martes, 6 de enero de 2015

Preguntas, amargura, esperanza

¿Qué buscamos? ¿Pelear y discutir con quien está en la misma trinchera? ¿Cuál es el fin de nuestro combate? ¿Acaso matar al hermano en la fe? ¿Pretendemos asesinar a quien cree exactamente lo mismo que nosotros, al que rechaza los mismos errores que nosotros rechazamos? ¿Quién es el enemigo?

Yo pensaba que todos eramos conscientes de que el enemigo estaba del otro lado, aquellos que habían apostatado en la Iglesia Conciliar del Vaticano II. Pensaba que nuestro apostolado católico tenía como fin dar testimonio de la Verdad. Dar testimonio de la Verdad. Dar testimonio de Cristo, de Jesucristo, Verdadero Dios y Verdadero Hombre. Yo pensaba que todos los que hemos decidido tomar las armas que tenemos a mano luchábamos contra el Anticristo, contra aquel que quiere usurpar el lugar de Nuestro Señor. Pensaba que los enemigo eran todos aquellos que pisoteaban lo sagrado y que predicaban la Mentira, que desfiguraban la Verdad.

Poco a poco me fui dando cuenta que en este mundo que algunos insisten en llamar "tradicionalista", Cristo pasa al un segundo plano. No es primordial la Verdad, sino ganar fieles y partidarios. A pocos le importa defender la Fe Católica: lo primero es consolidar la posición y la parcela propia, aunque ello implique ganar la propia trinchera a costa de la sangre y el honor de nuestros camaradas de lucha.

Camaradas de lucha, compañeros de trinchera. ¿Hemos olvidado que nuestro enemigo es el Usurpador? ¿Olvidamos acaso que nuestros cañones, nuestras plumas (nuestros teclados) deben estar dirigidos contra el Modernismo? ¿Olvidamos que defendemos la Religión Católica contra la tormenta Conciliar?

Un día, alguien decidió que antes de luchar contra el Enemigo de Cristo, había que luchar contra los hermanos en Cristo. Y el Demonio ganó su lugar en el "tradicionalismo". Ganaron los "ismos", ganó el ánimo sectario, el espíritu de la capilla privada. Lo hizo por medio de la soberbia, de la altanería, de la codicia, del rencor y de la calumnia. Lo hizo como lo hizo siempre: de manera artera, subrepticia y cobarde. Los ismos los colocaron los enemigos de cualesquier otra posición que no fuera la propia.

Hubo católicos sinceros que sintieron un terrible ánimo de pertenencia, una profundísima duda en la identidad. Así que adoptaron el nombre que los apóstatas de la Iglesia Montiniana nos endilgan: "tradicionalistas". ¿Qué intención tienen con eso los modernistas? Señalarnos como no-católicos, enemigos del Espíritu Santo y del Papa. Paradójicamente, para muchos católicos, el nombre "católico" dejó de ser suficiente y adoptaron el de "tradicionalistas".

Hubo católicos que, ante la falta de una autoridad jerárquica pensaron que había que suplirla de cualesquier manera: surgieron así los tristes cónclaves que sólo abortaron antipapas y excomuniones, tan inválidas como ilícitamente habían sido firmadas. Surgieron tesis que intentaron explicar la situación que se vivía en la Iglesia Católica y algunos convirtieron hipótesis y tesis en dogmas de fe, castigando, persiguiendo y condenando a todo aquel que no doblara la rodilla, no ya ante Cristo, sino ante un theologos, un enunciado teológico, en la terminología de Nicolás de Cusa. Aparecieron amargos canonistas y teólogos auto-declarados que ahogaron en el estigia la Verdad Fundamental.

Algunos olvidaron que se lucha por la fe católica. Se dice que el objeto del combate es la Misa Tridentina. ¿Pero acaso no hacen eso también los anglicanos ritualistas? ¿Y no lo hacen los fariseos de la misa indultada como los apóstatas del Instituto Buen Pastor?

Algunos olvidaron que se lucha por la fe católica. Dicen que el objeto es elegir un Papa. ¿Y quién lo elegirá? ¿Quién convocará el cónclave? ¿Con qué autoridad? ¿A quién podrá obligar el electo de un concilio tan imperfecto como ilícito y vacuo de cualesquier autoridad canónica? Y acaso ¿No hubo ya cónclaves? ¿Por qué los mismos no fueron "válidos" según los conclavistas? Y acaso ¿No leemos novísimas tesis sobre las Misas una cum que parecen sacadas de una publicación post-moderna de lingüistica antes que un tratado de teología sacramental? ¿Y acaso no vemos como estas novísimas interpretaciones se oponen a la teología sacramental más básica?

Algunos olvidaron que se lucha por la fe católica. Luchan para ganarle fieles a la Congregación A, a la Sociedad B, a la Fraternidad C... no les importa que el padre D, el padre E o el obispo F estén haciendo un bello apostolado, que estén predicando la verdad y celebrando la Santa Misa, que expresa la Fe. No... quieren los fieles y el poder que ello implica. Para eso murmuran, mienten, calumnian, levantan falso testimonio y dan cátedra de maldad e ignorancia. Cuando en algún lugar se cansan de ellos corren de una punta a otra del globo con el consabido cuento de que son perseguidos. Tratan de asentarse en un lugar y luego de dos o tres años dejan nuevamente almas desbastadas, familias escandalizadas y un terrible dolor como fruto de su "apostolado".

¿Qué deja todo esto? Un terrible sentimiento de amargura.

Durante el último año Sursum Corda ha sido objeto de una gran cantidad de ataques por parte de algunos grupos y algunas personas que se dicen "tradicionalistas". Ellos han criticado y han atacado partiendo de que ni los colaboradores más o menos habituales ni yo mismo, somos tradicionalistas. No se equivocan. Yo soy católico.

Durante el último año me di cuenta que estas personas son incapaces de mantener un debate teológico o filosófico. No pueden y tampoco quieren. Cuando se les presenta la verdad, al quedarse sin argumentos recurren a las estrategias habituales en ellos: la calumnia y el insulto. Intentan desviar una discusión académica a otra personal. Vienen los insultos, los mensajes privados, las miserias, la bajeza... Lo importante es desviar el centro de atención. Lo importante es que ellos no queden expuestos en su maldad o en su ignorancia.

¿Que deja todo esto? Amargura. Sí. Amargura. Pero sé que estas actitudes de unos pocos no son las de la Iglesia Católica Apostólica y Romana. Sé que estas actitudes no podrán contra la Iglesia Católica y que la misma continuará aquí, esperando al Señor.

Venga a Nosotros tu Reino...

6 comentarios:

  1. Me podría indicar cual es el grupo que usted considera como mejor dentro del mundo tradicionalista

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    1. Del mundo tradicionalista no sé, yo no soy de ese grupo. Yo soy católico romano, no necesito buscarme una nueva identidad y sé muy bien quienes son católicos y quienes no. No confundo a la Iglesia Conciliar del Vaticano II, la Iglesia del Anticristo, con la Iglesia Católica fundada por Nuestro Señor Jesucristo.

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  2. Quousque tandem, georgius marius, abutere patientia Dei?

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  3. Por eso no hay que hacerse ilusiones de restauraciones. Opino que esto va a ir progresivamente a cada vez menos fieles y cada vez mas fragmentados. Esta no es una crisis como otras que hubo.

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  4. Lo felicito por su articulo, créame que es lo que muchos sentimos con la actual situación. Modestamente opino que debemos poner nuestra fe y oración en pedir la segunda venida de Nuestro Señor Jesucristo mas que en pelear entre quienes pretendemos conservar la fe catolica, lamentablemente muchos prefieren colgar el titulo de "hereje" a cualquiera que tenga un error o que no concuerde 100% con las OPINIONES... Siga con su blog, es un faro para todos nosotros en este tiempo de oscuridad.

    Un abrazo desde Santiago de Chile

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  5. En el Nuevo Testamento sólo una vez los Apóstoles se reunieron para una discusión teológica. Después estaban más ocupado en expandir la Buena Nueva.
    Deberíamos imitar a ese ejemplo.

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