jueves, 3 de marzo de 2016

La mujer cananea

La mujer cananea
Por un sacerdote católico de rito oriental



La mujer de Canaan, sirio-fenicia e idólatra que sentía el rechazo de sus prójimos y vivía al margen de la sociedad, se atrevió hacer la salida más heroica para encontrar su sanación y salvación. Vivía su propio drama y sintió la necesidad de pedir la misericordia de Dios para que se sane y salve su hija que se encontraba bajo los efectos y dominio de los demonios. “Salió de sus fronteras” para encontrar a Cristo. El movimiento más importante de su vida.

Realmente, de acuerdo con la lógica humana, aquella mujer podría acudir a  miles de sitios prometedores que posiblemente podrían salvar a su hija. No sería lógico conocer y sobre todo confiarse a Cristo. Sin embargo, ante su agapi manifestaría también la fe ejemplar. Aquí debemos conocer que no tiene sitio por si sola la psique lógica, la que no está iluminada de la jaris (gracia, energía increada) de Dios, sólo en callejones sin salida conduce. En el fondo de nuestra existencia, el sello de “imagen de Dios” es lo que nos empuja a unirnos, conectarnos con la Persona de Cristo Dios. Exactamente tal como sucedió también en el caso de aquella mujer desgraciada, que hoy trae ante nosotros la lectura evangélica. Precisamente impulsada de este divino sello, “salió de sus fronteras” para encontrar al Sanador y Salvador verdadero. Proyecta el gran ejemplo sobre en dónde deberá moverse el hombre, especialmente hoy, hacia dónde se precisa ir para cosechar la sanación y salvación que tan ansiosamente busca en su vida. Aquella también estaba probando dolor y desgracia. No era poca cosa que su única hija estaba sufriendo y castigada por la fuerzas de las tinieblas. Su corazón se rompía ante esta terrible prueba. Pero la agapi de Cristo la recolocaba a la esperanza de vida que era el mismo Cristo. Precisamente era la fuerza motriz para superar las fronteras del egoísmo y dominar la existencia de ella la humildad y no resultar a la desesperación y depresión. Es verdad, particularmente hoy con todo tipo de crisis y especialmente la económica, hunden la existencia humana en aquellos terribles problemas sin salida que vivimos diariamente, ¿cuánto el anclaje en la agapi de Cristo la recolocaría en una valoración correcta de las cosas y principalmente en las orientaciones estables de la vida? Entonces el pesimismo, la desesperación y la depresión se transformarían en fuerza y esperanza de sanación y salvación.

Pidió misericordia
La confesión de fe de aquella mujer pagana y especialmente la petición de misericordia de Cristo para la sanación de su hija, revelaba también la grandeza y la nobleza de la psique de ella. San Juan Crisóstomo es revelador acerca de la importancia del ejercicio en la vida humana, que es pedir la misericordia de Cristo: “No pidáis más del Señor sino sólo Su misericordia; y cuando la pidáis tened en vuestro corazón actitud y moral humildes.

La mujer Cananea se vació a sí misma y se confió con toda su fuerza a Cristo. Pero el hombre, tal como vemos también de su actitud de hoy en día, se confía exclusivamente en sus propias fuerzas. Fortifica en su interior de que no tiene necesidad de la oración ni de la imploración de la misericordia de Dios. Camina solo y desierto en la tragedia del velo de su auto-convicción.

La sanadora y salvífica fe.
Aún cuando los clamores y ruegos de la mujer, no se veía que encontraban su correspondencia, hecho que hizo molestar hasta sus discípulos, ella no renunció en ningún caso. La fe de Cananea era tan auténtica, que inicialmente no fueron capaces de poner ningún obstáculo para doblegarla, tal como se ve dentro de la narración evangélica. Por muy grandes obstáculos y dificultades pase esta fe, tanto más se fortalece, se fundamenta y se manifiesta como auténtica conexión, comunicación y comunión con Cristo Dios. Exactamente, la Cananea con su fe viva, se deja a sí misma entrar al espacio del mundo milagroso de Cristo Dios. El logos del Señor traspasa toda su existencia y se demuestra sanador y salvador, porque su hija demonizada se sana en aquel momento. Aquí cabe la referencia de san Máximo el Confesor cuando dice que el Dios ha puesto en el corazón del hombre el deseo para Él. Cuando esto sucede entonces se convierte en partícipe de la vida en la jaris (energía increada) de Dios y se enarmonía también según su voluntad. Así la existencia humana asciende al nivel de la comunión con el Dios y se hace digno del camino más bendito, sanador y salvífico. Este es exactamente el camino, queridos hermanos, que estamos llamados a seguir, nosotros también hoy. Abracemos e incorporemos, pues, la fe que mostró la Cananea y entonces cualquier cosa de pruebas y dificultades de la vida no fluirá en callejones sin salidas, decepciones, desesperaciones y depresiones sino en la grandeza de la conexión, comunión y unión con Cristo Dios. Amín..

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