sábado, 28 de enero de 2012

El limbo, un lugar inexistente

Debido a la gran cantidad de correos electrónicos que recibí tras la publicación de una breve entrada haciendo referencia a la hipótesis del "limbo", he decidido, luego de que también me fuera sugerido por algunos amigos, publicar de forma completa la entrada del día 8 de febrero de 2010 donde traté de demostrar que la inexistencia del limbo y como éste fue, en su origen una invención pelagiana.


EL LIMBO: UN LUGAR INEXISTENTE.


Cuando hace muy poco tiempo la Comisión teológica Internacional redactó un texto donde se expresaba no ser un dogma de fe el “limbo” muchos consideraron que por solo eso se corroboraba una herejía más de parte de Ratzinger y toda la cúpula conciliar. Sin embargo, como bien señalaron autores como el Padre Anthony Cekada en eso ni la comisión teológica, ni los modernistas del Vaticano habían incurrido en ningún error. Uno puede ser perfectamente católico, plenamente ortodoxo y fiel a la Santa Doctrina sin creer en el limbo. El problema radicaba en las consecuencias que en la mente modernista se deribaban de la inexistencia de tal “lugar”: los niños muertos sin bautizar iban al paraíso donde gozarían de visión beatífica junto con los salvos.
En el presente texto demostraremos: en primer lugar que el limbo no puede ser jamás un dogma de fe católico porque constituye en sí mismo un error teológico que si bien no es herético, es próximo a la herejía semi-pelagiana, y en segundo lugar que el Vaticano, con su jerarquía modernista incurre en la herejía pelagiana toda vez que niega la existencia de la transmisión del Pecado Original.


La caída y la Gracia.
Es dogma católico que con la caída de nuestros padres (el pecado original) la naturaleza humana quedó terriblemente herída, el genero humano “hecho inmundo” (Is 64,4) perdio completamente la inocencia y así, despojados de todas las virtudes, fue arrojado del Paraíso. El hombre, quedó entonces como un esclavo del pecado y del Demonio, lejos de Dios se hizo merecedor del infierno.
Esta falta no quedó en Adán, como sostenían los pelagianos y los reformadores del Siglo XVI (Wycliff y Zwilingo), ni se borró en el vientre materno de los predestinados (como imaginó Calvino), sino que el Concilio de Trento afima:

Si alguno afirma que la prevaricación de Adán le dañó a él solo y no a su descendencia; que la santidad y justicia recibida de Dios, que él perdió, la perdió para sí solo y no también para nosotros; o que, manchado él por el pecado de desobediencia, sólo transmitió a todo el género humano la muerte y las penas
del cuerpo, pero no el pecado que es muerte del alma: sea anatema, pues
contradice al Apóstol que dice: Por un solo hombre entró el pecado en el
mundo, y por el pecado la muerte, y así a todos los hombres pasó la muerte,
por cuanto todos habían pecado [Rom. 5, 12; v. 175] (Dz 789)



A raíz de esto es imposible, como enseñó San Agustín que el hombre pueda agradar a Dios, para ello debe ser justificado, como repitió dogmáticamente el Sacrosanto Concilio de Trento. ¿Qué es la justificación? Es el acto que lleva al hombre del Estado de Caída al Estado de Gracia, que nos regenera y nos permite permanecer en el camino de Dios durante la vida y después de la muerte, contemplarlo y adorarlo en su Santa Presencia.
Quienes mueren en pecado no son sino merecedores del infierno por culpa propia. Dios no castiga a nadie si no es por su propia culpa. Somos merecedores del infierno por todos nuestros pecados y si nos mantenemos en la Fe, en la Verdad y en la Vida no es por nuestros méritos, sino por la Gracia de Dios que nos permite obrar bien y sostenernos. Sin la gracia no somos nada. Es por ello que debemos, en nuestras oraciones pedirle a Dios que nos la aumente, debemos confesarnos periódicamente, debemos acercarnos al Santísimo y adorarle, debemos comulgar espiritualmente en caso de estar en pecado, pidiendo al Señor que nos de la Gracia de levantarnos de nuestra caída y que así, limpios por la Gracia podamos hincarnos de rodillas y recibirle sacramentalmente.


El bautismo.

El Bautismo es un sacramento absolutamente necesario para la justificación. Sin el bautismo nadie, absolutamente nadie puede aspirar a la salvación de su alma, sino que por el contrario se condena. El Bautismo nos limpia del Pecado Original y nos hace hijos de Dios:

El primer lugar entre los sacramentos lo ocupa el santo bautismo, que es
la puerta de la vida espiritual, pues por él nos hacemos miembros de Cristo y
del cuerpo de la Iglesia. Y habiendo por el primer hombre entrado la muerte en
todos, si no renacemos por el agua y el Espíritu, como dice la Verdad, no podemos entrar en el reino de los cielos [cf. Ioh. 3, 5]. La materia de este sacramento es el agua verdadera y natural, y lo mismo da que sea caliente o fría. Y la forma es: Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. (…) El efecto de este sacramento es la remisión de toda culpa original y actual, y también de toda la pena que por la culpa misma se debe. Por eso no ha de imponerse a los bautizados satisfacción alguna por los pecados pasados, sino que, si mueren antes de cometer alguna culpa, llegan inmediatamente al reino de los cielos y a la visión de Dios.
(Dz 696: Concilio de Florencia)



Nadie puede aspirar a la Gloria del Padre sin el bautismo, por ello el Concilio de Florencia decretó en la Cantate Domino .
Firmemente cree, profesa y predica que nadie que no esté dentro de la Iglesia Católica, no sólo paganos, sino también judíos o herejes y cismáticos, puede hacerse participe de la vida eterna, sino que irá al fuego eterno que está aparejado para el diablo y sus ángeles [Mt. 25, 41], a no ser que antes de su muerte se uniere con ella; y que es de tanto precio la unidad en el cuerpo de la Iglesia, que sólo a quienes en él permanecen les aprovechan para su salvación los sacramentos y producen premios eternos los ayunos, limosnas y demás oficios de piedad y ejercicios de la milicia cristiana. Y que nadie, por más limosnas que hiciere, aun cuando derramare su sangre por el nombre de Cristo, puede salvarse, si no permaneciere en el seno y unidad de la Iglesia Católica

Remarquemos esto:

¿Puede salvarse alguien que esté sin bautizar por sus “Buenas obras”?
No.

¿Puede algún judío, pagano, o hereje salvarse por “obrar bien”?
No, no puede.

¿Pero si estaba “de buena fe” en el error?
El texto del Concilio es claro: irá al fuego eterno que está aparejado
para el diablo y sus ángeles.

¿Puede un catecúmeno que derrama su sangre por Cristo salvarse?
El Concilio dice que nadie que no esté bautizado con agua, de forma sacramental puede salvarse.


Esto es un dogma de fe, esta es la regla que tenemos que seguir sin dudar. No tenemos derecho a “atemperar” el magisterio por razones humanitarias, por lo que nos gustaría que fuera. La Iglesia habla, nosotros no solo escuchamos, sino que tenemos que someternos a su juicio infalible.
Para rematar podemos citar al II Concilio de Orange:


Si alguno porfía que pueden venir a la gracia del bautismo unos por misericordia, otros en cambio por el libre albedrío que consta estar viciado en todos los que han nacido de la prevaricación del primer hombre, se muestra ajeno a la recta fe. Porque ése no afirma que el libre albedrío de todos quedó debilitado por el pecado del primer hombre o, ciertamente, piensa que quedó herido de modo que algunos, no obstante, pueden sin la revelación de Dios conquistar por sí mismos el misterio de la eterna salvación. Cuán contrario sea ello, el Señor mismo lo prueba, al atestiguar que no algunos, sino ninguno puede venir a El, sino aquel a quien el Padre atrajere [Ioh. 6, 44]; así como al bienaventurado Pedro le dice: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Joná, porque ni la carne ni la sangre te lo ha revelado, sino mi Padre que está en los cielos [Mt. 16, 17]; y el Apóstol: Nadie puede decir Señor a Jesús, sino en el Espíritu
Santo [1 Cor. 12, 3] (Dz 181)
El magisterio es claro: nadie, absolutamente nadie que no fuera bautizado (hombre o mujer, adulto o niño) puede ser merecedor de la Gracia y de la Vida Eterna, sino que por el contrario es arrojado al infierno.


Pelagianos y semipelagianos en el origen del limbo.

Pero la pregunta vuelve al origen: ¿Qué pasa con un niño que muere sin bautizar? Para ello tenemos que situar dos herejías: la pelagiana y el semipelagianismo, que puede ser interpretado como herejía pura o como un error teológico que intentó conciliar las tesis pelagianas con la ortodoxia de la fe. San Vicente de Lerins fue un semipelagiano, se enfrentó a San Agustín… pero la Iglesia alabó al Santo de Hipona:

A Agustín, varón de santa memoria, por su vida y sus merecimientos, le tuvimos siempre en nuestra comunión y jamás le salpicó ni el rumor de sospecha siniestra; y recordamos que fué hombre de tan grande ciencia, que ya antes fué siempre contado por mis mismos predecesores entre los mejores maestros.

Y su doctrina sobre la gracia es considerada infalible y libre de todo error:

Qué siga y guarde la Iglesia Romana, es decir, la Iglesia Católica, acerca del libre albedrío y la gracia de Dios, si bien puede copiosamente conocerse por varios libros del bienaventurado Agustín; sin embargo, en los archivos eclesiásticos hay capítulos expresos que, si ahí faltan y los creéis necesarios, os los remitiremos. Aunque quien diligentemente considere los dichos del Apóstol, ha de conocer con evidencia lo que ha de seguir. (San Hormisdas,Sicut rationi Dz 173a)



Los pelagianos sostenían que los niños recien nacidos estaban en el mismo estado que Adán previo a la caída, es decir, estaban en estado de gracia y que al morir podían gozar de la visión beatífica.
El mismo Pelagio, luego de las condenas iniciales escribió un trabajo titulado “De libero arbitrio libri IV”, allí el hereje sostenía que los niños podían ser bautizados, sin embargo a estos el sacramento solo serviría para que entren en el Reino de Dios, porque los no bautizados aun excluidos del Reino de Dios gozaban de la vida eterna en un “tercer lugar”. Esto fue ampliado por sus discípulos. En ese tercer lugar, o lugar intermedio, los que morían sin bautizar gozaban de una felicidad terrena y no sufrían nada más que la exclusión del Reino de Dios, es decir, la visión beatífica.
La Iglesia Conciliar del Vaticano II va mas allá de esto y regresa a la posición inicial de Pelagio: los niños no bautizados acceden a la Gloria de Dios porque están libres de todo pecado. Están predestinados a la salvación y son puros de cualquier reato o mácula del Pecado Original. Todo esto fue condenado y el bautismo declarado necesario como dogma de fe.


Condena al pelagianismo y al “lugar intermedio”.

El XIV Concilio de Cartago, convocado contra los pelagianos y semipelagianos fijó la doctrina a seguirse respecto a la gracia y al bautismo. En él la influencia de San Agustín es evidentísima, quien lee esos cánones no puede sino remitirse continuamente a los escritos del gran Santo de Hipona.
El cánon segundo atacaba directamente la doctrina pelagiana de los niños nacidos en estado de gracia. De la misma forma ataca al “lugar intermedio” donde supuestamente los infantes no bautizados gozarían de una felicidad terrena. El texto es muy elocuente y nos muestra la verdad, asegurando su enseñanza en la Sagrada Escritura:


Igualmente plugo: Si alguno dijere que el Señor dijo: En la casa de mi Padre hay
muchas moradas (Ioh 14, 2), para que se entienda que en el reino de los cielos
habrá algún lugar intermedio o lugar alguno en otra parte, donde viven
bienaventurados los niños pequeños que salieron de esta vida sin el bautismo,
sin el cual no pueden entrar en el reino de los cielos que es la vida eterna,
sea anatema. Pues como quiera que el Señor dice: Si uno no renaciere del agua y
del Espíritu Santo, no entrará en el reino de los cielos (Ioh. 3, 5), ¿Qué
católico puede dudar que será partícipe del diablo el que no mereció ser
coheredero de Cristo? Porque el que no está a la derecha, irá sin duda alguna a
la izquierda.



Conclusión:
La doctrina del limbo entendida como un lugar intermedio de felicidad terrana, donde las almas de los niños sin bautizar no sufren otra cosa que la sola privación de la visión beatífica es muy cercana a las tesis pelaginas.
Yo personalmente, prefiero creer que el limbo no existe y que aquellos que mueren sin bautizar son arrojados al infierno, portadores del Pecado Original y por lo tanto aborrecibles a los ojos de Dios, tal como enseñó San Pablo, San Agustín y confirmaron los Concilios Ecuménicos.
Se que mi postura (que no es mía, sino la del Magisterio de la Iglesia) puede ser “poco estética”. Habrá quienes digan que la no existencia del limbo quita la misericordia a Dios. ¿Quiénes somos para juzgar la misericordia divina? ¿Somos más que Dios? Él nos salva gratuitamente, no nos debe nada, y salva a quien el quiere por su libre y magnífica voluntad. Dios salva a algunos para mostrar su misericordia, mientras que condena a los pecadores e impíos para mostrar su justicia.

miércoles, 25 de enero de 2012

Deconstruyendo la sociedad moderna por Leonardo Rodriguez

Desde hace ya algún tiempo me preocupan, y más que preocuparme, me angustian los pasos agigantados con que el hombre moderno está corriendo afanosamente hacia la construcción de una sociedad edificada totalmente sobre la adoración de la libertad individual.



Con estas palabras comienza la serie de ensayos con los que mi querido amigo Leonardo Rodriguez se propone deconstruir la sociedad moderna, en sus palabras. Tarea digna de elogio es la que se propone este gran intelectual colombiano que, desde su blog Intinerarium Mentis aporta un poco de sana luz, desde la sana filosofìa contra los males y errores del mundo moderno.
Desde luego, les recomiendo que sigan esta serie de ensayos y por supuesto, el blog de nuestro amigo.

Saludos a nuestros visitantes

Estoy muy contento de haber podido retomar el Blog que, como muchos de ustedes saben quedó un poco desatendido durante los últimos meses del pasado año. Quiero aprovechar esta entrada para saludar a los amigos que alientan este Blog. Muy especialmente a Leonardo Rodriguez, al Padre Mauricio, el Padre Gustavo y el Padre Emilio de la Sociedad Religiosa San Luis Rey de Francia y también a nuestro amigo de los Estados Unidos el Padre Brown. Desde luego que a nuestro querido José Luis Juan y a todos aquellos que nos han visitado, cada día. Sursum Corda tiene desde su apertura 146.242 visitantes provenientes de todo el mundo.
Finalmente mis saludos son para dos personas, para Monseñor S. Süller que siempre nos visita y gusta de hablar de nosotros y para la persona que entró a nuestro Blog desde la Ciudad del Vaticano.
A todos ustedes ¡Gracias!




El Bautismo: lo que dice el Magisterio


El bautismo es absolutamente necesario para la salvación, por ello es el primer sacramento. En efecto, Nuestro Señor dijo que quien no renaciera del agus y el Espíritu no podría entrar en el Reino de los Cielos (Jn 3: 5). En vez de escribir sobre la naturaleza de este magnífico sacramento por el cual somos lavados del Pecado Original, quisiera dejar a ustedes glosas del Magisterio de la Iglesia, las cuales deben ser tenidas como reglas de fe. Como hicimos referencia en el texto sobre la hipótesis del limbo (que yo, personalmente rechazo como erronea)
Para ilustrar esta entrada he decidido colocar la hermosa fotografía donde se puede apreciar al Padre Gustavo Peña de la Sociedad Religiosa San Luis Rey de Francia administrando el bautismo a la niña Brenda Magali Rafael. Para más fotografías y crónicas del evento, como siempre, les recomiendo visitar el sitio de nuestros amigos.



DOCUMENTOS DEL II CONCILIO DE ORANGE. CONFIRMADO POR EL PAPA BONIFACIO II. CONTRA LOS SEMIPELAGIANOS.



Can. 5. Si alguno dice que está naturalmente en nosotros lo mismo el aumento que el inicio de la fe y hasta el afecto de credulidad por el que creemos en Aquel que justifica al impío y que llegamos a la regeneración del sagrada bautismo, no por don de la gracia - es decir, por inspiración del Espíritu Santo, que corrige nuestra voluntad de la infidelidad a la fe, de la impiedad a la piedad --, se muestra enemigo de los dogmas apostólicos, como quiera que el bienaventurado Pablo dice: Confiamos que quien empezó en vosotros la obra buena, la acabará hasta el día de Cristo Jesús [Phil. 1, 6]; y aquello: A vosotros se os ha concedido por Cristo, no sólo que creáis en El, sino también que por El padezcáis [Phil. 1, 29]; y: De gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, puesto que es don de Dios [Eph. 2, 8]. Porque quienes dicen que la fe, por la que creemos en Dios es natural, definen en cierto modo que son fieles todos aquellos que son ajenos a la Iglesia de Dios.

Can. 8. Si alguno porfía que pueden venir a la gracia del bautismo unos por misericordia, otros en cambio por el libre albedrío que consta estar viciado en todos los que han nacido de la prevaricación del primer hombre, se muestra ajeno a la recta fe. Porque ése no afirma que el libre albedrío de todos quedó debilitado por el pecado del primer hombre o, ciertamente, piensa que quedó herido de modo que algunos, no obstante, pueden sin la revelación de Dios conquistar por sí mismos el misterio de la eterna salvación. Cuán contrario sea ello, el Señor mismo lo prueba, al atestiguar que no algunos, sino ninguno puede venir a El, sino aquel a quien el Padre atrajere [Ioh. 6,44]; así como al bienaventurado Pedro le dice: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Joná, porque ni la carne ni la sangre te lo ha revelado, sino mi Padre que está en los cielos [Mt. 16, 17]; y el Apóstol: Nadie puede decir Señor a
Jesús, sino en el Espíritu Santo [1 Cor. 12, 3].

Can. 13. De la reparación del libre albedrío. El albedrío de la voluntad, debilitado en el primer hombre, no puede repararse sino por la gracia del bautismo; lo perdido no puede ser devuelto, sino por el que pudo darlo. De ahí que la verdad misma diga: Sí el Hijo os liberare, entonces seréis verdaderamente libres [Ioh. 8, 36].

martes, 24 de enero de 2012

El limbo, una hipótesis teológica

Un apologista de la tradición católica ha defendido en el foro Micael la existencia del Limbo situándola como un dogma de fe. Todos sabemos el revuelo que se armó cuando Ratzinger/Benedicto XVI “derogó” el limbo y declaró que los niños que morían sin bautismo podían ser llevados al Paraíso. Si bien la tesis que expone Ratzinger sobre la visión beatífica de los que mueren sin bautismo es una herejía, la misma no está en la cuestión del limbo en sí, sino en el pecado original. Ratzinger demuestra así su adhesión a la herejía pelagiana.
Sin embargo quisiera volver a un tema que ya tratamos en Sursum Corda: la existencia del limbo como mera hipótesis teológica. Los católicos no estamos obligados a creer en el limbo, antes bien, debemos considerar que este lugar, teóricamente y sólo teóricamente debe entenderse como una parte del infierno. Creer, como muchos católicos tradicionalistas se empecinan en que el limbo es una suerte de lugar intermedio es herejía semipelagiana.
Las abundantes citas que el forista Malaquías colocó en el Foro precitado demuestran precisamente que, según la Doctrina de la Iglesia quienes mueren sin bautismo NO SON FIELES Y POR LO TANTO NO TIENEN DERECHO A LA FELICIDAD ETERNA DEL PARAÍSO, ANTES BIEN SON PRECIPITADOS AL INFIERNO. Que las penas que estos sufren sean menores que las de aquellos que mueren en pecado mortal o no es indiferente, ya que el sólo pecado original es pecado y raíz de todos los demás.
Es por ello que me atrevo a recomendar la lectura de la entrada “El limbo: un lugar inexistente

lunes, 23 de enero de 2012

Caballero de la inmaculada publica falsas profecías

Cuando comencé a ver que en el Blog del Caballero de la Inmaculada se habían comenzado a publicar mensajes que alguien llamado “Enoc” supuestamente recibía me sobresalté. ¿Podía dar crédito a mis ojos? ¿Cómo era posible que un defensor de la fe, un apologista que por medio de su Blog luchaba contra los errores de la Iglesia Conciliar estuviera dando lugar a un”vidente”? Más preocupación me causó que, precisamente una gran cantidad de católicos me escribiera citando como autoridad las “visiones” que recibía ese tal Enoc.
He decidido copiar tan sólo uno de esos mensajes como ejemplo, ponerlo en bastardillas y señalar, debajo de cada párrafo los errores y herejías que en él se encuentran; mis comentarios están en rojo. Convido a todos los católicos a estar prevenidos contra estos mensajes que no son sino producto de la mente de los hombres o interferencias del maligno.


Hijitos de mi corazón, que la paz de Dios esté con vosotros y mi protección maternal os asista siempre.

La inmensa mayoría de la humanidad cabalga desbocada al abismo, que está abierto para recibir a tantas almas que no han querido acogerse a los llamados a la conversión que el cielo está haciendo. Los enviados de mi Padre no son escuchados y los mensajes del cielo son puestos en duda y despreciados. Va a llegar la justicia de Dios y muchos se perderán, porque andan como en los tiempos de Noé, preocupados sólo de las cosas de este mundo. Ayer fue el diluvio y para estos últimos tiempos será el fuego de la justicia divina, quien restablecerá el orden y el derecho en la creación.


Los llamados a la conversión se hicieron ya, no se hacen ahora, que es el tiempo de la resistencia. La temporalidad es propia de las creaturas no de Dios que está fuera del tiempo (San Agustín retomando a Platón). Decir que Dios está llando a los hombres a volver a la Fe implicaría que Dios no puede hacer algo, cuando para él potencia y acto son la misma cosa. La "visión" tiene importantes falencias en filosofía.
El abismo está preparado para el Demonio, sus ángeles y aquellos cuyos nombre no están en el Libro de la Vida (Apoc 20:15). En cuanto “los mensajes del cielo son puestos en duda y despreciados” nos asiste el derecho y la Escritura (Apoc 2: 2)

Hijitos, yo soy el Arca de la Nueva Alianza de estos últimos tiempos; escuchad mis llamados y dejad vuestra terquedad, porque la noche está llegando y si persistís en negaros a escuchar la voz de Dios a través de sus mensajes y manifestaciones, os aseguro que no encontraréis refugio en los días de purificación. La quietud del cosmos llama a la conversión; muy pronto todos los elementos del universo se conmocionarán y la vida en vuestro mundo ya no será lo mismo. Fenómenos cósmicos se darán en el universo, los planetas cambiarán su curso, las estrellas chocarán y el sol y la luna se oscurecerán. Los mares destruirán ciudades y el fuego que brotará de las entrañas de la tierra, hará estremecer el planeta; los continentes se fusionarán y naciones enteras desaparecerán; todo cambiará en fracciones de segundo; este mundo que conocéis sufrirá grandes cambios.

Mensaje completamente herético. Si bien la piedad otorgó a la Virgen el título de Arca de la Alianza, la formula “el Arca de la Nueva Alianza de estos últimos tiempos” es una novedad absoluta y peligrosa. EL Arca de la Alianza es la Iglesia Católica fuera de la cual no hay ni salvación ni perdón de los pecados. Lo que propone la “visión” sería poner nuestra fe en María, es decir, no colocarla en Cristo, lo cual implica culto de adoración a la “visión” en sí. Además es herético creer que debemos someternos al “mensaje”. La Revelación Divina se cerró con la muerte del último Apostol tal como señala la Doctrina de la Iglesia. Es dogma de fe creer y profesar públicamente que la revelación está cerrada, lo contrario es herejía. Finalmente de ocurrir un cataclismo como el que señala esta “visión”, por lo menos a lo que las placas tectónicas se refiere,m bastaría para que toda la humanidad muriera. Tal vez así se adelantaría el juicio final… perdón, no quise ofender a nadie. Sigamos.


La caída total de la economía hará que muchos pierdan la cabeza, lo que llamáis dinero rodará por el suelo y nadie lo recogerá; será basura que ya no servirá para satisfacer vuestras necesidades. ¡Pobres de aquellos que han puesto su fe y confianza en las cosas de este mundo, porque muy pronto recibirán su paga!.

¿Eh? No es para bromas pero por las dudas a no renovar un plazo fijo ni comprar acciones.
Hijitos míos, recogeos y tomaos de Mi, yo soy el Arca que os llevará a puerto seguro; no despreciéis esta oportunidad; refugiaos en Mi, y encontraréis abrigo y consuelo, para que podáis enfrentar los días de purificación que se acercan. Mi adversario ha empezado a desplegar sus emisarios y sus falsos profetas, no creáis en sus mentiras, no los escuchéis, ellos os anunciarán la venida de un falso dios, de una falsa paz; pregonarán mentiras por doquier y difamarán a los profetas de Dios; cuidaos de ellos, porque ya están infiltrados entre vosotros, pueblo de Dios.

Herético. La Gracia es la que nos lleva a Cristo, no el mensaje de la supuesta virgen que según el tal Enoc habló con él. Suponiendo que el Adversario del que se habla es el Demonio, es el adversario de la Salvación de los Hombres, el enemigo de la raza humana y de Dios mismo, no de la Virgen. En todo caso sería el opuesto a la Virgen María ya que esta es el modelo de la Fe y el sometimiento a la voluntad de Dios mientras que el lema de Lucifer fue “No serviré”. Además es muy astuto y típico de las falsas visiones tachar de malignos y emisarios del demonio a todos aquellos que las ponen en entredicho y quieren probarlas. Para más información recomiendo la lectura de la tercera parte del libro e Garrigou-Lagrange “Las tres edades de la vida interior”.

No creáis hijitos míos, en los seres infernales llamados extraterrestres, son emisarios del mal que vendrán a la tierra a engañar a muchos diciendo que son seres de luz y que vienen a establecer un nuevo mundo y a traer la paz y la armonía a los hombres. Todos ellos son ángeles caídos, disfrazados de bondad, pero su esencia es la maldad; vienen a preparar el camino para la aparición del falso dios. ¡Oh, que tristeza me embarga al ver que muchos se perderán al escuchar las doctrinas y enseñanzas de estos seres de maldad!. Escuchad hijitos míos, lo que dice la Palabra de Dios: al final de los tiempos muchos se perderán, porque renegarán de la fe, dando oídos a espíritus seductores y enseñanzas diabólicas (1 Timoteo 4, 1).

¿Eh? Extraterrestres… si. Claro. Los que se perderán siguiendo las falsas doctrinas a las que alude esta “visión” son precisamente los que vayan tras las novedades en vez de aferrarse a la Doctrina Católica que fue entregada por Cristo, que se encuentra en la Escritura y en la Tradición Apostólica.

Mi adversario es astuto y conoce la debilidad de los hombres y más en estos tiempos de tanta apostasía; aprovechará la falta de fe de algunos, para robarles el alma. Os prevengo pues hijitos míos, para que no prestéis atención a mensajes de seres iluminados llamados extraterrestres, ni oigáis sus enseñanzas, porque todo es un engaño de mi adversario. Mi adversario quiere apartaros del verdadero camino, de la verdadera verdad y vida, que es mi Hijo; estad pues alerta y vigilantes, para que no caigáis en las trampas sutiles que mi adversario y sus emisarios del mal os tenderán, para que reneguéis de la fe y perdáis vuestra alma. Solo hay un camino para llegar a la gloria de Dios y es a través de la purificación, lo demás es un engaño; cuidaos pues mis pequeños de caer en estas trampas, porque muy pronto aparecerán los mensajeros del mal, haciendo señales y prodigios y anunciando la venida de un ser iluminado que traerá la paz y resolverá todos los problemas de la humanidad. No sigáis a esos discípulos del mal, porque los que buscan es robaros el alma. Que mi amor y mi protección maternal permanezca entre vosotros, hijitos de mi corazón. Yo soy vuestra Madre María Santificadora.
Dad a conocer mis mensajes de salvación a toda la humanidad.



Más allá de la españolísima forma de hablar de la esta “virgen” el final del mensaje es completamente herético. Exige que pongamos nuestra fe y confianza no en Cristo sino en el mensaje en sí, advirtiéndonos de unos supuestos demonios disfrazados de extraterrestres. Además, “Solo hay un camino para llegar a la gloria de Dios y es a través de la purificación, lo demás es un engaño” es erróneo, falso y herético, pues el camino para llegar a Dios es la Gracia de la Fe, gracia primera y madre de todas las demás, pues quien no tiene la Fe, quien carece de la Gracia, nada puede hacer. Así lo definió el Canon 20 del II Concilio de Orange:
«Que el hombre no puede nada, bueno sin Dios. Muchos bienes hace Dios en el hombre, que no hace el hombre; ningún bien, empero, hace el hombre que no otorgue Dios que lo haga el hombre» (Dz 190).


Llamamos a la razón al Caballero de la Inmaculada para que deje de publicar estas cosas y siga, como en un tiempo, defendiendo la Fe.

Los niños que mueren sin bautizar

San Agustín, Doctor de la Gracia, aquel que definió la verdadera doctrina católica sobre la predestinación y la salvación, padre de la Filosofía Cristiana y cuya pluma no pudo ser superada por ningún teólogo enfatizó la necesidad absoluta de bautizar a los niños a fin de librarlos de las penas del infierno.


Es un misterio insondable que unos niños mueran sin bautismo y otros no

XXI. 29. Con mucha propiedad no dice el texto: La ira de Dios vendrá sobre él, sino la ira de Dios permanece sobre él. Porque de esta ira, por la que todos están bajo pecado, y de la cual dice el Apóstol: También nosotros éramos por naturaleza hijos de ira, como los demás, sólo nos libra la gracia de Dios por nuestro Señor Jesucristo 52. ¿Y por qué se da esta gracia a unos y se niega a otros? La razón de esta diferencia puede ser oculta, pero no injusta. ¿Pues hay acaso injusticia en el Señor? De ningún modo 53. Ante todo, conviene acatar la autoridad de las divinas Escrituras, para llegar por la fe a su conocimiento. Pues con razón se dijo: Tus juicios son un profundo abismo 54. Como espantado por su profundidad, exclama el Apóstol: ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y ciencia de Dios! 55 Antes había expresado este pensamiento de maravillosa hondura: Encerró Dios a todos en su incredulidad, para compadecerse de todos. Y horrorizado ante este abismo, dice: ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e impenetrables sus caminos! Pues ¿quién conoció el pensamiento del Señor? ¿O quién le sirvió de consejero? ¿O quién le dio primero y se lo pagará en retorno? Porque de Él, y por Él, y para Él son todas las cosas: a Él la gloria por los siglos. Amén 56.

Demasiado débil entendimiento poseemos para discutir la justicia de los juicios de Dios y la gratuidad de su gracia, la cual no es injusta, aun cuando se da sin mérito precedente alguno; y, sin embargo, cuando se concede a sujetos indignos, nos impresiona menos que cuando se niega a otros igualmente indignos.

30. Los que hallan injusto que los niños, muertos sin la gracia de Cristo, sean privados no sólo del reino de Dios, al que, según confiesan ellos, abre la puerta el bautismo, sino también de la salvación y vida eterna, al indagar cómo puede ser justo que a uno se le purifique de la injusticia original y a otro no, siendo idéntica la condición de ambos, respondan también ellos, conforme a su opinión, cómo es justo que a uno se le administre el bautismo para que entre en el reino de los cielos y al otro no, en las mismas condiciones para ambos. Y si les inquieta el saber por qué de estos dos, que justamente son pecadores por su origen, uno de ellos es librado del cautiverio por la dispensación del sacramento y el otro sigue cautivo, pues no se le concede tal gracia, ¿por qué no se alarman también cuando, entre dos criaturas originariamente inocentes, la una recibe el bautismo, con que entre en el reino de los cielos, y la otra no, quedando excluida del reino de Dios?

En ambas hipótesis hay que volver a la exclamación apostólica: ¡Oh profundidad de las riquezas!

Además, aun entre los mismos párvulos bautizados, decidme: ¿por qué uno es arrebatado de la vida para que la malicia no le pervierta el corazón, y otro vive para ser con el tiempo un impío? Si los dos fueran arrebatados, ¿no es verdad que ambos entrarían en el reino de los cielos? Y, sin embargo, ninguna injusticia hay en Dios. ¡Qué más! ¿Quién no se maravilla, quién no se ve obligado a exclamar, ante la profundidad de los juicios divinos, al ver que unos niños son atormentados por los espíritus inmundos, otros se ven libres de tales tormentos, otros, en fin, como Jeremías, son santificados en el útero materno, siendo así que todos son culpables, si admitimos el pecado original, y en la hipótesis contraria, todos son también inocentes? ¿De dónde vienen tan notables diferencias sino porque son inescrutables los juicios de Dios y cerrados a nuestro pensamiento sus caminos 57?

domingo, 22 de enero de 2012

El pietismo de los autodenominados tradicionalistas

Dios se reveló de manera paulatina a su pueblo y, en la Plenitud de los Tiempos se reveló a sí mismos entregándonos la Fe para que por medio de ella y tras el sacrificio de la Cruz, podamos ser salvos. La Doctrina Católica es, entonces, otorgada por Dios a la Iglesia, no dictada por la Iglesia. Esta diferencia parece no existir en la mente de muchos autodenominados "Católicos tradicionalistas". Muy instructivo para todos es el catecismo, texto básico y muy útil que contiene de manera suscinta todo lo que debemos creer y practicar para alcanzar la salvación. Sin embargo ¿Basta al católico conocer el catecismo y depositar su fe en él? ¿Acaso el catecismo fue escrito por Dios? El catecismo son los primeros pasos. Pero quien no tiene fe, quien está privado de la luz es indemne al catecismo. EL catecismo es lógico, es verdad, empero al que no tiene la Gracia no le dice nada más que palabras huecas, escritas por hombres para niños. ¿Qué luz aporta el catecismo más allá que la de una explicación? ¿Pero es el catecismo nuestra fe?
Repetimos la pregunta ¿Nos dejó Cristo el Catecismo?¿Contiene el Catecismo la Palabra de Dios? No, el catecismo contiene la enseñanza de la Iglesia Católica, la enseñanza inalterada de la Iglesia. O por lo menos debería contenerla. Pero si la doctrina contenida en el Catecismo no es alimentada con la Palabra de Dios y la “tradición de la Fe” como decía San Cirilio contra Nestorio, el catecismo no sirve de nada. Aquí, en este Blog ya he mencionado las consecuencias de ese catolicismo de catecismo y como permitió que los fieles aceptaran la nueva fe conciliar por el simple hecho de que los sacerdotes y obispos habían ya adherido a ella. Lo de los fieles fue simple racionamiento “el catecismo me manda a obedecer a mis superiores, si ellos lo hacen, debe estar bien”.
Pero el catecismo es un compendio, un resumen, una guía para creer y lo que debemos creer. Pero aquello en lo cual tenemos que creer no es el catecismo en sí, sino aquello a lo cual el catecismo alude y señala. Así lo definió el Concilio de Trento en su IV Sesión el 8 de abril de 1546:

El sacrosanto, ecuménico y universal Concilio de Trento, legítimamente reunido en el Espíritu Santo, bajo la presidencia de los tres mismos Legados de la Sede Apostólica, poniéndose perpetuamente ante sus ojos que, quitados los errores, se conserve en la Iglesia la pureza misma del Evangelio que, prometido antes por obra de los profetas en las Escrituras Santas, promulgó primero por su propia boca Nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios y mandó luego que fuera predicado por ministerio de sus Apóstoles a toda criatura [Mt. 28, 19 s; Mc. 16, 15] como fuente de toda saludable verdad y de toda disciplina de costumbres; y viendo perfectamente que esta verdad y disciplina se contiene en los libros escritos y las tradiciones no escritas que, transmitidas como de mano en mano, han llegado hasta nosotros desde los apóstoles, quienes las recibieron o bien de labios del mismo Cristo, o bien por inspiración del Espíritu Santo; siguiendo los ejemplos de los Padres ortodoxos, con igual afecto de piedad e igual reverncia recibe y venera todos los libros, así del Antiguo como del Nuevo Testamento, como quiera que un solo Dios es autor de ambos, y también las tradiciones mismas que pertenecen ora a la fe ora a las costumbres, como oralmente por Cristo o por el Espíritu Santo dictadas y por continua sucesión conservadas en la Iglesia Católica.


Es por ello que no debe privarse a los fieles el acceso a las Sagradas Escrituras ni a los textos de los Padres de la Iglesia ni Santos Doctores que tan bien iluminaron aquello que de obscuro podía parecer. Sorprende y debe aterrarnos como algunas “congregaciones” que se llaman así mismas “tradicionalistas” ponen tanto empeño en la repartija de escapularios, la “esclavitud mariana”, medallas, cadenas, pseudomensajes y amonestaciones de obispos más fieles a su mitra que al Testimonio de Cristo. ¿De que vale publicar con orgullo que una muchachita ataviada con una mantilla blanca luego de “haberse debidamente preparado” se consagró a la esclavitud mariana si la misma tal vez no ha leído las Sagradas Escrituras y desconoce las sentencias de los Santos Padres. Leamos que dicen las actas del Concilio de Éfeso donde a los Padres Conciliares les pareció “la mejor manera de proceder, la más católica y la más conforme a la fe, era llamar a las sentencias de los Santos Padres”.
Es por ello que debemos estar muy atentos y prevenidos contra esa pietismo barroco que ciertos grupos que gustan de llamarse “congregaciones” con sus “obispos protectores” intentan introducir. Pietismo barroco decimos y decimos bien: una piedad exagerada, exotérica, puesta en lo externo, en la mantilla, en las faldas, en prácticas que no lo dicen nada, en la devoción casi idolátrica de ciertos fenómenos aparicionsitas y en la creencia (herética) de que debe seguirse el mensaje de la Virgen para así conseguir la salvación.

Cuidemos, amigos, del pietismo barroco, cuidemos a nuestros hermanos católicos para quienes ser católicos les parece poco y se colocan el nombre de “tradicionalistas” como si fueran un partido, porque esa fue la actitud de los donatistas contra los cuales triunfó San Agustín y con él, la Iglesia Católica, que es Una, Santa, Católica, Apostólica y Romana. Esa es nuestra verdad, porque todo lo demás "proviene del maligno" (Mt V, 35)

Doctrina social de la Iglesia

Nuestro amigo el Padre Brown, que trabaja por la resistencia católica contra la Iglesia Conciliar desde los Estados Unidos (al igual que el Padre Emilio de la Sociedad Religiosa San Luis Rey de Francia) ha publicado en su sitio web importantes documentos sobre la VERDADERA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA. Hace algunos años, en mi universidad, de pura casualidad encontré un libro editado por la BAC que trataba del mismo tema. La verdad es que el libro entero era un escándalo, escrito en medio de la revolución conciliar se encontraba profundamente influenciado por el marxismo e intentaba realizar una síntesis entre la Doctrina católica y el modernismo de Montini/Pablo VI.
Les dejo aquí la página informativa que da el sitio web de la Capilla de Nuestra Señora del Rosario.

sábado, 21 de enero de 2012

Apariciones marianas: Algunos ejemplos de falsas apariciones

Hace pocos días subimos a Sursum Corda un texto sobre las apariciones marianas. Este forma parte de una serie de artículos que se refieren a la cuestión del “aparicionismo”. Desde Sursum Corda, un blog destinado a la espiritualidad y a la defensa de nuestra Fe Católica y el apoyo a la Resistencia contra la Iglesia Conciliar hemos advertido en varias oportunidades sobre los “fenómenos aparicionistas” a los que tantos tradicionalistas son afectos. Huelga decir que la Santa Iglesia Católica, por medio de su magisterio advirtió siempre sobre estos fenómenos recordándonos que nuestra fe se basa únicamente en aquello que Cristo nos transmitió. Dios nos habla por medio de las sagradas escrituras, porque estas tienen por autor a Dios mismo que se sirve del hagiógrafo cual si fuera su pluma… verdad esta que, consagrada por el Magisterio provoca en los semipelagianos gran confusión, toda vez que realzan la libertad del hombre y destruyen en su locura la omnipotencia divina.
Hace ya un tiempo, el Padre Brian Moore publicó un texto llamado “Las apariciones marianas”. En Sursum Corda estamos preparando la subida de este artículo completo (y largo, lo advertimos) ara dentro de unos pocos días. Sin embargo, y dado que hemos recibido una gran cantidad de e-mails donde se nos pregunta el porque de la desconfianza de los mensajes que la Virgen estaría dando hoy mismo a ciertos videntes (videntes que aparecen tanto entre sedevacantistas, fieles de la FSSPX o “Católicos Independientes pseudo-tradicioanlistas”) decidí transcribir algunos casos históricos que menciona el Padre Moore y que pueden poner sobre alerta a muchos fieles bienintencionados.


C. La historia de la Iglesia

A continuación narraremos dos casos que nos advierten de la prudencia que debemos usar siempre en lo que hace a manifestaciones extraordinarias y apariciones.

* El caso de Magdalena de la Cruz: Nació en 1487, en España; desde los 5 años tuvo apariciones de N.S. y de los santos (aparentemente). Fue curada milagrosamente, transportada de manera milagrosa a lugares lejanos. Desde los 12 años realiza milagros. En 1504, cuando tenía 17 años y gozaba ya de fama de santidad entra al convento de Córdoba. Venerada en toda España es elegida abadesa en 1533, y sucesivamente en 1536 y 1539. Muchos testimonios de la época acreditan sus “grandes virtudes” y sus dones místicos. Pero resulta que en 1542 las religiosas de su convento descubrieron que comía en secreto, cuando había aparentado vivir en ayuno. Y nos cuenta Llorente en su Historia crítica de la Inquisición (T.II) que a muchas personas les decía que el concubinato de sacerdotes y monjes no era pecado; que violar la ley de la abstinencia o el descanso dominical tampoco era falta. (Libro justamente criticado por su parcialidad, etc., pero aquí podemos pensar que es cierta esta historia ya que fue también testificada por Menéndez y Pelayo en Historia de los Heterodoxos).

Se advirtió entonces de todas estas cosas al superior provincial y a los confesores del convento, pero ellos no hicieron caso. Sin embargo, en el año 1543 se le efectuó un exorcismo y se le advirtió que estaba por morir. Entonces “la santa, la mística”, confesó que cuando tenía 5 años el demonio se le apareció bajo el aspecto de Cristo para anunciarla que ella sería una gran santa. Y cuando tenía 13 años -es decir que Magdalena ya se había inflamado de orgullo- se le apareció de nuevo para decirle esta vez que había sido él quien se le había aparecido en su niñez.

* Las falsas apariciones a raíz de Lourdes: Después de las apariciones de Nuestra Señora a santa Bernardita, hubo muchísimas falsas apariciones en Lourdes y en los pueblos de los alrededores. Esto lo atestigua, por ej., el hermano Léobard, director de las escuelas de Lourdes: “El diablo hizo surgir una infinidad de visionarios. Se los vio librarse a las más grandes extravagancias. ¿Veían ellos algo? Sí, y se está en todo el derecho de creer que muchos entre ellos vieron al espíritu malo, bajo diversas formas...”.

Monseñor Cristiani en un interesantísimo libro, Présence de Satan dans le monde moderne, nos dice al respecto:“Sea que se atribuya a la exaltación, a la imaginación, al contagio espiritual, las visiones que se unieron a las de Bernadette, es evidente que el demonio sacaba de ello provecho y que perfilaba una táctica: la de ahogar las que eran visiones auténticas y apariciones ciertas de la Virgen, bajo el flujo de imitaciones ridículas o barrocas, de las cuales una parte del público se alimentaba con frenesí, en Lourdes, mientras que los más sabios alzaban los hombros. Ahogar la verdad en la mentira era un procedimiento bien digno del demonio”. (Cap. II Les diableries de Lourdes, p. 59-9I, Ed. France-Empire,1960).

jueves, 19 de enero de 2012

San Agustín y los pelagianos de hoy

Quisiera presentar a ustedes este fragmento de uno de los trabajo de San Agustín contra los pelagianos. La Réplica a Juliano es uno de los trabajos donde el Máximo Doctor argumenta contra la herejía que sostenia la inexistencia del Pecado Original, negaba la necesidad de bautismo y por lo tanto la eficacia de la Gracia de Dios, colocando como suficiente el accionar del hombre para su salvación. En la Iglesia Conciliar, donde los Jesuitas consiguieron imponer sus tesis molinistas, es decir, neopelagianas, donde el hombre por medio de su fer personal puede llegar a Dios, incluso fuera de la Iglesia Católica y donde se canonizan a personas por sus "buenas acciones", este texto que retrata la verdadera doctrina católica sobre el pecado original presente en los niños no bautizados. Recordemos que el Pontífice de la Iglesia Conciliar, Ratzinger/Benedicto XVI ha sostenido la inexistencia del limbo, pero no en el sentido que lo creyeron los Padres de la Iglesia (y que estamos autorizados a mantener con San Agustín), sino en el sentido de los pelagianos que creían que aquellos niños que morían sin bautizar eran "inocentes" y por lo tanto, eran recibidos en el Cielo.
Sin más, el texto del Santo Doctor de Hipona.




Tomado de San Agustín, Replica a Juliano, Libro III


XII. 24. Crees haber dado prueba de una gran agudeza de ingenio al decir: "Aun cuando
fuera el diablo el creador de los hombres, serían malos sin culpa suya, y, en consecuencia,
no serían malos, porque nadie puede existir si no nace, y no es justo exigir a uno lo que
no puede dar". Este mismo argumento solemos aducir nosotros contra los maniqueos,
que, según sus fábulas, sostienen que la naturaleza humana no fue creada buena en un
principio y luego viciada, sino que desde la eternidad es inmutablemente mala.
La fe católica reconoce, por el contrario, que la naturaleza humana fue creada buena;
pero, viciada por el pecado, es con justicia condenada
. No es ni sorprendente ni injusto
que una raíz mala produzca frutos malvados, y así como en un principio no faltó una mano
creadora, tampoco falta ahora una misericordia redentora, verdad que vosotros rechazáis
al decir que los niños no tienen pecado del que puedan ser liberados.
25. Vosotros que con una desafortunada defensa y elogio pernicioso cooperáis a la pérdida
irremediable de estos niños desgraciados, decidme: ¿Por qué no admitís en el reino de
Dios si no son bautizados, a tantas criaturas inocentes que ningún mal han hecho y que
son imágenes del mismo Dios? ¿Han faltado a sus deberes para verse privados del reino y
ser condenados a destierro tan triste, si jamás han hecho lo que no pueden hacer? ¿Dónde
pones a los que no tienen vida porque no comieron la carne ni bebieron la sangre del Hijo
del hombre? Por esto, Pelagio, como queda dicho, en una asamblea eclesiástica condenó,
para no ser condenado, a todos aquellos que dicen: "Los niños, aunque no estén
bautizados, tendrán la vida eterna". Dime, por favor: ¿Es justo que los niños, imágenes de
Dios, sean excluidos del reino de Dios, alejados de la vida de Dios, sin haber nunca
transgredido la ley de Dios? ¿No oyes cómo el Apóstol detesta a los excluidos de la vida de
Dios por la ignorancia que en ellos hay y la ceguera de su corazón 25. ¿Estará en esta
sentencia incluido el niño no bautizado o no? Si contestas: "No está incluido", te ves
condenado por la verdad del Evangelio y la sentencia de Pelagio. ¿Dónde encontrar la vida
de Dios sino en el reino de Dios, donde no pueden entrar los que no han renacido del agua
y del Espíritu 26? Y si contestas que el niño no bautizado no está incluido en la sentencia
del Apóstol, confesada la pena, decid la culpa; confesado el suplicio, decid cómo lo ha
merecido. Nada en vuestro dogma encontraréis que poder aducir. Si hay en vosotros algún
sentimiento cristiano, reconoced en los niños alguna falta transmisora de muerte y
condenación por la que son con justicia castigados si no son por la gracia de Cristo
redimidos. En su redención puedes alabar la misericordia de Dios y en su condenación no
puedes acusar su justicia, porque todos los caminos del Señor son misericordia y verdad.

Revelaciones privadas

Nuestro amigo José Luis Flores nos envía un interesante artículo sobre las revelaciones privadas y cual es la forma de discernimiento. Como explicamos anteriormente, en Sursum Corda somos sumamente cautos en lo que a este tipo de "mensajes" se refiere. Los católicos no estamos obligaos a creer en revelaciones privadas, antes bien, la Iglesia nos aconseja atenernos a las Escrituras y la Tradición de los Padres, no a los mensajes de los supuestos videntes que afloran, en nuestra época especialmente. Basta el doloroso escándalo del Palmar de Troya para los "tradicionalistas" o de la Virgen de San Nicolás para los modernistas. Ambos casos son, a todas luces "prodigios" o en el mejor de los casos, productos de mentes enfermas.
Quiero insistir, personalmente NO SOY PARTIDARIO DE LAS REVELACIONES PRIVADAS, antes bien, la facilidad con la que algunos se apegan a ellas es algo que deberiamos corregir, especialmente en la Resistencia Católica, cuando no desterrarla completamente como una práctica obscurantista, infantil y ciertamente histérica. Nuestra fe no depende de "videntes", no depende de "mensajes"... nuestra fe no fue entregada a ningún místico en éxtasis, sino que fue revelada por el mismo Verbo hecho carne, quien la dejó a sus Apostoles y que ha llegado a nosotros de manera inalterada por dos milenios.



Revelaciones Privadas:
Criterios de Discernimiento

Actualmente una gigantesca onda de "mensajes inspirados" han invadido el mundo católico, como reflejo de un fenómeno más amplio: la gran explosión de misticismo que viene sustituyendo un ya desgastado y añejo racionalismo. Se agregan aquí las angustias producidas por el milenarismo - y los de una civilización espiritualmente agonizante -- y tendremos el más propicio ambiente para la subcultura del "aparicionismo", que infesta hoy muchos ambientes católicos.
Las "apariciones" de Nuestra Señora se multiplican por todo el mundo, a centenas, siendo la de Medjugorje, Croacia, la mas difundida. Más allá de esas "apariciones", no son pocas las personas que se dicen divinamente "inspiradas", recibiendo "mensajes" espirituales de Jesús y de María. Entre estas podríamos citar al P. Stefano Gobbi - que dice recibir locuciones interiores de Nuestra Señora - y de la ortodoxa Vassula Ryden, cuya obra en seis volúmenes (supuestamente escrita bajo el dictado de Jesús) han sido ampliamente difundida América, incluso después de los confusos incidentes de condena y consentimiento por el Vaticano.
Tales manifestaciones, por ser tan abundantes, tienden a provocar en el católico una polarización: o escépticamente rechazan todos los fenómenos (y pretendidos fenómenos) o los aceptan integralmente, sin ningún discernimiento. Ante el silencio de la mayoría de las autoridades eclesiásticas, que parecen haber abdicado de la función de enseñar, es conveniente recordar aquí la perenne enseñanza de la Iglesia en una materia tan delicada, y no obstante tan importante, cuya omisión ha llevado a los fieles a adherir indiscriminadamente a doctrinas "inspiradas" que nada tienen de inspiradas ni de católicas.
Las revelaciones son manifestaciones sobrenaturales de verdades ocultas o de hechos extraordinarios. Para que exista verdaderamente revelación es necesario que su conocimiento se opere por vía sobrenatural. En cuanto a la destinación, las revelaciones pueden ser públicas o privadas. Las revelaciones públicas (o universales) están contenidas en la Biblia y en el depósito de la tradición apostólica, transmitidas y mantenidas por la Iglesia. Esas revelaciones universales terminaron con la predicación de los apóstoles y son de creencia obligatoria para todos los fieles. Las revelaciones privadas (o particulares) son hechas usualmente a los santos, y la Iglesia no obliga creerlas, incluso cuando las aprueba.
Cuando la Iglesia aprueba una revelación privada, esa aprobación es simplemente una declaración de que ella no encontró nada en esas revelaciones que fuese contrario a la fe y a las buenas costumbres, e que los fieles pueden leerlas sin ningún peligro para las almas. Oigamos lo que dice el papa Benito XIV: "¿Que se debe pensar de las revelaciones privadas aprobadas por la Santa Sé, las de Santa Hildegarda, SantaBrígida, Santa Catalina de Sienna? Decimos que no es ni obligatorio ni posible darles un asentimiento de fe católica, sino solamente de fe humana, conforme a las reglas de la prudencia, que nos las presenta como probables y piadosamente creíbles." (De canon.,1 III,c. Liii,n° 15).
Repetimos la afirmación básica: no es obligatorio ni posible para las revelaciones privadas una asentimiento de fe católica, aún cuando tales revelaciones hayan sido aprobadas por la Iglesia. Es importante que esto se tenga bien presente, para que no sepense que es pecado colocarse contra una revelación privada. Oigamos al CardenalPitra:
"Sabemos que somos plenamente libres de creer o no en las revelaciones privadas, incluso en las más dignas de fe. Aún cuando la Iglesia las aprueba, ellas son recibidas como probables y no como indudables (...) Está totalmente permitido apartarse de esas revelaciones, aún aprobadas, cuando alguien se apoya sobre razones sólidas, sobretodo cuando la doctrina contraria es establecida por documentos irreprochables y una experiencia verdadera." (Libro sobre SantaHildegarda, p. XVI)
Y no nos admiremos de que aún en revelaciones aprobadas de personas canonizadas existan errores de los más variados tipos. Vale la pena conocer algunas causas de error que pueden ocurrir en una revelación verdadera, o tenida como tal en una determinada época.
Interpretaciones incorrectas. No es raro que el mismo vidente pueda interpretar mal la revelación que recibe. Eso se debe, en primer lugar, a la obscuridad de la revelación, sobre la cual el vidente posee una inteligencia muy parcial. Hay también otras causas, como por ejemplo el apego del vidente a ciertos preconceptos que interfieren en la correcta comprensión del mensaje recibido. El ejemplo clásico es el de San Pedro, que tuvo la visión de un mantel conteniendo diversos animales, cuando una voz por tres veces le decía: "Levántate Pedro, mata y come." El creyó que se trataba de su alimentación, tanto más que tuvo la visión cuando estaba con hambre y le preparaban el almuerzo. (Hechos, X, 10). Inicialmente el no comprendió el sentido simbólico de la visión, que tenía por objetivo convencerlo de que debía bautizar a los paganos sin imponerles primero las prácticas de la ley mosaica. Santa Juanade Arco también interpretó erróneamente los mensajes que oía interiormente: creyó que sería libertada. Fue martirizada.
Impropia consideración de los elementos históricos. Se engaña frecuentemente aquél que atribuye a los detalles históricos de una revelación o visión una exactitud absoluta. Detalles como el paisaje, el tipo de ropa, a lengua hablada, las costumbres locales, casi siempre están en desacuerdo con los conocimientos históricos o sino, difieren considerablemente incluso en santos que tuvieron visiones sobre el mismo tema. Cuando Dios da una visión a un alma, es para su santificación personal y no para satisfacer la curiosidad histórica. Hay innumerables ejemplos de ese engaño en visiones sobre la pasión y muerte de Nuestro Señor.
Intromisión de la actividad humana en la acción sobrenatural. Se engaña aquel que piensa que una revelación no diabólica o es enteramente divina o enteramente humana; el espíritu humano puede inmiscuirse, en cierta medida, en la acción sobrenatural, alterando partes de la revelación. Catalina Labouré, por ejemplo, hizo predicciones verdaderas con hasta cuarenta años de anticipación, e hizo también predicciones que no se cumplieron. SantaHildegarda es otro ejemplo: analfabeta, componía y dictaba textos en latín. Sus numerosas obras inspiradas, entretanto, contienen los errores científicos de su época.
Aunque nos repugne encontrar errores en revelaciones recibidas por santos y santas, la lección que de ahí se saca no es la de que se debe despreciarlas por completo, sino que si se debe abandonar la idea tan popular y romántica de que todo lo que viene de parte de un santo es infalible.
Se la situación es así de complicada en relación a los santos, ¿que pensar de las revelaciones privadas recibidas (como hoy es tan frecuente) por personas comunes - dueñas de casa, estudiantes, empresarios -? Y si existen errores aún en revelaciones privadas aprobadas, ¿cual es la diferencia entre esos errores y los que aparecen en una revelación condenada? ¿Cómo juzgar a aquellas personas que se presentan como portadoras de un mensaje "inspirado"? La Iglesia nos propone un procedimiento de extremado buen sentido, basado en su experiencia bimilenaria para con estas materias. Antes de presentarlo, es conveniente considerar algunas causas de revelaciones absolutamente falsas:
1. Simulación. Es el caso en que una persona afirma recibir una revelación, y esa afirmación es deliberadamente mentirosa y de mala fe. Uno de los ejemplos más célebres es el de una franciscana de Córdoba, Magdalena de la Cruz, en el siglo XVI.
2. Imaginación exacerbada. Es el caso de una persona de buena fe, que toma los productos de su imaginación muy viva por revelaciones divinas. San Juan de la Cruz ya analizaba esos casos (Subida delCarmelo, 1. II, cap XXIX).
3. Acción del demonio. El demonio puede producir falsas revelaciones o visiones para personas de buena fe, que no tienen discernimiento suficiente para percibir el verdadero origen. Nicole de Reims, en el sigloXVII, es un ejemplo clásico. Las "diabluras" de Lourdes también. Siempre que hay una aparición verdadera, el diablo inmediatamente produce innumerables apariciones falsas, para lanzar desconfianza e inducir al descreimiento. Con la aparición de Lourdes ese hecho fue particularmente notable.
En lo que concierne a las revelaciones y apariciones influenciadas por el demonio, es preciso que se entienda que normalmente él se presenta con apariencias de virtud e incluso llega a proponer prácticas piadosas, a incentivar la oración y el ayuno, para de a poco ir deformando aquello que parece bueno, de modo que no de buen fruto. Si el demonio promueve la práctica de alguna virtud, lo hará de modo que esa virtud no sea durable; bajo su influencia las penitencias corporales serán estimuladas al punto de causar daño a la salud, provocar un orgullo inmenso, o provocar desesperación por la imposibilidad de cumplirlas.
No siempre se perciben inmediatamente esas distorsiones engañadoras: y tanto mayor será el mal que producirán cuanto mayor fuere la apariencia de bien que poseyeren. Imaginar que una aparición demoniaca va a estimular el sexo libre, las drogas y el rock &roll es un ingenuidad.
Tales son las principales causas de errores en revelaciones absolutamente falsas. Nos resta ahora aclarar un mal entendido: el de que los legos no tenemos autoridad legítima para juzgar un mensaje que se presenta como inspirado. Aquí es preciso hacer una distinción: supongamos (para ejemplificar) que alguien nos presenta como revelación privada que Cristo fue solamente un hombre. No es preciso recurrir al papa y a los obispos para rechazar este mensaje. Si, en cambio, alguien nos presenta como revelación privada que Cristo es perfecto Dios y perfecto hombre, aún cuando esa sea una declaración perfectamente ortodoxa, no tenemos autoridad para declarar la autenticidad de la revelación
Cualquier fiel que conozca la doctrina la doctrina católica puede rechazar una revelación privada que contenga errores contra la fe, pero solamente la autoridad legítima puede declarar que que una determinada revelación privada (aún cuando ella no contenga ningún error) está aprobada. Es por eso que a Iglesia no pide ningún asentimiento de fe cuando aprueba una revelación (la aprobación es una declaración en forma negativa) y es por eso que cuando la Iglesia condena una revelación, ella lo hace categóricamente (en forma positiva
Es preciso que conozcamos los criterios de discernimiento, en estos tiempos donde las "apariciones" abundan. Nuestra revista insiste mucho en este tema. Desde 1928 hasta 1975 la Iglesia condenó 232 casos de pretendidas apariciones (note el lector que en promedio son unas 4 apariciones falsas por año, durante 58 años!).
Hoy la más popular de las apariciones es la de Medjugorje, en Croacia, que ya dura quince años - y ‘amenaza’ no acabar más. Pero vamos ahora a los criterios y al procedimiento que se debe seguir para discernir las revelaciones.
Dos aspectos principales se imponen a la investigación atenta y minuciosa:
1. la persona que se cree favorecida por una revelación
2. la revelación en sí.
En cuanto a la persona, es preciso conocer cuales son las cualidades y defectos naturales; si la persona es sincera o es capaz de falsedades, si es persona equilibrada, con una sana imaginación o una imaginación enfermiza. Es preciso saber si esa persona se guía normalmente por la razón o es guiada por sentimientos o impresiones. O su grado de instrucción, los conocimientos que posee, lo que puede aprender con sus directores espirituales, las lecturas que hizo, también son fundamentales. ¿Cuáles son las diferentes virtudes de esta persona? Es extremadamente improbable que Dios de revelaciones a una persona de conducta escandalosa o viciada - excepto tal vez para convertirla! Y aquí, una vez más, cumple aclarar al lector: es claro que Dios puede escoger a quien quiera para una determinada misión, incluso a un pecador. Sin embargo, las acciones divinas nunca son arbitrarias o caprichosas: ¡no podemos hacer de posibles excepciones una norma!
En cuanto a la revelación, el punto fundamental es saber si ella concuerda plenamente con los dogmas y enseñanzas de la Iglesia. En materia de dogma es suficiente que un único punto sea contradicho para que podamos afirmar que aquel que habla no es enviado de Dios.
Eso es claro: ¡Dios no puede contradecirse! ¡Él no puede negar lo que enseñó la Iglesia!
La vanalidad de una revelación también es suficiente para levantar serias dudas: si un mensaje inspirado simplemente se limita a repetir las cosas más elementales, también lo más probable es que no venga de Dios. Dios no utilizaría una forma tan excepcional de comunicación a no ser que tenga en vista una finalidad excepcional. Nuevamente prevenimos al lector: no estamos diciendo como Dios debe comportarse; tan sólo comentamos la experiencia de la Iglesia...

Rene Guenon y su tradicionalismo


Luego de mucho tiempo he decidido hacer mención aquí, en Sursum Corda a la figura de René Guénon. Quisiera, como pequeño aporte hacer dos Observaciones. Al final del presente artículo, he colocado un link a un estudio mucho más profundo sobre la vida y la obra del autor gnóstico.

La primera de ellas se refiere a que, como muchos he sido en mi primera juventud un ávido lector de René Guénon. Aún recuerdo las calurosas tardes de verano de 1995 hasta 1997 cuando mi madre me reprendía por pasarme horas leyendo los añejos libros que nadie podía saber bien como habían llegado a nuestra casa. Entonces yo tenía diez años y todo lo que Guénon presentaba me parecía tan fantástico como verosímil y a esa edad, no se supone que exista una contradicción entre una cosa y la otra. Uno no nace racionalista, se vuelve racionalista con el pasar del tiempo. Una cosa debo a esas lecturas: nunca se me pasó por la cabeza hacerme teósofo ya que el primer libro que de éste autor cayó en mis manos fue su "El teosofismo. Historia de una pseudoreligión", una edición interesante de más de 300 páginas y editada por Obelisco.
Sin embargo, cuando por la Gracia de Dios me convertí al catolicismo, en el año 2006 y abandoné la Iglesia Conciliar me parecía completamente imposible conciliar las ideas del gnóstico Guénon con los de la Fe Católica. Ambos hablaban de cosas diferentes y opuestas, ergo, uno tenía que estar en el error. Yo, que entonces tenía 21 años no podía comprender como había intelectuales que se llamaban a sí mismos católicos que comulgaban plenamente con las tesis de Guénon y en menor medida con las de su seguidor Frithjof Schuon.
La segunda advertencia está relacionada con la primera y se refiere a la facilidad con la que muchos católicos creen que las doctrinas de Guenon pueden conciliarse con la Fe de Cristo.
La verdad, sabemos, puede y debe ser sólo una. No puede haber múltiples verdades y la verdad está, como le ocurrió a Pilatos ante nuestros ojos. El que no la ve es porque no puede verla y como no puede verla no puede pedirla. Aquellos a quienes la Verdad es revelada no pueden ocultarse de ella y ésta o los eleva y los salva o sirve como testimonio de sus acciones. La Verdad es la Luz, la Luz verdadera de la que habla San Juan, “La Luz que luce en las tinieblas, pero las tinieblas no la acogieron” (Jn 1, 5). El gnosticismo es un sistema tan amplio como caótico. “Gnósis” en griego significa “conocimiento”, para los gnósticos la salvación proviene del conocimiento de una doctrina secreta a la cual se accede por medio de la iniciación. Estas verdades están ocultas a los hombres y sólo unos pocos pueden acceder a ellas por medio de dicha iniciación, un ritual por el cual, el hombre es recibido y sus ojos se abren ante la nueva luz. Además, el gnosticismo es por definición dualísta, es decir, cree en dos principios antagónicos pero iguales (el Bien y el Mal), ese dualismo provenía en buena parte de la teoría de Platón sobre el Demiurgo: al principio existía junto con el Demiurgo la materia y las ideas, éstas eran perfectas, más aquella otra, imperfecta. El Demiurgo, según el “Timeo” se apiadó de la imperfección de la materia y con ella hizo el mundo copiando a las ideas. Así, para los gnósticos la materia era malvada por definición e imperfecta y el hombre, como materia estaba inclinado al mal, solamente su parte espiritual tendía al bien y para ello era menester la elevación del espíritu por medio del conocimiento de las ideas. Esto que planeamos aquí muy brevemente puede verse en Jámblico y Plotino… sumemos a esto el modernismo y el relativismo kantiano y tendremos a un católico que puede conciliar perfectamente la Misa en Latín con la doctrina de René Guénon. Porque Guénon se llama a sí mismo tradicionalista, es decir, practicante de una tradición de un conocimiento espiritual que proviene del pasado y que es común a todas las religiones. Hablamos de la “sabiduría perenne” a la que Guénon ha dedicado centenares de páginas. Sin embargo, y a pesar de que algunos de sus admiradores quieran negarlo, esta idea no es propia del Iniciado Francés, sino que fue tomada de sus estudios sobre el hinduismo y son una manera de conciliar el cristianismo (o mejor dicho, su visión de lo que era el cristianismo) con el panteísmo que había aprendido en los Vedas.
Si, como sostiene Guénon, existe una sabiduaría, un conocimiento que es general en todas las religiones, estas no son sino una deformación de aquel conocimiento primigenio que los hombres obscurecieron a lo largo de la historia. Corresponde pues, por medio del estudio y de la iniciación des-velar la Verdad y así llegar a ella. El panteísta confunde al creador con lo creado, para él todo es lo mismo: una piedra es divina porque en ella está el espíritu de Dios e igualmente es divina una flor, una mujer, un pedazo de madera. Dios es en todo. Pero Guénon tampoco era un hindú sincero, su hinduísto estaba cruzado por sus estudios masónicos y esotéricos y sobre todo por sus conocimientos de filosofía kantiana. Para él, uno no puede llegar a conocer la verdad, por consiguiente, la religión no puede ser nunca divina en el sentido de que ha sido revelada por Dios, sino que es divina en cuanto habla de la divinidad, de la misma manera que la Biblia y el Corán eran textos igualmente sagrados, no porque pudieran ser la Palabra de Dios sino porque hablaban de cosas sagradas. A diferencia de los ecumenistas de la Iglesia Conciliar, para Guenon no había una revelación más perfecta (tal como para Kásper o Rátzinger es la católica), todas eran deformaciones de una verdad trascendente, anterior, pasada y olvidada. Pero Guénon ofrece a los católicos algo más: la búsqueda de esa sabiduría oculta y antigua los transporta a un pasado remoto, al del “Jesús Histórico” y los primeros siglos de la Iglesia. El católico guenoniano no desprecia el modernismo porque es herético, sino porque se opone a la “Tradición”, no desprecia al Novus Ordo porque es herético y blasfemo, sino porque es simplemente “nuevo” y por lo tanto, opuesto al pasado. El tradicionalismo de los guenonianos es entonces un falso tradicionalismo: espiritualista en cuanto pone en una metafísica histérica e infantil todas sus ambiciones; racionalista en cuanto sostiene que por medio del conocimiento podemos llegar a conocer la Divinidad, una divinidad lejana como el Uno de Plotino, inalcanzable como el de Jámblico, pretérito como el Demiurgo de Platón.
Para finalizar con esta breve introducción quisiera advertir que actualmente los “católicos guenonianos” son más de los que podemos imaginar. En este mundo donde los libros están a un solo click es muy fácil acceder a ellos. Como profesor me ha ocurrido encontrarme con adolescentes que conocían a Guénon no sólo de nombre, sino que además podían marcar las diferencias entre la “Gnósis” antiguas de la “Jnana” del autor francés. Más aún, una jovencita de 15 años en el 2007 tuvo una acalorada discusión sobre el libro “La gran tríada”.
Existen muchísimos sitios web que hacen apología de los textos de René Guenón y otros “tradicionalistas”. Los católicos bien intencionados caerán en sus redes por la misma razón que muchísimos cayeron bajo la herejía modernista: la ignorancia de la Escritura. Quien quiera tener luz sólo debe recordar el Evangelio de San Juan:

Al principio existía el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios.
El estaba al principio en Dios.
Todas las cosas fueron hechas por Él y sin Él no se hizo nada de cuanto ha sido hecho.
En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres…






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miércoles, 18 de enero de 2012

Misa de Requiem y reflexión sobre las sectas


Hace pocos días, nuestros amigos de la Sociedad Religiosa San Luis Rey de Francia publicaron la noticia de la Misa de Requiem que celebrara el RP Mauricio Zárate SRSLRF el día 10 de enero por el quinto aniversario del fallecimiento de su sobrina, la señorita Gisel Cuello.
Las emotivas imágenes de la Misa, que publicaron en su blog no alcanzan para remarcar las palabras que el Padre Mauricio dirigió a quienes estaban reunidos ante el Altar del Señor. Allí, el presbítero advirtió sobre la necesidad de una verdadera formación católica a fin de contrarrestar el avance que tienen las sectas sobre nuestra sociedad. Como bien señaló el Padre Mauricio, las ideas liberales y el falso ecumenismo han permitido el avance de la mentira y del error, perdiendo a millares de almas. Además de recomendar visitar la entrada de nuestros amigos de la Sociedad Religiosa San Luis Rey de Francia, quisiéramos recordar aquellas palabras que San Pablo dirigió a Timoteo que, como toda la Sagrada Escritura, resuenan con profunda actualidad:

"…vendrá tiempo en que no soportarán la sana doctrina, sino que conforme a sus propios deseos harán gran acopio para sí de maestros que halaguen sus oídos: pues se apartarán de escuchar la verdad y prestarán oído a las fábulas" (II Tim. 4: 3-4).


Señor, danos la Gracia de permanecer en tu gracia y no caer.

martes, 17 de enero de 2012

El sedevacantismo no es dogma de fe

Revisando en mi computadora encontré un texto que escríbí hace muchos años (creo que por el 2006 ó 2007) y que había subido en mi primer sitio web católico que, con el cierre de Geocities se perdió. En aquel tiempo yo era un recien converso y asistía regularmente a las Misas que se celebran en el Seminario de La Reja, de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X.
En el texto que escribí entonces yo proponía algunas dificultades que presentaba la tesis sedevacantista. Luego de un prolijo exámen decidí revisar ese texto y publicarlo aquí, empero la intención de esto no es declarar que el sedevacantismo es un erro ni una herejía, mucho menos un cisma. Lo que quiero demostrar es que es un error sostener que para ser parte de la Resistencia Católica es obligatorio ser sedevacantista. Dicho de otra manera, sostener que el sedevacantismo alcanzó al presente un estatus de "dogma de fe" es erroneo. El sedevacantismo, como ya lo hemos dicho en Sursum Corda es una "tesis teológica", no una verdad de fe. A continuación, enuncio algunas dificultades que demuestran que el sedevacantismo no puede ser considerado obligatorio para la salvación y que, como bien dicen todos los sedevacantistas (aunque algunos les cuesta entenderlo) se trata de una "posición teológica". Las modificaciones y revisiones mayores las puse en rojo y entre corchetes. Decidí ser completamente honesto y colocar el texto original y señalar en que puntos he cambiado de opinión con el correr de los tiempos. A diferencia de muchos autores de "blogs tradicionalistas" sean estos laicos (como mi caso), sacerdotes, obispos o religiosos amantes de los grandes honores para sí mismos y de pluma (o teclado) fácil, no soy de los que gustan decir que siempre pensaron igual o que siempre se mantuvieron en la misma tesis. Me sorprende ver como algunos obispos, que en otrora escribían contra los sedevacantistas y los expulsaban de los seminarios, hoy se declaran defensores de la tésis de la sede vacante e inventan una historia paralela que sólo pueden creer aquellos que o ignoran los hechos tal como fueron o desean creer la mentira.
Sin más, les dejo el texto en cuestión.


LAS DIFICULTADES DEL SEDEVACANTISMO

1) Para declarar la “sede vacante” primero deberíamos probar que el Papa, por caída en herejía puede perder el pontificado¨.

2) Probar que quien detenta el pontificado puede ser declarado por un “inferior” es un hereje. Los Católicos sabemos que solo un superior puede declarar que alguien es un hereje, en caso contrario solo nos queda la corrección fraterna, que fue lo que hizo Monseñor Marcel Lefebvre siguiendo Gal II, 11-14 o el Abbé de Nantes. El único superior del Papa es Cristo, de quien es Vicario.

3) Ahora bien, considerando que se pudiera declarar que la Sede está vacante, esto solo podría hacerse apelando a la bula Cum ex Apostolatus, la cual no fue incluida en el Código de Derecho canónico de 1917 y por consiguiente fue abrogada. [Nota de 2012: No estoy tan de acuerdo con esto hoy en día, empero el único que podría hacer tal declaración sería alguien que poseyera poder de jurisdicción para tal cosa, según los canonistas un Cardenal]

4) Aún si se apela a la Bula Cum ex Apostolatus, prescindiendo del CIC de 1917 como lo hacen T. Sanfill Benns y David Bawden (Antipapa Miguel I) en su “Will The Catholic Church Survive th Twentith Century” (pp. 49-58) o el Padre Cekada en su Traditionalists Infallibility & the Pope y el resto de los sedevacantistas SERIOS, debe tenerse en cuenta que la Constitución Vacantis Apostólica Sedis de Pío XII abrogó el impedimento de la Cum Ex Apostolatus al autorizar a TODOS los cardenales a participar del conclave más allá de cualquier censura o excomunión.

5) La apelación a los Doctores de la Iglesia y los teólogos, como la que hace el R. P. Anthony Cekada no es suficiente, ya que ni los Doctores de la Iglesia ni los Teólogos son infalibles. Por ejemplo el mismo Santo Tomás de Aquino creyó en cosas que luego la Iglesia definió en sentido contrario (cfr. Summa Theologica, Pt. III, Q. 14, Art. 3, Respuesta a Obj. 1; cfr. De Veritate, 14, A. 11, ad 1, Summa, Pt. II-II, P. 2. y Summa A. 7, Pt. II-II, P. 2., A. 8). Si alguien cree que la sentencia de un Santo Doctor puede ser seguida antes que la enseñanza de un Papa, les recordamos que esta fue una de las tesis condenadas a los jansenistas como se puede apreciar en Dz 1320.

6) Los mismos sedevacantistas, como Mons. Sanborn (a quien respeto y admiro por su lucha contra el modernismo de la Iglesia Conciliar) ante la cuestión “¿Tenemos la autoridad para decir que estos papas del Vaticano II no son papas verdaderos?” responde: “No tenemos la autoridad para declararla legalmente”.

De esto se colige que si no tenemos la autoridad, la Declaratio de Monseñor Thuc en tanto y en cuanto se entienda como una “declaración formal de deposición del Romano Pontífice” y no como la expresión de una IDEA SUBJETIVA de que la sede está vacante (“considero que la Sede de la Iglesia Católica Romana está vacante”), es completamente nula. De hecho, NADIE PUEDE DECLARAR QUE LA SEDE ESTÁ VACANTE, SOLAMENTE PUEDE EXPRESAR SU OPINIÓN SUBJETIVA y por más que se citen hechos y declaraciones de los papas conciliares, solo estaríamos frente a una HIPÓTESIS, no una DECLARACIÓN FORMAL DE DEPOSICIÓN [Nota de 2012: Ver lo dicho supra].

7) Si aún se obvia todo lo anterior y se persiste en la idea de que la Sede Apostólica está vacante solo quedan dos alternativas:

a. Seguir la tesis de Monseñor Gerard Des Lauriens acerca de que el Papa lo es materialmente y no formalmente, por lo que mantienen jurisdicción.

b. Seguir la posición de que han perdido, a causa de su herejía todo poder y jurisdicción.

8) Si se sigue §7. a., se cae en el error porque:

a. La materia no puede existir sin forma (Santo Tomás, Summa III, Q. 75, A.3) [Nota de 2012: Esto es válido si seguimos el método escolástico únicamente, si lo vemos desde la perspectiva de Platón esto sería perfectamente posible].

b. La Bula Cum ex Apostolatus, en su sección III, establece que los herejes pierden TODA jurisdicción.

c. Se opone al CIC, Can. 151: “Officium de iure vacans quod forte adhuc ab aliquo illegitime possidetur, conferri potest, dummodo rite secundum sacros canones declaratum fuerit eam possessionem non esse legitimam, et de hac declaratione mentio fiat in litteris collationis”. Recordemos además que nadie tiene autoridad para declarar legalmente que la Primera Sede esta vacante (ver supra §2 y §6).

d. El supuesto de un “derecho al Papado” (como sostiene Mons. Sanborn) no tiene asidero ya que, como se señaló, la Cum Ex Apostolatus, les quita a los herejes toda jurisdicción, si se opone el argumento de que la misma está abrogada por el Código Pío-Benedictino, no se puede declarar la vacante de la Sede Apostólica.

9) Si se sigue §8, solo quedan tres opciones:

a. Creemos que de facto Cristo mintió cuando dijo que asistiría a su Iglesia hasta el fin de los tiempos (Mt 28, 20).

b. Consentimos que se ordenen obispos y sacerdotes que operen por si mismos, como los cismáticos orientales o los veterocatólicos... o los falsos “Católicos Tradicionalistas” (tanto los que derivan sus ordenes de la Iglesia Brasileña del cismático y hereje Duarte-Costa o de los Veterocatólicos), o los neo-donatistas como CAM (Católicos Anti-Montinianos) de Méjico.

c. Procedemos a llamar a un Conclave Extraordinario que elija a un nuevo Papa (en realidad sería un Antipapa.



Yo rechazo §8. a., por herética, §8. b., por cismática y contraria al Concilio Vaticano [Nota de 2012: siempre y cuando estos obispos y sacerdotes se adjudiquen jurisdicción ordinaria o "funden" nuevas "iglesias"] y a la Bula Unam Sanctam, y la §8.c., por ser inductora al cisma. Sin embargo, de las tres posibilidades, la última es la más lógica y la única lógica dentro del sedevacantismo, ya que para ellos no puede haber jurisdicción sin Papa, ergo es menester elegir un Papa para que otorge jurisdicción. [Nota de 2012: No estoy de acuerdo en absoluto. Si los sedevacantistas mantienen su apostolado y sus misiones sin reclamar una jurisdicción ordinaria ni considerar que fuera de su congregación particular no hay salvación en absoluto SON LA FORMA MÁS VIABLE DE RESISTENCIA A LA IGLESIA CONCILIAR]

domingo, 15 de enero de 2012

Los que nunca se fueron y los que nunca pertenecieron

El modenismo y el liberalismo que vemos en cada parroquía de barrio, en las catedrales de las ciudades cada domingo o en las acciones de los cardenales y el mismo Pontífice no es producto del Concilio Vaticano II. Existe, de hecho en nuestro medio la tendencia de culpar de todo a Roncalli/Juan XXIII y Montini/Pablo VI quienes inauguraron la Iglesia Conciliar. Sin embargo, creo que es momento de que en vez de ver al Vaticano II como un punto de partida, lo consideremos un punto de llegada. Pensemos ¿Era posible una defección en masa de la Iglesia de un día para el otro sin años de trabajo subterráneo? ¿Era posible la apostasía de casi toda la jerarquía católica sin años de infiltración y literatura subversiva?¿Cómo fue posible que las universidades católicas que durante siglos habían enfrentado a las herejías cayeran de un plumazo bajo el peso del modernismo? ¿Es que acaso el modernismo no había recibido la estocada de la Lamentabili y la Pascendi?

Estas preguntas parecen poco formuladas. Quisiera mencionar una hipótesis muy común y que podemos leerla en las publicaciones tradicionalistas: la culpa fue de algunos teólogos alemanes que, casualmente, estaban en puestos claves. Estos teólogos fueron los profesores de los futuros peritos y expertos del Concilio, verbigracia el actual Papa de la Iglesia del Vaticano II Joseph Ratzinger. La hipótesis es sin duda interesante, pero no consigue explicar mucho. En efecto ¿Sólo los alemanes participaron en el Vaticano II? ¿Fue el Vaticano II quien dio la oportunidad a los modernistas de hacerse escuchar? ¿Por qué los obispos, cardenales y patriarcas italianos, franceses, españoles, ingleses, estadounidenses y latinoamericanos sin contar los asiáticos no se opusieron firmemente a las desviaciones de los “modernistas” en el Concilio? La respuesta puede ser más incómoda de lo que nos gustaría: el modernismo estaba en todos. Todos fueron, de alguna manera responsable al firmar los documentos del Concilio.

Monseñor Marcel Lefebvre se excusó oportunamente diciendo que estos habían sido refrendados por Montini/Pablo VI. Como bien señaló el finado Arzobispo y padre del tradicionalismo, los buenos católicos reconocen y aceptan cuando un Papa firma una constitución conciliar. La resistencia era impensable en ese momento, hubieron de pasar años (véase la historia de la FSSPX) para que se formara una resistencia más o menos orgánica al respecto y para cuando esta ya estaba formada, la resistencia católica se encontraba dividida entre acuerdistas y sedevacantistas, es decir, entre aquellos que tanteaban un posible acuerdo con la jerarquía de la Iglesia Conciliar y los que de llano rechazaban a la cúpula de la nueva Iglesia que se levantaba en lugar de la Católica.

Pero ¿Quién tuvo la culpa? En primer lugar, debemos tener en mente otra pregunta ¿Cómo fue posible el Concilio y sus funestas consecuencias? Como católicos sabemos que la Iglesia no puede errar, no puede enseñar algo que no sea verdadero porque entonces Jesucristo hubiera incumplido su promesa de asistir a la Santa Iglesia hasta el fin de los tiempos (Mt 28:20). Si ocurrió la defección en masa fue porque Dios la permitió ya que aquel que se encuentra sujeto por la gracia eficaz no puede oponerse a ella, es una herramienta en la mano de Dios porque “en Dios vivimos, nos movemos y existimos” (Act 17:28). Si ellos hubieran tenido al Señor, si sinceramente el Señor los hubiera tenido a ellos ni Montini ni ningún otro jerarca podría haber conseguido la defección en masa de los Padres Conciliares, porque tal es la alegoría de la vid y los sarmientos que el Salvador nos da en el Evangelio según San Juan (15: 4-5)

permaneced en mi y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto de sí mismo si no permanece en la vid, tampoco vosotros si no permanecéis en mi. Yo soy la vid. Vosotros los sarmientos. El que permanece en mi y yo en él , ése da mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada”.


Nada podemos sin Cristo, quien permanece en Cristo no puede perder la fe, que es la primer gracia. Los Padres Conciliares no tenían a Cristo y por eso mayoritariamente aprobaron los textos heréticos del Concilio Vaticano II. Algunos pocos resistieron, algunos huyeron, otros se ocultaron. ¿Quiénes somos para juzgarles? Los que fueron realmente fieles, aquellos que tuvieron a Cristo siempre permanecieron fieles a la Palabra de Dios y no claudicaron y la historia, el tiempo confirmó aquello que está escrito “de los que me diste no se perdió ninguno” (Jn 18:9). El concilio ocurrió porque Dios dejó que ocurriera y hoy vemos a la Iglesia Conciliar consolidada en apariencia, con su nuevo catecismo, sus nuevos dogmas, sus nuevas ordenes religiosas y congregaciones… repetimos con Atanasio que ellos tienen los templos, más nosotros tenemos la fe, y quienes tienen la Fe tienen a Cristo, quien dijo llegada su Hora: “Estando yo cada día en el templo con vosotros no extendisteis las manos en mi; pero esta es vuestra hora y el poder de las tinieblas” (Lc 22:53). Esa hora de las tinieblas se hizo visible para todos con el Concilio, ero venía desde antes. El modernismo herético estaba ya entre los hombres que detentaban los puestos y los cargos de dirección en la Iglesia. Es fácil identificar y culpar a los heresiarcas, pero a veces cuesta identificar a los complices, culpables por igual ya que ni los detuvieron ni los denunciaron. Ellos enmudecieron y olvidaron sus obligaciones, enmarcadas en el Derecho Canónico (Can. 335) de defender y conservar intacto el depósito de la fe… no lo hicieron, no porque no supieran, sino por complicidad.

El modernismo jamás fue destruido, siempre permaneció, estaba ahí, latente, esperando, creciendo. Correspondió a San Pío X sobre todos los pontífices identificarlos, darles un nombre y condenarlos, como advertencia a los católicos, empero ya estaba en marcha el plan del Enemigo de la Salvación de los Hombres. La Iglesia estaba infectada y los herejes se propagaban como un cáncer, perfeccionaron sus artimañas, daban golpes breves y certeros, acallaban a tal sacerdote, trasladaban a tal obispo, truncaban la carrera de tal teólogo, promulgaban una breve reforma litúrgica.

El modernista es hábil, su actitud es subrepticia. Como para ellos las palabras son neutras y lo que importa es la hermeneútica de los enunciados bien podían enmascarar como ortodoxia la herejía más grande. Algunos fueron embaucados, otros se dejaron embaucar y otros prefirieron callar. El Concilio promulgó una nueva religión, si es verdad, pero en los hechos, esta ya existía desde hacía mucho tiempo. Que aún hoy, la resistencia católica esté enfrascada en combates internos y disputas personales no hace sino alentar y consolidar a los que se dicen católicos y no lo son, porque son la Sinagoga de Satanás (Apoc 3:9), ellos salieron de la Iglesia, fueron bautizados en la Iglesia pero realmente nunca tuvieron la Fe que los hacía verdaderos miembros del Cuerpo Místico para poner a prueba a los elejidos y purificar a la Iglesia:

"De nosotros han salido, pero no eran de los nuestros. Si de los nuestros fueran, hubieran permanecido con nosotros, pero así se ha hecho manifiesto, que no todos son de los nuestros" (I Jn 2:19)