sábado, 15 de febrero de 2014

Salve, de Teodoro Studita


Salve, Escala de la tierra al cielo, por la cual descendió el Señor hasta nosotros y volvió al cielo, como vio el patriarca Jacob.

Salve, Zarza maravillosa, desde la cual se apareció el Señor en la llama de fuego, que aun ardiendo no se consumía, como se le mostró a Moisés, que vio a Dios cara a cara.

Salve, Ciudad del gran rey, ensalzada por los soberanos llenos de estupor, como lo describe el salmista David.

Salve, mística Belén, Casa de Éfrata, de la que salió el rey de la gloria para convertirse en jefe de Israel, cuya generación se remonta al principio, a la eternidad, como dice Miqueas.

Salve, virgíneo Monte umbroso, desde el cual se apareció el santo de Israel, como exclama el inspirado Habacuc.

Salve, Lámpara refulgente de oro y de luz, de la que viene, a cuantos están en tinieblas y en sombra de muerte, la luz inaccesible de la divinidad, según el profeta Zacarías.

Salve, Nube ligera, en la que residió el Señor, como predica la voz sagrada y grande de Isaías.

Salve, Libro sagrado de los mandamientos del Señor, ley de gracia escrita, por la cual conocemos el beneplácito divino como afirma Jeremías.

Salve, Puerta cerrada, a través de la cual entró y salió el Dios de Israel, como escribe el vidente de Dios Ezequiel.

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