lunes, 27 de enero de 2014

A propósito de una carta de Monseñor Moisés Carmona y Rivera

A propósito de una carta de Monseñor Moisés Carmona y Rivera y los teologastros de la confusión

¿Cuándo comenzó la Iglesia Conciliar? Para algunos con la primer constitución firmada por Montini/Paulo VI en el falso Concilio Vaticano II. Para otros con la asunción del mismo Montini, algunos con la publicación de la Pacem in Terris de Roncalli/Juan XXIII aunque para casi todos con la asunción del Cardenal Roncalli tras la muerte del Papa Pío XII.
¿Cuándo comenzó la Resistencia Católica contra la nueva Iglesia que sería evidente con el Concilio Vaticano II? Quizás desde el mismo momento en que se advirtieron los primeros cambios. Muchos sacerdotes y fieles reaccionaron sorprendidos, en secreto se reunían y discutían con algunos fieles los cambios que veían en la Iglesia. Tengo en mi poder un libro con varios años ya titulado "La gran señal apocaliptica", fue finalizado en 1981 y su autor tuvo un itinerario religioso poco envidiable. Algún día escribiré sobre él, pero lo que deseo destacar del libro es el siguiente párrafo:

...parodiando a San Agustín, podríamos decir: "Donde está mi Religión, está mi Iglesia", como lo entendió sin mucho discurrir, aquella abuela que al volver a su pueblo se hizo acompañar el domingo a su antigua Parroquia, y a poco exclamó: "Sí. La Iglesia es la de entonces; pero vámonos porque ahora aquí se practica otra religión".

En alguna oportunidad me referí a la primer generación de la Resistencia, es decir, a aquellos católicos que comprendieron que algo extraño estaba pasando, que se estaba practicando una nueva religión, que la nueva misa no era católica y que aquel que se sentaba en el trono de Pedro no actuaba como el Vicario de Cristo, sino como los anticristos:

ésta es la hora postrera, y como habéis oído que está por llegar el anticristo, os digo que ahora son muchos los que se han hecho anticristos, por lo cual conocemos que  ésta es la hora postrera. (I Jn 2: 18)
El primer obispo sedevacantista (el primero de todos los que hoy hay, que son muchos), consagrado como tal, es un personaje incómodo y que muchos prefieren ignorar. Me refiero al Monseñor Francis Schuckardt, fundador de la Congregación María Reina Inmaculada (CMRI) y que se dividió en dos: un grupo mayoritario que siguió al Padre Chicoine y el ahora Monseñor Pivarunas, y otra que continuó con Monseñor Schuckardt, aunque mucho más reducida. La consagración de Schuckardt, de parte de un veterocatólico convertido a la religión católica dio algunos indicios de cómo seria la Resistencia Católica que no estuviera encabezada por Monseñor Lefebvre: debería recurrir a actos extraordinarios. El largo periodo de indecisión de Monseñor Thuc también afectó al sedevacantismo, al punto que aún hoy, la famosa “Declaración” del obispo Vietnamita presenta más interrogantes que aclaraciones. Entre esos personajes de la primer generación figuraron grandes sacerdotes. Uno de ellos fue el Padre Moisés Carmona y Rivera, quien fue posteriormente consagrado obispo por Monseñor Thuc. Éste valiente méjicano se enfrentó a las autoridades de la Iglesia Conciliar, fue perseguido con saña por los enemigos de Dios y luchó, como pocos por algo que vio con horror: la división en la Resistencia.

Una de las cartas en las que advertía sobre la división, es la pastoral que el 22 de enero publicaron los amigos de la Sociedad Religiosa San Luis Rey de Francia y que recomiendo leer. Quisiera hacer sobre la misma un breve comentario, quizás como presentación:

La carta de Monseñor Carmona y Rivera se destaca por su simplicidad, por ser directa, por no andar con rodeos. Expone la verdad de la situación en la que se encuentra la Iglesia Católica y señala a la impostora Iglesia Conciliar:

“vimos que una NUEVA IGLESIA aparecía, fundada por Paulo VI y sus incondicionales obispos conciliares; pero también vimos, aunque no todos, que era una iglesia muy extraña, que se distanciaba de todo lo que es divino, que enseñaba lo contrario de lo que la IGLESIA DE CRISTO ha enseñado siempre; que condenaba todo lo que antes adoraba y adoraba todo lo que antes se quemaba”.

El obispo mejicano continúa realizando una comparación que hoy nos parece evidente, pero que en aquellos años (1989) aún generaba ruido: las liturgias anticatólicas de Luther y Crammer con el Novus Ordo Missae de Montini/Paulo VI, la mesa que remplazaba al altar, el servicio ecuménico, la abolición del sacrificio. Luego, expone como se ha reaccionado ante la Iglesia Conciliar: la mayoría la aceptó, otros como Monseñor Lefebvre y sus seguidores reconocieron a las autoridades pero establecieron un apostolado paralelo, rechazando sus enseñanzas y doctrina. Otros en cambio adhirieron a la tesis sedevacantista. Pero aquí es donde Monseñor Carmona ve con dolor la mayor división, una división inútil a todas luces y que podría ser evitada:

Finalmente han aparecido otros que, contra el sentir de todos los teólogos católicos, que han enseñado que un PAPA que cae en herejía automaticamente queda fuera de la IGLESIA y no puede más seguir siendo su cabeza visible, dandose aires de mucha inteligencia y de una asombrosa sabiduría, han sacado de sus reservas dos brillantísimos terminajos: MATERIALITER Y FORMALITER, para venir a decirnos que un hereje sí puede ser legítimo Papa pero materialiter no formaliter y pretenden imponer esta formula tan estupendamente por ellos inventada a todos aquellos que ignoran que esta distinción se aplica perfectamente bien al pecado que puede ser éste sí, material o formal en el que lo comete, pero de ninguna manera al PAPADO, en lo que la IGLESIA ha sido siempre clara y terminante: "O SE ES PAPA; o no se es".

Y remata con las siguientes palabras:

A todos los hermanos que, creyendo hacer bien, están causando divisiones en las filas de la Iglesia verdadera, tenemos que recordarles lo mismo que San Pablo escribió a los corintios:
"OS RUEGO ENCARECIDAMENTE, HERMANOS MIOS, POR EL NOMBRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO QUE TODOS TENGÁIS UN MISMO LENGUAJE Y QUE NO HAYA ENTRE VOSOTROS CISMAS NI PARTIDOS; ANTES BIEN VIVÁIS PERFECTAMENTE UNIDOS EN UN MISMO PENSAR Y SENTIR" (Cor. 1,10)
Habiendo cosas mucho más importantes que estudiar o discutir, ¿por qué perder el tiempo en cuestiones que menos interesan?

La Tesis Materialiter fue una tesis que pretendía explicar como se había producido la sedevacante (en sí, sede usurpada) y como la situación podría llegar a una solución en el corto plazo. No obstante, y con dolor yo lo tengo que admitir, dicha tesis es “filo-lefebvrista” (normalmente rechazo el término “lefebvrista”, pero todos entienden a que me refiero). Y no es casual que la mayoría de los sacerdotes que la siguen sean los mismos que salieron de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, no siempre en las mejores condiciones y que intentaron, en más de una oportunidad colocarse como los verdaderos sucesores de Monseñor Lefebvre. Lamentablemente muchos de los que adhieren a la tesis (especialmente en la actualidad) la han convertido en un dogma de fe y en el centro de su combate. Así como la Fraternidad dice que la causa de su combate es la Santa Misa (Monseñor Lefebvre se hartó de repetirlo), los seguidores de Monseñor Guérard des Lauriers se centran en la Fraternidad y en los sedevacantistas que no adhieren a la tesis del dominico como los enemigos, cuando el enemigo es la Iglesia Conciliar, el Modernismo, el Falso Ecumenismo, la Sinagoga de Satanás…
Hace muy poco, en un foro tuve la oportunidad de mantener un intercambio con el Padre Lázaro Romero, sacerdote ordenado en la FSSPX que hoy es sedevacantista y está trabajando con el IMDBC, herederos directos de Monseñor Guérard des Lauriers. Él expresó su incredulidad respecto a que sacerdotes que ahieren a la famosa tesis materialiter negaran, por ejemplo, la comunión a aquellos fieles que no lo hacen. Lamentablemente tengo evidencias de que eso ocurre. Y no sólo eso: se niega por ejemplo los sacramentos a los fieles que también asisten a los servicios de la Fraternidad, pidiéndoseles poco menos que una profesión de fe. Éstos presbíteros (y obispos) declaran, usurpando cualesquier atribución y derecho quienes son los sacerdotes a los que se puede o no recurrir, declaran válidas o inválidas a ciertos linajes episcopales con una liviandad que solo puede ser admitida por quienes ignoran lo mismo de Teología Sacramental, y demuestran además un extraño conocimiento al respecto de algo que, cualquier sacerdote debería dominar. 

¿Quién gana con esas discusiones estériles? ¿Quién gana sembrando dudas y divisiones entre las filas de la Iglesia Militante, hoy más que nunca acosada por la Sinagoga de Satanás? Dejo abierta la pregunta y me despido, recomendándoles que lean la pastoral de Monseñor Carmona y Rivera, sin olvidar jamás esa formidable frase que deberían recordarla todos los sacerdotes tradicionalistas que gustan parecer teólogos y que sólo tienen la formación que recibieron en los seminarios de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X:

Habiendo cosas mucho más importantes que estudiar o discutir, ¿por qué perder el tiempo en cuestiones que menos interesan?

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Muchas gracias por dejar tu mensaje. Si el mismo contiene insultos o groserías, será eliminado.
Benedicamus Domino!