sábado, 20 de febrero de 2016

El hombre interior y el hipócrita ante la cuaresma

El hombre interior y el hipócrita ante la cuaresma
El calendario litúrgico señala que estamos en el tiempo de cuaresma. En estos días se recuerda que Nuestro Señor Jesucristo, luego de sumergirse en las aguas del Jordán, fue llevado hasta el desierto dónde el Demonio lo tentó. El relato aparece con algunas pequeñas variaciones en los Evangelios de San Mateo y San Lucas, y muy resumido en San Marcos. En efecto, éste evangelio se limita a decir lo siguiente:

En seguida el Espíritu le empujó hacia el desierto.
Permaneció en él cuarenta días tentado por Satanás, y moraba entre las fieras, pero los ángeles le servían. (Mar 1:12-13)

En cambio, el Evangelio de Mateo y de Lucas tampoco nos dice demasiado sobre aquellos cuarenta días, sino que sólo ayunó y cumplido aquel tiempo, sintió hambre y entonces se le presentó el Demonio con el fin de tentarlo. Por su parte, el Evangelio de San Lucas sostiene que Jesucristo fue tentado durante aquellos cuarenta días por el Diablo (ἡμέρας τεσσεράκοντα πειραζόμενος ὑπὸ τοῦ διαβόλου Lc 4:2).

La Iglesia, desde antiguo tomó esos cuarenta días como un tiempo de preparación para el misterio de la Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Son cuarenta días en los que estamos invitados a reflexionar, orar, ayunar y cambiar nuestra vida para enmendarnos y entregarnos al Señor. ¡Qué mejor manera de vivir en Cristo que seguir la enseñanza del Sermón de la Montana! En efecto, cuando el joven rico preguntó a Cristo qué debía hacer para conseguir la Vida Eterna, el Verbo que se hizo carne, le respondió “Conoces los mandamientos” (Lc 18:20). Pero para algunos autodenominados tradicionalistas, la cuaresma se limita al ayuno y las largas oraciones. De su vida, nada tienen que cambiar (creen) porque con esas cosas, ellos ya están salvos.

¿Qué es esto de orar y ayunar? ¿Se limita a la práctica de no comer o asistir a una Misa? Junto con esto, conviene preguntarse también ¿Es una práctica cristiana hacer gala del guardar puntualmente, sobre todo en el fuero externo la cuaresma? Estas preguntas vienen porque, en estos días y gracias a las redes sociales, podemos ser testigos de como algunos tradicionalistas gustan mostrar la piedad que los caracterizan, aunque muchas veces se trata, únicamente, de una piedad externa, vacía, y por lo tanto farisíaca.

La oración pública no está prohibida, eso es algo que todos sabemos ¿Cuántos de nosotros, cuando tenemos un largo viaje no tomamos el rosario y lo rezamos mientras nuestros ojos recorren el paisaje, muchas veces poco amigable? ¿Quién, teniendo que hacer antesala no rezó un Padrenuestro o un Avemaría? Pero bien sabemos que hay una diferencia entre eso y la actitud farisíaca de mostrarnos ante los demás como místicos. Vemos a muchos seglares que ponen largas oraciones en Facebook, o se toman fotos a sí mismos rezando. Otro ejemplo: el lunes pasé por la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced, en el microcentro porteño, allí había un grupo de mujeres, una de las cuales es una fiel lefebvrista, rezando el rosario prácticamente a los gritos, dando clamores de dolor y de angustia, a punto tal que algunas personas empezaron a retirarse. Nadie de los que estaba allí, imagino, pensó “¡Qué ejemplo de piedad!”.

Nuestro Señor Jesucristo nos advirtió, efectivamente sobre estas prácticas en el Sermón de la Montaña:

Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar de pie en las sinagogas y en los cantones de las plazas, para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya recibieron su recompensa." Tú, cuando ores, entra en tu cámara y, cerrada la puerta, ora a tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo dará."
Y orando, no seáis habladores como los gentiles, que piensan ser escuchados por su mucho hablar.  No os asemejéis, pues, a ellos, porque vuestro Padre conoce las cosas de que tenéis necesidad antes que se las pidáis. (Mt 6:5-8)

La palabra clave es υποκριται, la cual sirve para designar a los actores que desempeñaban un papel. ¿Cuál es ese papel? El de fieles, el de creyentes. Es una dramatización y por lo tanto, sólo puede ser una piedad externa, exotérica, porque en ellos no vive Cristo (Gal 2:20), y  el hombre interior (τὸν ἔσω ἄνθρωπον) está muerto (Rom 7:22). Por el contrario, aquel que es fiel, el que es cristiano, el que es católico no necesita mostrarse como piadoso, no necesita demostrar a los demás que guarda las fiestas con precisión teutónica y que a partir del miércoles de cenizas ya no viste con colores, no ríe, no come carne, ni va al cine o se toma un fin de semana para descansar. El verdadero cristiano sabe que todo eso que es exterior no es lo que lo define como miembro del Cuerpo Místico de Cristo:

Porque no es judío el que lo es en lo exterior, ni es circuncisión la circuncisión exterior de la carne;  sino que es judío el que lo es en lo interior, y es circuncisión la del corazón, según el espíritu, no según la letra. La alabanza de éste no es de los seres humanos, sino de Dios  (Rom 2:28-29)

A partir de aquí, podemos ver entonces que existe una oposición entre los hipócritas y el hombre interior, entre υποκριται y ἔσω ἄνθρωπον, el primero vive únicamente de la apariencia, del actuar como si fuera un fiel, y como él no conoce esa vida, como en él no vive Cristo, sólo puede aspirar a la parafernalia, a mostrarse ayunando u orando, pero esos ayunos y esas oraciones, falsas, no por amor a Cristo, sino por amor a sí mismo y a lo que dirán sus cofrades y por eso “ya recibieron su recompensa” (Mt 6:5).

El ayuno es otra de las prácticas que caracterizan la cuaresma y de la que los autodenominados tradicionalistas gustan desvirtuar para alimentar su vanidad, porque Nuestro Señor fue claro:

Cuando ayunéis, no aparezcáis tristes, como los hipócritas, que demudan su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que recibieron su recompensa. Tú, cuando ayunes, úngete la cabeza y lava tu cara, para que no vean los hombres que ayunas, sino tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo concederá. (Mt 6: 16-18)

Nuevamente vemos la oposición entre los hipócritas (υποκριται) y los que viven según la Palabra de Dios, los primeros ya recibieron su pago (μισθον αυτων), su recompensa. El hipócrita, el falsario, el que simula ser cristiano sólo ayuna para ser visto y con ánimo de disputa, no de purificación ni de preparación:

Ayunáis para mejor reñir y disputar y para herir inicuamente con el puño. No ayunéis como lo hacéis ahora, si queréis que en lo alto se oiga vuestra voz. ¿Es acaso así el ayuno que yo escogí, el día en que el hombre se mortifica? ¿Encorvar la cabeza como un junco y acostarse con saco y ceniza? ¿A eso llamáis ayuno y día agradable a Yahvé? ¿Sabéis qué ayuno quiero yo? dice el Señor Yahvé: Romper las ataduras de iniquidad, deshacer los haces opresores dejar libres a los oprimidos y quebrantar todo yugo; partir tu pan con el hambriento, albergar al pobre sin abrigo, vestir al desnudo y no volver tu rostro ante tu hermano (Is 58: 4-7)

Ni el ayuno ni la oración pueden ser motivo para enorgullecernos ni mostrarlo a los demás, al contrario, debemos guardar estas prácticas en nuestro corazón y entregarlas al Señor. ¿Cuántas veces hemos leído la parábola del fariseo y del publicano? ¿Alguien recuerda como comenzaba la parábola? ¿Alguien recuerda qué motivó a Cristo el enseñarla?:

Dijo también esta parábola a algunos que confiaban mucho en sí mismos, teniéndose por justos, y despreciaban a los demás. (Luc 18: 9)
¿No está acaso escrito:

Así dice Yahvé: Maldito el hombre que en el hombre pone su confianza, y de la carne hace su apoyo, y aleja de Yahvé su corazón (Jer 17: 5)?
Los que se creen justos, desprecian a los demás. Los que se tienen por grandes no pueden hacerse pequeños, caen en el error de la soberbia, de la altanería, de creer ser más de lo que son y por lo tanto, merecedores creen merecer una mayor recompensa. Como los pelagianos de la antigüedad los méritos siempre les son propios, nada deben a Dios y su confianza está tan puesta en sí mismos, que pervierten la fe cayendo en el auto-antropocentrismo. Estos hipócritas ven el ayuno, la oración y el privilegio de la Misa, como algo que se merece o que han merecido y de lo que pueden hacer gala, no como algo que es necesario para la santificación personal y para glorificar a Dios. Es en última instancia, siguen la aberración de Lucifer:

¡Cómo caíste del cielo, oh Lucifer, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas las naciones.
Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo, en lo alto junto a las estrellas de Dios levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte;
Sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo.
Pero tú derribado serás hasta el infierno, a los lados del abismo. (Is 14: 12-15)

Y esta es la situación que vemos en algunos sacerdotes tradicionalistas que en vez de vivir en Cristo, viven de los cristianos, que en lugar de predicar la Doctrina, pasan el día entre chismes y mentiras, llevando y trayendo, alimentándose, no de la Palabra de Dios, sino de la infamia y la miseria. ¡Qué triste espectáculo que ni aún en la cuaresma parece cambiar! Porque una cosa es que el sacerdote denuncie las falsas doctrinas con el que se envenena al pueblo de Dios, pero muy diferente es el accionar de aquellos que ventilan las miserias y bajezas, muchas veces valiéndose de mentiras y calumnias. ¿Qué hombre interior podrá alimentarse de Cristo en esas condiciones? ¿Qué obras del espíritu podrán producir estos presbíteros y estos fieles, tan confiados en su propio corazón y alejados del Salvador?

El mantener la apariencia de piedad, no es tan fácil como parece, porque saltan las contradicciones tarde o temprano. Si es"sedevacantista" puede llegar a asistir sin ningún reparo a las misas lefebvristas, con tal que vean que asiste a la Misa Latina; es capaz de mantener communicatio in sacris con toda la jerarquía apóstata del Vaticano II, con tal de que los demás lo vean como a un campeón de la ortodoxia, aunque su fe esté muerta y sus acciones nada valgan. Ellos fueron llamados por Jesucristo con los títulos de hipócritas, ciegos, necios, insensatos, sepulcros blanqueados:

Entonces habló Jesús a la multitud y a sus discípulos, diciendo: En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos: Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo, pero no hagáis conforme a sus obras, porque ellos dicen, y no hacen. 
Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen en hombros de los hombres; pero ellos ni con su dedo las quieren mover.
Antes, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres; porque ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos; y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas; y las salutaciones en las plazas, y ser llamados por los hombres: Rabí, Rabí.
Mas vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos.  Y no llaméis vuestro padre a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en el cielo. Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo.
Y el que es mayor entre vosotros, sea vuestro siervo.
Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido. Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; porque ni entráis, ni a los que están entrando dejáis entrar.
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque devoráis las casas de las viudas, y por pretexto, hacéis largas oraciones; por tanto llevaréis mayor condenación.
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, lo hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros.
¡Ay de vosotros, guías ciegos! que decís: Si alguno jura por el templo, no es nada; pero si alguno jura por el oro del templo, es deudor.
¡Insensatos y ciegos! porque ¿cuál es mayor, el oro, o el templo que santifica al oro?
Y decís: Cualquiera que jura por el altar, no es nada; pero cualquiera que jura por la ofrenda que está sobre él, es deudor.
¡Necios y ciegos! porque ¿cuál es mayor, la ofrenda, o el altar que santifica la ofrenda?
Pues el que jura por el altar, jura por él, y por todo lo que está sobre él;
y el que jura por el templo, jura por él, y por el que en él habita;
y el que jura por el cielo, jura por el trono de Dios, y por Aquél que está sentado sobre él.
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y omitís lo más importante de la ley; la justicia, y la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer lo otro.
¡Guías ciegos, que coláis el mosquito, y tragáis el camello!
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de desenfreno.
¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de adentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio.
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros, por fuera a la verdad, os mostráis justos a los hombres; pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad. (Mt 23: 1-28)



El fariseo tradicionalista que vive gritando "yo vivo el espíritu de la cuaresma" gusta de leer y citar la vida de los santos y otros textos piadosos, para compararse con ellos, pero en realidad jamás tocó la Palabra de Dios, jamás leyó la Sagrada Escritura de tapa a tapa, no conoce la Biblia, no conoce las Sagradas Escrituras, que son las que nos hablan de Jesucristo:
Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí. Y no queréis venir a mí para que tengáis vida. Gloria de los hombres no recibo. Pero yo os conozco, que no tenéis amor de Dios en vosotros.
En este periodo de cuaresma, tratemos de vivir su verdadero mensaje, que no son las parafernalias ni las imposturas, ni los ayunos fingidos ni las vistosas procesiones y cortejos... menos aún publicados con pompa y boato en las redes sociales. Vivamos el verdadero mensaje de la cuaresma, pidamos perdón a Dios por nuestros pecados, entreguémonos a Cristo y recordemos el Salmo 119 que dice:


¡Bendito seas, oh Yahvé! Enséñame tus preceptos. Con mis labios he pregonado todos los decretos de tu boca. Me he alegrado por el camino de tus testimonios más que por todas las riquezas. Quiero meditar tus preceptos, prestar atención a tus sendas. Me deleitaré en tus estatutos, no olvidaré tu Palabra. 


Que el Señor nos de la Gracia de permanecer en su Gracia.

3 comentarios:

  1. Muy duro este ensayo

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  2. Que buen articulo, pero de que andas distraído en la cuaresma lo estas...

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    Respuestas
    1. Gracias por tu comentario. Trataré de orar más al Señor, entonces, para vivir más fielmente el espíritu de la cuaresma.
      En Cristo Nuestro Señor,
      RM

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