sábado, 15 de febrero de 2014

Castellani: Una mala traducción y una grave hermenéutica

En Hispanoamérica en general, y en nuestro país en particular, desde la segunda mitad del Siglo XIX hubo pocos avances en la teología. Muchos historiadores sostienen que la mayor innovación se dió en el campo de la Historia de la Iglesia, pero esta, en lugar de ser una Kirchengeschichte, no paso de ser (especialmente en Argentina) una crónica de obispos y sacerdotes, sin mayor profundización, una colección de datos heurísticos haciendo abstracción de cualquier hermenéutica. El nombre del presbítero Américo Tonda es quizás el que sobresale como excepción, y alguno mencionará (no con mucha suerte) al presbítero Cayetano Bruno, pero aquellos que hayan leído de manera completa su obra, estarán convencidos que entre él y Bossuet hay un abismo que es insalvable.

Habrá quienes acusen a la formación de los seminarios del tardío siglo XIX y comienzo del XX (cuando se implimentaron recién en nuestro continente y no sin grandes resistencias) a éste problema. En efecto, aquellos que deseaban una formación teológico-filosofófica medianamente profunda debían recurrir a las Universidades y allí, descubrir que existía un universo más grande que el de los “Comentarios” a la Suma o los manuales de teología pastoral o la de por sí, deficiente enseñanza (y estudio) de la historia. Quizás fue por eso (quizás, repito) que tampoco hubo en nuestras tierras una hermeneutica de la historia que pudiera articular la Teología y la Historia, que buscara una interpretación teológica no sólo del pasado, sino también del presente con vistas a un futuro que, sabemos ya, será el Triunfo de Nuestro Señor Jesucristo.

¿Cuál es el resultado de la carencia de teólogos de la talla de Garrigou-Lagrange? Pues que cuando algún pensador sobresalía sobre la mediocridad del medio, inmediatamente se realizaba una apoteosis sobre él, especialmente si se consideran los amargos frutos de los años previos y posteriores al Concilio Vaticano II.

Uno de esos pensadores que se destacó sobre un medio mediocre, y se destacó en grande fue el Padre Castellani. Cuando uno aprecia como enlos circulos tradicionalistas se lo ha declarado, prácticamente “doctor infalible”, puede imaginar (especialmente si realmente se leyó al Padre Castellani) que no le agradaría mucho el lugar en el cual fue colocado.

El excelente blog “En Gloria y Magestad” presenta un estudio muy inteligente sobre las consecuencias de una errónea traducción del Padre Castellani. Espero que el análisis que aquí se reproduce, nos lleve a tomar ciertos temas con mas mesura, a leer con atención y sobre todo, con la debida inteligencia a no hacer dogmas de fe de las conclusiones privadas de algún pensador particular, aún cuando ese pensador fuera el Padre Castellani.



Una mala traducción en el Cap. VI

Al analizar el cuarto jinete Castellani comete una imprecisión en la traducción que influye necesariamente en la exégesis.

Con anterioridad ya hemos hablado sobre la relación existente entre los cinco primeros Sellos y el Discurso Parusíaco (ver AQUI), y allí nos remitimos.

Veamos, sin embargo, la traducción y el posterior comentario de Castellani (pag. 106-107). Énfasis nuestros:

“Y cuando abrió el Cuarto Sello
Oí la voz del cuarto animal diciendo:
“¡Ven!” –
Y vine y vi:
Un caballo lívido –
Y el jinete, su nombre es Muerte
Y el Averno en ancas –
diósele poder sobre un cuarto de la tierra
De matar por espada, hambre, peste
Y por las fieras de la tierra”.

Después désto, el Padre comenta: “El principio de los dolores es la Guerra, dijo Cristo, mas el fin es la persecución, la última persecuciónSatán está en ancas del jinete, cuyo nombre es Muerte: las persecuciones son satánicas, los perseguidores de la iglesia son demoníacos: tratan de dar muerte al alma dando muerte al cuerpo incluso: con las fieras del Anfiteatro en tiempos de NerónJuan las vio. El hambre sigue a la guerra, la peste sigue al hambre. Este caballo resume los males anteriores y añade otro nuevo”.

Y en el Excursus C, al comentar este Sello dice (pag. 83): “El Caballo Amarillo o sea Bayo – Jlorós, dice el griego- es la última Persecución – con razón su jinete se llama “Muerte” – que mata con espada, hambre y “las fieras” – que Juan y los primeros cristianos conocieron bien en el Coliseo -, o sea, compendia los males anteriores y los amplía con uno nuevo”.


Realmente nos cuesta decidir por dónde empezar el análisis.

Primero lo primero. En la traducción, Castellani comete un error al verter el pronombre posesivo “αὐτοῖς”, que es plural, como singular: “diósele”, y de esta forma lo aplica al cuarto jinete, pero el griego claramente dice “se les dio”. Ahora bien, la pregunta es: ¿a quién se refiere el pronombre plural?
Aquí caben dos posibilidades: o al jinete y al hades o a los jinetes anteriores más al cuarto.

En el trabajo supra citado decíamos básicamente un par de cosas:

1) En primer lugar el término “muerte” debe ser traducido por “peste”, para lo cual citábamos a Allo que decía:

“Muerte” e “Infierno” asociados como en I, 18; XX, 13-14… Por el trío de calamidad “Guerra, Hambre, Peste” cfr. Is LI, 19; Jer. XIV, 12; Ez. V, 2 etc. θάνατος, en los LXX traduce a menudo el término hebreo דֶּבֶרpesteAm. IV, 10; Jer. XIV, 12; XXIV, 10; Ez. V, 12.17; VI, 11-12, etc. En el nuevo Testamento cfr. Mt. XXIV, 7; Mc. XIII, 7-8; Lc. XXI, 10-12…”.
“… Después de la guerra y el hambre he aquí la Peste, montada en un caballo verde (o verdoso, lívido)… es el color de un cadáver putrefacto, o si se prefiere, el de un rostro descompuesto de temor. Así el trío clásico de las plagas queda constituído, puesθάνατος no puede significar aquí sino “Peste”, según la analogía bíblica; si se tratara de la muerte en general, entonces este cuarto jinete no tendría ningún signo individual y su aparición sería más bien ociosa, dado que las dos plagas precedentes harían su trabajo”.

Lo mismo notan otros autores como Zerwick y Zorell.

2) Siendo esto así, entonces el final del versículo debe aplicarse uno a cada uno de los jinetes:

“Y se les dio potestad sobre la cuarta parte de la tierra para matar a espada (segundo Sello) y con hambre (tercer Sello) y con peste (cuarto Sello) y por medio de las bestias de la tierra” (¿cuarto Sello?)”[1].

Veamos ahora con algo más de detenimiento el comentario del Padre:

“El principio de los dolores es la Guerra, dijo Cristo, mas el fin es la persecución, la última persecución”.

Afirmación falsa y gratuita.
Si bien estamos convencidos que Nuestro Señor y San Juan están hablando exactamente de los mismos acontecimientos, y para la prueba nos remitimos al artículo citado, sin embargo, Cristo no dijo que el principio de los dolores sea la guerra, sino la guerra, el hambre, la peste y los terremotos (Mt. XXIV, 6-8 y Mc. XIII, 7-8).
Notemos que estos sucesos narrados por Cristo y por San Juan son anteriores al signo propiamente dicho, que es la Abominación de la desolación en el lugar Santo, es decir al Anticristo, con lo cual no es posible aplicar esto a la época del Anticristo, y ni siquiera tampoco a la persecución del quinto Sello, claramente predicha también en el Discurso Parusíaco.
Otro argumento servirá para convencer al lector de lo que decimos. El texto dice que se les dio potestad sobre “la cuarta parte de la tierra”, la cual es imposible aplicar a la gran persecución del Anticristo que va a ser universal. No hay dudas que se trata de acontecimientos de carácter regional. Si Castellani hubiera seguido la mala traducción de laVulgata que dice: “y se le dio poder sobre las cuatro partes de la tierra”, uno podría haber entendido la alusión a la gran Tribulación, pero como en este caso tradujo bien, cuesta entender a qué viene la mención del Anticristo.
Por último, notemos que en ninguno de  los cuatro primeros sellos se indica en absoluto la persecución: Falsos Profetas, Guerras (nación contra nación, etc), Hambre y Peste. Ni una sóla palabra de persecuciones, las cuales vendrán recién con el quinto Sello.

Algunas cosas más podrían agregarse, pero nos parece que bastará con leer con algo de atención el artículo que hemos citado al comienzo para darse cuenta.

Vale!

4 comentarios:

  1. Hola
    Es una pena que en el blog En Gloria y Majestad no se pueda comentar.
    Yo tengo una duda con respecto al pasaje:
    “Y se les dio potestad sobre la cuarta parte de la tierra para matar a espada (segundo Sello) y con hambre (tercer Sello) y con peste (cuarto Sello) y por medio de las bestias de la tierra” (¿cuarto Sello?)”[1].

    Si son 4 jinetes y se dice que tienen potestad para matar 1/4 de la tierra, es lógico que el primer jinete también mate 1/4, y le correspondería usar para ello a las "bestias de la tierra" Pregunto ¿cual es la exégesis de ese primer jinete?
    Saludos

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  2. Bueno Jorge sería bueno que el autor de ese prestigioso y catolico blog http://engloriaymajestad.blogspot.com.ar/ te contestara a tu duda, si es que tiene respuesta alguna.

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  3. Estimado Jorge:

    Por razones personales preferimos no habilitar los comentarios. Siéntase libre de escribirnos a engloriaymajestad1@gmail.com por cualquier objeción o corrección.

    Con respecto a lo que pregunta ya antes habíamos dado nuestra exégesis del primer sello, y de hecho allí nos remitimos en el mismo artículo sobre Castellani.

    Le paso los links

    http://engloriaymajestad.blogspot.com.br/2013/01/el-discurso-parusiaco-y-los-cinco.html

    http://engloriaymajestad.blogspot.com.ar/2013/01/el-discurso-parusiaco-y-los-cinco_10.html

    En nuestra opinión, y no estamos solos, el primer jinete corresponde a los falsos profetas y específicamente al primer grupo de Falsos Profetas del Discurso Parusíaco de Mt. XXIV y Mc XIII.

    Por eso fíjese que del primer jinete no se dice que mate, sino solo del seguno (por medio de la espada), del tercero (hambre) y del cuarto (peste). Las bestias de la tierra no sabemos si se aplica al cuarto sólamente o también al segundo y tercero (nos inclinamos por la primer opción).

    In Xto.

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  4. Gracias En Gloria y Majestad por su contestación. De paso los felicito por el blog del que soy asiduo lector.

    Estuve mirando los enlaces, me parece muy acertada la exégesis del primer jinete, no como Jesucristo sino como una "plaga" que no mata el cuerpo sino que envenena el intelecto, encarnada en los falsos profetas. Nunca supe muy bien que pensar de este jinete, pero esta explicación me parece convincente.

    Se me ocurre que no entra en conflicto con atribuirle "la muerte por las bestias de la tierra". Si la gran bestia de la tierra, que surge mas adelante, es el Falso Profeta (simbolizando la tierra a la religión y el mar a las naciones)estas bestias/fieras de la tierra del primer jinete podrian ser como pequeños falsos profetas precursores.
    Disculpe si deje volar la imaginación.
    Saludos

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