lunes, 30 de septiembre de 2013

El fin del mundo según Lacunza

El fin del mundo según Lacunza

Teol. vida v.41 n.1 Santiago  2000

Fredy Parra C.
Profesor de la Facultad de Teología
Pontificia Universidad Católica de Chile



El milenarismo de Manuel Lacunza (1731-1801) es un eslabón más al interior de una tradición disidente e inconformista, a veces ortodoxa y en general heterodoxa (1), que atraviesa toda la historia de Occidente y se extiende hasta nuestros días. Su forma cristiana se manifestó ya en el pensamiento patrístico de los siglos II, III, IV (Papías, San Justino, San Ireneo de Lyon, Tertuliano, Lactancio, Comodiano, etc.) y desde San Jerónimo y San Agustín permaneció en clara minoría y crisis dentro del consenso eclesial. Escapa a los límites de este estudio volver sobre la significativa presencia de la esperanza milenarista a lo largo de los últimos veinte siglos (2) y sobre la situación histórica del jesuita chileno expulsado de su patria en 1767 junto a su comunidad por orden de Carlos III, convertido en sacerdote secular en 1773 como consecuencia del decreto de extinción promulgado por el Papa Clemente XIV que afectó a la Compañía de Jesús (3). Solo cabe recordar que hacia finales del siglo XVIII, en medio de la crisis terminal del Absolutismo, y en las primeras décadas del siglo XIX, florecía en Europa y América una gran fermentación apocalíptica y escatológica (4). El declive definitivo del antiguo régimen, la Revolución Francesa, las guerras del Imperio, el impacto de Napoleón I, las consiguientes transformaciones sociales, económicas y políticas, el término del Sacro Imperio Romano Germánico, datado oficialmente por las cronologías modernas en 1806, fueron algunos de los factores que sin duda favorecieron el estallido apocalíptico de aquellos tiempos. Ningún país, y desde luego ninguna Iglesia, se vio libre de estas especulaciones. Masas de gentes estaban convencidas de la inminencia del retorno de Cristo y procuraban afanosamente leer en los acontecimientos el cumplimiento de los signos precursores de la Parusía señalados por la tradición del Nuevo Testamento.
A. F. Vaucher ha sistematizado suficientemente la biografía y bibliografía lacunziana (5); los historiadores chilenos y otros investigadores de la historia de la Iglesia chilena, han sabido destacar la obra de Lacunza en nuestra cultura (6); especialmente importantes son los estudios que Mario Góngora consagró al pensamiento lacunziano y a sus múltiples y complejas relaciones con la Ilustración Católica y con el pensamiento utópico y escatológico de los siglos XVIII y XIX (7). B. Villegas dedicó su tesis doctoral a la elaboración de una severa crítica al método exegético de Lacunza (8). Desde los presupuestos de la escatología posconciliar estudios críticos más recientes vuelven a reflexionar sobre el lacunzismo destacando tanto sus límites teológicos como sus posibles contribuciones a una teología de la historia en la actualidad (9).
Por la necesidad de plantear brevemente la tesis fundamental del lacunzismo para luego detenernos en el punto particular del "fin del mundo" y siguiendo las distinciones establecidas por el mismo autor, dividiremos el presente estudio en cuatro puntos principales y algunas conclusiones: I) Tesis central del sistema lacunzista; II) El fin del siglo presente; III) Fin del Reino Mesiánico y tránsito hacia la eternidad; IV) La Bienaventuranza eterna y V) Conclusiones.
I. TESIS CENTRAL DEL SISTEMA LACUNZISTA
La obra de Lacunza está totalmente orientada hacia el fin de los tiempos. Aquí es importante observar desde el inicio que para el autor no es lo mismo "fin de mundo" que "fin de siglo". Por fin de mundo, solo entiende "el fin de los viadores, o de la generación y corrupción" porque no admite la idea de un fin de mundo como una suerte de aniquilación. No acepta "que el mundo, esto es, los cuerpos materiales, o globos celestes que Dios ha creado (entre los cuales uno es el nuestro en que habitamos) haya de tener fin, o volver al caos, o nada, de donde salió —y añade— esta idea no la hallo en la Escritura, antes hallo repetidas veces la idea contraria, y en esto convienen los mejores intérpretes" (10). En cambio, el fin del siglo se refiere al término del día actual de la humanidad, del actual tiempo histórico, o siglo presente. Luego, Lacunza recuerda que en las Escrituras, especialmente en los evangelios, se encuenta con frecuencia la expresión ‘consumación del siglo` y jamás la idea de "consumación del mundo".
Es necesario señalar que la tesis central del sistema lacunzista es que ha de haber un espacio de tiempo entre la Venida del Señor y la Resurrección y Juicio universal, condición necesaria para el establecimiento del Reino de Cristo en la historia. De un modo general, el mismo autor describe la tesis central de su sistema señalando que "Jesucristo volverá del cielo a la tierra, cuando sea su tiempo: cuando lleguen aquellos tiempos y momentos, que puso el Padre en su poder (Hch 1,7)… Vendrá no tan de prisa, sino más despacio de lo que se piensa. Vendrá a juzgar no solamente a los muertos, sino también y en primer lugar a losvivos. Por consi-guiente, este juicio de vivos y de muertos, no puede ser uno solo, sino dos juicios diversísimos, no solamente en la sustancia y el modo, sino también en el tiempo. De donde se concluye (y esto es lo principal a que debe atenderse) que ha de haber un espacio de tiempo bien considerable entre la venida del Señor, que estamos esperando, y el juicio de los muertos o resurrección universal" (11). El juicio sobre los vivos tendrá entonces lugar en el espacio y el tiempo donde se cumplirán las profecías de paz y justicia universal que se anuncian en las Escrituras. Después de convertir en reino propio de Dios a los diversos reinos sociopolíticos existentes, después de desarrollarse en plenitud el plan de Dios para la historia, Jesucristo podrá ofrecer su reino en las manos del Padre (1 Co 15, 23-26). En esto reside la principal diferencia con el sistema ordinario vigente que sostiene que inmediatamente después de la segunda venida del Señor se seguirá sin ningún intervalo la resurrección universal y el juicio universal. Pero Lacunza también advierte sobre las diferencias de alcance cristológico implicadas en su tesis central. Por lo mismo, distingue claramente dos tiempos y dos misiones en el único Mesías. El autor piensa que todo cuanto hizo Cristo en su primera venida se incluye dentro de los límites de su oficio sacerdotal y doctoral, y, en consecuencia, no es posible interpretar sus dichos y acciones en términos de la potestad real. Las referencias del Jesús histórico al reino reciben en Lacunza una interpretación exclusivamente futura (12). El autor no niega que Jesús se haya referido al reino en términos de algo ya presente, pero puntualiza que en esos casos se refiere al "evangelio del reino", y no al reino mismo. Ahora bien, el evangelio del reino, "esto es, noticia, buenas nuevas, anuncio, predicación del reino" (13), constituye una invitación al reino que tendrá lugar en el futuro, la predicación de la fe y la justicia, la exhortación a llevar una vida conforme a los valores del evangelio y a vivir en la vigilancia que corresponde a quien espera ansiosamente la venida del Señor. Estos mismos criterios afectan radicalmente la visión eclesiológica de nuestro jesuita. En efecto, dedica capítulos importantes de su obra a demostrar que la Iglesia, siguiendo a su Maestro en su misión sacerdotal y doctoral, no puede identificarse ni total ni parcialmente con el reino y subraya que su misión ciertamente es ser fiel al Señor, preparando a los hombres para el reino futuro de Cristo, para lo cual debe consagrarse a su misión moral y espiritual, lejos de toda confusión con los poderes políticos mundanos (14).
El reino mesiánico, el "milenio" propiamente tal, que podrá durar un número indeterminado de siglos, es la penúltima época en la concepción de Lacunza, ya que tras una crisis definitiva acabará la historia y se dará paso a la última época: la vida eterna, después de la cual no hay otra. En suma, es necesario distinguir fin de mundo de fin de siglo y, a la vez, separar el Día del Señor, que debe amanecer con su Venida (parusía), de la Resurreccion universal que acontecerá al fin del mundo entendido por el autor como transfiguración final y tránsito hacia la eternidad (15).


Una notas sobre la Iglesia Católica

El siguiente artículo lo hemos tomado del blog de nuestros amigos y capellanes de la Sociedad Religiosa San Luis Rey de Francia, sitio que les recomendamos visitar.

ALGUNAS NOTAS SOBRE LA VERDADERA IGLESIA DE CRISTO UNA, SANTA, CATÓLICA Y APOSTÓLICA

La Iglesia Católica es la sociedad de los fieles cuya cabeza es el Papa.

Para pertenecer a la Iglesia Católica es necesario:
1º-Estar bautizado
2º-Creer todas las verdades de la fe
3º-Reconocer al Papa como cabeza de la Iglesia
4°-No estar excomulgado.

No pertenecen a la Iglesia Católica: Los infieles, herejes, cismáticos, apostatas y excomulgados
Infiel es el que no está bautizado.
Hereje es el cristiano que niega con pertinacia alguna verdad de la fe.
Cismático es el cristiano que no reconoce al Papa como cabeza de la Iglesia.
Apóstata es el que niega con acto externo la fe católica que antes profesaba.
Excomulgado es el cristiano que ha sido privado por la Iglesia de los bienes espirituales comunes a todos los fieles.
El pecado, si por él no se incurre en la excomunión, no impide el pertenecer a la Iglesia.

La verdadera Iglesia de Jesucristo
La verdadera Iglesia militante de Jesucristo es la Iglesia Católica. La Iglesia Católica se llama también Romana, porque el Jefe de ella es el Sumo Pontífice de Roma. Las notas o señales por las cuales se reconoce la verdadera Iglesia militante de Jesucristo son: una, santa, católica y apostólica.
Una: porque Jesucristo fundó una sola.

Santa: porque Jesucristo es Santo y la fundó para santificarnos.

Católica: la palabra católica significa universal; Jesucristo fundó su Iglesia para todos los hombres hasta el fin del mundo.

La Iglesia Católica es una: porque siempre ha tenido y tiene en todas partes una misma fe, unos mismos sacramentos y una misma cabeza. Es santa: porque su cabeza, Jesucristo, es el Santo de los santos, sus sacramentos son santos, su doctrina es santa y hace santos a los que la practican. Digan sus enemigos, si hay en la doctrina católica algo que no dirija al hombre hacia Dios, fuente de toda santidad. La religión católica prescribe una pureza de costumbres admirables. Esta es la principal causa porque es tan odiada por los malos.

Sólo la religión católica tiene santos, esto es, personas de virtudes tan extraordinarias que el mismo Dios da testimonio de ellas con hechos sobrenaturales. Nada prueba contra la santidad de la Iglesia que haya católicos, y aún ministros del altar, que observen mala conducta. La Santa Iglesia católica condena la mala conducta de toda persona, sea quien fuere. El que es malo, lo es precisamente porque no cumple con lo que prescribe la santa Iglesia Católica. Es católica por razón de la doctrina, del tiempo y del lugar.

Por razón de la doctrina. La doctrina de la Iglesia Católica ha sido siempre la misma, sin cambio alguno. Al declarar la Iglesia que una verdad es de fe, no establece una nueva doctrina; solamente obliga en conciencia a creer aquella verdad, como revelada por Dios. En materia de disciplina la Iglesia puede cambiar sus leyes según las exigencias de los tiempos y lugares.
Por razón del tiempo. La Iglesia Católica existe desde que la fundó Jesucristo. El fundador de la Iglesia Católica es Jesucristo; si hubiera sido otro, sabríamos quién fue. Las demás religiones, que se llaman cristianas, cuentan su existencia desde varios años y aún siglos después de Jesucristo. Sabemos quiénes fueron los fundadores de esas religiones; casi todos fueron católicos que se rebelaron contra la Santa Madre Iglesia.
El protestantismo empezó a existir quince siglos después de N. S. Jesucristo. Afirmar que el protestantismo es la verdadera religión cristiana es admitir que la verdadera religión cristiana empezó a existir 1500 años después de N. S. Jesucristo. Los mismos fundadores del protestantismo fueron católicos y después protestantes. El protestantismo no fue, pues, fundado por N. S. Jesucristo, y por consiguiente, no es la verdadera religión cristiana.

Por razón de los lugares.
La Iglesia católica es para todos los hombres y está extendida en toda la tierra..La catolicidad es tan propia de la Iglesia Romana, que en todas partes es llamada católica, y católicos son llamados sus hijos
Es apostólica, porque viene de los apóstoles y tiene la misma doctrina que ellos enseñaron.
fuente:http://sempefidelis.blogspot.com

domingo, 29 de septiembre de 2013

Calendario Litúrgico del mes de octubre


Fecha
Día
Día litúrgico
Misc.

1
Martes
San Remigio , BPC
[Misa de Domingo anterior]


2
Miércoles
Santo Ángeles Custodios


3
Jueves
Santa Teresa del Niño Jesús, V


4
Viernes
San Francisco de Asís, C

Primer Viernes
5
Sábado
Sábado de Nuestra Señora
Primer sábado

6
Domingo
20 º Domingo después de Pentecostés
San Bruno, C


7
Lunes
Nuestra Señora: Reina de la
Santísimo Rosario
San Marcos, PC
San Sergio y Comp., Mm


8
Martes
St. Bridget, W


9
Miércoles
St. John Leonard, C
San Dionisio, Bp y Comp., Mm


10
Jueves
San Francisco de Borja, C

11
Viernes
Maternidad de la BVM


12
Sábado
Sábado de Nuestra Señora

13
Domingo
21 st domingo después de Pentecostés
San Eduardo Rey de Inglaterra, C


14
Lunes
San Calixto I, PM


15
Martes
Santa Teresa de Ávila, V


16
Miércoles
St. Hedwig, W

17
Jueves
Santa Margarita María Alacoque , V


18
Viernes
San Lucas Ev


19
Sábado
San Pedro de Alcantara , C


20
Domingo
22 º Domingo después de Pentecostés
San Juan Cancio , C


21
Lunes
San Hilarión , Ab
Santa Úrsula y Comp. VvMm


22
Martes
Día Ferial
[Misa de Domingo anterior]


23
Miércoles
Día Ferial
[Misa de Domingo anterior]


24
Jueves
San Rafael Arcángel

25
Viernes
SS. Chrysanthus y Daria , Mm

26
Sábado
Vigilia de los Santos. Simon & Jude [Anticipado]
San Evaristo , PM


27
Domingo
Reinado de Jesucristo
23 º Domingo después de Pentecostés


28
Lunes
Sts. Simón y Judas, App


29
Martes
Día Ferial
[Misa de Domingo anterior]


30
Miércoles
Día Ferial
[Misa de Domingo anterior]


31
Jueves
Vigilia de Todos los Santos





San Miguel Arcángel

La oración a San Miguel del Papa León XIII


"En aquel tiempo surgirá Miguel, el gran príncipe que defiende a los hijos de tu pueblo" -Daniel 12:1


En Octubre 13, 1884, el Papa León XIII, experimento una visión horrible. Después de celebrar la Santa Misa, estaba consultando sobre ciertos temas con sus cardenales en la capilla privada del Vaticano cuando de pronto se detuvo al pie del altar y quedo sumido en una realidad que solo el veía. Su rostro tenia expresión de horror y de impacto. Se fue palideciendo. Algo muy duro había visto. De repente, se incorporo, levanto su mano como saludando y se fue a su estudio privado. Lo siguieron y le preguntaron: "¿Que le sucede su Santidad? ¿Se siente mal?"
El respondió: "¡Oh, que imágenes tan terribles se me han permitido ver y escuchar!", y se encerró en su oficina.

¿Qué vio León XIII?  "Vi demonios y oí sus crujidos, sus blasfemias, sus burlas. Oí la espeluznante voz de Satanás desafiando a Dios, diciendo que el podía destruir la Iglesia y llevar todo el mundo al infierno si se le daba suficiente tiempo y poder. Satanás pidió permiso a Dios de tener 100 años para poder influenciar al mundo como nunca antes había podido hacerlo." También León XIII pudo comprender que si el demonio no lograba cumplir su propósito en el tiempo permitido, sufriría una derrota humillante. Vio a San Miguel Arcángel aparecer y lanzar a Satanás con sus legiones en el abismo del infierno.

Después de media hora, llamo al Secretario para la Congregación de Ritos. Le entrego una hoja de papel y le ordeno que la enviara a todos los obispos del mundo indicando que bajo mandato tenia que ser recitada después de cada misa, la oración que ahí el había escrito.

Oración:

"San Miguel Arcángel,
defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo
contra la perversidad y asechanzas
del demonio.
Reprímale Dios, pedimos suplicantes,
y tú Príncipe de la Milicia Celestial,
arroja al infierno con el divino poder
a Satanás y a los otros espíritus malignos
que andan dispersos por el mundo
para la perdición de las almas.
Amén." 

sábado, 28 de septiembre de 2013

El Papa León XIII tuvo razón

El Papa León XIII tuvo razón
Luis Fernando Figari


El Papa León XIII dirigía una Carta Apostólica al Cardenal J. Gibbons, Arzobispo de Baltimore, el 22 de enero de 1899. Era una deferencia, pues en realidad la carta pontificia "Testem benevolentiae" fue distribuida a todos los Obispos en los Estados Unidos. Publicada en inglés, se difundió el nombre de los errores a los que se refiere: el americanismo. El nombre se usaba ya, tanto en Estados Unidos como en diversos países europeos, para designar unas ideas y objetivos.

¿Fantasmas?

Al ser recibida la Carta nadie se dio por aludido. Esa situación no es extraña en la larga historia de la Iglesia. En muchas ocasiones en que son señaladas posturas que se apartan de la verdad de la fe o son riesgosas para ella, hay implicados que no se reconocen en la figura trazada. Quizá por una ausencia de sentido crítico, quizá porque no defienden todo cuanto allí está señalado, sino sólo algunos puntos. El hecho es que ante tal reacción, hasta el día de hoy, hay quienes hablan de la "herejía fantasma". Hasta donde sabemos, la calificación fue usada por primera vez por el Abbé Felix Klein, editor y prologuista de la redacción francesa de la biografía de Walter Elliot sobre la vida del padre Isaac Hecker. Precisamente esta obra, que hoy se llamaría un "best seller", fue el detonador de la engorrosa situación.

El cuadro trazado por "Testem benevolentiae" correspondía a una versión estadounidense de lo que luego se conocería como "modernismo", pero en este caso con un singular toque ideológico en donde el ámbito eclesial, el político y el "mítico" se mezclan. De hecho, los círculos americanistas y los que se llamarán modernistas se confundían en un momento. Por todo ello, hasta el día de hoy no es fácil desentrañar todas las facetas del "americanismo". Pero lo que es incontestable es que se trataba de un hecho más difundido de lo que se suele creer. Los personajes están allí para el estudio del historiador. Y no pocas de sus ideas no desaparecieron sino que han continuado hasta hoy.


Algunas características

El Papa en "Testem benevolentiae" advierte contra un conjunto de ideas que planteaban un relativismo en lo tocante a la vida interior, los métodos de evangelización, la vida espiritual, la concepción de la Iglesia. Tiene también algunas referencias a visiones políticas. Se ha hablado de naturalismo, de liberalismo, ciertamente de individualismo y subjetivismo, de influjo protestante, así como de "adaptacionismo" en relación al depósito de la fe. Esto último parece un punto nuclear. "Sostienen, en efecto, que para atraerse las voluntades de los que piensan de otro modo, habría que omitir ciertos puntos de doctrina como si fueran de menor importancia o dulcificarlos de tal manera, que ya no conservan el mismo sentimiento que tradicionalmente mantuvo la Iglesia". Y luego dice: "Produce la sospecha de que hay entre vosotros quienes se forjan y quieren en América una Iglesia distinta de la que existe en otras regiones". Añadiendo: "La Iglesia es una, tanto por la unidad de doctrina, como por la unidad de régimen; y esta es la Iglesia católica". Para evitar ser mal comprendido, el Papa fue muy cuidadoso en señalar que la autoridad de la Iglesia siempre ha atendido aquello que es legítimo en las costumbres de los diversos pueblos. Los Arzobispos de Nueva York y de Milwaukee se adelantaron a reconocer la importancia del documento para sus circunscripciones.


No fue sorpresa

Ciertos círculos estaban inquietos ante la posibilidad de un pronunciamiento pontificio, que procuraron evitar. Bajo la coordinación de un eclesiástico sumamente influyente, Denis O'Connell, que residía en Roma, se articuló todo un movimiento de ideas y personas, tanto en los Estados Unidos como en Europa. La correspondencia de sus partidarios es reveladora de sus intenciones. Hablan de "New Age", se autocalifican como "americanistas" portadores de la "nueva idea", así como "réfractaires", en alusión a la oposición a la línea papal. Además de darse a conocer con sus escritos, un grupo estuvo en un congreso en Friburgo (Suiza) en 1897. Allí, O'Connel, no sin cierta diplomacia, presentó en público el americanismo mencionando sólo algunos aspectos de su agenda, al tiempo de deslizar muy sutilmente una crítica a la disciplina canónica de la Iglesia.

En una de las cartas en que formula la estrategia del grupo "americanista", se expresa con lamentable racismo. Ve la guerra de su país contra España como una ocasión de plasmar su crítica a Roma. Plantea que tras su triunfo en Cuba y Filipinas, en relación a los "fundamentos de la religión", "no se deben pegar viejos parches en nuevas vestiduras". Son ideas compartidas, uno de sus corresponsales le escribía: "Y aunque no conservemos Cuba y las Filipinas, la Iglesia allí será organizada según el americanismo".


No fue ni es un asunto sencillo. Seguir todos los pasos de lo ocurrido exigiría una amplia labor de investigación. Está claro sí que el Papa León XIII fue realista y oportuno en su intervención.

El americanismo

TESTEM BENEVOLENTIAE


Carta Apostólica de S.S. León XIII al Emmo. Cardenal James Gibbons, sobre el «americanismo»

A nuestro querido hijo, James Cardenal Gibbons, Cardenal Presbítero del Título de Santa María del Trastevere,?Arzobispo de Baltimore:



Querido hijo Nuestro, Salud y Bendición Apostólica.

Os enviamos por medio de esta Carta el renovado testimonio de esa buena voluntad que nunca hemos dejado de manifestar a lo largo de nuestro pontificado a vos, a vuestros colegas en el Episcopado y a todo el pueblo americano, valiéndonos gustosamente de toda oportunidad que nos ha sido ofrecida tanto por el feliz progreso de vuestra Iglesia como por cuanto habéis hecho recta y provechosamente para salvaguardar y promover los intereses católicos. Por otra parte, hemos considerado y admirado frecuentemente el noble carácter de vuestra nación, el cual permite al pueblo americano ser sensible a toda buena obra que promueve el bien de la humanidad toda y el esplendor de la civilización.

Sin embargo, esta carta no pretende repetir las palabras de alabanza tantas veces pronunciadas, sino más bien llamar la atención sobre algunas cosas que han de ser evitadas y corregidas, y puesto que ha sido concebida en el mismo espíritu de caridad apostólica que ha inspirado nuestras anteriores cartas, podemos esperar que la toméis como otra muestra de nuestro amor; esto más aun porque busca acabar con ciertas disputas que han surgido recientemente entre vosotros y que perturban el ánimo de muchos, si no de todos, con no poco detrimento de su paz.

Os es conocido, querido hijo Nuestro, que el libro sobre la vida de Isaac Thomas Hecker, debido principalmente a los esfuerzos de quienes emprendieron su publicación y traducción a una lengua extranjera, ha suscitado serias controversias por ciertas opiniones que presenta sobre el modo de vivir cristianamente. Nos, por consiguiente, a causa de nuestro supremo oficio apostólico, teniendo que guardar la integridad de la fe y la seguridad de los fieles, estamos deseosos de escribiros con mayor extensión sobre todo este asunto.

El fundamento sobre el que se fundan estas nuevas ideas es que, con el fin de atraer más fácilmente a la sabiduría católica a aquellos que disienten de ella, la Iglesia debe acercarse un poco más a la humanidad de este siglo ya maduro, aflojar su antigua severidad y hacer algunas concesiones a los gustos y opiniones recientemente introducidas entre los pueblos. Muchos piensan que estas concesiones deben ser hechas no sólo en asuntos de disciplina, sino también en las doctrinas que conforman el "depósito de la fe". Ellos sostienen que sería oportuno, para ganar las voluntades de aquellos que disienten de nosotros, omitir ciertos puntos de la doctrina como si fueran de menor importancia, o moderarlos de tal manera que no conservarían el mismo sentido que la Iglesia constantemente les ha dado.

No se necesitan muchas palabras, querido hijo Nuestro, para entender con cuán reprobable designio ha sido pensado esto, si tan sólo se recuerda la naturaleza y el origen de la doctrina que la Iglesia transmite. El Concilio Vaticano dice al respecto: «La doctrina de la fe que Dios ha revelado no es propuesta como un descubrimiento filosófico que puede ser perfeccionado por la inteligencia humana, sino como un divino depósito confiado a la Esposa de Cristo para ser fielmente custodiado e infaliblemente declarado. De ahí que también hay que mantener perpetuamente el sentido de los sagrados dogmas que una vez declaró la Santa Madre Iglesia, y no se debe nunca abandonarlo bajo el pretexto o en nombre de un entendimiento más profundo» (Constitución "Dei Filius" sobre la fe católica, cap. IV).

No puede en absoluto considerarse como carente de culpa el silencio con el que ciertos principios de la doctrina católica son intencionalmente omitidos y oscurecidos con un cierto olvido.

Pues uno y el mismo es el Autor y Maestro de todas estas verdades que son abrazadas por la disciplina cristiana: «el Hijo Unigénito, que está en el seno del Padre» (Jn 1,18). Estas verdades son adecuadas para todos los tiempos y todas las naciones, como se ve claramente por las palabras de Nuestro Señor a sus apóstoles: «Id, pues, y enseñad a todas las naciones; enseñándoles a observar todo lo que os he mandado, y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28,19). Sobre este punto dice el Concilio Vaticano: «Deben ser creídas con fe divina y católica todas aquellas cosas que están contenidas en la Palabra de Dios, escrita o transmitida, y que son propuestas por la Iglesia para ser creídas como materia divinamente revelada, sea por juicio solemne, sea por su magisterio ordinario y universal» (Constitución "Dei Filius" sobre la fe católica, cap. III). Así pues, no ocurra que alguien omita o suprima, por motivo alguno, alguna doctrina divinamente transmitida; en efecto, quien lo hiciese estaría queriendo más separar a los católicos de la Iglesia que atraer a ella a los que disienten. Vuelvan, pues no hay nada más querido por Nos, vuelvan todos los que andan extraviados lejos del rebaño de Cristo, pero no ciertamente por un camino distinto al que el mismo Cristo nos mostró.

La disciplina de vida afirmada para los católicos no es de tal naturaleza que no pueda acomodarse a la diversidad de tiempos y lugares.


viernes, 27 de septiembre de 2013

El nuevo escándalo en puerta

Texto tomado de News.va

Consistorio para la canonización de los Papas Juan XXIII y Juan Pablo II

(RV).- La Oficina de las Celebraciones Litúrgicas informa que el lunes 30 de septiembre, en la Sala del Consistorio del Palacio Apostólico del Vaticano, durante la hora tercia, tendrá lugar el Consistorio público ordinario para la canonización de los beatos Juan XXIII y Juan Pablo II, Papas.
(MFB – RV).

Ordenación sin aptitud canónica: respuestas a algunas objeciones

Hace muy poco, Raúl Rodríguez (alias Sr. Raúl de México), un frecuente lector y defensor del conclavismo dejó una serie de comentarios y objeciones a la denuncia que realizaron algunos lectores en Sursum Corda, respecto a la ordenación al subdiaconado de Cristian Bernardo Muñoz Lillo y Juan María Ibacache Monroy, quienes no poseen aptitud canónica. Su comentario fue una especie de respuesta a aun lector que no firmó. Pero quiero ser yo, el administrador del blog quien responda a éste laico conclavista punto por punto. Mis respuestas están en negritas.


Al anónimo del 25 de septiembre.
Es increíble que un laico haga juicios temerarios de esa magnitud, pero ya tendrás tu juicio. Es triste saber de personas que existen en el anonimato solo para causar difamaciones a los ministros de Dios.

Primero: ¿Acaso tú sabes la vida de estos seminaristas?

Respondo: La vida de estos "seminaristas" (¿En qué seminario estudian? ¿Bajo que régimen especial de estudio han podido vulnerar POR COMPLETO el Derecho Canónico?) es conocida por aquellos que SÍ LES CONOCIERON y porque, como Lillo la hacían ppública en Facebook.

Segundo: ¿Tú crees que un Obispo católico tiene que informar al mundo sobre
Sus seminaristas?

Sí, la idoneidad de los ministros es necesaria conocerla. De hecho, se pide inormación sobre la misma incluso en la ordenación.

Tercero: Tu crees que un Obispo católico como Mons. Squetino jugaría con los Sacramentos de la Santa Madre Iglesia Católica y pondría su alma en Juego de perderla?

Sí, en efecto. De hecho lo está haciendo y sus acciones están condenadas por el Derecho Canónico, algo que él no puede ignorar siendo obispo.

Cuarto: No crees que todo lo que hablas sobre cómo debe ser la formación de Un sacerdote en un seminario, es en tiempos normales? Hoy estamos en  una crisis dentro de la Iglesia donde hay pocos sacerdotes y mucha necesidad De sacramentos, para lo cual los Obispos trabajan más para lograr la
formación de buenos sacerdotes. Tú no eres quien para juzgar a un Obispo Su obrar, sobretodo porque no tienes ni siquiera el valor para salir del anonimato pero bueno dice el dicho “el pez por su boca muere”. Y por favor analiza la  pagina : www.fsanvicenteferrer.org . Para que sepas de quien estas hablando y recuerda por sus frutos los conoceréis.

No. El que estemos en tiempos de crisis no implica que se pueda ordenar a cualquiera. La Iglesia prefiere no tener sacerdotes antes que tener malos sacerdotes (Santo Tomás de Aquino), y ese es un principio de teología sacramental y canónica que deberías saber (¿O nunca te lo dijo tu obispo?). Además, es necesario que los ministros posean aptitud canónica. Los tiempos de crisis están contemplados en el Derecho Eclesiástico y para ello hay dispensas, pero aún las mismas están bajo consideración CANÓNICA. Lo que hace el obispo Squetino viola el derecho canónico y es un grave escándalo contra la Iglesia Católica, que sólo servirá para generar un terrible daño a la Resistencia. Además, en un momento como el que estamos vivien, es más necesrio que nunca que los sacerdotes estén bien preparados. Un sacerdote ignorante, por ejemplo, puede alterar los ritos al punto de volverlos inválidos, tal como sostienen los teólogos y canonistas.
Juan José Squtino es un obispo sin jurisdicción, pero él actúa como si la tuviera, por lo tanto, al usurparla se convierte en un cismático, que además, por vulnerar las leyes de la Iglesia genera un gravísimo escándalo, que perjudica a la Iglesia Católica y beneficia a sus enemigos.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Ordenaciones sin aptitud canónica

Ordenaciones sin aptitud canónica
El nuevo escándalo del Obispo Juan José Squetino




Hace poco nos enteramos que el obispo conclavista Juan José Squetino ordenó subdiáconos a Cristian Bernardo Muñoz Lillo y Juan María Ibacache Monroy el 16 de septiembre. Poco antes, para ser exactos el 25 de junio, el grupo conclavista "Fundación San Vicente Ferrer", informaba que éstos señores habían sido tonsurados. En éste enlace se pueden ver fotos de la ordenación, mientras que en éste otro de la tonsura.

Hubo varios comentarios en Sursum Corda mencionando el escándalo que implicaba esta precipitada ordenación, en una entrada que reproducía el comunicado oficial de la "elección" del Antipapa Lino II, a quien el obispo Juan José Squetino reconoce como válidamente electo, es decir, verdadero y legítimo Pontífie. En esa entrada, yo mismo dejé un comentario en el sitio de la Fundación San Vicente Ferrer, que no fue publicado preguntando sobre la aptitud canónica de éstos nuevos subdiáconos.

¿Qué es lo que varios católicos estamos cuestionando? La falta de aptitud canónica de los subdiáconos Cristian Bernardo Muñoz Lillo y Juan María Ibacache Monroy. La aptitud canónica es fundamental para las sagradas órdenes. La misma no apunta tanto a la validez (aunque la puede afectar, algo que trataremos en un estudio futuro, aunque ya hemos tocado alguna vez) como a la licitud de las sagradas ordenes. En el presente artículo quisiera explorar el tema de la aptitud canónica. Finalmente, daré algunas consideraciones que se pueden extraer del comportamiento de éste obispo.

I. Aptitud Canónica
La aptitud canónica es un requisito para recibir el sacramento del orden. El Código de Derecho Canónico estipula las condiciones que debe presentar el candidato en su canon 974:

    CAN. 974.
       § 1. Ut quis licite ordinari possit, requiruntur:
         1°. Recepta sacra confirmatio;
         2°. Mores ordini recipiendo congruentes;
         3°. Aetas canonica;
         4°. Debita scientia;
         5°. Ordinum inferiorum susceptio;
         6°. Interstitiorum observatio;
         7°. Titulus canonicus, si agatur de ordinibus maioribus.

Siete condiciones, algunas de ellas son fáciles de constatar: la confirmación, la edad canónica, la recepción de las órdenes menores, el respeto de los intervalos de tiempo entre las ordenes y el título canónica para las ordenes mayores. Otros dos son la recta conducta moral y el conocimiento necesario.

Si un candidato no posee estas cualidades, no es apto para recibir el sacramento del orden y la ordenación sería gravemente ilícita, existiendo penalidades para el ordenado y por supuesto, para el ordenante, en éste caso, para Cristian Bernardo Muñoz Lillo y Juan María Ibacache Monroy, y por supuesto para el obispo conclavista Juan José Squetino.

¿Cómo consigue un hombre la aptitud canónica? Por medio de un largo camino de estudio y preparación. El Concilio de Trento prescribió que el mismo se realizara en los seminarios, institutos especiales para la formación de sacerdotes, pero los mismos pueden ser suplidos de otras maneras, tal como ocurrió en la Iglesia antes del Concilio o con el Papa Pío XII. El Canon 972 especifica la importancia que tiene el seminario ¿Por qué? Porque es en esas instituciones dónde los candidatos, bajo continua observación y evaluación, pueden, luego de un periodo de tiempo relativamente largo (entre cinco y seis años), ser probados como aptos para recibir las sagradas ordenes. Incluso, en el mismo ritual se recuerda la gravedad del sacramento, las responsabilidades que tendrán los ministros y se pide, incluso al pueblo que advierta si los que serán elevados en el sacramento del orden, poseen algún impedimento.


CAN. 972.§ 1. Curandum ut ad sacros ordines adspirantes inde a teneris annis in Seminario recipiantur; sed omnes ibidem commorari tenentur saltem per integrum sacrae theologiae curriculum, nisi Ordinarius in casibus peculiaribus, gravi de causa, onerata eius conscientia, dispensaverit.§ 2. Qui ad ordines adspirant et extra Seminarium legitime morantur, commendentur pio et idoneo sacerdoti, qui eis invigilet eosque ad pietatem informet.


¿Qué hay sobre la conducta moral? Nuevamente, el seminario u otro método de educación especial, permitirá que la misma sea evaluada correctamente. En efecto, en el seminario o el instituto, el candidato purgará sus vicios y crecerá mental, psicológica y espiritualmente a fi de conseguir "la piedad, la castidad, la ausencia de la avaricia, el celo por las almas, el espíritu de disciplina y la obediencia", tal como señala Regatillo en su trabajo clásico Jus Sacramentarium
¿Qué pensar de un hombre, como Lillo, un convertido muy reciente del modernismo, cuya vida mundana y su participación en la Iglesia Conciliar figuraban en el perfil de Facebook? ¿Acaso ha podido en el plazo que va desde junio a septiembre purgar sus costumbres y demostrar la recta conducta moral? Tenemos el derecho a creer que no, por lo tanto, no se puede afirmar que tenga éste elemento de aptitud canónica.


II. Estudios y preparación
A ésto debemos sumar que es imposible que haya podido adquirir en un par de meses el conocimiento necesario el conocimiento requerido, señalados en los cánones 1364 y 1365 del CIC. Pongamos especial atención al último de éstos cánones que especifica los conocimientos que requiere un candidato al sacerdocio:

CAN. 1365.
§ 1. In philosophiam rationalem cum affinibus disciplinis alumni per integrum saltem biennium incumbant.
  § 2. Cursus theologicus saltem integro quadriennio contineatur, et, praeter theologiam dogmaticam et moralem, complecti praesertim debet studium sacrae Scripturae, historiae ecclesiasticae, iuris canonici, liturgiae, sacrae eloquentiae et cantus ecclesiastici. 
 § 3. Habeantur etiam lectiones de theologia pastorali, additis practicis exercitationibus praesertim de ratione tradendi pueris aliisve catechismum, audiendi confessiones, visitandi infirmos, assistendi moribundis.

¿Pudieron en unos pocos meses Juan María Alfredo Ibacache Monroy y Cristián Bernardo Muñoz Lillo adquirir todos éstos conomientos? ¿Cómo hicieron para adquirir en tan poco tiempo el conocimiento equivalente a dos años de filosofía y cuatro de teología? ¿Cómo hicieron éstos dos hombres, especialmente Lillo, hasta hace poco el perfecto modernista que asistió a las JMJ de Madird, para tener un conocimiento cabal del latín que le permitiría celebrar la Misa, rezar el Oficio y el Breviario? ¿Cómo adquirió los conocimientos de filosofía tomista, exigidos por el Papa León XIII? ¿Qué conocimientos de teología pueden tener estos subdiáconos? ¿Por qué insisto con el conocimiento? Porque el Derecho establece que las ordenes deben ser administradas cuando el candidato haya alcanzado ciertas competencias intelectuales y prácticas, por ejemplo, el subdiaconado exige tres años de teología. Sólo dispensas especiales permitirían "saltear" años de cursos, pero no el conocimiento en sí mismo y ésto, es algo que los candidatos no pueden demostrar de ninguna manera y su ordenante, el obispo 
Juan José Squetino no puede ignorar éstos hechos y no puede pretextar absolutamente.


III. ¿Qué pasa con el ordenante?
Es normal ahora volver los ojos sobre el obispo Juan José Squetino. Él cometió un gravísimo pecado mortal, tal como señala el Canon 973 §3:


Episcopus sacros ordines nemini conferat quin ex positivis argumentis moraliter certus sit de eius canonica idoneitate; secus non solum gravissime peccat, sed etiam periculo sese committit alienis communicandi peccatis.
Al haber realizado éstas ordenaciones, el obispo Juan José Squetino ha cometido un grave pecado mortal y nos da todo el derecho a preguntarnos por su idoneidad como obispo. Dejamos una serie de preguntas a consideraci´no de los lectores, y especialmente de los que apoyan el movimiento conclavista:



  • ¿Qué tan confiable es un obispo que actúa al margen del derecho canónico?
  • ¿Qué tan idóneo es un obispo que se arriesga a poner sus manos sobre unos hombres que carecen de toda preparación y que hasta hace unos pocos meses eran unos modernistas?
  • ¿Que preparación y aptitud demuestra un obispo que viola sistemáticamente el Derecho Canónico y contraviene la tradición y costumbres de la Iglesia ordenando de manera acelerada y al margen de la Ley?
  • ¿Ignora Squetino que el Doctor Angélico sostuvo que la Iglesia prefería no tener sacerdotes antes que tener malos sacerdotes?
  • ¿Ignora éste obispo que Pío XI declaró que un sacerdote sin la preparación necesaria sería un mal para la Iglesia?
  • ¿Argumentará el obispo Squetino que la situación de crisis que hoy vivimos hacen imposible la aplicación del Derecho Canónico, contraviniendo a los canonistas como Vidal, que establecen en qué casos se pueden saltear las normas canónica, pero que sus recientes ordenaciones van en contra de lo que Vidal y Cicognani establecieron?
  • ¿Qué dirá ahora Homero Johas, que se muestra tan defensor del Derecho Canónico?
  • ¿Es que acaso Squetino puede pasar por sobre la Tradición, el Derecho y los Doctores, de manera que ni un Papa lo haría?
  • ¿Es éste el mismo obispo que pretende convocar a un Cónclave (en sí, Concilio Imperfecto) para llegar a la unidad de la Iglesia? 
  • ¿Es que el obispo Squetino desea tener un grupo de sacerdotes que apoyen su aventura cismática?
  • ¿Les otorgará alguna jurisdicción, una vez que en su aventura cismática y conclavista sea electo Papa?
  • ¿Consagrará a alguno de "sus sacerdotes" al episcopado para que colabore en su plan?