jueves, 22 de octubre de 2015

El "Papa Dubius"

Uno de nuestros colaboradores nos envió hace un tiempo este interesante artículo. Dado el estado en que vemos naufragar a la resistencia católica contra la Iglesia Conciliar del Vaticano II, el mismo se hace mucho más necesario.



Papa dubius: pro Papa nullo an pro certo habetur?[1]


¿Qué se debe pensar del famoso axioma “Papa dubius Papa nullus”? ¿Cómo se debe entender y aplicar? Antes que nada para poder responder a estas preguntas es preciso tener en cuenta las siguientes nociones y distinciones:

I. Ley: es definida por Santo Tomás como una “ordenación de la razón para el bien común promulgada por aquel que tiene el cuidado de la comunidad”[2].

II. Conciencia: Juicio del entendimiento práctico acerca de la moralidad del acto que vamos a realizar o hemos realizado ya, según los principios morales. Es la norma próxima para actuar así como la ley es la regla remota.

La conciencia puede ser:

a)      Cierta: es aquella por la cual la mente juzga firmemente sin temor a equivocarse que la acción es buena y lícita o mala e ilícita.

b)     Dudosa: estrictamente es aquella en la que la mente suspende el juicio, y en sentido lato, es la que afirma pero con temor a equivocarse (equiparable a la opinión).

Se divide en:

1)     Positiva y Negativa. Es positiva cuando hay una razón grave para asentir dejando, sin embargo, la posibilidad de error; mientras que es negativa cuando no hay razón para dudar o es muy leve. La duda positiva se refiere mas bien a la opinión que a la duda estrictamente tal.

2)     Especulativa y Práctica: La primera versa sobre la doctrina en sí misma o sobre la acción práctica, siempre y cuando no se trate de la acción que debo realizar aquí y ahora, por ejemplo si pregunto si es lícito pintar o cazar el domingo. La duda práctica se da cuando aquel que está por realizar una acción duda de su honestidad, por ejemplo si se pregunta a sí mismo en día domingo si puede cazar ese día.

3)     De Derecho y de Hecho: La primera es aquella que versa inmediatamente sobre la existencia de la ley o sobre su extensión a un caso determinado, por ejemplo si se duda si hay que ayunar todos los viernes. La segunda versa sobre hechos particulares de los que depende la aplicación de la ley, por ejemplo si se duda si es día jueves o viernes.[3]
III. Certeza.

Los teólogos nos dicen que si uno tiene una duda práctica con respecto a la moralidad del acto que va a realizar entonces debe resolverla antes de obrar; debe tenerse, por lo menos, una certeza práctica (es decir una certeza que excluya toda duda razonable y prudente) de la moralidad del acto, pues en caso contrario pecaría ya que “consentiría hipotéticamente en la violación de la ley” (Vermeersch) o, en otras palabras, admitiría la posibilidad de pecar al realizar esa acción y sin embargo la realizaría igual.
Los teólogos nos dicen, además, que la duda práctica puede ser resuelta de dos maneras: directa o indirectamente. La primera se da cuando se investigan las razones internas de la duda y se consultan libros o a los peritos en la materia resolviendo así la duda especulativa que supone toda duda práctica; mientras que la indirecta es aquella que sin resolver la duda especulativa, aplica algunos principios reflejos.

Ante una duda práctica los teólogos han ideado distintos sistemas que explican cómo se debe obrar en el caso concreto: si debe estarse a favor de la libertad, es decir a favor de la no obligatoriedad del acto, o a favor de la ley, es decir si hay que hacer lo que manda la ley:

a)      Tuciorismo[4] Absoluto: Es obligatorio seguir siempre la sentencia más segura, que es la que favorece la ley, a no ser que la sentencia favorable a la libertad sea completamente cierta.

b)     Tuciorismo mitigado: Hay que seguir siempre la sentencia favorable a la ley, a no ser que la que favorece a la libertad sea probabilísima.

c)      Probabiliorismo: Hay que seguir siempre la sentencia favorable a la ley, a no ser que la que favorece a la libertad sea más probable[5] que la otra. 

d)      Equiprobabilismo: Para seguir la opinión favorable a la libertad es preciso, al menos, que sea igualmente probable que la que favorece a la ley.

e)      Compensacionismo: Es lícito seguir la opinión menos probable (con tal que sea verdaderamente probable) si hay causa suficientemente proporcionada para exponerse al peligro de quebrantar la ley según las reglas del voluntario indirecto. De lo contrario es obligatorio seguir la opinión más probable.

f)       Probabilismo: Puede seguirse la opinión menos probable, con tal que sea verdaderamente probable.

g)      Laxismo: Puede seguirse cualquier opinión probable, aunque sea tenuemente probable.[6]

De estos sistemas la Iglesia condenó el tuciorismo absoluto (a) y el laxismo (g); en cuanto al tuciorismo mitigado (b) conduce lógicamente al tuciorismo absoluto (a); el probabiliorismo (c), antiguamente defendido por los Dominicos, sin embargo fue casi completamente abandonado luego de la aprobación por parte de la Iglesia de las obras y doctrina de San Alfonso. Las demás difieren, en la práctica, muy poco y la mayoría de los moralistas se inclinó por el probabilismo (f).


IV. Probabilismo.[7]

Es el sistema moral según el cual siempre que se trate de una ley pura o principalmente preceptiva y por lo tanto de la mera licitud de algún acto, es lícito seguir la opinión menos probable favoreciente la libertad, con tal que sea real y sólidamente probable, aunque la contraria sea igual o incluso más probable, favoreciente la ley humana o divina.

Extensión: Es completamente universal. Vale tanto para la ley natural como con la positiva, sea divina o humana; en duda tanto sobre la existencia como sobre su cesación o aplicación al caso concreto cuando se trata de la licitud o ilicitud de la acción.

Principio General: En las leyes moralmente preceptivas, sean divinas o humanas, cuando se trate de la licitud o ilicitud de una conducta y siempre que haya una duda invencible de hecho o de derecho, es lícito seguir la opinión vera y sólidamente probable[8] favoreciente la libertad, en lugar de otras que sean igual o más probable y que favorecen la ley.

Prueba:

Según el conocido adagio y principio universal reflejo “la ley dudosa no obliga”, o dicho más exactamente “la obligación objetivamente dudosa es una obligación subjetivamente nula”. Este principio debería ser aceptado por todos a fin de no caer en el tuciorismo. La razón es la siguiente: la ley contra cuya existencia milita una probabilidad vera y sólida, es objetivamente incierta. Pero la ley objetivamente incierta no obliga subjetivamente. Ergo la ley contra la cual milita una probabilidad vera y sólida no obliga subjetivamente.

Prueba de la Mayor: La probabilidad vera y sólida contra la existencia de la ley genera una duda prudente y vuelve a la ley incierta y por lo tanto no es apta para exigir la adhesión firme de la voluntad.
Prueba de la Menor: Para que una ley existente objetivamente y que obligue subjetivamente debe ser impuesta indeclinablemente; no inmediatamente y por sí misma sino que debe ser conocida por el intelecto y de esta forma obligar a la voluntad, lo cual enseña Santo Tomás: “nadie puede ser obligado por medio de un precepto a menos que sea conocido” y en otra parte “aquello que hace obligatorio el precepto es lo mismo que obliga a la conciencia. Pero la promulgación misma es necesaria para que la ley obligue”. (De Veritate q. 17 a. 3; Summa 1-2 q. 90 a. 4) Ergo.
En efecto, se dice que el hombre es moralmente libre mientras no se demuestre positivamente la limitación de la voluntad. La libertad es anterior a la obligación, ya que esta no es sino su restricción positiva.[9]
Así pues, el conocimiento incierto de una obligación moral, sea que la incertidumbre proceda de la ignorancia o de la duda, no obliga a algo determinado, proponiendo indeclinablemente una obligación moral, sino que, por el contrario, muestra al mismo tiempo la posibilidad de elegir lo opuesto como veramente probable al aparecer la ley como incierta, insuficientemente promulgada, ignorada invenciblemente y por lo tanto insuficientemente aplicada y manifestada.

Merkelbach:

92. Tesis III. En la duda especulativo-práctica, que no verse sobre la validez del acto o sobre una necesidad de medio sino sólo sobre la licitud objetiva de la acción y sobre una necesidad de precepto, puede adquirirse una consciencia indirectamente cierta sobre la licitud de la acción, cuando se trate de una duda positiva permaneciente después de diligente examen, en razón del principio reflejo: Ley incierta no puede imponer obligación.

Así lo enseñan comúnmente los teólogos después de San Alfonso cuya doctrina fue declarada segura por la Iglesia, en contra de los Tucioristas y de los Probabilioristas.

Prueba del primer principio: Ley dudosa o incierta no obliga. La ley es una regla y un vínculo que se impone a la voluntad. Pero la regla no puede dirigir de hecho ni el vínculo constreñir a la voluntad a menos que se aplique y se imponga. Pero se aplica e impone por medio de la razón ya que es una ordenación de razón y se aplica por el conocimiento cierto de la ley. Ergo, para que la ley obligue de hecho debe constar con certeza.

Prueba de la segunda menor (Pero se aplica e impone por medio de la razón ya que es una ordenación de razón y se aplica por el conocimiento cierto de la ley): La duda y la mera opinión no obliga al intelecto a algo determinado como así tampoco a la voluntad; esto sólo se logra por medio del conocimiento cierto. Cfr S. Tomás De Veritate 17, a 3.
En otras palabras: La ley incierta no puede, por su propia virtud, imponer directamente una obligación cierta: la obligación es el efecto de la ley y el efecto no puede ser mayor que la causa. Pero la obligación objetiva y especulativamente incierta es subjetiva y prácticamente nula, pues:

a)      La obligación es un vínculo moral por el cual se nos obliga absolutamente a hacer algo relacionado con nuestro último fin; pero un vínculo incierto no nos obliga ya que no nos obliga absolutamente a hacer algo.

b)     En esta situación el estado psicológico del dubitante es igual que si la ley no existiera ya que el hombre, en caso de duda, no se siente obligado, no tiene conciencia de algún ligamen u obligación.

c)      La condición para que la ley obligue subjetivamente es que se nos intime y nos sea conocida por medio de la promulgación, pero cuando la ley es incierta no nos es conocida sino que sólo conocemos su dudosa existencia. Cfr. I-II, q. 90, a. 4.[10]

93. Tesis IV: También puede adquirirse la conciencia cierta de la licitud de una acción cuando se trata de la cesación o cumplimiento de la ley, cuando persiste la duda después de un examen diligente, por medio del principio: La ley dudosa no obliga[11].

Prueba: A diferencia de la duda negativa, la duda positiva es seria y por lo tanto, si hay razones graves para creer que la ley ya no existe o que ya fue cumplida, entonces de hecho es incierta y dudosa en la práctica por lo menos con respecto al caso particular y por lo tanto, es cierto que ya no estoy obligado en el presente caso. Por lo cual se puede formar la conciencia cierta del mismo modo que en la tesis anterior.

Artículo I.[12]

La Conciencia con duda negativa.

84. Tesis: La duda negativa en cuanto es vana y está basada tan solo en un fundamento leve o en ninguno, no impide la certeza prudencial, sino que es ineficaz para producir una nueva obligación o para extinguirla, y por lo tanto no debe prestársele atención y debe ser tenida por nada y desechada. Lo cual se resume en el siguiente axioma: Melior est conditio possidentis. (Es mejor la condición del que posee).

 Prueba: Obraría imprudentemente aquel que por razones leves o nulas creyera estar obligado a realizar u omitir un acto. Por lo tanto hay que obrar como si la duda no hubiera surgido, lo cual puede expresarse en el axioma: “in dubio melior est conditio possidentis”, sea la ley o la libertad; es decir que debe estarse por aquella parte que antes de la duda (negativa) tenía la certeza práctica.
La ley y la libertad pueden considerarse como dos posesores del derecho: la ley posee la fuerza de obligar y la libertad la facultad de obrar a su gusto y de disponer de sí y de sus actos, lo cual implica un vero dominio. Posee en efecto lo que es primero. Por lo tanto cuando la ley o la obligación es (negativamente) dudosa entonces permanece la misma libertad que tenía el hombre anteriormente y por el contrario, si la ley o la obligación es cierta va a permanecer mientras la liberación desta ley u obligación sea completamente dudosa.[13]

85. Formación de la conciencia cierta en caso de duda negativa. La conciencia negativamente dudosa puede deponerse en razón del principio reflejo por el cual se forma  la conciencia indirectamente cierta, por ejemplo desta manera:
“Debe hacerse aquello que, una vez consideradas todas las cosas, aparezca ciertamente preceptuado. Aquello que de ninguna manera aparezca preceptuado, ciertamente no es necesario hacerlo.
Pero, esta acción de ninguna manera aparece como obligatoria, puesto que ninguna razón seria indica que debe hacerse; y por el contrario es obligatoria aquella que ninguna razón seria indica que la ley fue removida.
Ergo: puedo omitir esta acción aquí y ahora y aquella ciertamente debo realizarla.”

86. El axioma “melior est conditio possidentis” es el principio general, de forma tal que vale para resolver toda duda negativa, y por lo tanto a medida que se aplican las dudas de hecho o de derecho más se determina y se expresa en fórmulas cada vez más particulares. Estos son los principios subsidiarios por los cuales se discierne en mayor medida la posesión.

Son:

1) En duda negativa de derecho:

a)      Si una razón leve o nula afirma ora que la ley fue hecha por una autoridad legítima, ora que fue publicada o promulgada, entonces permanece la libertad.

b)     Lo mismo debe decirse si una razón leve o nula afirma que la ley se extiende a este caso o a estos súbditos, que obliga bajo pena de pecado mortal o que es estrictamente preceptiva más bien que penal. Lo cual se enuncia con la fórmula más particular: In dubio favores sunt ampliandi et odiosa restringenda (en caso de duda lo odioso hay que restringirlo y lo favorable ampliarlo).

c)      Por el contrario si una razón leve o nula afirma que la ley fue revocada o abrogada o cesó, o que hubo dispensa délla o que alguno está excusado de observarla, entonces permanece la ley.[14]

2) En duda negativa de hecho al ser a menudo difícil el saber quién posee, el principio in dubio melior est conditio possidentis, se enuncia en forma más determinada:

a)      En Modo General: In dubio standum est pro eo pro quo stat praesumptio[15], la presunción está de parte de aquel que no tiene que probar el hecho[16], o dicho en otras palabras: In dubio iudicandum est ex ordinario contingentibus[17], debiéndose probar la excepción. Por ejemplo se supone que el chico de siete años tiene uso de razón, que el superior no ordena algo ilícito, que no excede su poder, etc.

b)     En forma más particular se enuncia el mismo principio a favor de la existencia del acto o hecho: Factum non praesumitur sed probari debet[18]. De aquí que permanece la libertad de actuar cuando se trata de una duda de hecho en la que se funda una obligación, por ejemplo si una razón leve o nula prueba que emití un voto o un juramento, o que cometí pecado mortal, o que se ha injuriado, etc. Por el contrario en la duda de hecho sobre una ley que existe y de la que se busca eximir, la ley permanece, como por ejemplo si una razón leve o nula prueba que recité el breviario, que satisfice el voto o juramento, que pagué la deuda, etc.

c)      Lo mismo a favor de la condición o valor del acto o hecho: In dubio standum est pro valore actus, o Quod factum est censetur recte factum[19], por ejemplo si una razón leve o nula prueba que no tuve la intención y atención requerida in Misa o que poseo injustamente una cosa, que el Bautismo conferido es inválido, etc.[20]        

Wernz-Vidal: “…pues la jurisdicción es esencialmente una relación entre el Superior, que tiene el derecho a ser obedecido, y el Súbdito, que tiene el deber de obedecer; al cesar, pues, uno de los términos necesariamente cesa el otro, como consta por la natura de la relación. Si el Papa es real y permanentemente dudoso, entonces no existe obligación de obedecerlo en ningún súbdito, pues la ley: debe obedecerse al sucesor legítimo de San Pedro, no obliga si es dudosa; la ley es dudosa si su promulgación es dudosa. Las leyes se instituyen cuando se promulgan y sin una suficiente promulgación las leyes carecen una parte constitutiva o una condición esencial. Pero si el hecho de la legítima elección del sucesor de San Pedro es dudoso, entonces la promulgación es dudosa; ergo esa ley objetivamente no ha sido bien hecha y existe como dudosa y no impone obligación alguna. Antes bien sería temerario obedecer a la persona que no ha probado el título de su derecho…[21]

Capello I. 309: “El axioma Papa dubius, papa nullus” expresa una sana doctrina teológico-canónica si la duda positiva e insoluble versa sobre la legitimidad de la elección. Pues este nunca adquirió la potestad, ya que la jurisdicción, por su propia natura, requiere súbditos que deben obedecer; nadie está obligado a someterse a un superior incierto”.[22]

Willmers n. 148: “…no puede exigirse obediencia de aquel cuya autoridad no consta, al igual que con respecto a la ley, que si no fue promulgada no obliga a los hombres…”.


Con lo dicho anteriormente es fácil responder a la siguiente afirmación:[23]

“IV. Objeción: ¿qué se debe hacer si uno duda acerca del papado de Ratzinger?

En primer lugar, respondo diciendo que la duda existe sólo en la mente y nunca en el mundo real. En la realidad Ratzinger es o no es papa.

¿Podemos permanecer moralmente en la duda?

No. Como he explicado antes la identidad del romano Pontífice constituye esencialmente la identidad de la Iglesia Católica Romana y es el fundamento de su unidad. Estando obligados a profesar la vera Fe y a pertenecer a la vera Iglesia, y no ser indiferentes, así pues estamos también obligados a resolver nuestra duda con respecto a la identidad del romano Pontífice. Permanecer en la duda acerca de él es permanecer en la duda acerca de la identidad misma de la Iglesia. Además estamos obligados a obedecerle bajo pena de pecado. No podemos quedarnos satisfechos en la duda acerca de su identidad.

La teología moral nos exige que resolvamos la duda por medio de una diligente indagación. En la mayoría de los casos la indagación va a resolver la duda a favor del sedevacantismo. Pues si uno duda acerca de él es porque ya ha sido movido por los horrores del Vaticano II a cuestionarse la ortodoxia de quienes lo promovieron. Una investigación exhaustiva revelará que nuestras sospechas están más que confirmadas y la duda claudicará rápidamente ante la certeza.
 Si, por alguna razón legítima, la indagación no nos conduce a la evidencia en contra de Ratzinger, entonces debemos resolver la duda a través de los principios reflejos,  es decir, por medio de ciertos principios generales de moralidad y de ley que nos dan la certeza cuando no podemos resolver la duda por nuestra cuenta. La teología moral haría que la duda se vuelva en favor del papado de Ratzinger por el hecho de gozar, al menos aparentemente, de una elección válida y de la aceptación general de lo que comúnmente es conocido como la Iglesia Católica.

Así, pues, el sedevacantista puede serlo sólo si está seguro del no-papado de Ratzinger, ya que una duda irresoluble lo pondría inevitablemente en el campo del sedeplenismo.
De aquí que el sedevacantista no puede considerar la posición del sedeplenista como una opinión teológicamente sostenible, como si se tratara de una cuestión dudosa”.


Hasta aquí el texto. Ahora pasemos a responder parte por parte:

“¿Podemos permanecer moralmente en la duda? No.”

Resp: Distingo. No podemos permanecer moralmente en la duda práctica, concedo; especulativa, niego.

“Permanecer en la duda acerca de él (el Papa) es permanecer en la duda acerca de la identidad misma de la Iglesia”.

Resp: Niego la (totalmente gratuita) conclusión. Es perfectamente posible dudar si tal persona es o no es Papa (cuestión de hecho) y tener certeza que la Iglesia Católica es la única religión verdadera fundada por Dios (cuestión de derecho).

“Además estamos obligados a obedecerle bajo pena de pecado. No podemos quedarnos satisfechos en la duda acerca de su identidad.”

Resp: Distingo, duda práctica, concedo; duda especulativa, niego.

“Si, por alguna razón legítima, la indagación no nos conduce a la prueba en contra de Ratzinger, entonces debemos resolver la duda a través de los principios reflejos,  es decir, por medio de ciertos principios generales de moralidad y de ley que nos dan la certeza cuando no podemos resolver la duda por nuestra cuenta.

 La teología moral haría que la duda se vuelva en favor del papado de Ratzinger por  el hecho de gozar, al menos aparentemente, de una elección válida y de la aceptación general de lo que comúnmente es conocido como la Iglesia Católica” .

Y en otro trabajo explicita aún más su pensamiento al afirmar:

“17. ¿Pero qué pasa si no estamos seguros si el Vaticano II es erróneo y si Benedicto XVI es o no un vero papa?

En tal duda uno está obligado a darle al superior el beneficio de la duda y habría que adherir a todas las enseñanzas del Vaticano II, la nueva liturgia y disciplinas. Se estaría también obligado a reconocer a Benedicto como vero papa.”[24]

Resp: En primer lugar es cierto que cuando se tiene una duda especulativa y no se puede resolver directamente deben aplicarse los llamados principios reflejos. Entre estos unos son universales y otros particulares.
El principio reflejo universal se enuncia: “La ley dudosa no obliga” siempre y cuando se trata de una duda positiva, prudente.
Entre los principios reflejos particulares se encuentra el que dice “en caso de duda debe estarse por aquel que tiene la presunción” pero debe advertirse que este principio se aplica para los casos de duda de hecho y negativa[25]. Es decir que se trate sobre hechos particulares y que la duda no esté basada en motivos serios. Ahora bien, si uno duda sobre si Benedicto XVI es Papa o no, se está en última instancia ante una duda de derecho (puesto que al ser dudoso el legislador toda ley emanada de él se torna dudosa) y si además tiene motivos serios y razonables para dudar (¡vaya si sobran!) entonces la duda es positiva, con lo cual el principio de la presunción no se aplica al caso y la conclusión se impone: Si se duda positivamente si Benedicto XVI es Papa, no se lo pude aceptar como tal y esto basado en el principio reflejo universal: “Ley dudosa no obliga”.[26]

En conclusión: por lo dicho hasta aquí creo que se puede concluir legítimamente que hasta que Benedicto XVI no pruebe su (supuesto) Papado no se lo puede aceptar.


Bibliografía.

Merkelbach B. Summa Theologiae Moralis, 3° ed. 1938, vol. 2, n. 46-111 y Excursus, pág. 987-992.

Noldin H. Summa Theologiae Moralis, 33° ed. 1960, vol. 1, n. 208-256.

Zalba M. Theologiae Moralis Compendium, 1958, vol. 1, n. 640-703.

Vermeersch A. Theologiae Moralis Principia-Responsa-Consilia, 4° ed. 1947, vol. 1, n. 313-355.

Piscetta A- Gennaro A. Elementa Theologiae Moralis, 1922, vol. 1, n. 107-196.

Genicot E- Salsmans I. Institutiones Theologiae Moralis, 14° ed. 1939, vol. 1, n. 45-81.

Royo Marín A. Teología Moral para Seglares, 4° ed. 1973, vol. 1, n. 150-189. (Probabiliorista).

Willmers G. De Christi Ecclesia, 1897, n. 148.

Cappello F. Summa Iuris Canonici, 4° ed. 1945, vol. 1, n. 309.

Bender L. Potestas Ordinaria et Delegata, commentarius in canones 196-209; 1957, n. 166-183. Excelente canonista.

Wernz F. - Vidal P. Ius Canonicum, 2° ed. 1928, vol. 2, n. 454.

Cabreros de Anta C.M.F. Comentarios al Código de Derecho Canónico (BAC), Vol. III, n. 623.




[1] Papa dudoso ¿Papa nulo o cierto?

[2]Definitio legis nihil est aliud quam quaedam rationis ordinatio ad bonum commune, ab eo qui curam communitatis habet, promulgata (I. II. q. 90 art. 4 in corp.).
El énfasis agregado pone de relieve dos aspectos que hacen a este estudio.

[3] Cfr. Genicot S.I.-Salsman S.I., I n. 52, Noldin, I n. 223.
“La nota característica de la duda de derecho es que cualquier canonista puede opinar sobre ella (si la duda está fundada, etc.); para lo cual basta poseer la ciencia del derecho. En cambio nadie puede juzgar sobre la duda de hecho poseyendo solamente la ciencia del derecho sino que requiere el conocimiento del hecho concreto. Ludovicus BenderPotestas Ordinaria et Delegata” n. 168.

[4] Se dice que la sentencia que favorece a la ley es más segura ya que al seguirla se elimina la posibilidad de pecar, incluso materialmente.

[5] Se dice que una sentencia es probable cuando hay motivos graves que son aptos para obtener el asentimiento de un hombre prudente, aún admitiendo la posibilidad de estar equivocado.

[6] Royo Marín OP, Teología Moral para Seglares, Tomo 1, núm. 180. Cuarta Edición 1973.

[7] Tomado principalmente de Zalba n. 679-694.

[8] De aquí que se excluya la opinión a) solo levemente probable (D 1153) b) no basada en un motivo veramente grave c) probable con probabilidad meramente negativa, no fundada en motivo alguno o apenas leve, sin que sea suficiente para determinar a una persona prudente a obrar. (Zalba).

[9] S. Tomás enseña: “se llama lícito aquello que no está prohibido por ley alguna” (in 4. dist. 15. q. 2 a. 4 ad 2). La obligación, pues, ciertamente debe probarse y por el contrario, la libertad en el caso concreto no necesita probarse…” (Noldin I 239).

[10] “Afirmamos que nadie está obligado a observar una ley a menos que sea conocida con certeza… si se pregunta por qué la ley dudosa no obliga respondemos con este breve argumento: La ley que no es suficientemente promulgada no obliga; la ley dudosa no es suficientemente promulgada, ergo.
Quien quiera rebatir este argumento deberá probar o que la ley no promulgada también obliga o que la ley dudosa está realmente promulgada… cosa que jamás podrá probarse.” (S. Alfonso, Th. M. L. I n 63-66).

[11] Nota mía: Esto se aplica al caso del Papa hereje.

[12] Cfr. Merkelbach II 84-87.
“La duda negativa en cuanto no está fundada en razón alguna sino que tiene en cuenta la mera posibilidad, no debe ser tenida en cuenta. No fundamenta una afirmación probable”. (Zalba I. 665).
“La duda negativa no impide la certeza de la conciencia ya que no se funda en razón alguna o en un motivo leve e inane y que es conocida como tal por la persona. El que, pues, obra con esa duda, tiene sin embargo una conciencia cierta en la práctica. De lo cual se sigue que la duda negativa debe ser rechazada y que en cosas de moral debe atenderse solo a la duda positiva”. (Noldin, I. 221).

[13] Cfr. S. Alfonso, Th. M., l. I, n. 26 y 27. Paréntesis míos.

[14] Ibídem, n. 27.

[15] En caso de duda debe estarse por aquel que tiene la presunción. “La presunción… en no pocos casos es suficiente en lo que respecta a la probabilidad con la cual, a menos que obste positivamente una razón grave, se resuelva el caso según esta presunción” (Vermeersch I. 344).

[16] S. Alfonso, op. cit. n. 26.

[17] En caso de duda debe juzgarse según lo que usualmente sucede.

[18] El hecho no se supone sino que debe probarse.


[19] En caso de duda debe estarse a favor de la validez del acto - Lo hecho se considera bien hecho.

[20] S. Alfonso, op. cit. n. 26.

[21] Wernz-Vidal, Tomo 2 n. 454. Téngase presente que el principio vale tanto para cuando es dudoso el título de tal persona desde el comienzo (elección dudosa) como así también si un Papa cierto deja de serlo (Papa hereje, por ejemplo. Cfr. lo dicho más arriba por Merkelbach n. 93). Lo afirmado por los eminentes canonistas es una confirmación de lo que los teólogos arriba citados enseñan, a saber, que una ley dudosa (o un legislador dudoso) no puede seguirse pues uno debe tener la certeza moral de que existe y agregan que, por el contrario, ¡sería temerario obedecer un Papa dudoso!

[22] Ver nota anterior.

[23] Mons. Sanborn: Opinionism, IV. An Objection. http://www.traditionalmass.org/articles/article.php?id=87&catname=10

[24] Tomado de Mons. Sanborn: “Vatican II, the Pope and SSPX”. http://www.traditionalmass.org/images/articles/SSPX_QA_RevPDF2.pdf

[25] “3. En caso de duda debe estarse por aquel a favor de quien está la presunción. El principio vale en muchas dudas de hecho y se enuncia de varias formas; en la duda sobre la existencia del hecho: “el hecho no se presume sino que debe ser probado”, “debe estarse por aquel que tiene la presunción”, “debe juzgarse según lo que ordinariamente sucede”; en la duda sobre las condiciones del hecho: “nadie se presume malo a menos que se pruebe”, “debe estarse a favor de la validez del acto”, “lo hecho se considera bien hecho”.
Sin embargo no se puede aplicar a la duda de derecho…etc.” Merkelbach I, Apéndice.

[26] Además téngase presente que los ejemplos dados por los teólogos para aplicar el principio de la presunción como: “si el súbdito duda (con duda negativa) de la obligatoriedad del mandato del superior, debe obedecer ya que la presunción está por el superior…” (Zalba, I 692) nunca ponen en duda la legitimidad misma del superior sino sólo la licitud o no de alguno de sus mandatos, es decir se duda si el hecho (mandato) es lícito o no.
Por último obsérvese cómo Mons. Sanborn dice: “En tal duda uno está obligado a darle al superior el beneficio de la duda” con lo cual está presuponiendo algo que debería probar, es decir está suponiendo que es el superior. Es precisamente eso lo que está en discusión. Hay aquí, pues, lo que los lógicos llaman una petición de principio.
Todo esto se prueba por la natura de la presunción, que trata sobre hechos: “Presunción es la consecuencia lógica que la ley o el juez deducen de un hecho cierto en orden a probar otro incierto fundándose en la conexión que entre ambos hechos generalmente suele existir. El hecho que sirve de base a la presunción se llama indicio…”. Cabreros de Anta C.M.F, BAC III Vol, n. 623.

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