domingo, 30 de octubre de 2016

Infalibilidad monolítica y divergencias entre anti-modernistas

Infalibilidad monolítica y divergencias entre anti-modernistas
Por Arnaldo Xavier da Silveira, para Tradición Digital

Interesante artículo para leer, pensar y criticar.


1. El mundo católico debe mucho al pueblo sencillo que conserva la fe verdadera, así como a los escritores y hombres de acción antimodernistas que en los últimos decenios han desarrollado ampliamente las doctrinas y acciones en defensa del depósito sagrado de la Tradición. En variados campos de la teología, especialmente en la eclesiología y en la liturgia, la profundización de los principios tradicionales ha sido notable; y, en el terreno práctico de la vida católica, igualmente, los antimodernistas han peleado con denuedo heroico que en el futuro la Historia de la Iglesia registrará con énfasis.

Divergencias en los medios antimodernistas

2. Sin embargo, son bastantes los desacuerdos que han surgido, en la teoría como en la práctica, entre los antimodernistas. Algunos aceptan incondicionalmente el Concilio Vaticano II, otros no. Algunos se llaman tradicionalistas, otros rechazan esa denominación [1]. Algunos dicen que el Papa Honorio fue hereje, otros lo niegan, y análoga divergencia existe con relación a numerosos hechos de la historia de la Iglesia. Muchos adoptan algunas teorías doctrinales modernistas, hasta tal punto que se apartan de la ortodoxia, a pesar de que continúen llamándose tradicionalistas. Y así continúan las diferencias en los modos de ver, llegando con frecuencia a graves antipatías personales.
3. En el actual momento histórico, no parece posible conciliar posturas tan diversas e incluso opuestas entre sí. Se puede esperar que, con el tiempo, con la maduración de las ideas, con la acción de la gracia que no puede abandonar a la Iglesia, las orientaciones de los fieles verdaderos caminen para convicciones convergentes y sólidas, de modo que, sumisos al Magisterio como manda la ley de la Iglesia, los antimodernistas acaben por armonizar mejor sus posiciones, respetando siempre el viejo principio: in necessariis unitas, in dubiis libertas, in omnibus caritas.

¿Una infalibilidad monolítica?

4. Existe un punto doctrinal fundamental al que no se ve que los doctrinadores más eminentes del antimodernismo, así como sus seguidores, den la importancia que se debe. Se trata del principio de que puede haber errores y herejías en documentos del Magisterio pontificio y conciliar no garantizados por la infalibilidad [2]. En efecto, ese principio está en general ausente en los argumentos antimodernistas, que en los últimos decenios han alimentado y sustentado el orbe católico con la buena doctrina.
5. Negar de modo absoluto la posibilidad de error o incluso de herejía en un documento pontificio no garantizado por la infalibilidad, es atribuir a ésta un carácter monolítico, que no corresponde a lo que Nuestro Señor quiso e hizo al instituirla. Las prefiguras neotestamentarias son claras: la barca de Pedro casi zozobró, siendo salvada solamente por un milagro; Pedro renegó a Jesucristo, y no estuvo al pié de la Cruz. Para el episodio de la resistencia de San Pablo a San Pedro en la cuestión de los ritos judaicos, se pueden buscar las explicación más sutiles que se puedan pensar, pero es incontrovertible que San Pedro “era reprensible” (“reprehensibilis erat”)[3].
6. En la historia de la infalibilidad pontificia prevalece desafortunadamente hasta los días de hoy, incluso en autores tradicionalistas más consagrados, la división simplista y dicotómica, según la cual el Papa sólo puede hablar, en materia doctrinal: (1) como doctor privado, o (2) en una definición infalible del Magisterio extraordinario. Para tales autores, “non datur tertium”, esto es, no existe otro modo por el cual el Papa pueda hablar, no es posible salir de una de esas dos alternativas. En esa línea, queda en la sombra la tercera posibilidad, que es la de un pronunciamiento magisterial público, pero no infalible. En efecto, fue apenas a partir del siglo XIX que se explicitó mejor y se cristalizó la noción del Magisterio ordinario no infalible, y que los Papas y los grandes doctores profundizaron la doctrina preciosa y riquísima según la cual el Magisterio Ordinario puede gozar de la infalibilidad, cuando es universal en el tiempo y en el espacio, rellenando aún las demás condiciones de la infalibilidad.
7. Grandes autores de la neoescolática, preocupados en combatir el liberalismo, el modernismo y las herejías afines, siempre resaltaron la autoridad doctrinal papal, pareciendo insinuar con frecuencia una infalibilidad monolítica, que existiría absolutamente en todas las circunstancias, como si no dependiese de condiciones, ni siquiera de las que fueron expresamente declaradas en el Concilio Vaticano I. Sin embargo en la neoescolática se encuentra frecuentemente más precisión en esos conceptos, haciéndose así claro que, ocasionalmente, o en periodos de crisis, o quizá en otras circunstancias extraordinarias, son posibles pronunciamientos papales que no expresen la verdad. Y, en esta materia, lo que vale para el Papa vale también, mutatis mutandis, para el Concilio [4].
8. Hay los que dicen que, aunque ni siempre garantizado por la infalibilidad, un pronunciamiento doctrinal papal o conciliar no puede tener error. Esa posición se enuncia mejor de la siguiente forma: decir que una enseñanza no es infalible, no significa que en ella pueda haber error, significa apenas que tal enseñanza no está formalmente garantizada por el carisma de la infalibilidad; para esa enseñanza, no obstante, incluso no asegurada por la infalibilidad, permanece la asistencia del Espíritu Santo y por lo tanto vale el principio de que no puede tener error. — La buena doctrina, sin embargo, es otra. Esa asistencia prometida a la Iglesia puede ser absoluta, asegurando la verdad de la enseñanza, y lo es cuando están satisfechas las condiciones de la infalibilidad. Cuando, sin embargo, no están satisfechas tales condiciones, es posible que el hombre rechace la gracia. Y se aplica entonces la regla enunciada por Santo Tomás: “quod potest esse et non esse, quandoque non est” (“lo que puede ser y no ser, a veces no lo es”). Como es lógico, no se ve como recibir la noción inflacionada y monolítica de la infalibilidad, que llevaría al absurdo de un “falible infalible”[5].

Distinguiendo al herético del “heretizante”

9. Si puede haber error o incluso herejía en documentos papales y conciliares, a fortiori puede haber en ellos proposiciones que merezcan censuras menos graves. Aplicando ese principio al Concilio Vaticano II, se ve que el problema no es sólo saber si en el habría herejías formales, pero es también verificar si, al comparar con la Tradición, hay en sus documentos finales proposiciones que favorezcan al error o la herejía, con sabor de error o herejía, que ofendan a los oídos píos, escandalosas, o que merezcan otras censuras teológicas. En síntesis, no se trata apenas de saber si en el Concilio hay errores o herejías, sino también de verificar si en él hay proposiciones heretizantes[6].
10. Manifiestamente, una proposición conciliar errónea, herética o heretizante no se incorporaría al patrimonio de las verdades de la fe, por no estar satisfechas las condiciones de la infalibilidad del Magisterio ordinario. Tal proposición sería una declaración fallida del Concilio, el cual no goza de una infalibilidad monolítica. Además, en el caso que ocurran varias proposiciones heretizantes, articuladas entre sí en un mismo sistema, éste, igualmente, no se incorporaría a la doctrina de la Iglesia.

Conclusión

11. Entiendo que son apodícticos los argumentos bíblicos y de la Tradición que fundamentan la doctrina de la posibilidad de error y herejía en un documento papal y conciliar no infalible. De otra parte, la noción de infalibilidad monolítica inspira la mayor parte, tanto de los sedevacantistas, cuanto de los neoconciliares que atribuyen fuerza dogmática al Vaticano II; y está en la raíz de las dudas, perplejidades y angustias que atormentan numerosos espíritus fieles. Un amplio esclarecimiento de esa materia sería un factor de convergencia, apto para eliminar mal entendidos y para reducir diferencias de visión que hay, en la doctrina y en la práctica, entre pensadores y movimientos antimodernistas.
NOTAS
[1] Para indicar el género de aquellos que abrazan la fe verdadera, siguiendo la Tradición católica, uso preferentemente el término “antimodernistas”, que parece más amplio que los demás corrientes, como “tradicionalistas” y “antiprogresistas”.
[2] Vide “La Nouvelle Messe de Paul VI: Qu’en Penser?”, que publiqué en 1975, Diffusion de la Pensée Française, Chiré-en-Montreuil, Parte II, cap. IX et X, y los trabajos que cito allí.
[3] Gal. 2, 11.
[4] “(…) el problema del criterio de la inefabilidad no se pone de manera esencialmente diferente en el caso del papa y en el del concilio ecuménico. En efecto, uno y otro pueden tener la intención de envolver su autoridad apenas parcial, o irrevocablemente. Sólo esta última voluntad es criterio verdadero de inefabilidad” (Charles Journet, “L’Eglise du Verbe Incarné”, Desclée de Brouwer, 3ª ed. aumentada, 1962, t. I, p. 578, nº 1)].
[5] La expresión es de Jean Madiram, in Le faillible infaillible : l’analyse de Jean Madiran, La Riposte Catholique, 27.11.2012.
[6] Se puede preguntar si lo que aquí escribo no chocaría con el llamamiento de Benedicto XVI, en el discurso a la Curia Romana de 22-12-2005, para que el Concilio sea interpretado según una “hermenéutica de la reforma en la continuidad”. — En la misma ocasión, el Papa declaró que la aceptación del Vaticano II, “en grande parte de la Iglesia”, esto es por los antimodernistas, depende de una “correcta clave de lectura y de aplicación”. Con espíritu filial y de religiosa sumisión al Magisterio vivo en toda la medida en que la doctrina lo impone, digo que las dudas y polémicas sobre el Vaticano II, que hace décadas llenan de perplejidad a los católicos fieles, ciertamente se reducirán, o tal vez incluso desaparecerán, si Su Santidad declarase, de modo más específico de lo que hasta ahora lo hizo, y con precisión absoluta, cual es la “clave” de la interpretación del Concilio como “reforma en la continuidad”. Por su naturaleza, esa declaración no puede dejar de explicar si teológicamente es posible que haya proposiciones erróneas, heréticas o heretizantes en las enseñanzas conciliares de carácter doctrinal, que no satisfagan los requisitos de la infalibilidad.

12 comentarios:

  1. Este artículo lleva harto tiempo circulando, es un loable gesto de honestidad intelectual que un blog sedevacantista lo publique. Felicitaciones.
    Un pequeño aporte: Rama coomaraswamy en su libro sobre la destrucción de la Tradición cristiana, cuando toca el tema de los grados de asentimiento (si mal no recuerdo, puesto que lo leí hace unos 9 años), implícitamente reconoce o da lugar a la discusión (quizá sin darse el mismo cuenta, ni sacar las conclusiones que podrían extraerse pues no desarrolla el tema) que plantea Xavier da Silveira al citar la opinión de algunos teologos sobre el valor magisterial de importantes documentos magisteriales de Pio IX.....

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  2. https://youtu.be/yrik-N4YC6M
    escuchen a este op venenoso,
    que desgraciado como tuerce todo para justificar la demolicion con apariencia de ortodoxia
    que hdp...este es peor que un boff o un küng.

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  3. Ya dejen de poner fotos de esa gentuza que repugna mientras se leen los artículos, tengan algo de compasión para los que tomamos consciencia del problema y ya no toleramos ver a esos falsarios arruinadores de la Fe.

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  4. los cinco aborteros de almas juntos es demasiado puaj....hicieron de la cristiandad un gran abortorio, asesinos!

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  5. Errores hubieron (y para más datos de origen masón) y lo más grave es que pablo sexto, mediante su decreto BREVE PONTIFICIO ''IN SPIRITU SANCTO'' ató a los fieles a esos errores. Una hijeputez total.

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  6. Al magisterio ordinario también se le debe asentimiento y si no fuera infalible nos estarían obligando a que le demos adhiramos a un error y eso sería una contradicción que Dios no debe querer.

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    1. le demos está demás, quedaría que adhiramos a un error, perdón.

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  7. Las puertas del infierno no prevalecerán ser refiere a la boca de los herejes donde Dios suscita siempre alguien que lucha contra ellos y hace prevalecer la Verdad. Llamar monolítica a la infalibilidad es buscar una excusa para no creer en la asistencia del Espíritu Santo y para no aceptar todo lo que digan LOS VERDADEROS PAPAS. El tema no es si es monolítica sino ver si son verdaderos los papas que suben al trono de Pedro, de hecho la providencia se ocupó de sacar a la luz unos varios que no fueron verdaderos y desde roncalli se dió una línea de usurpadores de la potestad pontificia que no obedecen a Dios sino a sus criterios humanos.

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  8. Raúl:
    Permítame una sugerencia.
    Ayer vi en youtube dos conferencias suyas muy buenas sobre los testigos de jeová.
    Sería interesante que las posteara.

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    1. Querido hermano Orestes, me acabo de enterar. Las subiré.
      Dios con usted

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  9. Convirtiendo a los Testigos de Jehová sólo con la Biblia 1ª parte:
    https://www.youtube.com/watch?v=jV9Wwnxj12o

    Convirtiendo a los Testigos de Jehová sólo con la Biblia 2ª parte:
    https://www.youtube.com/watch?v=ONy6Hv_QRUA

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    1. ¿El de la conferencia de TLV1 es Raúl Miguel?

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