miércoles, 5 de febrero de 2014

San Gregorio Nacianceno sobre la Augusta Madre de Dios

El Hijo de Dios en persona, aquel que existe desde toda la eternidad, aquel que es invisible, incomprensible, incorpóreo, principio de principio, luz de luz, fuente de vida e inmortalidad, expresión del supremo arquetipo, sello inmutable, imagen fidelísima, palabra y pensamiento del Padre. Él mismo, viene en ayuda de la criatura, que es su imagen; por amor del hombre se hace hombre.

Fue concebido en el seno de la Virgen, previamente purificada en su cuerpo y en su alma por el Espíritu; y así, siendo Dios, nació con la naturaleza humana que había asumido, y unió en su persona dos cosas entre sí contrarias, a saber; la carne y el espíritu, de las cuales, una confirió la divinidad, otra la recibió.

¡Oh nueva e inaudita mezcla! ¡Oh admirable equilibrio! ¿Qué sucede? El Increado es creado, el que no puede ser contenido en ningún espacio, viene a ser recibido en la carne de la Virgen.

El que es la plenitud se vacía; se vacía de su gloria por un breve tiempo para que yo sea partícipe de su plenitud. Enriquece a los demás, haciéndose pobre Él mismo, ya que acepta la pobreza de la condición humana, para que yo pueda conseguir las riquezas de su divinidad.

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