lunes, 23 de junio de 2014

Los fariseos, por Mons. Straubinger

Tomado del blog En Gloria y Majestad

Los Fariseos, por Mons. Straubinger.

Nota del Blog: presentamos a continuación un corto ensayo del docto Obispo Alemán sobre los Fariseos. Fue publicado en el primer número de su Revista Bíblica (1939), pag- 15 y ss.



El Fariseo y el Publicano. G. Doré

Para entender perfectamente el Evangelio, es preciso que en primer término conozcamos el ambiente histórico que rodea a la persona del Salvador, ante todo las tendencias religiosas y políticas que agitaban aquella época. Había entonces entre los judíos, además de algunas sectas de menor importancia, dos partidos, en los que se concretaban, como en dos polos, tanto las energías nacionales del pueblo judío como su mentalidad religiosa: los fariseos y los saduceos.
Prescindamos de los saduceos que más tarde nos han de ocupar, así como vamos a pasar en silencio la clase de los escribas, mencionados a menudo juntamente con los fariseos, no constituyendo un partido político, sino un grupo profesional, los escribas eran los que sabían escribir y leer y explicaban la Ley de Moisés, como lo expresa su nombre y más aún su título de “rabí”. Lo que no excluye que la mayoría de ellos políticamente se declaraban a favor de los fariseos.
Ya el nombre de “fariseos” que significa los segregados, marca el rumbo del partido. Segregándose de la masa que vivía en ignorancia religiosa y política, los fariseos aspiraban a la realización de la Ley de Moisés y de las “tradiciones de los mayores”, las cuales desgraciadamente a veces no eran más que una deformación de la Ley.

Por primera vez ocurre el nombre de los fariseos a mediados del segundo siglo en la época del Macabeo Jonatán (160-143). Es el famoso historiador judío Flavius Josefus el que los reduce a ese tiempo (Ant. XIII 5, 9), siendo probablemente los predecesores de ellos los llamados “asideos” (piadosos), que eran hombres de los más valientes de Israel y celosos todos de la Ley (I Mac. II, 42), pero que fueron perseguidos por Alcimo (I Mac. VII, 16).
Ya bajo el gobierno de Juan Hircano (135-104) los fariseos lograron subir al poder, pero sin alcanzar a mantenerse; al contrario, el tirano Hircano, después de someter a los idumeos y derrocar el templo de los samaritanos en el monte Garicim, renegó enteramente de las costumbres de sus padres, adoptando una conducta contraria a la Ley; lo que provocó la resistencia encarnizada de los mismos fariseos que antes fueron sus más valientes compañeros de armas.
El segundo sucesor de Juan HircanoAlejandro Janeo intentó vencer definitivamente la resistencia de los rebeldes, desencadenando una persecución terrible contra los fariseos, los cuales no sólo sucumbieron sino acabaron por ser objeto de las torturas más exquisitas ya que ochocientos de ellos fueron crucificados en el momento en que el rey celebraba la fiesta triunfal. Pero las víctimas se vengaron, no dando tregua al triunfador, ni de día ni de noche, de modo que el rey atormentado de remordimientos antes de su muerte aconsejó a su mujer Alejandra reconciliarse con sus adversarios para no perder el trono. La viuda Alejandra (76-67) accediendo al deseo del moribundo, llamó a los fariseos al gobierno, entregando a la vez, la dignidad de sumo sacerdote a su propio hijo Hircano II. Este Hircano es el primer sumo sacerdote que dependía del partido de los fariseos.
Deben, pues, los fariseos la subida al poder a su incontestable heroísmo; a su valentía en las batallas; a su tenacidad y fanatismo. No es menester acentuar que la aureola de héroes les valió un prestigio extraordinario a los ojos del pueblo judío. Por tanto no es extraño si algunos a los fariseos les llaman los nacionalistas, tradicionalistas[1], conservadores, patrióticos, celosos, mientras que los saduceos más o menos corresponden a los liberales y masones de nuestra época. El ideal de los fariseos era reconstruir y conservar la nación sobre el fundamento de las tradiciones y costumbres de los padres. De aquí su lucha contra los extranjeros, los Romanos, que desde el año 63 dominaban en Palestina. De aquí también su trágica enemistad a Jesús, el verdadero Salvador de su gente. No cabe duda que Jesús habría podido ganar a los fariseos, si se hubiese adherido a las aspiraciones nacionales de ellos. Pero ¿cómo entonces se habría realizado el reino de Jesucristo? En lugar del Mesías del género humano, habría resultado sólo un Mesías político de la nación judía. Precisamente por sus falsas ideas políticas, nacionalistas y racistas chocaron los fariseos con el Mesías, pues esperaban con todas las fibras del corazón, y aún siguen esperando hoy día la reunión de los dispersos restos del pueblo judío[2].
Además de cultivar un extremo nacionalismo, los fariseos se enredaban en untradicionalismo religioso no menos extremo, que tarde o temprano tenía que provocar un conflicto con el Señor. Las tradiciones fomentadas por los fariseos, por varios conceptos no estaban de acuerdo con la Ley de Moisés ni con los demás profetas; al contrario, muchas de ellas pugnaban con la religión legítima de Israel. ¡Cuántas veces Jesucristo intentaba persuadir a sus enemigos cegados de que las tradiciones a las cuales se aferraban, estaban en pugna con la religión que no consiste en mil preceptos sutiles sino en “espíritu y vida” (Juan VI, 63). Aquí se manifiesta la vinculación funesta con los escribas que no se cansaban de inventar nuevos preceptos, nuevas fórmulas, nuevas cargas para los hombros de la pobre gente, sin que ellos mismos las tocasen con la punta del dedo (Luc. XI, 46).
Nótese bien: No era la escasez o falta de fe en lo que consistía el pecado de los fariseos, sino antes la ampliación y exageración de la fe mediante las tradiciones.Contrariamente a los saduceos creían en la inmortalidad del alma, en la vida eterna, en la existencia de los ángeles, en la libertad de la voluntad humana; lo que los caracteriza como la crema del pueblo judío¡Qué tragedia de la suerte! ¡Considerándose a sí mismos como los hijos legítimos de la fe de Abrahán, desfiguraban la fe a expensas del espíritu hasta tal punto que no comprendieron más la doctrina de la vida interior que Jesús predicaba.
Es el Evangelista Marcos el que en el séptimo capítulo de su Evangelio destaca de manera clarísima el uso supersticioso que hacen las fariseos de las tradiciones, y al revés el descuido de la observancia de los mandamientos de Dios que cometían sin pestañar: “Porque los fariseos, como todos los judíos, nunca comerán sin lavarse a menudo las manos, siguiendo la tradición de los mayores. Y si habían estado en la plaza, no se ponían a comer sin lavarse primero; y observan otras muchas ceremonias que habían recibido por tradición, como las purificaciones de los vasos, de las jarras, de los utensilios de metal y de los lechos” (Marc. VII, 3-4).
¡Cómo, por ejemplo, los fariseos degeneraban el sábado! Cuando, un día sábado, los discípulos, teniendo hambre, empezaron a coger espigas y comer los granos; o cuando el Señor curó en el día de sábado a un hombre que tenía seca la mano, consideraban tal hecho como obra servil y pecado mortal. En verdad, quien cree que el hombre se hizo para el sábado, y no el sábado para el hombre; quien en día de sábado, saca fuera una oveja de la fosa, y no un hombre, ignorando que un hombre vale más que una oveja; quien no se deja enseñar ni siquiera por “argumenta ad hominem”, tal hombre no se puede convertir.
¿Es de extrañar, pues, que los fariseos pagasen diezmos hasta de la hierbabuena, y del eneldo, y del comino (Mat. XXIII, 23), y que llevasen las Palabras de la Ley de Moisés en filacterias o trocitos de pergamino, en las cuales estaban escritas sentencias de la Ley mosaica (Mat. XXIII, 5)?
Los pergaminos cuidadosamente plegados y colocados en cajitas de cuero se ataban a la frente y al brazo izquierdo, en cumplimiento de las malinterpretadas palabras: “Y será como una señal de tu mano, y como un recuerdo ante tus ojos, a fin de que la Ley del Señor esté siempre en tu boca” (Éx. XIII, 9), así como las franjas que llevaban los fariseos en las cuatro extremidades del manto, traen su origen de Num. XV, 38-39: “Habla con los hijos de Israel, y les dirás que se hagan unas franjas en los remates de sus mantos, poniendo en ellos listones de jacinto, para que viéndolas se acuerden de todos los mandamientos del Señor, y no vayan en pos de sus pensamientos, ni pongan sus ojos en objetos que corrompan su corazón”.
De tal formalismo no tendríamos que hablar, si no hubiese sido acompañado de unavanidad más que arroganteLos fariseos son los “ciertos hombres que presumían de justos y despreciaban a los demás” (Luc. XVIII, 9); son “los hipócritas, que de propósito se ponen a orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres” (Mat. VI, 5), y “que desfiguran sus rostros, para mostrar a los hombres que ayunan” (Mat. VI, 16) y “todas sus obras las hacen con el fin de ser vistos de los hombres” (Mat. XXIII, 5).
Todavía hoy vibra en nuestros oídos el ay lastimero con que Jesús anatematizó al farisaísmo: “¡Ay de vosotros escribas y fariseos hipócritas! que devoráis las casas de las viudas con el pretexto de hacer largas oraciones: por eso recibiréis sentencia más rigurosa. ¡Ay de vosotros escribas y fariseos hipócritas! porque andáis girando por mar y tierra, a trueque de convertir un gentil, y después de convertido, le hacéis digno del infierno dos veces más que vosotros. ¡Ay de vosotros guías ciegos! que decís: El jurar uno por el templo no es nada, más quien jura por el oro del templo, está obligado” (Mat. XXIII, 14-16).
¡Basta con esto! De veras; nunca había entre hombres más antagonismo que el que separaba a Jesús de los fariseos; jamás las divergencias de opiniones eran tan inconciliables como entonces en Palestina. El choque fué inevitable; pero la Divina Pro-videncia dejó el primer triunfo a los fariseos, para reservar el triunfo final a la causa de Jesucristo. Y no se olvide jamás: el que abrió camino mas ancho a la verdad cristiana, fué fariseo: San Pablo.
Los fariseos han muerto. Con la caída de Jerusalén, en el año 70, decayó por siempre el sueño dorado de los fariseos de Palestina. Miles y miles de los que asesinaron a Jesucristo, murieron clavados en las cruces, con que el vencedor romano había rodeado la ciudad santa; el resto se vendió en el mercado de esclavos en Hebrón. Pero no murió el fariseísmo. Vive todavía el formalismo de los fariseos en el Talmud y otros libros judíos; vive su materialismo religioso, su odio a Jesucristo y su fanatismo. El “Sionismo” que está llevando a los judíos a Palestina, no es más que el último resabio del farisaísmo.
¿Y el fariseísmo entre los cristianos? No hablemos de este triste capítulo. Sin duda: donde domina un formalismo o materialismo religioso, allá florece el farisaísmo. Y así como los fariseos se consideraban como la flor del judaísmo, los fariseos de hoy se tienen por buenos cristianos.

J. Straubinger



[1] Nota del blog: ¡Atención…!

[2] Nota del Blog: y seguramente, así como ese deseo de triunfos temporales llevó a la ruina a la nación judía así también llevará a los Católicos a aceptar al Anticristo

8 comentarios:

  1. Estos son los verdaderos deicidas modernos. Los fariseos de hoy, como Shaw y todos los que se autodeclararon doctores. Bien que no aparecieron ni para los comentarios.

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  2. Indudablemente que esto va dirigido indirectamente a otros católicos.
    ¿Y por casa cómo andamos? ¿No será que estamos viendo la paja en el ojo ajeno y no vemos la viga en el nuestro?
    Porque ya sabemos que los Doctores de la Ley se caracterizaban por atenerse ciegamente a la letra de la ley, y hacían ostentación de conocerla "de pe a pa", pero siempre haciendo abstracción de su espíritu.

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  3. Creo que el texto es transparente, estimado señor. Y sí, tiene razón, hay mucho canonista improvisado que se olvidaron que la primera ley es la caridad y por eso, excomulgaron a todos los que asisten a las misas de la FSSPX.

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  4. Sr. Raúl Miguel, no nos saquemos el sayo tan fácil: ¿así que los "deicidas modernos", los que "faltan a la caridad", los "canonistas improvisados", los que "excomulgan", los "doctores de la ley"... son nada más que los otros?
    ¡Mire Ud.!
    Yo, como raso fiel, creo que son contados con los dedos de una mano quienes pueden tirar la primera piedra, y le confieso estoy consternado y escandalizado viendo cómo los que hablan de la "resistencia católica" se sacan los ojos, se destrozan y se crucifican entre ellos, para regocijo de los enemigos de nuestra Iglesia.
    Para desgracia de Ella, la soberbia, la vanidad y la falta de caridad (entre otras cosas) están haciendo estragos en nuestra filas.
    Y para muestra, basta un botón: esta misma entrada que da lugar a estos comentarios.

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  5. Estimado comentarista,
    No me quito el sayo para nada. Tampoco soy quien arroja la primera piedra. Cada cual con su conciencia, la mía, por suerte, está tranquila. No obstante, respondo tanto a este comentario como al que anteriormente alguien dejó a las 13:10. En efecto, hay que ver la ley, pero sobre todo teniendo en cuenta el espíritu de la ley y su finalidad. Lamentablemente aquellos que hoy pontifican contra las misas celebradas por la FSSPX, no sólo hacen abstracción del espíritu de la ley (la primera es la salvación de las almas, además los fieles tienen derecho y necesidad de los sacramentos), sino que además, demuestran un profundo desconocimiento de la misma (¿Desde cuando están excomulgados los sacerdotes de la FSSPX? ¿Quién dictó la sentencia? ¿Cuál de todos los delitos cometieron esos sacerdotes? Y si es así, si realmente están excomulgados ¿No permite el CIC recurrir a los excomulgados por sacramentos en caso de necesidad?
    Aquel que escribe un panfleto de poco más de una docena de páginas, desvirtuando el magisterio, citando mal a los Padres y Doctores (y traduciéndolos peor que un alumno de primer año), y que con todo eso, condena y anatematiza a todos los que no opinan como él… a ese debemos mirar, por lo menos con desconfianza. Y no hablo de cuestiones personales. No importa aquí lo que hagan en su vida privada. Aquí se pretendía discutir de teología y en términos teológicos, aún cuando esa misma gente, esos mismos “autores” respondieran :”no discuto con los que están una cum el Anticristo”.
    Creo que si usted lee con atención todo el debate que se suscitó en derredor de las “Misas Una cum”, podrá comprobar que no he sido ni yo, ni ningún colaborador de este blog, quien actuó como fariseo.

    Suyo en Cristo,
    R

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  6. Lo dicho, dicho está, muy a pesar de todos sus argumentos.
    Y ya que de "fariseos" hablamos, solamente agrego que muchos que se erigen hoy como supuestos defensores de la Iglesia Católica, con sus conductas están haciendo dentro de Ella, más las veces de caballos de Troya que de otra cosa.
    Hasta aquí llegamos.

    Anónimo de 24 de junio de 2014, 15:33

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  7. Coincido plenamente contigo. Pero me sorprende siempre, el origen de esos resentidos y fariseos.
    Saludos en Cristo,
    RM

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  8. Raul, si te metés con ellos, te pasa esto. Hostigan, insultan, se hacen los puros y los humildes y siempre te acusan a vos de ser el sobervio y el fariseo, cuando la cosa es al reves. Segun Nuestro Señor, los fariseos tenian un doble discurso, como lo tiene Patricio Shaw, quien fajaba a la mujer y abandonó en la miseria a la hija.
    Bien fariseo. Eso si, no va a las misas "una cum"

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