martes, 15 de abril de 2014

Carta a John Lane, al respecto de un texto del Padre Anthony Cekada

Carta a John Lane, al respecto de un texto del Padre Anthony Cekada
Cristian Jacobo


La siguiente carta fue enviada a John Lane como respuesta a lo escrito por el P. Cekada1 y cuya traducción es la siguiente:

El Papa como hereje “manifiesto” o “público”.
Pregunta: en 2004 la publicación canadiense de la Fraternidad “Communicantes” publicó: “Sedevacantismo”, una larga crítica désa posición escrita por el P. Boulet. Uno de sus argumentos principales es que, independientemente lo que se piense de los Papas post-conciliares, no pueden ser tenidos como herejes “manifiestos”, “públicos” o “notorios” según el sentido déstos términos en el Derecho Canónico.
¿Cuál es la respuesta a esto? ¿Cómo se definen estos términos?
Respuesta: el principio teológico clave en el que se basa el sedevacantismo se encuentra en los manuales de teólogos y canonistas anteriores al Vat. II y puede resumirse de la siguiente manera: si el Papa como persona privada individual abraza alguna herejía y la profesa públicamente a otros de alguna manera (los teólogos usan varios términos para caracterizar esta herejía: “público”, “notorio”, “manifiesto” o “divulgado”) se coloca a sí mismo fuera de la Iglesia y automáticamente pierde su oficio.
El P. Boulet, al igual que muchos otros autores anti-sedevacantistas, comete dos errores: 1) Confunde el pecado de herejía con el crimen de herejía. 2) Confunde los términos genéricos aplicados a la herejía antes del Código de 1917 (manifiesto, notorio, público, etc.) con los términos más específicos que tuvieron estos términos después del Código.

El principal error en el argumento del P. Boulet es que confunde completamente dos aspectos de la herejía:
a) Moral: herejía como pecado (peccatum) contra la ley divina.
b) Canónico: herejía como delito (delictum) contra el derecho canónico.
La distinción canónico/moral es fácil de entender aplicándola al aborto, que también puede ser considerados bajo los dos aspectos:
a) Moral: pecado contra el 5 mandamiento que resulta en la pérdida de la gracia santificante.
b) Canónico: crimen contra el canon 2350.1 del CIC que resulta en una excomunión automática.
El P. Boulet, al igual que muchos otros, parece pensar que es el segundo aspecto de la herejía (delito contra el derecho canónico) lo que hace que un hereje público no pueda ser Papa o que automáticamente quede privado de su oficio si cae en herejía después de haber sido elegido.Consecuentemente el P. Boulet cita muchos criterios del CIC usados para determinar cuándo un crimen es imputable, público, notorio, pertinaz, etc. Ninguna “herejía” de los Papa post-conciliar, afirma, cumple estos estándares canónicos y por lo tanto, (concluye), el argumento sedevacantista queda en la nada.
No es la herejía en el segundo sentido (delito contra el derecho canónico) sino en el primero (pecado contra el derecho divino) lo que impide que un hereje público sea o permanezca Papa. Esto es claro por la enseñanza de canonistas anteriores al Vaticano II, tales como Coronata:
III. Designación para el oficio del Primado (es decir del Papado):

1° Por derecho divino se requiere:… para la validez se requiere además que el designado sea miembro de la iglesia. Herejes y Apóstatas (por lo menos los públicos) están por lo tanto excluidos…
2° Pérdida del oficio del Romano Pontífice. Esto puede ocurrir de varias maneras…
c) Herejía notoria… “si esta situación llegara a pasar, (el Papa) perdería el oficio, por derecho divino, y sin ninguna sentencia, ni siquiera una sentencia declaratoria.” (Institutiones Iuris Canonici [Rome: Marietti 1950] 1:312, 316. Énfasis del P. Cekada)
El derecho divino remueve al Papa, con lo cual no es necesario tener en cuenta todos los criterios establecidos para los delitos contra el derecho canónico.Intentar hacerlo en el caso del Papa, sería además cometer un “error de categoría” (adjudicarle a algo una propiedad que no puede tener en modo alguno). El Papa, como Legislador Supremo está por encima del derecho canónico y por lo tanto no puede cometer un delito contra él, por lo cual ningún acto por más malvado que sea puede llamarse propiamente “delito”. Sólo puede llamarse pecado, ya que está sometido únicamente al derecho divino.”


(La segunda parte no es pertinente)


Estimado John:

Esto es lo que he encontrado sobre la herejía. Espero que ayude.

La herejía puede ser considerada bajo 3 aspectos:

a) Teológico

b) Moral

c) Canónico

Creo que el principal problema en el argumento del P. Cekada está en negar el primer (y más importante) de los 3 aspectos.
Lo primero que hay que tener en cuenta es que esta cuestión está íntimamente ligada a la pertenencia a la Iglesia como miembro (Cf. la cita de Coronata que trae el P. Cekada), cuestión esencialmente teológica. Sobre este tema, creo que no hay nada mejor que el contundente trabajo de Mons. FentonThe Baptismal Character and membership in the Church”, AER 122, pag 373 y ss. (Este trabajo es clave para comprender toda la cuestión de la pertenencia a la Iglesia.).

Las siguientes citas están tomadas de Mons. Fidel García Martínez, “Evolución del dogma y regla de fe”, Madrid 1962, Bibliotheca theologica Hispana; sobre Mons. F. García Martínez cfr. “The question of Ecclesiastical faithFenton AER 128, (1953) pag. 287 y sig.

Cito in extenso:

Pongamos por vía de muestra el termino herejía. Sabido es que esta palabra significa, en sentido propio teológico una doctrina opuesta a una verdad de fe divina católica o definida. Esto en sentido objetivo. En sentido subjetivo, seria herejía el acto de negar, conscientemente o con pertinacia, una verdad de fe divina católica. El primer sentido objetivo es el que interesa principalmente a la teología dogmática que juzga directamente de las doctrinas. El sentido subjetivo interesa más a moralistas y canonistas, que juzgan de las acciones humanas y de las responsabilidades y sanciones ante las leyes eclesiásticas.
Ahora bien, las leyes, tanto eclesiásticas como civiles, cuando tratan de discernir responsabilidades y sanciones de conductas, no sólo tienen en cuenta el delito propiamente dicho y consumado, el homicidio o el adulterio, sino también el intento o conato y la presunción del mismo, y al inductor, al cómplice, al encubridor, etc. Y así es cómo los canonistas y tribunales eclesiásticos inquisidores han podido calificar como heréticos o responsables de herejía actos, que en sí y propiamente hablando, no lo eran más que por esa especie de ficción o presunción jurídicas.” (pag. 73 y sig.)

En lo que en manera alguna podemos estar de acuerdo (aclaración: el autor aquí, como en casi todo el libro, esta criticando a dos teólogos, C. Pozo y A. Lang) es en la inclusión, en el segundo apartado de verdades indirectamente pertenecientes a la fe, de actitudes y conductas, moral o jurídicamente contrarias al deber religioso de la fe, mezclando así y confundiendo cosas heterogéneas y esencialmente distintas: verdades y conductas.
Tanto A. Lang como C. Pozo ponen gran empeño en presentarnos largas listas de delitos eclesiásticos, que en el Decreto de Graciano y en los canonistas medievales eran calificados y castigados como heréticos, aunque muchos dellos sólo por una presunción jurídica tuvieran algo que ver con la fe, tales como la simonía, la profanación de los sacramentos, la desobediencia pertinaz a los preceptos de los Obispos o de la Sede Apostólica, el ir contra los privilegios de esta, etc. Todo ello es suficientemente conocido… pero ¿Qué es lo que con ello se quiere significar? ¿Qué los teólogos, y en particular Santo Tomás, que conocían y aludían a veces a esas disposiciones canónicas, no tenían una idea clara y precisa de lo que era la fe y de lo que era herejía, cuando hablaban, no de conductas y responsabilidades, sino de doctrinas y verdades? (nota del autor: “esa idea clara y precisa la tenían, no sólo los teólogos, sino los mismos canonistas medievales aludidos. De los dos que cita C. Pozo, uno dellos, Enrique de Segusia, el Hostiense, al dar una lista de los llamados delitos eclesiásticos, largo modo, como él mismo advierte, añade: “Sed stricto modo dicitur haereticus qui aliter sentit de articulis fidei quam Romana ecclesia.”2)
Sabido es que las leyes penales, tanto eclesiásticas como civiles, suelen castigar… no solo el delito propiamente dicho, sino otros varios actos que, más o menos participan de su responsabilidad, o que por una presunción jurídica… son considerados como tales actos delictivos… Véanse… los cánones 2315/6 y 8…
De igual modo los moralistas, al tratar del pecado de herejía, como del homicidio o de cualquier otro, no sólo consideran el acto pecaminoso en su esencia propia y consumada, sino otros muchos modos de incurrir en la responsabilidad moral del mismo: el deseo, el propósito, el ponerse en peligro u ocasión próxima de cometerlo, la complicidad o cooperación, etc. y, en particular en el pecado de herejía, la ignorancia culpable de sus dogmas fundamentales, la no profesión publica de la misma cuando ésta era obligatoria, etc. Pero claro está que tanto al moralista como al canonista, al hablar de responsabilidades o de participaciones en las mismas en torno a un pecado o figura de delito determinados, habrán de tener presente la naturaleza propia y específica del pecado o de la figura de delito de que se trata. No se podrá hablar de pecado o de participaciones en un homicidio, si de lo que se trata no es un homicidio sino una estafa; ni se podrá hablar de herejía supuesta o presunta, si no existe una herejía verdadera y propiamente dicha”. (Pag 90 y sig.).

Y más adelante (pag. 108 y nota) citando a Torquemada que dice: “quod haeresis sit opinio vel assertio falsa, sive dogma falsum catholicae veritati contraruim in eo, qui christianam fidem professus est3 (Summa de Ecclesia Libro IV, 2 parte, cap. I), comenta en nota al pie de página: “Dice C. Pozo: “el ángulo de visión, desde el que Torquemada enfoca el problema, no es el de la certeza propia del acto de fe. Su planteamiento es… el de la obligación que implica la aceptación de la fe… Este enfoque moral explicaría la amplitud con que concibe Torquemada las aplicaciones de la noción de herejía”
¿Es que el lector (continua Mons. F. García Martínez), en todos los textos que llevamos copiados, se ha dado cuenta de otro enfoque, que el estrictamente teológico doctrinal? El que Torquemada se ocupe también en otros pasajes, como se ocuparon los demás teólogos hasta el siglo XVII, y como se ocupan hoy… de los aspectos moral y canónico de la herejía, no es obstáculo para que distingan perfectamente dichos aspectos. Quienes no parecen distinguir tales aspectos, sino mezclarlos y confundirlos, son Lang y Pozo, contra la atinada advertencia del Dict. de Theol. Cathol. (Tomo VI, col, 2208): “Il faut toutefois distinguer le problème dogmatique, qui se rapporte a l´hérésie considérée comme doctrine, le problème moral, qui se rapporte a l´hérésie comme péché, et le problème canonique, qui se rapporte a l´hérésie considérée comme délit4».
Por lo que hace en particular a Torquemada éste distingue perfectamente… la herejía, acto de la inteligencia, de otras actitudes humanas que pueden caer también bajo las sanciones de la moral o del derecho canónico. “assignata varietate modorum quibus in generali dicitur quis haereticus; nunc videndum est per definitionem quis proprie censendus veniat haereticus… Haereticus proprie est, qui post susceptam religionem christianam, Chirsti fidem in generali profitens, aliquam vel aliquas in speciali opinionem contrariam catholicae veritati, pertinaciter tenet vel sequitur” (pag 574).”Ut probatum est ad hoc quod aliquis proprie dicatur haereticus requiritur necessario error in intelectu. Ergo nullum factum absolute accipiendo sine errore in intelecto facit haereticum”. (pag. 575). “Notanter autem dicitur, assertio falsa, sive dogma perversum, non factum; quia factum perversum, ut ostendemus plenius, non est haeresis, nec fecit haereticum, v. gr. si quis furatur, si quis adulter est… Ex tali facto non efficitur quis haereticus; efficeretur autem, si pertinaciter assereret, quod licitum est furari et adulterari ; quia sic sentiens, sentiret contra catholicam veritatem.  (pag 562)5

Le bastara al lector repasar los textos copiados, en los cap. III y IV, de esos teólogos medievales o, si se prefiere, leer las XVI cuestiones sobre la Fe, con que Santo Tomás da principio a su Secunda Secundae... no solo se ocupan (los teólogos), en el aspecto doctrinal o dogmático de la fe, simplemente de su certeza, la única que parece interesar a C. Pozo, sino de su naturaleza o definición, de su objeto material o formal, de sus propiedades, obscuridad, necesidad para la salvación, etc.; de su opuesta, la herejía; de las conclusiones o derivaciones lógicas de esa fe, del valor de las determinaciones o definiciones de la Iglesia respecto de esa fe y de esas conclusiones, etc.
Cosa por otra parte, natural y obligada, si luego habían de ocuparse de las derivaciones morales y canónicas de tal fe, de tales conclusiones y de tales determinaciones de la Iglesia. No se puede hablar de las derivaciones morales o legales de un acto humano, sin antes fijar la especie o naturaleza del acto de que se trata, ni pueden el moralista o canonista hablar de obligaciones o de transgresiones morales o canónicas, sin fijar previamente el objeto de esa obligación, o la especie de pecado y figura de delito. El mismo Torquemada, el más canonista quizás de todos esos teólogos medievales, fija el concepto propio de herejía y su naturaleza, esencialmente doctrinal o intelectual, con una claridad y precisión que difícilmente serían superadas por un teólogo del siglo XX.” pag. 193/4

 “Ha sido recurso habitual, tanto en Lang como en C. Pozo, para poder esquivar la fuerza de los textos, tan repetidos y terminantes en los teólogos del período comprendido entre Vitoria y Suárez... alegar que los términos fe y herejía no tenían en ellos el mismo sentido estricto que tienen en la teología de nuestro siglo... aquellos teólogos, nos advierten, se ocupaban a la vez de los aspectos no sólo dogmático-doctrinal de la fe y de la herejía, sino también de los morales y canónicos de las mismas, no solo del error contra la fe, sino también de la conducta humana respecto de esta, de la herejía pecado y de la herejía delito.
El descubrimiento, que se nos pretende hacer en tal advertencia, es algo así como descubrir el mediterráneo. Pero, ¿qué es lo que con ello se quiere significar? ¿Que dichos teólogos... confundían las cosas y que no supieron o no quisieron darnos una idea o concepto, claro y preciso de lo que era la fe propiamente dicha y consiguientemente de lo que era herejía en sentido propio también?
Precisamente para poder hablar de fe o de teología en sentido lato o impropio, es necesario un previo conocimiento, claro y exacto, de lo que es fe y herejía en sentido propio o verdadero. Por ello S. Tomás y con él todos los teólogos, daban principio a sus tratados de Fide, fijando con toda precisión y nitidez el concepto de fe, su objeto material y formal, su distinción de todo lo que no era fe, en especial de la teología; quedando, por lo mismo, fijado el concepto de herejía: lo contrario a la fe o el error contra la fe…” (Pag 210/11)

(Cursiva del original; negrita y subrayado mío)

Dicho a lo cual paso a los sed contra;

El argumento del P. Cekada es el siguiente:

Major: El Papa está sometido al derecho divino y no al eclesiástico.

Minor: El canon 2314 es de derecho eclesiástico.

Ergo.

Me parece que este argumento está bien y es confirmado por el canon 1556: “Prima Sedes a nemine judicatur”.

Ahora bien su segundo argumento es el siguiente:

Major: El Papa está sometido al derecho divino.

Minor: La herejía como pecado somete al Papa al derecho divino.

Ergo: es la herejía como pecado el que previene a un hereje público el ser o permanecer Papa.

No recuerdo como llaman los lógicos a este tipo de razonamiento, pero no tengo dudas que el término ley/derecho divino de la mayor tiene un sentido diferente al de la menor. Su razonamiento es que al ser el Papa juzgado sólo por el derecho divino, perdería el pontificado por un pecado contra la fe al estar sometido al juicio de Dios en lo que respecta a las cuestiones morales. Entonces, pregunto: ¿no sería lícito con ese criterio decir que por cualquier pecado el Papa perdería el pontificado? Pues en todo pecado el Papa está sometido al derecho divino (qui nimis probat nihil probat).
Además el P. Cekada hace la distinción de que es el pecado público de herejía el que le hace perder el Pontificado, pero si bien hay que decir que no cae en el grueso error de G. Lagrange (cf. De Christo Salvatore pag. 229 y sig., ed. 1946, “Utrum Christus sit caput omnium hominum”) al exigir que el pecado sea público, sin embargo esta teoría choca, primero y principal contra la M. Corporis, segundo no puede explicar la visibilidad de la Iglesia (cf. The Parish censorship and membership in the Church”, Fenton), además admite que los herejes de buena fe (materiales) son miembros de la Iglesia Católica y, consiguientemente, pueden ser elegidos Papa, o sea toda aquella persona nacida y criada en una secta protestante que no ha pecado públicamente contra la fe, puede ser el sucesor de Pedro…
De aquí a la “Super Church” del Vat. II no hay muchos pasos (obviamente no estoy diciendo que lo hagan conscientemente, simplemente digo que lógicamente le abre una puerta al Vat II, de la misma manera que G. Lagrange, loc cit. cuando dice: “Corollarium: Sunt membra Ecclesiae omnes qui habent fidem infusam, etiamsi sint solum cathecumeni, aut Schismatici, licet verum schisma facile dilabi in haeresim et vix fuisse ullum formalem schismaticum qui non fuit haereticus” (SIC)6

Hic textus evidenter ad Modernismum ducit et miratus sum nimis hunc textum citatum non esse a Benedicto XVI
Quare non, quaeso, debemus addere haereticos materials et excommunicatos ad listam Patris Garrigou Lagrange? Illi habent et fidem infusam…

Cfr. FentonMembership in the Church” AER 112 (1945) pag 287-305.

Para clarificar esto un poco más se puede mostrar un ejemplo tomado del Bautismo:

a) Efectos Morales: perdón de todos los pecados (original y actuales) con el consiguiente estado de gracia, si es que no hay óbices.

b) Efectos jurídicos: canon 87: “Baptismate homo constituitur in Ecclesia Christi persona…”

c) Efectos teológicos: la persona es miembro de la Iglesia (Pío XII, M Corporis).

Por la herejía en el primer sentido hay que consultar a los moralistas y tenemos un pecado contra el primer mandamiento.

Por la herejía en el segundo sentido tenemos un delito y hay que consultar a los canonistas, cn. 2314.

Por la herejía en el tercer sentido hay que consultar a los dogmáticos y tenemos un no-miembro de la Iglesia. (M. Corporis.)

Ya Wernz y Vidal decían: “Ius canonicum differt a theologia dogmatica et morali ratione obiecti formalis. Theologiae enim dogmaticae est inquirere in omne verum demonstrabile ex fontibus revelationis, quatenus est obiectum credendorum; ius autem canonicum non sistit in veritate cognoscenda sed in eadem obiecta v. gr. in constitutione Ecclesiae inquirit, quatenus sunt leges sive regulae agendorum, ut pax et recta gubernatio in Ecclesia habeatur.
Ab altera specie theologiae practicae i.e. theologia morali ius canonicum distinguitur, quia agit de actionibus fidelium, quatenus referuntur ad ordinem externum et socialem Ecclesiae, et quae idcirco in foro externo legibus eccelsiasticis praescriptae vel prohibitae sunt. Theologia vero morali generatim inquirit in rectitudinem sive liceitatem omnium actionum humanarum in ordine ad finem ultimum atque internum sanctificationem hominum, etiamsi illae acciones ad ordinem externum et socialem Ecclesiae vel civitatis respectum non habeant et primario et directe in solo foro interno sint iudicandae neque in foro externo legibus ecclesiasticis praescribuntur vel prohibeantur vel statuta quadam sanctione puniantur.
Manifestum igitur est discrimen inter ius canonicum et theologiam morlaem, sed aeque patet non paucas quaestiones iuris ecclesiastici a moralistis tractari posse v gr. De obligationibus parochorum… etc” (Ius Canonicum T I, pag. 85/6).7
Además que el cn 188 (y concordantes, como 646.1) no hace referencia ni a la herejía en sentido moral (ut patet) ni al sentido canónico, puesto que no está en el libro V considerado como un delito ni hay penas para ese canon (188).

Mc Devitt, “The renunciation of an Ecclesiastical office” CUA 1946 pag 115/7, dice “It is to be noted that every type of offices becomes vacant by means of tacit renunciation when the incumbent places one of the acts specified in cn 188, for the canon uses the words “quaelibet officia”. Likewise all clerics come under the prescriptions of this canon since the canon makes no distinction. While Cardinals are not subject to the penal law unless they are expressly mentioned (2227.2), the writer believes that they are subject to the prescription of canon 188 without any such special mention, since in his opinion this canon is not a penal canon. It is true that some of the acts enumerated in canon 188 constitute delicts, and have special penalties attached to them, but the effect of a tacit renunciation is not to be considered in the nature of canonical penalty.
In treating of public defection from the faith, Coronata notes that the tacit renunciation which results in consequence of this defection is not strictly the effect of a penal sanction (Instit. IV, n: 1864). This statement is quite true. Certainly the tacit renunciation cannot be considered a penalty for a religious profession, which according to cn 188.1 effects a tacit renunciation. There is certainly nothing in such an act that would warrant a penalty. Even with regard to the acts in cn 188 which constitute crime the writer believes that the tacit renunciation is not inflicted as a penalty. This fact seems quite clear to the writer, especially in view of the manner in which the codes refers to the tacit renunciation in the cn which treat of penalties.
The quotation from the following two canons will serve to demonstrate the definition that the code makes. Cn 2168.2 in treating of the procedure against non resident clerics, states the following:
In monitione Ordinarius recolat poenas quas incurrunt clerici non residentes itemque praescriptum cn 188.8.”
(Entre paréntesis, leyendo el comentario al CIC de la BAC T IV el autor comenta el cn 2168.2:
La amonestación abarca los siguientes puntos:

a) Llamamiento a cumplir la ley de residencia…

b) Indicación de las sanciones señaladas en el cn 2381...

c) Indicación de la norma contenida en el canon 188.8, según la cual el beneficio vaca por renuncia tacita, si el clérigo, en el plazo asignado por el Ordinario, no regresa o no responde; esta parte de la amonestación no implica un precepto penal, porque la renuncia tacita no es propiamente una pena automática sancionadora de la irresidencia, sino una secuela legal de la misma que el irresidente debe tener en cuenta, y por eso el legislador no dice al Ordinario que le amenace con la renuncia tacita del cn 188.8 sino que se la recuerde (recolat) para que no pueda alegar ignorancia o inadvertencia.

d) Señalamiento de un plazo prudencial…
(Negritas mías)

Cn 2314 in dealing with the crime of those who are guilty of heresy or apostasy reads as follows:
1.3 Si sectae acatholicae nomen dederint vel publice adheserint, ipso facto infames sunt, et firmo praescripto cn 188.4, clerici, monitione incassum praemissa, degradentur.
The same procedure is followed in the other canons which make mention of a tacit renunciation. It’s plainly evident that a distinction is being made between the threatened or enacted penalty on the one hand and a tacit renunciation on the other: nowhere in the code is the tacit renunciation called a penalty, it’s always set off in a separate ablative clause when it is enumerated with penalties. For this reason the writer is of the opinion that a tacit renunciation is not to be classified as a penalty. The authors do not expressly designate it as a penalty, but they do list it along with the penalties when they consider the juridical effects consequent upon specific crimes. (Vermesch- Creusen. Epitome III; 513, Coronata, Institutiones IV num. 2178, 2196).
The direct purpose of this discussion was to demonstrate that Cardinals are subject to the prescriptions of cn 188. Consequently the presentation of the arguments served the further purpose of clarifying that in this cn the law is not imposing a penalty, but is rather accepting the specified acts as tantamount to an express renunciation of office. It may here be noted also that a tacit renunciation and a privation of the office are very similar, but that the law nevertheless consistently places them in different categories.”8

Por último termino citando a Billot, el cual claramente niega que esté hablando de pecado.

Dividuntur autem haeretici in formales et materiales… materialibus igitur haereticis non imputatur haeresis ad peccatum, imo nec necessario deest supernaturalis illa fides quae totius iustificationis initium est et radix… Proinde adhuc possunt pretinere VOTO ad Ecclesiae Corpus… nihilominus, quod attinet ad realem incorporationem in visibilem Eccl. Christi de qua nunc sermo, thesis nullum point discrimen inter haereticos formales et materiales…” (De Ecclesia T. 1, pag 297)

At vero considerandum quod non agitur in praesenti de haeresi praecise in quantum peccatum est contra virtutem fidei in foro interno Dei et conscientiae, sed pure et simpliciter de haeresi quae vim habet praescindendi hominem a visibili corpore Ecclesiae, et directe oponotur exteriori professioni religionis catholicae. Euismodi autem haeresis non est haeresis interior et occulta sed sola exterior et notoria... (op. cit. Pag 631).9

Además una cosa que hay que tener presente es que para que haya delito es suficiente que sea externo, mientras que en el caso de la herejía en el sentido teológico y de acuerdo al canon 188.4 no basta que sea externo sino que además es preciso que sea público.

Wernz-Vidal dicen: “Apostasiae delictum, quod in foro externo Ecclesiae iudicio et poenis subicitur, solis actibus externis etsi non publicis manifestetur necesse est.”10 (T. VII n. 380; cfr. también n. 387).

Lo cual es confirmado por el gran Cardenal Billot que dice: “...occulti autem ii in primis dicuntur, qui actu tantum interno discredunt dogmata fidei ab Ecclesia proposita, tum illi qui signis quidem externis haeresim manifestant, at non publica professione. Quos inter, multos nostris diebus versari facile intelliges: dubitantes scilicet de rebus fidei vel positive dissentientes, suamque animi dispositionem in privato vitae commercio non disimulantes, quamvis Ecclesiae fidem nusquam ex professo abdicaverint, et cum categorice de sua religione interrogantur, sponte sua sese catholicos declarent. (nota: “nota discrimen inter haeresim notoriam, et haeresim quae sufficit ad incurrendum excommunicationem Bullae Apostolicae Sedis. Nam ad incurrendam excommunicationem satis est quaelibet manifestatio exterior, etiam in occulto facta, animo errorem profitendi. Sed de excommunicatione et effectibus eius in ordine ad praesentem quaestionem, dicetur in propositione sequenti”. Si bien es cierto que la Bula fue abolida posteriormente por el CIC sin embargo el principio es el mismo). Occultos porro haereticos nullo modo ad veram Ecclesiam pertinere, plures tenent theologi, et inter recentissimos Card. Franzelin, de Eccl. Thesis 22. “Nos tamen, inquit Bellarminus, modum loquendi plurium sequimur, qui docent eos qui sola externa professione coniuncti sunt fidelibus caeteris, esse veras partes exteriores, atque adeo etiam membra, licet arida, corporis Ecclesiae...” Et huic sententiae, quae longe communior est, omnino subscribendum esse censemus. Sed, ut claritati consulatur, declarandum in primis erit id quod in confesso est apud omnes: notorios haereticos ab Ecclesiae corpori excludi. Postea vero, id quod a quibusdam negatur: solos scilicet excludi notorios, non autem occultos, in quorum numero ii etiam ponendi videntur, qui etsi externe contra fidem peccantes, nusquam tamen a regula ecclesiastici magisterii publica professione recesserunt.11 (De Eccl. T. 1 pag. 298/9)

NB: esta distinción corta de raíz todo el problema relacionado con las objeciones y respuestas de Mons. Sanborn al cn 188.4 (Sacerdotium XVI pag 62 y sig.) pues a este canon no le son aplicables las nociones de imputabilidad, notoriedad, legalidad, crimen, pertinacia etc. Solo se requiere que sea público.
Claramente pues confunde la herejía en sentido canónico con el teológico.

Espero que todo esto sirva de algo y de mas esta decir que todo aquello que notes que está mal por favor me lo hagas saber, pues nada desea tanto mi alma como amar la verdad y, afortunadamente, nosotros los católicos, sabemos bien que esa verdad se escribe con mayúsculas, según aquellas hermosas y consoladoras palabras de Nuestro SeñorEgo sum Via, Veritas et Vita
Sicut cervus desiderat ad fontes aquarum ita desiderat anima mea ad te Deum!”

In Christo Domino Nostro et Maria Sanctissima

Cristian Jacobo



TRANSLATION12

Dear John,

This is what I found about heresy. I hope it may help.

Heresy may be studied under 3 different aspects:

a) Theological

b) Moral

c) Canonical


I think the main mistake of Fr. Cekada is to deny the first (and most important) of these 3 aspects.
The first thing to have in mind here is that this question is intimately related to the “membership in the Church” question (cf. Coronata`s quote made by Fr. Cekada himself), an essentially theological question.
On this subject, I believe there is nothing better than the conclusive issue of Msgr. Fenton The Baptismal Character and membership in the Church”, AER 122, pag 373 y ss (this is a key issue).
The following quotes are taken from Msgr. Fidel Garcia MartinezEvolution of dogma and rule of faith” Madrid 1962, Bibliotheca Theologica Hispana; on Mons F. Garcia Martinez cfr. “The question of Ecclesiastical faithFenton AER 128, (1953) pag. 287 ff.

I quote in extenso: “Let us give as an example the word heresy. It is well known that this word means, in a theological sense, a doctrine opposed to a truth of divine Catholic (or defined) faith. This in an objective sense, while in a subjective meaning would be heresy the act of denying, knowingly a truth of divine Catholic faith. The objective meaning concerns mainly to dogmatic theology which deals directly on doctrines. The subjective meaning, on the other side, concerns more to moralists and canonists, which judge the human acts and the responsibilities and sanctions before the ecclesiastical laws.
And so laws, both ecclesiastical and civil, when trying to distinguish responsibilities and sanctions, not only take care of crime itself and consummated, for instance, homicide or adultery, but also the attempt and the presumption of it, and also the one who induces it, the accomplice, the accessory after the fact, etc. And for this reason we can see how both the canonist and ecclesiastical court could classify as heretics or responsible of heresies, acts that in themselves and properly speaking were not such, but only a fiction or juridical presumption.” (Pag 73 f.)
That in which we cannot agree at all (NB: the author here, as in almost the whole book, is criticizing two theologians: C. Pozo y A. Lang) is in including, in the second section of truths which belong indirectly to faith, of attitudes and behaviors morally or legally against religious duty of faith, confusing in that way things that are heterogeneous and essentially different: truths and behaviors.
Both Lang and Pozo try insistently to present us long lists of ecclesiastical crimes, classified and punished as heretics in the Decretales of Gratianus and by medieval canonists, although many of them, due to a juridical presumption, had something to do with faith, such as simony, desecration of Sacraments, obstinate disobedience to the precepts of Bishops or Apostolic See, to attempt against Her privileges etc. All this is very well known… but what do they mean by that? That theologians and specially St Thomas, who knew and sometimes quoted those canons, did not have a clear and precise idea of the nature of faith and heresy when they talked, not about behaviors and responsibilities, but of doctrines and truth? (Author’s note: “Not only the theologians but also the very medieval canonists quoted by them had that clear and precise idea. One of the two canonists quoted by C Pozo, Henry of Segusia, the Hostiense, when giving a list of ecclesiastical delicts, largo modo, as he himself says, he adds: Sed stricto modo dicitur haereticus qui aliter sentit de articulis fidei quam Romana ecclesia).13
It is very well known that penal laws, both canonical and civil, use to punish… not only the crime itself but also some other acts, that share more or less in its responsibilities or due to a juridical presumption… are considered as such… cfr. Cn 2315, 2316 y 2318….
In the same way the moralist, when dealing with the sin of heresy, or homicide or other, not only consider the sinfulness of the act in itself, but also many other ways of committing (falling) in the moral responsibilities of it: desire, purpose, proxima occasio, cooperation, etc. and specially in the sin of heresy, guilty ignorance of its fundamental dogmas, not making a public profession of faith when is obligatory, etc. But it is obvious that both moralists and canonists when dealing with responsibilities or participations have to bear in mind the specific and proper nature of the sin or the crime they are dealing with. One cannot talk about the sin or participation of a homicide, if you are not dealing with a homicide but with a swindle (fraud); and you cannot talk about presumed heresy if would not exist heresy vere et proprie dicta.” (Page 90 f.)

And later on (pag. 108 and footnote), when quoting Torquemada saying: quod haeresis sit opinio vel assertio falsa, sive dogma falsum catholicae veritati contraruim in eo, qui christianam fidem professus est” 14(Summa de Ecclesia Libro IV, 2 parte, cap I), comments: “C. Pozo says: “the angle from which Torquemada approaches the problem it is not that of the certainty which is peculiar (proprio) to the act of faith. His raising is… that of the obligation the acceptance of faith demands… this moral focus would explain the amplitude Torquemada conceives the applications of the notions of heresy.”
Did not the reader, says Mons Martinez, realize trough all the texts we have transcribed, that the only focus is that of the strictly doctrinal-theological point of view? The fact that Torquemada takes care also, as well as all the medieval theologians till XVII century, of the moral and canonical aspects of heresy it is not an obstacle to distinguish perfectly those aspects. Those who seem to confuse them are Lang and Pozo, contradicting the appropriate warning of the Dict. De Théologie Catholique (Volume VI, col, 2208): “Il faut toutefois distinguer le problème dogmatique, qui se rapporte a l´hérésie considérée comme doctrine, le problème moral, qui se rapporte a l´hérésie comme péché, et le problème canonique, qui se rapporte a l´hérésie considérée comme délit15 ».
Torquemada himself clearly distinguishes heresy, act of the intellect, from other human attitudes that may fall under the punishment of Moral or Canon Law: “assignata varietate modorum quibus in generali dicitur quis haereticus; nunc videndum est per definitionem quis proprie censendus veniat haereticus… Haereticus proprie est, qui post susceptam religionem christianam, Chirsti fidem in generali profitens, aliquam vel aliquas in speciali opinionem contrariam catholicae veritati, pertinaciter tenet vel sequitur” (pag 574).”Ut probatum est ad hoc quod aliquis proprie dicatur haereticus requiritur necessario error in intelectu. Ergo nullum factum absolute accipiedo sine errore in intelecto facit haereticum”. (pag. 575). “Notanter autem dicitur, assertio falsa, sive dogma perversum, non factum; quia factum perversum, ut ostendemus plenius, non est haeresis, nec fecit haereticum, v. gr. Si quis furatur, si quis adulter est… Ex tali facto non efficitur quis haereticus; efficeretur autem, si pertinaciter assereret, quod licitum est furari et adulterari; quia sic sentiens, sentiret contra catholicam veritatem.” (Pag 562) 16
It will be enough for the reader to review the text transcribed in chapters III and IV or to read the XVI quaestiones on Faith, by which St. Thomas begins the Saecunda Saecundae… (Theologians) not only take care of the doctrinal or dogmatic aspect of faith… but also of its nature, material or formal object, properties, obscurity, necessity for salvation, etc., of its opposite: heresy, of the logical consequences of faith, of the value of the definitions of the Church regarding faith and its conclusions etc.
And this, of course, is something natural and obliged, if later on they had to deal with canonical and moral consequences of that faith, of those conclusions and of those definitions made by the Church. You can’t speak about the moral or canonical consequences of a human act, without fixing first the nature of the act you are dealing with, nor can the moralist or canonist speak about duties or faults both moral and canonical, without specifying first the object of that obligation, or the kind of sin or crime. Torquemada himself, perhaps the most “canonist” of all those medieval theologians, fixes the concept of heresy and its nature, essentially doctrinal or intellectual, with such a clearness and accuracy that can hardly be improved by a theologian of XX century. (Pag. 193/4).
Usually both Lang and Pozo, in order to avoid the arguments so convincing made by the theologians from the period from Vitoria to Suarez… say that the terms heresy and faith didn’t have the same strict sense we found in the theologians of XX cent… those theologians, they say, take care not only of the dogmatic-doctrinal aspect of faith and heresy, but also of the moral and canonical aspects, not only of the error against faith but also of the human behavior regarding faith, of heresy as a sin and as a crime.
Such a discovery… is something similar as to discover the Mediterranean. What exactly do they mean? That those theologians confused the subjects and that they couldn’t give us a clear and precise concept of faith proprie dicta and consistently an idea of heresy proprie dicta too?
In order to speak about faith or theology in a wide or improper sense, it is necessary a clear and exact knowledge of what faith and heresy are stricte et proprie loquendo; and that is why S. Thomas and all the theologians along with him begin their treatise de Fide, fixing very precisely the concept of faith, its material and formal object, his distinction with all other thing which were not faith, specially theology, and in that way the concept of heresy was determined: that opposed to faith…” (Pag 210/1)

(Italics from the original, bold and underwriting mine)

That said I pass to the sed contra:

Fr. Cekada`s argument is the following:

Major: Pope is submitted to divine law and not to eccl. law.

Minor: Canon 2314 belongs to eccl. law.

Ergo.

I believe this argument is right, and is confirmed by canon 1556 “Prima Sedes a nemine judicatur”.17

Now, the second argument is this:

Major: Pope is submitted to divine Law.

Minor: heresy as a sin submits the Pope to div. Law.

Ergo: it’s heresy as a sin what prevents a person to be or to remain Pope.

I can’t recall how the logics (in Latin logici, i.e. periti in logica) name this kind of reasoning, but I have no doubt the term divine law in the major is not the same as in the minor. His reasoning is that by the fact that the Pope is submitted to divine law he would lose his pontificate by a sin against faith because in the moral order the Pope is under the judgment of God. But, with that argument, would not be licit to conclude that the Pope may fall from the office because of ANY sin? Because he is submitted to God in any kind of sin, not only in that of heresy (qui nimis probat nihil probat).
Besides Fr. Cekada says that it is the public sin of heresy which causes the lost of the pontificate, but although I have to admit that he doesn’t fall into the huge mistake of Garrigou Lagrange (De Christo Salvatore pag 229 and ff, ed 1946, “Utrum Christus sit caput omnium hominum”) because he demands that the sin be public, nevertheless his theory (Fr. Cekada`s) is against, first M. Corporis, second it fails to explain properly the visibility of the Church ( cf. “The Parish censorship and membership in the Church”, Fenton), and also he admits that the heretics of goof faith (material ones) are members of the Church and consequently may be elected to the papacy, ergo: every person born and raised up in a protestant sect can be the successor of St. Peter...
From here to the “super-Church” of the Vatican II there are not many steps (of course I`m not saying they do it on purpose, but rather that this theory logically opens a door to Vat. II, in the same way as G. Lagrange, loc. cit. when says: “Corollarium: Sunt membra Ecclesiae omnes qui habent fidem infusam, etiamsi sint solum cathecumeni, aut Schismatici, licet verum schisma facile dilabi in haeresim et vix fuisse ullum formalem schismaticum qui non fuit haereticus” (SIC)

Hic textus evidenter ad Modernismum ducit et miratus sum nimis hunc textum citatum non esse a Benedicto XVI
Quare non, quaeso, debemus addere haereticos materials et excommunicatos ad listam Patris Garrigou Lagrange? Illi habent et fidem infusam…18
Cfr. Fenton Membership in the Church” AER 112 (1945) pag 287-305.

In order to clarify this a little bit we can take the example of Baptism:

a) Moral Effects: forgiveness of all kind of sins (original and actual) and the subsequent state of grace, if there is no obstacle.

b) Juridical effects: cn 87 “Baptismate homo constituitur in Ecclesia Christi persona...

c) Theological effects: the person is member of the Church. (M. Corporis)

In the first case we have a sin against the first commandment and we should consult the moralist.

In the second case we have a crime against the Unity of the Church (cn 2314) and we have to consult the canonists.

In the third case we have to read the dogmatic theologians and we get a non member of the Church (M. Corporis).

Wernz and Vidal say: “Ius canonicum differt a theologia dogmatica et morali ratione obiecti formalis. Theologiae enim dogmaticae est inquirere in omne verum demonstrabile ex fontibus revelationis, quatenus est obiectum credendorum; ius autem canonicum non sistit in veritate cognoscenda sed in eadem obiecta v. gr. in constitutione Ecclesiae inquirit, quatenus sunt leges sive regulae agendorum, ut pax et recta gubernatio in Ecclesia habeatur.
Ab altera specie theologiae practicae i.e. theologia morali ius canonicum distinguitur, quia agit de actionibus fidelium, quatenus referuntur ad ordinem externum et socialem Ecclesiae, et quae idcirco in foro externo legibus eccelsiasticis praescriptae vel prohibitae sunt. Theologia vero morali generatim inquirit in rectitudinem sive liceitatem omnium actionum humanarum in ordine ad finem ultimum atque internum sanctificationem hominum, etiamsi illae acciones ad ordinem externum et socialem Ecclesiae vel civitatis respectum non habeant et primario et directe in solo foro interno sint iudicandae neque in foro externo legibus ecclesiasticis praescribuntur vel prohibeantur vel statuta quadam sanctione puniantur.
Manifestum igitur est discrimen inter ius canonicum et theologiam morlaem, sed aeque patet non paucas quaestiones iuris ecclesiastici a moralistis tractari posse v gr. De obligationibus parochorum… etc” (Ius Canonicum T I, pag. 85/6).19

Besides canon 188.4 doesn`t deal with a sin (ut patet) and neither with a crime, because if that would be true, then it had to be in the V book of the code and there is no penalties for this canon (188).

Mc Devitt, “The renunciation of an Ecclesiastical office” CUA 1946 pag 115/7, says: “It is to be noted that every type of offices becomes vacant by means of tacit renunciation when the incumbent places one of the acts specified in cn 188, for the canon uses the words “quaelibet officia”. Likewise all clerics come under the prescriptions of this canon since the canon makes no distinction. While Cardinals are not subject to the penal law unless they are expressly mentioned (2227.2), the writer believes that they are subject to the prescription of canon 188 without any such special mention, since in his opinion this canon is not a penal canon. It is true that some of the acts enumerated in canon 188 constitute delicts, and have special penalties attached to them, but the effect of a tacit renunciation is not to be considered in the nature of canonical penalty.
In treating of public defection from the faith, Coronata notes that the tacit renunciation which results in consequence of this defection is not strictly the effect of a penal sanction (Instit. IV, n: 1864). This statement is quite true. Certainly the tacit renunciation cannot be considered a penalty for a religious profession, which according to cn 188.1 effects a tacit renunciation. There is certainly nothing in such an act that would warrant a penalty. Even with regard to the acts in cn 188 which constitute crime the writer believes that the tacit renunciation is not inflicted as a penalty. This fact seems quite clear to the writer, especially in view of the manner in which the codes refers to the tacit renunciation in the cn which treat of penalties.
The quotation from the following two canons will serve to demonstrate the definition that the code makes. Cn 2168.2 in treating of the procedure against non resident clerics, states the following:
In monitione Ordinarius recolat poenas quas incurrunt clerici non residentes itemque praescriptum cn 188.8.”
(BTW reading the commentary of this canon made by the BAC Vol. IV I found this:
The admonition includes the following points:
  1. Calling to fulfill the law on residence.
  2. Indication of the sanctions pointed out in cn 2381…
  3. Indication of the norm included in cn 188.8 according to which the beneficium is vacant because of a tacit renunciation if the cleric, in the term given by the Ordinary, does not come back or answer; this part of the admonition does not imply a penal precept, because the tacit renunciation is not, properly speaking, an automatic penalty which sanctions the non-residency of the clergy, but rather a legal consequence that the non-resident clergy has to take into account, and that is why the legislator does not say to the Ordinary to threaten him with the tacit renunciation of cn 188 but rather to remind him (recolat) in order that he can`t be able to argue ignorance or inadvertence.
  4. Designation of a prudential term… etc
(Bold mine)

Cn 2314 in dealing with the crime of those who are guilty of heresy or apostasy reads as follows:
1.3 Si sectae acatholicae nomen dederint vel publice adheserint, ipso facto infames sunt, et firmo praescripto cn 188.4, clerici, monitione incassum praemissa, degradentur.
The same procedure is followed in the other canons which make mention of a tacit renunciation. It’s plainly evident that a distinction is being made between the threatened or enacted penalty on the one hand and a tacit renunciation on the other: nowhere in the code is the tacit renunciation called a penalty, it’s always set off in a separate ablative clause when it is enumerated with penalties. For this reason the writer is of the opinion that a tacit renunciation is not to be classified as a penalty. The authors do not expressly designate it as a penalty, but they do list it along with the penalties when they consider the juridical effects consequent upon specific crimes. (Vermeersch- Creusen. Epitome III; 513, Coronata, Institutiones IV num. 2178, 2196).
The direct purpose of this discussion was to demonstrate that Cardinals are subject to the prescriptions of cn 188. Consequently the presentation of the arguments served the further purpose of clarifying that in this cn the law is not imposing a penalty, but is rather accepting the specified acts as tantamount to an express renunciation of office. It may here be noted also that a tacit renunciation and a privation of the office are very similar, but that the law nevertheless consistently places them in different categories.”

Lastly I quote Card. Billot, who explicitly denies he is dealing with heresy as a sin.
Dividuntur autem haeretici in formales et materiales… materialibus igitur haereticis non imputatur haeresis ad peccatum, imo nec necessario deest supernaturalis illa fides quae totius iustificationis initium est et radix… Proinde adhuc possunt pretinere VOTO ad Ecclesiae Corpus… nihilominus, quod attinet ad realem incorporationem in visibilem Eccl. Christi de qua nunc sermo, thesis nullum point discrimen inter haereticos formales et materiales…” (De Ecclesia T 1, pag 297)
At vero considerandum quod non agitur in praesenti de haeresi praecise in quantum peccatum est contra virtutem fidei in foro interno Dei et conscientiae, sed pure et simpliciter de haeresi quae vim habet praescindendi hominem a visibili corpore Ecclesiae, et directe oponitur exteriori professioni religionis catholicae. Euismodi autem haeresis non est haeresis interior et occulta sed sola exterior et notoria... (Pag 631).20

Besides something we have to have in mind is that in order to have a crime is enough to be external, whereas in the theological sense and according to canon 188.4 it is not enough to be external but it is required to be public.

Wernz and Vidal say: Apostasiae delictum, quod in foro externo Ecclesiae iudicio et poenis subicitur, solis actibus externis etsi non publicis manifestetur necesse est. (T. VII n. 380; cfr. also n. 387).21

And the same is said by the great Cardinal Billot: “...occulti autem ii in primis dicuntur, qui actu tantum interno discredunt dogmata fidei ab Ecclesia proposita, tum illi qui signis quidem externis haeresim manifestant, at non publica professione. Quos inter, multos nostris diebus versari facile intelliges: dubitantes scilicet de rebus fidei vel positive dissentientes, suamque animi dispositionem in privato vitae commercio non disimulantes, quamvis Ecclesiae fidem nusquam ex professo abdicaverint, et cum categorice de sua religione interrogantur, sponte sua sese catholicos declarent. (Note: “nota discrimen inter haeresim notoriam, et haeresim quae sufficit ad incurrendum excommunicationem Bullae Apostolicae Sedis. Nam ad incurrendam excommunicationem satis est quaelibet manifestatio exterior, etiam in occulto facta, animo errorem profitendi. Sed de excommunicatione et effectibus eius in ordine ad praesentem quaestionem, dicetur in propositione sequenti”. Occultos porro haereticos nullo modo ad veram Ecclesiam pertinere, plures tenent theologi, et inter recentissimos Card. Franzelin, de Eccl. Thesis 22. “Nos tamen, inquit Bellarminus, modum loquendi plurium sequimur, qui docent eos qui sola externa professione coniuncti sunt fidelibus caeteris, esse veras partes exteriores, atque adeo etiam membra, licet arida, corporis Ecclesiae...” Et huic sententiae, quae longe communior est, omnino subscribendum esse censemus. Sed, ut claritati consulatur, declarandum in primis erit id quod in confesso est apud omnes: notorios haereticos ab Ecclesiae corpori excludi. Postea vero, id quod a quibusdam negatur: solos scilicet excludi notorios, non autem occultos, in quorum numero ii etiam ponendi videntur, qui etsi externe contra fidem peccantes, nusquam tamen a regula ecclesiastici magisterii publica professione recesserunt.” (De Eccl. T. 1 pag. 298/9)22

NB: this distinction cuts ex radice all the objections and answers of Bishop Sanborn to canon 188.4 (Sacerdotium XVI pag 62 and ff) because you can`t apply to this canon the notion of imputabilitas, notorietas, legalitas, delictum, pertinatia etc., all you need is that that fact be public.

Clearly then he confuses heresy in the canonical sense with heresy in the theological sense.

I really hope this may be useful and, needless to say, please let me know what you see is wrong, because nothing is more delightful to my soul than to love the truth and fortunately, we Catholics, know very well that that truth is written with capital T, according to those most beautiful and consoling words of Our Lord: Ego sum Via, Veritas et Vita

Sicut cervus desiderat ad fontes aquarum ita desiderat anima mea ad te Deum!”

In Christo Domino Nostro et Maria Sanctissima

Cristian Jacobo


1
http://www.traditionalmass.org/blog/2007/10/10/a-pope-as-a-manifest-or-public-heretic/
2
En sentido estricto se dice que alguien es hereje cuando cree algo distinto a la Iglesia Romana en materia de fe”.
3
La herejía es una afirmación falsa contraria a un dogma, hecha por aquel que profesa la religión cristiana”.
4
Hay que distinguir el problema dogmático, que se relaciona con la herejía considerada como doctrina, el problema moral que se relaciona con la herejía como pecado y el problema canónico que se relaciona con la herejía considerada como delito”.
5
Teniendo en cuenta la variedad de modos de ser hereje, vamos a tratar ahora sólo de la herejía en sentido propio… se dice que alguien es propiamente hereje cuando después de haber aceptado la religión cristiana… pertinazmente sigue o sostiene una o varias opiniones contrarias a la verdad Católica.
Como ha sido probado, para que alguien sea propiamente hereje se requiere un error en el intelecto, ergo ningún hecho, absolutamente hablando que no vaya acompañado de un error en el intelecto puede hacer que alguien sea hereje.
Adrede se dice “afirmación falsa o dogma perverso” y no un hecho, ya que este, por más perverso que sea, no implica herejía ni hace que alguien sea hereje, por ejemplo si alguien roba o comete adulterio… por tales hechos nadie se vuelve hereje, pero sí sería si afirmara pertinazmente que es lícito robar o cometer adulterio ya que al creer así lo haría en contra de la verdad católica”.
6
Corolario: son miembros de la Iglesia todos aquellos que tienen la fe infusa, aunque sean catecúmenos o cismáticos, aunque el cisma fácilmente lleva a la herejía y casi no ha habido un cismático formal que no haya sido hereje” (hasta aquí G. Lagrange y el resto es mío), “Este texto evidentemente conduce al modernismo y estoy asombrado que no haya sido citado por Benedicto XVI… ¿por qué no agregar a la lista a los herejes materiales y a los excomulgados puesto que ellos tienen también la fe infusa?”.
7
@El derecho canónico difiere de la teología dogmática y moral en razón del objeto formal. Es propio de la teología dogmática el buscar toda verdad deducida de la revelación, en cuanto es objeto de los creyentes. El derecho canónico, por su parte, no se detiene en la verdad por conocer, sino que busca, en el mismo objeto, a saber la constitución de la Iglesia, cuales son las leyes o reglas de obrar a fin de que haya paz y un recto gobierno en la Iglesia.
El derecho canónico difiere también de la otra parte de la teología que es la moral, en que trata de las acciones de los fieles que se refieren al orden externo y social de la Iglesia y que son, por lo tanto, mandadas o prohibidas en el foro externo por medio de leyes eclesiásticas; en cambio la teología moral generalmente mira a la licitud de todas las acciones humanas en orden al fin último e interno que es la santificación del hombre, aunque estas acciones no tengan relación con el orden externo y social de la Iglesia o del Estado y sean juzgadas en primer lugar y directamente en el foro interno y no sean castigadas o sancionadas en el foro externo por medio de leyes.
Es manifiesto pues, la diferencia entre el derecho canónico y la teología moral, pero así también lo es el hecho de que hay no pocas cuestiones que son tratadas por ambas materias, por ejemplo lo relativo a las obligaciones de los Párrocos… etc.”
8
Debe tenerse presente que toda clase de oficio deviene vacante en razón de la renuncia tácita cuando la persona realiza alguno de los actos especificados en el canon 188, ya que el mismo dice “quaelibet officia”. Igualmente todo clérigo cae bajo la prescripción deste canon ya que este no hace distinción alguna. Si bien los Cardenales no están sujetos al derecho penal a menos que se los nombre expresamente (2227.2), sin embargo soy de la opinión que están sujetos al canon 188 sin que exista esa mención especial, ya que no considero a este canon como perteneciente al derecho penal. Es cierto que alguno de los actos enumerados en el canon 188 constituyen delitos y tienen penas especiales anexas a ellos, pero el efecto de la renuncia tácita no debe considerarse como una pena canónica.
Al tratar de la defección pública de la fe, Coronata nota que la renuncia tácita que resulta como consecuencia de la defección no es, estrictamente, el efecto de una sanción penal (Instit. IV, n: 1864). Esta afirmación es muy cierta. Ciertamente la renuncia tácita no puede ser considerada una pena por la profesión religiosa (188.1). No hay nada en este acto que justifique una pena. Incluso con respecto a los actos del canon 188 que constituyen un crimen soy de la opinión que la renuncia tácita no se inflige como pena. Esto me parece bastante claro, sobre todo en la manera en que el código se refiere a la renuncia tácita en el canon en que trata de las penas.
La cita de los dos cánones siguientes sirven para demostrar la definición que hace el código. Canon 2168.2 al tratar del procedimiento contra los clérigos no-residentes dice lo siguiente:
In monitione Ordinarius recolat poenas quas incurrunt clerici non residentes itemque praescriptum cn 188.8.”
Y el canon 2314 al tratar del crimen de aquellos que son culpables de herejía o apostasía dice lo siguiente:
1.3 Si sectae acatholicae nomen dederint vel publice adheserint, ipso facto infames sunt, et firmo praescripto cn 188.4, clerici, monitione incassum praemissa, degradentur.
El mismo procedimiento existe en los demás cánones que hacen mención de la renuncia tácita. Es muy evidente que se hace una distinción entre la amenaza o imposición de la pena por un lado y la renuncia tácita por el otro: en ninguna parte del código la renuncia tácita es llamada pena, sino que siempre está puesta en una cláusula ablativa separada cuando está enumerada con las penas. Por esta razón soy de la opinión que la renuncia tácita no debe ser clasificada como una pena. Los autores no la designan expresamente como tal, sino que la enumeran junto con ellas cuando tratan de los efectos jurídicos destos delitos específicos. (Vermesch- Creusen. Epitome III; 513, Coronata, Institutiones IV num. 2178, 2196).
El fin primario desta discusión era el demostrar que los Cardenales están sujetos a la prescripción del canon 188. Consecuentemente la presentación de los argumentos sirvieron para clarificar que en este canon la ley no impone una pena, sino que acepta estos actos como equivalentes a una renuncia expresa. Puede notarse aquí también que la renuncia y la privación del oficio son muy similares, pero sin embargo la ley coherentemente las coloca en categorías diferentes”.
9
Los herejes se dividen en formales y materiales… a los materiales la herejía no se les imputa como pecado e incluso no les falta necesariamente la fe sobrenatural que es el inicio y raíz de la justificación… por lo tanto aún pueden pertenecer de deseo al cuerpo de la Iglesia… sin embargo en lo que respecta a la real incorporación a la Iglesia, de lo cual estamos hablando, la tesis no hace diferencia entre herejes materiales y formales.”
Debe tenerse en cuenta que no estamos tratando de la herejía en cuanto pecado contra la virtud de la fe en el foro interno de Dios y de la conciencia, sino pura y simplemente de la herejía que tiene por consecuencia el separar al hombre del cuerpo visible de la Iglesia, y se opone directamente a la profesión exterior de la religión católica. Esta herejía no es interior y oculta sino exterior y notoria.”
El delito de apostasía que está sometido en el foro externo al juicio y a las penas de la Iglesia, basta con que se manifieste por medio de actos externos y no necesariamente por actos públicos”.
Se llama herejes ocultos en primer lugar a aquellos que no creen por medio de actos internos en los dogmas de la Iglesia y también a aquellos que lo manifiestan por signos externos aunque no públicos…”
Que los herejes ocultos no pertenecen a la Iglesia de ninguna manera es sostenido por muchos teólogos, entre los cuales está Franzelin (De Ecclesia, thesis 22). “En cambio nosotros, dice Belarmino, seguimos a aquellos que enseñan que aquellos que están unidos a los demás fieles por la profesión exterior son los verdaderos miembros, aunque muertos, del cuerpo de la Iglesia”. Creemos que esta enseñanza, que es mucho más común, debe ser aceptada completamente. Pero, por mor de la claridad, hay que declarar primero aquello en lo cual todos están de acuerdo: los herejes notorios no son miembros de la Iglesia, y luego aquello que es negado por algunos, a saber: sólo están excluidos los notorios y no los ocultos, entre los cuales también deben colocarse a aquellos que aunque pecan externamente contra la fe, sin embargo nunca se alejaron de la regla del magisterio eclesiástico por medio de una profesión pública”.
This letter was sent to John Lane in response to this little issue of Fr. Cekada http://www.traditionalmass.org/blog/2007/10/10/a-pope-as-a-manifest-or-public-heretic/
Somebody is said to be heretic in the strict sense if he believes something different from the Church of Rome’s faith.”
Heresy is a false opinion or saying, or a false dogma contrary to the Catholic truth made by he who professes the Christian faith.”
It is necessary to distinguish the dogmatic question, which is related to heresy considered as doctrine; the moral problem, which is considered as a sin; and the canonical question which sees heresy as a crime.”
Having in mind the different ways in which somebody may be said to be heretic let us see who may be said properly heretic… Properly speaking somebody is heretic if after professing the Christian religion holds or follows with pertinacity some opinion contrary to Catholic truth.
As it had been proved, for someone to be heretic is necessary an error in the intellect, ergo, every fact which doesn’t include an error in the intellect is not an heresy, (The meaning is that the virtue of faith is subject in the intellect and therefore, in order to lose it, you have to have an error in the intellect).
It is said a false saying, a perverse dogma, not a perverse deed, because this is not an heresy and it doesn’t make somebody an heretic, for instance if somebody steal, or is adultery… but he would be heretic if he would say with pertinacity that it is licit to steal or to adulterate, because in that way he would be saying something against Catholic truth.”
The Holy See is judged by nobody.”
Corollary: All those who have the infuse faith are members of the Church, even if they are just catechumens, or schismatics, although schism leads easily to heresy and it is hard to find any formal schismatic who was not heretic also”. (This is G. Lagrange)
Then I added: “This text clearly leads to modernism and I am very much surprised it had not been yet quoted by Ratzinger.
Why shouldn’t we add to that list the material heretics and the excommunicated?”
Canon law differs from dogmatic and moral theology because of its formal object. Dogmatic theology looks for every truth which may be demonstrated from revelation, in as much as it is the object of the believers; Canon Law doesn’t settle down in knowing the truth, but in its same object, namely the constitution of the Church, looks for which are the laws (or rules of acting), in order to have peace and good government in the Church.
Canon Law differs from the other kind of practical theology (moral theology) because it cares about the deeds of the faithful, in as much as they refer to the external and social order of the Church, and therefore are forbidden in the external forum by ecclesiastical laws.
Moral theology looks for the rectitude or lawfulness of all the human actions which tends to the ultimate and internal end which is the sanctification of the soul, even though these actions are not concerned per se with the external and social order of the Church… and be judged in the internal forum… The difference between canon law and moral theology is clear, although there are many questions which they deal with at the same time, for instance the obligations of the parish priests.”
Heretics may be material and formal. Material heretics are not guilty of the sin of heresy, even they may have supernatural faith… and therefore they may still belong to the Church by desire; nevertheless regarding to real incorporation in the visible Church of which we are talking, the thesis may no difference between material and formal heretics.
We are not dealing here with heresy in as much as it is a sin against faith in the internal forum, but only about heresy in as much as it has the effect of cutting man from the visible body of the Church and it is directly opposed to the exterior profession of faith. That kind of heresy is not interior and occult but rather exterior and notorious.”

21 “The crime of apostasy, which is subject in the external forum, to penalties and judgment from the Church, it has to be external although not necessarily public.”

Occult (heretics) are both those who don’t believe internally and also those who manifest it externally but not publicly… That occult heretics in no way belong to the Church is hold by many theologians and among them is Card. Franzelin. Bellarmine instead, says “But we follow those who teach that only those are members of the Church (although they are arid members) who are joined to the other faithful only by the external profession of faith” and we adhere this teaching, which is much more common. But for the sake of clarity we should declare that upon which we all agree: notorious heretics are not members of the Church. Then that what is denied by some theologians: only are excluded the notorious and not the occult heretics, among which are numbered those who even if sin externally against faith, nevertheless they never went away from the rule of the ecclesiastical magisterium by mean of a public profession (of heresy)”.

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