martes, 25 de marzo de 2014

La anunciación a la Santísima Virgen María

La Anunciación a la Madre de Dios
Por el Licenciado J. Ruiz Munilla

La fiesta de la Anunciación es una de las primeras fiestas cristianas, que era celebrada ya en el siglo IV. Hay inclusive una pintura de la Anunciación, en las catacumbas de Priscila en la ciudad de Roma, que data del siglo II. El Concilio de Toledo en el año 656 la menciona, y el Concilio de Trullo en 692 dice que la Anunciación se celebraba durante la Gran Cuaresma.

El nombre griego, eslavo y árabe de la fiesta puede ser traducido como “las buenas noticias”. Esto, por supuesto, se refiere a la Encarnación del Hijo de Dios y a la salvación que Él trae. El relato de la Anunciación se encuentra en el Evangelio de San Lucas (1:26-38) que leemos en la Liturgia de hoy. El tropario describe a la fiesta como el “comienzo de nuestra salvación y la revelación del misterio eterno”, porque en este día el Hijo de Dios se hace el Hijo del Hombre.

Hay dos componentes principales en la Anunciación: el mensaje en sí mismo, y la respuesta de la Virgen. El mensaje de la fiesta es el cumplimiento de la promesa de Dios de enviar un Redentor (Gen 3:15): “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y su linaje: él te aplastará la cabeza, y tu le morderás el talón”. Los Padres de la Iglesia entienden “tu linaje” como refiriéndose a Cristo. Los profetas dan a entender la venida del Redentor, pero el Arcángel Gabriel proclama ahora que la promesa está a punto de cumplirse.

Este texto bíblico, de hecho, se hace eco en la Liturgia de San Basilio: “Pues, al modelar al hombre tomando polvo de la tierra, y al honrarlo con Tu imagen, lo pusiste, oh Dios, en el Paraíso de dicha, prometiéndole una vida inmortal y el gozo de los bienes eternos si observaba Tus mandamientos. Pero cuando, seducido por la serpiente, Te desobedeció a Ti, el Dios verdadero que lo habías creado, y fue sometido a la muerte por sus propias transgresiones, lo expulsaste, oh Dios, en Tu justa sentencia, del Paraíso a este mundo, y lo devolviste a la tierra de la que fue tomado, preparándole ya la salvación por la regeneración en la persona misma de Tu Cristo”.

El Arcángel fue mandado por Dios a Nazaret en Galilea. En ese lugar le hablo a la virgen sin mancha quien estaba desposada con San José, “­Salve, muy favorecida! el Señor es contigo: bendita tú entre las mujeres. Mas ella, cuando le vio, se turbó de sus palabras, y pensaba qué salutación fuese ésta. Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia cerca de Dios. Y he aquí, concebirás en tu seno, y parirás un hijo, y llamarás su nombre JESUS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo: y le dará el Señor Dios el trono de David su padre: Y reinará en la casa de Jacob por siempre; y de su reino no habrá fin”.

A diferencia de Eva, que fue engañada fácilmente por la serpiente, la Virgen no acepta inmediatamente el mensaje del ángel. En su humildad, no creía ser merecedora de estas palabras. El hecho de que ella le pidiera una explicación pone de manifiesto su sobriedad y prudencia. Ella cree en las palabras del ángel, pero no puede entender la forma en que se puede cumplir esto, porque el Ángel habla de algo que está más allá de la naturaleza.

Entonces María dijo al ángel: “¿Cómo será esto? porque no conozco varón” (Lucas 1:34).

“Y respondiendo el ángel le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te hará sombra; por lo cual también lo Santo que nacerá, será llamado Hijo de Dios. Y he aquí, Isabel tu parienta, también ella ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes á ella que es llamada la estéril: Porque ninguna cosa es imposible para Dios. Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase á mí conforme á tu palabra. Y el ángel partió de ella” (Lucas 1:35-38).

En su Sermón 23 en el día de la Anunciación, San Filarete de Moscú dice audazmente que “la palabra de la criatura trajo al creador al mundo”. El explica que salvación no es meramente un hecho de la voluntad de Dios, pero que a la vez incluye el libre albedrio de la Virgen. Ella pudo haber declinado, pero ella acepto la voluntad de Dios y escogió cooperar sin quejarse ni preguntar algo más.

El icono de la fiesta muestra al Arcángel con un bastón en su mano izquierda, lo que indica su papel de mensajero. A veces, sus alas están hacia arriba, como para mostrar su rápido descenso desde el cielo. Su mano derecha se estira hacia la Santísima Virgen en señal de entrega del mensaje.

La Virgen se representa de pie o sentada, por lo general con un ovillo de hilo o sosteniendo un pergamino en la mano izquierda. Su mano derecha se levanta para indicar su sorpresa ante el mensaje que está escuchando. Su cabeza está inclinada, mostrando su consentimiento y obediencia. El descenso del Espíritu Santo en ella es representado por un rayo de luz que sale de una pequeña esfera en la parte superior del icono, que simboliza el cielo. En un famoso icono del Sinaí, una paloma blanca se muestra en el rayo de luz.

Existen varios iconos famosos de la Anunciación. Uno se encuentra en el Kremlin en Moscú en la iglesia de la Anunciación. Este icono apareció en conexión con el rescate de un prisionero por la Madre de Dios en el reino de Iván el terrible. Otro se encuentra en la Catedral de la Dormicion en Moscú (8 de julio). Se encontraba originalmente en Ustiug, y fue el icono del cual San Procopio el loco (8 de julio) oro en frente para salvar a la ciudad de la destrucción en el 1290. Unos de los iconos más venerados en Grecia es el icono Tinos de la Anunciación (30 de enero).

La Anunciación cae siempre durante la Cuaresma, pero siempre se celebra con gran alegría. La Liturgia de San Basilio o de San Juan Crisóstomo se celebra, incluso si cae en los días de semana de la Cuaresma. Este es uno de los dos días de la Gran Cuaresma en el que se relaja el ayuno y el pescado está permitido (Domingo de Ramos es el otro día).

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