sábado, 26 de diciembre de 2015

San Esteban

SAN ESTEBAN PROTOMARTIR


Hechos VII

Y dijo el sumo sacerdote: «¿Si esto así se es?» 
Y él dijo: «Varones hermanos y padres, oíd: «El Dios de la gloria aparecióse a nuestro padre Abrahán que estaba en la Mesopotamia antes de habitar él en Carrán; y dijo a él: «Sal de tu tierra y tu parentela, y ven a la tierra que yo te mostraré». Entonces, saliendo de tierra de caldeos, habitó en Carrán. Y, de allí, después de morir el padre de él, trasladóle a esta tierra en que vosotros ahora habitáis;  y no le dio heredad en ella «ni pisada de pie», y prometióle «dársela, en posesión y a su simiente después de él»; no teniendo él hijo. Y habló así Dios: que «será la simiente de él cohabitadora en tierra extraña; y esclavizaránla y maltratarán años cuatrocientos; y la gente a quien fueren esclavizados, juzgaré yo». Dios dice; «y después de esto saldrán y serviránme en este lugar». Y dióle testamento de circuncisión; y así engendró a Isaac, y circuncidóle el día, el octavo; e Isaac a Jacob, y Jacob a los doce patriarcas. Y los patriarcas, celando, a José vendieron para Egipto; y era Dios con él;  y arrancóle de todas sus tribulaciones, y dióle gracia y sabiduría «delante de Faraón, rey de Egipto; y constituyóle príncipe sobre Egipto y toda su casa». Y vino hambre sobre todo el Egipto y Canaán, y tribulación grande; y no hallaban víveres nuestros padres. Y, oyendo Jacob haber cereales en Egipto, despachó a nuestros padres primero; y a lo segundo, fue conocido José de sus hermanos, y manifiesto fue a Faraón el linaje de José. Y, enviando José, llamó a sí a Jacob, su padre, y toda la parentela: en almas, setenta y cinco. Y descendió Jacob a Egipto; y él falleció y nuestros padres, y traspuestos fueron a Siquem y puestos en la tumba que compró Abrahán con precio de plata a los hijos de Hemor en Siquem. 17 Y, como se acercó el tiempo de la promesa que comunicó Dios a Abrahán, acrecentóse el pueblo y multiplicóse en Egipto; hasta que se levantó un rey, otro, en Egipto, quien no sabía a José. Este, sofisticando al linaje nuestro, maltrató a los padres, haciendo las criaturas expósitas, de ellos, para que no se vivificaran. En el cual tiempo nació Moisés, y era gracioso a Dios. Que se crió meses tres en la casa del padre; Y, expuesto él, llevóselo la hija del Faraón y crióselo para hijo. e instruyóse a Moisés en toda sabiduría de egipcios; y era poderoso en palabras y obras suyas. Y, como se le cumplió cuadricenal tiempo, ascendió a su corazón visitar a sus hermanos, los hijos de Israel. Y, viendo a un injuriado, defendió e hizo venganza al domeñado, hiriendo al egipcio. Y pensaba entender los hermanos que Dios, por mano de él, daba salud a ellos; pero ellos no entendieron. Y al siguiente día, aparecióseles, riñendo ellos; y reconciliábales a paz, diciendo: «Varones, hermanos sois: ¿por qué os injuriáis?» Y el que injuriaba al prójimo, empujóle, diciendo: «¿Quién te ha constituido príncipe y juez sobre nosotros? ¿Qué? ¿arrebatarme tú quieres del modo que arrebataste ayer al egipcio?» Y huyó Moisés en esta palabra; e hízose cohabitador en tierra de Madián; donde engendró hijos dos. Y, cumpliéndose años cuarenta, apareciósele en el desierto del monte Sinaí un ángel en llama de fuego de una zarza. Y Moisés, viendo, maravillóse de la visión; y, llegándose para contemplar, vino voz de Señor: «¡Yo, el Dios de tus padres: el Dios de Abrahán, e Isaac y Jacob!» Y tembloroso poniéndose Moisés, no se atrevía a contemplar. Y díjole el Señor: «Suelta tu zapato de los pies; porque el lugar en que parado estás, tierra santa es. Viendo, he visto el maltrato de mi pueblo el de Egipto; y su gemido he escuchado, descendido a libertarles; y, ahora ¡acá! enviaréte a Egipto». A este Moisés, a quien negaron, diciendo: «¿Quién te ha constituido príncipe y juez?» —a éste Dios, y príncipe y redentor ha enviado con mano de ángel, del aparecido a él en la zarza. Este sacóles, haciendo prodigios y señales en Egipto, y en el rojo mar, y en el desierto, años cuarenta. Este es Moisés, el que habló a los hijos de Israel: «Profeta os levantará Dios de entre vuestros hermanos, como a mí, a él oíd. Este es el que estuvo en la iglesia, en el desierto, con el ángel el que le habló en el monte Sinaí; y nuestros padres, que recibió sentencias vivientes para darnos; del que no quisieron escuchadores hacerse nuestros padres, sino empujaron; y volviéronse en sus corazones a Egipto, diciendo a Aarón: «Haznos dioses que nos precedan; porque este Moisés, que nos sacó de tierra de Egipto— no sabemos qué ha acontecido a él». Y becerrificaron en aquellos días y trajeron hostia al ídolo; y gozábanse en las obras de sus manos. 42 Mas convirtió Dios y entrególes a servir al ejército del cielo, según está escrito en libro de los profetas:

¿Acaso víctimas y hostias habéisme ofrecido
años cuarenta en el desierto, casa de Israel?
Y recibisteis el tabernáculo de Moloc
y el astro del dios Refá;
las figuras que hicisteis, a ¡adorarlas!
y os trasladaré allende de Babilonia».

El tabernáculo del testimonio tuvieron nuestros padres en el desierto, según que ordenó el que habló a Moisés hacerlo, según la figura que había visto; 45 el que también introdujeron, habiéndolo heredado, nuestros padres con Jesús, en la posesión de las gentes; que arrojó Dios de faz de nuestros padres, hasta los días de David; 46 quien halló gracia a faz de Dios, y pidió hallar pabellón para la casa de Jacob. Y Salomón edificóle casa. Mas no el Excelso en manuhechuras habita; según el profeta dice:

El cielo, a mí, trono;
y la tierra escabel de mis pies:
¿qué casa edificaréisme (dice Señor);
o qué lugar de mi reposo?
¿que mi mano no ha hecho todo esto?»

Cuelliduros e incircuncisos de corazones y de las orejas, vosotros siempre al Espíritu, el Santo, combatís; como vuestros padres, también vosotros. ¿A cuál de los profetas no persiguieron los padres de vosotros? Y mataron a los que prenunciaban acerca de la venida del Justo; del que ahora vosotros traidores y asesinos os habéis hecho; los que recibisteis la ley en disposiciones de ángeles y no guardasteis...»

Y, oyendo esto, aserrabánseles los corazones, y rechinaban los dientes contra él. Y, estando lleno de Espíritu Santo, fijándose en el cielo, vio gloria de Dios, y a Jesús parado a la derecha de Dios; y dijo: «He aquí, miro los cielos abiertos y al Hijo del hombre a la derecha parado de Dios». Y clamando con voz grande, taparon sus orejas, y precipitáronse unánimemente sobre él; y, lanzando fuera de la ciudad, lapidaban. Y los testigos depusieron sus vestiduras a los pies de un joven, llamado Saulo; y lapidaban a Esteban, que invocaba y decía: «Señor Jesús, recibe mi Espíritu». Y, poniendo las rodillas, clamó con voz grande: «Señor, no les peses este pecado». Y, esto diciendo durmióse, en el Señor.

3 comentarios:

  1. Hay una cosa curiosa y es que cuando Jesús comienza su ministerio (según el evangelio de San Juan) luego de bautizarse y reclutar a sus primeros discípulos Andrés, Juan, Simón, Felipe y Natanael, les dijo:

    Jn 1:51: Y les dijo “En verdad, os digo que veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre”

    Lo cual se cumplió al inicio del la predicación de la Iglesia con la visión de San Esteban:

    Hechos 7:56: Y exclamó: “He aquí que veo los cielos abiertos, y al Hijo del hombre que está de pie a la diestra de Dios”

    No creo que sea casualidad

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    Respuestas
    1. Jorgito... vivimos el reino mesiánico y no me había ddo cuenta!

      Gracias por avisarme.

      Fofó

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    2. Yo no creo que la Iglesia sea el reino mesiánico, simplemente digo que lo que profetizó Jesús se cumplió con San Esteban.

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