martes, 2 de diciembre de 2014

Nacionalismo y catolicismo

Volvemos a publicar este artículo, debido a que en ciertos grupos y páginas que dicen de católicas, se está viendo una apología del nacional socialismo en particular (y del chauvinismo en particular) cual si fuera un sistema económico-político-filosófico de contenido católico. Este rebrote de un nacionalismo, es en realidad, el resurgimiento de un nacionalismo pagano, de un nacionalismo no centrado en Cristo, sino en ideales que conducen al endiosamiento del Hombre.
Mientras preparamos la publicación del una serie especial de artículos sobre el nazismo y la Iglesia Católica, re-publicamos "Nacionalismo y catolicismo", como introducción y repaso de la doctrina católica.


Nacionalismo y catolicismo

"Dios, patria y familia". Esta fórmula fue, por muchos años, algo que todos sabían, repetían y sentía. Amor a Dios por sobre todas las cosas, amor a la patria por ser nuestro hogar, y a la familia, regalo de Dios, evidencia del mandato divino de Dios a los hombres de crecer y multiplicarse.

Con la hecatombe conciliar y la rápida reacción contra lo que se perfilaba como una "nueva Iglesia" apareció el "tradicionalismo". Con ese nombre se quisieron identificar los católicos romanos que rechazaban al modernismo. Del Tradicionalismo surgieron varias vertientes: Monseñor Marcel Lefebvre fundó la FSSPX mientras el "sedevacantismo" dejaba su estado embrionario y trataba de librar la batalla contra la Roma Neo-Modenista y Neo-Protestante. Las relaciones entre "Monseñor" y el sedevacantismo fueron siempre ambiguas y problemáticas, especialmente desde el momento en el que muchos empezaron a dejar la Fraternidad y volverse a la posición teológica que sostiene que actualmente no hay un Papa Católico Romano. Dentro del sedevacantismo algunos comenzaron a soñar con la posibilidad de una restauración de la Iglesia Católica, o peor, una "salvación" de la misma por medio de un concilio imperfecto.Nació el conclavismo y de él las tragedias de Kansas y Asís.

Pero no todo era una cuestión de fe. Muchas personas insistían en la triada "Dios, Patria y Familia". Sectores nacionalistas comenzaron a coptar el "tradicionalismo" y pronto, el mismo cobró un nuevo rostro. Ahora, era factible ser testigos de hombres y mujeres realizando el saludo fascista ante el paso del una procesión. Católicos que se hinchaban el pecho mientras se proclamaban "nazis" y sostenían que los judíos tenían una naturaleza perversa. En Estados Unidos (un país dialéctico, sin dudas), en nombre de la II Enmienda, grupos católicos tomaron armas y crearon verdaderos arsenales, que hoy podrían hacer palidecer al Branch Davidians y Waco. En Argentina se intentó fundar una especie de fortaleza para los "últimos días" gracias a la Universidad de Guadalajara. Pronto, sectores militares y otros de la derecha peronista (en Argentina) conformaron una extraña síntesis que hoy se puede apreciar en muchas publicaciones. 

Naturalmente, esto no es patrimonio de los argentinos: en México se pueden apreciar como algunos grupos sedevacantistas y conclavistas hacen desfilar a jovenes con vistosos uniformes militares. En España, en algunas procesiones, los falanhgistas en lugar de doblar la rodilla ante el paso del Santísimo levanta el brazo derecho y gritan un saludo de la época del Caudillo... a quienes, como los del Palmar de Troya, elevaron a los altares.

¿Es que acaso el fascismo y el catolicismo son todo uno? Parece que algunos olvidaron las sabias palabras del Papa Pío XI:

Si la raza o el pueblo, si el Estado o una forma determinada del mismo, si los representantes del poder estatal u otros elementos fundamentales de la sociedad humana tienen en el orden natural un puesto esencial y digno de respeto, con todo, quien los arranca de esta escala de valores terrenales elevándolos a suprema norma de todo, aun de los valores religiosos, y, divinizándolos con culto idolátrico, pervierte y falsifica el orden creado e impuesto por Dios, está lejos de la verdadera fe y de una concepción de la vida conforme a esta.
Vigilad, venerables hermanos, con cuidado contra el abuso creciente, que se manifiesta en palabras y por escrito, de emplear el nombre tres veces santo de Dios como una etiqueta vacía de sentido para un producto más o menos arbitrario de una especulación o aspiración humana; y procurad que tal aberración halle entre vuestros fieles la vigilante repulsa que merece. Nuestro Dios es el Dios personal, trascendente, omnipotente, infinitamente perfecto, único en la trinidad de las personas y trino en la unidad de la esencia divina, creador del universo, señor, rey y último fin de la historia del mundo, el cual no admite, ni puede admitir, otras divinidades junto a sí. (Pío XI, Mit Brennender Sorge, II, 12-13).

¿Sólo cuestión nacionalista? No tanto. Quien visite algunos sitios "tradicionalistas" encontrará dos cosas, principalmente: una apología de la Misa Tridentina y un antisemitismo enervado. Cuando alguien advierte que el judío no es malo por tener "la sangre contaminada", sino que es su falsa religión la que lo pervierte, encontramos las respuestas más asombrosas. Tengo anotadas varias que he recibido y quisiera dejarlas aquí:

  • El judío tiene una naturaleza desviada.
  • Sus genes están enfermos.
  • Un judío no puede convertirse sinceramente a la fe católica.
  • Todo el que tenga un ancestro judío es judío.
  • Bautizar a un judío es cometer sacrilegio.
Uno al leer esto debería recordar las palabras de Pío XII que citamos líneas arriba, pero al ser remitidas a estos grupos, sólo encuentra una ceguera impensable. Alguien incluso me dijo que si Pío XII realmente había escrito algo así, estaba al filo de la herejía (¡!). ¿Para que discutir ante semejante respuesta? ¿Acaso son propias de "espíritus superficiales"?

Solamente espíritus superficiales pueden caer en el error de hablar de un Dios nacional, de una religión nacional, y emprender la loca tarea de aprisionar en los límites de un pueblo solo, en la estrechez étnica de una sola raza, a Dios, creador del mundo, rey y legislador de los pueblos, ante cuya grandeza las naciones son como gotas de agua en el caldero (Is 40, 5).

¿Amor a la patria? Si, yo amo a mi país, pero no lo amo más que a Dios. Sé que soy peregrino en esta tierra, que no es mi morada definitiva. Sé que Dios es más grande que mi país y eso no lo olvido. No creo en sistemas políticos "salvadores", porque nadie, sino Dios salva, y salva por medio de su Iglesia, que es Una, Santa, Católica y Apostólica. Es su Iglesia la que existe desde antes de muchas las naciones que hoy están en el mapa. Es su Iglesia la única que estará presente hasta el fin de los días. Dios prometió su asistencia a su Iglesia, no a un país determinado... porque ¿Dónde está, en definitiva, nuestra verdadera patria? No en la tierra, sino en el Cielo, desde donde esperamos a Nuestro Salvador y Redentor, Jesucristo. 

¡Ven Señor Jesús!

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