viernes, 26 de diciembre de 2014

Los perplejos aún tienen tiempo para asombrarse

La siguiente es una carta-denuncia ante las acciones del usurpador obispón de San Luis. La indignación de quien o quienes redactaron la carta puede ser entendible, o podría haberlo sido hace muchos años, durante las primeras décadas de la Iglesia Conciliar, en medio de la apostasía general de la jerarquía católica. En aquellos años, muchos católicos se encontraban, efectivamente, perplejos. 

No obstante, hoy en día, cuando para cualesquier persona con un poco de fe católica se le hace imposible negar que la Iglesia Conciliar del Vaticano II es diferente a la Iglesia Católica Apostólica Romana, cuando es imposible ya negar que la primera tiene una fe, unos sacramentos, una liturgia y un derecho que se opone en cada punto a la fe, los sacramentos, la liturgia y el derecho de la Iglesia Católica de siempre, fundada por Nuestro Señor Jesucristo... ¿A qué viene esta indignación? ¿Qué se pretende denunciar? ¿Qué un seglar hereje, que ni siquiera es sacerdote, asistió a un ritual cabalístico? ¿Qué un hombre que adhiere a las herejías ya condenadas por Papas Católicos, da su comunión con los errores modernos? ¿Acaso nos sorprende a los católicos, que estos siervos y ministros del Anticristo escondan la cruz? ¿Acaso no son ellos "enemigos de la Cruz de Cristo" (Filp III, 18)?

La carta no es sino, otro grano de arena en el castillo que han construído los católicos perplejos, que aún tienen tiempo y ganas de seguir escandalizándose ante las tropelías y barbaridades cometidas, por aquellos mismos que ellos reconocen como sus ministros legítimos. Para los católicos esclarecidos, la carta nos mueve únicamente para confirmar la completa y absoluta alteridad entre nuestra fe y la de los modernistas de la Iglesia Conciliar. También nos demuestra que aún hay muchas personas que necesitan de nuestra ayuda: nuestro apostolado, nuestras oraciones... a estos católicos perplejos les recordamos las palabras del Apocalipsis:

«Salid, mi pueblo, de ella, para no comunicar con los pecados de ella; y de las plagas de ella que no recibáis;  porque se han conglutinado sus pecados hasta el cielo, y se ha acordado Dios de las iniquidades de ella. Retribuidle como también ella retribuyó, y doblad el doble según las obras de ella: en el cáliz que mezcló, mezcladle doblado; cuanto se glorificó y deleitó, tanto dadle tormento y luto. Porque en su corazón dice: «Sentada estoy reina, y viuda no soy, y luto no veré, no». Por esto, en un día llegarán las plagas de ella: muerte, y luto y hambre; y en fuego quemada será; porque fuerte, Señor, el Dios, el que la ha juzgado...»



MONSEÑOR PEDRO MARTÍNEZ (OBISPO DE SAN LUIS) Y LOS JUDÍOS
(Todas las fotos -y más- pueden verse en la página judía de facebook: Kehila San Luis)
   Bien sabemos que los judíos mataron a Cristo, que no fue sólo un acontecer histórico perpetrado hace siglos por algunas personas, sino que, en todos los que participan de las doctrinas judaicas se cumplen aquellas palabras proféticas del perverso fariseo: “caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos”.
   Sabemos que para los judíos Cristo no es Dios. En razón de ello, los católicos y los judíos no adoramos a un mismo Ser Supremo, pues mientras unos adoran al verdadero y único Dios Trinitario, los otros tienen, tal como Jesús se los enrostró, por padre al diablo.
    La liturgia milenaria de la Iglesia Católica aun reserva para los judíos no convertidos la expresión «pérfidos». Y nuestro Señor Jesucristo  con palabras claras y sin rodeos, enseñó que los judíos mientras a Él lo persiguieron, a otro adorarán.
    Pero Cristo también advirtió sobre los mercenarios, sobre los lobos disfrazados de corderos, sobre las bestias que sobre sus lomos llevarán lana de ovejas mientras su interior está conformado por la corrupción, la deformación, y toda trama satánica. Son estos los que conforman también y a su modo la sinagoga de Satanás.
   Monseñor Pedro Martínez es una muestra más de esos mercenarios. Como puede verse en las fotos, aparece participando de los rituales judaicos. Su falsa humildad que lo hace aparecer de servidor (mesero, empleado, mozo de cantina), es tan solo un ejemplo de rebaje de lo que más luego se trasunta en las ceremonias religiosas. Poner al catolicismo a los pies de la judería, rebajarlo. El obispo de San Luis, con su investidura  humilla a la verdadera religión participando de doctrinas y ritos peregrinos, condenados, heréticos y deicidas.
   Otra de las cosas que causa repulsión, es que si bien se observa, aparece en todas las fotos escondiendo la Cruz pectoral, desde luego, para no molestar a sus amiguitos. Esconder a Jesús Crucificado, para quedar bien ante el mundo, ante el mundo judío. La negación pública del Redentor, ante el pueblo deicida. ¡Qué bajeza, que escándalo por parte de quien ostenta la dignidad episcopal!
   Con fachada de hombre ortodoxo y un carácter que es histerismo de señorita adolescente, a Pedro Martínez se le aplican las palabras paulinas: alardean de doctores de la Ley, sin entender lo que dicen o lo que afirman,  enseñan doctrinas extrañas y fábulas, son embaucadores e hipócritas, y tienen la piedad por materia de lucro, dejados llevar por la avaricia se extravían de la fe.
   Aunque movidos por la indignación ante escándalos tan inconmensurables, rezamos por el alma de quien se dice Pastor siendo otra cosa, y en quien las palabras de la Virgen cobran plena actualidad: "Los sacerdotes, ministros de mi Hijo, por su mala vida, por sus irreverencias y su impiedad al celebrar los santos misterios; por su amor al dinero, a los honores y a los placeres, se han convertido en cloacas de impureza”.

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