sábado, 29 de marzo de 2014

María y la Iglesia

San Agustín, La Santa Virginidad, Cap. VI


Solo esa única mujer es madre y virgen a la vez no solo espiritual, sino también físicamente. Espiritualmente no es madre de nuestra cabeza, el Salvador en persona, de quien más bien nació ella, porque a todos los que creen en él, entre quienes está también ella, se les llama con razón hijos del esposo ; pero sí es madre de los miembros de Cristo, nosotros mismos, porque con su caridad cooperó a que naciesen en la Iglesia los fieles que son los miembros de aquella cabeza. Físicamente, en cambio, es madre de la cabeza misma. Convenía, pues, que nuestra cabeza, por un extraordinario milagro, naciese de una mujer físicamente virgen, para significar que sus miembros habían de nacer espiritualmente de la Iglesia virgen. Así pues, solo María fue espiritual y físicamente madre y virgen: madre de Cristo y virgen de Cristo. En cambio, la Iglesia es, en cuanto al espíritu, plenamente madre de Cristo, plenamente virgen de Cristo en los santos que han de poseer el reino de Dios. En cuanto al cuerpo, sin embargo, no lo es en su totalidad, sino que en unos es virgen de Cristo y en otros es madre, pero no de Cristo. Y, puesto que cumplen la voluntad del Padre, en cuanto al espíritu son también madres de Cristo las mujeres bautizadas, tanto las casadas como las vírgenes consagradas a Dios, en virtud de sus santas costumbres, de la caridad que brota de un corazón puro, de una conciencia recta y de una fe no fingida 11. En cambio, las que en la vida conyugal dan a luz físicamente, no dan a luz a Cristo, sino a Adán. Y como conocen qué es lo que han alumbrado, se apresuran a convertir en miembros de Cristo a sus hijos, haciéndoles partícipes de los sacramentos.

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