domingo, 31 de julio de 2011

Vida consagrada: Dominican Sisters of St Joseph

Hace unos días recibí un mail de Cynthia, una católica con vocación religiosa que vive desde hace una década en Gran Bretaña. Nuestra amable visitante nos comenta que este 8 de septiembre entrará en la comunidad Dominican Sisters of St Joseph.
De esta comunidad, nuestra amiga Cynthia nos escribe:


Son muy buenas, no tienen por el momento muchisimas vocaciones como otras congregaciones, pero en Inglaterra todo trabajo catolico es mucho mas arido y seco que en otras partes. Sin embarjo la historia detras de esta pequenia comunidad es que se separaron de otra comunidad debido a la teologia de la liberacion. Estas hermanitas querian seguir usando sus habitos y viviendo los votos que habian hecho.



Al igual que nuestra visitante, estamos persuadidos que debemos seguir orando por estas religiosas para que, profundizando en la Tradición Católica puedan ser fieles a la Verdad, a Cristo y a la Santa Iglesia de siempre y no caer en las garras de la Iglesia Conciliar del Vaticano II. Finalmente, ante la pregunta de si conozco a un grupo de religiosas en Argentina que sean de la Tradición, solamente puedo mencionar a las hermanas de la Fraternidad San Pío X.
Oremos por Cynthia y por Gran Bretaña, que tanto lo necesita.

sábado, 30 de julio de 2011

Los catolicos de Baja Silesia


Un blog my interesante es el de los católicos romanos de la Baja Silesia. Me interesa sobre todo esta cestión de no promover el sectarismo, de no asociar la Iglesia con determinada congregación u obispo, sino comprenderla como lo que realmente es: el Cuerpo Místico de Nuestro Señor. Si alguien pregunta el porqué de incluir el enlace de una comunidad Europea tan alejada, la respuesta es simple: un amigo de Polonia nos escribió preguntando por un centro de Misa tradicional ya que, como se sabe algunos fieles están a merced de los Mariavitas que utilizan una versión del misal tridentino en polaco y a veces en latín.
A continuación, reproduzco algunos fragmentos de la presentación de este blog:



Bienvenido a nuestro sitio web. Somos fieles de la Iglesia Ciencia católicos, que predicó constantemente e infaliblemente los pontífices romanos desde San Pedro a Pío XII, y la tradicional misa latina, que se celebraron en todas las iglesias católicas de los años cincuenta del siglo pasado. [...] Te animamos a participar en la Santa Misa, celebrada por nuestro sacerdote el Padre Rafael Trytek [...].

Canal sedevacantista

Estimados:
Fue para mi na grata sorpresa saber de la existencia de un canal de televisión sedevacantista. Si, como escuchan, un canal qe en sí es un blog donde se suben sermones my interesantes y edificantes. La única contra es que el sitio está en polaco, pero es una my buena idea para imitar.

lunes, 25 de julio de 2011

Pedro II del Palmar de Troya ha muerto

La noticia de la muerte del antipapa Pedro II del Palmar de Troya cayó como un balde agua fría para los entendidos en el tema. Se rumoreaba de su salud, del estado financiero de la secta pero nadie imaginaba que el “último Papa” bis fuera a morirse tan pronto. Ni siquiera el gobierno del Palmar de Troya que, cuando murió Clemente Dominguez y Gomez (a) Gregorio XVII enviaron su sentido pésame. En los sitios de internet donde se colocó la información, esta ha sido más bien breve y no podían precisar la fecha, pero nosotros corroborando con nuestros contactos del Palmar tenemos el dato preciso del 15 de julio.
Ahora murió Pedro II y su sucesor parece ser el Padre Sergio María de la Santa Faz. Su nombre se barajó desde antes de la muerte de Clemente y con el ascenso de Pedro II (Manuel Alonso Corral) el Padre Sergio (a la derecha en la foto) se convirtió en el segundo al mando: Secretario de Estado y Vicegeneral Primero de las Carmelitas de la Santa Faz, cargos que, antes de morir Gregorio XVII ocupaba el hoy fallecido Pedro II. Hoy el Palmar de Troya tiene un nuevo Papa, Gregorio XVIII, el Padre Sergio María quien nombró como Secretario de Estado al suizo Eliseo María. Cabe que nos preguntemos ¿Qué nueva explicación darán los palmarianos a su cada vez más exiguos fieles sobre tantas profecías que anunciaban la III Guerra Mundial? ¿Y la invasión de Rusia a Europa, contenida por España acaudillada por el Papa del Palmar de Troya? ¿Y que pasará ahora que ni Clemente, ni Manuel han ido a Jerusalem para ser crucificados?
Pero esto es poco y nada si se compara con el cisma interno que desde hace tiempo sufren los palmarianos. Cuando el finado Gregorio XVII nombró heredero en vida a Manuel Alonso (luego Pedro II), cambió la biblia, alteró los sacramentos y realizó otras “reformas”, un grupo de sacerdotes y obispos (“la tribu”) se separó y fue a Archidona, donde organizaron la resistencia… de aquel grupo solo quedarán dos o tres sacerdotes y un par de religiosas… dispersos por el mundo son los vestigios de aquel movimiento original, tradicionalista, tridentino y aparicionista, que nos servía como advertencia del peligro de los visionarios y salvadores de la Iglesia, que surgieron durante el Concilio y que aún hoy, pululan entre nosotros.

domingo, 24 de julio de 2011

Conclavismo y CMRI


La Congregación María Reina Inmaculada (CMRI) que dirige Monseñor Mark A. Pivarunas y que tiene a su cargo al seminario católico Mater Dei, publicó en su portal una importante aclaración al respecto de su posición sobre el conclavismo:


Descargo de responsabilidad cónclave: Recientemente, un vídeo publicado en Youtube en el que su autor recomienda ponerse en contacto con la CMRI con el propósito de indagar acerca de o participar en una elección papal. La Congregación de María Reina Inmaculada (CMRI) no trabaja en ese objetivo. Esta recomendación fue hecha sin ningún conocimiento previo o la aprobación de la CMRI, y no está en absoluto autorizado por cualquiera de sus clérigos y religiosos.

martes, 12 de julio de 2011

Por quienes derramó su sangre


Todos los defensores de la Misa Indultada dentro de la Iglesia Conciliar del Vaticano II vienen haciendo desde hace mucho tiempo una gran campaña para que, en el misal de Pablo VI se utilicen las palabras de Cristo de que su sangre iba a ser derramada "por muchos" y no "por todos". Esta alteración no es menor, en efecto, ella misma invalida el Novus Ordo ya que no constan que en ninguna liturgia las palabras de la consagración difieran de aquellas de la Escritura y son las palabras pronunciadas por el sacerdote las que transforman el pan y el vino en verdadero Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor.
El que la jerarquía del Vaticano II haya finalmente "restituído" las palabras de Cristo en la misa de Pablo VI fue celebrado por los tradicionalistas como una justa "reforma", quizás no tanto como el indulto de Ratzinger para la Misa Latina, pero si se hicieron sonar los bombos.
Sin embargo ¿Se entiende el sentido de las palabras de Cristo? ¿Por que la liturgia insiste en que la Sangre del salvador se derrama "por muchos" y no "por todos"? Nuevamente ¿Cuál es el sentido de estas palabras?
El presente artículo repasa muy brevemente el sentido del “pro multis” respecto a los límites del Sacrificio de Cristo en la Cruz.

Los universalistas sostienen que Cristo murió absolutamente por todos los hombres, es decir, por aquellos que efectivamente se salvarán y por aquellos que se condenan. Cristo derramó, según éstos, su sangre por y para todos. En el modernismo, el universalismo es uno de los pilares toda vez que este sostiene que la fe, subjetiva puede canalizarse por diferentes experiencias religiosas, unas más perfectas que otras (el catolicismo sería, según lo que Ratzinger admitió en varias oportunidades, la más perfecta de estas experiencias). Como la liturgia es una expresión de la fe, entonces la Misa Modernista y Universalista (es decir, ecuménica) debe hacer explícito que Cristo ha muerto por todos, es decir, por los fieles y también por los infieles.
Sin embargo, nosotros sabemos, porque es un dogma de fe católico que no todos los hombres se salvarán, y sabemos que quienes se salvan lo hacen por la Gracia de Dios. Es decir, Dios actúa de manera directa y rescata a algunos y los lleva con él. ¿Quiénes son estos? En los Hechos de los Apostoles (Act XX:28) tenemos una respuesta:

“Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre”


Cristo ha muerto por su Iglesia, la cual está compuesta única y exclusivamente por los fieles, es decir, aquellos que fueron regenerados por el agua y el espíritu y se mantienen fieles a la doctrina del Salvador. Cristo, que es el buen pastor nos dice que él conoce efectivamente a sus ovejas, así como estas le conocen a él. Esto significa que hay otras ovejas que no son de Jesucristo, otras ovejas que no son de su rebaño, que son extrañas a él y que ni él las conoce como propias ni ellas le re-conocen a él como su Señor. El Señor dice también “el buen pastor su vida da por las ovejas”, pero las da por sus ovejas, no por aquellas que están fuera del rebaño.
Por lo tanto, debemos volver a las palabras que dijo Nuestro Señor en la última cena y que se repiten en la Consagración que su Sangre “será derramada por vosotros y por muchos para la remisión de los pecados”. Su sangre se derrama entonces por muchos, que son su Iglesia, su pueblo. He ahí el significado del nombre Jesús (Mt I, 21).
En un texto recientemente publicado en Sursum Corda hemos aclarado que la frase “Dios quiere que todos los hombres se salven” se refiere a aquellos que Dios eligió para salvar y no a todo el género, tal como lo expresa la Sagrada Escritura y el Gran Doctor San Agustín de Hipona. El Concilio de Trento, siguiendo la enseñanza de los padres de la Iglesia insistió en que los efectos de la muerte de Cristo alcanzan únicamente a aquellos que le reciben, aquellos que le aceptan, es decir, su Iglesia, aquellos a los que él ya conocía, en otras palabras el sacrificio de Nuestro Señor sólo alcanza a los predestinados, en caso contrario, la muerte del Salvador habría sido en vano y el mismo Dios nos sería omnipotente ni eterno, ya que las acciones humanas serían concausales a sus dictados, tal como sostenían los semipelagianos.
Por ello, cuando estamos en la Verdadera Misa debemos reflexionar en las palabras de la consagración y pedirle a Dios, que nos permita ser partícipe de los Méritos de Cristo, para que nos contemos, el día final, entre aquellos a los que él rescató a un precio tan alto.

sábado, 9 de julio de 2011

La traición de la Abadía Cristo Rey

Cuando me llegó la noticia de que la Abadía Cristo Rey había decidido entrar a la Iglesia Conciliar por medio de un acuerdo con Roma me sentí perplejo. Recuerdo que aquel día el Padre Mauricio de la SRSLRF me envió el correo y ese mismo día me llegaron varios más. Muchos de esos e-mails (y también de los foros tradicionalistas que visité) apuntaban a la misma causa: la posición doctrinal. Muchos sostienen que la adhesión a la tesis Material-Formal sobre el Papa, es decir, que el actual ocupante de la Santa Sede es el Papa sólo mterialmente, porque ocupa la Silla de Pedro, más como hereje no lo es formalmente. Está cimentada sobre la teoría tomista de materia-forma que en realidad es de Aristóteles. Existen algunas objeciones a la misma y si bien es conocida como la Tesis de Mons. Guérard des Lauriers, aquí en Sursum Corda señalamos que la misma había sido psostenida por aquellos anglicanos que en los años ’70 rompieron con la Iglesia Episcopal Norteamericana… y que la misma la mantienen varios grupos anglocatólicos que, de hecho creen y adhieren a la religión Católica pero se niegan a ingresar al Novus Ordo.
La idea generalizada es que esta tesis es ambigua y por lo tanto, esta ambigüedad llevó a que tras la muerte del Abad Leonard Giardina sus discípulos apostataran de la Fe. Yo no creo que esta sea la respuesta y adhiero completamente a las reflecciones que el Padre Anthony Cekada publicó en su blog y cuyas partes principales reproduzco a continuación. Para leer el artículo completo pueden hacer click aquí:


“¿Cómo puede uno dar cuenta de esta traición a todos los católicos tradicionales que apoyaron el monasterio con los años? ¿Y quién es el responsable de ello?
Es una historia de una tragedia que, casi inevitablemente, terminó en traición.

El Padre Giardina, antiguo miembro del Monasterio de San Bernardo en Cullman, fundó la Abadía Cristo Rey en la década de 1980 (…)
Gracias a la ayuda de un exitoso hombre de negocios, el padre. Giardina fue capaz de obtener tierras y fundar un monasterio. Palabra de esta extensión nueva fundación, y su monasterio pronto contó con el apoyo financiero amplio de todas las variedades de los tradicionalistas a lo largo de los EE.UU. A diferencia de la mayoría de los monasterios benedictinos en los EE.UU., los monjes de Cristo Rey no realizaron ningún apostolado activo. Recitaron las oraciones del Oficio Divino en comunidad, y realizaron trabajos manuales en los terrenos del monasterio.
(…)
Por otro lado, el padre. Giardiana evitó escrupulosamente revelar su posición sobre la cuestión del Papa. Hasta donde yo sé, nunca hizo ninguna declaración al respecto. El boletín del monasterio del Padre Giardina, “Speculum” imprime asiduamente una denuncia contra las “controversias” y “polémicas estériles” de los tradicionalistas. Este tipo de cuestiones, aseguró, no le interesaban a sus monjes que sólo se preocupaban por la espiritualidad.
El Padre Caginess observó que la cuestión Papa y sus repetidos "Somos demasiado espiritual para la controversia". Esto me me llamó la atención como una táctica inteligente de recaudación de fondos en dos frentes:
(1) no dicen absolutamente nada sobre el Papa, por lo que puede acaparar donaciones de todos los trdicionalistas: sedevacantistas, Fraternidad San Pío X, independientes, y los tipos de Motu.
(2) Jugar al "yo-soy-solo-un-humilde-espiritual-religioso", una rutina.

Sobre este último punto, después de haber pasado algún tiempo yo mismo como monje, me doy perfecta cuenta de cómo algunos de los hijos de San Benito utilizan la muletilla del "monje humilde" cuando huelen el aroma de un benefactor potencial.
Esta doble formula fue una mina de oro para la Abadía de Giardina (…)

(…)

Es comprensible que los tradicionalistas han denunciado en voz alta los PP. Glentz y Sauntner para la entrega del monasterio a la falsa religión del Vaticano II. Sin embargo, en gran medida, esto es omitir la culpa propia.
Porque ¿cómo podría el Padre. Glentz y Sauntner haber resistido a los halagos de los conciliaristas bien educados y de suave hablar (un burócrata ex de la Curia Romana, entre otros) si ellos mismos no tenían formación en la teología católica tradicional?

Fr. Sauntner en particular, es un hombre muy simple. En un monasterio normal, habría seguido siendo un hermano lego durante toda su vida y nunca lo hubieran ordenado. O ¿cómo podría P. Glentz y Sauntner esperar que preocuparse por la afiliación de su institución con los errores venenosos de la Iglesia conciliar, si su amado Padre. Giardina había estado diciendo durante décadas que los monjes no deben tener ningún interés en "polémicas estériles" sobre estos temas?
O ¿cómo podrían los PP. Glentz y Sauntner haber esperado para resistir a la oferta "estar bajo la obediencia al Papa" si el Padre. Giardina mantuvo un silencio público total sobre la cuestión del papa y se negó a hablar de ello?
La responsabilidad principal de la tragedia y la traición de Cristo Rey de la Abadía, debemos concluir tristemente, no se encuentra con estos hombres, pero con el padre Leonard Giardina.
Esto, lo sé, es un juicio severo sobre un sacerdote que tenía muchas virtudes.
Las virtudes del P. Giardina llevaron a su monasterio a terminar en las garras de la Iglesia ladrona. Fue la negativa del P. Giardina de educar a sus monjes, su negativa a abordar las cuestiones actuales, su negativa a adoptar una posición clara sobre la cuestión del Papa y su interpretación de los tradicionalistas - en vez de los modernistas - como los verdaderos enemigos .
Lo que no hizo y sus consecuencias que deben servir como una lección y advertencia para otros tradicionalistas. La Abadía Cristo Rey es una de las instituciones que, para muchos tradicionalistas inició la resistencia, pero funcionó sin principios teológicos coherentes y por lo tanto, terminó rindiéndose.
(…)
Por lo tanto, debemos ser solícitos para orar por el eterno descanso del alma del padre Leonard Giardina. Sobre todo, debemos tener muchas misas ofrecidas por su alma porque en su monastero, no habrá Misas en absoluto.
Quiera Dios darle al Padre Giardina el eterno descanso.
Y que Él ahora rompa los muros de la Abadía de Cristo Rey y la reduzca hasta el polvo.

lunes, 4 de julio de 2011

La seguridad

Presentamos un nuevo artículo de nuestro amigo Nito, esta vez sobre seguridad.


La seguridad como concepto alcanza a múltiples cuestiones,
hoy únicamente se lo toma en lo relativo a la seguridad física y
patrimonial. En realidad el concepto es más abarcativo, atañe a lo
estructural. Por tal motivo se deberá tener en cuenta los siguientes
factores: lo moral, lo intelectual, lo físico, lo jurídico, lo
económico, lo político, lo educacional, etc. Pero vamos a analizar,
cuáles son las causas de inseguridad que vive nuestra sociedad y el
estado actual de violencia iconoclasta que es la resultante.
En general el aspecto de inseguridad se lo pretende
solucionar, o se lo enfoca por sus efectos; pero sabemos por el
conocimiento que nos da la filosofía que nada se resuelve combatiendo
el efecto, hay que buscar solución en las causas profundas para
resolver este flagelo.
Desde el poder político se responsabiliza de la seguridad
a la Policía. Indudablemente que esto responde a cuestiones
ideológicas y por otra parte a los objetivos políticos que fueran
fijados para nuestro país por la “Usura Internacional” en cuanto a la
destrucción de las instituciones armadas y de seguridad de la nación.
La institución Policial cumple un rol importante en un plan de
seguridad, pero no es la única responsable, su misión consiste en
mantener el “orden público”, doctrina sobre lo que debería fundarse la
institución Policial.
En verdad la seguridad es una cuestión de ESTADO, que
abarca como dijéramos anteriormente a diversos factores.
También vamos a aclarar que la semántica juega un papel
fundamental en lo atinente al concepto seguridad, ¿por qué decimos
esto?, lo decimos porque en el mundo moderno no existen definiciones
concretas y todo se exhibe como relativo. Por lo tanto comprendemos
por qué mucho se habla de seguridad y tan poco se entiende de ella.
Por eso es común que cualquiera opine sobre el tema, sin tener un
conocimiento acabado; obviamente es una problemática que nos preocupa
a todos, porque toda la sociedad sufre un estado de “conmoción” como
jamás ocurriera.

CAUSAS DE INSEGURIDAD.

Dentro del orden temporal la política tiene por finalidad
el gobierno de la ciudad como lo definían los sabios griegos y su fin
es el bien común.
Dentro de lo que es el bien común, la política para
desarrollar la paz, necesita vivir en el orden y la seguridad es uno
de los pilares fundamentales.
Y como de semántica hemos hablado vamos a explicar que es
el ORDEN: El orden es la recta disposición de las cosas para alcanzar
su fin. El orden moral - orden propio de la especie humana- se realiza
en virtud del conocimiento que los hombres tienen de sus leyes o
normas y de la libre adhesión que las normas jurídicas tienen cuando
abarcan la actividad individual y social. El orden social es, a su
vez, el orden moral aplicado a las relaciones entre los hombres que
viven en sociedad; de ahí que el orden social dependa del orden
moral, como la parte depende del todo. El orden social es, por lo
tanto, el sistema de leyes morales que rigen la estructura y la vida
de la sociedad, con el objeto de realizar el bien común, para
facilitar a los hombres la consecución de sus fines materiales,
intelectuales y morales, coordinado y supeditados al fin último
(Dios).
La paz es la realización de los fines naturales en el
orden Jurídico, así la paz tiende a asegurar la prosperidad o
felicidad temporal del hombre. Bien, es cierto que esta prosperidad y
esa paz reconocen una escala de valores, en cuya cima están los
espirituales, porque el orden moral es anterior y superior al orden
material.
Como lógica consecuencia y en razón inversa al criterio
expresado la falta de cumplimiento de la ley superior (ley divina,
natural e inmutable) trae aparejado el desorden, la anarquía y el
nihilismo.

EL ORIGEN DEL PROBLEMA.

El transtocamiento del orden se produce en la Revolución
Francesa cuando se declaran los postulados de libertad, igualdad y
fraternidad; negando de esta manera el origen divino de la autoridad,
afirmando que esta reside en el pueblo “Vox populi, Vox Dei”;
rompiendo con el orden social cristiano que imperó durante el medio
evo donde se reconocía el origen divino del poder, tomado ello de las
palabras de nuestro señor Jesucristo a Poncio Pilato “No tendrías
poder si no te hubieses sido dado de lo alto”; indudablemente que por
estas palabras se produjeron infinidad de tratados por parte de
teólogos de la Iglesia católica. En realidad los primeros que
observaron esto fueron los griegos; descubridores del orden natural y
que posteriormente con el advenimiento del cristianismo fue
perfeccionado por la revelación de Nuestro Señor Jesucristo.
León XIII un Papa sabio de la Iglesia católica expresa en
la encíclica “Inmortale Dei (Dios inmortal) pero el afán pernicioso
y deplorable de novedad que surgió en el siglo XVI habiendo perturbado
primero las cosas de la religión, por natural consecuencia, vino a
trastornar la filosofía y, mediante esta toda la organización de la
sociedad civil. De allí, como de un manantial se derivan los más
recientes postulados de un libertinaje sin freno y sin limites,
inventados durante las grandes perturbaciones del siglo XVIII y
lanzadas después como principio y base de un nuevo derecho que era
hasta entonces desconocidos y discrepa no solo del derecho cristiano
sino en más un punto, también del derecho natural”.
A partir de la revolución Francesa surgen los conocidos
derechos del hombre. De esos principios el primero y fundamental es
este: todos los hombres, por ser de la misma naturaleza, son
semejantes y, de hecho iguales entre sí.
Este postulado es el eje alrededor del cual gira todo el
sistema revolucionario y constituye el artículo primero de la
Declaración de los Derechos del Hombre: “todos los hombres nacen y
permanecen iguales en derechos”.
Pero, ¿de qué igualdad se trata?. De una igualdad
puramente aritmética: individualismo radical, absoluto y sin límites.
Individualismo para el cual el número existe solo, opuesto
a la cualidad, y solo es digno de consideración.
Individualismo que no sabe más que contar y que cuenta a
todo el mundo por uno: que no sabe más que sumar y restar, y que suma
y resta confundiendo todo: la virtud y el vicio, la inteligencia y la
necedad, la competencia y la inutilidad, el más el menos, el ser y la
nada, Dios y la criatura.
Las consecuencias de este principio supremo no son otras
que una inversión total de valores y una involución completa del orden
jurídico y social.
El nuevo derecho define que “los hombres nacen y
permanecen iguales en derechos”, condenando de esta manera todo tipo
de desigualdad. Definiendo que “los hombres nacen y permanecen
libres”, condena toda desigualdad (precisamente por que son iguales),
condena todas las subordinaciones.
Ahora bien, quien dice autoridad, ordenes, obediencia,
etc, dice necesariamente desigualdad y subordinación.
Por lo tanto, el nuevo derecho, en su igualitarismo, condena los
principios rectores del antiguo orden jurídico y social. De este modo
es la sociedad misma la que se ve sacrificada: SUPRIMIDA LA AUTORIDAD,
LA LEY Y LA JERARQUIA, LA SOCIEDAD VA A LA RUINA.
Nacido de la doctrina revolucionaria, el nuevo derecho es
su imagen acabada: enemigo, como ella, de la familia, de la autoridad
paterna, de toda autoridad humana, de la autoridad divina.
“Seréis como dioses”: Tal es la formula de la primera
revolución del ángel y del hombre contra Dios. Desde Adán, es la
formula de todas las revoluciones: “seréis como reyes”, dicen los
revolucionarios aristócratas contra los soberanos, “seréis como
nobles” gritan los revolucionarios burgueses contra las clases altas;
“seréis como ricos”, aúllan los revolucionarios socialistas contra la
clase media.
El igualitarismo conduce de este modo a una destrucción
total de la sociedad. Las diferentes etapas no serán otra cosa que la
realización de ese endemoniado plan.
Confundidos por esta falsa filosofía, mucho de nuestros
contemporáneos afirman y sostienen la perfecta igualdad de todos los
hombres en derechos y jerarquías.
Proclaman que no deben existir la desigualdad de derechos
y poderes, que todos los hombres son por naturaleza iguales entre si
y, por lo tanto, sostienen que no se debe honor ni reverencia a
quienes están revestido de cualquier autoridad.
De estos principios se sigue la rebelión de los hijos
respecto de los padres, de los súbitos para con los gobernantes, de
los alumnos contra los profesores...; de ellos se concluyen todas las
doctrinas erróneas que tienden a nivelar por lo bajo las relaciones de
los hombres entre si.


VERDADERA Y FALSA IGUALDAD.

Contra este igualitarismo se levanta la doctrina católica
con toda su fuerza y claridad.
“La humana sociedad, cual Dios la estableció, consta de
elementos desiguales, como desiguales son los miembros del cuerpo
humano; hacerlo todos iguales es imposible, seguiríase de allí la
ruina de la misma sociedad¨.
“La igualdad de los varios miembros sociales consiste en
esto solo, a saber: que todos los hombres tienen su origen en Dios
creador; fueron redimidos por Jesucristo, y deben ser juzgados y
premiados o castigados por Dios según la exacta medida de sus
méritos¨.
“Síguese de allí que en la humana sociedad es conforme al
ordenamiento de Dios que haya príncipes y vasallos, patrones y
obreros, ricos y pobres, sabios e ignorantes, nobles y de condición
modesta; los cuales, todos unidos entre sí con vínculo de amor, se han
de ayudar mutuamente a conseguir su último fin en el cielo, y aquí en
la tierra su bienestar material y moral”.
La Iglesia nunca ha dejado de enseñar al mundo la
verdadera igualdad de los hombres:
La igualdad de origen: todos los hombres descienden de un
mismo Dios Creador.
La igualdad de naturaleza: todos los hombres tienen un
alma igualmente espiritual, inmortal, creada a imagen y semejanza de
Dios y rescatada por Nuestro Señor Jesucristo.
La igualdad de destino: todos los hombres están igualmente
sujetos a la muerte; tienen el mismo infierno que temer y el mismo
cielo que merecer.
Por contrapartida, es cierto también que la Iglesia
reconoce y respeta todas las superioridades
legítimas. Dios ha creado al hombre para vivir en sociedad. Toda
sociedad necesita de una autoridad. Por lo tanto es imposible la
igualdad social entre gobernadores y gobernados: los unos tienen el
derecho de mandar y los otros deber de obedecer. Esta desigualdad
dimana de la naturaleza de las cosas. No se la puede destruir sin
caer en la anarquía.
Dios en su infinita inteligencia y en el plano de la
creación y para ser más simple en
cuanto a la comprensión de la desigualdad y las
jerarquías; puso al hombre como el ser dominante sobre las demás
especies por que lo dotó de inteligencia y de voluntad (potencias del
alma); la inteligencia es lo que le permite la comprensión de lo
divino, la voluntad es la que le permite impulsar a esta y por este
movimiento la comprensión; además puede ordenar su propia forma de
gobierno, cosa que a las demás especie Dios se las vedó.
En un escalón inmediato inferior se encuentra la especie
animal que carece de inteligencia y Dios la dotó de instinto. Es
decir, que un enjambre de abejas va a vivir en colonias lo mismo acá
en la Argentina que en China y no puede darse su propio gobierno más
allá de lo que rige su instinto. El mundo vegetal, que tienen vida,
pero no tienen inteligencia como el hombre, ni instinto como el animal
y no se pueden movilizar por si mismo. Y por último el mundo
inanimado (piedras), que carecen de vida.
También es cierto que la Iglesia no destruye, ni puede
hacerlo, la desigualdad de las condiciones sociales. Los hombres viven
en sociedad con facultades desiguales: los unos son fuertes, los
otros débiles; los unos inteligentes los otros sin talento; los unos
virtuosos, los otros viciosos. Estas desigualdades física,
intelectuales y morales son hechos evidentes que resisten a todos los
esfuerzos de los revolucionarios por aprobar la igualdad entre todos
los hombres. Pues bien, de estas desigualdades dimanan las
desigualdades de las condiciones sociales.
Una sociedad civilizada no puede subsistir sin la
diversidad de las condiciones. Imaginemos por un instante qué
sucedería si todos fuesen ingenieros y ningún médico; o todos
profesores ¿a quienes enseñarían?; o todos abogados y no hubiese
barrenderos o basureros, ¿quién nos evitaría morir de peste o comidos
por las ratas?.
Veamos donde nos conduce la quimera de la igualdad absoluta.
Por más que digan y hagan, los modernos sofistas nunca
podrán destruir las desigualdades sociales. Estas radican en la
naturaleza misma de las cosas...
Abolidas un día, renace al siguiente...
Solo la Iglesia establece la verdadera igualdad, la única posible: la
igualdad ante Dios; la igualdad ante la ley; la igualdad de admisión a
todos los empleos y puestos, según los talentos y virtudes de cada
uno.
Es que ahí el hombre en sus desigualdades definidas con
anterioridad se iguala a través de las jerarquías, es una de las cosas
que enseña la Iglesia que son las virtudes teologales (fe, esperanza,
caridad); la Caridad que es el amor mismo y es lo que en el cielo no
desaparece; donde el inteligente tiene que darle, por caridad al que
menos tiene por el mandamiento de amor al prójimo por amor a Dios.
Continuando con las virtudes teologales la Esperanza: es lo que se
tiene para alcanzar el cielo, pero luego de la muerte esta desaparece
al igual que la Fe, ya que esta última la podemos definir como la
iluminación de la inteligencia por la verdad revelada.

LA DISTINCION DE LAS COSAS

Santo Tomás no se plantea la cuestión de sí existen o no
seres distintos, para él es un hecho. En efecto, el universo está
constituido por una multitud de seres, distinto los unos de los otros
y admirablemente jerarquizados. Hay una grandísima variedad de
especies y una gran distinción de individuos de la misma especie.
Limitándonos a la humana especie son enormes las diferencias de salud,
belleza, talento, bondad, virtud, santidad, etc. entre unos hombres y
otros.
Lo que sí se pregunta el Dr. Angélico es lo siguiente:
¿Cuál es la causa eficiente, la finalidad y el fundamento de la
distinción de los seres?
A estas tres cuestiones responde así:
1. La verdadera causa eficiente de la multiplicidad de los entes
es Dios, quien con su sabiduría ha
hecho libremente a los seres distintos en entidad y perfección.
La distinción de las cosas no puede atribuirse a la materia sola
pues la materia misma ha sido creada por Dios y por lo tanto, toda
distinción que puede proceder de la materia, es preciso reducirla a
una causa superior a ella misma.
Tampoco se puede atribuir la distinción de las cosas a las causas
segundas porque el crear es una acción exclusiva de Dios y, además,
porque de este modo el conjunto de los seres no vendría con la
intención del primer agente, sino de la concurrencia de muchas causas,
es decir, de lo causal.
Por esto afirma el santo doctor: “la distinción y multitud de
las cosas proviene de la intención del primer agente que es Dios”
¿Y que intención tuvo Dios al producir seres distintos?
2. La finalidad de la distinción de las cosas del universo es la
manifestación de la bondad y perfección de Dios.
“Dio Dios el ser a las cosas para comunicarles su bondad y
representarlas por ellas. Y como esta bondad no podía representarse
convenientemente por una sola creatura, produjo muchas y diversas, a
fin de que de lo que faltaba a cada una para representar la divina
bondad se supliese por la otra”.
La bondad y la perfección de Dios es tal que una sola
representación, por perfecta que sea, no puede manifestarla. Muchas
criaturas representaran mucho mejor la perfección divina. El contraste
y la gradación de los seres permiten formase una idea aproximada de
las perfecciones de Dios. Las imperfecciones y diferencias de las
cosas creadas tienen el mismo efecto armónico que las combinaciones
de graves y agudos, silencios y sonidos, sombras y colores en la
música y la pintura.
Esta razón nos da la clave para resolver la tercera cuestión:
3. El fundamento de la distinción de las cosas radican en la
limitación de las mismas para manifestar la bondad y la perfección de
Dios.
“La bondad que en Dios es simple y uniforme, en las criaturas es
múltiple y está dividida. Así la bondad de Dios está participada y
representada de un modo más perfecto por todo el universo y en
conjunto que lo estaría por una sola creatura”.

LA DESIGUALDAD DE LAS COSAS.

Después de estudiar lo relacionado con la distinción de
las creaturas, el ángel de Aquino pasa a analizar su desigualdad.
Refiriéndose no ya a la simple variedad de seres, sino a
los distinto grados de perfección que en ellos se advierte, concluye
el Santo doctor diciendo: “Así como la divina sabiduría es la
distinción de las causas de las cosas con miras a la perfección del
universo, así lo es también de la desigualdad, porque no sería
perfecto el universo si en las cosas hubiese un solo grado de bondad”.
¿Cómo se explica esto? ¡ Dios causa de la desigualdad! ¿
Cómo puede Santo Tomás afirmar semejante cosa? ¡ Verdaderamente su
artículo es contrarevolucionario!.
Mientras todos los corifeos de la revolución predican la
absoluta igualdad, el aquinate afirma no solo la desigualdad, sino
también que ella es causada por Dios.
Partiendo de la base que Dios estableció la distinción de
las cosas, muestra que en esa distinción intrínseca puede
diferenciarse dos tipos de distinción: la material o numérica y la
formal o específica. No es la misma diferencia que existe entre dos
perros ovejeros que la existente entre esos perros y un hombre, por
ejemplo. Los primeros se diferencian solo numéricamente, teniendo la
misma forma específica; el segundo se distingue formalmente, tiene
otra forma.
De estas dos distinciones la más importante es la formal.
Ahora bien, eta distinción formal o específica exige la
desigualdad.
En efecto, ¿cómo hace que dos cosas sean específicamente
distintas? Por el agregado de diferencias especificas que hace que
las cosas no solo no sean la misma cosa (es decir que sean distintas)
sino que las hace desiguales, no iguales (es decir, que difieran en
naturaleza o especie).
Por lo tanto, así como Dios quiere la perfección del
universo y manifestar así su gloria, así también quiere y causa la
desigualdad de los mismos.
Así vemos que en las cosas naturales aparecen las especies
ordenadas gradualmente: los elementos o cuerpos simples, los cuerpos
compuestos, las plantas los animales y los hombres. Dentro de cada uno
de estos géneros se encuentran unas especies más perfectas que otras,
exceptuándose la especie humana que admite subespecies inferiores. La
razón de esta diferencia se debe a que “no teniendo el entendimiento
órgano corporal, no puede diversificarse los seres intelectuales por
la diversa complexión de los órganos, como se diversifican la especie
de los seres sensitivos por la diversidad de órganos, a la cual
acompaña diversas relaciones a las operaciones de los sentidos”.
Los seres creados por Dios son, pues, no solo distintos
entre si, sino también desiguales. Esta distinción y desigualdad son
queridas por Dios para manifestar su bondad y perfección y que todo
redunde en su mayor honra y gloria.
Esta distinción y desigualdad naturales son las que
fundaban el derecho Cristiano y que se basaban los principios
regidores del orden social cuando “la filosofía del evangelio
gobernaba los Estados”. Todas las distinciones y desigualdades
sociales, físicas, intelectuales y morales son queridas por Dios y se
ordenan a la perfección de la sociedad política, a la satisfacción de
las almas, a la salvación de los hombres y, en definitiva, a la gloria
de Dios.


LA DESIGUALDAD Y EL PECADO.

Teniendo en cuenta que la desigualdad puede ser no solo de
naturaleza, sino también de forma, cantidad o cualidad (es decir, que
dos cosas de la misma naturaleza, pueden ser no solo distintas
numéricamente, sino también desiguales ya sea por su forma, cantidad o
cualidad) Santo Tomás afirma que en el estado de inocencia original
hubiese existido también la desigualdad entre los hombres. Antes del
pecado original los hombres hubiesen sido desiguales. La desigualdad
no es un fruto del pecado original. Ciertamente que el pecado original
y, especialmente, los pecados personales aumentan y profundizan las
desigualdades, pero aún sin el pecado ellas existirían.
Aun sino hubiera habido pecado habría diferencia entre los
hombres: diferencias de sexos, diferencia en cuanto al cuerpo y al
alma. Respecto al cuerpo, unos serían más robustos que otros y
distintos en estatura, hermosura y complexión. Respecto al alma, unos
tendrían más virtud que el otro, más ciencia o sabiduría, mayor
entendimiento, más fuerza de voluntad, etc.
Esta desigualdad se extendería también al dominio o
sometimiento de unos hombres sobre los otros; unos mandarían y los
otros obedecerían.
No se trataría de un dominio de servidumbre, sino de
dirección y gobierno.
El dominio de servidumbre se da cuando se somete a alguien
para propia voluntad. Al contrario, el dominio de gobierno o dirección
de las personas es para propio bien del gobernado.
Según esta segunda sujeción, habría existido el dominio
aun antes del pecado original, ya que no se daría orden en la multitud
si unos no fuesen gobernados por otros más sabios. La razón de esto
radica en que el hombre es naturalmente sociable, y la sociedad no se
concibe sin una autoridad que la represente y dirija.
Sería contraria al mismo orden de la naturaleza el que si
alguno tuviese sobre los demás excelencia de ciencia, sabiduría,
virtud y santidad, no la ejercitara en bien de todos.
¡Ha sido necesario llegar al siglo XX para asistir al
deprimente espectáculo el cual se ve a los ineptos y corruptos
gobernar, y esto gracias al sufragio de la mayoría!. Por no aceptar
las leyes de la misma naturaleza, los hombres se ven de todos modos
sometidos a otros hombres, desiguales a ellos... ¡ pero no en ciencia
y virtud, sino en ignorancia y desordenes morales! ¡Instructivo
castigo que Dios aplica por medio de la misma naturaleza que ve
violada sus leyes!


CONCLUSION:

Hemos visto a lo largo del trabajo, cuales son
las causas del problema de la inseguridad y sus consecuencia una
violencia generalizada y sin limites que sufre nuestra Patria que
tiene que ver con la decadencia que vive el Occidente Cristiano y
mucho más nuestro país, donde todos los conflictos fueron potenciados
al extremo con la finalidad de desintegrarnos como unidad geográfica y
Política. También tiene que ver con que no tengamos un proyecto de
Nación fundado en nuestras tradiciones históricas y religiosa, en
nuestro origen Hispano-Católico. Los hacedores de nuestra organización
política, apoyados siempre por Inglaterra y organizaciones secretas
locales, que sirvieron siempre al imperio pirata, copiaron un modelo
político anglosajón, tomado del iluminismo jacobino Francés. Pero, ¿a
partir de cuando se inicia el plan para la destrucción del Occidente
Cristiano? Indudablemente que nuestra Argentina por tener el mismo
origen es parte de ese ataque. La respuesta es bastante extensa, pero
vamos a tratar de ser todo lo más sintético posible. Desde la misma
partida de este mundo de nuestro Señor Jesucristo ocurren los ataques,
siempre fueron realizados por los enemigos de la Iglesia en forma
encubierta, los mismos eran descubiertos por la Iglesia y
denunciados, hasta que se produce una revolución dentro de la misma
Iglesia originada por un sacerdote llamado Martín Lutero, en el año
1517, éste introduce lo que se conoce como El Libre Examen,
produciendo una revolución en el plano religioso, que sigue en lo
filosófico con Descarte y Rousseau, que luego se consolida en lo
político con la Revolución Francesa. Luego aparece el pensamiento
materialista de Marx, que es la continuación de la revolución y aun
más cercano en el tiempo, con la revolución bolchevique en Rusia de
los Zares, que es donde se aplica la utopía marxista en el plano
político, generando como forma de gobierno el comunismo y esto produce
un régimen de esclavitud como jamás se viera en la humanidad,
abarcando a varias naciones en su dominio que luego se denominara
Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Con la consolidación de la
U.R.S.S., los enemigos de la Civilización Occidental y cristiana
asestan un golpe importante, más aun luego de producirse la primera
guerra mundial, en donde se destruye el último imperio Cristiano como
fue el imperio Austro-Húngaro. . Luego de
haber finalizado la segunda guerra mundial, con los tratados de Yalta
y Potsdam, las dos grandes potencias que surgen de ella, planifican
una nueva forma de dominio y ponen en marcha una nueva estrategia de
la guerra, ya que hasta ese entonces únicamente se conocía los
conflictos convencionales en gran escala, es decir el enfrentamientos
entre FF.AA. de distintos países, identificados por sus banderas,
uniformes y posiciones fijas; pero a partir de entonces se desarrollan
las guerras revolucionaras o conflictos controlados; utilizando
terceros países, es decir países que no se encontraban dentro de la
órbita de las dos potencias dominantes y que con el desarrollo de la
nueva estrategia los dominaban y quedaban establecidos dentro de sus
bloques (EE.UU y la URSS), por ejemplo: Vietnam, Corea, Cuba, Angola,
etc. dentro de lo que es el bloque Soviético y casi todos los países
de América Latina, a excepción de Cuba y luego Nicaragua, dentro de
la órbita Norteamericana.
Nuestro país no fue ajeno a ese conflicto, como
también ocurrió con el resto de Latinoamérica, fuimos presa fácil, ya
que se sirvió a intereses ideológicos que nada tenían que ver con
nuestro origen histórico, sin tener conocimiento al desastre que nos
conduciría.
Indudablemente que del enfrentamiento surge un
vencedor y ese vencedor fueron las FF.AA de la nación, quienes
gobernaron casi ocho años, ocurriendo ello en la década de los
setenta. Las FF.AA. de formación liberal, y enmarcadas dentro del
bloque estadounidense entregaron la economía en manos de los
personeros de la usura internacional, de la misma manera hubiese
ocurrido de haber triunfado la guerrilla marxista, porque en realidad
esa era la estrategia del poder del dinero. Las FF.AA., entregaron la
economía a una elite de economistas egresados de la Universidad de
Chicago y conocido ellos como los “Chicago Bois”; quienes sostenían
teorías monetaristas, los que devastaron la producción nacional,
mientras acontecía una guerra sangrienta. El objetivo de esta política
económica era destruir fundamentalmente la industria pesada, todo el
mundo vendía o cerraba sus fábricas para comprar dólares y obtener
ganancias sin invertir ni arriesgar, como así también se produjo una
apertura de la economía a la importación, resultado imposible competir
con los productos que ingresaban dado el costo fiscal y el valor de
nuestra moneda, todo esto fue lo que coadyuvo para la destrucción de
la economía nacional, fundamentalmente como dijéramos con la industria
madre que es la industria pesada como así también se destruyó nuestra
moneda.
Luego en la década de los ochenta, con el
advenimiento de una nueva forma de gobierno, continuó ese proceso,
pero a la vez comenzaba otro aun muchos más dramático, que fue la
revolución cultural, sustentado en una ideología marxista como lo es
el grancismo, (GRANCI, Filósofo comunista italiano, que proponía la
toma del poder a través de la revolución cultural), emulando a las
Social democracia Europea o lo que se conocía como eurocomunismo. A
partir de esta situación se produjo un ataque a la Cultura Nacional y
a la educación, si bien en este último caso, nunca en nuestro País
existió una educación fundada en nuestras tradiciones Hispano
Católica, por el contrario, desde Faustino Sarmiento para acá, siempre
se tomó a doctrinas importadas, con un verdadero sentido cosmopolita y
protestante. Sarmiento que fue un reconocido Masón (esta organización
secreta, se encuentra condenada por la Iglesia en la encíclica Humnum
Genus de Leon XIII), admirador de todo lo que fuera Anglosajón e
iluminista, de hecho que para “educar” trajo maestros Norteamericanos,
con un profundo odio a todo lo que fuera Católico y argentino (su obra
cumbre Civilización y Barbarie; civilización él le llamaba a todo lo
que fuera anglosajón o europeo y barbarie a todo lo nacional y
Católico) es el verdadero mentor de la educación Argentina y exaltado
como el gran maestro. Pero a pesar de eso, existían atisbos de una
educación verdaderamente nacional, pero que en esta década se la
destruyó, introduciendo teorías verdaderamente Marxistas como las de
Emilia Ferreiro con sus teorías sobre la Psicogenesis de la
lecto-escritura, introduciendo a partir de este entonces la
dialectización en la educación, destruyendo todo tipo de autoridad y
horizontalizando la misma. También se destruyó todos los institutos de
investigación científica como así también se hizo lo propio con la
Universidad, lugar en la que se tiene que procurar la excelencia de la
inteligencia o la aristocracia del saber. Mientras que en ese
entonces nos sometíamos al nuevo ordenamiento mundial inspirado en la
filosofía Hegeliana, fundada en lo siguiente: Tesis, el liberalismo;
Antitesis: el Marxismo y la síntesis: que es la unión de estas dos
ideologías que dominan el mundo; quedando establecido a partir de
esto el nuevo orden mundial, habiéndose consolidado el poder de la
usura internacional (adoración del becerro de oro) y la desaparición
de las fronteras nacionales. Dividiéndose de la siguiente manera: La
Política y la Economía en manos de los Liberales; la Educación y la
Cultura en mano de los Marxista; como expresión simbólica del nuevo
orden quedó reflejado con el derribamiento del muro de Berlín y la
autodestrucción de la U.R.S.S., desapareciendo el Comunismo como forma
de gobierno pero no el Marxismo. Lo que resulta totalmente curioso es
que la Unión Soviética desaparece sin que para ello haya ocurrido una
guerra interna o con un tercer país, evidentemente que la desaparición
de este gran bloque de naciones se debió a los designios del poder del
dinero. De esta manera se consolida el poder de la Usura y queda
plasmada la síntesis expresada con anterioridad.
Continuando con lo que habíamos comenzado en la
década de los ochenta, esa década para poderse llevar adelante el
proceso de aculturización y de ataque a las instituciones de la
República, se puso en marcha un proceso de dialectización, es decir de
enfrentamiento en todos los niveles, fundamentalmente con la Iglesia y
las FF.AA., pilares de nuestra Nación, pero en especial con la última,
que las llevó prácticamente a su extinción como fuerza de defensa de
nuestro país. También ocurrió con la familia, gremios, etc.; la
educación fue unos de los instrumentos favoritos, donde a partir de
esta se empezó a cuestionar todo tipo de autoridad, planteando la
igualdad entre el educador y el educando; todo se horizontalisó,
nivelando para abajo. En la sociedad ocurrió y ocurre exactamente lo
mismo, no existiendo autoridad, atacando los arquetipos nacionales;
los modelos a tomar a partir de ese entonces pasan a ser los conjuntos
de rock importados, los héroes de la televisión o de películas ajenas
a nuestra idiosincrasia, todo es cuestionado y fundamentalmente si e
nacional.
En la década de los noventa y con el poder
mundial consolidado, se devasto la economía, liquidándose todo el
patrimonio nacional. Para que eso ocurriera, se tuvo que dar el
proceso anterior, de esta manera no se podía dar una reacción de las
fuerzas nacionales y se corrompió al hombre a límites inimaginables,
ya que el planteo era un hombre que servía únicamente con fin
utilitarista, economicista y consumista, naciendo de esta situación
una violencia social generalizada como nunca hemos vivido; sin duda
que el problema tiende a agravarse y con un fin esperable. Pero,
también es parte de una nueva estrategia planetaria sostenida por
mismo poder de la usura, quien a través de sus personeros endeudó en
forma agobiante a nuestro país y vació al hombre de todo contenido
nacional; para eso continuó lo que explicitamos que ocurriera durante
la década de los ochenta, donde como nunca jamás ocurriera se violó en
su conciencia al hombre; poniendo en practica teorías científicas a
tales fines, como por ejemplo los mensajes subliminales, los reflejos
condicionados, (Teoría esta del ruso Pablov), lo que permitió poner en
marcha una nueva guerra mucho mas sutil y despiadada. De esta manera
permitió destruir mucho mas fácil a las Naciones, siendo los
siguientes factores utilizados: guerra química (Droga y otras
sustancias), Biológicas o Bacteriológicas (distintos tipos de virus
letales o no, por ejemplo el Sida), Guerra Psicotónica (la utilización
de la música y de los medios electrónicos como por ejemplo: la T.V.),
este último factor como fundamental elemento difusor y propagandístico
de las drogas.
El desarrollo de una nueva operación, ya que la
“Internacional del dinero” continúa con la estrategia de apoderamiento
y destrucción de nuestra patria en este siglo, quienes tienen
destinado la desintegración nacional, la ruptura como unidad
geográfica e histórica, quienes para poder realizar esto tiene que
producirse una guerra intestina, una guerra total como la que estamos
sufriendo y como quedó demostrado a lo largo del trabajo, pero ¡aun
mucho más potenciada! a través de las divisiones partidarias, los
enfrentamientos sociales a raíz del vaciamiento patrimonial de los
particulares, como ocurriera en estos días a través del corralito o el
saqueo producido por los bancos, la destrucción de las fuentes
laborales; de las organizaciones delictivas, que en muchos casos
tienen entrenamiento de tipo militar y con un alto poder de fuego,
como lo venimos viendo a diario con la muerte de ciudadanos inocentes
y de policías. Con este cóctel explosivo, es imposible que una
sociedad pueda subsistir sin que sufra consecuencias traumáticas,
planificadas por el poder internacional del dinero. Que el objetivo
fijado con esta estrategia es el apoderamiento de nuestra Patria para
ser manejada por este poder y lo que más le interesa de nuestro
territorio es la Patagonia, la Antártida y la plataforma marítima
argentina.
Por último vamos a dejar bien clarificado que es
la autoridad, siendo lo fundamental que se ha destruido: “la autoridad
es la facultad moral de dirigir la acción de los miembros de una
sociedad hacia la consecución del bien común”. León XIII escribe: “La
autoridad pertenece a toda la sociedad como algo propio; sin
autoridad, no hay sociedad. Otro dignatario de la Iglesia como es
Monseñor Prunel aclara: "El poder Civil viene de Dios, autor de la
naturaleza o, si se quiere, viene del derecho natural; la sociedad, en
efecto, es un hecho primordial y necesario. No hay sociedad sin jefe,
y como el derecho natural y el derecho divino son sinónimo, siendo
Dios el autor de la naturaleza, se sigue que el poder civil es por
derecho (natural o) divino". Destruida la autoridad se destruyen las
jerarquías y por ende se desintegra la sociedad.

sábado, 2 de julio de 2011

Didaché: el catecismo de los apóstoles

El índice del códice en que fue hallada la Didaché cita esta en la forma abreviada: Διδαχή των δώδεκα αποστόλων, el título completo de la obra es Διδαχή του Κυρίου δια των δοδεκα αποστόλων τοις εθνεσιν, o sea: “La instrucción del Señor a los gentiles por medio de los doce Apóstoles.” Este último parece haber sido el título primitivo. El autor no revela su nombre. Pero sería aventurado suponer, como lo hiciera Duchesne, que el título quiera indicar una paternidad apostólica. El texto no justifica semejante conjetura en manera alguna. La intención del autor de la obra fue evidentemente dar un breve resumen de la doctrina de Cristo tal como la enseñaron los Apóstoles a las naciones. Esto explicaría su título.
La Didaché es el documento más importante de la era post-apostólica y la más anti-gua fuente de legislación eclesiástica que poseemos. Hasta el año 1883 era totalmente des-conocida. La publicó ese año el metropolita griego de Nicomedia, Piloteo Bryennios, de un códice griego en pergamino (1057) del patriarcado de Jerusalén. Desde entonces, y gra-cias a este documento, se han dilatado y profundizado de manera sorprendente nuestros conocimientos sobre los orígenes de la Iglesia. Los sabios, atraídos constantemente por el rico contenido de esta obra, han encontrado en ella estímulo y luces siempre nuevas.
A juzgar sólo por el título, uno podría creer que la Didaché contiene la predicación evangélica de Cristo; vemos, en cambio, que es más bien un compendio de preceptos de moral, de instrucciones sobre la organización de las comunidades y de ordenanzas relativas a las funciones litúrgicas; tenemos aquí un conjunto de normas que nos ofrecen un magnífi-co cuadro de la vida cristiana en el siglo II. Esta obra viene a ser de hecho, el código ecle-siástico más antiguo, prototipo venerable de todas las colecciones posteriores de Constitu-ciones o Cánones apostólicos con que empezó el derecho canónico en Oriente y Occidente.


Contenido

El tratado está dividido en 16 capítulos, en los cuales se pueden distinguir claramen-te dos partes principales. La primera (c.1-10) presenta unas instrucciones litúrgicas; la se-gunda (c.11-15) comprende normas disciplinares. La obra concluye con el capítulo sobre la parousia del Señor y sobre los deberes cristianos que se deducen de la misma.
La primera sección (c.1-6) de la parte litúrgica contiene directivas sobre la manera de instruir a los catecúmenos. La forma en que están redactadas estas instrucciones es muy interesante. Las reglas de moral son presentadas bajo la imagen de los dos caminos: el del bien y el del mal. El texto empieza así:

Dos caminos hay, uno de la vida y otro de la muerte; pero grande es la diferencia que hay entre estos caminos. Ahora bien, el camino de la vida es éste: en primer lugar amarás a Dios, que te ha creado; en segundo lugar, a tu prójimo como a ti mismo. Y todo aquello que no quieras que se haga contigo, no lo hagas tú tampoco a otro (1,1-2: BAC 65,77).


La descripción del camino de la muerte nos lleva al capítulo quinto:

Mas el camino de la muerte es éste: ante todo, es camino malo y lleno de maldición: muertes, adulterios, codicias, fornicaciones, robos, idolatrías, magias, hechicerías, rapiñas, falsos testimonios, hipocresías, doblez de corazón, engaño, soberbia, maldad, arrogancia, avaricia, deshonestidad en el hablar, celos, temeridad, altanería, jactancia (BAC 65,83).


Este recurso de los dos caminos, que se utiliza aquí como método básico para la formación de los catecúmenos, lleva el sello de una concepción griega conocida desde an-taño. Se utilizaba en las sinagogas helenísticas para instruir a los prosélitos.
Son muy importantes para la historia de la liturgia los capítulos 7-10. En primer lugar se dan normas para la administración del bautismo:

Acerca del bautismo, bautizad de esta manera: Dichas con anterioridad todas estas cosas, bautizad en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, en agua viva. Si no tienes agua viva, bautiza con otra agua; si no puedes hacerlo con agua fría, hazlo con agua caliente. Si no tuvieres una ni otra, derrama agua en la cabeza tres veces en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo (7,1-3: BAC 65,84).


Según este pasaje, el bautismo de inmersión en agua corriente, es decir, en ríos y manantiales, era la forma más ordinaria de administrar este sacramento; se autorizaba el bautismo por infusión en casos de necesidad. Esta es la única referencia de los siglos I y II acerca del bautismo de infusión.
La Didaché contiene, además, un precepto explícito ordenando el ayuno. Tanto el candidato como el ministro del bautismo estaban obligados a ayunar antes de la administra-ción del sacramento (7,4). Se manda ayunar los miércoles y viernes, costumbre que iba di-rectamente contra la práctica judía, ya que ésta guardaba los lunes y jueves como días tradi-cionales de ayuno (8,1).



Didaché
Enseñanza del Señor transmitida a las naciones por los Doce Apóstoles

PRIMERA PARTE

El Catecismo o los «Dos caminos»


I. Existen dos caminos, entre los cuales, hay gran diferencia; el que conduce a la vida y el que lleva a la muerte. He aquí el camino de la vida: en primer lugar, Amarás a Dios que te ha creado; y en segundo lugar, amarás a tu prójimo como a ti mismo; es decir, que no harás a otro, lo que no quisieras que se hiciera contigo. He aquí la doctrina contenida en estas palabras: Bendecid a los que os maldicen, rogad por vuestros enemigos, ayunad para los que os persiguen. Si amáis a los que os aman, ¿qué gratitud mereceréis? Lo mismo hacen los paganos. Al contrario, amad a los que os odian, y no tendréis ya enemigos. Absteneos de los deseos carnales y mundanos. Si alguien te abofeteare en la mejilla derecha, vuélvele también la otra, y entonces serás perfecto. Si alguien te pidiere que le acompañes una milla, ve con él dos. Si alguien quisiere tomar tu capa, déjale también la túnica. Si alguno se apropia de algo que te pertenezca, no se lo vuelvas a pedir, porque no puedes hacerlo. Debes dar a cualquiera que te pida, y no reclamar nada, puesto que el Padre quiere que los bienes recibidos de su propia gracia, sean distribuidos entre todos. Dichoso aquel que da conforme al mandamiento; el tal, será sin falta. Desdichado del que reciba. Si alguno recibe algo estando en la necesidad, no se hace acreedor a reproche ninguno; pero aquel que acepta alguna cosa sin necesitarlo, dará cuenta de lo que ha recibido y del uso que ha hecho de la limosna. Encarcelado, sufrirá interrogatorio por sus actos, y no será liberado hasta que haya pasado el último maravedi. Es con este motivo, que ha sido dicho: «¡Antes de dar limosna, déjala sudar en las manos, hasta que sepas a quien la das!»
II. He aquí el segundo precepto de la Doctrina: No matarás; no cometerás adulterio; no prostituirás a los niños, ni los inducirás al vicio; no robarás; no te entregarás a la magia, ni a la brujería; no harás abortar a la criatura engendrada en la orgía, y después de nacida no la harás morir. No desearás los bienes de tu prójimo, ni perjurarás, ni dirás falso testimonio; no serás maldiciente, ni rencoroso; no usarás de doblez ni en tus palabras, ni en tus pensamientos, puesto que la falsía es un lazo de muerte. Que tus palabras, no sean ni vanas, ni mentirosas. No seas raptor, ni hipócrita, ni malicioso, ni dado al orgullo, ni a la concupiscencia. No prestes atención a lo que se diga de tu prójimo. No aborrezcas a nadie; reprende a unos, ora por los otros, y a los demás, guiales con más solicitud que a tu propia alma.

III. Hijo mío: aléjate del mal y de toda apariencia de mal. No te dejes arrastrar por la ira, porque la ira conduce al asesinato. Ni tengas celos, ni seas pendenciero, ni irascible; porque todas estas pasiones engendran los homicidios. Hijo mío, no te dejes inducir por la concupicencia, porque lleva a la fornicación. Evita las palabras deshonestas y las miradas provocativas, puesto que de ambos proceden los adulterios. Hijo mío, no consultes a los agoreros, puesto que conducen a la idolatría. Hijo mío, no seas mentiroso, porque la mentira lleva al robo; ni seas avaro, ni ames la vanagloria, porque todas estas pasiones incitan al robo. Hijo mío, no murmures, porque la murmuración lleva a la blasfemia; ni seas altanero ni malévolo, porque de ambos pecados nacen las blasfemias. Sé humilde, porque los humildes heredarán la tierra. Sé magnánimo y misericordioso, sin malicia, pacífico y bueno, poniendo en práctica las enseñanzas que has recibido. No te enorgullezcas, ni dejes que la presunción se apodere de tu alma. No te acompañes con los orgullosos, sinó con los justos y los humildes. Acepta con gratitud las pruebas que sobrevinieren, recordando que nada nos sucede sin la voluntad de Dios.

IV. Hijo mío, acuérdate de día y de noche, del que te anuncia la palabra de Dios; hónrale como al Señor, puesto que donde se anuncia la palabra, allí está el Señor. Busca constantemente la compañía de los santos, para que seas reconfortado con sus consejos. Evita fomentar las disenciones, y procura la paz entre los adversarios. Juzga con justicia, y cuando reprendas a tus hermanos a causa de sus faltas, no hagas diferencias entre personas. No tengas respecto de si Dios cumplirá o no sus promesas. Ni tiendas la mano para recibir, ni la tengas cerrada cuando se trate de dar. Si posees algunos bienes como fruto de tu trabajo, no pagarás el rescate de tus pecados.No estés indeciso cuando se trate de dar, ni regañes al dar algo, porque conoces al dispensador de la recompensa. No vuelvas la espalda al indigente; reparte lo que tienes con tu hermano, y no digas que lo tuyo te pertenece, poque si las cosas inmortales os son comunes, ¿con cuánta mayor razón deberá serlo lo perecedero? No dejes de la mano la educación de tu hijo o de tu hija: desde su infancia enséñales el temor de Dios. A tu esclavo, ni a tu criada mandes con aspereza, puesto que confían en el mismo Dios, para que no pierdan el temor del Señor, que está por encima del amo y del esclavo, porque en su llamamiento no hace diferencia en las personas, sinó viene sobre aquellos que el Espíritu ha preparado. En cuanto a vosotros, esclavos, someteos a vuestros amos con temor y humildad, como si fueran la imagen de Dios. Aborrecerás toda clase de hipocresía y todo lo que desagrade al Señor. No descuides los preceptos del Señor, y guarda cuanto has recibido, sin añadir ni quitar. Confesarás tus faltas a la iglesia y te guardarás de ir a la oración con mala conciencia. Tal es el camino de la vida.

V. He aquí el camino que conduce a la muerte: ante todo has de saber que es un camino malo, que está lleno de maldiciones. Su término es el asesinato, los adulterios, la codicia, la fornicación, el robo, la idolatría, la práctica de la magia y de la brujería. El rapto, el falso testimonio, la hipocresía, la doblez, el fraude; la arrogancia, la maldad, la desvergüenza; la concupiscencia, el lenguaje obsceno, la envidia, la presunción, el orgullo, la fanfarronería. Esta es la senda en la que andan los que persiguen a los buenos; los enemigos de la verdad, los amadores de la mentira, los que desconocen la recompensa de la justicia; los que no se apegan al bien, ni al justo juicio; los que se desvelan por hacer el mal y no el bien; los vanidosos, aquellos que están muy alejados de la suavidad y de la paciencia; que buscan retribución a sus actos, que no tienen piedad del pobre, ni compasión del que está trabajando y cargado, quie ni siquiera tienen conocimiento de su Creador. Los asesinos de niños, los corruptores de la obra de Dios, que desvían al pobre, oprimen al afligido; que son los defensores del rico y los jueces inicuos del pobre; en una palabra, son hombres capaces de toda maldad. Hijos míos, alejaos de los tales.

VI. Ten cuidado que nadie pueda alejarte del camino de la doctrina, porque tales enseñanzas no serían agradables a Dios. Si pudieses llevar todo el yugo del Señor, serás perfecto; sinó has lo que pudieres. Debes abstenerte, sobre todo, de carnes sacrificadas a los ídolos, que es el culto ofrecido a dioses muertos.

SEGUNDA PARTE
De la Liturgia y de la Disciplina
VII. En cuanto al bautismo, he aquí como hay que administrarle: Después de haber enseñado los anteriores preceptos, bautizad en el agua viva, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Si no pudiere ser en el agua viva, puedes utilizar otra; si no pudieres hacerlo con agua fría, puedes servirte de agua caliente; si no tuvieres a mano ni una ni otra, echa tres veces agua sobre la cabeza, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Antes del bautismo, debe procurarse que el que lo administra, el que va a ser bautizado, y otras personas, si pudiere ser, ayunen. Al neófito, le harás ayudar uno o dos días antes.
VIII. Es preciso que vuestros ayunos no sean parecidos a los de los hipócritas,puesto que ellos ayunan el segundo y quinto día de cada semana. En cambio vosotros ayunaréis el día cuatro y la víspera del sábado. No hagáis tampoco oración como los hipócritas, sinó como el Señor lo ha mandado en su Evangelio. Vosotros oraréis así:

«Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo; danos hoy nuestro pan cotidiano; perdónanos nuestra deuda como nosotros perdonamos a nuestros deudores, no nos induzcas en tentación, sinó libranos del mal, porque tuyo es el poder y la gloria por todos los siglos.»
Orad así tres veces al día.
IX. En lo concerniente a la eucaristía, dad gracias de esta manera. Al tomar la copa, decid:

«Te damos gracias, oh Padre nuestro, por la santa viña de David, tu siervo, que nos ha dado a conocer por Jesús, tu servidor. A tí sea la gloria por los siglos de los siglos.»
Y después del partimiento del pan, decid:
«¡Padre nuestro! Te damos gracias por la vida y por el conocimiento que nos has revelado por tu siervo, Jesús. ¡A Tí sea la gloria por los siglos de los siglos! De la misma manera que este pan que partimos, estaba esparcido por las altas colinas, y ha sido juntado, te suplicamos, que de todas las extremidades de la tierra, reunas a ti Iglesia en tu reino, porque te pertenece la gloria y el poder (que ejerces) por Jesucristo, en los siglos de los siglos.»
Que nadie coma ni bebe de esta eucaristía, sin haber sido antes bautizado en el nombre del Señor; puesto que el mismo dice sobre el particular: «No déis lo santo a los perros.»
X. Cuando estéis saciados (de la ágapa), dad gracias de la menera siguiente:

«¡Padre santo! Te damos gracias por Tu santo nombre que nos has hecho habitar en nuestros corazones, y por el conocimiento, la fe y la inmortalidad que nos has revelado por Jesucristo, tu servidor. A ti sea la gloria por los siglos de los siglos. ¡Dueño Todopoderoso! que a causa de Tu nombre has creado todo cuanto existe, y que dejas gozar a los hombres del alimento y la bebida, para que te den gracias por ello. A nosotros, por medio de tu servidor, nos has hecho la gracia de un alimento y de una bebida espirituales y de la vida eterna. Ante todo, te damos gracias por tu poder. A Ti sea la gloria por los siglos de los siglos. ¡Señor! Acuérdate de tu iglesia, para librarla de todo mal y para completarla en tu amor. ¡Reúnela de los cuatro vientos del cielo, porque ha sido santificada para el reino que le has preparado; porque a Ti solo pertenece el poder y la gloria por los siglos de los siglos!»
¡Ya que este mundo pasa, te pedimos que tu gracia venga sobre nosotros! ¡Hosanna al hijo de David! El que sea santificado, que se acerque, sinó que haga penitencia. Maran atha ¡Amén! Permitid que los profetas den las gracias libremente.
XI. Si alguien viniese de fuera para enseñaros todo esto, recibidle. Pero si resultare ser un doctor extraviado, que os dé otras enseñanzas para destruir vuestra fe, no le oigáis. Si por el contrario, se propusiese haceros regresar en la senda de la justicia y del conocimiento del Señor, recibidle como recibiríais al Señor. Ved ahí como según los preceptos del Evangelio debéis portaros con los apóstoles y profetas. Recibid en nombre del Señor alos apóstoles que os visitaren, en tanto permanecieren un día o dos entre vosotros: el que se quedare durante tres días, es un falso profeta. Al salir el apóstol, debéis proveerle de pan para que pueda ir a la ciudad donde se dirija: si pide dinero, es un falso profeta. Al profeta que hablare por el espíritu, no le juzgaréis, ni examinaréis; porque todo pecado será perdonado, menos éste. Todos los que hablan por el espíritu; no son profetas, solo lo son, los que siguen el ejemplo del Señor. Por su conducta, podéis distinguir al verdadero y al falso profeta. El profeta, que hablando por el espíritu, ordenare la mesa y comiere de ella, es un falso profeta. El profeta que enseñare la verdad, pero no hiciere lo que enseña, es un falso profeta. El profeta que fuere probado ser verdadero, y ejercita su cuerpo para el misterio terrestre de la Iglesia, y que no obligare a otros a practicar su ascetismo, no le juzguéis, porque Dios es su juez: lo mismo hicieron los antiguos profetas. Si alguien, hablando por el espíritu, os pidiere dinero u otra cosa, no le hagáis caso; pero si aconseja se dé a los pobres, no le juzguéis.

XII. A todo el que fuere a vosotros en nombre del Señor, recibidle, y probadle después para conocerle, puesto que debéis tener suficiente criterio para conocer a los que son de la derecha y los que pertenecen a la izquierda. Si el que viniere a vosotros, fuere un pobre viajero, socorredle cuanto podáis; pero no debe quedarse en vuestra casa más de dos o tres días. Si quisiere permanecer entre vosotros como artista, que trabaje para comer; si no tuviese oficio ninguno, procurad según vuestra prudencia a que no quede entre vosotros ningún cristiano ocioso. Si no quisiere hacer esto, es un negociante del cristianismo, del cual os alejaréis.

XIII. El verdadero profeta, que quisiere fijar su residencia entre vosotros, es digno del sustento; porque un doctor verdadero, es también un artista, y por tanto digno de su alimento. Tomarás tus primicias de la era y el lagar, de los bueyes y de las cabras y se las darás a los profetas, porque ellos son vuestros grandes sacerdotes. Al preparar una hornada de pan, toma las primicias, y dalas según el precepto. Lo mismo harás al empezar una vasija de vino o de aceite, cuyas primicias destinarás a los profetas. En lo concerniente a tu dinero, tus bienes y tus vestidos, señala tú mismo las primucias y haz según el precepto.

XIV. Cuando os reuniéreis en el domingo del Señor, partid el pan, y para que el sacrificio sea puro, dad gracias después de haber confesado vuestros pecados. El que de entre vosotros estuviere enemistado con su amigo, que se aleje de la asamblea hasta que se haya reconciliado con él, a fin de no profanar vuestro sacrificio. He aquí las propias palabras del Señor: «En todo tiempo y lugar me traeréis una víctima pura, porque soy el gran Rey, dice el Señor, y entre los pueblos paganos, mi nombre es admirable.»

XV. Para el cargo de obispos y diáconos del Señor, eligiréis a hombres humildes, desinteresados, veraces y probados, porque también hacen el oficio de profetas y doctores. No les menospreciéis, puesto que son vuestros dignatarios, juntamente con vuestros profetas y doctores. Amonestaos unos a otros, según los preceptos del Evangelio, en paz y no con ira. Que nadie hable al que pecare contra su prójimo, y no se le tenga ninguna consideración entre vosotros, hasta que se arrepienta. Haced vuestras oraciones, vuestras limosnas y todo cuanto hiciéreis, según los preceptos dados en el Evangelio de nuestro Señor.

XVI. Velad por vuestra vida; procurando que estén ceñidos vuestros lomos y vuestras lámparas encendidas, y estad dispuestos, porque no sabéis la hora en que vendrá el Señor. Reuníos a menudo para buscar lo que convenga a vuestras almas, porque de nada os servirá el tiempo que habéis profesado la fe, si no fuéreis hallados perfectos el último día. Porque en los últimos tiempos abundarán los falsos profetas y los corruptores, y las ovejas se transformarán en lobos, y el amor se cambiará en odio. Habiendo aumentado la iniquidad, crecerá el odio de unos contra otros, se perseguirán mutuamente y se entregarán unos a otros. Entonces es cuando el Seductor del mundo hará su aparición y titulándose el Hijo de Dios, hará señales y prodigios; la tierra le será entregada y cometerá tales maldades como no han sido vistas desde el principio. Los humanos serán sometidos a la prueba del fuego; muchos perecerán escandalizados; pero los que perseverarán en la fe, serán salvos de esta maldición. Entonces aparecerán las señales de la verdad. Primeramente será desplegada la señal en el cielo, después la de la trompeta, y en tercer lugar la resurrección de los muertos, según se ha dicho: «El Señor vendrá con todos sus santos» ¡Entonces el mundo verá al Señor viniendo en las nubes del cielo!

¿Qué nos pasa a nosotros los argentinos?

El siguiente es un texto de mi amigo Nito, un intelectual católico como pocos cuyas reflexiones sobre historia y política siempre tendrán un lugar en Sursum Corda.


La disolución de la inteligencia que hemos venido sufriendo a lo largo de este periodo democrático, esta banalidad inducida por los medios de comunicaciones, la falta de vocación por el estudio fundados en la verdad y los filósofos de la etapa clásica, la falta de una visión sobrenatural del hombre, la que también fueran abandonada por una jerarquía eclesiástica apostata y cómplice, carente de su verdadera misión. El empeño del gobierno por combatir a los héroes de la patria e imponernos los degradantes disvalores de figuras ridículas, como el "che Guevara", la exaltación de la promiscuidad como estilo de vida, la degeneración llevada al límite de la sacralidad, el hombre transformado en un objeto sexual y no un hombre viril dispuesto a perder la vida por causas trascendentes. La falta de arquetipos a los cuales nuestros jóvenes deberían de emular. La familia como célula inicial de la sociedad y contenedora del hombre transmitiendo los verdaderos valores, la fe de nuestros antepasados, nuestro idioma, nuestra cultura, etc. , hoy la han transformado en una familia que ya no es la que forjo el cristianismo y que se transmitió en nuestro occidente otroramente, la composición de la familia para estos degenerados, para estos hedonistas, es polifacética, homosexual, lésbica, etc. Entonces vivimos un estado de subversión realmente disolutiva de nuestra patria, en donde se confunden los valores con una sociedad autoritaria, en donde se confunde lo accidental con lo trascendental, en donde se confunde lo que es coyuntural con lo importante. El hombre vacio de todo contenido queda reducido a un animal en el más puro estado salvaje, donde sus pasiones son las que priman, en donde la violencia desmedida e incontrolada es la que lo maneja y se expresa de esa manera, lo vimos estos días con el llamado país futbolero, el descenso de River y de Gimnasia de la Plata. En donde queda expuesto a su autoexterminio, a su autoniquilación, manipulado por pulsiones, por la droga, por los medios de comunicaciones en especial la TV, que exacerban las cuestiones más instintivas. Entonces la patria, en este "nuevo orden mundial" no tiene razón de ser, no tiene cabida, orden global que adora al "DIOS DINERO" que impone un consumismo sin límites, en un país sin valores, totalmente materializado y que su paraíso esta acá en la tierra, esa es la nueva religión sincrética en donde DIOS, CRISTO NUESTRO SEÑOR NUEVAMENTE ES CRUCIFICADO!

Sermón del Sagrado Corazón.

Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Que en esta fiesta del Sagrado Corazón, la cual nos revela el amor que nuestro Señor nos prodigó desde la Cruz, nos ayude a acercarnos más a ese misterio de amor que es la Redención: la salvación del alma.

Algunos padres o sacerdotes maristas, cordimarianos o del Sagrado Corazón, piensan ingenuamente que es una revelación que se hizo con San Juan Eudes y después con Santa Margarita María de Alacoque, que nos descubre los misterios de amor de Dios y de nuestro Señor y que antes no se conocían. Es un error, porque el amor es esencial a la religión católica; otra cosa es que gracias a San Juan Eudes y a Santa Margarita, se recobró la memoria de este amor misericordioso de nuestro Señor, dados los errores del Luteranismo, del Calvinismo, del Jansenismo, que hacían de la religión algo desprovisto de amor, donde la religión era miedo y no precisamente amor, parecido a lo que era en el Antiguo Testamento. Una manera de judaizar la religión católica, separándola o desproveyéndola del amor misericordioso de nuestro Señor.

Así como Eva sale del costado de Adán, la Iglesia en la Cruz sale del costado de nuestro Señor Jesucristo; por eso decimos que la Iglesia quedó constituida plenamente el día de la crucifixión, con lo cual la fiesta de hoy, del Sagrado Corazón, vendría también a ser la fiesta de la institución de la Iglesia en la Cruz, cuando nuestro Señor fue atravesado por una lanza y de su corazón brotó sangre y agua y así, derramó hasta sus últimas gotas de sangre por nosotros, por su Iglesia católica, apostólica y romana, fuera de la cual no hay salvación. Dogma que es negado incluso por la mayoría de los católicos y de los mismos sacerdotes.

Rechazan este dogma fundamental con el ecumenismo, con la libertad religiosa y es algo esencial, nadie se puede salvar fuera de la Iglesia, fuera de nuestro Señor Jesucristo, fuera de la Cruz y eso hoy no es proclamado por los católicos. Eso demuestra el deterioro de la fe que se va perdiendo.

Por eso la fiesta del Sagrado Corazón nos debe consolidar en la caridad que debe ser verdadera. La caridad que no esté fundamentada en la verdad es falsa, es un fingido amor, porque la caridad y la verdad se identifican. Dios es la verdad y es la caridad, es el amor que llega en nuestro Señor Jesucristo a crucificarse en la Cruz para salvarnos del infierno. Por eso no debemos olvidar que cada uno de nosotros tiene un compromiso con su alma: salvar nuestra alma. Esa alma inmortal que nos ha dado Dios y por la cual ha muerto nuestro Señor en la Cruz, sufriendo lo indecible, lo imposible, lo impensable, lo inimaginable; de ahí que no debamos dejar derramar esa sangre inútilmente sino aprovecharla para que dé los frutos de salvación. Que no quede derramada inútilmente, como acontece con todos aquellos que rechazan el amor de Dios prefiriendo el infierno.

Pidamos a Nuestra Señora, la Virgen María, que nos ayude a comprender y a retribuir con nuestras vidas, con nuestros sacrificios, ese amor que nuestro Señor Jesucristo nos prodigó desde la Cruz y ese amor que Dios nos tiene, por el solo hecho de habernos creado. Que retribuyamos con generosidad cuando llegue la hora del sufrimiento; que no se marchite nuestro corazón por falta de generosidad, sino que sepamos entregarnos a ese sufrimiento por amor de Él, así como Él se entregó. Eso es lo que nos enseña nuestra religión, aprender a sufrir por amor a Dios y a sufrir a nuestro prójimo y así santificarnos; por eso nuestro Señor sufrió en la Cruz, por eso nuestra Señora Corredentora sufrió al pie de la Cruz ofreciendo a su Hijo. Así nosotros también al pie de la Cruz debemos ofrecer nuestras vidas retribuyendo ese amor a nuestro Señor. Que todas estas cosas se nos graben en el corazón con ocasión de esta fiesta y que nos ayuden a acercarnos más al amor misericordioso del Sagrado Corazón. +

PADRE BASILIO MÉRAMO
22 de junio de 2001

Consagración al Sagrado Corazón

ACTO DE CONSAGRACIÓN AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
(Tomado de nuestros amigos de la SRSLRF)



Rendido a tus pies, oh Jesús mío, considerando las inefables muestras de amor que me has dado
y los sublimes lecciones que me enseñó tu adorabilísimo Corazón te pido humildemente la gracia de conocerte, amarte y servirte como fiel discípulo tuyo para hacerme digno de las mercedes y bendiciones que generoso concedes a los que de veras te conocen, aman y sirven.
Mira que soy muy pobre, dulcísimo Jesús y necesito de Vos como el mendigo de la limosna que el rico le ha de dar. Mira que soy muy rudo, oh soberano maestro y necesito de tus divinas enseñanzas para luz y guía de mi ignorancia. Mira que soy muy débil oh Poderosísimo amparo de los flacos y caigo a cada paso y necesito apoyarme en Vos para no desfallecer.
Sedlo todo para mi, Sagrado Corazón: socorro de mi miseria, lumbre de mis ojos, báculo de mis pasos, remedio de mis males, auxilio en toda necesidad. De Vos lo espera todo mi pobre corazón. Vos lo alentaste y convidaste cuando con tus tiernos acentos dijiste repetidas veces en tu Evangelio: "venid a Mi", "aprended de Mi", "pedid", "llamad", a las puertas de tu Corazón vengo, pues, hoy y llamo, y pido y espero Del mío te hago firme, formal y decidida entrega. Tómalo Vos y dame en cambio lo que sabes me ha de hacer bueno en la tierra y dichoso en la eternidad. Amén.


Las Doce Promesas del Sagrado Corazón
En mayo de 1673, el Corazón de Jesús le dio a Santa Margarita María para aquellas almas devotas a su Corazón las siguientes promesas:



* Les daré todas las gracias necesarias para su estado de vida.


* Les daré paz a sus familias.


* Las consolaré en todas sus penas.


* Seré su refugio durante la vida y sobre todo a la hora de la muerte.


* Derramaré abundantes bendiciones en todas sus empresas.


* Los pecadores encontrarán en mi Corazón un océano de misericordia.


* Las almas tibias se volverán fervorosas.


* Las almas fervorosas harán rápidos progresos en la perfección.


* Bendeciré las casas donde mi imagen sea expuesta y venerada.


* Otorgaré a aquellos que se ocupan de la salvación de las almas el don de mover los corazones más endurecidos.


* Grabaré para siempre en mi Corazón los nombres de aquellos que propaguen esta devoción.


* Yo te prometo, en la excesiva misericordia de mi Corazón, que su amor omnipotente concederá a todos aquellos que comulguen nueve Primeros Viernes de mes seguidos, la gracia de la penitencia final: No morirán en desgracia mía, ni sin recibir sus Sacramentos, y mi Corazón divino será su refugio en aquél último momento.

viernes, 1 de julio de 2011

Pío XII: La familia numerosa



Alocución del papa Pío XII a los directores de
las Asociaciones por las Familias Numerosas de Roma e Italia,
20 de enero de 1958

(Reimpresión de la revista The Pope Speaks, primavera de 1958, tomado de
CMRI).



Amados hijos e hijas, dirigentes y representantes de las Asociaciones por las Familias Numerosas de Roma e Italia, esta vuestra visita debe contarse entre las que traen el más profundo placer a Nuestro corazón. Bien concientes estáis del animado interés que Nos tenemos en la vida familiar, y de cómo nunca dejamos pasar una oportunidad de señalar su dignidad multilateral, de reafirmar sus derechos y defenderlos, de inculcar los deberes que supone; en pocas palabras, hemos hecho de ella uno de los puntos centrales Nuestra enseñanza.

Es este mismo interés en las familias que Nos hace aceptar pasar cuando menos unos momentos con grupos familiares que vienen a Nuestra casa (siempre que los deberes de Nuestro oficio no imposibiliten esto), y por eso, en esta ocasión, consentimos en ser fotografiados en medio de ellos, a fin de dejar una especie de registro perdurable de Nuestra alegría y la suya.

Padre de la familia humana

¡El papa en medio de una familia! ¿No es ese el lugar justo donde pertenece? ¿No es él (en el sentido espiritual más elevado de la palabra) el Padre de la familia humana entera que ha renacido en Cristo y en la Iglesia? ¿No es a través de él, el Vicario de Cristo en la tierra, que se pone en práctica el maravilloso plan de la Sabiduría creativa, el cual plan ha conferido a toda la paternidad humana el destino de preparar una familia escogida para el cielo, donde el amor del Dios uno y trino la envolverá en un abrazo singular y eterno y se dará a sí mismo como la herencia que ha de hacerla perfectamente feliz?

Un triple testimonio

Mas vosotros no representais cualesquier familias; vosotros sois y representais familias numerosas, aquellas que fueron grandemente bendecidas por Dios y que son especialmente amadas y preciadas por la Iglesia como su tesoro más precioso. Pues estas familias ofrecen un testimonio particularmente claro de tres cosas que sirven para asegurar al mundo de la verdad de la doctrina eclesiástica y la sensatez de su práctica, y que redundan, por el buen ejemplo, en gran beneficio de todas las otras familias y de la sociedad civil misma.

Dondequiera que se encuentren familias numerosas, estas dan señal de la salud física y moral de un pueblo cristiano; de una fe viva en Dios y de confianza en su Providencia; de la feliz y provechosa santidad del matrimonio católico.

Nos gustaría decir algunas palabras acerca de cada uno de estos puntos.

Seguramente, una de las aberraciones más perniciosas que ha aparecido en la sociedad moderna, de tendencias paganas, es la opinión de aquellos ansiosos por clasificar la fecundidad del matrimonio como un “mal social,” y que sostienen que cualquier nación que se halle de esta manera afligida debe hacer un gran esfuerzo y utilizar cualquier medio para curar la enfermedad. Esta es la base para la propaganda que pasa con el nombre de “planificación familiar;” en ocasiones es promovida por personas y organizaciones que inspiran respeto a causa de sus posiciones en otros campos, pero que, desafortunadamente, han tomado una postura en esta cuestión que debe ser condenada.

Control de la natalidad

Por triste que sea ver lo generalizadas que se han vuelto las doctrinas y prácticas de este tipo, incluso entre las clases tradicionalmente sanas, es confortante ver indicaciones y pruebas de una reacción saludable en vuestro país, tanto en el campo legal como médico. Como bien sabéis, el artículo 31 de la actual Constitución de la república italiana, para citar solo una fuente, presta “especial atención a las familias numerosas,” y la enseñanza prevalente entre los médicos italianos sigue la línea de una oposición cada vez más fuerte contra las prácticas del control de la natalidad.

Esto no significa que el peligro ha pasado y que hemos destruido los prejuicios que tienden a hacer que el matrimonio y sus sabias normas se sometan a las metas del reprensible orgullo y egoísmo de la sociedad o de individuos. Deploramos en particular aquella sección de la prensa que de vez en cuando vuelve a tomar la cuestión con la obvia intención de confundir a las buenas gentes y de llevarlas al error con pruebas engañosas, con encuestas discutibles e incluso con declaraciones falsificadas de un clérigo u otro.

Obediencia a las leyes naturales

A todos los católicos exhortamos que den amplia difusión al principio, firmemente fundado sobre la verdad, de que el único modo de proteger la salud física y moral de la familia y de la sociedad es mediante la obediencia de todo corazón a las leyes naturales, o mejor dicho, del Creador, y, sobre todo, fomentando un sincero y sagrado respeto hacia ellas.

En este asunto, todo depende de la intención. Podréis multiplicar las leyes y hacer más duras los castigos; podréis dar pruebas irrefutables de la estupidez de las teorías del control natal y del daño que viene como consecuencia de ponerlas en práctica; pero hasta que no haya una sincera determinación de dejar que el Creador continúe con su obra como Él desea, entonces el egoísmo humano siempre encontrará nuevas sofisterías y excusas para acallar la voz de la conciencia (hasta donde pueda), y seguir con los abusos.

Ahora, el valor del testimonio ofrecido por los padres de familias numerosas no yace solo en su rechazo contundente y unívoco de cualquier compromiso deliberado entre la ley divina y el egoísmo humano, sino también en su buena disposición para aceptar alegremente y con gratitud estos dones inestimables de Dios — sus hijos — en la cantidad que a Él le plazca mandar.

Esta actitud libera a las parejas casadas de las ansiedades y remordimientos opresivos, y, en la opinión de médicos excepcionales, crea las condiciones psicológicas ideales para el sano desarrollo de los hijos nacidos a partir del matrimonio. Pues, justo en el comienzo de estas nuevas vidas, elimina todas esas preocupaciones y alteraciones que tan fácilmente pueden dejar marcas físicas o psicológicas en la madre o el hijo.

Exceptuando los casos excepcionales, y Nos ya hemos tenido ocasión de hablar de estos, la ley de la naturaleza es básicamente una de armonía, y lleva a la discordia y a las contradicciones solo en los casos en que su operación normal ha sido alterada por circunstancias particulares que, en su mayor parte, son anormales, o por deliberada oposición de parte de la voluntad humana. No hay eugenesia que pueda mejorar la naturaleza: es buena como ciencia en tanto que no tenga por meta ganar un profundo conocimiento de las leyes naturales y respete estas mismas leyes, si bien en algunos casos sea prudente disuadir a personas que sufren de defectos graves de que se casen (cfr. Enc. Casti connubii, dic. 31 de 1930: A.A.S. 22 [1930] p. 565).

Salud física y moral
De nuevo, el buen sentido común siempre y en todas partes consideraba que las familias numerosas eran una señal, una prueba y una fuente de la salud física; y la historia no se equivoca cuando indica que la principal causa de la decadencia de los pueblos es la violación y el abuso de las leyes que gobiernan el matrimonio y la procreación.

Lejos de ser un “mal social,” las familias numerosas son una garantía de la salud moral y física de un pueblo. En los hogares donde los llantos del bebé resuenan siempre de la cuna, florecen espontáneamente las virtudes y se hace huir al vicio, como si hubiese sido perseguido por la niñez, renovada allí como el aliento fresco y vigorizante de la primavera.

Así que, dejad que el débil y el egoísta tomen ejemplo de vosotros; dejad que la nación os siga amando y agradeciendo por todos los sacrificios que habéis asumido para criar y educar a sus ciudadanos; de igual manera la Iglesia está complacida porque le permitís ofrecer grupos cada vez más grandes y sanos de almas para la actividad santificadora del Espíritu divino.

En el moderno mundo civil la familia numerosa es considerada, por lo general, y con buena razón, como prueba del hecho de que la fe cristiana se vive como debe ser, pues el egoísmo que Nos acabamos de señalar como el principal obstáculo para el crecimiento de un grupo familiar no puede ser vencido exitosamente sin recurrir a los principios éticos y religiosos.

En tiempos recientes hemos visto como las supuestas “políticas demográficas” no han logrado alcanzar resultados notables; y es fácil ver el porqué, pues el interés individual casi siempre vencerá el orgullo y egoísmo colectivo que esta idea a menudo expresa; además, las metas y métodos de esta política degradan la dignidad de la familia y de la persona al colocarla en el mismo nivel que las especies inferiores.

La luz del cristianismo

Solo la luz divina y eterna del cristianismo da plenitud de vida y significado a la familia, y esto es tan cierto que desde el mismo principio, y por todo el decurso de su historia, las familias numerosas han sido consideradas con frecuencia como sinónimo de familias cristianas.

El respeto a las leyes divinas ha hecho que abunden en vida; la fe en Dios da a los padres la fuerza y el vigor necesarios para enfrentar el sacrificio y la autonegación exigidas en la crianza de los hijos; los principios cristianos los guían y ayudan en la pesada labor de la educación; el espíritu cristiano del amor vigila su paz y buen orden, y de la naturaleza parece sacar y conferir las alegrías familiares más profundas a los padres, hijos, hermanos y hermanas.

Aun externamente, la familia numerosa y bien ordenada es una especie de santuario visible: el sacramento del bautismo no es un acontecimiento excepcional para ellos, sino algo que constantemente renueva el gozo y la gracia del Señor. La serie de felices peregrinajes a la fuente bautismal aun no acaban de terminarse cuando comienza la confirmación y la primera comunión, sin perder la misma inocencia. El más joven de los hijos apenas habrá puesto a un lado su trajesito blanco entre las memorias más queridas de la vida, cuando ya aparece el primer velo de bodas para reunir a padres, hijos y parientes nuevos al pie del altar. A ello le siguen más matrimonios, más bautismos, más primeras comuniones, como primaveras siempre nuevas que, en cierto sentido, hacen que las visitas de Dios y de su gracia al hogar sean interminables.

Confianza en Dios

Mas Dios también visita las familias con su Providencia, y los padres, especialmente los pobres, dan claro testimonio de esto al colocar toda su confianza en Él cuando los esfuerzos humanos no son suficientes. ¡Confianza de fundamento sólido y no en vano! La Providencia — en palabras e ideas humanas — no es una suma total de actos excepcionales de la misericordia divina; es el resultado ordinario de la actividad armoniosa de la sabiduría, la bondad y la omnipotencia infinitas del Creador. Dios nunca rehusará los medios de vida a quienes llama a la existencia.

El divino Maestro ha enseñado explícitamente que “la vida vale más que el alimento y el cuerpo más que el vestido” (cf. Mt. 6, 25). Si algún incidente, sea pequeño, sea grande, parece contradecir esto, es señal de que el hombre ha colocado obstáculos en el camino de los designios divinos, o, si no, en casos excepcionales, que Dios tiene planes superiores para el bien; pero la Providencia es algo real, algo necesario por ser Dios el Creador.

Sobrepoblación
El presunto problema de la sobrepoblación de la tierra es en parte real y en parte temido sin razón como una catástrofe inminente para la sociedad moderna; y, sin duda, el surgimiento de este problema y el continuo fracaso por encontrar una solución no se debe a alguna confusión o apatía por parte de la divina Providencia, sino más bien al desorden por parte del hombre, en especial a su egoísmo y su avaricia.

Con el progreso que se ha hecho en la tecnología, con la facilidad de la transportación, y con las nuevas fuentes de energía que apenas están empezando a aprovecharse, la tierra puede prometer prosperidad a todos los que van a morar en ella largo tiempo.

En cuanto al futuro, ¿quién puede prever los nuevos e insospechados recursos que puedan encontrarse en nuestro planeta, y qué sorpresas puedan descubrirse fuera de ella por medio de los maravillosos logros científicos que apenas acaban de comenzar? ¿Y quién puede estar seguro de que el ritmo natural de la procreación será el mismo en el futuro? ¿No es posible que entre en juego alguna ley que moderará el ritmo de la expansión desde dentro? La Providencia ha reservado el destino del mundo para sí.

Es extraño encontrar que los temores de algunos individuos sean capaces de cambiar esperanzas bien fundadas para la prosperidad en una amenaza catastrófica en el momento mismo cuando la ciencia está transformando lo que solía ser considerado como sueños de imaginaciones alocadas en realidades útiles.

De manera que la sobrepoblación no es una razón válida para propagar las prácticas ilícitas del control natal. Es simplemente un pretexto utilizado por quienes desearían justificar la avaricia y el egoísmo; por aquellas naciones, por ejemplo, que temen que la expansión de otras presentará un peligro para su propia posición política y causará una degradación de sus condiciones de vida generales; o por individuos, especialmente los de buena posición, que prefieren el mayor gozo posible de los bienes terrenales a los elogios y el mérito de traer nuevas vidas a la existencia. El resultado final es que quebrantan las leyes fijas y ciertas del Creador so pretexto de corregir los supuestos errores de su Providencia.

Sería más razonable y útil si la sociedad moderna hiciera un esfuerzo más determinado y unviersal para corregir su propia conducta, quitando las causas de la hambruna en las “zonas de crisis” o sobrepobladas, mediante un uso más activo de los descubrimientos modernos para fines pacíficos; una política más abierta de colaboración e intercambio, una economía que vea más hacia el futuro y que sea menos nacionalista; sobre todo, reaccionando a todos los indicios de egoísmo con caridad, y a los de avaricia con una aplicación más concreta de la justicia.

Dios no va a pedir cuentas a los hombres por el destino general de la humanidad; ese es su problema; pero sí exigirá cuentas de los actos individuales que han realizado deliberadamente conforme a los dictados de la conciencia o contra ellos.

En cuantro a vosotros, padres e hijos de familias numerosas, sigan dando testimonio sereno y firme de su confianza en la divina Providencia, y estén seguros de que Él no dejará de recompensaros con el testimonio de su auxilio diario y, cuando sea necesario, con aquellos auxilios extraordinarios que muchos de vosotros ya han sido afortunados de experimentar.

Y ahora unas cuantas palabras sobre su tercer testimonio, palabras que pueden dar nuevas fuerzas a quienes son temerosos y os traen pequeño consuelo.

Las familias numerosas son los arriates más espléndidos en el jardín de la Iglesia; la felicidad florece en ellos y la santidad madura en suelo favorable. Dios quiso que cada grupo familiar, aun el más pequeño, fuera un oasis de paz espiritual. Pero hay una tremenda diferencia: donde el número de hijos no es más que uno, la intimidad serena que da valor a la vida tiene un toque de melancolía o de palidez; no dura tanto, puede ser más incierta y con frecuencia está nublada por temores secretos y remordimientos.

La felicidad en una familia numerosa

Es muy diferente a la serenidad de espíritu hallada en padres rodeados de una rica abundancia de vidas jóvenes. El gozo que viene de las abundantes bendiciones de Dios rompe de mil maneras y no hay miedo de que termine. Las frentes de estos padres y madres pueden estar cargadas de cuidados, mas nunca hay señal de alguna sombra interior que delate ansiedad de conciencia o miedo de un irreparable regreso a la soledad. Mientras la dulce fragancia de una cuna permanezca en el hogar, mientras las paredes de la casa den eco a las voces argentinas de hijos y nietos, su juventud nunca parecerá desvanecerse.

Sus pesadas labores, multiplicadas una y otra vez, sus intensificados sacrificios y su renuncia a las diversiones costosas son recompensadas incluso aquí abajo con el inagotable tesoro del afecto y las tiernas esperanzas que residen en sus corazones; y de él nunca se cansarán ni les molestará.

Las esperanzas pronto se vuelven realidad cuando la hija mayor comienza a ayudar a su madre en el cuidado del bebé, y cuando el mayor de los hijos llega a casa con rostro sonriente y con el primer salario que se ha ganado para sí mismo. Aquél día será particularmente feliz para los padres, pues hará desaparecer el fantasma de una edad vieja pasada en la miseria, y se sentirán asegurados de una recompensa por sus sacrificios.

Cuando hay muchos hijos, a los jovencitos se les ahorra el aburrimiento de la soledad y la incomodidad de tener que vivir en medio de adultos todo el tiempo. Es cierto que algunas veces pueden vovlerse tan animados que os pongan los nervios de punta, y sus riñas pueden parecer pequeños motines; pero incluso sus discusiones juegan un papel efectivo en la formación del carácter, siempre y cuando sean breves y superficiales. Los hijos de familias numerosas aprenden casi automáticamente a ser cuidadosos de lo que hacen y a asumir responsabilidad; aprenden a respetarse y a ayudarse, a ser de gran corazón y generosos. Para ellos, la familia es como lugar de prueba, antes de que salgan al mundo exterior, que será más difícil y más exigente.

Las vocaciones

Todos estos preciosos beneficios serán más sólidos y permanentes, más intensos y fructíferos si la familia numerosa toma como principio rector el espíritu sobrenatural del Evangelio, el cual espiritualiza todo y lo hace eterno. La experiencia muestra que en estos casos, Dios a menudo va más allá de los dones ordinarios de la Providencia, como lo es el gozo y la paz, para conferirle un llamado especial, una vocación al sacerdocio, a la vida religiosa, a la mayor santidad posible.

Con buena razón se ha señalado frecuentemente que las familias numerosas han estado al frente como cunas de santos. Podríamos citar, entre otras, a la familia de san Luis, el rey de Francia, compuesta de diez hijos, la de santa Catalina de Siena, quien descendía de una familia de veinticinco, san Roberto Belarmino de una familia de doce, y san Pío X de una familia de diez.

Cada vocación es un secreto de la Providencia; pero estos casos prueban que un número grande de hijos no impide a los padres darles una crianza excepcional y perfecta; y muestran que la cantidad no trabaja en desventaja de su calidad, sea respecto a los valores físicos, sea los espirituales.

Vigilancia y acción

Una última palabra para vos, directores y representantes de las Asociaciones por las Familias Numerosas de Roma e Italia. Sed cuidadosos de imprimir un sello de dinamismo cada vez más vigilante y fructuoso en la acción que deseáis llevar a favor de la dignidad de las familias numerosas y a favor de su protección económica.

Con respecto a la primera de estas metas, manténganse en línea con las directivas de la Iglesia; con respecto a la segunda, debéis despertar del letargo a aquella parte de la sociedad que aún no está conciente de sus responsabilidades sociales. La Providencia es una verdad y una realidad divina, pero decide hacerse de cooperadores humanos. Por lo general, entra en acción y sale en nuestro auxilio cuando ha sido llamada y llevada por la mano del hombre; le encanta estar escondida detrás de la actividad humana. Si bien es justo reconocer que la legislación italiana puede legítimamente presumir de ser la más avanzada en esta area de ofrecer protección a las familias y, en especial, a las familias numerosas, no debemos cerrar nuestros ojos al hecho de que aún hoy hay un número considerable de aquellas que son lanzadas de un lado a otro, entre el desasosiego y la privación real, y sin culpa suya. Vuestra acción debe tener por meta traer a estas personas la protección de las leyes, y en los casos más urgentes, la ayuda de la caridad. Todo logro positivo en este campo es como una piedra sólida colocada en la estructura de la nación y de la Iglesia; es lo mejor podéis hacer como católicos y como ciudadanos.

Pidiendo la protección divina para vuestras familias y para las de toda Italia, y colocándolas una vez más bajo la protección celestial de la Sagrada Familia de Jesús, María y José, Os conferimos con todo Nuestro corazón Nuestra paternal bendición apostólica.