jueves, 1 de octubre de 2015

Historia y Teología de la Liberación

La Teología de la Liberación y su hermenéutica histórica.
Por Raúl Amado



La Teología de la Liberación no es un fenómeno nuevo, pero en los últimos tiempos ha recibido un gran empuje en varios sectores. Muchas veces es posible ver que sus postulados ideológicos han horadado tan profundo en la mentalidad de la sociedad, que incluso algunos sectores “tradicionalistas” y “conservadores” se hacen eco de sus tesis principales. El objeto del presente ensayo[1] es exponer algunos lineamientos generales de esta corriente ideológica y centrarnos en la particular hermenéutica histórica que ha brotado de ella, especialmente en el trabajo de Enrique Dussel, el cual está siendo reproducido en algunos centros de estudios y en muchos manuales y bibliografía que abordan la historia de la Iglesia.


Algunos puntos básicos de la Teología de la Liberación
 La teología de la liberación se nutre del pensamiento marxista, de donde toma su lenguaje y una cierta coherencia ideológica y conceptual

  1. La Teología de la liberación puede resumirse brevemente en los siguientes puntos:
  2. Jesús vino al mundo y entregó el εὐαγγέλιον (evangelio en tanto que “Buena Nueva”)
  3. El εὐαγγέλιον expresa el mensaje libertador y social de Jesús de Nazareth.
  4. Jesús de Nazareth fue un hombre que llegó a ser el Cristo en el sentido de Dietrich Bonhoeffer: se hace Cristo no por ser la encarnación del λόγος, sino porque se entrega por los demás, es decir, muere, ofrece su vida por los otros. [2]
  5. Jesús de Nazareth era un revolucionario que se enfrentó a las clases dominantes de su tiempo y fundó un movimiento liberador y socialista.
  6. Actualmente, el hombre es un esclavo del sistema capitalista, ya que toda formación económica-social no socialista es esencialmente anti-cristiano.
  7. Ergo, todo el que no sea un Cristo-para-los-demás es un Anti-Cristo.
  8. Los cristianos deben unirse, entonces a la revolución marxista que permitirá la destrucción del régimen capitalista y la construcción de una sociedad cristiana-socialista.[3]



Como podemos apreciar, el principal problema de la llamada “Teología de la liberación” es que la misma no es teología propiamente dicha, ni tampoco es cristiana. No es teología porque no está centrada en Dios, sino que es una suerte de sociología y filosofía antropocéntrica. Tampoco es cristiana, porque posee una cristología que impugna los fundamentos de la tradición cristiana que sostiene que Jesucristo es el Verbo Encarnado y no que llegó a ser Cristo por medio de una acción determinada, en este caso, el cobrar “conciencia de clase”.

La hermenéutica histórica de la Teología de la Liberación en Iberoamérica
Una nueva teología necesita su propia historización y con ese objetivo se fundó el CEHILA[4], que data de 1975.[5] El cénit de éste objetivo se gestó en el VIII Encuentro Latinoamericano del CEHILA, celebrado en Lima en 1980 cuya edición de las actas y ponencias constituye uno de los principales textos de sobre la historia del pensamiento teológico en América Latina. La historia del pensamiento teológico es dividido en cuatro etapas: la evangelización primaria y la conquista (1492-1530/40), el “pacto colonial” (1540-1810/1820),  “pacto neocolonial” (1820-1965/70) y la era de la Teología de la Liberación. [6] Según estos autores la teología sólo floreció en dos momentos: durante la etapa misionera y luego con la Teología de la Liberación, ya que todo lo demás sirvió para justificar y legitimar la explotación imperial, primero hispana, luego anglosajona-capitalista.
Estos autores se autodefinen como historiadores, teólogos y revolucionarios. No separan tareas, sino que intentan llegar a un síntesis, una integración de estos aspectos que tenga como fin, comprender el pasado para comprender la fe y los hombres, con el objeto de promover un cambio radical en la sociedad.
Entre estos autores  se destaca el filósofo argentino-mexicano Enrique Dussel, para quien todas las teologías previas a la Teología de la Liberación fueron “teologías de la opresión”. Autor de un gran número de artículos y libros, su obra Historia de la Iglesia en América Latina. Medio milenio de coloniaje y liberación constituye un trabajo de síntesis imposible de omitir en cualesquier estudio moderno.[7] Dicho trabajo es una recopilación de investigaciones previas, actualizadas y con un importante aparato crítico revisado y homogeneizado, así también como una apología de la corriente teológica a la que adscribe, y que ya se encontraba bajo importantes críticas desde la Congregación para la Doctrina de la Fe, y por quien fuera entonces su Prefecto, el Cardenal Joseph Ratzinger.[8]
Es importante remarcar que Dussel sinonimia historia de la Iglesia e historia de la teología, por lo tanto la periodización (ya  presentada en el VIII Encuentro del CEHILA) sirve tanto para la evolución de la organización institucional y el laicado, como de las ideas y reflexiones emanadas de ella.
Comienza con una primera etapa que denomina “Teología profética ante la conquista y la evangelización” desde 1511  hasta 1553, época en la que aparecen las protestas de los religiosos ante los abusos de los conquistadores y colonizadores españoles, la defensa de los indios oprimidos y una Iglesia abierta e inclusiva de los pobres, los esclavos, los marginados, los explotados, etc. El principal teólogo de este periodo es Bartolomé de Las Casas cuya “conversión” acontece en 1514.[9] La segunda etapa es la “Teología de la cristiandad colonial”,  momento de la fundación de las universidades y centros de estudios bajo la influencia jesuita. Para Dussel, los ignacianos eran continuadores del espíritu misionero y que no tardaron por ello en enfrentarse con el clero secular. El golpe definitivo a ésta teología misionera y profética fue la expulsión de los regulares de la Compañía de Jesús orquestada por el régimen feudal-protocapitalista e imperialista-opresor. Dussel omite todas las cuestiones y disputas teológicas propias del periodo: la controversia sobre el libre albedrío y la predeterminación física, el laxismo moral, los casos reservados y los problemas jurisdiccionales, tanto con el clero secular como con el poder borbónico.
El tercer periodo es el de la “Teología práctico-política ante a emancipación neocolonial” (1808-1830), cuando aparecen una serie de obras que evidenciarán la crisis del poder hispánico. El génesis debe situarse con la publicación de la obra del jesuita Manuel Lacunza Díaz sobre el Apocalipsis, La venida del Mesías en Gloria y Magestad. Dussel realiza un análisis político de la obra: el fin del mundo que ve el jesuita chileno era el fin de la era del dominio español que presagiaba la pronta llegada de Cristo, quien renovaría la Iglesia y la entregaría a los pobres[10]. Fruto de este manifiesto revolucionario y profético son las prédicas liberacionistas de los Padres Hidalgo y Morelos y a favor de los movimientos de independencia. El fin de las luchas independentistas y la consolidación de un pacto neo-colonial abren las puertas a una cuarta etapa: la “Teología neocolonial conservadora a la defensiva” (1831-1930). Se trata de un periodo en el cual la reflexión sobre la doctrina católica vuelve a cumplir un papel alienante para la sociedad, justificando la explotación y el yugo de los pueblos americanos a los nuevos amos, con la función de justificar ideológicamente la represión de cualesquier movimiento disidente.[11]
La obra de Dussel es demasiado compleja para abordarla en pocas líneas, y ella misma valdría un profundo trabajo de hermenéutica y crítica, tanto desde la historia, la sociología como de la teología. Huelga, para esta presentación puntualizar que para él, el sujeto de estudio ya no es la jerarquía católica ni la producción intelectual universitaria, sino los sacerdotes y las “comunidades de base”.
Va de suyo señalar la fuerte “carga ideológica” del autor y la falta de objetividad al momento de presentar sus conclusiones. En efecto Dussel, no hace ni historia ni teología en sí mismas, sino que produce una cosmovisión teologizada desde el marxismo de la historia de la Iglesia y de la Teología en Iberoamérica. Su análisis de la obra de Lacunza, sin dudas el teólogo más significativo que diera América en el período, sorprende a cualquier lector medianamente instruido por como deforma las ideas para que cuadren en su propio marco analítico: no hay un estudio sobre la interpretación del Apocalipsis, sobre su hermenéutica de la historia, sobre el uso de la Biblia y la apelación a una exégesis humanista. Ni siquiera menciona o repasa las críticas o reseñas que del libro hicieron los eclesiásticos de aquel momento. Finalmente se puede agregar que Dussel realiza grandes generalizaciones, llena vacíos documentales con inferencias teóricas marxistas, cita fuentes difíciles de contrastar y muchas veces sus artículos y libros se basan en trabajos de otros autores a los que que hace decir lo que él quiere.

Conclusiones
La Teología de la Liberación es tan anticristiana como la hermenéutica histórica que brotó de ella. Cualquier análisis hecho en la perspectiva de Dussel o que tenga a Dussel o a cualesquier “historiador” que parte de él como base, está destinada a ser una des-figuración de la Historia de la Iglesia y del pensamiento teológico. En efecto, al partir de una perspectica materialista y humanista, estos autores han decidido dejar de lado lo principal de la Historia de la Iglesia: la acción de Dios. Subordinar la acción de la Iglesia al servicio de los pobres o desposeídos es una error muy grave e hipócrita. Los fieles somos fieles de la Iglesia en tanto recibimos el baptismo y permanecemos en la Verdad, no por nuestra condición social o económica. La visión de la teología de la liberación es la visión humanista, antropocéntrica y saducea que niega el Reino Venidero porque sólo cree en un reino terrenal, socialista y marxista, un “cristianismo” sui generis, que falto de Cristo no es cristiano, sino anti-cristiano.
La Historia de la Iglesia no es meramente humana, la misma está conducida por Dios y tiene un fin que conocemos: el Triunfo de Cristo.



[1] El siguiente texto que reproduzco aquí en Sursum, está tomado del Estado de la cuestión de mi tesis de post-grado.
[2] Bonhoeffer, Dietrich Sociología de la Iglesia, Salamanca, Sígueme, 1980
[3] Cfr. Morelli, Alex, Libera a mi pueblo, Ediciones Carlos Lohlé, Buenos Aires, 1971, pp. 130; Gutierrez, Gustavo, Teología de la liberación, Lima, BN, 1971, pp. 314; Boff, Clodovis, “Epistemología y método en la teología de la liberación”, en AA. VV., Mysterium Liberationis, Madrid, 1990, pp. 89.
[4] Siglas de la Comisión de Estudios de Historia de la Iglesia en América Latina. El mismo aún sigue existiendo.
[5] Dussel, Enrique, “Presentación”, op., cit., pp. 8.
[6] Gumilla, Centro ( 1981), “Historia de la teología en Venezuela”, op., cit., pp. 82.
[7] Dussel, Enrique, Historia de la Iglesia en América Latina. Medio milenio de coloniaje y liberación (1492-1992), Madrid, Mundo Negro, 1992.
[8]Ratzinger, Joseph, “Instrucción Libertatis Conscientia. Sobre la libertad cristiana y liberación”, Congregación para la Doctrina de la Fe, 22/3/1986. Visto el 16/8/2013 en: http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_19860322_freedom-liberation_sp.html#top.
[9] Dussel utiliza el término, no en el sentido tradicional, sino como una toma de consciencia social. Nótese la ligazón con las ideas de Bonhoeffer.
[10] Ibid., pp., 138.
[11] Ibid., pp. 187. Por cuestiones de espacio no nos detendremos en las siguientes secciones del libro de Dussel, que trata ya sobre el Siglo XX, la renovación teológica, el socialismo militante, el Concilio Vaticano II, etc.

3 comentarios:

  1. https://www.ivoox.com/player_ej_8707180_4_1.html?c1=ff6600

    Especiales del P.Juan Carlos Ceriani Septiembre 2015

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    1. ¿Habla de la Teología de la Liberación Ceriani? No comprendo sino el porqué del enlace. Además, esos grupos ya tienen muchos sitios, foros y grupos por Internet en los que tienen suficiente propaganda

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    2. Si no lo escucha nunca se va a enterar, no lo puse para hacerle propaganda sino por lo interesante del enfoque.

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