viernes, 30 de agosto de 2013

Credo Mariano

Quiero reproducir aquí el siguiente texto que publicó en su momento nuestro amigo Juan Diego, administrador del Blog Católico "Como ovejas sin pastor".




¡María, Madre de Dios
y Madre nuestra amabilísima!
Creo en tu Maternidad divina,
en tu perpetua Virginidad,
en tu Inmaculada Concepción,
en tu misión de Corredentora
junto a tu Hijo Jesús.
Creo en tu Asunción
y glorificación celestial en cuerpo y alma
porque eres la Madre del Resucitado
e imagen de la Iglesia
que tendrá su cumplimiento
en el retorno glorioso de Cristo.
Creo en tu Maternidad espiritual
que, donando a Jesús, nos engendra a la vida divina,
en tu Maternidad eclesial,
porque precedes y acompañas a la Iglesia
en el camino de la fe y del amor.
Creo en tu Realeza universal,
en tu misión de mediadora y dispensadora
de toda gracia y don que viene de Dios,
en tu presencia de amor
junto a cada una de las criaturas
como Madre, Auxiliadora, Consoladora.
¡Venga pronto “tu hora” oh María,
por el triunfo sobre toda la tierra
del Reino de tu Hijo,
que es Reino de santidad, de justicia,
de amor y de paz!

jueves, 29 de agosto de 2013

El contexto lo es todo

Quiero agradecer a un estimado colaborador que nos envió la traducción del ensayo "El contexto lo es todo", que fue publicado originalmente en el Blog Prístina Liturgica.


El contexto lo es todo

Nota del Traductor: el siguiente post es una traducción de un artículo publicado en el blog Pistrina Liturgica: http://pistrinaliturgica.blogspot.com.ar/2013/08/context-is-everything.html



Epígrafe de la foto: “Nadie hablaría mucho en sociedad, si supiera cuan a menudo malinterpreta a los demás.” Goethe.

Nota del Editor: El post de hoy ha sido escrito en su totalidad por uno de nuestros habituales corresponsales, el cual nos envió recientemente el siguiente análisis digno de atención.

He seguido la serie de Posts dedicados al trabajo de Cekada sobre la ordenación con una mano, e incluso en este tema es patente su incompetencia en varias áreas (aunque llama la atención que Sanborn, que se supone que sabe latín y teología, haya dejado pasar todas estas tonteras).

Coincido con las críticas al trabajo de Cekada, pero hay un argumento que no vi que adujeran y creo que sirve para probar que Cekada no entendió lo que estaba en discusión, es decir, no sólo no entendió el latín de Pío XII sino que tampoco entendió el contexto histórico y jurídico de la constitución apostólica Sacramentum Ordinis.

Si bien es cierto, como dice Billot, que la discusión era más teóricamente académica que otra cosa ya que la Iglesia siempre opta por la vía más segura, sin embargo es fácil constatar, para quien haya leído cualquier tratado de teología sobre el Sacramento del Orden anterior al documento de Pío XII, que la discusión entre los teólogos era doble:

1) Primero y principal estaba la discusión si la tradición de los instrumentos pertenecía o no a la esencia del sacramento, con lo cual había tres opiniones:

a) La imposición de las manos era suficiente.

b) La tradición de los instrumentos era suficiente.

c) Ambos eran necesarios.

2) En segundo lugar estaba la duda de, supuesta la necesidad de la imposición de las manos, cuál de todas era esencial. En el diaconado y el episcopado hay una sóla imposición, con lo cual no había problemas, pero en el caso del sacerdocio había tres opiniones:

a) La primera imposición era suficiente.

b) La primera imposición seguida de la extensión de la mano.

c) Opción “b” más la última imposición.

Con respecto a esta última opción era común la enseñanza de los teólogos que no formaba parte de la materia ya que tenía lugar después de la consagración de la Hostia y del Cáliz.

Así estaba la discusión hasta la promulgación del Sacramentum Ordinis. Ahora bien, Pío XII en 1947 resolvió ambas dudas, y es esto lo que Cekada no entendió.

Examinemos, en su contexto, lo que en realidad escribió Pío XII en el párrafo 4 de su constitución (énfasis míos):

“Quae cum ita sint, divino lumine invocato, suprema Nostra Apostolica Auctoritate et certa scientia declaramus et, quatenus opus sit, decernimus et disponimus : Sacrorum Ordinum Diaconatus, Presbyteratus et Episcopatus materiam eamque unam esse manuum impositionem; formam vero itemque unam esse verba applicationem huius materiae determinantia, quibus univoce significantur effectus sacramentales, — scilicet potestas Ordinis et gratia Spiritus Sancti — , quaeque ab Ecclesia qua talia accipiuntur et usurpantur. Hinc consequitur ut declaremus, sicut revera ad omnem controversiam auferendam et ad conscientiarum anxietatibus viam praecludendam Apostolica Nostra Auctoritate declaramus, et, si unquam aliter legitime dispositum fuerit, statuimus instrumentorum traditionem saltem in posterum non esse necessariam ad Sacrorum Diaconatus, Presbyteratus et Episcopatus Ordinum validitatem.*

Es decir, por el contexto se ve claramente que está diferenciando la imposición de manos de la tradición de instrumentos, y esto es evidente por el párrafo 5 del Sacramentum Ordinis que dice (énfasis míos):

De materia autem et forma in uniuscuiusque Ordinis collatione, eadem suprema Nostra Apostolica Auctoritate, quae sequuntur decernimus et constituimus: In Ordinatione Diaconali materia est Episcopi manus impositio quae in ritu istius Ordinationis una occurrit… In Ordinatione Presbyterali materia est Episcopi prima manuum impositio quae silentio fit, non autem eiusdem impositionis per manus dexterae extensionem continuatio, nec ultima… Denique in Ordinatione seu Consecratione Episcopali materia est manuum impositio quae ab Episcopo consecratore fit.”**

En una palabra, primero el Papa habla de las tres órdenes en general, y dice que la materia es única y común a las tres, a saber, la imposición de las manos, es decir no es doble ya que la tradición de los instrumentos no es necesaria para la validez; y luego determina en particular cuál es la materia de cada una de las órdenes y muy en particular del presbiterado, que era la única que presentaba dudas.

En cambio Cekada entiende el citado párrafo 4 del documento como referido en particular a cada una de las órdenes (diaconado, presbiterado, episcopado) cuando dice:

“En su Constitución Sacramentum Ordinis, Pío XII, habiendo invocado explícitamente su suprema Autoridad Apostólica, declaró y decretó:

La materia de las sagradas órdenes de Diaconado, Presbiterado y Episcopado  es una y la misma, y esa en efecto es la imposición de las manos”.

Y luego con su pésima y tendenciosa traducción intenta probar que, así como la ordenación de los diáconos es válida con una mano, también sucede lo mismo con la ordenación sacerdotal y con la episcopal.

Pero notemos bien que Pío XII en el párrafo 4 lo único que está discutiendo es si la imposición de las manos es suficiente o si también debe agregarse la tradición de instrumentos.

En su comentario a la constitución, el jesuita Hürth deja esto muy en claro (negritas mías):

12. Parte preparatoria sic absoluta, Constitutio Apostolica (Const. n. 4) transit ad partem dispositivam, in qua primo collective pro omnibus tribus ordinibus, Diaconatus, Presbyteratus, Episcopatus statuitur, quid ad valorem requiratur, quid non requiratur; deinde ididem (read ibidem) fit relate ad singulos hos ordines, singillatim sumptos.” ***

O en otras palabras, el párrafo 4 especifica en general qué se requiere para la validez (imposición de manos) y qué no se requiere (tradición de instrumentos), y luego en el siguiente parágrafo se dice en cada una de las órdenes en particular qué materia y qué forma se requiere.

En los puntos siguientes Hürth aclara aún más su pensamiento (negritas mías):

13. Id quod “declaratur", (respective insuper “disponitur”), ex parte est positivum, ex parte negativum. Pars positiva respicit necessitatem et suficientiam solius manuum  impositionis, tamquam materiae, ad validam Ordinationem diaconalem, presbyteralem, episcopalem, necnon necessitatem et sufficientiam verborum, tamquam formae, etc. ****

14: Parti positivae statim adnectitur pars negativa, scl. declaratio et dispositio, quidnam non requiratur (Const. n. 4). Haec pars negativa est simplex et necessaria conclusio ex antecedenti parte positiva; ideo incipit verbis: “hinc consequitur”. Et revera, si unica[1] materia, quae ad valorem requiratur, est impositio manuum, nulla alia materia ad valorem necessaria esse potest. Pars negativa in primis respicit “traditionem instrumentorum”, quam, ut supra notatum est, multi theologi primae notae ante et post Concilium Florentinum dixerunt materiam sacramenti, ad valorem saltem etiam necessariam.” *****

Luego pasa a hablar de las órdenes en particular y comenta:

16. Parti generali de tribus Diaconatus, Presbyteratus, et Episcopatus Ordinibus adiungitur pars specialis de singulis Ordinibus, singillatim sumptis (Const. n. 5), et quaeritur, quinam ex ritibus occurrentibus ad essentiam et valorem singulorum ordinum sint necessarii.” ******

En conclusión: como se puede ver, no sólo Cekada no sabe latín y falsea las palabras del Papa sino que tampoco entiende de qué está hablando el Sacramentum Ordinis.

Muchas gracias a los que tienen parte en Pistrina por desenmascarar la incompetencia de este pseudo-erudito.

* Nota del Editor: Nuestro corresponsal citó solamente los textos en latín. A fin de evitar toda acusación de parcialidad en contra de “El Inepto” (nota del traductor: “el inepto” es Cekada), en lugar de dar nuestra propia traducción del Sacramentum Ordinis tanto de esta cita como de la siguiente  vamos a dar la que trae el Denzinger 2301 (cfr. https://docs.google.com/file/d/0B9XFGc_BZfpPZ3RMT1NNdnB6Tk0/edit?pli=1 . Nota del traductor: el artículo original citó una página Web en inglés, pero por obvias razones damos otro link.). Hemos mantenido el énfasis de nuestro corresponsal. (Con respecto a las citas de Hürth, no hemos tenido más opción que traducirlas nosotros mismos. Hemos mantenido escrupulosamente el sentido literal).

Siendo esto así, después de invocar la lumbre divina, con nuestra suprema potestad apostólica y a ciencia cierta, declaramos y, en cuanto preciso sea, decretamos y disponemos: Que la materia única de las sagradas órdenes del diaconado, presbiterado y episcopado es la imposición de las manos, y la forma, igualmente única, son las palabras que determinan la aplicación de esta materia, por las que unívocamente se significan los efectos sacramentales – es decir, la potestad de orden y la gracia del Espíritu Santo - y que por la Iglesia son recibidas y usadas como tales. De aquí se sigue que declaremos, como, para cerrar el camino a toda controversia y ansiedad de conciencia, con nuestra autoridad apostólica realmente declaramos y, si alguna vez legítimamente se hubiere dispuesto otra cosa, estatuimos que, por lo menos en adelante, la entrega de los instrumentos no es necesaria para la validez de las sagradas órdenes de diaconado, presbiterado y episcopado.


** En cuanto a la materia y forma en la colación de cada una de las órdenes, por nuestra misma suprema autoridad apostólica decretamos y constituimos lo que sigue: En la ordenación diaconal, la materia es la imposición de manos del obispo que en el rito de esta ordenación sólo ocurre una sola vez… En la ordenación presbiteral, la materia es la primera imposición de manos del obispo que se hace en silencio, pero no la continuación de la misma imposición por medio de la extensión de la mano derecha, ni la última…Finalmente, en la ordenación o consagración episcopal, la materia es la imposición de las manos que se hace por el Obispo consagrante…”


*** 12. Después de haber terminado la sección preparatoria, la constitución apostólica (párrafo 4) pasa a la sección determinativa, en donde se determina comprehensivamente primero, lo que se requiere para la validez de las tres órdenes del diaconado, presbiterado y episcopado, y qué no se requiere; luego, en el mismo contexto (ibidem) (la determinación) se hace con respecto a cada una de las órdenes tomadas una por una.


**** 13. Lo que “se declara” (sobre el particular “[lo que] se provee”) es en parte positivo y en parte negativo. La parte positiva versa sobre la necesidad y suficiencia de sólo la imposición de las manos, como materia para una válida ordenación diaconal, sacerdotal y episcopal, y también la necesidad y suficiencia de las palabras como forma, etc.”


***** 14. A la parte positiva se le agrega inmediatamente la negativa, a saber, la declaración y provisión de lo que no se requiere (párrafo 4). Esta parte negativa es una conclusión simple y necesaria de la parte positiva precedente; así, pues, comienza con las palabras “de aquí se sigue”. Y en realidad, si la única materia que se requiere para la validez es la imposición de las manos, ninguna otra puede ser necesaria  para la validez. La parte negativa se refiere principalmente a la “entrega de los instrumentos”, que, como notamos más arriba, muchos teólogos de gran autoridad, tanto antes como después del Concilio de Florencia, decían que era la materia del sacramento, por lo menos también necesaria para la validez”.


****** 16. A la parte general sobre las tres órdenes del diaconado, presbiterado y episcopado se le agrega la parte especial sobre cada una de las órdenes, tomadas una por una (párrafo 5), y allí se examina pues, cual de los ritos es necesario para la esencia y validez de cada una de las órdenes.



[1] Es decir, “materiam eamque unam” no significa “la materia es una y la misma” como traduce mal Cekada, sino “la única materia”.

miércoles, 28 de agosto de 2013

San Buenaventura: El árbol de la vida

Tomado de El árbol de la vida, 49.

Rogamos, pues, al clementísimo Padre por medio de ti, su Unigénito, hecho hombre por nuestro amor, crucificado y glorificado, que de sus tesoros envíe sobre nosotros el Espíritu de la gracia septiforme, el cual descansó en ti en toda su plenitud.

El espíritu de Sabiduría para que gustemos el fruto del árbol de la vida que eres Tú y los sabores que recrean la vida.

El don del Entendimiento con que sean esclarecidos los ojos de nuestra mente.

El don del Consejo para caminar, siguiendo tus pisadas, por las sendas de la rectitud.

El don de la Fortaleza para triunfar de la violencia de los enemigos que nos combaten.

El don de la Ciencia para que, alumbrados con los fulgores de la sacra doctrina, hagamos juicio recto del bien y del mal.

El don de la Piedad para vestimos de las entrañas de misericordia.

El don de Temor con que, apartándonos de todo lo malo, dulcemente reposemos en la sujeción reverencial a tu eterna Majestad.

Estas cosas nos enseñaste a pedir en la oración del Padrenuestro, y éstas te suplicamos ahora, por tu cruz, nos alcances para gloria de tu santísimo nombre, al cual con el Padre y el Espíritu Santo sea todo honor y gloria, el hacimiento de gracias, el loor y el imperio por infinitos siglos de siglos. Amén.

R.P. JESÚS MESTRE ROC: “MIENTRAS ROMA NO CAMBIE, ES INÚTIL TODA TRATATIVA” (AÑO 2008)

El sieguiente texto lo colocamos por la claridad con la que toca un tema siempre recurrente: el acuerdo práctico que algunos grupos tradicionalistas estan al filo de firmar con Roma. Para los de ayer y para los de hoy, para los sacerdotes y también, para los fieles.


EL ESPEJISMO DE ROMA... Y EL DESASTRE DE CAMPOS
RP Jesús Mestre Roc.

A pesar de todo, algunos grupos han cedido en lo que los dos obispos han resistido hasta el último día de vida. De hecho, Roma aparentaba condescendiente con la antigua religión, haciendo a los tradicionalistas ofertas atrayentes. Por ejemplo: A Dom Gérard le hicieron decir: “Si Roma nos concede todo lo que pedimos y no nos pide nada a cambio, no podemos dejar de aceptar”. Sin embargo, Mons. Lefebvre veía en esto la trampa cuando, hablando de Dom Gérard, decía: “Él no ve claramente los problemas teológicos del concilio, de la libertad religiosa. No ve la malicia de estos errores. Nunca se preocupó demasiado de esto. Lo que a él le afectaba era la reforma litúrgica... Mientras le concedan lo que buscaba... eso es lo que quiere y lo demás le es indiferente. Pero cae en una trampa porque la otra parte no ha cedido nada de sus falsos principios...Es desastroso». La trampa consistía y sigue consistiendo en el hecho de que unirse a los conciliares en la práctica, se terminará necesariamente por aceptar en los principios, los errores del Concilio. Así no se podrá seguir llevando el combate de la Fe.

Un ejemplo más reciente es el de los sacerdotes de la Unión San Juan María Vianney de Campos. En agosto de 2001, posiblemente cansados del combate llevado a cabo por su santo obispo, se lanzaron por el camino de las tratativas con las autoridades romanas. Buena presa para estas autoridades conciliares. Previa firma de reconocimiento del Concilio y de la validez del nuevo misal (el meollo del «problema de Ecóne»), afirman: «Roma no nos pide nada». Pues bien, olvidando cuán peligrosos son para la Fe el Concilio y la Nueva Misa, en 2007 su Superior y Administrador de la Unión redacta una Orientación Pastoral titulada «El Magisterio Vivo de la Iglesia» en la que defiende a capa y espada la ortodoxia del Concilio y sus reformas; y en estos recientes meses acaba de redactar sus «18 razones» por las cuales la Fraternidad San Pío X no es católica, concluyendo de este modo: “La Fraternidad San Pío X es una secta cismática”.

Es un ejemplo del espejismo de la Roma conciliar que, desde hace veinte años, sigue provocando muchos abandonos del combate de la Fe, y eso que no se les pedía «nada» a cambio. Y con todo, todavía hay algunos que se dejan tentar...«¿Qué nos pide a cambio de nuestro reconocimiento legal?: ¡¡¡NADA!!!».Pero no hay que dejarse engañar. Si Roma no pide aparentemente nada, es porque sabe que la inercia del Concilio hace lo demás.

20 AÑOS DESPUÉS

Después de transcurridos esos años nos podemos, pues, preguntar qué hubiera sido de toda la obra de la Fraternidad si Mons. Lefebvre no hubiera tomado la medida que se imponía para su continuidad como obra providencial de la Iglesia. Era su obligación y la llevó heroicamente a cabo.

Para Monseñor Lefebvre no se trataba sólo de un reconocimiento legal de su obra. No. La jerarquía de la Iglesia tiene por misión divina la transmisión y conservación de la Fe y, mientras Roma no cambie, es inútil toda tratativa: «Suponiendo que de aquí a cierto tiempo Roma nos llame, quiera vernos otra vez y restablecer conversación, en ese momento soy yo el que pondré las condiciones. Ya no aceptaré quedarme en la situación en la que estábamos durante los coloquios. Plantearé la cuestión en el plano doctrinal: “¿Estáis de acuerdo con las grandes encíclicas de todos los Papas que os han precedido? ¿Estáis de acuerdo con Quanta Cura de Pío IX, Immortale Dei, Libertas de León XIII, Pascendi de Pío X, Quas Primas de Pío XI y Humani generis de Pío XII? ¿Estáis en comunión con estos Papas y con sus afirmaciones? ¿Aceptáis todavía el juramento antimodernista? ¿Estáis a favor del reinado social de Nuestro Señor Jesucristo? Si no aceptáis la doctrina de nuestros predecesores, es inútil hablar. Mientras no aceptéis reformar el Concilio, considerando la doctrina de estos Papas que nos han precedido, no hay diálogo posible. Es inútil. De este modo, las posturas serán más claras”. No es poca cosa lo que nos opone. No basta decir: “Podéis decir la misa antigua pero hay que aceptar el Concilio”. No. No es la misa lo que nos opone, sino la doctrina».

Gracias Monseñor Lefebvre, gracias Monseñor de Castro Mayer: pedimos a Dios la gracia de ser fieles a la luz que ustedes nos han transmitido, y la fuerza para perseverar en medio de la adversidad y de la persecución.

Credidimus Caritati Nº 76, Invierno 2008

martes, 27 de agosto de 2013

Las 24 Tesis de Santo Tomás de Aquino

Sagrada Congregación de Estudios 

ALGUNAS TESIS DE LA DOCTRINA DE SANTO TOMÁS QUE HAN DE SER TENIDAS 
EN CUENTA POR LOS PROFESORES DE FILOSOFÍA 

Después de que Nuestro Santísimo Señor, el Papa Pío X, prescribió en el «Motu Propio» Doctoris
Angelici, del día 29 de junio de 1914, que se sigan los principios y las tesis más importantes de
Tomás de Aquino en todas las enseñanzas de filosofía, muchos profesores de diferentes Institutos
propusieron a esta Sagrada Congregación de Estudios algunas tesis, para que fueran examinadas, ya
que ellos las consideraban y las enseñaban como las principales del Santo Maestro, sobre todo en
materia de metafísica.

Esta Sagrada Congregación, después de consultarlo al Santo Padre, y por mandato del mismo,
responde que estas tesis contienen los más importantes principios y la enseñanza sustancial del santo
Doctor.

Son las siguientes:

ONTOLOGÍA

1. La potencia y el acto dividen al ente de tal modo que, todo cuanto es, o es acto puro o está
necesariamente compuesto de acto y de potencia, como principios primeros e intrínsecos.

2. El acto, puesto que es perfección, no es limitado más que por la potencia, que es capacidad de
perfección. Por consiguiente, cuando en un orden el acto es puro, entonces dentro de ese mismo
orden es ilimitado y único; pero cuando el acto es finito y múltiple, está en verdadera composición
con la potencia.

3. Por eso, como ser mismo absoluto únicamente subsiste Dios, que es uno y simplicísimo; todas las
demás cosas que participan el ser mismo, tienen una naturaleza con la que el ser es coartado, y
constan de esencia y de ser como de principios realmente distintos.

4. La denominación «ente», que deriva de ser, no se predica unívocamente de Dios y de las
criaturas, ni tampoco de modo totalmente equívoco, sino analógicamente, con analogía tanto de
atribución como de proporcionalidad.

5. Además, en toda criatura, hay una composición real de sujeto subsistente con unas formas
secundariamente añadidas, o accidentes: esta composición no podría entenderse si el ser no
estuviese recibido realmente en una esencia distinta de él.

6. Además de los accidentes absolutos, hay tambien un accidente relativo o de relación (ad aliquid).
Pues, aunque la relación no significa de suyo, según su característica propia, una realidad inherente a
otra, sin embargo con frecuencia tiene una causa en las cosas mismas, y por tanto una entidad real
distinta del sujeto.

7. La criatura espiritual es en su esencia completamente simple. Sin embargo, hay en ella una doble
composición: de la esencia con el ser, y de la substancia con los accidentes.

COSMOLOGÍA

8. En cambio, la criatura corporal está en su misma esencia compuesta de potencia y acto; esta
potencia y este acto dentro del orden de la esencia, se designan respectivamente con los nombres de
materia y forma.

9. Ninguna de estas dos partes (de la esencia de las criaturas corporales: materia y forma) tiene por
sí misma el ser, ni se produce o corrompe por sí; y no se incluyen entre los predicamentos, más que
por reducción en cuanto son principios substanciales.

10. Aunque la extensión en partes integrales se sigue de su naturaleza corpórea, sin embargo, para el
cuerpo no es lo mismo ser substancia que ser extenso. La substancia, en cuanto tal, es indivisible, no
a la manera del punto, sino como aquello que no pertenece al orden de la dimensión. La cantidad,
que da la extensión a la substancia, difiere realmente de ésta, y es un accidente en sentido propio.

11. La materia determinada por la cantidad es principio de individuación, o sea, de la distinción
numérica -que no puede darse en los espíritus puros- entre un individuo y otro que tienen la misma
naturaleza específica.

12. La cantidad hace también que el cuerpo esté circunscrito en un lugar, y que de ese modo sólo en
un lugar pueda estar, cualquiera que sea la potencia que se considere.

BIOLOGÍA Y PSICOLOGÍA

13. Los cuerpos se dividen en dos grupos: algunos son vivos y otros carecen de vida. En los
vivientes, para que el mismo sujeto posea de por sí una parte motora y una parte movida, la forma
substancial -designada con el nombre de alma- requiere disposición orgánica, es decir, partes
heterogéneas.

14. Las almas de orden vegetativo y sensitivo ni subsisten ni son producidas por sí mismas, sino
únicamente son en cuanto principios por los que el viviente es y vive; y como dependen totalmente
de la materia, una vez que se corrompe el compuesto (de alma y materia), ellas se corrompen
inmediatamente per accidens.

15. Por el contrario, el alma humana subsiste por sí misma, puede ser infundida con el sujeto
suficientemente dispuesto, es creada por Dios y por su misma naturaleza es incorruptible e inmortal.

16. Esta alma racional se une al cuerpo como su única forma substancial por la que el hombre es
hombre, animal, viviente, cuerpo, substancia y ente. Por tanto, el alma da al hombre todo grado
esencial de perfección, y además comunica al cuerpo el acto de ser por el que ella misma es.

17. Del alma humana dimanan, como resultado natural, dos órdenes de facultades, orgánicas e
inorgánicas. El sujeto de las primeras, a las que pertenecen los sentidos, es el compuesto (de alma y
cuerpo); el de las segundas es el alma sola. El entendimiento es, por tanto, una facultad
intrínsecamente independiente de todo órgano corporal.

18. El ser intelectual o inteligente se sigue necesariamente de la inmaterialidad, de modo que los
grados de intelectualidad siguen a los grados de alejamiento con respecto a la materia. El objeto
adecuado de la intelección en general es el ente; pero el objeto propio del intelecto humano, en su
estado actual de unión al cuerpo, se limita a la esencia de las cosas abstraída a partir de las
condiciones individuales de la materia.

19. Por tanto, recibimos el conocimiento a partir de las cosas sensibles. Pero como lo sensible no es
inteligible en acto, hay que admitir en el alma, además del intelecto que propiamente entiende, un
poder activo que abstraiga las semejanzas (species) inteligibles a partir de las imágenes sensibles de
la fantasía.

20. Por medio de esas semejanzas intelectuales o especies inteligibles conocemos directamente lo
universal (o la naturaleza) de las cosas; lo singular lo percibimos con los sentidos, y también con el
entendimiento al mirar éste en las imágenes sensibles; y, por analogía, ascendemos al conocimiento
de las realidades espirituales.

21. La voluntad sigue al entendimiento, no lo precede, y quiere necesariamente aquello que le es
presentado como un bien que sacia por completo su deseo; pero elige libremente entre aquellos
bienes que se le proponen para ser queridos por un juicio o estimación variable. Por consiguiente, la
elección sigue al juicio práctico último, pero es la voluntad la que hace que ese juicio sea el último.

TEODICEA

22. Conocemos la existencia de Dios, no por una intuición inmediata, ni por una demostración a
priori, sino a posteriori, es decir, a partir de las cosas creadas, argumentando desde los efectos hasta
la causa del siguiente modo: partiendo de las cosas que están sujetas a movimiento y no pueden ser
ellas mismas el principio adecuado de ese movimiento, hasta llegar a un primer motor inmóvil;
partiendo del producirse de las cosas de este mundo por causas subordinadas entre sí, hasta llegar a
una primera causa incausada; a partir de las cosas corruptibles, que pueden indiferentemente ser o
no ser, hasta llegar a un Ente absolutamente necesario; a partir de las cosas que, según perfecciones
disminuidas de ser, vivir y entender, son, viven y entienden en diversos grados, hasta llegar a Aquel
que es en grado máximo inteligente, viviente, ente; por último, a partir del orden del universo,
llegamos a una inteligencia separada que ordenó, dispuso y dirige las cosas hacia el fin.

23. La Esencia Divina se nos propone rectamente, como constituida en su noción metafísica,
diciendo que se identifica con la actualidad ejercida del mismo ser; o diciendo que es el mismo Ser
subsistente; y por esto mismo se nos manifiesta su infinidad de perfección.

24. Por la misma pureza de su Ser, Dios se distingue de todas las cosas finitas. De lo que se infiere,
en primer lugar, que el mundo no pudo proceder de Dios más que por creación; en segundo lugar,
que el poder creador, que por sí y primariamente alcanza al ente en cuanto ente, no puede ser
comunicado a ninguna naturaleza finita, ni por un milagro; por último, que ningún agente creado
puede influir en el ser de ningún efecto, más que en virtud de la moción recibida de la Causa primera.

Dado en Roma, a 27 de julio de 1914.

E. Card. Lorenzelli, Prefecto 
L. + S. 
Ascensus Dandini, a Secretis 

El contexto lo es todo

El siguiente artículo fue publicado originalmente en el blog Pristina Liturgica, un blog católico muy inteligente y cuya lectura recomiendo. El artículo que aquí se presenta es una respuesta al que escribió el Padre Anthony Cekada (y que reproducimos en la entrada anterior), sobre la validez de las ordenaciones conferidas utilizando una sola mano.
Pronto (ni bien termine con el Estado de la Cuestión de mi tesis) pondré en Sursum la traducción de ambos artículos, aunque, si alguien quiere hacer el favor, estaré muy agradecido.




No one would talk much in society, if he knew how often he misunderstands others.Goethe

Editor's Note: Today's post is entirely written by one of our regular correspondents, who recently sent us the following thought-provoking analysis:

I have followed the series of posts regarding Cekada’s work on ordination with one hand, and even here his incompetence in several areas is clear (although it is worthy of note that Sanborn, who supposedly knows Latin and theology, missed all the nonsense).

I agree with Pistrina’s criticisms of Cekada’s monograph, but I would like to point out one particular critique that has not been brought forward. It is one that, I think, serves to prove Cekada did not understand what was the subject at issue. That is to say, not only did he not understand Pius XII’s Latin, but he also did not understand the juridical and historical context of the apostolic constitution Sacramentum Ordinis.

Even though it is certainly true, as Billot says, that the discussion was more theoretically academic than any other insofar as the Church always opted for the safer way, nevertheless, for anyone who has read any theological treatise on the Sacrament of Order written before Pius’s constitution, it is easy to see that the theologians’ discussion was twofold.

1) First and foremost was the discussion of whether or not the delivery of the instruments belonged to the essence of the sacrament; in connection with that discussion, there were three opinions:

a) The imposition of hands was sufficient.
b) The delivery of the instruments was sufficient.
c) Both ceremonial actions were necessary.

2) In the second place, supposing the necessity of the imposition of hands, there was doubt about which one of the impositions was essential. In the diaconate and the episcopate, there is only one imposition, regarding which there was no problem, but in the case of the priesthood, there were three opinions:

a) The first imposition was sufficient.
b) The first imposition followed by the extension of the right hand.
c) Opinion “b” plus the last imposition.

In respect to this last option, it was the common teaching of theologians that the last imposition did not form part of the matter since it took place after the Host and Chalice had been consecrated.

Such was the nature of the discussion before the promulgation of Sacramentum Ordinis. Now, then, in 1947 Pius XII resolved both doubts, something that Cekada did not understand.

Let us examine, in context, what Pius actually wrote in paragraph 4 of his constitution (the emphases are my own):
Quae cum ita sint, divino lumine invocato, suprema Nostra Apostolica Auctoritate et certa scientia declaramus et, quatenus opus sit, decernimus et disponimus : Sacrorum Ordinum Diaconatus, Presbyteratus et Episcopatus materiam eamque unam esse manuum impositionem; formam vero itemque unam esse verba applicationem huius materiae determinantia, quibus univoce significantur effectus sacramentales, — scilicet potestas Ordinis et gratia Spiritus Sancti — , quaeque ab Ecclesia qua talia accipiuntur et usurpantur. Hinc consequitur ut declaremus, sicut revera ad omnem controversiam auferendam et ad conscientiarum anxietatibus viam praecludendam Apostolica Nostra Auctoritate declaramus, et, si unquam aliter legitime dispositum fuerit, statuimus instrumentorum traditionem saltem in posterum non esse necessariam ad Sacrorum Diaconatus, Presbyteratus et Episcopatus Ordinum validitatem. *
That is to say, by the context, you clearly see that he is differentiating the imposition of hands from the delivery of the instruments, which is evident from paragraph 5 of Sacramentum Ordinis (the emphases are mine): 
De materia autem et forma in uniuscuiusque Ordinis collatione, eadem suprema Nostra Apostolica Auctoritate, quae sequuntur decernimus et constituimus: In Ordinatione Diaconali materia est Episcopi manus impositio quae in ritu istius Ordinationis una occurrit… In Ordinatione Presbyterali materia est Episcopi prima manuum impositio quae silentio fit, non autem eiusdem impositionis per manus dexterae extensionem continuatio, nec ultima… Denique in Ordinatione seu Consecratione Episcopali materia est manuum impositio quae ab Episcopo consecratore fit.**
In a word, the pope first speaks of the three orders in general: he says that the matter is onefold and common to the three, namely, the imposition of hands; that is to say, it is not twofold since the delivery of the instruments is not necessary for validity, and then he determines in particular what the matter of each one of the orders is, most especially that of the priesthood, which was the one that presented doubts.

Cekada, in contrast, understands the above-cited paragraph 4 as referring in particular to each one of the orders (diaconate, presbyterate, episcopate) when he writes: 
In his Constitution Sacramentum Ordinis, Pius XII, having explicitly invoked his supreme Apostolic Authority, declared and decreed:
The matter of the Sacred Orders of Diaconate, Priesthood and Episcopacy is one and the same, and that indeed is the imposition of hands.
Then, with his awful, tendentious translation, he tries to prove that just as the ordination of deacons is valid with one hand, the same thing occurs with priestly and episcopal ordination.

However, let us note that, in paragraph 4, the only thing Pius XII is discussing is whether the imposition of hands is sufficient or whether the delivery of the instruments should also be included.

In his commentary on the constitution, the Jesuit Hürth makes this very clear (my emphases in bold):
12. Parte preparatoria sic absoluta, Constitutio Apostolica (Const. n. 4) transit ad partem dispositivam, in qua primo collective pro omnibus tribus ordinibus, Diaconatus, Presbyteratus, Episcopatus statuitur, quid ad valorem requiratur, quid non requiratur; deinde ididem (read ibidem) fit relate ad singulos hos ordines, singillatim sumptos***
Or in other words, paragraph 4 specifies in general what is required for validity (imposition of hands) and what is not required (delivery of instruments), and then the next paragraph specifies in particular what matter and what form are required in each one of the orders.

Hürth clarifies his thinking even further (my own emphases in bold):
13. Id quod “declaratur", (respective insuper “disponitur”), ex parte est positivum, ex parte negativum. Pars positiva respicit necessitatem et suficientiam solius manuum  impositionis, tamquam materiae, ad validam Ordinationem diaconalem, presbyteralem, episcopalem, necnon necessitatem et sufficientiam verborum, tamquam formae, etc.****
14: Parti positivae statim adnectitur pars negativa, scl. declaratio et dispositio, quidnam non requiratur (Const. n. 4). Haec pars negativa est simplex et necessaria conclusio ex antecedenti parte positiva; ideo incipit verbis: “hinc consequitur”. Et revera, si unica (1) materia, quae ad valorem requiratur, est impositio manuum, nulla alia materia ad valorem necessaria esse potest. Pars negativa in primis respicit “traditionem instrumentorum”, quam, ut supra notatum est, multi theologi primae notae ante et post Concilium Florentinum dixerunt materiam sacramenti, ad valorem saltem etiam necessariam.*****
He then goes on to speak of the orders in particular and comments:
16. Parti generali de tribus Diaconatus, Presbyteratus, et Episcopatus Ordinibus adiungitur pars specialis de singulis Ordinibus, singillatim sumptis (Const. n. 5), et quaeritur, quinam ex ritibus occurrentibus ad essentiam et valorem singulorum ordinum sint necessarii.******
In conclusion, as you can see, not only does Cekada not know Latin, and not only does he distort the words of the pope, but he has no understanding at all about what Sacramentum Ordinis is talking about.

Many thanks to those at Pistrina for unmasking the incompetence of this pseudo-scholar.

(1) That is to say, materiam eamque unam does not mean, “the matter is one and the same” as Cekada wrongly translated, but “the only matter.
___________________________

*Editor’s Note: Our correspondent cited the Latin texts only. In order to avoid any charge of bias against the Blunderer, instead of providing our own translation, for this and the next citation from Sacramentum Ordinis, we supply that of the “Canon Law Digest” of 1954 found on the papalencyclicals.net website. We have reproduced our correspondent’s emphasis throughout. (For the citations from Hürth's commentary on Sacramentum Ordinis, of necessity we have supplied our own translations, which we have tried to keep scrupulously literal.)

Wherefore, after invoking the divine light, We of Our Apostolic Authority and from certain knowledge declare, and as far as may be necessary decree and provide: that the matter, and the only matter, of the Sacred Orders of the Diaconate, the Priesthood, and the Episcopacy is the imposition of hands; and that the form, and the only form, is the words which determine the application of this matter, which univocally signify the sacramental effects - namely the power of Order and the grace of the Holy Spirit - and which are accepted and used by the Church in that sense. It follows as a consequence that We should declare, and in order to remove all controversy and to preclude doubts of conscience, We do by Our Apostolic Authority declare, and if there was ever a lawful disposition to the contrary We now decree that at least in the future the traditio instrumentorum [“delivery of the instruments”] is not necessary for the validity of the Sacred Orders of the Diaconate, the Priesthood, and the Episcopacy.

** As to the matter and form in the conferring of each Order, We of Our same supreme Apostolic Authority decree and provide as follows: In the Ordination to the Diaconate, the matter is the one imposition of the hand of the Bishop which occurs in the rite of that Ordination... In the Ordination to the Priesthood, the matter is the first imposition of hands of the Bishop which is done in silence, but not the continuation of the same imposition through the extension of the right hand, nor the last… Finally in the Episcopal Ordination or Consecration, the matter is the imposition of hands which is done by the Bishop consecrator.

*** 12. After having thus finished the preparatory section, the apostolic constitution (paragraph 4) goes on to the determinative section, wherein first, for the three orders of the diaconate, priesthood, and episcopate, it is comprehensively determined what is required for validity, [and] what is not required; next, in the same context (ibidem) [the determination] is made in relation to each one of these orders, taken one by one. 

****13: That which “is declared,” (in this particular respect, moreover, “[that which] is provided”) is partly positive, partly negative. The positive part has reference to the necessity and sufficiency of the imposition of hands alone, as the matter, for a valid diaconal, priestly, [and]episcopal ordination, and also the necessity and sufficiency of the words, as the form, etc.

 *****14: To the positive part is immediately joined the negative part, namely, the declaration and the provision, what, then, is not required (paragraph 4). This negative part is a simple and necessary conclusion from the preceding positive part; therefore, it begins with the words “hence it follows” [“it follows as a consequence” in the “Canon Law Digest” translation cited above]And in reality, if the only matter, which is required for validity, is the imposition of hands, no other matter can be necessary for validity. The negative part chiefly has reference to the “delivery of the instruments,” which, as has been noted above, many theologians of highest note before and after the Council of Florence said was the matter of the sacrament, at least also necessary for validity.

****** 16. To the general part concerning the three orders of the diaconate, the priesthood, and the episcopate is joined the particular (specialis) part concerning each order, taken one by one (paragraph 5), and there is an examination of which [ritual elements], then, from the occurring rites are necessary for the essence and validity of each order.