miércoles, 9 de marzo de 2016

El Icono de la Samaritana en la tradición bizantina

El Icono de la Samaritana en la tradición bizantina

En este icono encontramos presentes todos los elementos y personajes descritos en Jn 4, 1-42: Jesús, la Samaritana, el pozo de Sicar, el brocal, los discípulos incrédulos y el pueblo de Samaría.

A.- Personajes:

1.-Jesús: aparece en primer plano, sentado junto al pozo de Jacob a la hora sexta. No es la figura de uno que esté cansado tras viaje, sino el de una dignidad que presenta en su pose su realeza, parece estar sentado en un trono, esperando recibir a alguien, tal como se puede ver también en su rostro. Con la mano derecha bendice a la Samaritana y con la izquierda está tocando el agua del pozo, afirmando así la continuidad que hay entre Él, Fuente de agua viva, y la profunda sed de Dios que hay en el corazón de aquella mujer, que representa a toda criatura. Jesucristo, es más que “nuestro padre Jacob,” es la Palabra del Padre, que viene a calmar el ansia de sed de “los que están cansados y agobiados”.

2.- Samaritana: está en pie ante Jesús, la sierva ante el Señor; está en pie porque Jesucristo le ha restituido la dignidad que había perdido por el pecado. Su vestido, ricamente tejido, revela que el pecado no ha roto su “imagen y semejanza” a Dios. La mano derecha, abierta y extendida hacia el Señor, es signo de la acogida del “agua viva”, es la mano del pecador que pide socorro al único que le puede saciar de su insaciable sed, y así confirma su deseo de ser amada con un amor diverso del que había sido amada hasta entonces: “porque tuviste cinco y el de ahora no es tu marido”; esto es interpretado también como una incapacidad de comprender el mensaje de la Ley si no es interpretado a la luz de Cristo (“Yo soy”), plenitud de la revelación: los samaritanos sólo aceptaban el llamado “Pentateuco samaritano”: Gn, Ex, Lv, Nm y Dt. Además, esta mujer porta en sí tres irregularidades según la Ley: mujer, samaritana y adúltera; mas Jesús quiere curarla, quiere deshacer las ataduras de sus pecados y quiere curar la herida de su insaciable sed de amor.

3.- Discípulos: estos se habían marchado a por alimento, por esta razón aparecen en la lejanía; su rostro refleja la perplejidad del escandaloso comportamiento del Maestro: habla con una mujer. Los discípulos están lejos pero la distancia no es sólo física sino espiritual: no entiende la misericordia de Jesús con los pecadores, que está más allá de las leyes sociales o religiosas. El estar casi ocultos tras la montaña no les deja ver el rostro misericordioso de Cristo que “no quiere la muerte del pecador sino que se convierte de su conducta y que viva”.

4.- Samaritanos: al lado contrario de los discípulos aparecen estos, dentro de los muros de la ciudad, envueltos en la oscuridad ya que aún no han recibido el anuncio luminoso de la Samaritana, que será la “evangelizadora” de los samaritanos, haciendo así que la transformación que Cristo ha obrado en ella alcance también a este pueblo.

B.- Detalles:

1.- Montaña: es una: Dios es uno; ésta tiene dos puntas: naturaleza humana y divina en Cristo; también es el lugar de las “Teofanías”: lugar de revelación del Misterio de Dios, cuya plenitud ha llegado en Cristo, verdadero Mesías que enseña el verdadero culto: “en espíritu y en verdad”. No se dará culto ni aquí, en el monte Garizim, ni en Jerusalén ni en ningún lugar físico sino a la persona de Cristo, verdadero Templo: “destruid este Templo y en tres días lo reconstruiré”.

2.- Gruta: encontramos una pequeña gruta oscura dentro de la montaña que representa el misterio aún no revelado por Cristo a los apóstoles que, aunque están cerca del Maestro, no llegan a comprenderlo.

3.- Pozo: en forma de cruz griega; con carácter bautismal. Nos recuerda también una escena del AT: encuentro entre Rebeca e Isaac (Gn 24, 10-67) en el pozo que Jacob dio a su hijo José. El encuentro entre Jesús y la Samaritana tiene lugar en el mismo, luego adquiere un matiz esponsal; la esposa infiel es redimida de su condición pecadora por las aguas que brotan del costado de Cristo, agua viva. Hemos de añadir que en casi todas las culturas de la antigüedad el pozo tiene un carácter histérico ya que contiene en sí la síntesis de los tres órdenes cósmicos: cielo, tierra e infierno, y de los tres elementos: agua, tierra y aire; al ponerse Jesús junto al pozo nos está revelando su plan de salvación: “hacer nuevas todas las cosas”.

4.- Árbol: es la imagen de la nueva creación que ha brotado de nuevo gracias al agua del Bautismo, es el “árbol de la vida”. El árbol nos revela que Dios es Uno y Trino: tres ramas en el árbol, y también la naturaleza humana y divina en Cristo: dos ramas en una misma.

5.- Vasija: que en el relato evangélico será olvidada junto al pozo, pero vacía, ya que la Samaritana ha sido saciada con la “verdadera agua”. También vemos en el icono que a la vasija hay atada una cuerda que ésta sostiene con su mano, significando así las ataduras a las que se veía sometida antes de que Cristo la liberará; ya que antes se veía obligada a venir cada día al pozo, señal de sometimiento al pecado, pero ahora, libre ya de las ataduras, se convertirá en anunciadora del “agua que calma la sed”.

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