lunes, 2 de noviembre de 2015

El matrimonio en la ley de la naturaleza

El matrimonio en la Ley de la Naturaleza
Tomado de la Suma de la Sagrada Teología Escolástica por Padres de la Compañía de Jesús
(Tratado V, Lib II, Cap. I. 142-146)



142. El MATRIMONIO, según la primitiva institución, es un deber de naturaleza y se llama matrimonio por el hecho de «que la mujer debe casarse de forma especial para ser madre; o porque es la función de la madre el concebir a la prole, el darla a luz, el educarla». Y por razón de la unión, que es propia del matrimonio, se llama enlace matrimonial; o también consorcio, ya que debe ser una misma la situación del hombre y de la mujer en sus cuerpos y en sus almas, Por último a causa del rito con el que antiguamente se velaban los que contraían matrimonio, recibe el nombre de connubium o también nupcias.

143. El matrimonio puede ser considerado en cuanto estos puntos: a) el acto por el que el varón y la mujer se constituyen en estado matrimonial; y se llama matrimonio «in fieri», esto es considerado activamente; b) en cuanto que se refiere al estado matrimonial mismo; y se dice matrimonio «in facto esse», esto es considerado pasivamente.

En cuanto que es acto, o matrimonio considerado activamente, suele definirla: un contrato, por el que un varón y una mujer se entregan mutuamente de un modo legítimo el derecho a los actos necesarios para engendrar y educar la prole, y se obligan a vivir en una comunidad de vida inseparable.

Considerado pasivamente, esto es «in facto esse», el matrimonio se define: la unión marital entre personas legítimas de un varón y una mujer que mantiene un trato inseparable de vida.

144. El matrimonio considerado activamente esto es «in fieri» es un CONTRATO (véase después el n. 194s), y en cuanto tal, está sujeto a ciertas leyes, y por tanto no es libre con una libertad absoluta, sino con una libertad «secundum quid». A saber, es ciertamente libre en cuanto al ejercicio, porque de suyo nadie como persona particular está obligado a contraer matrimonio; sin embargo no es libre en cuanto a la especificación, ya que una vez puesto libremente el acto, por el que alguien quiere hacer el contrato matrimonial, no puede esta persona a su libre albedrío añadir condiciones al contrato, sino que debe cumplir aquéllas condiciones, que la autoridad legítima ha puesto al contrato matrimonial.

En todo contrato se requiere consentimiento el cual en primer término y «per se» debe ser interno, sin embargo debe expresarse también externamente por lo menos de algún modo. Mas no se requiere «per se» el que se indique el consentimiento por escrito o con palabras expresas, sino que es suficiente el que se manifieste por senas o con alguna indicación legítima. Sin embargo la autoridad legítima puede determinar algunas condicione acerca de este asunto.

En el matrimonio mismo «in fiera» pueden distinguirse; a) el acto mismo de realizar el pacto; b) el pacto o convenio ya realizado; c) las solemnidades externas que acampanan el contrato.

El pacto o convenio abarca dos cosas en el matrimonio: 1. Lo que se refiere a la prole
Por último la solemnidad externa puede también ordenar ciertas cosas esenciales y otras accidentales. Así v.gr. la Iglesia exige la presencia del sacerdote y de dos testigos.

145. El matrimonio considerado pasivamente, esto es «in facto esse», es el estado o también el VINCULO permanente entre los cónyuges que ha surgido del acto matrimonial y es la consecuencia del matrimonio «in fieri». No obstante pueden distinguirse con toda precisión: a) el nexo o vínculo mismo, por el que los cónyuges unidos se obligan mutuamente; b) las obligaciones que de aquí resultan resultan respecto al mutuo trato y a la educación de la prole; c) el derecho a las funciones conyugales y a constituir la vida o sociedad familiar.

146. El matrimonio celebrado válidamente entre los no bautizados se llama legítimo; el que es contraído válidamente entre bautizados, se llama rato, si todavía no ha sida consumado; y se llama rato y consumado, si entre los cónyuges ha tenido lugar el acto conyugal, al cual por su propia naturaleza está ordenado el contrato matrimonial y por el que los cónyuges se hacen una sola carne.

El matrimonio no válida se llama putativo, si ha sido celebrado de buena fe por lo menos por una parte hasta tanto que ambas partes lleguen a estar ciertas de la nulidad del mismo (CIC cn. 1015).

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