miércoles, 20 de agosto de 2014

Honestidad intelectual

He decidido publicar aquí en Sursum Corda el artículo  Intellectual Honesty, de nuestros amigos de The Lay Pulpit. No obstante e artículo es simple y elocuente, quisiera hacer una serie de breves comentarios.

El primero de ellos es que este artículo se puede aplicar sin ningún problema a lo que hoy vivimos en Argentina en particular, pero en todo el universo "tradi" en general. Uno podría preguntarse si esto es debido a una suerte de "carácter" impreso en la mente y los espíritus de los autoproclamados "tradicionalistas". El deseo de demostrar que son algo diferente y mejor que los "católicos", término éste que han rechazado so color de ser usado, también, por los fieles de la Iglesia Conciliar. ¿Cuántes veces hemos sido testigos o víctimas de los interrogatorios de los "hermanos" tradicionalistas? ¿Cuántas veces no bastó con decir a dónde ibamos a Misa (aquí en Sursum Corda eso fue una constante por mucho tiempo), sino luego interrogar hasta el último ápice de la posición teológica adoptada? ¿Y que se busca con todo eso sino encontrar el justificativo para la condena? Porque muchos en el universo tradicionalista parecen que se convirtieron, de un día al otro en los nuevos inquisidores o mejor aún, fueron elevados a la categoría de fiscales del Valle de Josafat. Todo es motivo de error y ataque: sedevacantistas, lefebvristas, neo-lefebvristas, resistentes, falsos resistentes, totalistas, guerardianos y una larga lista de etcétera que se van conjugando. A modo de ejemplo recibí un correo electrónico de alguien que se definió como "resistente sedevacantista", es decir, un sedevacantista que sólo asiste a las misas del grupo de Monseñor Richard Williamson, pero... agregaba, era totalista, es decir, rechazaba la tesis del Papado Material como "herética y satánica". Un polígrafo sedevacantista me acusó de convivencia con la Iglesia del Anticristo porque le señalé sus errores en teología sacramental, y él olvidó que el Padre Cekada dijo en su reciente libro, que el Novus Ordo podía ser válido.

La erudición de estos tradicionalistas es, efectivamente como dice el artículo de The Lay Pulpit, una erudición falsa, limitada, sesgada y miope, controlada por el sacerdote u obispo al que siguen a pie juntillas. De allí que son incapaces de mantener cualesquier debate teológico. La estrategia la han demostrado tanto los seglares como los sacerdotes:
a) El Teólogo-Tradicionalista realiza declaraciones grandilocuentes y cargadas de citas, alguna que otra frase en latín y citas del Doctor de Aquino y del Magisterio.
b) Respuesta de algún católico medianamente formado que le señala el error en el que cayó el Teólogo-Tradicionalista.
c) Dicho Teólogo-Tradicionalista no revisa su posición ni revisa los argumentos que se le presentan en contra, sino qe los reafirma, usando las mismas citas que antes, agregando otras tomadas de otros artículos de algún otro sacerdote o laico que piensa como ellos.
d) El católico insiste en que el Teólogo-Tradicionalista está en el error y presenta nuevos argumentos.
e) El Teólogo-Tradicionalista entonces escribe un nuevo texto o artículo redoblando las declaraciones de a), pero esta vez acusa al contendiente de hereje, modernista, liberal, masón e infiltrado.
f) El fiel católico insiste en los errores del Teólogo-Tradicionalista y presenta nuevos contra-argumentos y le señala que está desviando una disputa teológica al plano personal.
g) El Teólogo-Tradicionalista vuelve a la carga y acusa a su contendiente de tener con él un problema personal y que lo ha difamado y que es víctima de un ataque por defender la Verdad y la Iglesia, mientras que su contendiente es poco menos que el Falso Profeta.

¿Ejemplos? Muchísimos. ¿Muestras? Revise usted mismo los foros, escuche a los modernos teologastros que se mueven por allí y encontrará de todo. Un presbítero sostuvo que las ordenaciones realizadas por un obispo consagrado ilícitamente eran dudosas, se le señaló su error y luego de haber pasado varios días tratando de defender su postura, admitió que, si bien eran "válidas" había que evitar esos sacerdotes por provenir de un obispo ilícito; cuando le señalé a ese presbítero que hoy todos los obispos son ilícitos, ya que ninguno cumple los requerimientos del Código Pío Benedictino y le di ejemplos concretos, solicitó mi expulsión de un foro y envió a varios amigos comentarios desagradables y difamatorios sobre mi persona.

El lector del texto que aquí reproducimos encontrará sobrados ejemplos sobre la "mojigatería tradicionalista": un sacerdote puede decir cualesquier barbaridad de un fiel, pero si el fiel le contesta, queda inmediatamente "excomulgado", no importa si el sacerdote mintió... es un sacerdote y se ha convertido, por eso mismo en un ser infalible. El Concilio de Constanza enseñó que el Papa podía ser un no-predestinado, pero el Concilio no sabía que un día, los sacerdotes se convertirían en seres dotados una infalibilidad mayor a la que gozan los Papas.

Hipocresía, falsedad, deshonestidad intelectual, cosas que sobran cuando falta la caridad. Gracias a Dios, ni siquiera estas disputas de conventillo podrán destruir a la Iglesia Católica.

Buena lectura.




It seems that whenever one “traddie (traditional Catholic) meets with another, one of the first questions asked is, “Where do you go to church?”  And if you answer to one's satisfaction on that query, he then goes on to the next bit of interrogation, such as, “How often?”  Or, “Who do you think was the last valid pope?”  Or, “Was that you that I saw at that ‘Novus Ordo’ funeral (or wedding)?”  Or, “Are you [or are you not] a ‘sedevacantist’?”  The questioning goes on until he finds some technicality on which to “hang” you – at which point, the questioning stops, and then pregnant silence sets in (or said traddie not-so-subtly changes the subject, begs to be excused, and then leaves).  Later, behind your back, you are duly (and ritualistically) condemned for whatever wrong answer you gave.  Traddieland seems to have a bumper crop of such drudges whose only aim in life is to find out peoples’ business, then crucify them for not “dotting the right i's and crossing the right t's.”

And besides being amateur Grand Inquisitors, many traddies are “arm-chair theologians” who like to quote from whatever latest book they’ve read, or who parrot what they’ve just heard from whichever cult-master they're revering at the time – and who are eager to show off their new-found “erudition” on such “articles of faith” as sedevacantism, “una cum,” etc.  And, of course, they “cherry pick” whatever opinions or data support their position, and ignore (and condemn) those that don’t.  Many of them, too, are “amateur historians,” with varying degrees of (incomplete) knowledge about Church history, freemasonry, the Illuminati, Zionism – whatever they've “boned up on” to impress others with their ersatz erudition.

One of the things that many love to point out is the fact that our country was founded by “a bunch of Masons.”  Yes, that is true: most of our founding fathers were Masons; but, for the most part, they were God-fearing men; and our country was – at that time – thoroughlyChristian in nature and actions; and Catholicism was allowed to flourish unencumbered, without fear of persecution -- while back in the mother country, it suffered persecution as late as the mid-nineteenth century (when Britain starved Catholic Ireland halfway into extinction).  Because of the Constitution drafted by our forefathers, we are free to worship, assemble, and express our opinions as we choose.

Amateur traddie “historians” like to “condemn” our forefathers, yet the very fact that they can express that “condemnation” without fear of reprisal is owing to the freedoms promulgated and guaranteed by those very forefathers.  Yes, a Catholic theocracy based on true Catholic principles is a Utopia we all wish for – but when will that realistically be achieved?  The closest the world got to that was in the earlier Middle Ages – the “Age of Faith.”  But that gave way to greedy, worldly clerics (and to abuses such as Lay Investiture and Simony), culminating in the Protestant Revolt – a train wreck from which we are still recovering.  The return to a Catholic Utopia has so far been an elusive pipe dream – and traddieland has done precious little to “make it real.”  

Traddieland has, instead, emulated not “Utopia” but that which destroyed Utopia: worldly self-seekers more interested in spreading their influence than in spreading the Faith – that, plus much of traddieland has calcified into a mass of letter-of-the-law “tinkling cymbals and sounding brass” who, more often than not, don’t even follow that letter.  Instead, they condemn people for mere trivialities, yet ignore fundamental Catholic morality: a girl’s wearing an athletic headband in church is “a mortal sin,” yet a school principal’s sons watching porn on a computer is “boys will be boys.”  They preach about “the dignity of life,” yet justify the murder of a Terri Schiavo, or the harvesting of a heart from a “donor” for a wealthy parishioner’s child.

This mentality has trickled down to the parishioner level, where the culties love to mimic their cult-masters (especially to malign the cult-master’s enemies -- which, of course, earns them “brownie points”).  Many of them are “mini-policemen,” chiding parishioners (especially visiting newcomers) about such things as “dress code” and “conduct” in church.  Any woman wearing a sleeveless dress, or not wearing a head covering -- or whose hemline is not well below the knees, or who is caught being “disrespectful” (e.g., whispering to someone during Mass) – is duly admonished.  Violating any of these “rules” may result in being denied Communion (and, in some cases, being escorted from the church).  Yet, when a boy (who happens to be the school principal’s son) impregnates a fellow student, nothing is said (or done) about that.  [In fact, he may even be featured in a complimentary article in a subsequent church bulletin – and was).

Another way this Puritanism manifests itself is prudishness in speech.  For instance, a man once reacted to a pack of lies that his pastor told (about his deceased father) by rightfullycalling them “bullshit.”  He was then condemned as “un-Catholic” by a fellow parishioner for using that word.  She said nothing about the fact that the pastor told a bald-faced lie: that was okay -- because “he was a priest.”  But a layman using the word “bullshit” -- that was “un-Catholic.”  It seems that using a “toilet” word is sinful, but sullying a deceased man’s character isn’t

In traddieland, Catholic common sense has vanished – and been replaced by tyrannical Puritanism, dispensed by letter-of-the-law, “holier-than-thou” martinets ready to jump all over anyone who makes a false move.  And all of that behavior – the Puritanism, the ersatz “intellectualism,” the prudery, the prying, judgmental questioning – is directly traceable to the cult-masters, and their preoccupation with what looks good (vs. what is good).  It’s all about superficiality, about appearances, about sanctimony, about HYPOCRISY.

These witch-hunters -- instead of interrogating people with long litanies of prying, fault-finding questions -- need to ask one another (and themselves) only two questions: 1) Do you love God with your whole heart and your whole soul?  and 2) Do you love your neighbor as yourself?  And the other thing that they need to keep in mind (and observe) is this: “Judge not, lest ye should be judged.”  Traddieland’s problem is simple: too much false piety, too much “holier-than-thou” ostentation, too much superficiality – in short, too much “sounding brass and tinkling cymbals.”  Its solution is simple, too: it needs CHARITY.

6 comentarios:

  1. Excelente artículo. Sus consideraciones son extensibles al mundo tradi argentino, ora prudencialista ora sedevecantista. Incluso, en forma analógica, en lo atinente a las trasnochadas consideraciones históricas (en nuestro caso revisionistas o hispanistas). También a la personalidad de los sacerdotes. Recuerdo que el que discutió con Raúl Miguel en un sermón estaba molesto porque los fieles no le besaban la mano a los sacerdotes. Y en cuanto al actual perínclito prior de Venezuela 1320, exige una sumisión absoluta y es capaz de destrozar en un sermón a algún feligrés que le disgustó.AMDG

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    1. Estimado señor,
      Concuerdo con usted. La lucidez del autor de The Lay Pulpit nos permite ver esta situación en nuestro país. Recuerdo a cierto sacerdote recién ordenado, de la FSSPX que me extendió la mano, yo lo saludé y él me recordó que la costumbre es "besar la mano al sacerdote". Entonces, un presbítero de mayor edad le respondió "esa es una costumbre española, no argentina".
      Cosas que pasan...

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  2. Amigo Raúl, usted es el más tradicionalista de los críticos del tradicionalismo que he leído en Internet. ¿No lo haría más feliz dejar de negar lo obvio y pasarse a las filas de la Tradición? Usted mismo dice que muchas corrientes, seguramente encuentra la que mejor le cabe.

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    1. Estimado,
      No soy el más tradicionalista de los críticos del tradicionalismo. Por empezar porque no soy tradicionalista, sino católico romano. Como tal rechazo el Concilio Vaticano II y todas sus herejías y errores. Decirse "tradicionalista" (como gustan algunos) es tener un problema de identidad, o considerar que la Iglesia Católica Romana fue abandonada por nuestro Señor y que la misma es hoy la Iglesia Conciliar Montiniana.
      Si usted lee el blog se dará cuenta que yo soy un fiel de la tradición católica, pero eso no significa que sea "tradicionalista", en efecto, yo adhiero a la tesis sedevacantista. No obstante, como soy católico, no busco un partido o secta donde encajar.
      Gracias por su comentario.

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  3. Muy bien contestada la pregunta a del anónimo comentarista, por la forma debe ser un tradicionalISTA = hipócrita de toda ley, de estos está lleno el ambiente. Siga así Raúl y haga caso omiso a los tradiespiritulefebvrista
    El Observador

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  4. Raul. Mucho tiempo sin comentar en tu blog. El artículo me pareció muy bueno, pero la intro que hiciste está par una entrada independiente. Eso de la "crisis de identidad" es una genialidad.
    Abrazo en Cristo,

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