jueves, 20 de octubre de 2011

Fiesta en la Capilla Nuestra Señora del Santo Rosario


Nuestros amigos de la Sociedad Religiosa San Luis Rey de Francia han publicado un hermoso artículo sobre la Capilla Nuestra Señora del Santo Rosario, cuyo sacerdote el Padre Brown es uno de nuestros queridos amigos en Estados Unidos. Desde aquí le enviamos nuestros saludos al Padre Brown y como siempre lo recordamos en nuestras oraciones a él y a todos sus fieles.

Supuesta carta de Monseñor Fellay a Monseñor Williamson

Hace unos pocos días recibí un correo electrónico de alguien a quien no conozco conteniendo un texto en inglés. Se trata de una supuesta carta que envió Monseñor Fellay a Monseñor Williamson, como esta carta fue republicada en varios blogs adjunto también aquí la traducción de este texto, y aque recibí varios e-mails preguntándome por el asunto.


Su Excelencia:

Me alegraría invitarle a la reunión de superiores de la FSSPX que tendrá lugar en Albano a principios de octubre, ya que la naturaleza y la composición de la reunión ha sido de alguna manera cambiado debido a los acontecimientos actuales. También me gustaría enviar un texto de Roma del que ellos desean una respuesta. Sin embargo, me veo obligado a poner condiciones a cada uno de estos puntos.

Primeramente, concerniente al texto, le pido un juramento escrito de que no comunicará a nadie ni el texto ni su contenido. Demasiadas veces en el pasado a usted le ha faltado discreción, así que estoy obligado a someterle a un procedimiento de esta clase, lo cual no me gusta.

En segundo lugar, en lo referente a la reunión en Albano, sólo puedo invitarle a asistir si usted deja de publicar los Comentarios Eleison. Ya se le ha dado la razón en repetidas veces así como se le ha ordenado que deje de publicarlos. Usted considera que por el beneficio de predicar y de la defensa de la Fe, no necesita atender a esto, con el pretexto de que nadie tiene el derecho de detener a un obispo de cumplir con su deber de predicar y de defender la Fe. Pero esa prédica y esa defensa de la Fe están dentro de circunstancias concretas que bien pueden requerir la intervención de los superiores. Además, ningún otro obispo de la FSSPX publica una carta circular y no por ello se consideran impedidos de expresarse.

Además, las consecuencias de su actitud son dañinas para la FSSPX: usted infunde desconfianza hacia las oficinas centrales de la FSSPX y hacia el Superior General. No puede refrenarse de comunicar estos sentimientos a aquellos a su alrededor. Ninguna revolución podría hacer mejor trabajo de minar la autoridad… y eso hace usted en nombre de una posible supuesta traición por parte del Superior General… Eso es muy serio.

Especialmente cuando un cierto número de indicaciones muestran que su actuar no se limita a la teoría:

  1. Usted recomendó a un sacerdote argentino del Novus Ordo que le pidió su consejo, que no se uniera a la FSSPX.
  2. Usted escribe a un seglar americano diciendo que la apostasía de la Iglesia principal está mucho más avanzada que la de la FSSPX. ¿Cómo puede usted escribir tales cosas, falsas e injustas, contra la Fraternidad de la cual todavía es un miembro?
  3. Existe en círculos anglosajones una red de infiltrados de la FSSPX que preparan una separación. Usted ha sido puesto al frente como la cabeza de este movimiento, usted es amigo de sus líderes y usted está jugando su juego.

¡Y usted habla de nosotros diciendo que tenemos doble discurso! En lo que se refiere a la unidad de la FSSPX, ¡usted es quien está poniéndola en mayor peligro, Su Excelencia! Siempre en nombre de la defensa de la Fe. En tan grave momento ahora que la tiene lugar la confrontación entre nosotros y la Santa Sede, cuyo resultado será decisivo para nuestro futuro y tendrá consecuencias para la Iglesia entera, yo le pido entonces -una vez más- permanecer en silencio hasta nuevas órdenes. Si usted se rehusara a atender esta directiva, significaría no ser invitado a la reunión de Albano y el principio de un procedimiento canónico para su expulsión de la FSSPX. Así pues, espero su respuesta.

Todo esto es muy triste y no tiene nada que ver con la confrontación apenas mencionada, sea lo que sea que usted pueda pensar. La pérdida de uno de sus obispos es una de las peores cosas que pudieran ocurrir a la FSSPX. Depende enteramente de usted detener esa tragedia. Crea, Su Excelencia, en mis fervientes oraciones al Sagrado Corazón de Jesús,

Mons. F.

Judíos contra el acuerdo de la Fraternidad y Roma

Noticia tomada de "El Universal de Caracas"

París. - Rabinos europeos y sobrevivientes del Holocausto en Estados Unidos pidieron al Vaticano que suspenda el diálogo de unidad con los católicos ultratradicionalistas hasta que se comprometa a renunciar a los miembros antisemitas en sus filas.

La Conferencia de Rabinos Europeos dijo que el obispo Richard Williamson, que se hizo famoso por negar públicamente el Holocausto, y el jefe del grupo disidente en Francia recientemente avivaron la vieja acusación de que los judíos mataron a Jesús, informó Reuters.

La Asociación Estadounidense de Sobrevivientes del Holocausto y sus Descendientes señaló que Williamson repitió la idea de culpa colectiva contra los judíos por la muerte de Jesús, a pesar de la reciente reafirmación del Papa Benedicto XVI de que la Iglesia rechaza esa acusación.

"Pedimos a la Iglesia Católica que suspenda las negociaciones con las tendencias católicas extremistas hasta que esté claro que estos grupos muestran un compromiso en la lucha contra el antisemitismo en sus filas", dijo el rabino Pinchas Goldschmidt, cuyo grupo representa a los rabinos jefes y los máximos jueces rabinos de Europa.

La Fraternidad San Pio X no es la única Iglesia Católica

Hace muy poco, en la entrada ¿Qué dice el preambulo doctrinal? uno de nuestros visitantes colocó un comentario que, a mi entender merece una respuesta pública. Lamentablemente el comentarista no dejó su nombre así que será como responderle a cualquier persona que sostenga esas posturas, que son muy comunes entre las filas de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X de algunos fieles y sacerdotes (algunos, no todos) que cometen una serie de errores graves, ora por ignorancia, ora por “fundamentalismo”, el mismo que nos achacan a quienes solo somos fieles a la Verdad y a los hechos. Cualquier visitante de este Blog sabe que siempre hemos respetado la obra de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X y de Monseñor Marcel Lefebvre, también saben claramente cual es mi postura teológica y por consiguiente la del Blog que administro. No me declaro sedevacantista, sino católico romano, rechazo el nombre sedevacantista como rechazo el nombre tradicionalista porque somos simple y verdaderamente católicos… quienes no forman parte de la Iglesia Católica son aquellos que pertenecen a la Iglesia Conciliar del Vaticano II. Sin más quisiera citar las palabras de Su Excelencia Monseñor Marcel Lefebvre:

Que la iglesia conciliar es una iglesia cismática, porque rompe con lo que
la Iglesia Católica que siempre fuera. Tiene sus nuevos dogmas, su nuevo sacerdocio, sus nuevas instituciones, su nuevo culto, todo condenado ya por la
Iglesia en muchos documentos oficiales y definitivos.

Esta Iglesia Conciliar es cismática, porque ha tomado como base para su actualización principios que se oponen a los de la Iglesia Católica , tales como un nuevo concepto de la Misa expresado en los números 5 del Prefacio (decreto) al Missale Romanum y 7 de su primer capítulo, los cuales confiere a la asamblea un rol sacerdotal que no puede ejercer; de igual manera el derecho natural — es decir,
divino — de cada persona y de cada grupo de personas a la libertad religiosa.

Este derecho a la libertad religiosa es blasfemo, porque atribuye a Dios propósitos que destruyen Su Majestad, Su Gloria, Su Reinado. Este derecho implica libertad de conciencia, libertad de pensamiento, y todas las libertades Masónicas.

La Iglesia que afirma tales errores es por completo cismática y hereje. Esta Iglesia Conciliar no es, por lo tanto, Católica. En la medida en que el Papa, los obispos, sacerdotes o fieles se adhieran a esta nueva Iglesia, se separan ellos mismo de la Iglesia Católica”.


Yo no nací en la Iglesia Católica, nací en la Iglesia Conciliar, pero por la Gracia de Dios conocí a la Tradición Católica, a la Iglesia verdadera y aprendí la verdadera doctrina de manos de la Fraternidad San Pío X, conocí a Monseñor Richard Williamson, con quien me he confesado centenares de veces, he pasado hermosos días en el Seminario de la Reja como visitante y jamás mi alma había sentido tanta paz como con la Misa Verdadera que allí se celebra.
Lamentablemente el anónimo comentarista cree que en la Fraternidad hay “desertores”, pero la Fraternidad no es ni siquiera una orden religiosa, sino simplemente una unión pía y su estatus canónico es sumamente irregular. Uno se asocia a una unión pía de la misma manera que se sale de ella, no hay votos que liguen a uno con una unión de ese tipo. Cualquiera que conozca un poco de derecho canónico lo sabe muy, pero muy bien. Por eso publiqué hace un tiempo esta entrada.
Que entre los detractores de la FSSPX y su actitud actual haya personas de mala fe, no me cabe dudas, ahora bien, creer como cree este inocente comentarista que todos los que denunciamos ciertas acciones del actual Superior General y elevamos oraciones para que sea remplazado por otro que esté más ocupado en defender la verdad que en buscar un acuerdo o compromiso con Roma no somos enemigos ni de la Iglesia ni de la Fraternidad.
Y aquí creo es que tenemos el gran error de este comentarista. Para él, la Fraternidad y la Iglesia son la misma cosa. La Iglesia subsiste en la FSSPX, los sedevacantistas son cismáticos, los del IBP son desertores y traidores… pero esto nos lleva a preguntarnos: ¿Lo será Monseñor Fellay cuando firme un acuerdo con Roma? ¿Qué será del IBP, el ISFN o la FSSP? ¿Qué se hará con todos esos litros de tinta gastado en atacar a estas congregaciones salidas del seno de la FSSPX?
La Fraternidad es parte de la resistencia católica contra la Iglesia Conciliar, pero no es la resistencia propiamente dicha. Toda la resistencia no se resume en la FSSPX por más que en las escuelas y en los seminarios algunos lo crean y otros, en sus blogs o en sus paginas webs gusten de anunciarlo con bombo y platillo. No. Como no podemos admitir el modernismo tampoco podemos admitir la mentira…
Es verdad que tenemos que rezar por los superiores de la Fraternidad, pero tambien es verdad que es menester señalar sus errores como lo hizo Monseñor Williamson y otros tantos que fueron expulsados por decir, simplemente que se estaba al borde del precipicio.
Elevemos nuestras oraciones por la FSSPX y por toda la tradición católica, y no sea cosa que este ejercito que es la Fraternidad termine como los valientes que cayeron en la batalla del Monte de Gilboa.

lunes, 10 de octubre de 2011

¿Que dice el preambulo doctrinal?


Nuestro amigo Marcelo nos envió por mail el artículo publicado en La Buhardilla de Jerónimo que aquí reproducimos.

El pasado 14 de septiembre fue presentado a Mons. Fellay, convocado a Roma para buscar una plena reconciliación, un “preámbulo doctrinal” como base para el acuerdo. El texto no ha sido publicado, al menos por tres razones: para permitir a los responsables de la FSSPX un examen más sereno, sin la presión de quienes verían, sin embargo, trampas y caballos de Troya incluso en el número de las comas; para preparar sobre él una meditada ilustración al Capítulo general de la Fraternidad; y finalmente… para permitir tal vez alguna limitad enmienda, sin que se sepa, donde un pasaje o un adjetivo pareciese realmente poco deseable para la FSSPX.

Adquiridas las debidas informaciones y aún queriendo respetar, por las mismas razones recién mencionadas, el vínculo de la reserva que protege el contenido del “preámbulo doctrinal”, no queremos privar a nuestros aficionados lectores de algún elemento de juicio adicional.

Puedo decir que, personalmente, no tendría problemas en firmar ese preámbulo. Pero yo no soy Superior de la FSSPX; por suerte, dirán muchos… Sin embargo, encuentro varias razones por las cuales el texto es una sorpresa positiva (digo sorpresa ya que Mons. Fellay, al dirigirse al encuentro, se esperaba una propuesta canónica-jurídica más que un texto doctrinal). Me atrevería a decir que la relativización del Concilio, que este preámbulo permite, representa una verdadera victoria para la Fraternidad, un punto extremadamente significativo, como (si no más) la solemne afirmación del motu proprio según el cual la liturgia antigua nunca fue abrogada. Pero victoria para Mons. Fellay no significa derrota para Roma: como ya había escrito, un acuerdo – y así también la demolición del “superdogma” conciliar –representa una solución win-win, donde ambas partes obtienen mucha ganancia.

El contenido del preámbulo, que a fin de cuentas es un documento muy sintético, se puede compendiar esencialmente en dos puntos. Comenzamos por el segundo porque es algo sencillo: para decirlo en pocas palabras, la FSSPX debe modificar los tonos y expresar lo que tenga para decir de un modo respetuoso y filial, así como colaborar lealmente con todas los otros miembros del Cuerpo místico. En lenguaje eclesial-teológico, esto se define “sentire cum Ecclesia”.

El primer punto del preámbulo, en cambio, el más importante, es la reproposición del contenido del canon 750, es decir, de la necesidad para un católico de aceptar la enseñanza magisterial según los grados de adhesión sancionados por aquel artículo y por la carta apostólica Ad tuendan fidem de Juan Pablo II. En síntesis, hay tres diversos niveles de vinculación de la enseñanza magisterial: como aclaraba una Nota explicativa del entonces Cardenal Ratzinger, en la función de Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, hay verdades que la Iglesia proclama divinamente reveladas y son, por lo tanto, irreformables y deben ser acogidas con “fe teologal”. Quien no cree en ellas, no es católico. Tales son los dogmas de fe, sobre los cuales, por otro lado, la FSSPX no tiene problema alguno (Mons. Fellay daba el ejemplo del dogma trinitario). Igual asentimiento de fe firme (e igual ausencia de problemas para la FSSPX) concierne a aquellas doctrinas sobre la fe o la moral no fundadas directamente sobre la Escritura, pero enseñadas por la Iglesia infaliblemente, porque así son proclamadas o reafirmadas siempre por el Magisterio. Ejemplos de este último tipo (que se leen precisamente en la Nota explicativa) son la imposibilidad de la ordenación femenina, la prohibición de la eutanasia, la canonización de los santos.

Requieren, en cambio, un “religioso obsequio de voluntad y entendimiento” aquellas enseñanzas del Magisterio del Pontífice o del Colegio de los Obispos que no se presentan como definitivas (tal vez porque contradicen precedentes enseñanzas: piénsese – el ejemplo es nuestro – en la prohibición de préstamo con intereses). La Nota de la Congregación para la Doctrina de la Fe se abstiene prudentemente de dar ejemplos de este tipo, tal vez porque sería como disminuir las enseñanzas que fuesen señaladas en esta categoría. El hecho es que las enseñanzas más controvertidas del Concilio, como también el Magisterio sucesivo que ha repetido aquellas enseñanzas, no podrían asumir un nivel de vinculación superior a éste, visto que el Concilio ha declarado no querer definir ninguna nueva “verdad” y que el hecho mismo de ser proposiciones, si no en “ruptura”, al menos en “reforma” respecto al Magisterio anterior, las priva necesariamente de todo carácter definitivo.

En la práctica, se pide a la Fraternidad suscribir la profesión de fe a la que está sujeto todo católico; parece algo muy factible. Pero alguno podría temer que aquella obligación de “religioso obsequio de voluntad y entendimiento”, si es aplicado a ciertas enseñanzas conciliares, pueda dificultar, o bien anular (con ciertas condiciones, es posible disentir – pero no en forma excesiva- de las enseñanzas no definitivas), el derecho de crítica al Concilio. Y aquí está la magnífica novedad.

Como informa el comunicado oficial de la Santa Sede, el Preámbulo deja “a una discusión legítima, el estudio y la explicación teológica de expresiones o formulaciones particulares presentes en los documentos del Concilio Vaticano II y del Magisterio sucesivo”. Nótese que el objeto de esta discusión, que es expresamente reconocida como “legítima”, no son sólo las interpretaciones de los documentos, sino el texto mismo de estos últimos: las “expresiones o formulaciones” usadas en los documentos conciliares.

Por lo tanto, estamos mucho más allá de la mera hermenéutica: se vuelve lícito criticar las palabras mismas (y no sólo el significado o la interpretación de aquellas palabras) que los Padres conciliares eligieron para componer los documentos. Si las palabras usadas en el preámbulo y luego en el comunicado oficial tienen un sentido, hay aquí una revolución copernicana en el acercamiento al Concilio: es decir, el cambio desde un mero plano exegético a uno sustancial (este es un punto que me parece ausente en el por otro lado bello análisis de don Morselli publicado en esta blog). En el discurso del 15 de agosto, Mons. Fellay decía que, para Roma, el Concilio es un tabú y que por eso se limita a criticar la envoltura externa, es decir, la interpretación. Ahora, en cambio, será lícito afrontar también el núcleo. Lo que implica además que aquellos pasajes textuales controvertidos, en cuanto libremente discutibles, no requieren ni siquiera aquel grado mínimo de adhesión que consiste en el “religioso obsequio”.

En sentido análogo se expresa también el padre Barthe, experto conocedor de asuntos eclesiales, en este iluminador artículo que os exhorto a leer, como también el vaticanista de Le Figaro.

Recordareis cómo, en los pasados meses, los ponderosos ensayos de un Gherardini o de un De Mattei han recibido apresuradas condenas (en lugar de profundizadas y meditadas críticas), basándose en la apriorística acusación de ponerse contra el Papa, que del Concilio ha criticado sólo la hermenéutica de la ruptura y no los textos en sí mismos, que alguno (pienso en el P. Cavalcoli o en Introvigne) quisieran “dogmatizar” al punto de considerarlos definitivos. Y bien, como a menudo sucede cuando se es más papistas que el Papa: Gherardini – De Mattei 1 / Equipo de los neocon 0.

Es un gran éxito para Mons. Fellay, para la Iglesia y para el Papa Benedicto, que se preocupa muchísimo por dos cosas: la curación de una dolorosa ruptura eclesial y el redimensionamiento del “tótem Concilio”, del cual ya en otros tiempos llegó a decir (Alocución a los obispos de Chile del 13 de julio de 1988):

“La verdad es que el mismo Concilio no ha definido ningún dogma y ha querido de modo consciente expresarse en un rango más modesto, meramente como Concilio pastoral; sin embargo, mu­chos lo interpretan como si fuera casi el superdogma que quita importancia a todo lo demás. […] No se tolera la crítica a las medidas del tiempo postconciliar; pero donde están en juego las antiguas reglas, o las grandes verdades de la fe –por ejemplo, la virginidad corporal de María, la resurrección corporal de Jesús, la inmortalidad del alma, etc.–, o bien no se reacciona en absoluto, o bien se hace sólo de forma extremadamente atenuada”.

Reflexiones sobre el Preambulo


Las negociaciones entre Roma y la FSSPX están encaminadas desde hace bastante. Roma, como publicamos recientemente entregó un preámbulo doctrinal que debe ser aceptado por la FSSPX y sobre cuyas bases se formará el acuerdo entre la mayor congregación tradicionalista y la Roma Neomodernista y Neoprotestante del Concilio Vaticano II. En base a estas negociaciones, el Vaticano ha permitido a la FSSPX que realice correcciones en el texto original del que aún no tenemos grandes noticias más allá de los rumores que han trascendido a algunos Blogs y sitios webs tradicionalistas.
Según el Padre Niklaus Pfluger, uno de los que compone el grupo de sacerdotes que analizan el texto que enviara Roma aseguró que estas correcciones tienen como único objeto el eliminar las ambigüedades que existen en el texto. De la misma manera insiste en que la Fraternidad no comprometerá a la Tradición como si lo hicieron otros grupos tradicionalistas en el pasado. En efecto, si algo pretende la FSSPX es evitar correr la misma suerte que el Instituto Buen Pastor o el San Felipe Neri: una tolerancia momentánea y una paulatina agonía, persecución y rechazo en las diócesis y sobre todo, el aceptar el Novus Ordo Missae como liturgia ordinaria. Pero esto nos lleva nuevamente al viejo problema ¿Por qué estamos luchando? ¿Es una cuestión litúrgica o es, como todo lo indica una cuestión doctrinal? ¿Qué tipo de acuerdo uede realizar la FSSPX con Roma sin comprometer la Fe y la Tradición? ¿Puede acaso la Fraternidad “convertir” a Roma de un plumazo? No, creemos que no. Aquí en Sursum Corda estamos convencidos que Roma dará a la FSSPX lo que esta quiera, porque en su doctrina modernista y universalista, el tradicionalismo de la Fraternidad puede coexistir con el movimiento neocatecumenal, ya que para los modernistas del Vaticano II la fe es un sentimiento subjetivo y personal.
Roma al confirmar la reunión de Asís y la beatificación de Juan Pablo II ha dejado en claro cual es su postura… la Fraternidad recibiendo el preámbulo también declaró cual era la suya: negociar. Una cosa podemos decir: la FSSPX no puede ser acusada de no haber intentado buscar una “salida negociada” con Roma. Además como afirma Padre Niklaus Pfluger Roma estaría en clara decadencia: crsis de vocaciones, disenso doctrinal, caos litúrgico… frente a esto se levanta la FSSPX en la cual las vocaciones abundan, pero también Roma es consciente que solamente tiene vocaciones entre las congregaciones y grupos “tradicionalistas”: la Opus, la San Pedro… marginadas y agonizantes en su estructura, principalmente por los ataques de los obispos diocesanos de la Iglesia Conciliar, sólo allí hay vocaciones, pocas, pero están, pocas pero permaneces como un reflejo lejano de la Verdad que en ellas se preserva, lejano sobre todo porque abandonaron la doctrina en busca de un “acuerdo”… recemos para que la Fraternidad no caiga en esta trampa, y menos, empujada por su Superior, quien parece ansioso, desde que Ratzinger es Papa de la Iglesia Conciliar, en firmar cualquier acuerdo.
Nosotros insistimos: No podemos.

Negociaciones FSSPX y Roma: la ausencia de Monseñor Williamson




Estimados amigos,
Hace unos días, nuestros hermanos de Holy Rosary Chapel publicaron el siguiente articulo y foto en la cual se destaca la ausencia de Monseñor Richard Williamson.

Autoridades de la FSSPX presentes en la reunión Albano

El 7 de octubre de 2011, se realizó una reunión de todos los responsables de la Sociedad de San Pío X en Albano, Italia, durante la cual el Superior General, SE Mons. Bernard Fellay, presentó el contenido del preámbulo doctrinal, que le entregó por el cardenal William Levada, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en el Vaticano, durante la reunión del pasado 14 de septiembre. Durante el día de hoy, los veintiocho a cargo de la Sociedad de San Pío X, presentes en la reunión -rectores de seminarios, superiores de distrito- manifestaron una profunda unidad en la voluntad de mantener la fe en su integridad y su plenitud, fieles a la lección que el arzobispo Marcel Lefebvre, quien como San Pablo dijo "Tradidi quod et accepi - he transmitido lo que recibí" (I Cor 15:3).

Luego de esta reunión de trabajo, el estudio del preámbulo doctrinal -cuyo contenido sigue siendo confidencial- se llevará a cabo y analizar más a nivel del Consejo General de la Sociedad de San Pío X, por el Superior General y sus dos ayudantes, PP. Niklaus Pfluger y Alain Nely, lo que les permitirá presentar una respuesta a la propuesta de Roma en un tiempo razonable.

sábado, 1 de octubre de 2011

La confesión por teléfono

Caso: Un cierto sacerdote llamado Pablo puso en juego todo tipo de artificios que le asegurarían la entrada a la casa de un francmasón, cuya esposa, María, yacía gravemente enferma, pero todo fue en vano. Estaba a punto de desesperar cuando descubrió que la casa tenía línea telefónica. Con la asistencia de un siervo de la casa, Pablo fue capaz de comunicarse con la mujer enferma, y, habiendo escuchado su “confesión” por teléfono, le dio la absolución condicional.

Ahora surge la pregunta: ¿actuó prudentemente Pablo? Tenemos que responder con una negativa, y por las razones que expondremos adelante.

Solución: Antes que nada, el penitente debe estar realmente presente ante el confesor, pues una persona ausente nunca puede recibir absolución. Esto lo sabemos, en primer lugar, a partir de la condenación hecha por el papa Clemente VIII de la siguiente proposición: “Licet per litteras seu inernuntium confessario absente absolutionem obtinere.” Y el papa Paulo V, aprobando la acción de Clemente, declaró que la condenación se extendería a ambos miembros de la proposición, incluso si se consideran separadamente. En segundo lugar, sabemos esto a partir del Concilio de Trento, el cual, hablando de la naturaleza del sacramento de la penitencia, dijo: “Christum ita instituisse hoc sacramentum, ut poenitentes voluerit auto hoc tribunal tamquam reos sisti, et per sacerdotum sententiam a peccatis liberari.” Estas palabras piden ni más ni menos que la presencia de un criminal ante el juez.

El penitente, entonces, debe estar presente ante el confesor. Pero ¿cómo?, ¿moral o físicamente? Los teólogos son nuestras guías en esta cuestión, y en esto son guías seguros, ya que todos están de acuerdo en exigir una presencia moral. ¿Qué, pues, es la presencia moral? Estos mismos teólogos nos dicen, si bien no diremos que definitiva o satisfactoriamente, que las personas se encuentran presentes moralmente la una respecto a la otra cuando pueden hablar con una voz ordinaria (voce communi), aunque sea en un tono más alto. También hallamos que algunos extienden esta presencia a veinte pasos. El límite, sin embargo, lo alcanzan aquellos teólogos que sostienen que la presencia moral requerida se obtiene si el confesor ve, o percibe por cualquier otro sentido, al penitente, y esto de manera natural o humana. Concluimos, pues, que la presencia requerida para una absolución válida se obtiene solo cuando el confesor puede percibir al penitente po.

Tan indefinida como sea esta noción de la presencia moral, la aplicaremos ahora al caso presente. Desde el comienzo, podemos decir que si se alcanza esta presencia, es solo con la ayuda del teléfono. Por ningún otro medio puede decirse que María, quien yace enferma en su casa, esté presente, sea física o moralmente, ante Pablo. Nuestra pregunta, entonces, solo está interesada con esta circunstancia de la comunicación. Con toda seguridad podemos decir que esta comunicación no elimina la distancia, ni hace que estén presentes los que, de facto, están a distancia, pues cuando mucho es solo un medio eficaz de comunicación entre personas ausentes. Esto no es nueva doctrina, pues si pedimos la opinión general de personas prudentes sobre este asunto, recibiremos el mismo veredicto: el teléfono no crea la presencia, sino que solo es un instrumento de comunicación con una persona ausente. Por el mero hecho, pues, de que dos personas estén en comunicación, no se sigue.

Como tememos que esta noción de la presencia moral sigue estando demasiado indefinida o demasiado abstracta, tomaremos ahora un ejemplo concreto, como lo es el escuchar Misa. Para cumplir nuestra obligación de escuchar Misa, debemos estar al menos presentes moralmente, de manera que podamos ser contados entre los números de los que asisten al ofrecimiento del Santo Sacrificio. ¿Podría lograrse esto por el teléfono? ¿Es probable que alguien admita que una persona puede escuchar Misa por teléfono? Seguramente que no. ¿Y por qué? Porque el teléfono no crea la presencia moral. Con todo, san Alfonso dice: “Praesentia pro absolutione majorem propinquitatem requirit quam pro audienda missa.” Con este ejemplo ante nosotros, podemos razonablemente sostener que la presencia moral, requerida por los teólogos, exige, si se nos permite la expresión, una cercanía local, y nosotros asimismo argüímos que se cambiaría el significado de las palabras al afi Nuestra próxima tarea será descubrir la mente de Jescucristo en lo conciernente a este asunto: la presencia requerida para la absolución válida. Nuestro Señor y Salvador Jesucristo instituyó siete medios de la gracia, llamados sacramentos. Estos siete sacramentos, vendría bien que observáramos, son entidades separadas instituidas, todas y cada una de ellas, para un propósito diferente. Un sacramento es una señal, una señal eficaz de la gracia. Una señal se compone de dos elementos: uno real o sensible, llamado materia, y el otro verbal, llamado forma. De los siete sacramentos, dos fueron instituidos in specie, esto es, Cristo no solo dio a la Iglesia la idea a simbolizar, sino que también dio la materia y la forma que constituyen el símbolo. Los otros cinco, Cristo los instituyó in genere, es decir, que dio a la Iglesia la idea a simbolizar, pero le dio libertad de escoger los instrumentos apropiados para significar la idea. El sacrameno de la penite

El Concilio de Trento nos dice que la Iglesia no puede cambiar, o mejor dicho, no puede hacer nada respecto a la sustancia de los sacramentos, esto es, la idea que Cristo tuvo al instituirlos. Si, entonces, nuestra noción de la presencia moral está incluida en la idea de Cristo, que es la sustancia del sacramento, la Iglesia no puede cambiar ni una sola jota o tilde. Si, por otra parte, está contenida en el símbolo, la Iglesia puede, a discresión suya y de acuerdo a las necesidades de los tiempos, cambiarla. Pero, de facto, hasta este momento no la ha modificado en ningún punto. Entonces, lo que debemos hacer es descubrir la mente de Cristo, su idea en este asunto.

Mas sobre esto nada hallamos en las enseñanzas de Cristo, y, por otra parte, la Iglesia ni una palabra al respecto dice en su magisterio. Debemos recurrir a los teólogos y a la práctica de la Iglesia para obtener una solución. Todos los teólogos enseñan que Cristo instituyó la penitencia para la remisión de todos los pecados cometidos después del bautismo; esa fue su idea. Pero lo que nos interesa especialmente es el símbolo o rito, en cuya determinación — admitimos — a la Iglesia se le dio cierta flexibilidad; nos interesa ese símbolo adecuado, el que claramente representa la idea de Cristo y que está compuesto de dos elementos, que los teólogos, por conveniencia, han llamado analógicamente materia y forma. Como ya hemos dicho, cada uno de los sacramentos tiene un símbolo o rito en el que pueden distinguirse estos dos elementos. Por tanto, esa misma relación — reconocerán todos — debe existir entre la materia y la forma de cadas.

Los teólogos siempre han enseñado que el penitente debe presentarse ante el confesor, como un criminal ante el juez. Siempre han exigido, para la validez de la absolución, que el penitente esté presente ante el confesor de manera que las palabras de la forma, pronunciadas de manera ordinaria, caigan sobre el penitente de igual manera. Esto la Iglesia siempre ha exigido, y, como vemos a partir de su práctica, siempre ha obtenido. Esto, entonces, es la idea de Cristo, que exige esta presencia para la validez de la absolución. Mas esta presencia no se obtiene, obviamente, por el teléfono, como admiten todos los teólogos, y ninguna necesidad, sin importar cuán grave, puede suplirla, aunque algunos teólogos, por un extraño razonar, llegan a esta conclusión.

El caso de estos últimos teólogos no está totalmente sin remedio, pero tendrían alguna probabilidad en su favor si la voz humana fuera oída por el teléfono, pues entonces, habría una leve probabilidad de que el teléfono creara la presencia moral. En esta cuestión, debemos recurrir a la ciencia. ¿Qué dice ella? Su veredicto es que no escuchamos la voz humana, sino solo una reproducción material, o mejor dicho, un efecto material de la voz. Tras una larga lucha, quizá logremos que admita que tal vez sí se escucha la voz humana, pero se necesita más que eso para producir una leve probabilidad de presencia moral, pues una leve probabilidad es una verdadera probabilidad, y, consecuentemente, exige un buen y sólido motivo. Se llama leve probabilidad no porque tiene su fundamento en un motivo leve, sino porque es de un grado menor que la verdadera probabilidad. Sostenemos, entonces, que no se tiene una leve probabilidad en este caso, y aun así se necesita una leve.

Por estas razones, concluimos que la presencia, necesaria para la validez de la absolución, no se obtiene por el medio de comunicación llamado teléfono.

Lutero, el perfecto hereje


Luego de que Ratzinger/Benedicto XVI elogiara nuevamente al heresiarca Martín Lutero, el amigo Marcelo, visitante de este Blog nos remitió un par de artículos muy interesantes sobre la cuestión; es así que publicamos el texto de Jose Iraburu "Lutero, el perfecto hereje".


El próximo 31 de octubre se cumplirá un nuevo aniversario de las 95 tesis clavadas en 1517 por Lutero en la puerta de la iglesia del palacio de Wittenberg. Son varias las publicaciones recientes sobre Lutero, en las que se le muestra como enamorado de la Biblia y difusor de la misma en el pueblo, reformador de una Iglesia romana corrompida en su tiempo, etc. Parece, pues, oportuno hacer algunas verificaciones.
No fue reformador de costumbres, sino de doctrinas. La tesis de que la decadencia moral de la Iglesia, bajo los Papas renacentistas, había llegado a un extremo intolerable, y que Lutero encabezó a los «protestantes» contra esta situación, exigiendo una «reforma», es falsa, y ningún historiador actual es capaz de sostenerla. Entre otras razones, porque el mismo Lutero desecha esa interpretación de su obra en numerosas declaraciones explícitas: «Yo no impugno las malas costumbres, sino las doctrinas impías».
Lutero combatió con todas sus fuerzas la doctrina de la Iglesia Católica. Para empezar, arrasó con la Biblia, ya que dejándola a merced del libre examen, cambió la infalible y única Palabra divina por una variedad innumerable y contradictoria de falibles palabras humanas. Se llevó por delante la sucesión apostólica, el sacerdocio ministerial, los obispos y sacerdotes, la doctrina de Padres y Concilios. Eliminó la Eucaristía, en cuanto sacrificio de la redención. Destruyó la devoción y el culto a la Santísima Virgen y a los santos, los votos y la vida religiosa, la función benéfica de la ley eclesiástica.
Dejó en uno y medio los siete sacramentos. Afirmó, partiendo de la corrupción total del hombre por el pecado original, que «la razón es la grandísima puta del diablo, una puta comida por la sarna y la lepra». Y por la misma causa, y con igual apasionamiento, negó la libertad del hombre, estimando que «lo más seguro y religioso» sería que el mismo término «libre arbitrio» desapareciera del lenguaje. Como lógica consecuencia, negó también la necesidad de las buenas obras para la salvación. En fin, con sus «respuestas correctas», según escribe un autor de hoy, destruyó prácticamente todo el cristianismo, destrozando de paso la cristiandad.
Fue el mayor insultador del Reino: «Toda la Iglesia del Papa es una Iglesia de putas y hermafroditas», y que el mismo Papa es «un loco furioso, un falsificador de la historia, un mentiroso, un blasfemo», un cerdo, un burro y todos los actos pontificios están «sellados con la mierda del diablo, y escritos con los pedos del asno-papa». Podrían llenarse innumerables páginas con frases semejantes o peores. Los teólogos católicos del tiempo de Lutero rechazaron sus tesis, ganándose de su parte los calificativos previsibles. La Facultad de París es «la sinagoga condenada del diablo, la más abominable ramera intelectual que ha vivido bajo el sol». Y los teólogos de Lovaina son «asnos groseros, puercos malditos, panzas de blasfemias, cochinos epicúreos, herejes e idólatras, caldo maldito del infierno». Y añadía: «Soy yo quien lo afirmo, yo, el doctor Martín Lutero, hablando en nombre del Espíritu Santo[...] No admito que mi doctrina pueda juzgarla nadie, ni aun los ángeles. Quien no escuche mi doctrina no puede salvarse».
Con ocasión del levantamiento de los campesinos, que exigían, primero por las buenas y luego por las malas, lo que estimaban que eran sus derechos, escribe Lutero una durísima invectiva: «Al sedicioso hay que abatirlo, estrangularlo y matarlo privada o públicamente, pues nada hay más venenoso, perjudicial y diabólico que un promotor de sediciones». Muy suave fue, en cambio, con los poderosos príncipes alemanes, a fin de ganar su favor. Los resultados de la predicación de Lutero fueron devastadores en la moral del pueblo, y él mismo lo reconoce: «Desde que la tiranía del Papa ha terminado para nosotros, todos desprecian la doctrina pura y saludable. No tenemos ya aspecto de hombres, sino de verdaderos brutos». De sus seguidores afirmaba que «son siete veces peores que antes».
A Zwinglio le escribe espantado: «Le asusta a uno ver cómo donde en un tiempo todo era tranquilidad, ahora hay dondequiera sectas y facciones [...] Me veo obligado a confesarlo: mi doctrina ha producido muchos escándalos. Sí; no lo puedo negar; estas cosas frecuentemente me aterran». Y aún preveía desastres mayores. Un día le confió a su amigo Melanchton: «¿Cuántos maestros distintos surgirán en el siglo próximo? La confusión llegará al colmo». Así fue. Y así ha sido en progresión acelerada, hasta llegar a la gran apostasía actual de las antiguas naciones católicas.