viernes, 23 de enero de 2015

Charlie Hebdo y el Nuevo Orden Mundial - Augusto TorchSon

Charlie Hebdo y el Nuevo Orden Mundial - Augusto TorchSon
Tomado de Nacionalismo Católico San Juan Bautista



Ante los ataques de falsa bandera acaecidos recientemente al semanario perverso Charlie Hebdo, nos enfrentamos una vez más al más ridículo de los planteos victimizantes del globalismo que pueden servir de mecha para la explosión de una tercera guerra mundial con el fin de establecer un gobierno único mundial.

  En el video transmitido al ingresar los "terroristas", se ve con claridad que el policía al que dicen "rematar" en el suelo, a pesar de dispararse un fusil, no deja sangre, ni siquiera hace un movimiento violento que tenga que ver con el impacto sino que se recuesta después del supuesto disparo que además, hace un poco de humo al costado de su cuerpo en piso.

  Toda esta puesta en escena sirvió para exaltar hasta el grado de cuasi heroísmo a quienes representan la suprema falta de respeto posible, la que ofende a Dios. Y este supuesto martirio en nombre de la "libertad de expresión" sirvió para unir, una vez más, a supuestos enemigos, para pedir por la paz. Paz buscada en la mentira, en el desorden, en la degeneración, en la blasfemia. Así vemos al presidente palestino Mahomud Abbas abrazado con masónicos políticos y con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, después de que este último haya masacrado a más de 2000 de sus conciudadanos sin que se hayan hecho manifestaciones multitudinarias para repudiar esos genocidios por parte del sionismo. Y tomándonos el pelo una vez más, se convoca esta marcha en medio de un supuesto estado de alerta máxima en el país, donde el más mínimo de los sentidos comunes recomendaría hasta un toque de queda. En fin...



  Sin embargo, una vez más, lo que causa estupor, es la traición de nuestros "pastores", de los católicos que reivindican el mayor de los crímenes, la mayor de las ofensas, la que se cometen contra Dios. Y no estoy hablando de las caricaturas "light" que hicieron estos pervertidos de Mahoma, sino las atrocidades que publicaron en contra de nuestra fe y nuestro Dios, el único verdadero, el Dios católico, le duela a quien le duela.

  Sin publicar las imágenes de las inmundas blasfemias en contra de la Santísima Trinidad de estos endemoniados, bien se puede considerar como "azotes" de Dios a estos fanáticos musulmanes (si en realidad lo son). Entonces, y anticipando posibles reproches sobre la desproporcionalidad entre hacer un "dibujito transgresor" y el asesinato de estos degenerados, se debe recordar la enseñanza de Santo Tomás de Aquino al señalar que "La blasfemia, por ser pecado directo contra Dios, supera al homicidio, pecado contra el prójimo".

  Esto muestra a las claras que nadie cree en Dios. Decir que se cree en Dios sin saber lo que Dios es, es lo mismo que no creer en él. Creer que todo es Dios, que Dios se manifiesta en todas las religiones, que no puede castigar, que es anarquicamente misericordioso, es decir, sin ser a la vez justo; es lo mismo que el ateísmo. Y ese ateísmo práctico lo vemos hasta en quien hoy ostenta el supremo poder eclesiástico. Y también Bergoglio  se sumó al lamento mundano por los ahora "mártires de la libertad de expresión" del periódico blasfemo francés. Indignante resulta que no se manifieste con igual vehemencia para condenar las atrocidades en contra de los católicos en Siria, en Iraq y en todos los países musulmanes donde están siendo masacrados cristianos por su condición de tales, u omite maliciosamente interceder por la vida de Asia Bibi condenada por ser cristiana y que solicitó desesperadamente la ayuda pontificia; todo esto, mientras alaba a los musulmanes y a su libro "sagrado", el cual ordena estos crímenes contra quienes considera infieles (aquí).

  Para colmo de males, tenemos que escuchar al portavoz de la Conferencia Episcopal Española, Josemaría Gil-Tamayo, diciendo: “Como periodista me duele enormemente este atentado a compañeros que lo que hacen es ejercer un servicio, en este caso desde el humor satírico pero necesario también en las sociedades democráticas y libres en la libertad de expresión y el derecho a la información.” Cabría preguntarle a este propiciador de blasfemias si alguien publica caricaturas de su madre y hermanas siendo sodomizadas, se reirá y considerará que esto es un "necesario servicio a la democracia".



  Y así hoy, una vez más, la prensa, herramienta masónica por excelencia del Nuevo Orden Mundial, no solo es generadora de opinión, sino la creadora de realidades. No refleja los hechos, los inventa; manipula la historia para crear el pensamiento único y quien ose cuestionar los dogmas de la historia oficial, puede ser pasible de terribles persecuciones, que conducen a la cárcel con el argumento de ser "crímenes de odio", cuando no la muerte civil al perder trabajos o directamente no poder conseguirlos.

  En un mundo en donde se trata de buscar constantemente males menores, aunque en realidad sean la esencia del mal; en donde lo que no sale en televisión no existe; donde hasta la misma jerarquía apóstata de la Iglesia católica propone la paz como bien absoluto, no la tranquilidad en el orden según la definición agustiniana, sino la paz en el status quo de un mundo convertido completamente en Sodoma y Gomorra; en el mismo mundo donde la libertad sin límites se exalta como el mayor de los bienes; en ese reino de la mentira es donde nos toca dar testimonio de la Verdad.

  Y en esta inmensa ficción que se nos quiere presentar como realidad, nuestro testimonio no puede tener otra recompensa que la satisfacción del deber cumplido, del buen combate por nuestra fe y nuestras patrias. Recompensa por otra parte que nos conducirá a la eternidad. Y para eso tenemos que tener la convicción que para Dios no hay héroes anónimos, porque esperar vencer al Nuevo Orden Mundial es hasta ontológicamente imposible.

  Lo concreto es, que en un mundo en el que los gobiernos del mundo entero trabajan para fomentar la promiscuidad infantil, el aborto irrestricto, la homosexualidad, la esterilización masiva y el envenenamiento hasta con alimentos y vacunas; en donde se desalientan los emprendimientos, la inventiva, el esfuerzo y el sacrificio, se premia a quienes no trabajan ni quieren hacerlo con subsidios, en donde hasta la misma jerarquía eclesiástica, transmite una fe adulterada no para acercar a la gente a la Verdad sino para adecuar la verdad a las torcidas costumbres de la gente; en ese contexto, la humanidad toda asiste hipnotizada a su exterminio moral y hasta físico aferrándose a sus terrenas posesiones y a su porción de democrático confort. Y en la nueva concepción de la fe, ya Dios no vino al mundo para salvar a cada uno de nosotros sino para dar bienestar a la amorfa masa democrática, en donde esa entelequia a la que llaman pueblo importa más que cada individuo.

  Por eso es necesario generar un gran conflicto final para establecer de pleno derecho el gobierno mundial, en donde paradójicamente, en nombre de la búsqueda de la paz y la libertad, vamos a ceder ambas en su sentido más profundo, para dejarnos esclavizar por quien va a representar la impostura final de la historia, la del único y personal anticristo. Por eso y para eso es necesario generar miedo.

  En estos momentos se está preparando el camino religioso desde la panteización y sincretización de la fe, presupuesto esencial para la  apostasía final. La falsa iglesia fornicando con los reyes de la tierra. Viendo todo esto con una visión desprovista de las virtudes teologales de la fe y la esperanza, se puede llegar a la desesperación. En cambio, teniendo la adecuada visión cristiana, nos tiene que llevar a considerar las palabras de Nuestro Señor “Más cuando estas cosas comiencen a ocurrir, erguíos y levantad la cabeza, porque vuestra redención se acerca” (Lc. 21, 28). No se trata de ser optimistas ni pesimistas sino realistas y tener fe.

  Difícil y hasta martirial es hoy la prédica de la Verdad. Sin embargo, en la paradoja de paradojas, nuestro triunfo va a estar dado en nuestra derrota terrena, y la derrota del mal en el mundo se va a presentar cuando su poder parezca absoluto.

  Hoy la batalla está puesta en resistir las tentaciónes de pertenecer a la mayoría, de no quedar afuera del sistema, de transigir con el error por considerarlo invencible. Muchos y grandes héroes y mártires se ofrendaron por nuestra fe y debemos seguir sus ejemplos, por más que se ridiculice el heroísmo y la santidad. Lo que está en juego es nuestro destino eterno y si no dirigimos nuestra acción al objetivo adecuado, podemos perder nuestras almas.

  Lo que hasta hace poco parecía una exageración, cada día se hace más patente y más cercano, pero hasta que no nos toque a nosotros, parece que no vamos a reaccionar, pero en esas circunstancias puede ser tarde.

  Los santos de los últimos tiempos están llamados a ser los más grandes de la historia. Si no rezamos confiando en que “todo lo puedo en Aquel que me fortalece” no vamos a alcanzar la perseverancia final.

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