miércoles, 11 de junio de 2014

Teología para los tiempos modernos

Teología para los tiempos modernos.
La experiencia del pasado y la necesidad de volver a Cristo-Centro.


Todos los autores coinciden en que la Patrística intentó armonizar la Fe Cristiana con la cultura helenística de la época.

Los Padres tenían que difundir el mensaje del Evangelio en el Imperio Romano, un imperio dividido en dos grandes sectores: un oriente helenizado, y un occidente latino. Sin dudas, el centro cultural no estaba en el corazón del Imperio, sino en Oriente: fu de hecho allí donde surgieron las grandes herejías cristológicas, fruto de la especulación, mientras que el occidente latino sólo dio a luz a cismas y rebeliones. Basta tan sólo hacer un recuento de los Concilios y Sínodos de los primeros Siglos, contabilizar los principales autores y escuela para ver dónde gravitaban los problemas de la Fe.

El cristianismo oriental se había asentado en un medio donde existía una tradición filosófica en la cual ya se había criticado a los sistemas de creencia antiguos: ante los mitos y supersticiones, los filósofos clásicos habían puesto en relieve la Razón y por medio de ella pudieron vislumbrar algo de la Verdad.

Vislumbraron, no vieron, porque aún no estaban preparados, porque aún no había llegado el momento, no era la plenitud de los tiempos. Basta tan sólo comparar el Timeo de Platón, con su descripción del Demiurgo, con la consolación de la madre de los mártires macabeos

Ruégote, niño, que mirando al cielo y a la tierra y lo en ellos todo viendo, conozcas que de lo que no era, hízolo Dios (II Mac 7: 28).

No existe en toda la filosofía antigua la idea de crear, de hacer algo a partir de la nada ¡Y una simple mujer judía describe el acto más importante a un niño! Y ese conocimiento del poder y la grandeza de Dios lo consuela y lo fortalece. ¿Por qué esa mujer pudo ver lo que otros no pudieron? Porque Dios se lo había permitido.

Así, basados no en la inteligencia, sino en la inteligencia elevada por la Fe de la que nos habla San Buenaventura, fue que los Padres fundaron la Filosofía cristiana  y la primer teología. Quién se acerque a la Patrística notará que no se trata de temas abstractos, sino que se abordan los problemas teológicos, filosóficos y concretos de la época.


La Revolución Francesa abrió una nueva era, y eso es innegable. Tarde o temprano la Iglesia debía afrontar estos problemas. Pero el hombre ya no era el mismo, su historia había cambiado y no bastaba con un listado de errores modernos. Era menester que los teólogos dieran una respuesta teológica y filosófica a la Filosofía moderna. Era menester que, así como los padres conciliaron la filosofía helenística con la Fe, una operación similar fuera realizada en el Siglo XIX y comienzos del XX.

Pero mientras que los Padres partieron desde la Fe y depuraron la filosofía griega para hacerla cristiana, los filósofos decimonónicos y de comienzos del siglo pasado realizaron lo contrario: intentaron conciliar la Fe con la filosofía, o dicho de otra manera, adaptar la Fe al pensamiento moderno. El primer ensayo fue el modernismo, fulminado y condenado. Pero los errores ye l afán de novedades no se detendría. Los modernistas aprendieron y dieron a luz a una nueva creatura: la Nueva Teología.

La Nueva Teología no se plantea como una ruptura, sino como una continuidad, y su fuerte es la idea de hermenéutica.

¿Era necesaria una Nueva Teología? Por lo menos lo eran nuevos planteos y nuevas preguntas que tuvieran en cuenta la nueva situación histórica. Se podría incluso decir que estábamos ante la misma situación a la que se enfrentaron los Padres de la Iglesia. ¿Dónde estuvo la diferencia? ¿Cuál fue el error? Pues, como ya lo hemos señalado, la des-centralización de la tarea teológico-filosófica. Mientras que los Padres jamás perdieron de vista el Misterio del Logos encarnado, la Nueva Teología se hundió en las especulaciones sobre el hombre como objeto de amor divino. El Centro ya no era Dios, sino el hombre, por o tanto, la decadencia iniciada con el humanismo renacentista llegó a su plenitud.

Algo similar ocurrió en el Arte, especialmente en el Arte Sacro. Se pasó del ícono a la pintura común. Nuestra Señora dejó su lugar a modelos que representaban a Nuestra Señora, el apacible Rostro del Pantocratos fue remplazado con el de europeos, a veces tomados de las tabernas… Quien mira a un icono de la Παναγιά verá siempre a la Virgen tal como fue, pero quien mire una pintura de Miguel Ángel, sabrá que eso es una modelo.

Hoy estamos ante una situación muy similar: la Iglesia Católica, expulsada a las catacumbas se enfrenta ante un mundo cada vez más alejado de Dios. Hoy en lugar del Imperio Romano tenemos un Nuevo Orden Mundial en el que Dios no puede tener lugar y que sirve a los intereses del Mundo y el Príncipe de este mundo.

Es por ello que tenemos que volver a las fuentes: la Escritura, los Padres de la Iglesia. Tenemos que rechazar el humanismo, al hombre-centro para volver a Cristo-Centro. Los filósofos de los Siglos XIX y XX creyeron que el hombre por sí solo podía todo y así, traicionaron a Jesucristo.

Los católicos tenemos en Pedro el modelo: el mismo que creyó que con sus solas fuerzas podría llegar al Reino de los Cielos y que por ello rechazó la Cruz, terminó negando a Nuestro Señor Jesucristo en tres oportunidades. Cuando lo hizo, Cristo fue sacado del interrogatorio y miró al que creía que sin sacrificios podía todo, al mismo al que había reprochado por su falta de fe. Cantó el gallo, acabó la noche. Pedro salió de las tinieblas, lleno de dolor. Se arrepintió, tres veces confirmó su amor a Cristo y Cristo lo fortaleció en la Fe.



1 comentario:

  1. Me gusto el post hace falta profundizar mas en la teologia.
    Abrazo en Cristo

    Claudio

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