domingo, 25 de mayo de 2014

V Domingo después de Pascua

Reflexión dominical del V Domingo después de Pascua
Tomado del sitio de la Sociedad Religiosa San Luis Rey de Francia


Queridos Amigos y Fieles en Cristo y María:
Muchas veces deseamos la felicidad duradera en este mundo, la verdadera paz, la completa armonía entre las personas etc, etc., por lo general podemos decir que esta búsqueda es en vano y el motivo es porque siempre se busca en los lugares equivocados. Mientras sigamos colocando toda nuestra confianza y esperanza en las creaturas, en la ciencia, en el progreso, las finanzas, los gobiernos y la técnica estaremos siempre incompletos. No vamos a negar que hay cosas que ayudan, pero es raramente completa y muchas veces está acompañada de consecuencias no deseadas, efectos colaterales. Todas estas cosas son herramientas, medios o alguna forma de ayuda para vivir en este mundo, pero ninguno de estos son la respuesta completa para nuestros problemas ó necesidades y mucho menos para nuestra completa felicidad.

Quienes dicen que han encontrado la felicidad y la solución, en las cosas de este mundo, para los problemas de hoy, son charlatanes.
Sólo Dios puede curar todos los males, luego entonces sería tonto buscar en cualquier otro lugar la felicidad, Cristo nos ofrece esta solución a todos nosotros, cuando leemos en el Evangelio de la Misa de este Domingo 5º de Pascua:
“En verdad, en verdad os digo, que cuanto pidiereis al Padre en mi nombre os lo concederá; hasta ahora nada le habéis pedido en mi Nombre. Pedíd y recibiréis, para que vuestro gozo sea completo”.
La oración hecha a Dios en nombre de Jesucristo abre todas las posibilidades para poder nosotros recibir ayuda. Todas las cosas son posibles a Dios. Siempre estamos en la necesidad de algo, luego entonces debemos orar. Debemos buscar que toda nuestra vida sea una constante oración a Dios. Debemos siempre elevar nuestro corazón y mente a Dios y algo mas debemos hacer, mantener siempre el hábito de la buena intención en todo lo que hacemos. Este es un acto de la voluntad, aposento del amor.
Este es el amor al que nos llama Dios Nuestro Señor cuando nos dice que debemos amarlo con todo nuestro ser: mente, corazón y alma. Este amor nos mantendrá en constante comunicación, oración, con El. Y todo lo que, quien verdaderamente ama a Dios, pida en nombre de Su Hijo, sin duda alguna lo recibirá.
Debemos, sin embargo, continuar practicando nuestra oración formal (oración de la mañana, rezar antes de dormir o al comenzar alguna tarea o viajes etc.), pero no debemos considerarla suficiente. Debemos mantener en mente que jamás amaremos a Dios como debemos, consecuentemente nuestras oraciones siempre serán pocas.
No podemos abandonar nuestras otras obligaciones de esta vida o estado, para dedicar todo nuestro tiempo a la oración formal, pero si podemos formar la intención y deseo de dedicar todas nu
estras acciones, palabras y pensamiento a Dios como una simple muestra de nuestro amor por El.
Quienes proclaman acercarse a Dios tal y como son (en el sentido de hacer oración) porque Dios ya los conoce y quieren ser “honestos” con Él haciéndose los improvisados; sólo demuestran la falta de verdadero amor o respeto por Dios.
Quienes aman a Dios de verdad raramente suelen pedir cualquier otra cosa mundanal, sólo piden la gracia necesaria para perseverar en su amor o incrementarlo a pesar de todos los obstáculos que este mundo con sus vanidades, nuestras pasiones y el demonio pone en nuestro camino.
Todo lo que nos sucede en nuestra vida, ya sea de manera directa o indirecta es querido o por lo menos, permitido por Dios. Y como tal, quienes verdaderamente lo aman, buscan a toda costa unir su voluntad con la de Él. Por lo tanto, si Él quiere que suframos de alguna manera alguna dificultad, quienes verdaderamente lo aman, estarán ansiosos por recibir y vivir esta situación.
La oración de quien ama real y verdaderamente no pide algo para sí mismo (egoísta) sino que busca el beneficio para el ser amado.
Esta es la meta que Dios nos tiene preparada. Esta es la meta que todos los santos alcanzaron. La misma que los arrimó a pedir a Dios, no tanto el que disminuyeran sus sufrimientos en el aquí y ahora, sino mas bien incrementarlos, si con esto obtendrían como resultado, mayor honor y gloria a Dios. (El mayor y mejor amante)
Alimentando estos pensamientos espirituales serán la mejor manera para alcanzar la felicidad, consuelo y alegría en todas las cosas que nos tocan vivir a diario, no sólo en lo placentero sino en las cruces y sufrimientos.
Pidamos a la Virgen Santísima la gracia de poder amar a Dios por sobre todas las cosas como Ella lo sabe hacer.

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