domingo, 26 de junio de 2011

El Concilio de Trento, sobre la veneración de la Sagrada Eucaristía



Concilio de Trento, Ses XIII, Cap V
No queda, pues, ningún lugar a duda de que, conforme a la costumbre recibida de siempre en la Iglesia Católica, todos los fieles de Cristo en su veneración a este santísimo sacramento deben tributarle aquel culto de latría que se debe al verdadero Dios [Can. 6]. Porque no es razón para que se le deba adorar menos, el hecho de que fue por Cristo Señor instituído para ser recibido [Mt. 26, 26 ss]. Porque aquel mismo Dios creemos que está en él presente, a quien al introducirle el Padre eterno en el orbe de la tierra dice: Y adórenle todos los ángeles de Dios [Hebr 1, 6; según Ps. 96, 7]; a quien los Magos, postrándose le adoraron [cf. Mt. 2, 11], a quien, en fin, la Escritura atestigua [cf. Mt. 28, 17] que le adoraron los Apóstoles en Galilea. Declara además el santo Concilio que muy piadosa y religiosamente fue introducida en la Iglesia de Dios la costumbre, que todos los años, determinado día festivo, se celebre este excelso y venerable sacramento con singular veneración y solemnidad, y reverente y honoríficamente sea llevado en procesión por las calles y lugares públicos. Justísima cosa es, en efecto, que haya estatuídos algunos días sagrados en que los cristianos todos, por singular y extraordinaria muestra, atestigüen su gratitud y recuerdo por tan inefable y verdaderamente divino beneficio, por el que se hace nuevamente presente la victoria y triunfo de su muerte. Y así ciertamente convino que la verdad victoriosa celebrara su triunfo sobre la mentira y la herejía, a fin de que sus enemigos, puestos a la vista de tanto esplendor y entre tanta alegría de la Iglesia universal, o se consuman debilitados y quebrantados, o cubiertos de vergüenza y confundidos se arrepientan un día.

Corpus Christie: Sermón del Padre Basilio Méramo

Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:


Este jueves de Corpus Christi junto con el Jueves Santo y el Jueves de la Ascensión son los días más solemnes de la liturgia católica.


La fiesta del Corpus Christi está íntimamente ligada con el Jueves Santo, con la Santa Misa y con el sacerdocio; eso hace que sea como el centro, el corazón de la Iglesia expresado a través de la liturgia de este jueves de Corpus. Y la relación que hay entre el Jueves Santo y el de Corpus, consiste en que el Jueves Santo nuestro Señor instituyó el sacerdocio y la Santa Misa. Mandó a sus apóstoles efectuar en conmemoración de Él, de ese testamento, de esa alianza pactada con su sangre por el rescate que Él pagó, redimiéndonos del pecado y del poder de Satanás, la institución de esa conmemoración ocurrida en la Cena del jueves Santo; fue una anticipación del Sacrificio cruento de nuestro Señor en la Cruz. La Santa Misa es, pues, la renovación incruenta de ese Sacrificio del Calvario; la única diferencia está en el modo de ofrecerlo y éste consiste en la Santa Misa, en hacerlo incruentamente bajo las especies del pan y del vino; esa doble consagración prefigura la separación del alma de nuestro Señor, es decir, la muerte y por eso, ese mismo día, nuestro Señor instituyó el sacerdocio en sus apóstoles.


La Iglesia, entonces, al celebrar la fiesta del Corpus Christi lo hace con la solemnidad y alegría debidas, que no se puede hacer el Jueves Santo por la tristeza y el dolor de la Pasión de nuestro Señor que conmemora toda la Semana Santa; así lo celebra hoy con alegría, con esa profusión de fe y esperanza, pero que desafortunadamente en estos tiempos modernos queda eclipsada pasando como un día laboral más, por lo que se va perdiendo su memoria y su importancia. Pero no debemos olvidar que la fiesta del Corpus Christi, del cuerpo de nuestro Señor sacramentado, lo tenemos por el Santo Sacrificio de la Misa. Es la Fiesta del Santo Sacrificio de la Misa; sin este Sacrificio no habría Jesús Sacramentado, no habría comunión, no habría synaxis, si es que queremos usar esa palabra tan utilizada hoy; ni aun en el buen sentido habría comunión, porque, ¿qué comulgaríamos si no hubiese la Misa que es esencialmente el Sacrificio de nuestro Señor bajo las especies del pan y del vino, realizada por el sacerdote en persona Christi, como alter Christi, otro Cristo que es sacramentalmente instituido por el sacramento del orden?


Todas estas cosas pasan desapercibidas, cuando no negadas por la nueva teología que quita (desacraliza) el carácter de sagrado a lo más sagrado que tiene la Iglesia católica, lo más sagrado del testamento de nuestro Señor, y de ahí la gravedad, desfigurando al sacerdote, no hecho ya para el sacrificio que da lo sagrado, sacra dans, dar las cosas sagradas. ¿Qué más sagrado que realizar en la misma persona de nuestro Señor el mismo Sacrificio de la Cruz renovado, actualizado, sobre el altar de un modo incruento? Esa es la misión del sacerdote. Hoy viene a ser, comparado mundanamente a un hombre más y cuando se celebra la Santa Misa, considerardo como un presidente que dirige a sus hermanos, realizando una synaxis, o un ágape; pero no es un sacrificio, sino una mera conmemoración, recuerdo de lo que aconteció y muchas veces no ya de lo que aconteció en el Calvario sino del misterio Pascual, como hoy tanto se habla.


Y no del misterio Pascual católico, sino del misterio Pascual a la manera judía, esa es la síntesis que hacen los mismos teólogos de la nueva teología, de la definición de la cena eucarística, no como Misa ni Sacrificio, sino conmemoración o memorial de una Pascua al estilo judío. La prueba está en que las oraciones del ofertorio están calcadas de ese ritual de la Pascua judía, con lo cual se puede concluir basados en ese trabajo que se hizo hace poco y que la Fraternidad Sacerdotal (San Pío X) presentó a Roma para mostrar la gravedad; y la síntesis que se puede hacer de ese trabajo, es que: la nueva misa por la voluntad de aquellos que la confeccionaron, no es más ni menos que el memorial de la Pascua judía.


Hasta allá se llegó y aunque algunos pretendan que sea el memorial de la Pascua católica, eso sería falso, no es el memorial de la Pascua de la Resurrección, sino de la muerte de nuestro Señor Jesucristo inmolado en la Cruz; no cambiemos los términos, en la teología del dogma cada palabra, cada concepto, tiene su peso específico y no es que no se pueda cambiar ni una palabra, es que hasta ni siquiera una coma y ni una tilde en las cosas que son de Dios y que es Dios quien nos las lega y encomienda para que la Iglesia católica, apostólica y romana las guarde santamente y fielmente las trasmita.


Esto es lo que hace la Tradición. Por eso no puede la Iglesia católica sin Tradición católica custodiar santamente y trasmitir fielmente. Esa es su misión y para ello está investida de infalibilidad, no para proclamar nuevos dogmas ni nuevas verdades ni nuevas cosas, sino para proclamar aquello que en sustancia Dios reveló y que la Iglesia custodia y transmite a través de las generaciones hasta el fin del mundo, para que los hombres adhiriéndonos a la fe de la Iglesia, nos salvemos. Esa es la misión de la Iglesia y no otra; de ahí la importancia, sobre todo hoy cuando la misa romana es atacada y perseguida, esa misa que el Santo papa Pío V, quien fue también inquisidor, canonizó, excluyendo toda posible equivocación o error; por eso es una misa canonizada, por eso es una misa a perpetuidad, por eso la podemos decir nosotros con toda tranquilidad y por eso es un crimen perseguirla, porque sería perseguir a la Iglesia, apuñalar el corazón de la Iglesia, traicionar a nuestro Señor, falsificar su testamento, no sería cumplir su voluntad, no seríamos sus herederos; esa es su importancia.


Y por todo lo anterior monseñor Lefebvre, ese santo obispo de benemérita memoria, prefirió ser insultado, ultrajado, escupido, por defender ese testamento, ese legado, esa herencia de la Iglesia católica; por eso nosotros debemos estar dispuestos incluso a dar nuestras vidas, porque sin eso no hay Iglesia católica, no hay herederos de nuestro Señor, no hay salvación. Pero el mundo de hoy no está solamente imbuido de un nuevo paganismo, sino de la incredulidad y de la impiedad y no respeta nada ni a nadie, no respeta a Dios ni a su Iglesia, solamente se “respeta a sí mismo” proclamándose dios con su “dignidad, libertad y derechos humanos”; esa es la civilización que hoy se entroniza en contra de Dios y de la Iglesia católica, apostólica y romana. Esa es la crisis, dolor y pasión de la Iglesia; no lo olvidemos.


La Santa Misa no es el memorial ni de la Pascua de nuestro Señor ni mucho menos de la Pascua judía del Antiguo Testamento, que era una figura de la Pascua de nuestro Señor, sino que es el Santo Sacrificio del Calvario renovado incruentamente bajo las especies de pan y vino sobre el altar y por eso en la epístola de hoy no se habla de la Pascua, sino de la muerte de nuestro Señor; no dejemos adulterar nuestra religión, no dejemos que nos la cambien, no dejemos que la Iglesia se judaíce. La Historia del mundo gira sobre dos polos, o se cristianiza o se judaíza, a la larga o a la corta, no hay término medio y el mal se acrecentará en la medida en que nos judaicemos en todos los órdenes y niveles. Esa judaización de la Iglesia la estamos viendo; por eso debemos guardar esa fidelidad a nuestro Señor, a su alianza, a su Iglesia, y la mejor manera de servir a la Iglesia, de ser fieles, es conservando la liturgia sacrosanta de la Santa Misa, de la Iglesia católica en toda su pureza, tal cual como lo definió San Pío V.


Por eso, sin pretender ser mejores que nadie, monseñor Lefebvre, con la Fraternidad que él fundó, es la expresión más fidedigna de esa fidelidad a la Iglesia y a nuestro Señor, a la religión católica, fidelidad al Corpus Christi, al cuerpo y la sangre de nuestro Señor que se da como pan del cielo para que, en comunión con Él, dándonos no un banquete, sino su propia carne, integrarnos y asimilarnos en su cuerpo Místico que es la Iglesia, divinizándonos, participándonos de su divinidad; de ahí la necesidad de recibir a nuestro Señor con un corazón puro, es decir, teniendo conciencia de no tener pecado mortal, para no beberlo y comerlo indignamente, para que sea fructuosa esa comunión y como pan del cielo nos lleve en la última hora, en la hora de la muerte como viático al cielo; todas estas cosas significa la fiesta y la liturgia de hoy que pasa desapercibida.


Pidamos a Nuestra Señora, la Santísima Virgen María, Ella, que ofreció a su Hijo no como nosotros los sacerdotes de un modo sacramental e incruento sino que lo ofreció en sí mismo en la Cruz, donando, dando al Padre Eterno uniéndose a nuestro Señor en la hora de su muerte; de eso no nos damos cuenta, pero Nuestra Señora hizo ese gesto que le desgarró, que le partió en su ser, ofreciendo a su Hijo amado y por eso Ella está al pie de la Cruz y por eso nosotros tenemos que estar con Ella y quien no está con Ella no está con nuestro Señor. Por lo mismo, no se puede tener a Dios por Padre si no se tiene a María por Madre; por eso Ella es la Madre de la Iglesia, es Madre nuestra. Confiémonos a Ella para que nos fortalezca con esa fuerza que Ella demostró ante la cruz y con esa capacidad de sacrificio y de oblación para que así nos configuremos más a nuestro Señor Jesucristo.


+ Padre Basilio Méramo
Santa Fé de Bogotá, Junio 14 de 2001

¡Oh banquete precioso y admirable!

Santo Tomás de Aquino, Op 57, lect. 1-4

El Hijo único de Dios, queriendo hacernos partícipe de su divinidad, tomó nuestra naturaleza, a fin de que hecho hombre, divinizase a los hombres.

Además, entregó por nuestra salvación todo cuan tomó de nosotros. Porque, por nuestra reconciliación ofreció, sobre el altar de la cruz, su cuerpo como víctima a Dios, su Padre, y derramó su sangre como precio de nuestra libertad y como baño sagrado que nos lava, para que fuésemos liberados de una miserable esclavitud y purificados de todos nuestros pecados.

Pero, a fin de que guardásemos por siempre jamás en nosotros la memoria de tan gran beneficio, dejó a los fie­les, bajo la apariencia de pan y de vino, su cuerpo, para que fuese nuestro alimento, y su sangre, para que fuese nuestra bebida.

¡Oh banquete precioso y admirable, banquete saluda­ble y lleno de toda suavidad! ¿Qué puede haber, en efecto, más precioso que este banquete en el cual no se nos ofrece, para comer, la carne de becerros o de machos cabríos, como se hacía antiguamente, bajo la ley, sino al mismo Cristo, verdadero Dios?

No hay ningún sacramento más saludable que éste, pues por él se borran los pecados, se aumentan las vir­tudes y se nutre el alma con la abundancia de todos los dones espirituales.

Se ofrece, en la Iglesia, por los vivos y por los difuntos para que a todos aproveche, ya que ha sido establecido para la salvación de todos.

Finalmente, nadie es capaz de expresar la suavidad de este sacramento, en el cual gustamos la suavidad espiri­tual en su misma fuente y celebramos la memoria del in­menso y sublime amor que Cristo mostró en su pasión.

Por eso, para que la inmensidad de este amor se imprimiese más profundamente en el corazón de los fieles, en la última cena, cuando, después de celebrar la Pascua con sus discípulos, iba a pasar de este mundo al Padre, Cristo instituyó este sacramento como el memorial perenne de su pasión, como el cumplimiento de las antiguas figuras y la más maravillosa de sus obras; y lo dejó a los suyos como singular consuelo en las tristezas de su ausencia.

Solemnidad de Corpus Christi

Selección de Corazones.org.

Esta fiesta conmemora la institución de la Santa Eucaristía el Jueves Santo con el fin de tributarle a la Eucaristía un culto público y solemne de adoración, amor y gratitud. Por eso se celebraba en la Iglesia Latina el jueves después del domingo de la Santísima Trinidad. En los Estados Unidos y en otros países la solemnidad se celebra el domingo después del domingo de la Santísima Trinidad.




La Solemnidad de Corpus Christi se remonta al siglo XIII.
Urbano IV, amante de la Eucaristía, publicó la bula “Transiturus” el 8 de septiembre de 1264, en la cual, después de haber ensalzado el amor de nuestro Salvador expresado en la Santa Eucaristía, ordenó que se celebrara la solemnidad de “Corpus Christi” en el día jueves después del domingo de la Santísima Trinidad, al mismo tiempo otorgando muchas indulgencias a todos los fieles que asistieran a la santa misa y al oficio. Este oficio, compuesto por el doctor angélico, Santo Tomás de Aquino, por petición del Papa, es uno de los más hermosos en el breviario Romano y ha sido admirado aun por Protestantes.

La muerte del Papa Urbano IV (el 2 de octubre de 1264), un poco después de la publicación del decreto, obstaculizó que se difundiera la fiesta. La fiesta fue aceptada en Cologne en 1306. El Papa Clemente V tomó el asunto en sus manos y en el concilio general de Viena (1311), ordenó una vez más la adopción de esta fiesta. Publicó un nuevo decreto incorporando el de Urbano IV. Juan XXII, sucesor de Clemente V, instó su observancia.

Procesiones. Ninguno de los decretos habla de la procesión con el Santísimo como un aspecto de la celebración. Sin embargo estas procesiones fueron dotadas de indulgencias por los Papas Martín V y Eugenio IV y se hicieron bastante comunes en a partir del siglo XIV.

El Concilio de Trento declara que muy piadosa y religiosamente fue introducida en la Iglesia de Dios la costumbre, que todos los años, determinado día festivo, se celebre este excelso y venerable sacramento con singular veneración y solemnidad, y reverente y honoríficamente sea llevado en procesión por las calles y lugares públicos. En esto los cristianos atestiguan su gratitud y recuerdo por tan inefable y verdaderamente divino beneficio, por el que se hace nuevamente presente la victoria y triunfo de la muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Juan Pablo II ha exhortado a que se renueve la costumbre de honrar a Jesús en este día llevándolo en solemnes procesiones.

En la Iglesia Oriental la fiesta de Corpus Christi es conocida en los calendarios de los sirios, armenios, coptos, melquitas y los rutinios de Galicia, Calabria y Sicilia.

jueves, 23 de junio de 2011

Nicolás Gómez Dávila


Mi amigo Leonardo, quien administra un Blog destinado a mantener vivas las contribuciones que realizara el gran filósofo Nicolás Gómez Dávila continúa subiendo más y más de los escolios de este gran pensador.
Como siempre, Don Nicolás es una fuente de sabiduría, pero para ir acelerando las cosas, el gran Leonardo (Edwin) subió varios escolios a un archivo y así podemos bajarlos para tenerlos en la computadora. Si desean el material solamente deben hacer click aquí.

COmo siempre ¡Fuerza Amice!

miércoles, 22 de junio de 2011

Nuestro amigo Marcelo nos envió este interesantísimo artículo de Don Enrico Maria Radaelli, verdadero sucesor del P. Romano Amerio y quisiera compartirlo con todos ustedes.




Una propuesta por los cincuenta años del Vaticano II

LA VÍA SOBRENATURAL PARA RECOBRAR LA PAZ ENTRE EL PRE Y EL POST CONCILIO

por Enrico Maria Radaelli


La discusión que se está desarrollando en el sitio web de Sandro Magister entre escuelas de posiciones diferentes y opuestas sobre reconocer si el Concilio ecuménico Vaticano II representa continuidad o discontinuidad con la Tradición, aparte de llamarme a participar directamente desde los primeros movimientos, toca de cerca algunas páginas preliminares de mi reciente libro “La belleza que nos salva".

El hecho largamente más significativo del ensayo es la comprobada identificación de los “orígenes de la belleza” con las cuatro cualidades sustanciales - verdadero, uno, bueno, bello - que santo Tomás de Aquino afirma que son los nombres del Unigénito de Dios: identificación que debería aclarar de una vez por todas lo fundamental y el vínculo ya no más eludible que un concepto tiene con su expresión, es decir, el lenguaje con la doctrina que lo utiliza.

Me parece necesario intervenir y hacer algunas aclaraciones para quien quiere reconstruir la “Ciudad de la belleza” que es la Iglesia y retomar así el único camino (esta es la tesis de mi ensayo) que puede llevarnos a la felicidad eterna, es decir, que nos puede salvar.

Completaré mi intervención sugiriendo el pedido que ameritaría hacerse al Santo Padre para que - recordando con monseñor Brunero Gherardini que en el 2015 se cumplirá el aniversario cincuenta del Concilio (cfr. “Divinitas", 2011, 2, p. 188) - la Iglesia toda aproveche de tal extraordinario acontecimiento para restablecer la plenitud de aquel “munus docendi", de aquel magisterio, suspendido hace cincuenta años.


Respecto al tema en discusión, la cuestión ha sido bien resumida por el teólogo dominico Giovanni Cavalcoli: “El nodo del debate es este: estamos todos de acuerdo en que las doctrinas ya definidas [por el magisterio dogmático de la Iglesia anterior al Concilio], presentes en los textos conciliares son infalibles; lo que está en discusión es si son infalibles también los desarrollos doctrinales, la novedad del Concilio".

El dominico se da cuente que la necesidad es la de “responder afirmativamente a esta pregunta, porque de otro modo ¿que sería de la continuidad, al menos así como la entiende el Papa?” Y no pudiendo hacer, como es obvio, las afirmaciones que también quisiera hacer, el padre Cavalcoli les da la vuelta en las preguntas contrarias, a las que aquí daré la respuesta que tendrían si se siguiese la lógica “aletica", verificadora, que nos enseña la filosofía.

Primera pregunta: ¿Es admisible que el desarrollo de una doctrina de fe, o cercana a la fe, ya definida, sea falso?

Estimado padre Cavalcoli, usted, a decir verdad, habría querido decir: “No es admisible que el desarrollo de una doctrina de fe, o próxima a la fe, ya definida, sea falso". En cambio la respuesta es: sí, el desarrollo puede ser falso, porque una premisa verdadera no lleva necesariamente a una conclusión verdadera, sino que puede llevar también a una o más conclusiones falsas, tanto es así que en todos los Concilios del mundo - incluso en los dogmáticos - se puso en debate las posiciones más diferentes precisamente a causa de esa posibilidad. Para tener el esperado desarrollo de continuidad de las verdades reveladas por gracia no basta con ser teólogos, obispos, cardenales o Papas, sino que es necesario solicitar la asistencia especial, divina, dada por el Espíritu Santo sólo a aquellos Concilios que - declarados de carácter dogmático de manera solemne e indiscutible al momento de su apertura - se les ha garantizado formalmente esa asistencia divina. En tales casos sobrenaturales ocurre que el desarrollo dado a la doctrina sobrenatural resultará garantizado como verdadero en tanto cuanto ya han sido divinamente garantizadas sus premisas como verdaderas.

Eso no ocurrió en el último Concilio, declarado formalmente de carácter exquisitamente pastoral al menos tres veces: en su apertura, que es la que cuenta, luego en la apertura de la segunda sesión y por último en la clausura; y por ello en esa asamblea de premisas verdaderas se ha podido llegar a veces también a conclusiones al menos opinables (a conclusiones que, hablando canónicamente, entran en el tercer grado de constricción magisterial, lo que tratando de temas de carácter moral, pastoral o jurídico, requiere únicamente “religioso respeto") si no “incluso equivocadas", como reconoce también el padre Cavalcoli contradiciendo la tesis que sostiene, “e igual no infalibles", y que pues “pueden ser también modificadas", y por eso, aunque desgraciadamente no vinculan formalmente sino “sólo” moralmente al pastor que las enseña incluso en los casos de incierta factura, providencialmente no son para nada vinculantes obligatoriamente a la obediencia de la fe.

Por otra parte, si a grados diferentes de magisterio no se les corresponde grados diferentes de asentimiento del fiel, no se entiende para qué hay diferentes grados de magisterio. Los grados diferentes de magisterio se deben a grados diferentes de proximidad de conocimiento que ellos tienen con la realidad primera, con la realidad divina revelada a la que se refieren, y es obvio que las doctrinas reveladas directamente por Dios pretenden un respeto totalmente obligante (grado I), así como las doctrinas relacionadas a ellas, si es que son presentadas a través de definiciones dogmáticas o actos definitivos (grado II). Tanto la primera como la segunda se distinguen de la otras doctrinas que, no pudiendo pertenecer al primer grupo, podrán ser consideradas en el segundo sólo en el momento que se haya esclarecido con argumentos múltiples, prudentes, claros e irrefutables, su conexión íntima, directa y evidente con ello en el respeto más pleno del principio de Vincenzo di Lérins ("quod semper, quod ubique, quod ab omnibus creditum est"), garantizando así al fiel que esas también se encuentran ante el conocimiento más próximo de Dios. Todo ello, como se pude entender, se puede obtener solamente en el ejercicio más conciente, querido e implorado por la y para la Iglesia del “munus", del magisterio dogmático.

La diferencia entre las doctrinas de I y II grado y las de III viene dada por el carácter ciertamente sobrenatural de las primeras, que en cambio en el tercer grupo no está garantizado: quizá exista, pero quizá no. Lo que se debe acoger es que el “munus” dogmático es: 1) un don divino, pues 2) un don que pedir expresamente y 3) no pedir este don no ofrece pues alguna garantía de verdad absoluta, falta de garantía que libra al magisterio de toda obligación de exactitud y a los fieles de toda obligación de obediencia, aunque requiera su religioso respeto. En el grado III podría encontrarse indicaciones y conjeturas de matriz naturalista, y el cernidor para verificar si, una vez depuradas de tales eventuales infestaciones incluso microbianas, es posible elevarlas al grado sobrenatural puede cumplirse sólo confrontándolas con el fuego dogmático: la paja se quemará pero el fierro divino, si hay, brillará ciertamente en todo su fulgor.

Es eso lo que le sucedió a la doctrina de la Inmaculada Concepción y de la Asunción, hoy dogmas, es decir, artículos de fe pertenecientes hoy por derecho al segundo grupo. Hasta 1854 y 1950 respectivamente estas pertenecieron al grupo de las doctrinas opinables, al tercero, a las cuales se debía nada más que “religioso respeto", a la par de aquellas doctrinas nuevas que, enlistadas aquí más adelante en un breve y resumido inventario, se reunieron confusamente en las más recientes enseñanzas de la Iglesia de 1962. Pero en 1854 y 1950 el fuego del dogma las rodeó de su divina y peculiar marca, las encendió, las cribó, las imprimió y finalmente las selló eternamente como “ab initio” ya eran en su más íntima realidad: verdades muy ciertas y universalmente comprobadas, de derecho pertenecientes a la matriz sobrenatural (el segundo) aunque hasta entonces no formalmente reconocidas bajo tal esplendida vestidura. Feliz reconocimiento, y aquí se quiere precisamente subrayan que fue un reconocimiento de los presentes, del Papa en primer lugar, y de ninguna manera una transformación del sujeto: como cuando los críticos de arte, después de haberla examinado bajo todo punto de vista e indicios útiles para valorarla o desmentirla - certificados de providencia, de pasajes de propiedad, pruebas de pigmentación, de velamiento, de retoques, radiografías y reflectografías - reconocen en un cuadro de autor su más indiscutible y palmaria autenticidad.

Esas dos doctrinas se revelaron ambas de factura divina, y de la más preciada. Si alguna pues de aquellas más recientes es de la misma altísima mano se descubrirá pacíficamente con el más espléndido de los medios.

Segunda pregunta: ¿Puede el nuevo campo dogmático estar en contradicción con el antiguo?

Obviamente no, no puede de ningún modo. En efecto, después del Vaticano II no tenemos algún “nuevo campo dogmático", como se expresa el padre Cavalcoli, a pesar de que muchos quieren hacer pasar por tal las novedades conciliares y postconciliares, aunque el Vaticano II sea un simple - si bien solemne y extraordinario - “campo pastoral". Ninguno de los documentos citados por el padre Basil Valuet en su nota 5 declara una autoridad del Concilio mayor que aquella de la que este fue investido desde el inicio: nada más que una solemne y universal, es decir, ecuménica, reunión “pastoral” con la intención de dar al mundo algunas indicaciones sólo pastorales, negándose declaradamente y patentemente definir dogmáticamente o sancionar con anatema alguna cosa.

Todos los neomodernistas de prestigio o simplemente noveles que se quiera decir (como subraya el profesor Roberto de Mattei en su libro “El concilio Vaticano II. Una historia jamás escrita") que fueron activos en la Iglesia desde los tiempo de Pío XII - teólogos, obispos y cardenales de la “théologie nouvelle” como Bea, Câmara, Carlo Colombo, Congar, De Lubac, Döpfner, Frings con su perito, Ratzinger; König con el suyo, Küng; Garrone con el suyo, Daniélou; Lercaro, Maximos IV, Montini, Suenens, y, casi un grupo aparte, los tres sobresalientes de la llamada escuela de Bolonia: Dossetti, Alberigo y hoy Melloni – en el desarrollo del Vaticano II y después han cabalgado con toda suerte de expedientes de ruptura con las detestadas doctrinas anteriores sobre el mismo presupuesto, errando sobre la indudable solemnidad de la extraordinaria reunión; por lo que se tiene que todos estos realizaron de hecho una ruptura y discontinuidad proclamando con las palabras solidez y continuidad. Que haya después de parte de ellos, y luego universalmente hoy, deseos de ruptura con la Tradición se puede notar al menos: 1) en la más destructiva masacre perpetrada a la magnificencia de los altares antiguos; 2) en el igualmente universal rechazo de hoy en día de todos los obispos del mundo excepto poquísimos, a dar el mínimo espacio al rito tridentino o gregoriano de la misa, en irrazonable y ostentosa desobediencia a las directivas del motu proprio “Summorum Pontificum". “Lex orandi, lex credendi": si todo es no es rechazo de la Tradición, entonces ¿qué cosa es?

A pesar de ello, y la gravedad de todo ello, no se puede todavía hablar de ningún modo de ruptura: la Iglesia está “todos los días” bajo la divina garantía dada por Cristo en el juramento de Mt 16,18 ("Portæ inferi non prævalebunt") y de Mt 28,20 ("Ego vobiscum sum omnibus diebus") lo que la pone metafísicamente al recaudo de cualquier temor en ese sentido, aunque el peligro está siempre a las puertas y frecuentemente los intentos están en acto. Pero quien sostiene una ruptura ya ocurrida - como hacen algunas de las eminencias antes mencionadas, pero también los sedevacantistas - cae en el naturalismo.

Pero no se puede hablar tampoco de solidez, es decir de continuidad con la Tradición, porque está ante los ojos de todos que las más diferentes doctrinas salidas del Concilio y del postconcilio - eclesiología; panecumenismo; relación con las otras religiones; mismidad del Dios adorado por los cristianos, judíos y musulmanes; correcciones de la “doctrina de la sustitución” de la Sinagoga con la Iglesia en “doctrina de las dos salvaciones paralelas"; unicidad de las fuentes de la Revelación; libertad religiosa; antropología antropocéntrica en vez que teocéntrica; iconoclastía; o aquella de la cual nació el “Novus Ordo Missae” en lugar del rito gregoriano (hoy recogido junto al primero, pero subordinadamente) - son todas las doctrinas que una por una no resistirían la prueba de fuego del dogma, si se tuviese el coraje de intentar dogmatizarlas: fuego que consiste en darles sustancia teológica con solicitud precisa de asistencia del Espíritu Santo, como ocurrió a su tiempo en el “corpus theologicum” puesto en la base de la Inmaculada Concepción o de la Asunción de María.

Esas frágiles doctrinas están vivas únicamente por el hecho de que no hay ninguna barrera dogmática levantada para no permitir su concepción y uso. Pero luego se impone una no auténtica continuidad con el dogma para pretender para aquellas el asentimiento de fe necesario para la unidad y para la continuidad (cfr. las pp. 70ss, 205 y 284 del mi ya mencionado libro “La belleza que nos salva"), quedando así todas ellas en peligroso y “frágil límite entre continuidad y discontinuidad” (p. 49), pero siempre más acá del límite dogmático, que de hecho, si se aplica, determinaría el fin de las mismas. También la afirmación de continuidad entre esas doctrinas y la Tradición peca en mi opinión de naturalismo.

Tercera pregunta: ¿Si negamos la infalibilidad de los desarrollos doctrinales del Concilio que parten de previas doctrinas de fe o próximas a la fe, no debilitamos la fuerza de la tesis continuista?

Cierto que la debilita, estimado padre Cavalcoli, más aún: la anula. Y da fuerza a la tesis opuesta, como es justo que sea, que sostiene que no hay continuidad.

Nada de ruptura, sino también nada de continuidad. ¿Y entonces qué? La vía de salida la sugiere Romano Amerio (1905-1997) con la que el autor de “Iota unum” define “la ley de la conservación histórica de la Iglesia", retomada en la p. 41 de mi ensayo, por la cual “la Iglesia no se pierde en el caso de que no ‘empate’ la verdad, sino en el caso de que ‘pierda’ la verdad". ¿Y cuando la Iglesia no ‘empata’ la verdad? Cuando sus enseñanzas la olvidan, o la confunden, la enturbian, la mezclan, como ha ocurrido (no es la primera vez y no será la última) desde el Concilio hasta hoy. ¿Y cuando ‘perdería’ la verdad? (En condicional: si está visto que no puede de ningún modo perderla). Sólo si la golpease de anatema, o si viceversa dogmatizase una doctrina falsa, cosa que podría hacer el Papa y sólo el Papa, si (en la metafísicamente imposible hipótesis que) sus labios dogmatizantes y anatemizantes no estuvieran sobrenaturalmente atados por los dos arriba mencionados juramentos de Nuestro Señor. Insistiría en este punto, que me parece decisivo.

Aquí se adelantan unas hipótesis, pero - como digo en mi libro (p. 55) - “dejando a la competencia de los pastores toda verificación de la cosa y toda ulterior consecuencia, por ejemplo de si y de quién eventualmente, y en qué medida, haya incurrido o incurra” en los actos configurados. En las primerísimas páginas evidencio en especial cómo no se puede levantar represas al río de una belleza salvadora si no es vaciando la mente de toda equivocación, error o malentendido: la belleza se acompaña únicamente de la verdad (p. 23), y volver a hacer lo bello en el arte, al menos en el arte sacra, no se logra si no es trabajando en lo verdadero de la enseñanza y del acto litúrgico.

Lo que a mi parecer se está perpetrando en la Iglesia desde hace cincuenta años es una rebuscada amalgama entre continuidad y ruptura. Es el estudiado gobierno de las ideas y de las intenciones espurias en el cual se ha cambiado la Iglesia sin cambiarla, bajo la cubierta (también ilustrada nítidamente por monseñor Gherardini en sus más recientes libros) de un magisterio intencionalmente suspendido - a partir del discurso de apertura del Concilio “Gaudet mater ecclesia” - en una del todo innatural y del todo inventada forma suya, llamada, con rebuscada imprecisión teológica, “pastoral". Si la Iglesia es vaciada de las doctrinas poco o nada adecuadas al ecumenismo y por ello despreciadas por aquellos más prestigiosos mencionados más arriba y se le ha rellenado de las ideas ecuménicas de aquellos mismos, y eso se ha hecho sin tocar para nada las cubiertas metafísicas, por naturaleza suya dogmáticas (cfr. p. 62), es decir, por naturaleza sobrenatural, sino trabajando únicamente en aquel campo de su magisterio que infiere únicamente sobre su “conservación histórica".

En otras palabras: no hay ruptura formal, ni por lo demás formal continuidad, únicamente porque los Papas de los últimos cincuenta años se niegan ratificar en la forma dogmática de II nivel las doctrinas de III que bajo su gobierno están devastando y vaciando la Iglesia (cfr. p. 285). Eso quiere decir que de esa manera la Iglesia no empata más la verdad, sino que ni siquiera la pierde, porque los Papas, incluso con ocasión del Concilio, formalmente se han negado a dogmatizar las nuevas doctrinas y a declarar anatema a las más desestimadas (o correctas o engañosas) doctrinas del periodo anterior.

Como se ve, se podría también considerar que esa muy incómoda situación configuraría un pecado del magisterio, y grave, contra la fe así como contra la caridad (p. 54): en efecto, no parece que se pueda desobedecer al mandamiento del Señor de enseñar a las gentes (cfr. Mt 28, 19-20) con toda la plenitud del don de conocimiento que se nos ha alcanzado, sin con ello “desviar de la rectitud que el acto - es decir, ‘la enseñanza educativa en la verdadera doctrina’ - debe tener” (Summa Theologiae I, 25, 3, ad 2). Pecado contra la fe porque se la pone en peligro, y efectivamente la Iglesia en los últimos cincuenta años, vaciada de doctrinas verdaderas, se ha vaciado de fieles, de religiosos y de sacerdotes, convirtiéndose en la sobra de si misma (p. 76). Pecado contra la caridad porque se priva a los fieles de la belleza de la enseñanza magisterial y visible del cual sólo la verdad resplandece, como lo ilustro en todo el segundo capítulo de mi libro. El pecado sería de omisión: sería el pecado de “omisión de la dogmaticidad propia de la Iglesia” (pp. 60ss), con la que la Iglesia intencionalmente no sellaría sobrenaturalmente y así no garantizaría las indicaciones sobre la vida que nos da.

Este estado de pecado en el que se estaría derramando la santa Iglesia (se entiende siempre: de algunos hombres de la santa Iglesia, o sea la Iglesia en su componente histórica), si se encuentra, debería ser quitado y también lavado penitencialmente lo más pronto, ya que, como el cardenal José Rosalio Castillo Lara escribía al cardenal Joseph Ratzinger en 1988, su actual obstinado y culpable mantenimiento “favorecería la muy condenable tendencia […] a un equívoco gobierno llamado ‘pastoral’, que en el fondo no es pastoral, porque lleva a descuidar el debido ejercicio de la autoridad con daño al bien común de los fieles” (pp. 67s).

Para restituir a la Iglesia la paridad con la verdad, como le fue restituida cada vez que se encontró en travesías dramáticas similares, no hay otra vía que regresar a la plenitud de su “munus docendi", haciendo pasar por la criba del dogma a 360 grados todas las falsas doctrinas de las que está empapado, y retomar como “habitus” de su enseñanza más ordinaria y pastoral (en el sentido riguroso del término: transferencia de la divina Palabra en la diócesis y en las parroquias de todo el mundo") la actitud dogmática que la ha conducido sobrenaturalmente hasta aquí en los siglos.

Retomando la plenitud magisterial suspendida se restituiría a la Iglesia histórica la esencia metafísica que virtualmente se le ha sustraído, y con ello se haría volver sobre la tierra su belleza divina en toda su más reconocida y degustada fragancia.

Para concluir, una propuesta

Se requiere audacia. Y se requiere Tradición. En vista del cumplimiento el 2015, cincuenta aniversario del Concilio de la discordia, sería necesario poder promover un fuerte y largo pedido al Trono más alto de la Iglesia para qué, en su benignidad, sin perder la ocasión de verdad especial de tal excepcional cumplimiento, considere que hay un único acto que puede devolver paz entre la enseñanza y la doctrina emanadas de la Iglesia antes y después de la fatal asamblea, y este único, heroico, muy humilde acto es el de acercar al sobrenatural fuego del dogma las doctrinas arriba señaladas antipáticas a los fieles de parte tradicionalista, y las contrarias: lo que debe arder arderá, lo que debe resplandecer resplandecerá. De aquí al 2015 tenemos delante tres años abundantes. Es necesario utilizarlos de la mejor manera. Las oraciones y las inteligencias deben ser llevadas a la presión máxima: fuego al calor blanco. Sin tensión no se obtiene nada, como a Laodicea.

Este acto que aquí se propone cumplir, el único que podría volver a reunir en un único cuerpo, como debe ser, las dos potentes almas que palpitan en la santa Iglesia en el mismo ser, reconocibles la una en los hombres “fieles especialmente a lo que la Iglesia es", la otra en los hombres cuyo espíritu tiende más a su mañana, es el acto que, poniendo fin con bella decisión a una cincuentenaria situación más bien anticaritativa y suficientemente insincera, resume en un gobierno sobrenatural los santos conceptos de Tradición y audacia. Para reconstruir la Iglesia y retornar a hacer belleza, el Vaticano II debe ser leído en el entramado de la Tradición con la audacia encendida del dogma.

Pues todos los tradicionalistas de la Iglesia, en todo orden y grado como en todo particular corte ideológico que pertenezcan, sepan congregarse en una única solicitud, en un único proyecto: llegar al 2015 con la más amplia, aconsejada y bien delineada invitación con el fin de que tal conmemoración sea para el Trono más alto la ocasión más propia para retomar el divino “munus docendi” a plenitud.

__________

El libro de Enrico Maria Radaelli “La belleza que nos salva” (prefacio de Antonio Livi, 2011, pp. 336, euro 35,00) puede ser solicitado directamente al autor (enricomaria.radaelli@tin.it) o a la Libreria Hoepli de Milán (www.hoepli.it).

lunes, 20 de junio de 2011

Católicos Anti-Montinianos


Quisiera hacer una mención especial a un grupo mexicano que creo aún existe. Digo creo porque en el sitio web de CAM (Así se llama este grupo) leemos que surgieron ciertos problemas referentes o no a los obispos de la tradición.
CAM significa "Católicos Anti-Montinianos", son sedevacantistas extremos que nos dicen, en su página web.



En la ciudad de Tijuana, Baja California, Méjico, existe un grupo pequeño de Católicos. Ellos han rechazado como falsos Papas a Juan XXIII, Paulo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II. También han rechazado como falso al Concilio Vaticano II y a las líneas lefebvrista y thucista, así como a todos los pseudopapas tradicionalistas.

Su magisterio es el de San Pedro hasta el Papa Pío XII. Sus concilios son los 16 hasta el celebrado a fines del siglo XIX. Su Código de Derecho Canónico es el de 1917. Su postura es muy clara: adherirse a la verdadera Iglesia de Cristo cual es la Católica, Apostólica y Romana hasta antes de los cambios operados en los últimos 43 años.

El trabajo del CAM (Católicos Anti-Montinianos) consiste en comprobar que la iglesia actual, que se dice católica, ya no es católica, porque ha roto con la Tradición de casi dos mil años. El CAM considera que la Iglesia actual es apóstata, que ha incurrido en la figura apocalíptica mejor conocida como Babilonia la Gran Ramera. También considera el CAM que todas las religiones del mundo están llevando a las almas a la condenación eterna. Es más, el CAM considera que el 99.999% de la humanidad, por pertenecer a una u otra religión falsa, está en camino de perderse para siempre. Esto quiere decir que la Nueva Iglesia Montiniana (la ex-católica), todas las iglesias protestantes, el judaísmo, el islamismo, el budismo, el hinduísmo, el confucionismo, el shintoísmo, el fetichismo, el paganismo, el ateísmo, la francmasonería, el ocultismo, el satanismo, etc., son religiones falsas que tienen aprisionada a prácticamente la totalidad de la población mundial (aproximadamente seis mil millones de almas). Todos los caminos conducen al Infierno, con excepción del catolicismo auténtico, el cual se encuentra, tratándose de escritos, en todos los libros católicos con Imprimatur que se publicaron en el transcurso de los siglos hasta el año de 1958, como ya se dijo. Y, tratándose de Sacramentos válidos, que son los que dan la Gracia Santificante, sin la cual es imposible salvarse, en todo el Continente Americano (que sepamos), y posiblemente en todo el mundo (también, que sepamos), no hay más que dos sitios donde se administran dichos Sacramentos. Uno de ellos es la Capilla de San Pío V, Calle Izcóatl, Lote 16, Manzana 21, Col. Santa Isabel Tola, Méjico, D.F. 07010; y el otro es Parroquia Católica de San Pío V, 3a. (Tercera) Calle A 0-68, Zona 1, Guatemala, Guatemala. Mas pueden existir los sacramentos donde sea que haya un sacerdote ordenado válidamente, es decir, antes del Concilio Vaticano II, y que no forme parte de las sectas que se nombraron al principio.

Para mayores informes escribir al CAM, calle 7 Galeana No. 8290, Tijuana, Baja California, Méjico C.P. 22000. O bien, a las direcciones arriba apuntadas de los dos sitios mencionados.



El grupo estaba bajo la dirección de los señores Wulfrano Ruiz Sainz y Francisco Javier García Vazquez, apologistas (sobre los que mantengo reserva) sumamente extremos al punto de que, como pudimos leer en la presentación, caen en extremismos peligrosos y sectarios.
El Señor Wulfrano es también autor de los libros que se venden en el sitio web (un website muy sencillo de por cierto) y que son los siguientes:

"La Iglesia de Todos" es un libro que comprueba la total falsedad de la Nueva Misa Ex-Católica Montiniana, a la cual asisten los domingos más de mil millones de incautos, y, por lo tanto, comprueba que la Nueva Iglesia que se dice "católica" en realidad es una Apóstata, Traidora a Cristo, que se la pasa "fornicando" con judíos, masones, comunistas, protestantes, budistas, mahometanos, hinduístas, confucionistas, shintoístas, infieles, paganos, ateos, satanistas, "New Agers", ovnis, extraterrestres, evolucionistas, darwinistas, revolucionarios, terroristas, guerrilleros, etc., etc., etc. Contiene buenas ilustraciones.

"Las Cuatro Ratas del Vaticano" es un libro que demuestra la total falsedad de los dizque "sacramentos" de la Nueva Iglesia Montiniana. Es de mucho cuidado porque revela en extremada crudeza que el satanismo dirige hoy todas los asuntos del Vaticano.

"Carteo con Montini" entabla un diálogo imaginario por correspondencia entre Paulo VI y el autor. A base de preguntas y respuestas se va descubriendo que el nuevo "Papa" Paulo VI no es Papa Católico, sino un judío infiltrado. Al descubrir esta realidad, el autor opta por retirarse de la Nueva Iglesia y adherirse a la Iglesia Católica contenida en los libros con Imprimatur hasta el año de 1958.

"Apostatos" es una pequeña obra de teatro mejicana, básicamente una comedia. Trata sobre el paso final que hace el enemigo en lo referente a la Nueva Iglesia, sus protagonistas son el Anti-papa, el Anti-Cristo, el Diablo y otros. Bueno para pasatiempos.


Para más información puede el lector hacer click aquí, donde se detalla el precio.

domingo, 19 de junio de 2011

¿Son cismáticos los que dejan la Fraternidad San Pío X?

Nota el día 4/6/2015: Se realizaron correcciones gramaticales y se completó la referencia al Código de Derecho Canónico utilizado, señalándose la adición entre corchetes. 

He mantenido aquí en Sursum Corda cierto silencio sobre los recientes acontecimientos en Radio Cristiandad y la expulsión de algunos de sus comentaristas, como Logan, una de las personas más inteligentes que he podido leer. Sin embargo, como bien lo sabe el amigo Logan no siempre he concordado con todo lo que escribía el gran Logan, quienes se agruparon en un nuevo espacio llamado Foro Católico, al cual recomendamos visitar.

Sin embargo, contra Foro Católico, un visitante de este Blog ha creado un blog titulado Los "Vasques con Ceta" donde defiende a la FSSPX al tiempo que refuta los argumentos de Foro Católico y Radio Cristiandad.





Luego de haber leído con detenimiento el Blog "Vasques con Ceta" encontré un gravísimo error de nuestro amigo tan cercano a la FSSPX. Este error se basa en un concepto errado de lo que es la Fraternidad fundada por Monseñor Marcel Lefebvre.

En primer lugar quisiera aclarar que aquellos que dejan la Fraternidad Sacerdotal San Pío X no son para nada cismáticos, ni tampoco han roto ningún tipo de voto. La FSSPX no es una orden religiosa, en sus estatutos se la define como una unión pía. Esto es algo que, cualquier persona que investigue los orígenes de la FSSPX lo puede saber. En efecto el 1° de noviembre de 1970, el obispado de Friburgo emitía un decreto por el cual se la instituía como una pia unio para la formación de sacerdotes en conformidad con el Decreto del Concilio Vaticano II Optam Totius.  Vamos al Derecho Canónico [de 1917] , en el Canon 707 tendremos la definición de” unión pía” o “unión piadosa”:


CAN. 707.
§ 1. Associationes fidelium quae ad exercitium alicuius operis pietatis aut caritatis erectae sunt, nomine veniunt piarum unionum; quae, si ad modum organici corporis sint constitutae,sodalitia audiunt.
§ 2. Sodalitia vero in incrementum quoque publici cultus erecta, speciali nomine confraternitates appellantur.


Es decir que una unión piadosa es una simple asociación de fieles que se encuentra autorizada a operar. La conforman los fieles, sean estos laicos o religiosos. Estas asociaciones suelen tener unas normativas o reglas muy simples, muy fáciles de poder cumplir ya que sus objetivos suelen ser puntuales (caridad, catecismo, etc). También son muy fáciles de poder abandonar. Así pues, la FSSPX es una unión piadosa, no una "orden religiosa" ni una "congregación", por lo tanto no hay votos que liguen a sus miembros. Según el Código Pío-Benedictino, las uniones piadosas son el escalón más bajo de las comunidades religiosas, y como todas está sometida al poder jurisdiccional... entonces, que yo recuerde la FSSPX fue suprimida por el Obispo de Friburgo y por Pablo VI. Si Pablo VI era Papa (como lo cree el creador del blog "Vasques con Ceta"), esa supresión fue absolutamente válida.

Quienes abandonan la FSSPX no son cismáticos, porque la Fraternidad no es una Iglesia en sí misma, sino una unión piadosa irregular desde el punto de vista del derecho canónico y más... quienes se separan de ella no son cismáticos porque no conforman una jurisdicción independiente. Y aquí debemos aclarar: un cismático es aquel que se levanta contra el Papa y los obispos válidamente nombrados por éste. Un sedevacantista no es cismático, porque un Papa dudoso no puede ligar; en cambio si los sedevacantistas erigen "parroquias", "diócesis" o se unen para elegir a un "Papa" pueden llegar a un cisma, aunque realmente, sobre la cuestión del cónclave está en duda... pero la usurpación de la jurisdicción si es un acto cismático, de la misma manera que rehusar la autoridad de aquel que se considera el Papa. Así, si yo digo "Benedicto XVI es el Papa", pero me niego a asistir a su Misa, recibo todos los sacramentos de una comunidad de sacerdotes a las que él declaró suspensos a divinis, me niego a confesarme con un párroco con jurisdicción y acepto únicamente a los de la FSSPX incluso no estoy llegando al cisma, sino que estaría al borde de la herejía, porque negaría la enseñanza del tridentino de que para que una confesión sea válida es menester la jurisdicción ordinaria...

Entonces, los sacerdotes como el Padre Ceriani, Méramo o Turco no son cismáticos, son sólo sacerdotes que dejaron de pertenecer a una unión pía irregular la cual, según los que creen que los sucesores de Pío XII no podía ligar a nadie. La idea de Epikeia (que es la que rige a los católicos fieles a la tradición) solo es válida si por lo menos se duda de que Ratzinger/BXVI es el Papa, porque en caso contrario su magisterio es infalible y su jurisdicción no puede ser puesta en duda por nadie.

Así que al amigo fanático de River: los que dejan la FSSPX para ingresar al sedevacantismo no son cismáticos, solamente son personas que pasan de una posición católica a otra posición, con más coherencia y con más seguridad.

jueves, 16 de junio de 2011

Iglesia Catolica Ortodoxa de Argentina: ¡Cuidado!

Ante la terrible confusión que existe entre los católicos tras el conciliabulo Vaticano II hubo un éxodo hacia las religiones falsas. La mayoría se fue al protestantismo, pero otros terminaron (buscando la tradición) en iglesias orientales. Sin embargo, muy pocos se convirtieron en fieles de Iglesias en comunión con los patriarcados que se separaron con el gran Cisma de Oriente o en con la Iglesia Ortodoxa Rusa, sino que la mayoría cayó en manos de los "falsos ortodoxos".
Algunos amigos que son orientales han pedido en varias oportunidades que tocaramos el tema en este Blog. Por mucho tiempo pusimos como excusa el hecho de ser católicos romanos, pero llegó el momento de hablar... porque es cierto que muchos católicos sinceros, sin sacramentos son capaces de caer en manos de estos estafadores.
Quisiera citar un caso, entre muchos, el de la Iglesia Catolica Ortodoxa de Argentina dirigida por el falso obispo Mar Mickael (Miguel Madera). ¿Falso obispo? Si, pero no como creen algunos "tradicionalistas" por hereje o cismático (eso es herejía donatista) sino porque nadie le consagró jamás. Este hombre es tan obispo como lo puede ser el abuelo del director de Sursum Corda.



Estan actuando en La Plata y Chivilcoy. Tengan cuidado porque tiene detrás de si un historial de estafas y robos, así como de almas confundidas y escandalizadas.

¡Cuantas visitas!

Gracias a todos aquellos que nos visitan y siguen desde hace ya tanto tiempo. Hoy, al momento de subir esta entrada hemos tenido 118.381 visitantes. A todos muchísimas gracias. De todo corazón Gracias por la paciencia, gracias por los mensajes y por los e-mails de apoyo.

Quiero tambien agradecer a estos visitantes anónimos que llegaron desde estos lugares y que se sumaron en los ultimos momentos, cuando ibamos a publicar esta entrada:


jueves, 16 de junio de 2011 @ 12:53:00 a.m. : Lima, PE

jueves, 16 de junio de 2011 @ 12:38:00 a.m. : MX

jueves, 16 de junio de 2011 @ 12:30:00 a.m. : Buenos Aires, AR

jueves, 16 de junio de 2011 @ 12:23:00 a.m. : Chevy Chase, US

jueves, 16 de junio de 2011 @ 12:17:00 a.m. : Teziutlán, MX

miércoles, 15 de junio de 2011 @ 11:51:00 p.m. : León, MX

miércoles, 15 de junio de 2011 @ 11:51:00 p.m. : Luján, AR

miércoles, 15 de junio de 2011 @ 11:37:00 p.m. : Guadalajara, MX

miércoles, 15 de junio de 2011 @ 11:27:00 p.m. : Lanús, AR

miércoles, 15 de junio de 2011 @ 11:23:00 p.m. : Elgin, US

miércoles, 15 de junio de 2011 @ 11:19:00 p.m. : Paris, FR


Me gustó mucho la visita que tuvimos desde Luján... aunque a veces no se si es Luján o Mercedes porque ya pasó que Cluster Maps confunde las localidades.

Y este es el mapa de nuestras visitas desde el 10 de noviembre de 2010 al presente.

Nuevo Blog

Queridos amigos, hace ya un tiempo que mi amigo Leonardo dirige un Blog intitulado ITINERARIUM MENTIS, el cual está dedicado a la recuperación de la filosofía, la buena filosofía, la clásica, aquella que buscaba la verdad.
Quisiera ahora republicar aquí el porque es menester un blog, precisamente el Blog de Leonardo algo que, con su pluma magistral nos explica él mismo:


¿El porqué de este blog?
¿En qué fundamos la necesidad de promover un retorno a los valores del pensamiento clásico?
En realidad podríamos aducir un sinfín de razones que justificaran nuestro propósito y todas ellas serían válidas. Pero a decir verdad la razón que consideramos más fuerte es la siguiente: proclamamos sin complejos la absoluta urgencia de retornar a una visión clásica de la vida porque LO CONSIDERAMOS NECESARIO.
En los buenos tiempos, y de esto hace ya desgraciadamente muchos años, una razón como la que esgrimimos más arriba hubiera sido suficiente para la inmensa mayoría de las personas, pues el sentido común no se había perdido del todo y aún éramos capaces de distinguir un gato de una liebre; las cosas han cambiado últimamente.
Así que trataremos ahora de esbozar no una justificación sino más bien una invitación argumentada dirigida a todos los posibles futuros visitantes de este blog, buscando, además de la “captatio benevolentiae” tan querida por los antiguos, hacer un llamado a todas las almas libres, verdaderamente libres, aquellas a quienes un secreto murmullo les susurra quedo al oído que en esta sociedad las cosas no andan del todo bien.
Estamos en una época de crisis. Hace 200 años era necesario tener una inteligencia superior para vislumbrar los negros nubarrones que se anunciaban para el porvenir de la sociedad; hace 100 años bastaba con un poco de sentido común y buena voluntad (que aún había). Hace 50 años era suficiente con mirar alrededor y sopesar la realidad circundante. Hoy en día es más que suficiente con tan sólo poseer el sentido de la vista. Y no se crea que exageramos. Los hechos hablan muy alto sobre la decadencia de esta sociedad en que vivimos.
La drogadicción se ha convertido en una verdadera pandemia en la sociedad actual. Millones de personas de todas las edades se entregan a diario en todas partes del mundo al espejismo de la droga buscando huir de una realidad que no los llena, que no los hace felices; en esta huida se encuentran de repente presos en los interminables calabozos de la droga de los cuales sólo algunos logran salir, y esto después de mucho sufrimiento. Entretanto se habrán seguramente destruido sus hogares, deteriorado sus relaciones; habrán perdido toda oportunidad laboral y su mundo estará drásticamente reducido al sucio cuarto de una pensión en el que repiten ya mecánicamente el ritual infernal de envenenar su cuerpo con una falsa promesa de paraíso.
A diario vemos a nuestros gobiernos empeñados en una lucha que pareciera no tener fin contra el tráfico de estupefacientes; ya nada detiene esta avalancha que todo lo arrasa y todo lo destruye. Ensañándose con morbo particular aunque no exclusivo en nuestras juventudes. Esfuerzos inútiles si se considera además que la red de intereses creados alrededor de esta tenebrosa mafia llega incluso hasta personajes de los mismos gobiernos.
El suicidio es otra plaga del mundo contemporáneo. Se estima que en la última década se han suicidado alrededor de un millón doscientas mil personas (1.200.000) cada año. Para hablar de Colombia, según una encuesta realizada por el ministerio de la protección social hace ya varios años (2004) el 12% de la población ha contemplado la posibilidad del suicidio y ocurren en promedio 6 suicidios diariamente. En Estados Unidos ocurre un suicidio cada 13 minutos aproximadamente. El suicidio es la segunda causa de mortalidad de jóvenes entre 15 y 24 años de edad. Se considera que por cada suicidio se presentan de entre 10 a 25 intentos o tentativas de suicidio y que el 10-15% de quienes han intentado suicidarse terminan logrando su objetivo. En Estados Unidos el 15% de los suicidios acaecidos entre 1952-1995 fueron cometidos por menores de 25 años. Los expertos calculan que la tasa de suicidios se ha cuadruplicado en los últimos años y las cifras van en aumento cada día.
Del total de suicidios se calcula que el 78% se dan en las zonas urbanas, es decir en las grandes ciudades. Y podríamos multiplicar indefinidamente las cifras horrendas de este flagelo.
Y para hablar del aborto, ¿Qué diremos? Diremos que es uno de los más grandes crímenes que se cometen actualmente a escala mundial. El asesinato masivo de seres humanos nunca fue más frio, metódica y escrupulosamente planeado, ejecutado y justificado. Las voces de todos esos inocentes claman a diario justicia, humana y Divina. Y ya puestos a dar cifras he aquí una más: se calcula que entre 1922 y el año 2008 se cometieron aproximadamente 950,000, 000 de abortos. Un número verdaderamente aterrador.
Pero preferimos hacer un alto y preguntar ¿por qué todo esto? Seamos honestos; se supone que nosotros somos ese brillante futuro que se le prometió a nuestros mayores hace un par de siglos cuando el racionalismo triunfante vociferaba la llegada de la era de la razón y de la libertad; cuando sólo se pensaba en hacer planes para esa alucinante nueva era que estaba apenas comenzando; nueva era en la que la humanidad liberada ya de los yugos que sujetaban su inteligencia y su corazón avanzaría triunfante hacía la construcción de la sociedad ideal, verdadero paraíso construido por manos humanas, el cual casi oteaban ya en el horizonte sus corazones henchidos de optimismo y embriagados por las absurdas promesas del progreso indefinido. Entonces ¿qué es lo que ha sucedido? En verdad sería gracioso si no fuera trágico. Las promesas al fin se han revelado como lo que eran. Cantos de sirena. Nada más. Y ese radiante mañana prometido, en cuyo altar se inmolaron siglos de belleza y tradición, ha venido a ser a fin de cuentas nada más que esta sociedad enferma en medio de la cual se arrastran las vidas de millones de seres humanos que buscan evadirla por medio de las drogas, el alcohol, la promiscuidad, la pornografía, el suicidio y un largo etc.
Verdaderamente se trata del triunfo total de la antigua filosofía del “carpe diem”. El hombre sumergido en un torbellino de sensaciones caleidoscópicas con el expreso propósito de anular la realidad que lo circunda, pues ésta, lejos de ser ese paraíso terrestre antaño prometido, no es más que una mezcla horrenda entre prostíbulo de barrio pobre y ergástulo romano.
Y sinceramente no creo que aún haya alguien que crea que juzgamos con excesiva dureza el mundo actual; tal vez pudieran señalarse algunas luces en medio de tantas sombras. Intentémoslo para no pecar de parciales.
En primer lugar se podría señalar como rasgo positivo del mundo actual el increíble desarrollo que ha tenido la técnica en los últimos decenios. Basta con pasearse una tarde por alguno de nuestros flamantes centros comerciales para ver atestadas las vitrinas con una cantidad ingente de aparatos electrónicos que son la delicia de los jóvenes y de uno que otro no tan joven. Es tal la importancia de estos aparatos que casi se podría afirmar que quien carezca hoy día incluso de un dispositivo celular, que es considerado lo mínimo posible, no existe para el resto de sus congéneres.
¿Y qué decir de las famosas “redes sociales”? Facebook, twitter, MSN, etc. Se han convertido en el universo predilecto de millones de personas de todas las edades, con prevalencia en los jóvenes, que se refugian en el anonimato de las pantallas o exponen su vida al escrutinio público en una alocada carrera por mantenerse “al día” y por no quedar rezagados en este gran movimiento de “modernización”.
Pero aparte del aspecto técnico, tecnológico, de la sociedad actual, (que por otra parte no está exento de críticas y cuestionamientos surgidos de la finalidad que en muchos casos se le dan a todas esas maravillas de la ciencia), ¿hay acaso algo más en lo que ésta aventaje a las sociedades de antaño? Para responder a esta pregunta, verdaderamente crucial, debemos apelar a ese fondo de honestidad que nos gusta suponer en todos, y debemos responder sin titubear: ¡NO! aparte de la técnica y la vulgaridad la sociedad actual no aventaja en nada a las que la han precedido. Esa es la realidad, y ese es el fondo íntimo que actúa como secreto motor de los involucrados en la redacción de este blog. He ahí las cosas tal y como son.
Al lado de todo esto. ¿Qué tiene para aportar eso que hemos dado en llamar “pensamiento clásico”? a responder esa pregunta va dirigido todo el esfuerzo de los involucrados en este proyecto. Emprendemos este camino conscientes de nuestras limitaciones personales, sabedores más que nadie de lo escasas de nuestras fuerzas, pero confiados al mismo tiempo en que toda nuestra fuerza ha de venir de la fuerza misma de las tesis que defendemos, y que son las mismas que han sido por siglos defendidas por las más preclaras inteligencias, las cuales trazaron para nosotros la estela que ahora nos proponemos seguir, y de la cual aspiramos a ser tan sólo fieles amanuenses.
Séanos permitido terminar esta pequeña “invitación argumentada” citando una frase genial de ese genial escritor que fue Don Nicolás Gómez Dávila; pues creemos que, en cierta forma, nosotros al igual que él:
“conspiramos sin ilusión alguna contra el mundo actual, pacientes, tenaces, porfiados, llevando acaso entre los pliegues de un harapo el destino del mañana”

martes, 14 de junio de 2011

La liturgia de los anglianos conversos: un problema que no es un problema menor

La liturgia de los anglicanos conversos: 
un problema que no es un problema menor


Muchos católicos ven con desconfianza a la Traditional Anglican Communion, ese cuerpo de anglicanos que desean volver a la Iglesia Católica Romana abjurando del anglicanismo, pero conservando lo que ellos llaman "identidad", es decir, las costumbres y el patrimonio cultural litúrgico de la antigua iglesia de Gran Bretaña anterior la apostasía iniciada con Enrique VIII.
Estos anglicanos, como bien dijo el obispo de la Iglesia Conciliar Peter Elliot tienen cuatro opciones:

1. Roma, a través del Ordinariato o por la reconciliación personal
2. Ortodoxia Oriental.
3. Anglicanismo Continuante o de Continuación
4. Permanecer en comunión con Canterbury.

Obviamente que no son para aquellos que iluminados por la Gracia de Dios conocen tanto los errores del anglicanismo, como la herejía modernista del Conciliabulo Vaticano II opciones muy alentadoras. La última es para la mayoría imposible, se niegan a mantener la comunión con una secta heretica, falsa, peligrosa y absolutamente inválida. La tercera es continuar en un estado de espectación, refugiarse, mantener la trinchera y esperar... "mejor no actuar", "mejor esperar". La Segunda es menos simple de lo que pinta el Obispo Elliot, porque estos anglicanos que se pasan a la Iglesia Oriental no están pensando en "cualquiera" de las iglesias orientales sino específicamente en una: la Iglesia Ortodoxa Rusa, conocida por su rigorismo y su apego a los VII Concilios Ecuménicos (los VII primeros) y por lo tanto creen que entablando una comunión directa con la Iglesia Rusa podrán evadir desde una fortaleza el problema del modernismo, que ven, conocen y rechazan. Para ellos todo lo demás que es propio del catolicismo romano al cual aspiran a pertenecer puede ser creído "internamente" o es "materia de opinión".
Finalmente está la primera de las opciones que, obviamente este obispo que intenta convencer a los anglocatolicos australianos nos presenta como la verdadera.
Pero esta tiene un problema y el mismo lo señala, solo que él lo hace como ventaja:


La cuestión que algunos anglocatólicos perplejos se preguntan "¿A dónde vamos?", una vez que comprendemos lo que significa la comunión nos damos cuenta que La metáfora geográfica es demasiado estrecha. La metáfora orgánica es Bíblica (Paulina) y patrística y nos centra en la comunión con Dios y con Dios mediante la comunión con otras personas. ¿Con quién estamos en comunión? Esa es la pregunta.

En efecto, los anglocatólicos deben plantearse esa pregunta ¿Con quien estamos en comunión? Porque si ellos adhierden a la Iglesia Católica Apostólica Romana no pueden estar en comunión con la Iglesia Conciliar, que niega la Fe Verdadera, que pisotea la Tradición y los Sacramentos... porque ellos vienen huyendo de una falsa Iglesia y no pueden caer en una tan mala como la primera. Pero para ellos las cosas no son tan fáciles, quisiera a todos recordarles una antigua entrada publicada en este mismo blog. ¿Que hacer con estas miles de personas que claman ayuda y nadie les quiere socorrer? ¿Podemos hacer oídos sordos?
Pero los anglicanos a los que tantas ofertas se les hicieron aún quedaron esperando algo: ¿Que liturgia deben utilizar? Aún Roma no les ha obligado a adoptar nada en materia liturgica y esto es realmente una ventaja ¿Por que? Porque aunque tácitamente los continuantes aceptarían el Novus Ordo, no lo celebran porque no están obligados, pero tampoco utilizan el Libro de Oración Comun de 1928. La liturgia ordinaria es, para ellos el Rito de Sarum, si el antiguo misal anterior a la reforma de Enrique VIII y que está protegida por la Bula Quo Primum. Y los obispos obligados a "colaborar" con estos anglicanos tienen un verdadero dolor de cabeza. En efecto ¿Que pasó con el ordinariato de Inglaterra? Pues hay gravísimos problemas porque los obispos de la Iglesia Conciliar han descubierto que los anglocatólicos son tan "conservadores" como los católicos tradicionalistas y alguna veces van más allá de las posturas prudenciales como la de la FSSPX... no olvidemos que ellos son padres de una tesis muy similar a la de Monseñor Des Lauriers. En Gran Bretaña Roma se las ve muy mal y los intentos de depuración han fracasado, lo mismo que en Estados Unidos donde además los sacerdotes y el pueblo han exigido garantías de que las propiedades permanezcan en manos de las comunidades.
Los anglocatolicos conversos están entonces entre dos liturgias: la de Sarum y el Misal de San Pio V y también están dispuestos efectivamente a colaborar con la Tradición Católicam con la cual se han identificado y con la cual desean luchar en contra de los errores modernos. Pero, en la medida de que impere entre nosotros el capillismo del "tradicionalismo" y no el espíritu Católico de la Tradición de nuestra Fe perderemos a un gran aliado.

lunes, 13 de junio de 2011

El punto esencial: La Fraternidad y Roma

En el Blog Rorate Caeli se publicó una extensa (e intensa) entrevista realizada al Secretario de la Prontificia Comisión Ecclesia Dei de la Iglesia Conciliar, Monseñor Pozzo donde trata las discusiones entre el Vaticano y las autoridades modernistas con la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Es interesante remarcar algunas cuestiones de esta entevista. En efecto, preguntado sobre cual era el núcleo de la discusión, el prelado de la Iglesia Conciliar del Vaticano II no dudó ni un instante en remarcar que eran problemas doctrinales:


El punto esencial es de naturaleza doctrinal. Con el fin de alcanzar una verdadera reconciliación, es necesario dejar atrás ciertos problemas doctrinales que están en la base de la fractura actual. En las conversaciones en curso, hay una confrontación de argumentos entre los expertos elegidos por la Fraternidad de San Pío X y los expertos elegidos por la Congregación para la Doctrina de la Fe. Al final, concluyente resúmenes de las posiciones de ambas partes por escrito. Los temas en discusión son conocidos: la colegialidad episcopal y la primacía, las relaciones entre la Iglesia Católica y las confesiones cristianas no católicas, la libertad religiosa, el Misal de Pablo VI. Al final de las conversaciones, los resultados de las discusiones se presentará a los niveles autorizados respectivos para una evaluación global
.


La conclusión de esto es lógica y ya bastante discutida, pero no por ello debemos olvidarla. Roma hace una nueva oferta, pero esta vez reconoce que no bastará con indultos litúrgicos porque eso ha demostrado el fracaso de los intentos de la Iglesia Conciliar para destruir la FSSPX. Cada vez que surgía alguna nueva congregación ritualista, más allá de la polvadera levantada no quedaba sino el amargo saber en la boca de los traidores a la Tradición que habían pactado con Roma. Campos, el Instituto Buen Pastor y la Fraternidad San Pedro son ejemplo de ello.
La Roma Neomodernista y Neoprotestante está ahora ente un punto de inflexión: sabe donde están las vocaciones, solamente en aquellos grupos ecclesia dei florecen sacerdotes, solamente en el "tradicionalismo" Roma puede perpetuar su existencia, ya que de lo contrario acabarán desapareciendo a la larga, ya que la merma de sacerdotes se deja sentir profundamente.
La negociación es clara: o se permanece católico o se acepta el Vaticano II. Monseñor Pozzo lo dejó bien en claro, la Fraternidad debe aceptar todo aquello que ha rechazado siempre... incluso aquello que, desde el inicio de las tratativas con Roma dejó en claro que no podía aceptar. Tal vez la cosa no esté tan mal como algunos habían pronosticado.
Oremos por la FSSPX.

Secuencia Veni Sancte Spiritus





Ven Espíritu Santo y desde el cielo envía un rayo de tu luz.
Ven padre de los pobres, ven dador de las gracias, ven luz de los corazones.
Consolador óptimo, dulce huésped del alma, dulce refrigerio.
Descanso en el trabajo, en el ardor tranquilidad, consuelo en el llanto.
Oh luz santísima: llena lo más íntimo de los corazones de tus fieles.
Sin tu ayuda nada hay en el hombre, nada que sea inocente.
Lava lo que está manchado, riega lo que es árido, cura lo que está enfermo.
Doblega lo que es rígido, calienta lo que es frío, dirige lo que está extraviado.
Concede a tus fieles que en Ti confían, tus siete sagrados dones.
Dales el mérito de la virtud, dales el puerto de la salvación, dales el eterno gozo.
Amén, Aleluya.