sábado, 6 de diciembre de 2014

Catolicismo y nazismo (Segunda parte)

Catolicismo y nazismo
(segunda parte) 

La Condena al Nacional-Socialismo


Introducción.
En el primer estudio que presentamos en Sursum Corda,  demostramos que la afirmación de una posible compatibilidad entre el nazismo y el catolicismo era absolutamente falsa. En efecto, nuestro trabajo es una respuesta a quienes, reflotando el antiguo y erróneo texto de Alfredo Pimenta, quieren con él afirmar que:

1)      El Catolicismo y el Nazismo no son incompatibles y por lo tanto se puede ser católico y nazi.
2)      El papa Pío XI no condenó al nazismo, ya que en la encíclica Mit brennender sorge no se menciona explícitamente al nacional socialismo ni al gobierno de la Alemania Nazi.
3)      La encíclica Mit brennender sorge es una carta particular para la Iglesia en el III Reich y por lo tanto no goza de infalibilidad.

En el primer artículo tratamos, sobre la incompatibilidad entre el nazismo y el catolicismo. De hecho, las menciones del cristianismo en los textos nacionalsocialistas (como el mismo programa del Partido Nazi) se refiere no a la Doctrina de Cristo, sino a lo que los nazis llamaban “Cristianismo Postivo”. Sobre semejante idea nos explayamos:

Para Alfred Rosenberg, gran ideólogo del nazismo y cuyas obras fueron colocadas en el Index, el cristianismo tradicional había sido “negativo”: nacimiento virginal, el sufrimiento y sacrificio de la cruz, etc. En cambio, el cristianismo positivo mostraba a Cristo como no judío, sino como un Ario libre de cualesquier contacto con Abraham, que además luchó de manera valerosa contra el judaísmo de su época. Por ello, se rechazaba el Antiguo Testamento, libro judío y se purgó el Nuevo Testamento. También, era menester la unificación de todas las confesiones en pos de la Unidad Nacional Alemana.[1]


La condena del Papa Pío XI al nazismo fue fulminante en la mencionada encíclica de 1937, que fue publicada aquí en Surum Corda. Dejada para ser leída y meditada la enseñanza del Sucesor de San Pedro, nos toca ahora analizar si, como pretende Pimenta, la misma condena o no al nazismo.


I. Precedentes.
En su artículo, Pimenta contrasta la encíclica Mitbrennender sorge con la  Divini Redemptoris, publicada unos pocos días después. En su análisis, el autor portugués afirma:

Si ponemos ante nosotros las dos encíclicas, la Mit brennender Sorge, de 14 de marzo de 1937, "sobre la situación de la Iglesia católica en el Reich alemán" ("uber die Lage der katolischen Kirche im Deutschen Reich"), y la Divini Redemptoris, de 19 del mismo mes y año, "sobre el comunismo ateo" ("de comunismo ateo"), no pueden escaparnos las diferencias en la indicación de sus objetivos, y el espacio que ocupan. La primera trata de la situación de la Iglesia en Alemania - expresión puramente informativa, pues no habla de Nacional-Socialismo ateo o anti-católico -; la segunda trata del comunismo ateo - expresión crítica y por sí sola elocuente, pues no habla de la situación de la Iglesia católica en Rusia -. La primera ocupa quince páginas. ¿No son ya muy diferentes?
La encíclica Con ardiente inquietud empieza por exponer las negociaciones del Concordato, y las dificultades, embrollos y oposiciones que encontró en su conclusión por parte de "mil fuentes". Y luego vienen los ejemplos justificativos de las severas acusaciones. Hasta aquí, están en causa los responsables por la manera de efectuar el Concordato. Nada doctrinario o ideológico. Se acusan las autoridades alemanas, y nada más.



Lo que parece ignorar Pimenta y los nazis contemporáneos que querían permanecer en el seno de la Iglesia Católica (y los neonazis que pretenden lo mismo hoy en día) es que estas dos encíclicas están precedidas por una anterior, que condena al fascismo. Se trata de la encíclica Non AbbiamoBisogno, del 29 de junio de 1931. En esta encíclica, el Papa Pío XI condena el avance fascista sobre la Acción católica en particular y sobre el catolicismo en general. Veamos lo que dice en la apertura de la misma:

No es necesario, Venerables Hermanos, anunciaros los acontecimientos, que en los últimos tiempos se han desarrollado en esta ciudad de Roma, Nuestra Sede episcopal, y en toda Italia, que es decir, en Nuestra propia circunscripción Primacial, acontecimientos que han tenido tan amplia y profunda repercusión en el mundo entero, y con mayores efectos, en todas y cada una de las diócesis de Italia y del mundo católico. Pocas y tristes palabras las resumen: Se ha intentado herir de muerte todo cuanto allí era y será siempre lo más querido por Nuestro corazón de Padre y Pastor de almas... -y podemos bien, y aun debemos, añadir: "y más ofende aún el modo".

Ahora bien ¿Es esa gratitud de la que el Papa habla, una gratitud a la Italia Fascista? No, en absoluto, sino al episcopado Italiano que se solidarizó con el Santo Padre tras los ataques del gobierno de Mussolini hacia la Acción Católica:

Particularmente os agradecemos el unánime y verdaderamente grandioso testimonio que habéis dado a la Acción Católica italiana y precisamente a las Asociaciones Juveniles, por haber permanecido fieles a Nuestras normas y a las vuestras que excluyen toda actividad política de partido. Al mismo tiempo damos las gracias también a todos vuestros sacerdotes y fieles, a vuestros religiosos y religiosas, que se han unido a vosotros con tan gran impulso de fe y de piedad filial.

En efecto, los regímenes totalitarios no aceptan ningún tipo de oposición, no toleran que ninguna institución pueda quedar libre, ni siquiera las instituciones eclesiásticas que intentan coptar y “secuestrar” integrándolas y haciéndolas obedientes, no al interés de Cristo y la Santa Iglesia, sino al interés del partido.
A diferencia de lo que sostienen algunos neo-nazis, el “totalitarismo” no es un invento de los historiadores liberales o comunistas de la post-guerra, sino un concepto acuñado poco después del ascenso de Mussolini al poder. Quizás el primero en utilizar el término haya sido Carl Schmitt, quien en Der Begriff des politischen lo definió como “un estado todopoderoso”. El libro contó con dos ediciones muy difundidas, la primera en 1927 y la segunda bajo los auspicios del III Reich, notablemente ampliada.[2] Schmit en su obra sostiene que es inadmisible cualesquier tipo de oposición:

Todo antagonismo u oposición religiosa, moral, económica, étnica o de cualquier clase se transforma en oposición política en cuanto gana la fuerza suficiente como para agrupar de un modo efectivo a los hombres en amigos y enemigos.

Para Schmitt, el estado totalitario tenía el derecho a determinar quién era su enemigo interno, entendiendo como tal a todo aquel que se opusiera a la soberanía política absoluta y total del Estado dentro de las fronteras estatales. Por ello, dicho Estado contaba con el derecho de exterminar a dicho enemigo de la mejor manera que el Estado considere necesaria, lo que incluye la persecución, el exterminio o la “conversión”.

El Papa Pío XI fue testigo de como esto que Schmitt teoríaba se hacía realidad en la Italia Fascista. Viendo que la Acción Católica no doblaba su rodilla, Il Duce[3] inició una campaña de persecución:

Pero, como por dolorosa compensación, cuánta crueldad y violencia, hasta las heridas y la sangre, cuántas irreverencias de prensa, de palabras y de hechos contra las cosas y contra las personas, incluso la Nuestra, han precedido, acompañado y seguido a la ejecución de la repentina medida policíaca! Y ésta con gran frecuencia se ha extendido, por ignorancia o por un celo malévolo, a ciertas asociaciones e instituciones ni siquiera comprendidas en las órdenes superiores, como los oratorios de los niños y las piadosas congregaciones de las Hijas de María.
Todo este lamentable conjunto de irreverencias y de violencias tenía que ser con una tal intervención de miembros e insignias del partido, con tal uniformidad de un extremo a otro de Italia y con tal condescendencia de las Autoridades y de las fuerzas de seguridad pública, que necesariamente hacían pensar en disposiciones venidas de arriba.

Y poco más adelante, el Papa afirma:

los millares de viajeros extranjeros, que nunca faltan en Italia y en Roma, han podido, desgraciadamente, ver con sus propios ojos las irreverencias frecuentemente impías y blasfemas, las violencias, los ultrajes, los vandalismos cometidos contra lugares, cosas y personas en todo el País y en esta Nuestra misma Sede episcopal, cosas todas ella deploradas por Nos varias veces después de informaciones ciertas y precisas.

Y finalmente, el Papa Pío XI, denuncia algo que los nazis de antaño y los de hoy en día, quieren negar: la sociedad entre los enemigos de la Iglesia y estos movimientos totalitarios:

Nos, la Iglesia, la Religión, los fieles cristianos (y no solamente Nos) no podemos estar agradecidos a quien, después de haber disuelto el socialismo y la masonería, enemigos Nuestros (pero no sólo Nuestros) declarados, les ha abierto una amplia entrada, como todos ven y deploran, haciéndose ellos tanto más fuertes, peligrosos y nocivos cuanto más ocultos, a la vez que más favorecidos por el nuevo uniforme.


II. Mit brennender sorge y la condena al nazismo
Años después, con el ascenso del Nazismo al poder en Alemania, el mismo Romano Pontífice se encontró ante un panorama mucho peor. Si el fascismo era brutal, el nazismo lo era mil veces más, ya que trataba de hundir sus raices en el paganismo germánico, a la vez que pretendía tolerar una forma de cristianismo adecuada a su ideología, el llamado “cristianismo positivo”.
La encíclica está destinada principalmente a la Iglesia en la Alemania Nazi. Allí, el Papa en las primeras palabras se refiere a la persecución que el III Reich lanzó contra los católicos:

Con viva preocupación y con asombro creciente venimos observando, hace ya largo tiempo, la vía dolorosa de la Iglesia y la opresión progresivamente agudizada contra los fieles, de uno u otro sexo, que le han permanecido devotos en el espíritu y en las obras

Pío XI expone cómo el gobierno nazi violó el concordato y como reanudó, muy poco después de su firma, la persecución contra la Iglesia Católica Romana. Habla directamente de “los dirigentes, responsables de la suerte de vuestra nación” e interpela,  sin ninguna ambigüedad a los fieles católicos

En esta hora en que su fe está siendo probada, como oro de ley, en el fuego de la tribulación y de la persecución, insidiosa o manifiesta, y en que están rodeados por mil formas de una opresión organizada

Inmediatamente el Papa Pío XI expone varias de las falsas doctrinas nazis:

1)      El falso uso del nombre de Dios.
2)      El panteísmo.
3)      La “pretendida concepción precristiana del antiguo germanismo, pone en lugar del Dios personal el hado sombrío e impersonal, negando la sabiduría divina y su providencia”.
4)      La idolatría de la raza (II, 2).
5)      La idea de un “Dios nacional” y por extensión una Religión Nacional.
6)      La mutilación de las Sagradas Escrituras, con la eliminación o purga del Antiguo Testamento (III, 19)[4].
7)      La falsa doctrina nazi de que el Nazismo implicaba una nueva y superadora revelación (teoría cara al “Cristianismo Positivo” y propagada por los “Cristianos Alemanes”)

El Papa también advierte (IV) que la fe no puede estar basada ni en la raza, ni en el partido, ni en el estado, sino únicamente en la Iglesia Católica, de la cual, los nazis intentaban distanciar a los fieles para sumirlos en la ideología del Régimen:

En vuestras regiones, venerables hermanos, se alzan voces, en coro cada vez más fuerte, que incitan a salir de la Iglesia; y entre los voceadores hay algunos que, por su posición oficial, intentan producir la impresión de que tal alejamiento de la Iglesia, y consiguientemente la infidelidad a Cristo Rey, es testimonio particularmente convincente y meritorio de su fidelidad al actual régimen.

Podría preguntarse a Pimenta y los neonazis que hoy intentan hacerse pasar por católicos sinceros y fieles la Doctrina de la Iglesia ¿De qué régimen está hablando aquí el Papa que escribe a la Iglesia Alemana en 1937? ¿Quién gobernaba Alemania en 1937? ¿De qué partido habla? ¿Quiénes son los “dirigentes” a los que menciona? ¿Cuál es la afiliación política y filosófica de esos dirigentes? Y el mismo Pontífice advierte sobre la idea de una Iglesia Nacional Alemana:

Si personas, que ni siquiera están unidas por la fe de Cristo, os atraen y lisonjean con la seductora imagen de una iglesia nacional alemana, sabed que esto no es otra cosa que renegar de la única Iglesia de Cristo, una apostasía manifiesta del mandato de Cristo de evangelizar a todo el mundo, lo que sólo puede llevar a la práctica una Iglesia universal.

Toda la sexta sección de la encíclica constituye una aclaración de los términos que le nazismo ha desvirtuado: revelación, fe, inmortalidad, pecado original, Cruz de Cristo, gracia y humildad. Esta última virtud, desdibujada y ridiculizada por el “Cristianismo Positivo” al que tanta referencia hizo Adolf Hitler y sus seguidores:

La humildad en el espíritu del Evangelio y la impetración del auxilio divino se compaginan bien con la propia dignidad, con la seguridad de sí mismo y con el heroísmo. La Iglesia de Cristo, que en todos los tiempos, hasta en los más cercanos a nosotros, cuenta más confesores y heroicos mártires que cualquier otra sociedad moral, no necesita, ciertamente, recibir de algunos campos enseñanzas sobre el heroísmo de los sentimientos y de los actos. En su necio afán de ridiculizar la humildad cristiana como una degradación de sí mismo y como una actitud cobarde, la repugnante soberbia de estos innovadores no consigue más que hacerse ella misma ridícula.

Por lo tanto, el Santo Padre advirtió sobre cualquier sistema moral, ético o jurídico que no estuviera basado en la Fe de Cristo, denunciando la violación del derecho natural, la adulteración de la educación cristiana y el derecho de los fieles católicos a practicar su fe sin ser molestados. Razones por las cuales agradece la resistencia y la paciencia en la dura y terrible prueba a los sacerdotes y seglares alemanes.

III. ¿Por qué el Papa no nombra al nacionalsocialismo?
Como vimos, tanto en éste como en el anterior artículo, la Iglesia Católica fue perseguida por el régimen nazi y el Papa Pío XI condenó el nazismo y alentó a los católicos alemanes a ser fieles a la Iglesia durante una prueba tan dura. No obstante, Pimenta y quienes adhieren a sus creencias erróneas sostienen que el Papa jamás condenó al nazismo porque en ninguna parte de la encíclica dice “nacionalsocialismo”.
Cualesquier persona, con un mínimo de inteligencia y que hubiera leído la encíclica Mit brennender sorge queda sorprendida ante semejante tontera. Es como decir “Dios no creó los ríos porque en Génesis no dice que haya creados los ríos, sólo se refiere a las aguas”.
Aún cuando la carta está, efectivamente, destinada PRINCIPALMENTE a los católicos alemanes y POR EXTENSIÓN como la misma habla sobre FE Y MORAL, por lo tanto, contiene una enseñanza infalible, el Papa Pío XI no menciona el vocablo “nacionalsocialismo” por las siguientes razones:

  1. Razones diplomáticas: la posibilidad de una negociación con la Alemania Nazi siempre estaba latente. De hecho se había firmado un concordato y se espraba que el gobierno nazi volviera sobre sus pasos y lo respetara.
  2. Las condenas a régimenes políticos o sistemas de gobierno no suelen mencionarlos de manera explícita, principalmente por razones diplomáticas. Ejemplos lo tenemos en la carta de nominación de los primeros obispos a América Hispana tras las independencias,[5] al II Reich o a la III República Francesa.

La Iglesia era consciente de las medidas que tomaban los nazis contra cada protesta: el recrudecimiento de la persecución. De hecho, los protestantes, casi en su mayoría terminaron pactando con el régimen y aceptando las líneas generales del cristianismo positivo. Los únicos que resistieron fueron los católicos, sobre los cuales cayó una persecución y una saña como pocas veces se vio en la historia de la Iglesia.
Quisiéramos, finalmente, responder a una cuestión planteada ¿Por qué razón la Iglesia sí condenó al comunismo ateo y no al nacionalsocialismo? Como vimos, la Iglesia SÍ CONDENÓ AL NAZISMO. La diferencia con el comunismo es su perversión absoluta y por lo tanto, la imposibilidad de cualesquier tipo de negociación. Se condenara o no, los comunistas poseían un odio tal a Cristo que igualmente enviarían a la muerte a millares de católicos.

IV. Conclusión
Como hemos podido observar a lo largo de estos dos trabajos, y exponiendo las citas del magisterio y los hechos históricos, la Iglesia Católica no sólo fue perseguida por el nazismo alemán, sino que también sufrió la persecución bajo el fascismo italiano. Ante esta situación, el Papa no dudó en hacer lo que debe hacer el sucesor de San Pedro, el Vicario de Cristo: enseñar la Verdad. El Papa, con una valentía sobrehumana, denunció a los enemigos de la Verdad, es decir, los enemigos de la Iglesia y por lo tanto, los enemigos de Cristo. Los denunció y los señaló de manera evidente y explícita, señalando cada uno de sus errores y animando a los fieles a permanecer en la Iglesia Católica, fuera de la cual no hay salvación ni perdón de los pecados.
Todo el trabajo de Pimenta cae al quedar en evidencia que parte de premisas erroneas. La Iglesia sí condenó al nazismo y por lo tanto, ser nazi y católico a la vez implica una contradicción que es irreconciliable. Sorprende, entonces, como muchas personas intentaron e intentan hoy en día, conciliar ideas tan opuestas y excluyentes. ¿Es acaso que pretenden “aguar” el nazismo y el fascismo para que sea compatible con el catolicismo? ¿O más bien pretenden desdibujar la Doctrina Católica para que la misma sea grata a los ojos de los ideólogos de los regímenes totalitarios? La actitud es clara, evidente y lamentable. Estos “católicos” son tan católicos como los que intentaron conciliar la Fe de Cristo con el Comunismo y que, como señaló Miguel Poradowsky en su hermoso trabajo “El marxismo en la teología”, apostataron en la fe y llevaron a la Iglesia a la terrible crisis de la que hoy somos testigos.





[1] Ver al respecto: Steigmann-Gall, Richard, The Holy Reich, Cambridge: Cambridge University Press, 2003, pp. 13 - 51.
[2] Schmitt, Carl., El concepto de lo político, Alianza, Madrid, 2009.
[3] Durante su juventud, además de comunista, Mussolini fue un ferviente anticlerical.
[4] Estas teorías, que se canalizaron gracias a los “Cristianos Alemanes” databan de principio del Siglo XX. Ver al respecto la interesante historia en Bergen, Doris, Twisted Cross: The German Christian Movement in the Third Reich, Chapel Hill, UNC Press, 1996; Rainer Lachele: Ein Volk, ein Reich, ein Glaube. Die "Deutschen Christen" en Württemberg 1925-1960, Stuttgart, 1994.
[5] Un ejemplo es la bula de nominación a Monseñor Medrano y las subsiguientes destinadas a las autoridades y al Cabildo Eclesiástico Porteño, en el que prevenía contra la resistencia a las tendencias absolutistas que en materia religiosa tenían los gobiernos americanos, heredados del despotismo de los Borbones.

1 comentario:

  1. Me parece que este ensayo ya era inncesesario. En el primero se dijo todo lo que había que decir al respecto. Además está la Encíclica de Pío XI.
    Felicitaciones Raúl

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