domingo, 8 de junio de 2014

Pentecostés


Pentecostés
Πεντηκοστή 


Y, al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntamente en lo mismo. Y hubo de súbito del cielo un estruendo tal como de arrastrada ráfaga violenta y llenó toda la casa donde estaban sentados; y apareciéronseles repartidas lenguas como si de fuego; y posóse sobre cada uno de ellos.Y llenáronse todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu dábales arengar. Y había en Jerusalén habitantes judíos, varones timoratos de toda gente de las bajo el cielo; y hecha esta voz, juntóse la muchedumbre y confundióse, pues oía cada uno que en la propia habla hablaban ellos. Y arrobáronse y maravilláronse, diciendo: «¿Que no —he aquí— todos estos son, los que hablan, galileos?Y ¿cómo nosotros oímos cada uno en la propia habla de nosotros en que hemos nacido: partos, y medos; y elamitas; y los que habitan la Mesopotamia, y Judea, y Capadocia, y Ponto, y el Asia, y Frigia y Panfilia, Egipto, y las partes de la Libia, la al través de Cirene, y los peregrinantes romanos, y judíos y prosélitos, cretenses y árabes, oímos que hablan ellos, en nuestras lenguas, las grandezas de Dios?


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