viernes, 5 de abril de 2013

El agnosticismo modernista


Quisiera comentar el libro de Elmar Salmann "Passi e passaggi nel cristianesimo : piccola mistagogia verso il mondo della fede". Desconozco si existe una traducción al español. El objetivo es simple: se trata de un texto muy importante en el pensamiento teológico de la Iglesia Conciliar del Vaticano II, una verdadera actualización del agnosticismo modernista y un programa de "cristianización" en tal clave, la misma que vemos continuamente y que se espera del pontificado de Francisco/Bergoglio.
Quisiera comentar, tanto el libro de Salmann, el programa que en él aparece, como la supuesta visión antitética de ortodoxa de Congar y Ratzinger. Veremos que en éstos autores hay mas comunión de pensamiento que oposición.

Elmar Salmann es un monje benedictino, renombrado teólogo y académico , sus conferencias son muy publicitadas y sus libros forman parte del canon del pensamiento de la Iglesia Conciliar. El libro es de fácil lectura y su tesis principal es que en el mundo moderno estamos privados de Dios. Hoy, Dios se hace anónimo, ya no actúa como en la Biblia, se ocultó a los hombres y éstos no pueden diferenciar lo sagrado de lo profano.El texto está en sintonía con el pensamiento de Karl Rahner y de Hans Urs von Balthasar , dos luminarias del Modernismo y la Nueva Teología. No faltará quien marque la diferencia con el joven Yves Congar, para quien el ámbito de la acción y disernimiento de Dios es la Iglesia, por medio de la cual conocemos a Dios, algo que Ratzinger expuso en sus libros, primero como profesor, y luego como Papa.

Para comenzar el análisis, recordemos que San Pío X enseñó que en el modernista coexisten varios personajes: el filósofo, el apologista, el reformador y el creyente (Pascendi, I). Conviene ahora saber lo que dice el último Papa Santo sobre la filosofía del modernista:

Los modernistas establecen, como base de su filosofía religiosa, la doctrina comúnmente llamada agnosticismo. La razón humana, encerrada rigurosamente en el círculo de los fenómenos, es decir, de las cosas que aparecen, y tales ni más ni menos como aparecen, no posee facultad ni derecho de franquear los límites de aquéllas. Por lo tanto, es incapaz de elevarse hasta Dios, ni aun para conocer su existencia, de algún modo, por medio de las criaturas: tal es su doctrina. De donde infieren dos cosas: que Dios no puede ser objeto directo de la ciencia; y, por lo que a la historia pertenece, que Dios de ningún modo puede ser sujeto de la historia.

¿Cómo es ese dios lejano que nos presenta Elmar Salmann? Es un dios incognoscible, un dios anónimo y misterioso, un νοούμενoν (noúmenon) kantiano. como veremos más adelante.  Pero también, señala el autor, no es el mismo dios que aparece en el Antiguo Testamento. Al tratarse éste de un relato "mítico", no histórico ni real, lo que leemos allí no es sino la interpretación mágica que hicieron sabios judíos a lo largo de varios siglos, o mejor dicho, la Biblia sería una inmensa teología de la historia, una visión teologizada de los acontecimientos pasados, pero que, por las continuas redacciones y correcciones, el sustrato empírico se encuentra  Enûma Elish o el medievalista que, queriendo adentrarse ne la mitología nórdica, se sumerge en las sagas  No obstante, Salmann aclara, en éste y en otros libros, que los "textos divinos", no son divinos porque tengan a a Dios por autor, sino porque tratan sobre la divinidad, siendo composiciones históricas de la comunidad de los creyentes. Para que tomemos una dimensión real de como Salmann interpreta las escrituras deberíamos hacer un ejercicio: Edgar Allan Poe jamás pisó París, no obstante, su serie policial transcurre en la capital francesa. Quien quiera conocer a Dios por medio de las Sagradas escrituras será como aquel que quiera conocer a París por medio de Poe.
desdibujado a tal punto que es casi imposible distinguir lo real de lo ficticio. La Biblia, para Elmar Salmann es poco menos que una novela histórica. Quien quiera conocer a Dios por las Sagradas Escrituras, en última instancia, emprende el mismo camino que el orientalista que, para conocer la mitología babilónica leerá el

La Biblia, al ser compuesta por la comunidad de creyentes judíos y luego, paleocristianos, tiene a un Dios Omnipresente y actuante porque esa comunidad estaba orientada a Dios/Yaveh y luego a Dios/Cristo. La presencia divina era el "sentimiento" que de ella tenía la comunidad. Una visión de Dios: en el Antiguo Testamento un Dios cruel y vengativo, en el nuevo, un Dios próximo y cercano que se hace uno con el hombre para poder salvarlo. el cristiano debe entonces ser como Cristo. Aquí, Elmar Salmann retoma Dietrich Bonhoeffer: Cristo murió por los demás, el cristiano es el imitador de Cristo y por lo tanto aquel que se entrega por los demás, es allí donde se encuentra la "verdadera divinidad".

Bonhoeffer como Elmar Salmann lo que en realidad están haciendo es un tratado de sociología. Me atrevería a decir, incluso, que de mala sociología. En efecto, una de las obras principales del teólogo de la Bekennende Kirche se titula "Sociología de la Iglesia", donde se expone en la cuarta tesis de la Declaración de Barmen: la función de la Iglesia es practicar el servicio a todos. ¿Por qué? Porque es lo único que podemos conocer de las sagradas escrituras. Todo lo demás es mito, recreación, expansiones literarias colocadas allí dónde los hombres desconocían lo que realmente había ocurrido. Para éstos autores el judío no debe convertirse al cristianismo, no lo necesita, porque él "siente" a Dios desde el judaísmo, como el musulmán desde el Islam. Cada quien se somete a la voluntad del Dios, es decir, la religión es un doble acto, primero de construir socialmente para luego instruir, es decir construir interiormente.

Repite Salmann el pensamiento de Hans Urs von Balthasar : el mundo de hoy desconoce a Dios porque Dios está ausente, pero siempre lo estuvo... la diferencia, es que hoy somos conscientes de esa ausencia, de esa lejanía y de nuestra incapacidad de conocerle, de comprenderle y por lo tanto de someternos a su voluntad. Antes, el hombre ideaba maneras de acercarse a lo sagrado según los contextos histórico-culturales: los árabes inventaron el Islam, los budistas reformaron el hinduismo  los judíos perfeccionaron los cultos pastoriles y paganos, depurándolos. El Cristianismo sufre un accidente histórico con la persona de Cristo, pero, los evangelios, son una interpretación de Jesús, de su vida, de su obra y su pensamiento. Al estar Dios alejado del mundo, al no manifestarse, al no hacer "sentir" su presencia, los hombres de hoy, cobran conciencia de ello y esa angustia los conduce al agnosticismo que dice "denunciar". El Cristiano, debe reconocer la orfandad del mundo moderno de Dios. No es que los hombres se alejaron de Dios, sino que Él jamás estuvo presente. Así como los judíos crearon una imagen de Dios, razona Salmann, como un juez implacable, tan poderoso que podía usar a los enemigos de Israel para castigar al Pueblo Elegido, así como la "comunidad primitiva" cristiana creo una imagen de Jesús (el "Jesús de la Fe"), pobre, perseguido y a la vez libertador y redentor, la Iglesia de Hoy debe buscar una nueva imagen de Dios, una imagen que sirva para contrarrestar el agnosticismo, dice el catedrático.

Vemos en éste último apelativo a la "creación" de una nueva imagen de Dios, la "inmanencia vital", denunciada en la Pascendi de San Pío X:

una vez repudiada la teología natural y cerrado, en consecuencia, todo acceso a la revelación al desechar los motivos de credibilidad; más aún, abolida por completo toda revelación externa, resulta claro que no puede buscarse fuera del hombre la explicación apetecida, y debe hallarse en lo interior del hombre; pero como la religión es una forma de la vida, la explicación ha de hallarse exclusivamente en la vida misma del hombre. Por tal procedimiento se llega a establecer el principio de la inmanencia religiosa. En efecto, todo fenómeno vital —y ya queda dicho que tal es la religión— reconoce por primer estimulante cierto impulso o indigencia, y por primera manifestación, ese movimiento del corazón que llamamos sentimiento. Por esta razón, siendo Dios el objeto de la religión, síguese de lo expuesto que la fe, principio y fundamento de toda religión, reside en un sentimiento íntimo engendrado por la indigencia de lo divino. Por otra parte, como esa indigencia de lo divino no se siente sino en conjuntos determinados y favorables, no puede pertenecer de suyo a la esfera de la conciencia; al principio yace sepultada bajo la conciencia, o, para emplear un vocablo tomado de la filosofía moderna, en la subconsciencia, donde también su raíz permanece escondida e inaccesible.

¿Es ésta una doctrina nueva, entonces? ¿El llamado de Salmann a una re-definición de la Iglesia es la apelación a los cristianos para evangelizar el mundo? Es la misma y vieja doctrina modernista que San Pío X llamó "delirio", es la aplicación el idealismo kantiano, que nos deja en una ignorancia absoluta sobre el Creador, no podemos saber como es Dios en sí mismo, porque el hombre está incapacitado de conocer las cosas en sí mismas ("Das Ding an sich", frase fundamental en la "Crítica de la Razon Pura") y lo que de Dios tenemenos es el φαινόμενoν, porque somos incapaces de desvelar el νοούμενoν.

El dios de Elmar Salmann es un νοούμενoν, noúmenon, del cual hemos creado varias  φαινόμενα (phenomena), según los contextos históricos, políticos, culturales, étnicos, etc. Pero nunca, jamás, estamos ante el Dios verdadero.El Dios verdadero es incognosible, imposible para los hombres, como lo era el Uno de Plotino, al que los hombres podían percibir por medio del Nous.

Pero veamos las consecuencias: al no conocer a Dios, hacemos una imagen de él, el Dios moderno debe ser accesible y afín al agnóstico; se puede relajar la moral y la disciplina, para que el hombre moderno la acepte... en última ratio, se repite el último punto de la Lamentabili:

El catolicismo actual no puede armonizarse  con la verdadera ciencia, si no se transforma en un cristianismo no dogmático: en un protestantismo amplio y liberal.

Remplacemos ciencia con el Mundo moderno y tendremos el pensamiento del Concilio Vaticano II.

Pero alguien objetará que Congar y Ratzinger están en las antípodas de éste pensamiento. ¿Acaso para Cóngar el Creador no puede ser conocido sino dentro de la Iglesia? ¿No concluye Ratzinger en la Dominus Iesus que fuera de la Iglesia de Cristo es la Iglesia Católica y que en ella se da la salvación? La diferencia es menos importante de lo que parece, porque en éstos dos autores existe un error eclesiológico, o mejor dicho, una nueva eclesiología: la Iglesia no es la Iglesia Católica Apostólica Romana, sino la comunidad de los creyentes en Jesús. Hay una Iglesia más perfecta, como la Iglesia Católica Romana, otras imperfectas, como aquellas en las que se conserva la eucaristía y el orden sagrado, pero todas son medios de salvación por las cuales actúa el Espíritu Santo.

La Iglesia está entonces desunida. Congar lo dice en el título de su obra clásica, Ratzinger con el mismo pesimismo en Informe sobre la fe, en Dominus Iesus, y también en la trilogía Jesús de Nazareth. Para ellos todos los que adoran a Cristo (bien o mal, completa o incompletamente) son miembros de la Iglesia. La Iglesia no es la institución fundada por Nuestro Señor, sino que es algo invisible que se extiende allí donde Él es invocado. Otra hermenéutica de lo que la Iglesia es, y por lo tanto de su misión.

Es la comunidad de los fieles, organizada, la que debe afrontar el reto de poner a Dios en el mundo. ¿Cómo? Reinterpretando la historia, tomando los elementos que son necesarios, desechando aquello que ya no es menester, corrigiendo los errores del pasado, limando los abusos, en fin: construyendo socialmente,  construyendo, desde la comunidad de los fieles, para que cada fiel, pueda ser instruído en el Dios de Hoy, es decir, construir interiormente la imagen de Dios que necesita para vivir en el mundo moderno.

Ratzinger fue claro en su programa de pontificado: hay dos hermeneuticas del Concilio, que expresan la respuesta de la Iglesia nte el mundo moderno. La hermneutica de la ruptura quiso interpretarlo como una discontinuidad,c omo una novedad, de ésta manera cniotribuyó al agnosticismo, al descreimiento, al alejamiento del mundo de Dios. NUa hermeneutica de la continuidad, por su parte conseguirá lo contrario. Acciones concretas: el indulto a la Misa Tridentina, la formación de una Iglesia Alta ritualista con una Iglesia Baja "evangélica", con la espera de que ambas, se alimenten mutuamente, creando una síntesis contemporánea, la síntesis que dará al mundo el Dios que necesita, o mejor dicho, el Dios que se ajuste a él.