lunes, 6 de julio de 2015

La terapia de los dos endemoniados

Texto gentilmente remitido por un sacerdote de rito oriental.



En aquel tiempo: El Señor llegó a la otra orilla; a la tierra de los gadarenos, y vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, feroces en gran manera, tanto que nadie podía pasar por aquel camino. Y clamando le decían: ¿Qué tienes con nosotros, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has venido hasta aquí para atormentarnos antes de tiempo? Estaba comiendo lejos de ellos una piara de cerdos. Y los demonios le rogaron diciendo: si nos hechas fuera, permítenos ir a aquella piara de cerdos. Él les dijo: Vayan. Y ellos salieron, y se fueron directo a la piara de cerdos; y he aquí, todos los cerdos se precipitaron en el mar por un despeñadero, y perecieron en las aguas. Y los que los apacentaban huyeron, y yendo a la ciudad ellos, contaron todas esas cosas, y lo que había pasado con los endemoniados. Y toda la ciudad salió al encuentro de Jesús; y cuando lo vieron, le rogaron que se fuera de ese lugar. Entonces, subiendo Jesús en la barca, pasó al otro lado y fue a su ciudad. (Mateo 8: 28 – 9: 1)


La fuerza limitada del diablo
Es realmente impresionante lo que describe hoy la lectura evangélica y sucedió apenas el Señor Jesús se encontró con los dos endemoniados. Ellos empezaron a templar y fundirse de pánico únicamente por la presencia de Cristo. Sin que Aquel haber dicho algo o realizar alguna acción, se revolucionaron y empezaron a gritar desesperadamente. Reconocieron a Jesús como Hijo de Dios y se sometieron a Su dominio hegemónico. De hecho rogaban al Señor que no les expulsara totalmente, sino que les permitiese meterse en los cerdos de la piara.

Es obvio que el diablo tiene su fuerza limitada. No puede hacer nada, si no se lo permite el Dios. ¡Por eso también pide Su permiso!

No dejemos, pues, que nos domine el miedo y el pánico cuando vemos que el mal domina o cuando oímos sobre hechizos, magias y efectos demoníacos de los malos espíritus.

Incluso si alguien quisiera afectarnos con cosas demoníacas, no conseguirá nada. Porque el fiel que ora e invoca con fe el nombre del Señor Jesús Cristo y hace con devoción la señal de la Cruz, el fiel que va a la Iglesia regularmente, se confiesa y comulga los Inmaculados Misterios, no peligra de los trucos del diablo. Los vence, porque tiene consigo la fuerza invencible del Señor Jesús Cristo.

El pecado conduce a la perdición
Finalmente el Señor permitió a los demonios meterse en los cerdos de una piara que estaba pastando allí cerca. Así los malignos espíritus salieron de los hombres que los estaban atormentando tanto tiempo y se fueron en los cerdos. Entonces, frente a los ojos atónitos de todos, la piara que corrió con furia se cayó desde el acantilado hasta el lago. ¡Terrible desastre! Y esto lo permitió el Señor para dar una lección fuerte a los gadarenos, quienes cuidaban piaras de cerdos, lo cual estaba prohibido para los Judíos por la Ley Mosáica.

Esto es el resultado del pecado: ¡el desastre! El pecado y cualquier tipo de ilegalidad al principio parecen atractivos y rentables. Pero finalmente conduce al hombre al trágico callejón sin salida.

Cuántos crímenes o suicidios son provocados por los juegos del azar, el hábito de las drogas y el alcohol, relaciones efímeras y transacciones ilegales… Y se certifica el logos divino del apóstol Pablo: “la recompensa del pecado es la muerte” (Rom 6,23). Es decir, ¡el salario que paga el pecado a sus esclavos es la muerte física y espiritual!

Que no expulsemos a Cristo
Cuando los gadarenos fueron informados sobre los terribles acontecimientos, se revolucionaron y salieron al encuentro de Jesús. Querían encontrarle, no para reverenciarle ni para agradecerle por la terapia de los dos compatriotas y la liberación de la ciudad de esta terrible calamidad. ¡Le buscaron para pedirle que se vaya fuera de las fronteras de la región!.

¡Qué trágico de verdad expulsar a Dios de cerca suyos! Aunque los mismos eran los causantes y responsables reales de la catástrofe, se dirigieron contra al Θεάνθρωπος  (zeánzropos Dios y hombre) y le alejaron para poder así seguir sin molestias el trabajo ilegal y de especulación. Desgraciadamente sus corazones duros y el interés material no los dejaron en volverse en sí, arrepentirse y corregirse.

Quizás sean así también los contemporáneos helenos (e hispanos) ¿nos parecemos a los gadarenos? ¿Quizás expulsamos a Cristo? Cuando muchos prefieren el matrimonio civil y no el bendito Misterio de nuestra Iglesia… cuando otros intentan quitar la fiesta del Domingo… o cuando otros intentan alterar la asignatura religiosa Ortodoxa… cuando otros intentan quitar los símbolos cristianos de los colegios… esencialmente expulsamos a Cristo de las casas, los colegios y de nuestra sociedad. ¡Qué miseria trágica! No existe mayor desgracia que expulsar a Dios de nosotros.
 
Como también no existe mayor riqueza que confiarnos a las manos del omnipotente Dios y dejar que Aquel gobierne nuestras vidas. ¡Ojalá que todos saboreemos esta felicidad!

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Muchas gracias por dejar tu mensaje. Si el mismo contiene insultos o groserías, será eliminado.
Benedicamus Domino!