miércoles, 22 de octubre de 2014

Una carta que merece ser destacada

El siguiente correo me llegó en virtud del artículo "La crisis que nos afecta a todos". 


Estimado señor:

Soy lector regular de su blog, que encuentro verdaderamente interesante más allá de que no concuerdo con todas sus posiciones. Varias veces pensé escribirle, cosa que recién concreto ahora en relación al artículo de la referencia.

Es sumamente interesante lo que dice este obispo, y en muchos puntos estoy calurosamente de acuerdo con él, y con otros cismáticos que sostienen posiciones parecidas.  Lo que quiero es, si cabe, aclarar que no es exacto (al menos “simpliciter”) que mientras la Iglesia Católica se compromete cada vez más con el liberalismo, el modernismo y el mundo, la llamada ortodoxia se mantiene como un baluarte en la posición tradicional.

Eso es algo que a veces pensamos desde Occidente, donde sufrimos lo que tenemos cerca, vemos muchos casos de ortodoxos conservadores y no el desastre de los ortodoxos aggiornados. Estamos muy lejos de ellos; no vemos sus mezquindades ni sus problemas doctrinales y morales, que a veces, lamentablemente, son muy serios.

A mi modo de ver un estudio atento de la situación de los cismáticos orientales revela la profunda decadencia en que se encuentra la llamada ortodoxia. No puedo entrar aquí en detalles, pero menciono al menos algo sobre sus dos principales sedes.

Constantinopla está infiltrada por el modernismo al menos desde la década del XX del siglo pasado, y el actual Patriarca Bartolomé es un modernista de tomo y lomo, gran amigo de Francisco.

Por su parte Moscú se niega a purgar su escandalosa fornicación con el comunismo.

Ambas sedes impulsaron en los sesenta y setenta un Concilio Panortodoxo, con similares propósitos que el llamado Vaticano II, luego por distintas causas les fue imposible reunirlo, historia interesante que vale ser estudiada.

En síntesis, a mi modesto juicio: 1) en la llamada ortodoxia quedan sí, aquí y allá, sacerdotes “resistentes”, que bien podemos considerar en algún sentido amigos y aliados (vbg., sectores de la ROCOR, Veterocalendaristas, étc); lamentablemente muchas veces están agrupados en estructuras jurídicas de canonicidad al menos dudosa y enfrentados entre sí en forma exasperante, como nos pasa a nosotros. Y que se mueven en el marco de un completo caos teológico, que su mentado pneumatismo o profetismo no alcanza a remediar, con el resultado de que cada quien hace lo que buenamente puede según su entender;  el resto de la llamada ortodoxia arrastra la abominación de la colaboración servil con el comunismo o se compromete cada día más con el mundo moderno, y no son más que modernistas con rito tradicional.

En términos generales, los cismáticos orientales no cambiaron sus ritos (pese a que algunos  lo intentaron, y en cierta medida –vbg. la Iglesia Autocéfala Griega- lo hicieron), y en general sostienen cierta posición antiecumenista. Posición antiecumenista que en muchos casos, mirada de cerca, resulta no ser tanto una sana posición doctrinal sino pretensión de ser líderes exclusivos del cristianismo; pretensión que sostienen algunas iglesias ortodoxas frente a sus hermanas, que en muchos casos no se reconocen recíprocamente ni siquiera la validez de los sacramentos, orden incluido.

Como quiera que sea, creo que la preservación del rito y el talante antiecumenista generan un espejismo, que a los occidentales pueden hacernos creer en una leyenda, peligro que conviene evitar.

Cordialmente

Carlos M.M

1 comentario:

  1. Muy interesante lo que dice esta carta! Ahora ¿tiene más información sobre el fallido Concilio Panortodoxo, los intentos de reformas litúrgicas modernas en las Iglesias Ortodoxas y la reforma realizada en la Iglesia Griega que se nombra en el artículo?. Espero no haberlo abrumado! Muchas Gracias! Saludos!! Paco

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