, siempre para recordar que Nuestro Señor sufrió por nosotros. Pero siempre de a poco.
En el tercer misterio doloroso meditamos la coronación de espinas ¡Que difícil que es pedir esto! La mortificación del orgullo es más difícil que la física, pensemos, como dice Garrigou-Lagrange que el Demonio está perdido por el orgullo, pero que no conoce el pecado de la carne. Los pecados de la carne nos reducen a animales, pero los pecados espirituales como la soberbia o el orgullo nos alejan increíblemente de Dios. En el cuarto misterio, Nuestro Señor llevando la cruz a cuesta nos debe hacer pedir la paciencia en nuestras pruebas porque ¡Ay! ¡Que fácil desesperamos! No lo olvidemos: nuestra naturaleza está corrupta y tiende al mal de forma necesaria, solamente la gracia puede hacernos obrar bien. En el quinto misterio la crucifixión y muerte de Nuestro Señor nos lleva al punto de inicio: Cristo murió por nosotros, seres miserables y corruptos, malvados…. Pero se rebajó y murió para que por su muerte fuéramos salvos, así nosotros debemos darnos a nosotros mismos, entregándonos a Dios por la obra de la redención.
La meditación de los misterios dolorosos del Santísimo Rosario, la comunión espiritual frecuente y un examen de conciencia diario y el estudio de los textos sagrados nos harán tener presente al Señor y a sus mandamientos.
Ellos no remplazan a los sacramentos, pero nos ayudan, nos auxilian, más en esta época en la que los católicos, aún los que tienen sacerdotes tradicionalistas están solos, ya que muchas veces son presa fácil de los lobos rapaces que, bajo las apariencias de protectores escandalizan a las almas y las conducen a la desesperación.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Misa Latina en Mendoza

He recibido un e-mail de un amigo angloparlante que visitará la provincia de Mendoza. El mismo me pregunta si se de alguna comunidad católica tradicional (no indultada) que celebre la Santa Misa allí para poder recibir los sacramentos durante su visita.
Lamentablemente yo no conozco a ningún sacerdote, así que apelo a la ayuda de nuestros amigos y visitantes para más orientación.

Saludos,

Raúl Miguel

domingo, 22 de mayo de 2011

La Misa Indultada en la Iglesia Concliar. Consideraciones sobre la UNIVERSAE ECCLESIAE

El 30 de abril de este año, el Cardenal de la Iglesia Concliar Willam Levada dio a conocer un la Instrucción Universae Ecclesiae de la Comisión Ecclesia Dei sobre la aplicación del Motu Proprio de Benedicto XVI/Ratzinger. Se trata de una serie de nuevas normas que vienen a “subsanar” las claras resistencias que se vivieron en aquellas diócesis donde algunos sacerdotes quisieron utilizar el Misal Tridentino indultado.
Quisiera destacar algunos de los puntos que se mencionan en el documento:

En primer lugar la insistencia de que tanto la Santa Misa Católica como el Novus Ordo Missae expresan la misma fe Católica. Bien sabemos que no es así, que el Misal Romano es la ley de la oración de la Fe que Cristo entregó a sus Apostoles y la Iglesia mantiene hasta hoy, mientras que el Novus Ordo Missae es una liturgia ecuménica y antropocéntrica, muy posiblemente inválida y sin dudas ilícita.
En segundo lugar, la insistencia de que los Obispos no pueden ir en contra de lo ordenado por Ratzinger ni las disposiciones de la Comisión Ecclesia Dei, organizada para velar por la integridad de la Misa Indultada. Esto nos demuestra la clara oposición diocesana al movimiento ritualista que caracteriza al pontificado de Benedicto XVI/Ratzinger. Este documento recuerda a los obispos diocesanos que no pueden impedir la celebración si un grupo de fieles la solicita, y además insiste en que los párrocos deben admitir y respetar que un “sacerdote idóneo” celebre la Misa Indultada sin realizar ninguna objeción o poner óbice.
En tercer lugar debemos detenernos en la figura del “sacerdos idoneus”, es decir, aquel sacerdote idóneo para celebrar la Misa Latina indultada. Es obvio que el perfil que se da corresponde al sacerdote típico de cualquiera de las congregaciones Ecclesia Dei, ya que los requisitos que impone no se encuentran entre los salidos de los modernos seminarios diocesanos. Estos son:
a) cualquier sacerdote que no esté impedido a tenor del Derecho Canónico se considera sacerdote idóneo para celebrar la Santa Misa en la forma extraordinaria7;
b) en relación al uso de la lengua latina, es necesario un conocimiento suficiente que permita pronunciar correctamente las palabras y entender su significado;
c) en lo que respecta al conocimiento del desarrollo del rito, se presumen idóneos los sacerdotes que se presenten espontáneamente para celebrar en la forma extraordinaria y la hayan usado anteriormente.

Esto deja a fuera a los sacerdotes de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X que se encuentran suspendidos a divinis por la Iglesia Conciliar. También a aquellas otras comunidades (uniones pías aunque se hagan llamar “congregaciones”) que reconocen a Ratzinger como Papa empero se niegan a obedecerle, siguiendo así la postura de la FSSPX.
También es de destacar el punto 19 donde aclara:

“ Los fieles que piden la celebración en la forma extraordinaria no deben sostener o pertenecer de ninguna manera a grupos que se manifiesten contrarios a la validez o legitimidad de la Santa Misa o de los sacramentos celebrados en la forma ordinaria o al Romano Pontífice como Pastor Supremo de la Iglesia universal”.

Esta medida está orientada a evitar que grupos sedevacantistas puedan ocupar los templos que se encuentran en manos de la Iglesia Conciliar. Que yo tenga entendido, desde la ecomunión y declaración sobre las ordenes de Monseñor Tuhc, es la primera vez que la Iglesia del Vaticano II hace mención al sedevacantismo, lo cual demuestra que esta posición teológica ha ganado fuerza y extensión.

Finalmente, no es casual que esto haya coincidido en proximidad con la “beatificación” de Wojtyla/JP2. Esta carta tiene obviamente dos destinatarios, por un lado a los diocesanos que se siguen oponiendo a la Misa Indultada y por otro a la FSSPX, en efecto aquí se renueva la oferta de la incorporación a la Roma Modernista, esta vez manifestando las garantías del desarrollo pastoral de la Misa Tridentina y la protección de la Comisión Ecclesia Dei. Con esta nueva declaración, la High Church Conciliar ha ganado una capilla más grande dentro de la catedral modernista. Otra vez decimos NON POSSUMUS.

martes, 17 de mayo de 2011

Respuesta a las objeciones sobre la excomunion a Ratzinger por unos obispos orientales



Hace muy poco subimos una entrada donde republicabamos la excomunión que un grupo de obispos de rito oriental hacía en la persona de Ratzinger/Benedicto XVI.
En el Blog amigo de Radio Cristiandad pude leer una interesante discusión entre dos foristas, ambos muy activos y muy inteligentes, verdaderos soldados de la Tradición Católica. Sin embargo esa discusión señalaba algunos "problemas" que tiene para nosotros comprender la forma en la que se operan las Iglesias Orientales, no sólo las que se separaron de Roma con el Cisma de Focio, sino aquellas que están en comunión con la Santa Sede Romana.

En primer lugar quisiera recordar algo que puede parecer un poco ocioso para el conocedor: las Iglesia Orientales no están enmarcadas dentro del Codigo de Derecho Canónico Pio-Benedictino, en efecto, el primer artículo señala que son normas propias y privadas de la Iglesia Latina que no afectan a la Iglesia Oriental que mantiene su propio derecho, liturgia y tradición.

En segundo lugar, las Iglesias Orientales están organizadas en torno a su obispo, que gobierna con un sínodo. Para los orientales la idea de un obispo sin jurisdicción es inadmisible. No existen entre ellos los obispos en tierras de infieles u obispos titulares... cada obispo gobierna un territorio y está en ese territorio. En el Derecho Oriental, incluso en las Iglesias Uniatas las Reglas Apostólicas tienen valor jurídico.

En tercer lugar todos los obispos son iguales entre sí. El Papa, que es el Sumo Pontífice tiene, para los uniatos no sólo una primacía de honor, sino verdaderamente de jurisdicción suprema y estos obispos la reconocen, empero según el derecho de las Iglesia Orientales, el poder de jurisdicción se pierde por la herejía. La Herejía no sólo priva de jurisdicción, sino de oficio, que para los orientales son equivalentes y los diferentes acuerdos entre la Sede Romana y las Iglesias Orientales que entraron en comunión con la primera antes del Concilio Vaticano II mantienen ese principio jurídico de los orientales intacto. No existe para ellos la posibilidad de que a un obispo se le puedan retener algunos poderes... la plenitud del sacerdocio implica la plenitud del poder de orden y jurisdicción, pero el hereje se ve privado de ambos.
En el caso de estos obispos que excomulgaron a Ratzinger lo hacen en virtud de la herejía que para ellos implica el canonizar a un hereje público y manifiesto.
Ahora bien, y aquí está el mayor desconocimiento de los que en Radio Cristiandad discutieron el asunto: la excomunión tácita, tan presente en nuestro derecho canónico, no existe con la caída en herejía ipso facto, sino que debe ser hecha pública, es decir, se debe denunciar publicamente al hereje y por esa misma denuncia deponerlo de su cargo y oficio.
El argumento esgrimidos por algunos sedevacantistas de que esto prueba que el obispo oriental que excomulgó a Ratzinger no cree en la Supremacía del Romano Pontífice no se sustenta en el principio "la primera sede no será juzgada por nadie", porque ese argumento es el mismo que ponen los anti-sedevacantistas. Es decir, ellos no juzgan al "Papa", sino que declaran que por herejía la Sede quedó vacante, porque la Primera Sede no puede caer en herejía ue está protegida por el Espíritu Santo. Si el Obispo de Roma cae en herejía es porque no cuenta con la protección del Espíritu Santo y por lo tanto no es, sino un usurpador.

lunes, 16 de mayo de 2011

Los obispos y la jurisdicción usurpada

Introducción.

En los últimos tiempos existen grandes discusiones entre los tradicionalistas sobre la validez o no de los obispos que forman parte de lo podemos llamar “La resistencia católica”. En los pultimos años, pareciera que la cantidad de obispos se ha multiplicado de manera proporcional a las “congregaciones religiosas tradicionalistas”, especialmente entre los sedevacantistas, aunque no podemos ignorar que también hay varias que mantienen la misma “posición prudencial” que Monseñor Marcel Lefebvre y la FSSPX.
Este breve ensayo tiene como objetivo entonces poder examinar los parámetros que se deben utilizar para saber si un obispo es o no un verdadero obispo. Quiero antes que nada recomendar, como hicieron otros en un comentario de este blog, el texto del RP Anthony Cekada titulado “La validez de las ordenes de Monseñor Ngo Dihn Tuhc. También aclaro que en este ensayo no tocaré directamente el problema de si la consagración dada per saltum es o no válida o si, bajo casos extraordinarios sería válida la ordenación de un sacerdote por otro (tesis de Pulvemarcher) ya que en la primera la Iglesia no se ha expedido aunque hay antecedentes históricos y la segunda contradice el tridentino, aunque parecieran existir casos aislados de algún Papa permitiendo en algún monasterio que el Abad impusiera las manos sobre un religioso, lo cual no implica necesariamente que fuera para ordenarlo pero, al igual que el caso Duarte-Costa le daremos una breve revisada.

Un obispo válido

En tiempos normales nadie se preguntaría si tal o cual obispo es o no valido, empero como la Iglesia se encuentra en un estado de crisis ocurre que todos dudamos de todos. Esto no es necesariamente malo, así, por ejemplo podemos leer en Apocalipsis
Es entonces legítimo preguntar por la validez de las ordenes de alguien que se presenta como obispo. No es para menos, ya que los obispos, junto con el Romano Pontífice en situaciones normales de la Iglesia Católica) son los “pastores legítimos de la Iglesia” (Catecismo de San Pío X 154). Ahora bien, hoy no estamos en una situación normal y la ley canónica ha quedado en varios aspectos superada y no puede aplicarse. Así, por ejemplo el Canon 935 reserva la consagración episcopal en el Sumo Pontífice y las consagraciones sin mandato papal, son, desde Pío XII penadas con la excomunión (antes era con la suspensión a divinis):
Consecratio episcopalis reservatur Romano Pontifici ita ut nulli Episcopo liceat quemquam consecrare in Episcopum, nisi prius constet de pontificio mandato.

Los obispos ordinarios forman parte de la jerarquía de la Iglesia Católica, son miembros de la Iglesia Docente. Son príncipes de la Iglesia (el Cuerpo Místico de Cristo), ya que no existen por la voluntad de Pedro (como los Ilustrísimos Cardenales), sino de aquel que lo colocó frente al Colegio de los Apóstoles. Es decir, los obispos no son ministros del Papa, sino de la Iglesia porque son verdaderos vicarios de los apóstoles. Los obispos reciben así dos grandes facultades para su labor, que es el trabajo para la salvación de las almas:


“1) inmediatamente de Dios, por intermedio del Soberano Pontífice o
inmediatamente del Soberano Pontífice pero por derecho divino, el poder de
jurisdicción "para gobernar a los fieles con el fin de obtener la vida eterna" y
ello por medio del magisterio sagrado, del poder legislativo y del poder
judicial.
2) Inmediatamente de Dios, en el momento de la consagración
episcopal, el poder del orden "para santificar las almas por el ofrecimiento del
Sacrificio de la Misa y por la administración de los sacramentos". Entre los
sacramentos, son propios del Obispo el de la Confirmación y del Orden. Este
último le permite transmitir el sacerdocio incluso en su plenitud
(Episcopado).”

Vamos despacio. Todos los obispos tienen la facultad y poder sacramental y lo reciben con la ordenación. Para saber si un obispo es o no obispo tenemos que saber si se realizó el ritual de consagración. Es decir tuvo que haber tenido lugar o no el sacramento, ya que la teología sacramental se basa en hechos concretos y no en especulaciones. Es por eso que Muchos canonistas como F. Cappello y H. Davies diferencian el hecho de un sacramento de la validez del mismo. En efecto ese es el proceder de los tribunales eclesiásticos romanos que primero verifican el hecho y luego recién confirman (o no) la validez. ¿Cómo podemos verificar estos hechos? En primer lugar tenemos para cada caso el certificado de consagración, las fotografías, videos o testimonio de los testigos de que haya ocurrido el hecho en sí.
El Papa Pío XII en su Sacramentum Ordinis despejó cualquier duda acerca de la validez del ritual de ordenación, así como de las palabras esenciales. En el caso de las consagraciones en sí, para que estas sean validas hacen falta los siguientes requisitos:

1. Que la ceremonia sea realizada por un obispo válidamente consagrado y que el obispo a consagrar sea un sacerdote válidamente ordenado.
2. Que ambos tengan la intención ministerial de hacer lo que hace la iglesia.
3. La imposición de manos por el obispo consagrante sobre el consagrado.
4. La formula esencial de 16 palabras recitada por el obispo consagrante.
Es menester señalar que para el punto numero 4, no es condición sine qua non la perfecta exactitud en la pronunciación todas las palabras de la formula mientras que el significado no sea alterado substancialmente, por ejemplo si el consagrante tartamudea, estornuda, tose o repite una palabra... Si se dan por sentados estos hechos, se dice que la validez existe por «presunción» y sería incluso inmoral reiterar la consagración sub conditione si se tiene certeza moral de haberse cumplido estos requisitos.
En el caso de los obispos Andrés Morello, Squettino, Argueta, Fellay, Williamson o Taylor tenemos evidencias de que se cumplieron esos cuatro puntos, por lo tanto SON OBISPOS VALIDAMENTE CONSAGRADOS PORQUE TODOS ELLOS FUERON CONSAGRADOS POR OBISPOS VALIDAMENTE CONSAGRADOS.
Mientras un obispo recite la formula con las palabras esenciales sobre un hombre tenemos un obispo. Esto vale si este es ortodoxo o si es hereje, ya que la herejía no invalida per se un sacramento, aunque bien pueden hacerlo ilícito. Ese sería el caso los obispos consagrados por Duarte Costa y algunos de sus sucesores. En efecto, el Obispo de la Iglesia Brasileña, cuando se separa de la Iglesia Católica consagró a diez obispos utilizando el ritual tridentino. Los consagró para su iglesia, la cual era cismática, pero los consagró. Todos ellos tenían aptitud canónica desde el momento que esos sacerdotes que fueron consagrados habían sido previamente ordenados en la Iglesia Católica Romana (Can 974) y algunos hasta tenían títulos en Derecho Canónico y Teología. Estos diez obispos eran obispos válidos, cismáticos y herejes si, pero válidos, como lo son los obispos orientales de Constantinopla o Moscú. Sin embargo, de esos diez obispos no todos consagraron a los restantes utilizando el ritual válido, por lo que la segunda generación y posteriores deben estudiarse caso por caso. Esto es algo común cuando un ministro ordenado extra ecclesiam solicita ingresar al Cuerpo Místico de Cristo como clérigo.

Una cuestión de jurisdicción.Ahora bien, además del poder de orden, existe el poder de jurisdicción. Todos sabemos que la jurisdicción es entregada de forma ordinaria por el Sumo Pontífice. Los cismáticos, como atentan contra el Romano Pontífice y se erigen en jurisdicciones independientes carecen de todo poder de jurisdicción. Esto hace inválidos algunos sacramentos que administran como la confesión (Canon 872). Los cismáticos pierden el poder de jurisdicción en cuanto se separan de la Iglesia Católica (Canon 873). Ahora bien, según el Canon 2366 si un sacerdote escucha confesiones sin la jurisdicción ordinaria queda de forma inmediata suspenso a divinis. Suspensos a divinis están per se todos aquellos que son ordenados extra ecclesiam como clérigos para servir en una iglesia cismáticas, es decir aunque se posean las sagradas ordenes están no pueden ser ejercidas sin cometer un gravísimo pecado:

CAN. 2279.
§ 1. Suspensio ab officio simpliciter, nulla adiecta
limitatione, vetat omnem actum tum potestatis ordinis et iurisdictionis, tum
etiam merae administrationis ex officio competentis, excepta administratione
bonorum proprii beneficii.
§ 2. Suspensio:
1°. A iurisdictione
generatim, vetat omnem actum potestatis iurisdictionis pro utroque foro tam
ordinariae quam delegatae;
2°. A divinis, omnem actum potestatis ordinis quam
quis sive per sacram ordinationem sive per privilegium obtinet;
3°. Ab
ordinibus, omnem actum potestatis ordinis receptae per ordinationem;
4°. A
sacris ordinibus, omnem actum postestatis ordinis receptae per ordinationem in
sacris;
5°. A certo et definito ordine exercendo, omnem actum ordinis
designati; suspensus autem prohibetur insuper eundem ordinem conferre et
superiorem recipere receptumque post suspensionem exercere;
6°. A certo et
definito ordine conferendo, ipsum ordinem conferre, non vero inferiorem nec
superiorem;
7°. A certo et definito ministerio, ex. gr., audiendi
confessiones, vel officio, ex. gr., cum cura animarum, omnem actum eiusdem
ministerii vel officii;
8°. Ab ordine pontificali, omnem actum
potestatis ordinis episcopalis;
9°. A pontificalibus, exercitium
actuum pontificalium, ad normam can. 337, § 2.


La situación actual y los las jurisdicciones “usurpadas”
En situaciones normales, es decir cuando no hay dudas de que el Papa es Papa, por decirlo de una manera simple y llana esta ley de la Iglesia vale para todos, pero como ya digimos, no estamos en una situación normal. Desde el Concilio Vaticano II la enseñanza de Roma no es segura para nadie entre los miembros de la Tradición.
Entonces no existe nadie con jurisdicción ordinaria, es decir, nadie cree que el actual ocupante de la Silla Apostólica tenga facultad para ordenar o establecer jurisdicciones ordinarias y que estemos sujetos a ella. Aparece así la figura de la jurisdicción supletoria, es decir aquella que no es delegada por el Papa, sino por la Iglesia en casos de extrema urgencia y para salvación de las almas, Es similar a la que existe en las misiones donde cualquier sacerdote católico puede absolver, donde un obispo puede ordenar a otros al sacerdocio… Pero la jurisdicción supletoria no tiene, como la ordinaria un espacio geográfico delimitado, actúa sobre el conjunto de las almas para la salvación de las mismas.
Esta jurisdicción sirve para dar un marco legal y de emergencia ante ciertas circunstancias, verbigracia la absolución de los pecados, la admisión de alguien a la vida religiosa, etc… pero nadie puede juzgar a otros, nadie puede excomulgar a otros y menos aún adoptar poderes propios de la jurisdicción ordinaria. Los Obispos de la Resistencia Católica, entonces están habilitados para ordenar, confirmar y predicar, al igual que los sacerdotes que pueden predicar sin menester de autorización de un obispo ordinario, porque estos ya no existen… solo hay obispos de emergencia que la Iglesia se provee para evitar que la sucesión apostólica se pierda.
Figuras tales como las de “Obispo Protector” a la que se me aludió en virtud de un comentario reciente no tiene razón de ser. Se trata de un error canónico que no tiene sentido. ¿Protector de qué? ¿De quien? Si se trata del obispo que le administra los sacramentos a determinada congregación debe tenerse en cuenta que:
a) Al no existir la jurisdicción ordinaria no se puede erigir congregaciones
canónicamente lícitas… a lo sumo uniones pías que no son lo mismo.
b) El
obispo solo puede administrar ordenes, no intervenir ni realizar ningún acto de
jurisdicción porque nadie se le entregó. La epikeia es siempre momentánea no un
modus vivendi.
c) Los fieles no están atados a ningún obispo protector,
porque esa figura es ilusoria. Los fieles estpan sujetos a su ordinario, como
este no existe hoy, ellos eligen al que consideran el mejor obispo, pero puede
abandonarlo si este se comporta de manera no cristiana, cae en herejía o
simplemente porque no le simpatiza.
d) Los “obispos protectores” que sólo
existen en las “jurisdicciones de papel” y virtuales no pueden declarar
anulaciones matrimoniales, iniciar procesos canónicos, exigir o recibir
juramentos, etc.


Conclusiones.
En el presente ensayo hemos revisado los parámetros que se utilizan en la teología sacramental para corroborar o no la validez de las ordenes que posee un obispo. Pero también hemos atendido a la cuestión de la jurisdicción que causa grandes problemas y no pocas confusiones entre los fieles. Que ciertos obispos educados en seminarios estrictos confundan los hechos no parece inocente. Un obispo proveniente del cisma bizantino, malabar, brasileño o veterocatólico que se convierta a la Tradición Católica y que realice algunos actos no canónicos puede ser comprendido y hasta tolerado a la vez que se le debe señalar y enseñar su error. Pero no se puede pensar lo mismo de aquellos que han asado años en seminarios y hasta se encontraron al frente de los mismos.
La facilidad con la que hoy aparecen grupos de sacerdotes reclamando ser congregaciones religiosas hechas y derechas, con constituciones o reglas, que vienen a “restablecer” la Compañía de Jesús, a los Franciscanos, los Dominicos…. Y lo hacen de la noche a la mañana no puede sino apabullarnos. Pero además de estas ordenes “clásicas” vemos un florecimiento de otro tipo de congregaciones que actúan de manera impune, confundiendo a los fieles, generando temores y viviendo de la religión en vez de vivir la Religión. Por suerte existen quienes son más sinceros y reconocen que se tratan de uniones pías. Como señaló el Padre Anthony Cekada en una comunicación que nos enviara hace no mucho tiempo atrás, el problema de las congregaciones es que estas se transforman el objetivo de su labor; en vez de centrar su lucha contra el Modernismo lo hacen contra las demás “congregaciones” en un desesperado intento por sobrevivir y establecer su hegemonía.
Finalmente debemos recordar UNA VEZ MÁS que nadie, absolutamente nadie tiene poderes ordinarios en el actual estado en el que se encuentra la Iglesia Católica Romana, que está en las catacumbas. Cuando mucho existe la jurisdicción supletoria, que la Iglesia entrega para la salvación de las almas y no para lujos personales.

miércoles, 11 de mayo de 2011

La ordenación del Padre Peña en Vedia

Ocurrió lo que tanto esperábamos. Este domingo 8 de mayo, fiesta de Nuestra Señora de Luján en la Capilla homónima, Monseñor Argueta ordenó al sacerdocio a nuestro muy querido amigo Gustavo Peña, quien ahora es sacerdote para siempre.
¡Gran carga la de nuestro nuevo sacerdote! ¿Quién lo puede dudar? Hoy, ser sacerdote es algo marginal, la gente se pregunta de todo, pero especialmente “¿Para que?”. ¿Por qué ser sacerdote hoy en este Siglo XXI? ¿Por qué pensar en la otra vida si esta parece tan interesante? ¿Para que detenernos en las cosas del espíritu si este Mundo, tan físico, tan material y palpable parece tan satisfactorio?

Hoy la Sociedad Religiosa San Luis Rey de Francia tiene otro sacerdote aquí en Argentina. Un sacerdote fiel y verdadero, formado y educado, pero sobre todo lleno de fe y viril amor por Nuestro Señor Jesucristo.
Nadie salva a la Iglesia, aunque muchos otros (especialmente entre los tradicionalistas) crean que sí. Sobreabunda el teólogo de capilla y el canonista que va acomodando el Derecho de la Iglesia a la situación propia. Hay quienes reclaman poderes que no tienen y son, si somos estrictos, por eso mismo cismáticos al usurpar una jerarquía que no tienen… también están los que desean reconstruir ordenes religiosas, congregaciones que supuestamente tuvieron una época de gloria (la Compañía de Jesús que, para ser sinceros a la segunda generación ya estaba degenerada) y que, como el nefasto Padre Marcial Maciel gustan de llamarse “Nuestro Padre” y hacen gala de su “Mamá Maurita”.
Pero hay otros, sacerdotes y obispos fieles a la Iglesia, más preocupados por la vida espiritual, entregados a la salvación de las almas que, con un apostolado intenso y extenso contrastan con los mencionados arriba. Conocemos los nombres de estos sacerdotes, conocemos a estos sacerdotes y obispos. Están ahí, son nuestros sacerdotes. No son los de una “iglesia particular”, no son ellos tampoco “la Iglesia” y bien saben y lo dicen a viva voz que el enemigo no es el otro sacerdote de la tradición, sino el modernismo y la Iglesia Conciliar.
En Vedia tenemos ahora otro sacerdote y no podemos si no recordar la oración de San Pío X para las vocaciones.


Aquí están las fotos de la ordenación del Padre Gustavo Peña SRSLRF.



Camino a Vedia

Este texto lo escribí en el Micro mientras viajaba a Vedia. Por un acuerdo implícito decidí no hacer mención alguna a la ordenación del RP Gustavo Daniel Peña hasta que así me lo autorizara la Sociedad Religiosa San Luis Rey de Francia.


Hoy es un día muy importante. Después de mucho tiempo me voy a encontrar con unos grandes amigos: el Padre Mauricio Zárate, El Padre Emilio Fattore y Gustavo Peña quien será ordenado sacerdote por SER Mons Argueta.
Voy para Vedia, la ciudad cabecera de Leandro Alem al norte de la Provincia de Buenos Aires. El motivo, no sólo asistir a la Santa Misa de siempre, sino también presenciar la ordenación sacerdotal del Gustavo. Así es que la Sociedad Religiosa San Luis Rey de Francia, uno de los estandartes de la Resistencia Católica contra la Iglesia Conciliar y el Modernismo, que gracias a un trabajo intenso de pastoral, abriendo centros de misa, llevando la Doctrina Sana y Recta cuenta ahora con un nuevo sacerdote.
Estoy viajando mientras esto escribo, estoy en el micro y lo guardaré para subirlo al blog en cuanto pueda. ¿Qué espero encontrar? A un grupo de hombres que han decidido dar su vida, sus años por la Religión Católica, hombres sencillos y humildes, alejados del glamour, personas sinceras y sin doble discurso. A mis amigos.
Es de noche, recién llame al Padre Mauricio, me equivoque de parada y bajé en Junín a una hora de distancia. La chica que está a mi lado se ha reído bastante del incidente al igual que un señor que está en el asiento próximo del pasillo. Si prestara mas atención cuando estoy viajando esto no me pasaría, pero soy distraído… Pienso. ¿Estoy distraído? No, estoy reflexionando y pensando en lo que veré mañana domingo, veré un milagro, veré como un joven se convierte en un verdadero guerrero, en un soldado de la Iglesia. Gracias Dios por este sacerdote. Señor, danos muchos sacerdotes… veo las luces amarillas que a lo lejos me señalan que estoy solo a unos pocos kilómetros de Vedia, donde se celebra la Santa Misa.

domingo, 8 de mayo de 2011

Un sacerdote debe ser

Publico aquí este hermoso poema tomado de Tercio San Carlos. Lo publico hoy, mientras estoy en Vedia visitando a mis amigos de la Sociedad Religiosa San Luis Rey de Francia.



Un Sacerdote debe ser…


Muy grande
y a la vez muy pequeño


de espíritu noble como si llevara sangre real
y sencillo como un labriego


héroe por haber triunfado de sí mismo
y hombre que llego a luchar contra Dios,


fuente inagotable de santidad
y pecador a quien Dios perdonó,


señor de sus propios deseos
y servidor de los débiles y vacilantes,


uno que jamás se doblego ante los poderosos
y se inclina, no obstante, ante los mas pequeños,


dócil discípulo de su Maestro
y caudillo de valerosos combatientes,


pordiosero de manos suplicantes
y mensajero que distribuye oro a manos llenas,


animoso soldado en el campo de batalla
y madre tierna a la cabecera del enfermo,


anciano por la prudencia de sus consejos
y niño por su confianza en los demás,


alguien que aspira siempre a lo más alto
y amante de lo más humilde…


Hecho para la alegría,
acostumbrado al sufrimiento,
ajeno a la envidia,
transparente en sus pensamientos,
sincero en sus palabras,
amigo de la paz,
enemigo de la pereza,
seguro de sí mismo.


“Completamente distinto de mí”
(comenta el amanuense)

sábado, 7 de mayo de 2011

Sociedad Religiosa San Luis Rey de Francia sobre la "beatificacion" de Wojtyla

Republicamos aquí lo que nuestros amigos de la Sociedad Religiosa San Luis Rey de Francia han ouesto en su blog apropósito de la "beatificación" de Karol Wojtyla.


Evangelio de San Juan 16, 20-23
En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo.
La mujer, cuando va a dar a luz, está triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo.
También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar. Aquel día no me preguntaréis nada.
Apocalípsis. Cap. 22, 20
Ven, Señor Jesús


HOY LA “ALEGRÍA” DE LA CONTRA-IGLESIA LLENA ROMA.
SOLO PODEMOS DECIR: ¡PADRE, PERDÓNALOS, AUNQUE ESTOS SÍ, SABEN MUY BIEN LO QUE HACEN!

Iglesia Ortodoxa Griego-Católica Ucraniana contra beatificación de Juan Pablo II

Republicamos esta valiente carta de los Obispos Católicos de rito oriental ucranianos a Ratzinger en contra de la "beatificación" de Wojtyla.


¿Porqué Juan Pablo II no puede ser proclamado beato?

Дата публікації: 2011-02-07
Автор: Синод УПГКЦ


Santo Padre

Benedicto XVI

Ciudad del Vaticano



¡Santo Padre!

Antes de cada canonización se debe examinar todas las obras del candidato, si están de acuerdo con la doctrina católica. Su predecesor, Juan Pablo II hizo unos delitos contra la fe. El fruto fue la apostasía en masa de Cristo y de la Iglesia. Su crímenes consisten en lo siguiente:



1. Gesto de Asís contradice esencialmente a la Revelación Divina, a la Tradición de la Iglesia, y es totalmente herético. Este gesto hace pensar que el cristianismo y el paganismo son los caminos equivalentes de la salvación, y esto es la herejía máxima.

2. El no defendió la fe y la moral. Causó la propagación de las herejías del método histórico-crítico. Estas herejías niegan la inspiración divina de la Sagrada Escritura, la divinidad de Cristo y todos los milagros.

3. El abolió la excomunión de los masones. Así les posibilitó acceso a los cargos ecclesiásticos.
4. El permitió que los sacerdotes con el espíritu del mundo fueran elegidos a los obispos. El resultado es el estado catastrófico de la Iglesia.


¿Qué la Sagrada Escritura dice de Asís? “Lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios; y no querría que vosotros fueseis partícipes de los demonios” (1Cor.10, 20). Dios no permite el sincretismo, es decir, un falso respeto por las religiones paganas.



Las consecuencias de beatificación falsa:

a) la infalibilidad del Papa en asuntos de la fe y de la moral con esto es abolida.

b) todas las beatificaciónes anteriores de los mártires y de los mismos apóstoles también con esto son abolidas. ¿Porqué? Porque ellos preferirían morir antes que hacer una falsa paz con el paganismo.

c) La Iglesia Católica cessarà a ser católica. ¿Porqué? ¡Porque las herejías habrán sido beatificadas!

Santo Padre, el Papa Juan Pablo II no debe ser beatificado, mas al revés él debe ser excomulgado.

La aserción del sacerdote Ortodoxo: “Si Juan Pablo II no será excomulgado, pero será beatificado, se abrirán las puertas a la dominación mundial del anticristo”.

Santo Padre, ¡Usted o se volverá un mártir o un traidor! El apóstol Pedro en Roma derramó su sangre por Jesús. ¡Siga Usted al primer Papa!

Santo Padre, rezan por Usted siete obispos del Sínodo de la Iglesia ortodoxa Griego-Católica Ucraniana.

Padre Basilio Meramo, sobre la Beatificación de Juan Pablo II


La beatificación del Eclipse de Sol
R.P. Basilio Méramo

La beatificación de Juan Pablo II, cuya divisa fue De labore solis (el eclipse del sol), señala el eclipse del sol de la luz de Cristo y su Iglesia sobre el mundo que está sumergido en la Gran Apostasía de las Naciones de los Gentiles anunciada por las Sagradas Escrituras, y el retiro del obstáculo (Katejon) que es el Imperio de la Verdad como se refleja de las palabras de San Pio X al decir que Cristo vendrá una segunda vez (Parusía) cuando la doctrina se corrompa y que el Imperio de la Verdad no sea posible en este mundo: “Vigilad, ¡oh! Sacerdotes, para que la
doctrina de Jesucristo, no pierda por vuestra culpa el semblante de su integridad. Conservad siempre la pureza y la integridad de la doctrina (…). Cuando esta doctrina, no pueda ya guardarse incorruptible y que el imperio de la verdad no sea ya posible en este mundo, entonces el Hijo de Dios aparecerá una segunda vez. Pero hasta este último día nosotros debemos mantener intacto el depósito sagrado y repetir la gloriosa declaración de SanHilario: ‘Más vale morir en este siglo que corromper la castidad de la verdad’.” (Pie X, Jérome Dal‐Gal O.M. Conv. 1953, p.107 – 108).

Con la beatificación de Juan Pablo II lo que impera es el error, la mentira y la confusión doctrinal y religiosa que jamás se ha visto ni se verá (la Gran Tribulación de las sagradas profecías). Dicha beatificación es la apoteosis del triunfo de la Sinagoga de Satanás dentro de la Iglesia, la cual es ultrajada en la pureza y virginidad doctrinal y religiosa, es la beatificación de la Nueva Iglesia postconciliar y de la nueva falsa Religión Mundial, Ecumenista, Gnóstico‐Cabalística, es la beatificación del Modernismo y de la Revolución Universal Anticristiana, es la beatificación de la Contra Iglesia del Anticristo‐Pseudoprofeta, es la beatificación del Misterio de Iniquidad, es la
beatificación de la Abominación de la Desolación en el Templo (la Iglesia), es el triunfo del judaísmo dentro de la Iglesia, la Gloria del Olivo, De gloria olivae (divisa de Benedicto XVI); y en consecuencia la reducción de la verdadera Iglesia a un pequeño rebaño (pusillus grex, Lc. 12, 32) disperso por el mundo, fiel a la Sacrosanta Tradición Apostólica, Romana. Por eso nos señala Nuestra Señora de La Salette que “Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del Anticristo”. Habiendo además revelado que “la Iglesia será eclipsada” y “el mundo quedará consternado”, puesto que “ha llegado el tiempo: el sol se oscurece; sólo la fe vivirá”, “la verdadera fe se
ha extinguido y la falsa luz alumbra al mundo”, “esta será la hora de las tinieblas, la Iglesia tendrá una crisis espantosa”, “pelead, hijos de la luz, vosotros, pequeño número que ahí veis; pues he aquí el tiempo de los tiempos, el fin de los fines” . (Aparición y Mensaje de La Salette, José Luis de Urrutia S.J.).
No olvidemos la profecía de San Anselmo, Obispo de Sunium, Grecia, del siglo XIII (Vaticinia illustrium virorum, Venecia, 1605) relacionada con Juan Pablo II, cuyo nombre era Karol: “!Ay de ti, villa de las siete colinas [Roma] cuando la letra K sea aclamada dentro de tus murallas! [Karol, nombre de Juan Pablo II]. Entonces tu caída estará próxima. Has irritado al Altísimo con tus crímenes y blasfemias, perecerás en la derrota y la sangre”.
(Folleto, El Tiempo que se Aproxima ‐según las principales profecías‐ , reimpreso en 1988, p. 32 ed. Publicaciones del Padre José Luis de Urrutia, S.J. ) , quien fue catedrático de la Facultad de Derecho Canónico de Madrid.
Así mismo el venerable Holzhauser llegó a decir en su comentario al Apocalipsis sobre la Iglesia y su deplorable situación al final de los últimos tiempos apocalípticos antes de la venida del Mesías en gloria y majestad: “ § 3. Del Antipapa abominable y perverso idólatra, que desgarrará la Iglesia de Occidente y hará adorar la primera bestia ( XIII, 11 – 18).
XIII, 11: ‘Vi enseguida surgir de la tierra otra bestia, ella tenía dos cuernos como un cordero, pero hablaba como un dragón.’ Esta bestia es un falso profeta que anunciará al hijo de perdición como siendo el Cristo, (…) mientras que el falso profeta se elevará, prevalecerá y dominará sobre la tierra firme, que es vecina de los mares y sobre la cual se encuentra actualmente el Imperio Romano abarcando en su seno los Estados de la Iglesia. ‘Ella tiene dos cuernos como un cordero’, porque ella será un cristiano apóstata (…). Entonces la Iglesia será dispersada en las soledades y los lugares desiertos, en los bosques y las montañas, y en las hendiduras de las rocas, porque el pastor habrá sido golpeado y las ovejas dispersadas. Puesto que será como en el tiempo de la
Pasión de Nuestro Señor. Y parece que a esta circunstancia de la última desolación es a la que hace alusión cuando dice en su Pasión, Mateo XXVI, 31: ‘Porque está escrito: heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño.’ Entonces la Iglesia Latina será desgarrada y a excepción de los elegidos, habrá una defección total de la Fe.” ( Revelation du Passé et de l’avenir, Interprétation de l’Apocalypse du venerable Barthélemy Holzhauser, ‐ hacia 1650 ‐ p. 91).

Monseñor Lefebvre a su vez dijo muy claramente, precisamente después de hablar con el Cardenal Ratzinger en Roma, para que hoy se lo oculte y desconozca, que Roma había caído en la apostasía, que el Concilio Vaticano II es cismático, que las personas que ocupan Roma son anticristos: “ Creo que podemos hablar de descristianización y que estas personas que ocupan Roma hoy son anticristos, no he dicho antecristos, he dicho anticristos, como lo describe San Juan en su primera carta: ‘Ya el Anticristo hace estragos en nuestro tiempo’. El Anticristo, los anticristos; lo son ellos, es absolutamente cierto”. (Conferencia espiritual, Ecône, 14 de
Septiembre de 1987)

Y por si fuera poco Monseñor Lefebvre señala la apostasía de Roma modernista: “Lo que les interesa a todos ustedes es conocer mis impresiones después de la entrevista con el Cardenal Ratzinger el 14 de Julio último. Lamentablemente debo decir que Roma ha perdido la Fe. Roma está en la apostasía. Estas no son palabras en el aire, es la verdad: Roma está en la apostasía.” (Conferencia Espiritual, Ecône, 14 de Septiembre de 1987).
Sobre el Concilio Vaticano II Monseñor Lefebvre recalcó que es un Concilio cismático, cosa que muy pocos tienen en cuenta hoy, por no decir ninguno, que corresponde a una Nueva Iglesia.
“Este Concilio representa tanto a los ojos de las autoridades romanas como ante los nuestros una Nueva Iglesia que ellos llaman una ‘Iglesia conciliar’. Creemos poder afirmar, ateniéndonos a la crítica interna y externa del Vaticano II, es decir analizando los textos y estudiando los acontecimientos y resultados, que éste al dar la espalda a la Tradición y al romper con la Iglesia del pasado, es un Concilio cismático. Se juzga el árbol por los frutos. (Un Evéquê parle, ed.
Dominique Martin Morin, 1977, tomo II, p. 97).

Del Cardenal Ratzinger que a la sazón era Prefecto de la Congregación de la Fe, Monseñor Lefebvre afirmó categóricamente poco antes de morir que era un hereje: “Os invito a leer el denso artículo de fondo de Sí, sí; No, no que ha salido hoy sobre el Cardenal Ratzinger. No sé quién es el autor del artículo, porque siempre escriben bajo un pseudónimo, pero está muy documentado, concluye que el Cardenal Ratzinger es herético. (…) Pone en duda que haya un Magisterio que sea permanente y definitivo en la Iglesia, eso no es posible, él acomete contra
la raíz misma de la enseñanza de la Iglesia, de la enseñanza del Magisterio de la Iglesia. Ya no hay una verdad permanente en la Iglesia, verdades de Fe, dogmas en consecuencia, se acabaron los dogmas en la Iglesia, esto es radical. Evidentemente esto es herético, es tan claro, es tan horroroso, pero es así.” (Conferencia Espiritual, Ecône, 8 y 9 de Febrero de 1991). Nótese bien para el lector no avisado que esta fue una de las últimas conferencias de Monseñor Lefebvre quien murió al mes siguiente, el 25 de Marzo.

Todo esto nos hace evocar lo que ya dijera cuasi proféticamente o sin el cuasi si quieren, el Padre Leonardo Castellani: “Es el Misterio de la Iniquidad, ‘la Abominación de la Desolación’; la parte carnal de la Iglesia ocultando, adulterando y aun persiguiendo la verdad, Sinagoga Satanae, por eso la parte fiel de la Iglesia padecerá ‘dolores de parto’, (…).” (Los Papeles de Benjamín Benavides, ed. Dictio, Buenos Aires, 1978, p. 226 –227).
“La herejía de hoy, (…) pareciera explícitamente no negar ningún dogma cristiano sino falsificarlos todos. Pero, mirándolo bien niega explícitamente la Segunda Venida de Cristo; y con ella, niega su Reyecía, su Mesianidad y su Divinidad, es decir niega el proceso divino de la Historia. Y al negar la Divinidad de Cristo niega a Dios. Es ateísmo radical revestido de las formas de la religiosidad. Con tener todo el aparato externo y fraseología cristiana falsifica el cristianismo, transformándolo en una adoración del hombre; o sea, sentando al hombre en
el templo de Dios, como si fuese Dios. Exalta al hombre como si sus fuerzas fuesen infinitas, promete al hombre el Reino de Dios y el Paraíso en la tierra por sus propias fuerzas. La adoración de la Ciencia, la esperanza en el Progreso y la desaforada Religión de la Democracia, no son sino idolatría del hombre; o sea, el fondo satánico de todas las herejías, ahora en estado puro. (…) Esta religión no tiene todavía nombre, y, cuando lo tenga, ese nombre no será el suyo, todos los cristianos que no creen en la Segunda Venida de Cristo se plegarán a ella.”
(Cristo ¿vuelve o no vuelve?, ed. Dictio, Buenos Aires, 1976, p. 18).

Y para complementar y empalmar redondeando los conceptos oigamos lo que dijo Nicolás Gómez Dávila sobre la Democracia: “La Democracia es una religión antropoteista. Su principio es una opción de carácter religioso, un acto por el cual el hombre asume al hombre como Dios.” O estas dos frases que son, también, muy dicientes al relacionar la democracia con la gnosis: “Las cosmogonías órficas y las sectas gnósticas son antropoteismos retrospectivos, la moderna religión democrática es un antropoteismo futurista.” Y “La democracia no es atea,
porque haya comprobado la irrealidad de Dios sino porque necesita rigurosamente que Dios no exista, la convicción de nuestra divinidad implica la negación de su existencia.” Mostrando además su relación con el progresismo: “La idea del progreso es la teodicea del antropoteismo futurista, la teodicea del dios que despierta desde la insignificancia del abismo.” (Extraído de “Textos I” Bogotá 1959).

Para aquellos que buscan y esperan un supuesto triunfo antes de la Parusía, o su equivalente, (una reconquista) les recordamos caritativamente lo que ya advirtiera nuestro querido Padre Castellani: “En la presente edad no será la Iglesia mediante un triunfo del espíritu del Evangelio, sino Satanás mediante un triunfo del espíritu apostático, que ha de llegar a la pacificación total (aunque perversa, aparente y breve) y a un reino que abarcará todas las naciones; pues el Reino mesiánico de Cristo será precedido del reino apostata del Anticristo.”
(Decíamos Ayer, ed. Sudestada, 1968, p. 27).

No es pues el triunfo de la Iglesia sino de la Contraiglesia, el triunfo de la religión adulterada por obra de la judaización y cabalización en la Iglesia, la cual se perfila como Pseudoiglesia. Es lo que el Padre Castellani manifiesta en el texto citado. ¡No nos confundamos de triunfo! Pues no hay término medio, si no esperamos el triunfo de Cristo Rey para la Parusía, viniendo en gloria y majestad, que es lo mismo que el triunfo del Inmaculado Corazón de María o de los Sagrados Corazones, esperamos el triunfo del espíritu apostático como se colige del último texto que citamos.
Verdaderamente con la beatificación de Juan Pablo II no se puede decir sino que es la gran apoteosis del Maligno cual castigo sobre un mundo que ha renegado de Cristo, en aras de la falsa y sacrílega paz y de la globalización mundial que procura el Paraíso en la tierra, pero sin la Verdad y sin Cristo.
Así se entienden las proféticas y aterradoras palabras de Cristo: “Pero el Hijo del hombre, cuando vuelva, ¿hallará por ventura fe sobre la tierra?” (Lc. 18,8), y “si aquellos días no fueran acortados, nadie se salvaría” (Mt. 24,22).
Callar es claudicar, el silencio es complicidad, el que calla otorga y el que otorga acepta. Pues ya decía el Papa León XIII retomando las palabras de su predecesor San Felix III del siglo V (483 – 492), haciéndolas también suyas: “El juicio de Nuestro predecesor, Felix III, acerca de ese asunto es muy grave: ‘no resistir al error es aprobarlo; no defender la verdad, es ahogarla… Quien cesa de oponerse a un crimen manifiesto, puede ser considerado como cómplice secreto del mismo’.” (Carta Encíclica, Inimica Vis, 8 de Diciembre de 1892).
No olvidemos, además, la gran exhortación apocalíptica de S. Pablo, para que estemos vigilantes y expectantes sin desfallecer ante el mal: “Te conjuro delante de Dios y de Jesucristo, que ha de juzgar vivos y muertos, por su aparición y su reino. Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo; reprende, ruega, exhorta, con paciencia siempre y afán de enseñar. Porque vendrá tiempo en que no soportarán la sana doctrina, sino que en alas de sus pasiones y con la comezón en sus oídos, se elegirán maestros a granel y desviarán sus oídos de la verdad y se volverán hacia las fabulas. Tu, anda sobre ti en todo, soporta el sufrimiento; haz obra de predicador del Evangelio; cumple con tu ministerio.” (II Tim. 4,1‐5)
“Sí, sí; No, no. Todo lo que excede esto viene del Maligno”(Mt. 5,37), pues “todo lo que no procede de la fe es pecado” (Rom. 14,23), por esto “el justo vivirá de la fe” (Rom. 1,17), sin “acomodarse a este siglo” (Rom. 12,2), siempre “obedeciendo a la verdad” (I Ped. 1,22). Y en estos últimos tiempos apocalípticos, “firmes en la fe” (I Ped. 5,9), debemos perseverar hasta la Parusía, como exhorta Santiago Apóstol: “Tened, pues, paciencia hermanos hasta la Parusía del Señor” (Sant. 5,7). Parusía en la cual consiste nuestra bienaventurada esperanza, según los apóstoles San Pedro y San Pablo: “Poned toda vuestra esperanza en la gracia que os traerá cuando aparezca Jesucristo” ( I Ped. 1, 13). “Renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos vivamos sobria, justa y piadosamente en este siglo actual, aguardando la dichosa esperanza y la aparición de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo” ( Tit. 2, 13).
Padre Basilio Méramo.
Bogotá, 1 de Mayo de 2011.