miércoles, 22 de octubre de 2014

La falsedad de la identidad de género

FALSEDAD DE LA IDENTIDAD DE GÉNERO
Agosto 23, 2014
By Carlos Alberto Dansey

Gran revuelo produjo el periodista Jorge Lanata al decir que la persona que se viste y se arregla como mujer, pero tiene órganos masculinos, no puede decir que es madre de sus hijos, porque no los tuvo en su vientre y que, en todo caso, será padre, pero no madre. Se trata el caso de un travesti, que se desenvuelve en la vida de relación con el nombre de Florencia, y solicita que se le respete porque anímicamente se siente mujer y no varón. Su “marido” salió en defensa de Florencia y dijo que no hay nada de malo en que se califique de madre, pues es una madre travesti (textuales palabras). Posiblemente los niños no entenderán esta explicación y deberán acomodarse mentalmente cuando crezcan. Entonces sabrán de qué se trata. Entretanto crecerán rodeados del amor de una madre falsa, pero no se darán cuenta, porque el amor no cabe duda que será verdadero, hasta que vayan descubriendo la realidad. Entonces puede ocurrir cualquier cosa, desde la indulgencia hasta el rechazo.
Estamos ante un retorcimiento del lenguaje, donde la palabra “igualitario” pretende ocultar la contundente desigualdad y la palabra “madre” encubrir a quien jamás podría serlo. No se atiende al interés de los niños sino a la fantasía de los mayores, que buscan satisfacer sus ensueños con un engaño, dándoles apariencia de realidad. He allí la falsedad de la mal llamada identidad de género, que conduce a aceptar como verdadero un hecho inexistente. En la filiación adoptiva, en cambio, no existe engaño, dado que el hijo debe ser convenientemente enterado de quiénes son sus padres de sangre. Naturalmente, la base de la adopción es el amor, pues si faltara sería un interés malsano, un negocio, un hecho sórdido con fines ocultos. Los niños entienden de esto y saben perfectamente en qué consiste el amor. Por otra parte, en el trámite de la adopción el juez aprecia la existencia del clima familiar.

Lo que se quiere significar con la idea de identidad de género es el hecho de que alguien siendo varón, se siente mujer; y que a eso hay que atenerse, esa persona debe ser tratada como mujer. El trato personal es una cuestión de hecho y dependerá de las relaciones que en el curso de la existencia hemos anudado; es decir, no depende de ninguna ley que, contra toda razón, pretenda imponer una manera de tratar, salvo el caso de situaciones injuriosas, que se califican como delito. A su vez, la idea de género se refiere exclusivamente a las palabras, no a las personas. Las palabras tienen género (masculino o femenino); las personas no tienen género sino sexo: varón o mujer. A alguien no se le pregunta de qué genero es usted, sino de qué sexo. Esta identificación entre género y sexo podría llevarnos a decir que las palabras tienen sexo, lo cual sería un disparate.
Con estas falsedades el “lobby gay” ha conseguido convencer a las autoridades de la Provincia de Corrientes para crear un nuevo organismo burocrático: la Dirección de Diversidad de Género. Aquí la palabra es otra (diversidad) pero conduce al mismo sitio: a aceptar todas las desviaciones que en el orden natural podría darse con el sexo, las cuales pasan a ser legitimadas y auspiciadas por el Estado. Es decir, en el fondo está presente la idea de que son situaciones buenas, apreciables y recomendables; por lo cual, debe enseñarse en las escuelas y favorecer su expansión, como ocurre con todas las cosas buenas. ¿Adónde conduce esto?
Según el Ministro de Desarrollo Social el objetivo del nuevo organismo es “trabajar con la problemática de género”, o sea, la problemática de sexo, a fin de facilitar la terminalidad escolar, capacitación de oficios, educación, programas deportivos, entre otros. Lo que no se entiende es qué relación hay entre estos propósitos muy loables y el sexo de las personas y para qué se necesita un organismo especial aparte de los que ya existen destinados a esos mismos propósitos, sin distinción de sexos; y si lo que se piensa hacer es una discriminación, admitiendo a unos y rechazando a otros que, según la calificación que se haga, no están dentro de la “problemática”, nos hallaríamos ante una odiosa discriminación, precisamente en el siglo de la antidiscriminación. No quepa ninguna duda, quien a juicio del funcionario no esté comprendido en la problemática de sexo, encontrará cerradas las puertas de la novísima repartición.
Finalmente falta saber si la tal problemática es una desviación sexual u otra rareza natural, como el hermafroditismo, por ejemplo, y en tal caso que hará el funcionario: ¿procurar su curación? ¿O estimularla para que aumente, dado que es buena y merece protección del Estado?

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