lunes, 18 de mayo de 2015

El ícono de la ascensión

El ícono de la ascensión (Hch 1:1-12 y Lc 24:36-53)

Texto gentilmente enviado por un lector, para ser publicado en Sursum Corda

Introducción

La fiesta de la ascensión del Señor está estrechamente ligada con el Evangelio según san Lucas y con el Libro de Hechos que también fue escrito por san Lucas. Ambos libros conforman una sola obra que a menudo se la llama la díptica lucana. La celebración litúrgica sigue muy de cerca el texto bíblico en cuanto que sitúa la fiesta a cuarenta días de la resurrección y diez días antes de pentecostés.
La fiesta de la ascensión es una de las grandes fiestas del Señor de la Iglesia Ortodoxa, esas fiestas que tienen que ver con los actos salvíficos de nuestro Señor Jesucristo en la tierra y que nos dejan a nosotros un fuerte mensaje de fe y esperanza. El ícono que hemos escogido para esta interpretación es de la tradición rusa aunque tiene muchos elementos comunes con la iconografía griega.

La representación de Cristo

En la parte superior del ícono se encuentra Jesucristo resucitado y glorificado ascendiendo a los cielos. Su representación encabeza la mitad superior del ícono y expresa así su protagonismo. El círculo, símbolo de la perfección divina, representa esa apertura a los cielos y la presencia de la gloria de Dios. Alrededor de la misma se encuentran a cada lado tres ángeles que son los seres más cercanos a la presencia de Dios en su trono celestial (ver Is 6:2; Ap 5:11). Los dos ángeles inferiores le van portando en un movimiento de elevación hacia los cielos mientras los otros cuatro proclaman con sus trompetas esta ascensión hacia los cuatro puntos cardinales de la tierra. Los ángeles fueron los testigos del nacimiento del salvador (Lc 2:8-16) es decir del descenso de Cristo a la tierra  (la katábasis, en griego) y ahora son testigos de la ascensión de Cristo a los cielos después de haber cumplido su misión (laanálepsis, en griego).

La Virgen con ángeles
Cristo está sentado de una manera majestuosa, acentuándose así su divinidad. Con su mano derecha bendice a la Virgen, a los apóstoles y a todos los que contemplamos el ícono. Esta bendición destaca su función sacerdotal del Dios encarnado que vino para manifestar su benevolencia a toda la creación. Esta bendición es una afirmación de que la Promesa del Padre, la venida del Espíritu, es una realidad. En el libro de Hechos Jesús dice a sus discípulos: “ustedes recibirán una fuerza, cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes, y de este modo serán mis testigos en Jerusalén, en Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra” (Hch 1:8).

Es así que Cristo, en el momento de su ascensión envía a los apóstoles a predicar el Evangelio por el mundo entero; a predicar el misterio de salvación que les ha sido revelado y que, con la llegada del Espíritu Santo, se afianzará en sus corazones. 

En su mano izquierda lleva la Palabra escrita, la misma que proclamó a los apóstoles y que contiene los misterios de la historia. Esos misterios incomprensibles que sólo con la ayuda del Espíritu se pueden revelar. Es el mismo rollo de misterios que se encuentra en la descripción del trono del libro del Apocalipsis: “Vi también en la mano derecha del que está sentado en el trono un libro, escrito por el anverso y el reverso, sellado con siete sellos. Y vi a un ángel poderoso que proclamaba con fuerte voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y soltar sus sellos?” (5:1-2). Él mismo vendrá de los cielos para poner final a la historia y para consumar la obra de salvación.

Los apóstoles y la Virgen

Los apóstoles a la derecha
Siguiendo el texto de san Lucas, el iconógrafo representa la escena en la naturaleza abierta, cerca del Monte de los Olivos, según lo dice Hechos (1:12) y que explica la representación de los olivos en el fondo de la imagen. Una vez más es el campo, el desierto (en lenguaje bíblico), el lugar apropiado para la manifestación divina. Las ciudades sufren la corrupción del pecado y la concupiscencia y por ello Dios elije la naturaleza pura para su manifestación. Desde el Monte Sinaí con Moisés, pasando por el desierto de Judea con Juan Bautista, y la montaña del sermón con Cristo, ahora nos encontramos en los campos de Jerusalén, donde Jesús promete el pronto envío del Espíritu Santo.

La Virgen preside. Ella representa la iglesia. Es el modelo de la respuesta positiva al llamado de Dios. En su posición de orante eleva su intercesión a Cristo y refleja la acción de quienes contemplan este ícono en oración. Cristo y la Virgen forman la línea vertical de una cruz que se complementa con la línea horizontal que separa el cielo y la tierra. Es una cruz invisible pero que está ahí presente y que une a toda la creación con Dios y que tiene a Cristo manifestado en su gloria divina y a la Virgen María intercediendo por nosotros.

Los apóstoles a la izquierda
Los apóstoles aparecen en dos grupos simétricos de seis. Todos contemplan el cielo y ven a Cristo ascender a la vez que parecen esperar su pronta venida. El grupo de la derecha tiene una actitud dinámica con sus brazos elevados al cielo. Ellos representan la fuerza evangelizadora de la iglesia que señala al Cristo bendiciendo y proclama el libro de su misterio. El grupo de la derecha mantiene una actitud calma y de contemplación. Ellos representan la oración y la contemplación silenciosa. Ambos son la realidad de una misma iglesia que se encarna sobre todo en la Virgen. 

Los dos ángeles a cada costado de María encarnan lo relatado en Hechos: “Como ellos estuvieran mirando fijamente al cielo mientras él se iba, se les presentaron de pronto dos hombres vestidos de blanco que les dijeron: Galileos, ¿porqué permanecen mirando al cielo? Este es Jesús, que de entre ustedes ha sido llevado al cielo, volverá así tal como lo han visto marchar al cielo” (Hch 1:10-11). Los ángeles reafirman el envío de Jesús y desenlazan así el dinamismo propio del ser cristiano. Ser cristiano implica salir a caminar por la vida y dar testimonio de nuestra fe con palabra y obras.

Conclusiones

Para concluir esta breve presentación del ícono de la asunción les propongo un himno propio del servicio litúrgico de la fiesta que pone de manifiesto la importancia de la celebración:

 “Después de haber concluido toda la divina economía de nuestra salvación y habiendo unido ya las criaturas celestiales y terrenales, has subido al cielo, a la gloria, oh Cristo, Dios nuestro; pero no te has alejado de aquellos que te aman, ya que te has quedado para siempre con nosotros y nos dices: Yo estoy con vosotros; nadie estará contra vosotros”.

Bibliografía

Castellano Cervera, J. Oración ante los iconos: los misterios de Cristo en el año litúrgico.Centre de Pastoral Litúrgica: Barcelona, 1999
Baggley, John,             Festival icons for the Christian yearCrestwood, NY: St. Vladimir's Seminary Press, 2000.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Muchas gracias por dejar tu mensaje. Si el mismo contiene insultos o groserías, será eliminado.
Benedicamus Domino!