viernes, 3 de julio de 2015

La fe de los fariseos modernos

La fe de los fariseos modernos: 
reflexión en torno a la muerte del presbítero apóstata Denis Coiffet








El presbítero apóstata Denis Coiffet falleció esta mañana. ¿Quién este hombre que se puede apreciar en la foto saludando al Usurpador Joseph Ratzinger/Benedicto XVI? Fue uno de los fundadores de la Fraternidad Sacerdotal San Pedro, un grupo de modernistas que rompió con Monseñor Marcel Lefebvre y apostató en la Iglesia Conciliar a cambio de un "acuerdo práctico": ellos aceptarían el Concilio "a la luz de la tradición" y Roma les permitiría un rango limitado de acción, les toleraría la Misa Tridentina y formar a sus propios sacerdotes en un ambiente “tradicionalista”.

La Fraternidad Sacerdotal San Pedro no fue el primero, pero sí el más organizado de los grupos ritualistas emanados del lefebvrismo. La carta fundamental de esta Fraternidad fue el Motu Proprio de Wojtyla/Juan Pablo II Ecclesia Dei. En él, además de excomulgar de la Iglesia Conciliar del Vaticano II a Monseñor Lefebvre, Wojtyla anunciaba la creación de

“[…] una Comisión, con la tarea de colaborar con los obispos, con los dicasterios de la Curia Romana y con los ambientes interesados, para facilitar la plena comunión eclesial de los sacerdotes, seminaristas, comunidades, religiosos o religiosas, que hasta ahora estaban ligados de distintas formas a la Fraternidad fundada por el arzobispo Lefebvre y que deseen permanecer unidos al Sucesor de Pedro en la Iglesia católica, conservando sus tradiciones espirituales y litúrgicas, según el protocolo firmado el pasado 5 de mayo por el cardenal Ratzinger y por el arzobispo Lefebvre[1].

Unas líneas después, Wojtyla/JP2 explicitaba la noción modernista de “tradición” como una “sensibilidad”, un gusto, un apego, un sentimiento de unión con una particular “tradición litúrgica latina[2].


Si la liturgia es la expresión de la fe, considerar que la misma no es sino el producto de un sentimiento, es considerar a la fe como algo subjetivo, lo cual fue condenado por San Pío X como herejía modernista:


Responden los modernistas: la ciencia y la historia están encerradas entre dos límites: uno exterior, el mundo visible; otro interior, la conciencia. Llegadas a uno de éstos, imposible es que pasen adelante la ciencia y la historia; más allá está lo incognoscible. Frente ya a este incognoscible, tanto al que está fuera del hombre, más allá de la naturaleza visible, como al que está en el hombre mismo, en las profundidades de la subconsciencia, la indigencia de lo divino, sin juicio alguno previo (lo cual es puro fideísmo) suscita en el alma, naturalmente inclinada a la religión, cierto sentimiento especial, que tiene por distintivo el envolver en sí mismo la propia realidad de Dios, bajo el doble concepto de objeto y de causa íntima del sentimiento, y el unir en cierta manera al hombre con Dios. A este sentimiento llaman fe los modernistas: tal es para ellos el principio de la religión.[3]

Por lo tanto, como Católicos, no sólo debemos asentir con San Pío X y rechazar esta fe modernista que tan abiertamente expresaron Montini, Luciani, Ratzinger y actualmente Bergoglio, sino también expresar nuestro rechazo a quienes apoyan esta concepción errónea de fe y de principio de religión. Y más peligroso es ese falso principio cuanto más se disfraza con el ropaje católico, cuanto más invoca al pasado, cuanto más ritualista es. El ritualista no es católico, es simplemente un modernista conservador que sólo desea tener su Misa Tridentina y con ello satisfacer sus sentimientos y deseos. Su fe nace en sus pre-conceptos, se reviste de puntillas, huele a incienso, pero es una fe falsa e hipócrita, es una fe farisíaca.

La muerte de este modernista apóstata nos trae, nuevamente a la memoria el sermón de Nuestro Señor Jesucristo sobre los fariseos, plasmado en el Capítulo XXIII del Evangelio Según San Mateo, algunos de cuyos fragmentos transcribimos:

¡ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres, que ni vosotros entráis ni a los que entran, dejáis entrar! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque devoráis las casas de las viudas, orando con aparato, largamente por esto llevaréis más abundante juicio! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque atravesáis la mar y la árida por hacer un prosélito y cuando sucede, hacéisle hijo de la gehenna duplo que vosotros! […] ¡Ductores ciegos, los que coláis el mosquito, y el camello tragáis !¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas porque limpiáis lo de fuera del cáliz y de la escudilla, y por dentro rebosan de rapiña e intemperancia! Fariseo ciego, limpia primero lo de dentro del cáliz y de la escudilla, para que quede también lo de fuera de él limpio. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque semejáis tumbas recién blanqueadas; las que por fuera parecen hermosas, pero por dentro rebosan de huesos de muertos y de toda impureza! Así también vosotros, por fuera ciertamente parecéis a los hombres, justos, pero por dentro estáis henchidos de hipocresía e injusticia. […] Y vosotros llenasteis la medida de vuestros padres, serpientes, engendros de víboras ¿cómo huiréis del juicio de la gehenna?



[1] Juan Pablo II, Ecclesia Dei, Roma, 2 de julio de 1988. §6 A.
[2] Ibid, §6 C.
[3] San Pío X, Pascendi Dominici Gregis, 8 de septiembre de 1907. §5.

2 comentarios:

  1. Con salvedades, bien apuntado.

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  2. Raul, buen analisis como de costumbre. Pero ¿Me parece o estas apuntando a la Fraternidad con esto?

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