jueves, 31 de diciembre de 2015

Feliz año nuevo

Sursum Corda desea a todos sus lectores y colaboradores
un muy feliz año nuevo
En Nuestro Señor Jesucristo



Dejamos a continuación el hermoso mensaje que, hace unos años, escribiera el Padre Mauricio Zárate de la Sociedad Religiosa San Luis Rey de Francia.

¡Queridos lectores y amigos de nuestro humilde blog!
Todavía parece resonar las campanas de Navidad, todavía no se disipan los villancicos y cánticos al Niño Jesús, todavía nos imaginamos el rumor de los coros celestiales entonando el “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra Paz a los hombres de buena voluntad”. Tal parece como si en este tiempo se disiparan las tinieblas y se borraran los odios y las asperezas para participar de estas alegrías y la Paz que se fundan en un ósculo amoroso a los piés del Divino Niño Jesús.

En la noche santa de Navidad el mundo debió recordar el nacimiento del Salvador, el Emmanuel anunciado por los profetas, el Mesías portador de la Doctrina de Redención y de Amor.

Cristo recibe en el pesebre de Belén la adoración de los Ángeles del cielo, de los Magos y de los pastores; pero aunque la humanidad entera busca la paz, no es la Paz de Cristo la que desea, esa que tiene sus cimientos en la caridad, la buena voluntad, la comprensión mutua y el amor fraterno. La humanidad marcha engañada por la serpiente bíblica que engendra odio, ansias de poder, amor a los placeres y a los bienes materiales, para caer finalmente en la esclavitud.

La ambición y el atropello de las grandes potencias, tienen al mundo al borde del abismo. La crisis económica y política mundial, es manejada por el “poder oculto”. La chispa de la guerra puede producirse en cualquier momento y dado los medios destructivos de que disponen, estamos a punto de que el mundo se convierta en una pavorosa hornaza. Solo nos queda clamar como los Apóstoles en medio de la tormenta del lago Tiberíades: “Señor, Sálvanos que perecemos”

Frente este poco alentador panorama, tres cosas deseo recomendarles para el año que comienza.

1) Permanecer fieles a la Iglesia Católica Apostólica Romana Única Arca de Salvación. Fieles a la doctrina, moral y sacramentos de siempre, no a los adulterados de la Secta Modernista instalada desde hace casi medio siglo en las cátedras, seminarios y templos otrora católicos.

2) Asista solo a la Misa verdadera, porque la nueva “misa” o Novus Ordo ofende a Dios y no da gracias a su alma, sino más bien desgracias al mundo; sino tiene la Misa Católica los Domingos, tome su Rosario y récelo.

3) Como el mundo no se terminará en este 2012, como unos estúpidos hacen creer a otros más estúpidos que ellos, trate usted de ser mejor cristiano porque el Día del Señor vendrá como ladrón en la noche sin que nos de tiempo a nada y es mejor que nos tome preparaditos.

Por último los miembros de nuestra Sociedad Religiosa, les deseamos a nuestros amigos, benefactores y fieles lo mejor para este año que comienza y les enviamos toda clase de bendiciones; a los que nos desean mal y fracaso (devenidos en “sedevacantistas”) les deseamos un intenso y fructífero apostolado, para que puedan bautizar muchas almas para Dios y no caerles con las manos vacías; porque todo pasa en esta vida y El que ha de venir ya está a las puertas.

R.P. Mauricio María Zárate

sábado, 26 de diciembre de 2015

San Esteban

SAN ESTEBAN PROTOMARTIR


Hechos VII

Y dijo el sumo sacerdote: «¿Si esto así se es?» 
Y él dijo: «Varones hermanos y padres, oíd: «El Dios de la gloria aparecióse a nuestro padre Abrahán que estaba en la Mesopotamia antes de habitar él en Carrán; y dijo a él: «Sal de tu tierra y tu parentela, y ven a la tierra que yo te mostraré». Entonces, saliendo de tierra de caldeos, habitó en Carrán. Y, de allí, después de morir el padre de él, trasladóle a esta tierra en que vosotros ahora habitáis;  y no le dio heredad en ella «ni pisada de pie», y prometióle «dársela, en posesión y a su simiente después de él»; no teniendo él hijo. Y habló así Dios: que «será la simiente de él cohabitadora en tierra extraña; y esclavizaránla y maltratarán años cuatrocientos; y la gente a quien fueren esclavizados, juzgaré yo». Dios dice; «y después de esto saldrán y serviránme en este lugar». Y dióle testamento de circuncisión; y así engendró a Isaac, y circuncidóle el día, el octavo; e Isaac a Jacob, y Jacob a los doce patriarcas. Y los patriarcas, celando, a José vendieron para Egipto; y era Dios con él;  y arrancóle de todas sus tribulaciones, y dióle gracia y sabiduría «delante de Faraón, rey de Egipto; y constituyóle príncipe sobre Egipto y toda su casa». Y vino hambre sobre todo el Egipto y Canaán, y tribulación grande; y no hallaban víveres nuestros padres. Y, oyendo Jacob haber cereales en Egipto, despachó a nuestros padres primero; y a lo segundo, fue conocido José de sus hermanos, y manifiesto fue a Faraón el linaje de José. Y, enviando José, llamó a sí a Jacob, su padre, y toda la parentela: en almas, setenta y cinco. Y descendió Jacob a Egipto; y él falleció y nuestros padres, y traspuestos fueron a Siquem y puestos en la tumba que compró Abrahán con precio de plata a los hijos de Hemor en Siquem. 17 Y, como se acercó el tiempo de la promesa que comunicó Dios a Abrahán, acrecentóse el pueblo y multiplicóse en Egipto; hasta que se levantó un rey, otro, en Egipto, quien no sabía a José. Este, sofisticando al linaje nuestro, maltrató a los padres, haciendo las criaturas expósitas, de ellos, para que no se vivificaran. En el cual tiempo nació Moisés, y era gracioso a Dios. Que se crió meses tres en la casa del padre; Y, expuesto él, llevóselo la hija del Faraón y crióselo para hijo. e instruyóse a Moisés en toda sabiduría de egipcios; y era poderoso en palabras y obras suyas. Y, como se le cumplió cuadricenal tiempo, ascendió a su corazón visitar a sus hermanos, los hijos de Israel. Y, viendo a un injuriado, defendió e hizo venganza al domeñado, hiriendo al egipcio. Y pensaba entender los hermanos que Dios, por mano de él, daba salud a ellos; pero ellos no entendieron. Y al siguiente día, aparecióseles, riñendo ellos; y reconciliábales a paz, diciendo: «Varones, hermanos sois: ¿por qué os injuriáis?» Y el que injuriaba al prójimo, empujóle, diciendo: «¿Quién te ha constituido príncipe y juez sobre nosotros? ¿Qué? ¿arrebatarme tú quieres del modo que arrebataste ayer al egipcio?» Y huyó Moisés en esta palabra; e hízose cohabitador en tierra de Madián; donde engendró hijos dos. Y, cumpliéndose años cuarenta, apareciósele en el desierto del monte Sinaí un ángel en llama de fuego de una zarza. Y Moisés, viendo, maravillóse de la visión; y, llegándose para contemplar, vino voz de Señor: «¡Yo, el Dios de tus padres: el Dios de Abrahán, e Isaac y Jacob!» Y tembloroso poniéndose Moisés, no se atrevía a contemplar. Y díjole el Señor: «Suelta tu zapato de los pies; porque el lugar en que parado estás, tierra santa es. Viendo, he visto el maltrato de mi pueblo el de Egipto; y su gemido he escuchado, descendido a libertarles; y, ahora ¡acá! enviaréte a Egipto». A este Moisés, a quien negaron, diciendo: «¿Quién te ha constituido príncipe y juez?» —a éste Dios, y príncipe y redentor ha enviado con mano de ángel, del aparecido a él en la zarza. Este sacóles, haciendo prodigios y señales en Egipto, y en el rojo mar, y en el desierto, años cuarenta. Este es Moisés, el que habló a los hijos de Israel: «Profeta os levantará Dios de entre vuestros hermanos, como a mí, a él oíd. Este es el que estuvo en la iglesia, en el desierto, con el ángel el que le habló en el monte Sinaí; y nuestros padres, que recibió sentencias vivientes para darnos; del que no quisieron escuchadores hacerse nuestros padres, sino empujaron; y volviéronse en sus corazones a Egipto, diciendo a Aarón: «Haznos dioses que nos precedan; porque este Moisés, que nos sacó de tierra de Egipto— no sabemos qué ha acontecido a él». Y becerrificaron en aquellos días y trajeron hostia al ídolo; y gozábanse en las obras de sus manos. 42 Mas convirtió Dios y entrególes a servir al ejército del cielo, según está escrito en libro de los profetas:

¿Acaso víctimas y hostias habéisme ofrecido
años cuarenta en el desierto, casa de Israel?
Y recibisteis el tabernáculo de Moloc
y el astro del dios Refá;
las figuras que hicisteis, a ¡adorarlas!
y os trasladaré allende de Babilonia».

El tabernáculo del testimonio tuvieron nuestros padres en el desierto, según que ordenó el que habló a Moisés hacerlo, según la figura que había visto; 45 el que también introdujeron, habiéndolo heredado, nuestros padres con Jesús, en la posesión de las gentes; que arrojó Dios de faz de nuestros padres, hasta los días de David; 46 quien halló gracia a faz de Dios, y pidió hallar pabellón para la casa de Jacob. Y Salomón edificóle casa. Mas no el Excelso en manuhechuras habita; según el profeta dice:

El cielo, a mí, trono;
y la tierra escabel de mis pies:
¿qué casa edificaréisme (dice Señor);
o qué lugar de mi reposo?
¿que mi mano no ha hecho todo esto?»

Cuelliduros e incircuncisos de corazones y de las orejas, vosotros siempre al Espíritu, el Santo, combatís; como vuestros padres, también vosotros. ¿A cuál de los profetas no persiguieron los padres de vosotros? Y mataron a los que prenunciaban acerca de la venida del Justo; del que ahora vosotros traidores y asesinos os habéis hecho; los que recibisteis la ley en disposiciones de ángeles y no guardasteis...»

Y, oyendo esto, aserrabánseles los corazones, y rechinaban los dientes contra él. Y, estando lleno de Espíritu Santo, fijándose en el cielo, vio gloria de Dios, y a Jesús parado a la derecha de Dios; y dijo: «He aquí, miro los cielos abiertos y al Hijo del hombre a la derecha parado de Dios». Y clamando con voz grande, taparon sus orejas, y precipitáronse unánimemente sobre él; y, lanzando fuera de la ciudad, lapidaban. Y los testigos depusieron sus vestiduras a los pies de un joven, llamado Saulo; y lapidaban a Esteban, que invocaba y decía: «Señor Jesús, recibe mi Espíritu». Y, poniendo las rodillas, clamó con voz grande: «Señor, no les peses este pecado». Y, esto diciendo durmióse, en el Señor.

viernes, 25 de diciembre de 2015

martes, 22 de diciembre de 2015

Punto de partida o punto de llegada: una reflexión sobre la resistencia, el modernismo y la parusía.

Punto de partida o punto de llegada: una reflexión sobre la resistencia, el modernismo y la parusía.



John Senior llamó “destrucción de la cultura cristiana”, a los rápidos cambios que veía hacia fines de la década de 1950 y 1960. De manera clarividente, no asoció esos cambios destructivos con el avance del comunismo ni del ateísmo, sino con algo mucho más profundo: la destrucción de la Misa, expresión fiel de la δόξα Católica. En realidad, podríamos concluir siguiendo entonces el razonamiento del erudito angloamericano, que el comunismo, el anarquismo y el neo-modernismo fueron consecuencia de la des-teologización y la des-cristianización de Occidente.

Hoy hemos llegado a un punto que era inimaginable hacia la década de 1950. En sólo seis décadas todas las instituciones tradicionales (Estado, Familia, Escuela, Iglesia Institucional) se han visto arrojadas y pisoteadas en la medida que Occidente aceleró la marcha por aquella vía humanista del “renacimiento”, cuando se des-orientó. Durante siglos, Occidente sub-existió gracias a que mantuvo la correcta (ὀρθός) creencia (δόξα) que Cristo entregó a sus Apóstoles.

La destrucción que vemos a nuestro alrededor de toda moral y ética cristiana ha llevado a la proliferación de movimientos de resistencia contra esta marea humanista y moderna. Algunos de estos movimientos de resistencia son, en contra de lo que algunos puedan opinar, formas de colaboración antes que de oposición.

En efecto, el modernismo mismo surgió y se ha desarrollado como una forma de resistencia. El modernismo fue, efectivamente, una respuesta ante los avances del mundo moderno, de una nueva ética, de una nueva moral humanista cuyas raíces debemos rastrearlas hasta el Cinquecento que colocó al Hombre en Lugar de Dios, prefigura del Novus Ordo Missae. Ante estos profundos cambios, innegables tras la Revolución Francesa y la filosofía romántica alemana de los siglos  XVIII y XIX, algunos propusieron negociar, buscar una alianza entre la Fe Católica y esta nueva ética, moral y ordenación política antropocéntrica. Así el modernismo fue originalmente una manera de resistir, resistir negociando, resistir cediendo y conservando algo.

El Vaticano II fue, entonces, no un punto de partida, sin un punto de llegada. ¿Apostató la Iglesia Institucional (es decir, la jerarquía) con el Vaticano II? No, lo había hecho muchísimo tiempo antes. Lo hizo en el momento en que decidió que era imposible ya contener la modernidad, lo hizo incluso antes de que Roncalli/Juan XIII-Bis en la Pacem In Terris tendiera la mano a un Novus Ordo Seclorum. Patriarcas, Cardenales, Arzobispos, Obispos y Presbíteros aceptaron la modernidad y un importante sector de la Jerarquía ordenó todo ese caos modernista. Ese ordenamiento es lo que vemos en las distintas constituciones del Vaticano II y la aplicación de los mismos los tenemos en todo el magisterio conciliar. Así estos nuevos dogmas se expresan en una nueva liturgia (el Novus Ordo Missae), se explican en un Nuevo Catecismo y se aplican jurídicamente en un Nuevo Código de Derecho Canónico. El Vaticano II, entonces, no puede seguir siendo visto como un punto de partida para la Nueva Iglesia Conciliar, sino como un Punto de Llegada de la Iglesia del Anticristo, una Iglesia que se estaba gestando desde hacía no décadas, sino Siglos, una Iglesia Antropocéntrica, que puso al Hombre en Lugar de Dios. En Efecto, Jesucristo mandó a los suyos a predicar el Evangelio hasta los confines del mundo, guardando todo lo que él había enseñado, pero los hombres prefirieron seguir las novedades (Col 2:8), dar la espalda a Dios, ir tras los falsos profetas que venían con discursos conciliadores (Mt 7:15, Rom 16:17).

Al igual que ocurrió en el Edén, el hombre prefirió oír la voz del Tentador, de la Serpiente Antigua antes que al mandato divino y ponerse en el lugar de Dios, ser como Dios:

Y dijo la serpiente a la mujer: «No, no morireis; es que sabe Dios que el día que de él comáis [del árbol prohibido] se os abrirán los ojos y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal».

Los hombres, como la mujer vieron que estas doctrinas modernas parecían agradables:

“Vio, pues, la mujer que el árbol era bueno para comerse, hermoso a la vista y deseable para alcanzar por él sabiduría, y tomó de su fruto y comió, y dio también de él a su marido, que también con ella comió”

¿Podría decirse que la mujer sería la jerarquía de la Iglesia y que el marido representaría a los fieles? Si hiciéramos ese análisis, esa transpolación, veríamos que los fieles no fueron inocentes, ellos conocían la Verdad, conocían a Cristo, conocían el mandamiento de guardar todo lo que El Señor nos había mandado, pero prefirieron ser como Dios y seguir comer de las novedades, en lugar de alimentarse, como respondió Nuestro Señor al Tentador, de “toda la palabra que sale de la boca del Señor” (Mt 4:4 Cfr. Dt 8:3).

Así fue que se desarrolló la ἑτερόδοξος, significando con ello el sentido literal de heterodoxia en cuanto doctrina diferente y contraria a lo que todos han creído. Un camino, una vía diferente. ¿Qué haremos entonces? En primer lugar, reconocernos como pecadores, invocar a Dios continuamente. Cualesquier solución humana morirá, está destinada a fracasar. Cuando leemos en las Escrituras que los israelitas pecaban contra el Pacto del Señor, vemos que si se arrepentían el Señor volvía al Pueblo y que los liberaba de sus enemigos. Es necesario que dejemos de creer que la crisis se solucionará de manera humana, por trabajo de los hombres y no por la Divina Intervención, por la misma παρουσία, por la Llegada y la Presencia de Cristo:

Entonces aparecerá el estandarte del Hijo del Hombre en el Cielo, y se lamentaran todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre venir sobre las nueves del cielo con poder y majestad grande. Y enviará a sus ángeles con resonante trompeta y reunirá de los cuatro vientos a sus elegidos desde un extremo del cielo hasta el otro. (Mt 24:30-31)

¡Amén! ¡Ven Señor Jesús! (Apoc 22:20)


viernes, 18 de diciembre de 2015

Saduceos y pelagianos: el drama de los catolicos nacionalistas

Saduceos y pelagianos: el drama de los católicos nacionalistas
Raúl Amado




Cada vez que un católico que se llama "tradicionalista" habla de política, tiemblo. No porque crea que dice la verdad, no porque crea que emita un juicio vindicatorio, sino porque temo que diga una burrada. No es infrecuente ver páginas "tradicionalistas" repletas de anuncios o propaganda fascistoide, como si ser católico y "nacionalista" (entendiendo por tal cosa el chauvinismo más ridículo) fueran equivalentes. Esta cuestión la traté hace algún tiempo en Sursum Corda en los siguientes artículos:


Los lectores habituales de Sursum Corda, y aquellos que me han tratado personalmente, saben que no soy afecto de mezclar la política, ni dar lugar a policastros en Sursum Corda, aunque alguna que otra vez lo hice.[1] Algo de lo que me abstuve en lo sucesivo, especialmente cuando caí en cuenta quienes eran los dirigentes partidarios y qué ideales los motivaban. Naturalmente, eso ha llevado a que algunos definan a Sursum Corda como un blog liberal, anticatólico y pro-judío. Una visión de ello, con la respuesta merecida, la pueden observar en la entrada titulada "La excomunión a Perón".

¿A qué se debe que Sursum Corda, como publicación periódica se abstuviera a tratar temas políticos de una manera tan definida como hacen otros blogs? La razón principal es que, como administrador y autor de la mayoría de las entradas, hago énfasis en el dictado de Nuestro Señor: "Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios" (Mc 12: 17), y como este es un blog de estudios religiosos, historia de la teología y espiritualidad católica, el enfoque está puesto en la espiritualidad. ¡Ni siquiera la esjatología la hemos relacionado, ni subordinado a la política! Algo que, lamentablemente, parece ser la última moda entre protestantes fundamentalistas, el movimiento evangelista latinoamericano y algunos católicos conspiranoicos.[2]

Pero los recientes acontecimientos vividos en Argentina y una serie de comentarios, correos electrónicos y otras publicaciones que nos han llegado al correo de Sursum Corda, hacen necesaria una mínima reflexión, sobre todo porque demuestran una importancia ignorancia teológica, un terrible analfabetismo bíblico y un profundo desconocimiento de la doctrina católica.

En el presente ensayo trataremos entonces la confusión semántica y doctrinal sobre los términos democracia, república, neofascismo, neonazismo, militarismo y chauvinismo. Luego, analizaremos cual es el análisis que todas estas corrientes han dado a la crisis que viven nuestros países y cuales sus soluciones. Finalmente, compararemos esos análisis con la Sagrada Escritura y cómo la Historia Sagrada nos muestra que deberíamos actuar, a partir de allí, concluiremos que estas actitudes (militaristas, neofascistas, etc) no son sino la expresión política autoritaria de un pelagianismo y un saduceísmo que se infiltró entre los tradicionalistas, principalmente, por el analfabetismo bíblico y doctrinal.


1. La confusión entre Democracia-República-Monarquía
Es menester aclarar ciertos términos y realidades antes de avanzar. La primera de ellas es que el sistema de gobierno de Argentina no se llama "democracia", nuestro sistema es Republicano. República significa "La cosa pública", es decir, que todos los ciudadanos están implicados y tienen derecho a conocer las decisiones administrativas y de dirección estatal. La República Moderna se basa, de hecho en la participación de los ciudadanos, por medio de sus representantes, que en el caso de Argentina, son elegidos por medio del sufragio. No es un gobierno de hombres, sino un gobierno de leyes, es de hecho, el gobierno de la ley.[3]

Creer que este sistema es incompatible con la Doctrina Católica y que el sistema monárquico es el único sistema que defiende la fe es propio de quien ignora completamente la historia universal. Pensemos ¿Acaso Gran Bretaña no cayó en el cisma primero, y en la herejía después, durante un gobierno monárquico? ¿Y no fueron monarcas los que persiguieron a la Iglesia Católica en el II Reich? ¿Y no fue un gobierno monárquico, con características cuasi-sagradas el que rompió con la Iglesia Romana en el Gran Cisma de Oriente? Felix Sardá y Salvani da muchísimos ejemplos concretos sobre monarquías anticristianas, con el fin de demostrar que el gobierno de una sola persona no implica, necesariamente, la cristiandad del régimen de gobierno.[4] En efecto, las Repúblicas Italianas del Renacimiento eran mucho más cristianas que su monárquica y contemporánea herética y cismática Gran Bretaña. El problema no estaría entonces, tanto en si el gobierno es republicano o no, sino en cual es la Ley sobre la que se basa ese gobierno.[5]


2. Neofascismo-neonazismo
Sobre el fascismo y el nazismo ya hablamos bastante en Sursum. Recomendamos la lectura de los artículos  señalados líneas arriba. En efecto, si hablamos con propiedad, no existe nada más anti-cristiano que el totalitarismo: el comunismo, el fascismo y el nazismo implican una noción saducea del orden político: que el Paraíso puede ser construido y debe construirse en la tierra, que es algo presente, en tanto Dios condena o premia en vida. En este mismo sentido, son por extensión regímenes que deberían ser rechazamos porque implican la aceptación del pelagianismo en tanto sostienen que el hombre, por sí mismo y por sus propias fuerzas y méritos puede construir el orden social perfecto en este mundo.[6]

El comunismo endiosa al proletariado (concepto teórico que debería ser actualizado, como mínimo), el fascismo al estado y el nazismo a la raza. Estos tres regímenes ponen a otra cosa en el Altar en lugar de a Dios. Cada uno de ellos obliga a los ciudadanos a inclinarse frente a un ídolo que sólo puede ser interpelado por un sacerdocio nuevo y extraño al cristiano: el sacerdocio del partido político dominante. Todo aquello que se oponga al partido y a la hermenéutica del partido (y ello incluye, por supuesto, la materia religiosa) puede y debe ser perseguido y exterminado por ese mismo partido.

Como podemos observar, estos dos regímenes son incompatibles con el cristianismo, muy especialmente el nazismo, del que el Papa Pío XI señala,[7] por lo menos siete puntos que son contrarios a la doctrina cristiana:

1) El falso uso del nombre de Dios.
2) El panteísmo.
3) La “pretendida concepción precristiana del antiguo germanismo, pone en lugar del Dios personal el hado sombrío e impersonal, negando la sabiduría divina y su providencia”.
4) La idolatría de la raza (II, 2).
5) La idea de un “Dios nacional” y por extensión una Religión Nacional.
6) La mutilación de las Sagradas Escrituras, con la eliminación o purga del Antiguo Testamento (III, 19).
7) La falsa doctrina nazi de que el Nazismo implicaba una nueva y superadora revelación (teoría cara al “Cristianismo Positivo” y propagada por los “Cristianos Alemanes”)


3.  Militariamo-chauvinismo

En muchos círculos sedevacantistas el militarismo chauvinista es la ideología política dominante. La creencia de que las dictaduras militares de por sí, implican la seguridad de un régimen cristiano. Lamentablemente la experiencia iberoamericana ha demostrado que esto no es así. Los gobiernos militares han sido, eso sí conservadores, lo cual no significa que sean fieles a la Verdad, sino que se oponen a cambiso rápidos y radicales. No obstante, han estado aliados con la masonería (Chile) o incluso con la Unión Soviética, como el caso de la última dictadura argentina.[8]

Endiosar el uniforme implica, también, colocar un ídolo en lugar de Dios: el uniforme es un medio, no es un fin en sí mismo. Lo mismo que la Patria, y ahora quisiera tratar el tema del chauvinismo.
Se llama chauvinismo a aquel patriotismo exacerbado, que llega al extremo de lo cómico y lo risible. El chauvinista es el ultra-patriota, el que defiende la Patria por sobre todo y que considera que la Iglesia Católica y la Patria no son sino dos sinónimos, que de hecho, la Patria es Católica y todo lo que no sea católico no es propio de la nación.

Pasemos a ver como funcionaría esto: el chauvisnista-católico despotricará contra la Revolución de Mayo, inspirada en el jacobinismo, aún cuando se demuestre que no tiene ese origen. El católico chauvisnistra predicará y escribirá contra todo el Movimiento de Independencia Iberoamericano, financiado por Gran Bretaña y la Masonería Internacional, pero cuando se le señale "¿Entonces la decadente monarquía borbónica, que había pactado con Napoleón era católica?" dirá "Bueno, no lo que pasa es que la monarquía es el gobierno que Dios quiere" y uno le preguntará "¿Estamos hablando de los borbones como Fernando VII y Carlos IV, dominados por el masón y anticatólico Godoy?" o mejor "¿Estamos hablando de los borbones que violaron las garantías y libertades de la Iglesia Católica y que la quisieron someter a su poder despótico?". Este chauvinista católico, tiene una formación histórica, teológica y política tan endeble que nollegará a relacionar el ascenso y diseminación del jansenismo por Iberoamérica con la monarquía de los borbones... no importa, todo movimiento no-monárquico para él es por definición un invento de la obscura sinarquía que desde las sombras gobierna el mundo y siempre, pero siempre consigue llevar sus planes adelante, con perfección cuasi-divina.

No importa lo que se le pregunte, porque  el chauvinista-católico, con tal de atacar al movimiento independentista (y  sus hombres como San Martín, por ejemplo) saldrán a defender la monarquía hispánica, aún cuando no comprendan siquiera su misma constitución, sus abusos de poder y sus luchas contra el Papado. De nada servirtá explicarle lo que es un tirano, de nada servirá, una y otra vez exponer la situación histórica. Para él, la guerra de independencia argentina, por ejemplo, no fue sino una guerra de Gran Bretaña (protestante, liberal, masónica filojudía) contra la Católica España (¡!) y el apoyar siquiera ese movimiento de independencia volvía (y convierte) a cualesquier hombre en un masón, liberal y ateo (¿Dónde quedará Belgrano?). Este mismo chauvinista-católico también atacará con saña a los gobiernos posteriores a las Guerras Civiles, no importa si unificaron el país, levantaron escuelas, promulgaron las leyes que sentaron las bases de una república, construyeron ferrocarriles, lo importante es que todos eran marionetas de Gran Bretaña, que luego permitió los gobiernos de la Unión Cívica Radical (también masones y pro-ingleses) para gobernar la Argentina, simulando una lucha de facciones para consolidar su poder, pero al servicio de Inglaterra... y luego ese mismo poder británico pergeñará los primeros golpes de estado para asegurar el dominio británico que ya estaba operando desde la Revolución de Mayo...

El Chauvinista-católico es tan saduceo y tan pelagiano como el fascista, y de hecho, no es sino una variante del mismo. Espera la llegada de un mesías que de redención a la Patria, pero ese mesías es un mesías humano, no es el Rey de Reyes, el Señor de Señores. Ese mesías es un líder político que se llenará hablando de la Patria y de la Iglesia, pero que no dudará, como Perón, en someter a la Iglesia a su despótico control.


4. Una perspectiva católica y bíblica
Los católicos hoy nos encontramos ante la situación que otras veces atravesaron los cristianos. ¿Tenemos que obedecer al gobierno? Sí, tenemos que someternos a la autoridad del gobierno en la medida que el mismo no entre en conflicto con nuestra fe. No podemos negarle el reconocimiento, como hicieron ciertos escolásticos modernos, patrocinados por Olga Moreno hace poco, que con rimbombantes sofismas declaraban nulos todos los gobiernos civiles desde hace décadas, o el de un estrafalario político que sostiene que todo el orden constitucional posterior a la Revolución Libertadora[9] es completamente nulo e inválido.[10]

Los católicos debemos tener siempre presente "al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios", también tenemos saber que no podemos servir a dos señores: Dios o la Patria, ni que la Patria puede estar por encima de Dios o peor aún, el nombre de la Religión como una excusa o mera propaganda política. El amor a la Patria es como el amor al prójimo, los cristianos entendemos que el amor al prójimo no es amor al prójimo por el prójimo mismo, sino que es un amor al prójimo por amor a Dios. El católico debe amar a la Patria por amor a Dios, y no a la Patria por la Patria en sí misma.

Finalmente, debemos volver a las Sagradas Escrituras y comprobar si nuestro actuar es conforme o no al que señala la Biblia. Veamos un sólo ejemplo: cuando Nabucodonosor destruyó Jerusalén y llevó a los judaítas cautivos a Babilonia, el por entonces Pueblo de Dios no culpó a los babilonios de su desgracia, antes bien, reconocieron que habían sido ellos mismos, los judíos, los causantes de las calamidades que les sobrevinieron. Ellos reconocieron que por su idolatría, que por haber olvidado y echado por tierra el Pacto del Señor, estaban castigados y que debían pagar por esas culpas. Nosotros, en cambio ¿Qué hacemos? Le echamos la culpa a los ingleses, a los masones, a los sionistas, a los judíos, a los comunistas, a los anarquistas, a todos menos a nosotros mismos.

¿Implica esto que los agentes del Anticristo son inocentes o tienen justificadas sus atrocidades? No, claro que no, pero si ellos pueden actuar es porque nosotros no defendimos como deberíamos la Doctrina Católica, la Moral Cristiana y la Fe que Cristo nos entregó.

Pensar que los problemas que atraviesan nuestras naciones son políticos es propio de un no-cristiano. Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, México, USA, Alemania y todos los países del mundo no están en crisis por las formas de gobierno adoptadas, sino por la falta de fe. El problema es el de la Fe, la Fe que se abandonó y la que se adoptó en lugar de ella. El problema es la apostasía, no la política. En la medida que no corrijamos la apostasía y que demos lugar, prensa, espacio a los saduceos y pelagianos que creen que llegará un líder político a restaurar todo por medio de las armas, seguiremos sumiéndonos en el desgobierno, no ya civil, sino también espiritual.





[1] Remito a los lectores a una entrada de octubre de 2008 “Fuerza patriótica: un partido católico romano”. http://sursumcordablog.blogspot.com.ar/2008/10/hace-muy-pocos-das-recib-un-e-mail-de.html
[2] Tal es el caso del falso judío mesiánico David Dimond. En el mundo tradicionalista tendríamos el caso de Cabildo.
[3] Cfr. Corte Suprema de los Estados Unidos, Marbury v. MADISON, (1803).
[4] Nos referimos al texto El liberalismo es pecado, Buenos Aires, Cruz y Fierro, 1977.
[5] Bahnsen, Greg, By This Standard: The Authority of God's Law Today. Tyler, TX: Institute for Christian Economics, 1985.
[6] Recomendamos el análisis que del saduceísmo político moderno en Poradowski, Miguel, El Marxismo En La Teologia, Lahosa, Santiago de Chile, 1983.
[7] Pío XI, Mitbrennender sorge, 14 de marzo de 1937. Las referencias que siguen en los siete puntos corresponden a los capítulos y párrafos de la Encíclica.
[8] La URSS fue la principal socia comercial del gobierno argentino en el periodo 1976-1982. Esto llegó al punto que el Partido Comunista continuó afiliando miembros en aquellos años. Para pensarlo.
[9] Se denomina así al movimiento cívico-militar que derrocó al gobierno de Juan Domingo Perón en 1955.
[10] Esta teoría política podría tener, no obstante, cierto grado de veracidad: cuando algo es ilícito de origen, lo que de ese algo se deriva no puede ser válido en sentido alguno. Es lo que ocurre, por ejemplo, con la usurpación de la Santa Sede por herejes públicos y manifiestos, como lo señala la Bula Cum Ex Apostolatus. No obstante, nuestro ordenamiento jurídico (y la aplicación histórica de la Cum Ex) ha demostrado que los regímenes que, aún de origen irregular, alcanzan legitimidad de facto por el ejercicio de sus funciones. Ver para ello la acordada de la Corte Suprema de Justicia que reconoció la validez del gobierno militar de 1930 en Argentina (Fallos, Vol 158, pp., 290) y en el caso de la Cum Ex, conviene recordar que la Santa Sede tras el concordato con Napoleón convalidó las diócesis y desiciones administrativas de los obispos de la Iglesia Republicana en Francia, rechazando las protestas de la Pequeña Iglesia. Otro tanto, si nos remontamos a la historia es el caso del reconocimiento de las acciones que tomaron los prelados que habían obedecido a Dioclesiano durante la Gran Persecusión.



miércoles, 16 de diciembre de 2015

Nacionalismo y catolicismo

Nacionalismo y catolicismo

"Dios, patria y familia". Esta fórmula fue, por muchos años, algo que todos sabían, repetían y sentía. Amor a Dios por sobre todas las cosas, amor a la patria por ser nuestro hogar, y a la familia, regalo de Dios, evidencia del mandato divino de Dios a los hombres de crecer y multiplicarse.

Con la hecatombe conciliar y la rápida reacción contra lo que se perfilaba como una "nueva Iglesia" apareció el "tradicionalismo". Con ese nombre se quisieron identificar los católicos romanos que rechazaban al modernismo. Del Tradicionalismo surgieron varias vertientes: Monseñor Marcel Lefebvre fundó la FSSPX mientras el "sedevacantismo" dejaba su estado embrionario y trataba de librar la batalla contra la Roma Neo-Modenista y Neo-Protestante. Las relaciones entre "Monseñor" y el sedevacantismo fueron siempre ambiguas y problemáticas, especialmente desde el momento en el que muchos empezaron a dejar la Fraternidad y volverse a la posición teológica que sostiene que actualmente no hay un Papa Católico Romano. Dentro del sedevacantismo algunos comenzaron a soñar con la posibilidad de una restauración de la Iglesia Católica, o peor, una "salvación" de la misma por medio de un concilio imperfecto.Nació el conclavismo y de él las tragedias de Kansas y Asís.

Pero no todo era una cuestión de fe. Muchas personas insistían en la triada "Dios, Patria y Familia". Sectores nacionalistas comenzaron a coptar el "tradicionalismo" y pronto, el mismo cobró un nuevo rostro. Ahora, era factible ser testigos de hombres y mujeres realizando el saludo fascista ante el paso del una procesión. Católicos que se hinchaban el pecho mientras se proclamaban "nazis" y sostenían que los judíos tenían una naturaleza perversa. En Estados Unidos (un país dialéctico, sin dudas), en nombre de la II Enmienda, grupos católicos tomaron armas y crearon verdaderos arsenales, que hoy podrían hacer palidecer al Branch Davidians y Waco. En Argentina se intentó fundar una especie de fortaleza para los "últimos días" gracias a la Universidad de Guadalajara. Pronto, sectores militares y otros de la derecha peronista (en Argentina) conformaron una extraña síntesis que hoy se puede apreciar en muchas publicaciones. 

Naturalmente, esto no es patrimonio de los argentinos: en México se pueden apreciar como algunos grupos sedevacantistas y conclavistas hacen desfilar a jovenes con vistosos uniformes militares. En España, en algunas procesiones, los falanhgistas en lugar de doblar la rodilla ante el paso del Santísimo levanta el brazo derecho y gritan un saludo de la época del Caudillo... a quienes, como los del Palmar de Troya, elevaron a los altares.

¿Es que acaso el fascismo y el catolicismo son todo uno? Parece que algunos olvidaron las sabias palabras del Papa Pío XI:

Si la raza o el pueblo, si el Estado o una forma determinada del mismo, si los representantes del poder estatal u otros elementos fundamentales de la sociedad humana tienen en el orden natural un puesto esencial y digno de respeto, con todo, quien los arranca de esta escala de valores terrenales elevándolos a suprema norma de todo, aun de los valores religiosos, y, divinizándolos con culto idolátrico, pervierte y falsifica el orden creado e impuesto por Dios, está lejos de la verdadera fe y de una concepción de la vida conforme a esta.
Vigilad, venerables hermanos, con cuidado contra el abuso creciente, que se manifiesta en palabras y por escrito, de emplear el nombre tres veces santo de Dios como una etiqueta vacía de sentido para un producto más o menos arbitrario de una especulación o aspiración humana; y procurad que tal aberración halle entre vuestros fieles la vigilante repulsa que merece. Nuestro Dios es el Dios personal, trascendente, omnipotente, infinitamente perfecto, único en la trinidad de las personas y trino en la unidad de la esencia divina, creador del universo, señor, rey y último fin de la historia del mundo, el cual no admite, ni puede admitir, otras divinidades junto a sí. (Pío XI, Mit Brennender Sorge, II, 12-13).

¿Sólo cuestión nacionalista? No tanto. Quien visite algunos sitios "tradicionalistas" encontrará dos cosas, principalmente: una apología de la Misa Tridentina y un antisemitismo enervado. Cuando alguien advierte que el judío no es malo por tener "la sangre contaminada", sino que es su falsa religión la que lo pervierte, encontramos las respuestas más asombrosas. Tengo anotadas varias que he recibido y quisiera dejarlas aquí:

  • El judío tiene una naturaleza desviada.
  • Sus genes están enfermos.
  • Un judío no puede convertirse sinceramente a la fe católica.
  • Todo el que tenga un ancestro judío es judío.
  • Bautizar a un judío es cometer sacrilegio.
Uno al leer esto debería recordar las palabras de Pío XII que citamos líneas arriba, pero al ser remitidas a estos grupos, sólo encuentra una ceguera impensable. Alguien incluso me dijo que si Pío XII realmente había escrito algo así, estaba al filo de la herejía (¡!). ¿Para que discutir ante semejante respuesta? ¿Acaso son propias de "espíritus superficiales"?

Solamente espíritus superficiales pueden caer en el error de hablar de un Dios nacional, de una religión nacional, y emprender la loca tarea de aprisionar en los límites de un pueblo solo, en la estrechez étnica de una sola raza, a Dios, creador del mundo, rey y legislador de los pueblos, ante cuya grandeza las naciones son como gotas de agua en el caldero (Is 40, 5).

¿Amor a la patria? Si, yo amo a mi país, pero no lo amo más que a Dios. Sé que soy peregrino en esta tierra, que no es mi morada definitiva. Sé que Dios es más grande que mi país y eso no lo olvido. No creo en sistemas políticos "salvadores", porque nadie, sino Dios salva, y salva por medio de su Iglesia, que es Una, Santa, Católica y Apostólica. Es su Iglesia la que existe desde antes de muchas las naciones que hoy están en el mapa. Es su Iglesia la única que estará presente hasta el fin de los días. Dios prometió su asistencia a su Iglesia, no a un país determinado... porque ¿Dónde está, en definitiva, nuestra verdadera patria? No en la tierra, sino en el Cielo, desde donde esperamos a Nuestro Salvador y Redentor, Jesucristo. 

¡Ven Señor Jesús!

sábado, 12 de diciembre de 2015

Santísima Virgen María de Guadalupe: Reina de Méjico y Emperatriz de América

SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA DE GUADALUPE
REINA DE MÉJICO
EMPERATRIZ DE AMÉRICA






Et signum magnum paruit in caelo mulier amicta sole et luna sub  Apocalipsis 12:1

Non fecit taliter omni nationi"

El 25 de mayo de 1754, el Papa Benedicto XIV, confirmó el Patronato de la Virgen de Guadalupe sobre la Nueva España, y promulgó una Bula que aprobó a la Virgen de Guadalupe como Patrona de México, concediéndole misa y oficio propios. Estas gracias que el Papa le concedió a la Virgen de Guadalupe se dieron gracias a este hecho: El Papa, después de contemplar extasiado una copia auténtica de la Guadalupana, pintada por Don Miguel Cabrera, fue llevada como regalo a Su Santidad por el padre Juan Francisco López. En esa ocasión luego de examinarla con atención, con lágrimas en los ojos pronunció una frase del salmo 147, 20 que se ha perennizado: “non fecit taliter omni nationi” NO HIZO COSA IGUAL CON OTRA NACIÓN.

REINA DE MÉJICO Y EMPERATRIZ DE AMERICA
ora pro nobis




RELATO DE LAS APARICIONES DE LA SANTISIMA VIRGEN MARÍA
SEGUN EL NICAN MOPUA:

En orden y concierto se refiere aquí de qué maravillosa manera se apareció poco ha la siempre Virgen María, Madre de Dios, Nuestra Reina, en el Tepeyac, que se nombra Guadalupe.

Primero se dejó ver de un pobre indio llamado Juan Diego; y después se apareció su preciosa imagen delante del nuevo obispo don fray Juan de Zumárraga. También (se cuentan) todos los milagros que ha hecho.

PRIMERA APARICIÓN

Diez años después de tomada la ciudad de México se suspendió la guerra y hubo paz entre los pueblos, así como empezó a brotar la fe, el conocimiento del verdadero Dios, por quien se vive. A la sazón, en el año de mil quinientos treinta y uno, a pocos días del mes de diciembre, sucedió que había un pobre indio, de nombre Juan Diego según se dice, natural de Cuautitlán. Tocante a las cosas espirituales aún todo pertenecía a Tlatilolco.
Era sábado, muy de madrugada, y venía en pos del culto divino y de sus mandados. al llegar junto al cerrillo llamado Tepeyácac amanecía y oyó cantar arriba del cerrillo: semejaba canto de varios pájaros preciosos; callaban a ratos las voces de los cantores; y parecía que el monte les respondía. Su canto, muy suave y deleitosos, sobrepujaba al del COYOLTOTOTL y del TZINIZCAN y de otros pájaros lindos que cantan.
Se paró Juan Diego a ver y dijo para sí: "¿Por ventura soy digno de lo que oigo? ¿Quizás sueño? ¿Me levanto de dormir? ¿Dónde estoy? ¿Acaso en el paraíso terrenal, que dejaron dicho los viejos, nuestros mayores? ¿Acaso ya en el cielo?"
Estaba viendo hacia el oriente, arriba del cerrillo de donde procedía el precioso canto celestial y así que cesó repentinamente y se hizo el silencio, oyó que le llamaban de arriba del cerrillo y le decían: "Juanito, Juan Dieguito".

Luego se atrevió a ir adonde le llamaban; no se sobresaltó un punto; al contrario, muy contento, fue subiendo al cerrillo, a ver de dónde le llamaban. Cuando llegó a la cumbre, vio a una señora, que estaba allí de pie y que le dijo que se acercara.

Llegado a su presencia, se maravilló mucho de su sobrehumana grandeza: su vestidura era radiante como el sol; el risco en que se posaba su planta flechado por los resplandores, semejaba una ajorca de piedras preciosas, y relumbraba la tierra como el arco iris.
Los mezquites, nopales y otras diferentes hierbecillas que allí se suelen dar, parecían de esmeralda; su follaje, finas turquesas; y sus ramas y espinas brillaban como el oro.
Se inclinó delante de ella y oyó su palabra muy blanda y cortés, cual de quien atrae y estima mucho. Ella le dijo: "Juanito, el más pequeño de mis hijos, ¿a dónde vas?" Él respondió: "Señora y Niña mía, tengo que llegar a tu casa de México Tlatilolco, a seguir cosas divinas, que nos dan y enseñan nuestros sacerdotes, delegados de nuestro Señor".

Ella luego le habló y le descubrió su santa voluntad, le dijo: "Sabe y ten entendido, tú, el más pequeño de mis hijos, que yo soy la siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios por quien se vive; del Creador cabe quien está todo; Señor del cielo y de la tierra.
Deseo vivamente que se me erija aquí un templo para en él mostrar y dar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa, pues yo soy vuestra piadosa madre; a ti, a todos vosotros juntos los moradores de esta tierra y a los demás amadores míos que me invoquen y en mí confíen; oír allí sus lamentos, y remediar todas sus miserias, penas y dolores.

Y para realizar lo que mi clemencia pretende, ve al palacio del obispo de México y le dirás cómo yo te envío a manifestarle lo que mucho deseo, que aquí en el llano me edifique un templo: le contarás puntualmente cuanto has visto y admirado y lo que has oído.

Ten por seguro que lo agradeceré bien y lo pagaré, porque te haré feliz y merecerás mucho que yo recompense el trabajo y fatiga con que vas a procurar lo que te encomiendo. Mira que ya has oído mi mandato, hijo mío el más pequeño, anda y pon todo tu esfuerzo".

Al punto se inclinó delante de ella y le dijo: "Señora mía, ya voy a cumplir tu mandado; por ahora me despido de ti, yo tu humilde siervo" Luego bajó, para ir a hacer su mandado; y salió a la calzada que viene en línea recta a México.

Habiendo entrado en la ciudad, sin dilación se fue en derechura al palacio del obispo, que era el prelado que muy poco antes había venido y se llamaba don fray Juan de Zumárraga, religioso de San Francisco. Apenas llegó, trató de verle; rogó a sus criados que fueran a anunciarle y pasado un buen rato vinieron a llamarle, que había mandado el señor obispo que entrara.

Luego que entro, se inclinó y arrodilló delante de él; en seguida le dio el recado de la Señora del Cielo; y también le dijo cuanto admiró, vio y oyó. Después de oír toda su plática y su recado, pareció no darle crédito; y le respondió: "Otra vez vendrás, hijo mío y t e oiré más despacio, lo veré muy desde el principio y pensaré en la voluntad y deseo con que has venido".

Él salió y se vino triste; porque de ninguna manera se realizó su mensaje.

SEGUNDA APARICIÓN

En el mismo día se volvió; se vino derecho a la cumbre del cerrillo y acertó con la Señora del Cielo, que le estaba aguardando, allí mismo donde la vio la vez primera.
Al verla se postró delante de ella y le dijo: "Señora, la más pequeña de mis hijas, Niña mía, fui a donde me enviaste a cumplir tu mandado; aunque con dificultad entré a donde es el asiento del prelado; le vi y expuse tu mensaje, así como me advertiste; me recibió benignamente y me oyó con atención; pero en cuanto me respondió, pareció que no la tuvo por cierto, me dijo: "Otra vez vendrás; te oiré más despacio: veré muy desde el principio el deseo y voluntad con que has venido..."
Comprendí perfectamente en la manera que me respondió, que piensa que es quizás invención mía que Tú quieres que aquí te hagan un templo y que acaso no es de orden tuya; por lo cual, te ruego encarecidamente, Señora y Niña mía, que a alguno de los principales, conocido, respetado y estimado le encargues que lleve tu mensaje para que le crean porque yo soy un hombrecillo, soy un cordel, soy una escalerilla de tablas, soy cola, soy hoja, soy gente menuda, y Tú, Niña mía, la más pequeña de mis hijas, Señora, me envías a un lugar por donde no ando y donde no paro.
Perdóname que te cause gran pesadumbre y caiga en tu enojo, Señora y Dueña mía". Le respondió la Santísima Virgen: "Oye, hijo mío el más pequeño, ten entendido que son muchos mis servidores y mensajeros, a quienes puedo encargar que lleven mi mensaje y hagan mi voluntad; pero es de todo punto preciso que tú mismo solicites y ayudes y que con tu mediación se cumpla mi voluntad.
Mucho te ruego, hijo mío el más pequeño, y con rigor te mando, que otra vez vayas mañana a ver al obispo. Dale parte en mi nombre y hazle saber por enero mi voluntad, que tiene que poner por obra el templo que le pido.
Y otra vez dile que yo en persona, la siempre Virgen Santa María, Madre de Dios, te envía”. Respondió Juan Diego: ”Señora y Niña mía, no te cause yo aflicción; de muy buena gana iré a cumplir tu mandado; de ninguna manera dejaré de hacerlo ni tengo por penoso el camino.
Iré a hacer tu voluntad; pero acaso no seré oído con agrado; o si fuere oído, quizás no se me creerá. Mañana en la tarde, cuando se ponga el sol, vendré a dar razón de tu mensaje con lo que responda el prelado. Ya de ti me despido, Hija mía la más pequeña, mi Niña y Señora. Descansa entre tanto”.
Luego se fue él a descansar a su casa. Al día siguiente, domingo, muy de madrugada, salió de su casa y se vino derecho a Tlatilolco, a instruirse en las cosas divinas y estar presente en la cuenta para ver enseguida al prelado.
Casi a las diez, se presentó después de que oyó misa y se hizo la cuenta y se dispersó el gentío. Al punto se fue Juan Diego al palacio del señor obispo. Apenas llegó, hizo todo empeño por verlo, otra vez con mucha dificultad le vio: se arrodilló a sus pies; se entristeció y lloró al exponerle el mandato de la Señora de Cielo; que ojalá que creyera su mensaje, y la voluntad de la Inmaculada, de erigirle su templo donde manifestó que lo quería.

El señor obispo, para cerciorarse, le preguntó muchas cosas, dónde la vio y cómo era; y él refirió todo perfectamente al señor obispo. Mas aunque explicó con precisión la figura de ella y cuanto había visto y admirado, que en todo se descubría ser ella la siempre Virgen Santísima Madre del Salvador Nuestro Señor Jesucristo; sin embargo, no le dio crédito y dijo que no solamente por su plática y solicitud se había de hacer lo que pedía; que, además, era muy necesaria alguna señal; para que se le pudiera creer que le enviaba la misma Señora del Cielo. Así que lo oyó, dijo Juan Diego al obispo: “Señor, mira cuál ha de ser la señal que pides; que luego iré a pedírsela a la Señora del Cielo que me envía acá”. Viendo el obispo que ratificaba todo, sin dudar, ni retractar nada, le despidió.
Mandó inmediatamente a unas gentes de su casa en quienes podía confiar, que le vinieran siguiendo y vigilando a dónde iba y a quién veía y hablaba. Así se hizo. Juan Diego se vino derecho y caminó por la calzada; los que venían tras él, donde pasa la barranca, cerca del puente Tepeyácac, lo perdieron; y aunque más buscaron por todas partes, en ninguna le vieron. Así es que regresaron, no solamente porque se fastidiaron, sino también porque les estorbó su intento y les dio enojo.
Eso fueron a informar al señor obispo, inclinándole a que no le creyera, le dijeron que no más le engañaba; que no más forjaba lo que venía a decir, o que únicamente soñaba lo que decía y pedía; y en suma discurrieron que si otra vez volvía, le habían de coger y castigar con dureza, para que nunca más mintiera y engañara.

TERCERA APARICIÓN

Entre tanto, Juan Diego estaba con la Santísima Virgen, diciéndole la respuesta que traía del señor obispo; la que oída por la Señora, le dijo: “Bien está, hijo mío, volverás aquí mañana para que lleves al obispo la señal que te ha pedido; con eso e creerá y acerca de esto ya no dudará ni de ti sospechará y sábete, hijito mío, que yo te pagaré tu cuidado y el trabajo y cansancio que por mí has emprendido; ea, vete ahora; que mañana aquí te aguardo”.

Al día siguiente, lunes, cuando tenía que llevar Juan Diego alguna señal para ser creído, ya no volvió, porque cuando llegó a su casa, un tío que tenía, llamado Juan Bernardino, le había dado la enfermedad, y estaba muy grave. Primero fue a llamar a un médico y le auxilió; pero ya no era tiempo, ya estaba muy grave.
Por la noche, le rogó su tío que de madrugada saliera, y viniera a Tlatilolco a llamar un sacerdote, que fuera a confesarle y disponerle, porque estaba muy cierto de que era tiempo de morir y que ya no se levantaría ni sanaría. El martes, muy de madrugada, se vino Juan Diego de su casa a Tlatilolco a llamar al sacerdote; y cuando venía llegando al camino que sale junto a la ladera del cerrillo del Tepeyácac, hacia el poniente, por donde tenía costumbre de pasar, dijo: “Si me voy derecho, no sea que me vaya a ver la Señora, y en todo caso me detenga, para que llevase la señal al prelado, según me previno: que primero nuestra aflicción nos deje y primero llame yo deprisa al sacerdote; el pobre de mi tío lo está ciertamente aguardando”.
Luego, dio vuelta al cerro, subió por entre él y pasó al otro lado, hacia el oriente, para llegar pronto a México y que no le detuviera la Señora del Cielo.

CUARTA APARICIÓN

Pensó que por donde dio vuelta, no podía verle la que está mirando bien a todas partes.
La vio bajar de la cumbre del cerrillo y que estuvo mirando hacia donde antes él la veía. Salió a su encuentro a un lado del cerro y le dijo: “¿Qué hay, hijo mío el más pequeño? ¿Adónde vas?” ¿Se apenó él un poco o tuvo vergüenza, o se asustó?.
Juan Diego se inclinó delante de ella; y le saludó, diciendo: “Niña mía, la más pequeña de mis hijas. Señora, ojalá estés contenta. ¿Cómo has amanecido? ¿Estás bien de salud, Señora y Niña mía? Voy a causarte aflicción: sabe, Niña mía, que está muy malo un pobre siervo tuyo, mi tío; le ha dado la peste, y está para morir. Ahora voy presuroso a tu casa de México a llamar uno de los sacerdotes amados de Nuestro Señor, que vaya a confesarle y disponerle; porque desde que nacimos, venimos a aguardar el trabajo de nuestra muerte.
Pero si voy a hacerlo, volveré luego otra vez aquí, para ir a llevar tu mensaje. Señora y Niña mía, perdóname; tenme por ahora paciencia; no te engaño, Hija mía la más pequeña; mañana vendré a toda prisa”. Después de oír la plática de Juan Diego, respondió la piadosísima Virgen: “Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige, no se turbe tu corazón, no temas esa enfermedad, ni otra alguna enfermedad y angustia. ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo? ¿Qué más has menester? No te apene ni te inquiete otra cosa; no te aflija la enfermedad de tu tío, que no morirá ahora de ella: está seguro que ya sanó”.
(Y entonces sanó su tío según después se supo). Cuando Juan Diego oyó estas palabras de la Señora del Cielo, se consoló mucho; quedó contento. Le rogó que cuanto antes le despachara a ver al señor obispo, a llevarle alguna señal y prueba; a fin de que le creyera.

La Señora del Cielo le ordenó luego que subiera a la cumbre del cerrillo, donde antes la veía. Le dijo: “Sube, hijo mío el más pequeño, a la cumbre del cerrillo, allí donde me vise y te di órdenes, hallarás que hay diferentes flores; córtalas, júntalas, recógelas; Enseguida baja y tráelas a mi presencia”.

Al punto subió Juan Diego al cerrillo y cuando llegó a la cumbre se asombró mucho de que hubieran brotado tantas variadas, exquisitas rosas de Castilla, antes del tiempo en que se dan, porque a la sazón se encrudecía el hielo; estaban muy fragantes y llenas de rocío, de la noche, que semejaba perlas preciosas.
Luego empezó a cortarlas; las juntó y las echó en su regazo. Bajó inmediatamente y trajo a la Señora del Cielo las diferentes rosas que fue a cortar; la que, así como las vio, las cogió con su mano y otra vez se las echó en el regazo, diciéndole: “Hijo mío el más pequeño, esta diversidad de rosas es la prueba y señal que llevarás al obispo.
Le dirás en mi nombre que vea en ella mi voluntad y que él tiene que cumplirla. Tú eres mi embajador, muy digno de confianza. Rigurosamente te ordeno que sólo delante del obispo despliegues tu manta y descubras lo que llevas. Contarás bien todo; dirás que te mandé subir a la cumbre del cerrillo que fueras a cortar flores; y todo lo que viste y admiraste; para que puedas inducir al prelado a que te dé su ayuda, con objeto de que se haga y erija el templo que he pedido”.

Después que la Señora del Cielo le dio su consejo, se puso en camino por la calzada que viene derecho a México: ya contento y seguro de salir bien, trayendo con mucho cuidado lo que portaba en su regazo, no fuera que algo se le soltara de las manos, y gozándose en la fragancia de las variadas hermosas flores.

Al llegar al palacio del obispo, salieron a su encuentro el mayordomo y otros criados del prelado. Les rogó le dijeran que deseaba verle, pero ninguno de ellos quiso, haciendo como que no le oían, sea porque era muy temprano, sea porque ya le conocían, que sólo los molestaba, porque les era importuno; y, además, ya les habían informado sus compañeros, que le perdieron de vista, cuando habían ido en su seguimiento.
Largo rato estuvo esperando. Ya que vieron que hacía mucho que estaba allí, de pie, cabizbajo, sin hacer nada, por si acaso era llamado; y que al parecer traía algo que portaba en su regazo, se acercaron a él para ver lo que traía y satisfacerse.
Viendo Juan Diego que no les podía ocultar lo que tría y que por eso le habían de molestar, empujar o aporrear, descubrió un poco que eran flores, y al ver que todas eran distintas rosas de Castilla, y que no era entonces el tiempo en que se daban, se asombraron muchísimo de ello, lo mismo de que estuvieran muy frescas, tan abiertas, tan fragantes y tan preciosas.
Quisieron coger y sacarle algunas; pero no tuvieron suerte las tres veces que se atrevieron a tomarlas; no tuvieron suerte, porque cuando iban a cogerlas, ya no se veían verdaderas flores, sino que les parecían pintadas o labradas o cosidas en la manta.

Fueron luego a decir al obispo lo que habían visto y que pretendía verle el indito que tantas veces había venido; el cual hacía mucho que aguardaba, queriendo verle. Cayó, al oírlo el señor obispo, en la cuenta de que aquello era la prueba, para que se certificara y cumpliera lo que solicitaba el indito. Enseguida mandó que entrara a verle.

Luego que entró, se humilló delante de él, así como antes lo hiciera, y contó de nuevo todo lo que había visto y admirado, y también su mensaje. Dijo: “Señor, hice lo que me ordenaste, que fuera a decir a mi Ama, la Señora del Cielo, Santa María, preciosa Madre de Dios, que pedías una señal para poder creerme que le has de hacer el templo donde ella te pide que lo erijas; y además le dije que yo te había dado mi palabra de traerte alguna señal y prueba, que me encargaste, de su voluntad.
Condescendió a tu recado y acogió benignamente lo que pides, alguna señal y prueba para que se cumpla su voluntad. Hoy muy temprano me mandó que otra vez viniera a verte; le pedí la señal para que me creyeras, según me había dicho que me la daría; y al punto lo cumplió: me despachó a la cumbre del cerrillo, donde antes yo la viera, a que fuese a cortar varias rosas de Castilla.
Después me fui a cortarlas, las traje abajo; las cogió con su mano y de nuevo las echó en mi regazo, para que te las trajera y a ti en persona te las diera. Aunque yo sabía bien que la cumbre del cerrillo no es lugar en que se den flores, porque sólo hay muchos riscos, abrojos, espinas, nopales y mezquites, no por eso dudé; cuando fui llegando a la cumbre del cerrillo miré que estaba en el paraíso, donde había juntas todas las varias y exquisitas rosas de Castilla, brillantes de rocío que luego fui a cortar.

Ella me dijo por qué te las había de entregar; y así lo hago, para que en ellas veas la señal que pides y cumplas su voluntad; y también para que aparezca la verdad de mi palabra y de mi mensaje. He las aquí: recíbelas”.

Desenvolvió luego su blanca manta, pues tenía en su regazo las flores; y así que se esparcieron por el suelo todas las diferentes rosas de Castilla, se dibujó en ella y apareció de repente la preciosa imagen de la siempre Virgen Santa María, Madre de Dios, de la manera que está y se guarda hoy en su templo del Tepeyácac, que se nombra Guadalupe.

Luego que la vio el señor obispo, él y todos los que allí estaban se arrodillaron; mucho la admiraron; se levantaron; se entristecieron y acongojaron, mostrando que la contemplaron con el corazón y con el pensamiento.

El señor obispo, con lágrimas de tristeza oró y pidió perdón de no haber puesto en obra su voluntad y su mandato. Cuando se puso de pie, desató del cuello de Juan Diego, del que estaba atada, la manta en que se dibujó y apareció la señora del Cielo.
Luego la llevó y fue a ponerla en su oratorio. Un día más permaneció Juan Diego en la casa del obispo que aún le detuvo. Al día siguiente, le dijo: “Ea, a mostrar dónde es voluntad de la Señora del Cielo que le erija su templo”.
Inmediatamente se convidó a todos para hacerlo. No bien Juan Diego señaló dónde había mandado la Señora del Cielo que se levantara su templo, pidió licencia de irse.
Quería ahora ir a su casa a ver a su tío Juan Bernardino, el cual estaba muy grave, cuando le dejó y vino a Tlatilolco a llamar a un sacerdote, que fuera a confesarle y disponerle, y le dijo la Señora del Cielo que ya había sanado.
Pero no le dejaron ir solo, sino que le acompañaron a su casa. Al llegar, vieron a su tío que estaba muy contento y que nada le dolía.
Se asombró mucho de que llegara acompañado y muy honrado su sobrino, a quien preguntó la causa de que así lo hicieran y que le honraran mucho.
Le respondió su sobrino que, cuando partió a llamar al sacerdote que le confesara y dispusiera, se le apareció en el Tepeyácac la Señora del Cielo; La que, diciéndole que no se afligiera, que ya su tío estaba bueno, con que mucho se consoló, le despachó a México, a ver al señor obispo para que le edificara una casa en el Tepeyácac. Manifestó su tío ser cierto que entonces le sanó y que la vio del mismo modo en que se aparecía a su sobrino; sabiendo por ella que le había enviado a México a ver al obispo.
También entonces le dijo la Señora que, cuando él fuera a ver al obispo, le revelara lo que vio y de qué manera milagrosa le había sanado; y que bien la nombraría, así como bien había de nombrarse su bendita imagen, la siempre Virgen Santa María de Guadalupe.

Trajeron luego a Juan Bernardino a presencia del señor obispo; a que viniera a informarle y atestiguara delante de él. A entrambos, a él y a su sobrino, los hospedó el obispo en su casa algunos días, hasta que se erigió el templo de la Reina del Tepeyácac, donde la vio Juan Diego.
El Señor obispo trasladó a la Iglesia Mayor la santa imagen de la amada Señora del Cielo; la sacó del oratorio de su palacio, donde estaba, para que toda la gente viera y admirara su bendita imagen.
La ciudad entera se conmovió: venía a ver y admirar su devota imagen, y a hacerle oración. Mucho le maravillaba que se hubiese aparecido por milagro divino; porque ninguna persona de este mundo pintó su preciosa imagen.

viernes, 11 de diciembre de 2015

Para meditar tras la muerte de un ser querido

Apocalipsis 21: 3-7

Oí una voz grande, que del trono decía: He aquí el tabernáculo de Dios entre los hombres, y erigirá su tabernáculo entre ellos, y serán su pueblo y el mismo Dios será con ellos, y enjugará las lágrimas de sus ojos, y la muerte no existirá más, ni habrá duelo, ni gritos, ni trabajo, porque todo esto es ya pasado.
Y dijo el que estaba sentado en el trono: He aquí que hago nuevas todas las cosas. Y dijo: Escribe, porque éstas son las palabras fieles y verdaderas. Díjome: Hecho está. Yo soy el alfa y la omega, el principio y el fin. Al que tenga sed le daré gratis de la fuente de agua de vida. El que venciere heredará estas cosas, y seré su Dios, y él será mi hijo. 

jueves, 10 de diciembre de 2015

Un camino a ninguna parte

Un camino a ninguna parte
La triste realidad de las sectas ex-lefebvristas

El día que en el la Capilla del Seminario Nuestra Señora Co-redentora se cantó el Te Deum porque Ratzinger/Benedicto XVI había levantado la inválida e ilícita excomunión contra los cuatro obispos, muchos pusimos nuestra mirada sobre Monseñor Richard Williamson.  Entre los fieles, varios salimos en clara señal de protesta y nos mantuvimos fuera y empezamos a discutir, acaloradamente, que estaba ocurriendo. Otro tanto pasó cuando se “festejó” la “liberación de la Misa”.

Aquel día fue, para muchos, el comienzo del distanciamiento con la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. No porque a muchos nos preocuparan las acciones de Roma (inválidas, ilícitas, nulas por tratarse de la Roma Neo-Modernista y Neo-Protestante), sino por la actitud que frente a ello tomaba la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, a quien veíamos como el principal bastión contra la Falsa Iglesia del Anticristo.

Cuando Monseñor Richard Williamson fue expulsado de la Fraternidad, muchísimos, y me incluyo entre ellos, creíamos que ahora vendría el gran momento de que la Fraternidad se volviera mucho más dura. ¿Cuántos fieles católicos, que creíamos sinceramente en que la Sede Apostólica estaba usurpada pensamos que Monseñor Williamson tendería la mano a los “sedevacantistas” y los recibiría? ¿Cuántos creímos que esas heridas de tantos años podrían sanarse y que en lugar de proseguir con la lucha fratricida, con la pelea por los fieles (y sus recursos económicos) se iniciaría un frente común contra el verdadero enemigo, La Iglesia del Anticristo?

Al poco tiempo, Monseñor Williamson organizó la “Resistencia”. No me faltó (y ahora quiero hablar en singular) mucho para darme cuenta de que no se trató jamás de una resistencia contra la Roma Usurpada, contra los Usurpadores de la Silla Apostólica y de todas las sedes episcopales, sino contra las autoridades de la FSSPX. Si quedaba alguna duda, la tan cercana consagración episcopal del Padre Jean Michel Faure dejó bien en claro a dónde apunta la tan mentada “resistencia”.

El show de muchos ex-lefebvristas fue y es patético. Eso lo traté en una entrada del 17 de mayo del año 2014 (la consagración se venía barajando desde hacía tiempo), donde analicé la “carta abierta” redactada por el presbítero Sergio Ruiz Vallejo, ahora Fray de Jesús, quien amenazaba a Williamson con “evidencias” secretas para detener la consagración episcopal. La actitud era tan patética y tan cobarde que no merecía más que el rechazo. Si Fray de Jesús tenía pruebas debería aportarlas al inicio, no podía ocultarlas y pretender ganar algo al respecto. Esa actitud cobarde y rastrera no fue propia de él, sino de todo un grupo de antiguos miembros de la FSSPX, tal como señalé en aquel artículo

Hace pocas semanas, recibí de parte del grupo del Fray de Jesús/Ruiz Vallejo la carta con la que había amenazado... el total de las evidencias con las que esperaba desenmascarar a Faure, Williamson y a todo el mundo. Publiqué el enlace a la carta con un comentario previo y ver la calidad de los mensajes de los apologistas, las tristes justificaciones a lostantos años de silencio, y la cantidad de anónimos usados por los partidarios(y por el propio Ruiz Vallejo) podrían confirmar al más recio "Home Alone"de que su postura es la más acertada ante estos personajes.

Pero no todo termina, ni terminará allí. Luego de la tan mentada consagración episcopal de Monseñor Faure, el obispo argentino Andrés Morello escribió una de sus peores pastorales en las que terminó admitiendo que su salida de la FSSPX no fue por cuestiones doctrinales, sino exclusivamente por una cuestión de control y de poder. Terminó confesando lo que todos ya conocíamos o sospechábamos: Morello no fue un sedevacantista y de hecho, no lo es. Es un lefebvrista resentido y a partir de ese resentimiento contra la FSSPX ha realizado toda su obra.

Si el árbol se reconoce por sus frutos, magros son los cosechados por el obispo Andrés Morello: escasos sacerdotes, pelas por doquier, ansias de dominio y abuso de poderes episcopales hasta lo increíble… un día erige y se declara protector, violando el derecho canónico, una “congregación”, el otro ve invadido su “territorio” por un diácono norteamericano que anda disfrazado de obispo y no puede contener para sí al sacerdote que sedujo con una congregación propia. Protege a un personaje como Nicolás Venegas, una persona con las facultades mentales alteradas, eterno seminarista y agresivo calumniador y comentarista aquí en Sursum Corda… acciones estas que llevaron a que Morello no pudiera administrarle las ordenes sagradas, aún a pedido del presbítero Damín. Al mismo tiempo, Morello, autoproclamado jerarca de la Iglesia y único obispo sedevacantista de Argentina y sostenedor de la tesis de Guerard des Lauriers ni cruza palabra con el señor Sergio Casas Silva, falso sacerdote, ordenado en la Iglesia Conciliar y que regentea una de las sedes del Instituto Buen Pastor del Padre Ricossa. Por su parte, el obispo-títere de Ricosa, Monseñor Geert Stuyve viene y va del país como si aquí no hubiera nadie más que el grupito de Casas Silva y Morello mantiene, ya en clara decadencia y desgracia el silencio…

Y volvemos a Monseñor Richard Williamson y su tan mentada “Resistencia”. ¿Qué es eso? ¿Qué fin le espera a esa aventaura en la que se embarcaron tantos “duros”? Nada. No es sino un grupo de lefebvristas que ni son sedevacantistas ni son acuerdistas, que se mantienen en el eterno limbo de la FSSPX. Tanto es así que incluso uyn presbítero de la Faternidad Sacerdotal San Pío X me consultó a mi (¡Que soy un fiel de a pié!) sobre la posibilidad de irse con Williamson y su grupete. Y si así de confundido está el sacerdote ¿Cuánto más los fieles? Y muchos fieles aún siguen pensando que de allí, de todos estos grupúsculos de ex-lefebvristas puede salir algo bueno. ¡Salid de en medio de ella, pueblo mío! (Jer 51:54).


miércoles, 9 de diciembre de 2015

Prueba bíblica de la Inmaculada


A continuación ponemos para nuestros lectores el texto bíblico que sirve para demostrar la Inmaculada Concepción de la Siempre Virgen María, Madre de Dios, la Θεοτόκος, la Deī Genetrix.
El texto corresponde al Evangelio Según San Lucas (1: 26-38) y colocamos el texto en griego, el texto latino de la Vulgata (puede descargarla aquí) y finalmente la traducción al español, realizada por Jünemann, de la Septuaginta, o versión de los LXX, que pueden descargar haciendo click aquí.





Lucas 1:26-38
Texto Griego (critico)


᾿Εν δὲ τῷ μηνὶ τῷ κτῳ ἀπεστάλη ὁ γγελος Γαβριὴλ ὑπὸ τοῦ Θεοῦ εἰς πόλιν τῆς Γαλιλαίας ᾗ νομα Ναζαρὲτ,
πρὸς παρθένον μεμνηστευμένην ἀνδρὶ ᾧ νομα ᾿Ιωσὴφ, ἐξ οκου Δαυδ, καὶ τὸ νομα τῆς παρθένου Μαριάμ.
καὶ εἰσελθὼν ὁ γγελος πρὸς αὐτὴν επε· χαῖρε, κεχαριτωμένη· ὁ Κύριος μετὰ σοῦ· εὐλογημένη σὺ ἐν γυναιξίν.
ἡ δὲ ἰδοῦσα διεταράχθη ἐπὶ τῷ λόγῳ αὐτοῦ, καὶ διελογίζετο ποταπὸς εη ὁ ἀσπασμὸς οτος.
καὶ επεν ὁ γγελος αὐτῇ· μὴ φοβοῦ, Μαριάμ· ερες γὰρ χάριν παρὰ τῷ Θεῷ.
καὶ ἰδοὺ συλλήμψῃ ἐν γαστρὶ καὶ τέξῃ υἱόν, καὶ καλέσεις τὸ νομα αὐτοῦ ᾿Ιησοῦν.
οτος σται μέγας καὶ υἱὸς ὑψίστου κληθήσεται, καὶ δώσει αὐτῷ Κύριος ὁ Θεὸς τὸν θρόνον Δαυδ τοῦ πατρὸς αὐτοῦ,
καὶ βασιλεύσει ἐπὶ τὸν οκον ᾿Ιακὼβ εἰς τοὺς αἰῶνας, καὶ τῆς βασιλείας αὐτοῦ οὐκ σται τέλος.
επε δὲ Μαριὰμ πρὸς τὸν γγελον· πῶς σται τοῦτο, ἐπεὶ νδρα οὐ γινώσκω;
καὶ ἀποκριθεὶς ὁ γγελος επεν αὐτῇ· Πνεῦμα Αγιον ἐπελεύσεται ἐπὶ σέ, καὶ δύναμις ὑψίστου ἐπισκιάσει σοι· διὸ καὶ τὸ γεννώμενον γιον κληθήσεται υἱὸς Θεοῦ.
καὶ ἰδοὺ ᾿Ελισάβετ ἡ συγγενίς σου καὶ αὐτὴ συνείληφυῖα υἱὸν ἐν γήρει αὐτῆς, καὶ οτος μὴν κτος ἐστὶν αὐτῇ τῇ καλουμένῃ στείρᾳ·
τι οὐκ ἀδυνατήσει παρὰ τῷ Θεοῦ πᾶν ῥῆμα.
επε δὲ Μαριάμ· ἰδοὺ ἡ δούλη Κυρίου· γένοιτό μοι κατὰ τὸ ῥῆμά σου. καὶ ἀπῆλθεν ἀπ᾿ αὐτῆς ὁ γγελος.

Lucas 1:26-38
Vulgata Latina
in mense autem sexto missus est angelus Gabrihel a Deo in civitatem Galilaeae cui nomen Nazareth
ad virginem desponsatam viro cui nomen erat Ioseph de domo David et nomen virginis Maria
et ingressus angelus ad eam dixit have gratia plena Dominus tecum benedicta tu in mulieribus
quae cum vidisset turbata est in sermone eius et cogitabat qualis esset ista salutatio
et ait angelus ei ne timeas Maria invenisti enim gratiam apud Deum
ecce concipies in utero et paries filium et vocabis nomen eius Iesum
hic erit magnus et Filius Altissimi vocabitur et dabit illi Dominus Deus sedem David patris eius
et regnabit in domo Iacob in aeternum et regni eius non erit finis
dixit autem Maria ad angelum quomodo fiet istud quoniam virum non cognosco
et respondens angelus dixit ei Spiritus Sanctus superveniet in te et virtus Altissimi obumbrabit tibi ideoque et quod nascetur sanctum vocabitur Filius Dei
et ecce Elisabeth cognata tua et ipsa concepit filium in senecta sua et hic mensis est sextus illi quae vocatur sterilis
quia non erit inpossibile apud Deum omne verbum
dixit autem Maria ecce ancilla Domini fiat mihi secundum verbum tuum et discessit ab illa angelus


Lucas 1:26-38
Traducción de la Septuaginta

 Y en el mes el sexto fue enviado el ángel Gabriel de Dios, a una ciudad de Galilea, cuyo nombre Nazaret, a una virgen desposada con un varón, cuyo nombre, José, de casa de David; y el nombre de la virgen, María. Y, entrando a ella dijo: «Alégrate, agraciada[1]: el Señor, contigo, bendita tú en mujeres» Y ella por la palabra perturbóse, y consideraba de dónde fuese esta salutación. Y dijo el ángel a ella: «No temas, María; porque has hallado gracia delante de Dios. Y he aquí, concebirás en vientre, y parirás hijo, y llamarás su nombre, Jesús. Este será grande e Hijo del Altísimo será llamado; y darále Señor Dios el trono de David, su padre; y reinará sobre la casa de Jacob por los siglos, y de su reino no habrá fin». Y dijo María al ángel: «¿Cómo será esto, cuando varón no conozco?» Y, respondiendo el ángel, díjola: «Espíritu Santo vendrá sobre ti, y poder del Altísimo te sombreará; por esto también lo nacido santo será llamado Hijo de Dios. Y he aquí, Elisabet, tu parienta, también ella ha concebido hijo en su vejez; y este mes el sexto es para ella la llamada estéril; que no será imposible delante de Dios toda palabra». Y dijo María: «He aquí la sierva del Señor; hágaseme según tu palabra». Y retiróse de ella el ángel.




[1] También puede traducirse como "llena de Gracia", que sería la traducción más literal de χαῖρε κεχαριτωμένη