jueves, 27 de noviembre de 2014

Una nueva apostasía

En los momentos de crisis histórica, en los momentos en los que la Iglesia parece a merced de sus enemigos, es cuando, precisamente, surgen los grandes sistemas apologéticos, cuando se desarrollan sistemas teológicos capaces de responder a los ataques y embates.  Ahora ¿Cómo surgen las herejías? Ya sabemos que San Pablo nos dijo que eran inevitables, y de hecho, necesarias para purificar la fe. También, tienen la utilidad de permitir probar a quienes son fieles a la Verdad y quienes, en cambio, están infiltrados. (I Cor 11: 9)

Quisiera ahora hacer dos reflexiones. La primera apunta a lo que reveló el neo-modernismo que, por medio del golpe maestro de Satanás usurpó los templos y la misma sede de San Pedro. La segunda, se refiere a la necesidad de una teología en éste momento de crisis. Porque, en efecto ¿Alguien dudaría de la fortaleza de la Iglesia Católica en la primera mitad del Siglo XX? ¿Acaso la Iglesia no había resistido al nazismo? ¿Acaso el Papa Pío XII no era admirado por todos los hombres como el hombre que le hizo frente al nacionalsocialismo y al fascismo en todas sus formas? ¿No fue acaso la Iglesia Católica la única institución a la que los nazis no pudieron corromper? ¿Acaso la Iglesia no se glorió de ser, nuevamente, martirizada y perseguida en una Alemania que apostataa en el neo-paganismo germano? Y mientras los protestantes pactaban y aceptaban su jerarquía filo-nazi, la Iglesia Católica denunciaba el racismo ateo y el endiosamiento del Estado, siguiendo la doctrina de siempre, recordada por el Papa Pío XI.

¿Y que pasó con esa Iglesia? La jerarquía católica, los cardenales, los obispos, los monseñores y hasta los presbíteros y diáconos, todos ellos educados en el más férreo neoescolasticismo en el cual León XIII había puesto sus esperanzas como fiel defensa contra las doctrinas erróneas y modernas, apostató en el plazo de dos décadas. ¡Veamos las imágenes del Congreso Eucarístico que se celebró aquí en Argentina! Todos los allí presentes, todos, salvo contadísimas ecepciones aceptaron el Concilio Vaticano II y sus falsas enseñanzas! ¡Salvo un remanente, todos abandonaron la Misa de su ordenación por la Misa Bastarda de Paulo VI!

¿Y qué fue de todos esos canonistas y teólogos previos al Concilio? ¿Qué fue de todas esas tesis que tanto citaban y glosaban al Doctor de Aquino? ¿Que fue de todos aquellos que defendían la unidad y la unicidad de la Iglesia? ¿Cómo fue posible que todas esas mentes, que todos esos espíritus tan "esclarecidos" aceptaran sin chistar, primero la Pacem in Terris y luego a Paulo VI y el Concilio que él condujo y promulgó? Cierta vez, un sacerdote amigo me dijo "se cansaron de mentir". Sí, quizás fue eso. Quizás no... quizás la raíz de la apostasía general de la Jerarquía Católica hay que buscarla en la educación recibida en los seminarios, hay que buscarla en esa obediencia de raíz jesuítica que predicó un sometimiento al Papa sin dudarlo... pero... hay que recordarlo, un sometimiento hipócrita, surepticio, deficiente, mezquino e interesado. Mientras el Papa no los condenara, ellos estaban con el Papa, cuando el Papa los censuraba, ellos desdibujaban la censura o la condena y se ponían como víctimas... eran la "resistencia", primero frente a los "cripto-calvinista", como Suarez llamó a los Dominicos, luego los "jansenistas" acusación que lanzaron incluso contra el Cardenal De Noris y casi todos los agustinos, luego, contra los cismontanos, luego, contra los "conservadores" o "tradicionalistas".

Ese jesuitismo derivó y se propagó como un "catolicismo sansulpiciano", un catolicismo amigo de las repeticiones, enemigo del pensamiento y la inteligencia. Se abandonó la Patrística, primero porque estaba Santo Tomás que citaba a los Padres... luego se abandonó Santo Tomás porque había muchos comentaristas de la Suma... y la apostasía de la fe fue precedida de por una apostasía de las
inteligencias.

Hoy, que la Iglesia está en las catacumbas, se hace menester un renacimiento del pensamiento teológico, una nueva y vigorosa apologética, un claro sistema filosófico que pueda poner en evidencia al modernismo y a todas sus máscaras. No obstante, podemos ver, con horror, como muchos católicos prefieren continuar en la senda que llevó a la crisis: el abandono en manos de líderes, el apego a una pseudo-jerarquía, esta vez, ni siquiera ordinaria, sino "extraordinaria" y que se ha colocado allí ella misma, abusando de los poderes y mandatos, todo en nombre de la epikeya... que tampoco ellos conocen ni comprenden.

Hoy, que la Iglesia está exiliada en el desierto, vemos como florecen pseudoteólogos y también pseudocanonistas, que tuercen el derecho, que sin conocer nada de historia, de filosofía, ni de teología, esbozan sus propias teorías y condenan a todos los que se opongan a sus caprichos a la hoguera. ¿Y que pasará entonces? ¿Veremos nuevamente caer a los que parecían fieles? ¿Veremos re-florecer una nueva Religión del Hombre en lugar de Dios?

Sabemos que La Iglesia no será destruida. Sabemos que la Iglesia Católica sobrevivirá hasta el final de los tiempos y que estará aquí, presente, cuando Cristo regrese en Gloria y Majestad, pero nos preguntamos, pero entonces... ¿Cuántos quedarán? Sólo estando firmes en el fe podremos aguardar al Señor. Pero para ello, hoy más que nunca necesitamos una teología católica fuerte y seria.

2 comentarios:

  1. Es inevitable que sea así. El mundo empresarial no necesita teólogos entonces si alguien se forma en teología (20 años decía Lefevbre?) tendrá que ir a alguna Universidad mientras tendrá que tener alguna beca, y luego tendrá que publicar lo que escriba. En definitiva, vivir de ello durante y después de su formación, lo que le supondrá depender del sistema oficial, conseguir alguna cátedra, o ser sacerdote de la Iglesia conciliar.
    Es una cuestión de recursos, el tradicionalismo podrá tener teólogos, pero aficionados, pseudoteologos, fieles o sacerdotes que se han formado de forma autodidacta y se largan a escribir alguna cosa.
    Por otro lado, me parece a mí que el tradicionalismo es refractario a cualquier novedad refugiándose como mecanismo de defensa en el Tomismo, no quieren (y quién sabe si necesitan) más teólogo que santo Tomás. Además ¿Quién tiene autoridad para evaluar hoy un trabajo de teología? Para decir si contiene herejías o no? Me pregunto si no se suscitarían más divisiones.

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  2. La resistencia catolica no puede apostatar, Raul. Fijate lo que paso con la Fraternidad, los verdaderos catolicos se fueron de alli y se agruparon con Monseñor Williamson

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