viernes, 14 de octubre de 2016

Una respuesta a la cuestión de la educación

Una respuesta a la cuestión de la educación


El día 22 de septiembre publiqué una entrada titulada “El católico y la escuela: una excusa retórica”. En ella, mi intención era señalar que los padres católicos en lugar de escandalizarse que en los colegios se enseñe la doctrina de género, la “educación sexual integral” o cualesquier otro dogma o práctica moderna, tendrían que hacer lo mismo que hacen padres de adventistas o Testigos de Jehová: moletarse cinco minutos, ir al colegio y decirle, bien a los maestros, profesores o el director de la escuela:

Buenos días. Mire, en mi hogar somos cristianos. Como cristianos nosotros no celebramos halloween, ni creemos en la ideología de género. Nosotros creemos en el matrimonio bíblico, tal como lo enseña la Biblia. Por lo tanto, mi hijo no participará de esos festejos (halloween) ni asistirá a las clases de educación sexual integral, ni tampoco realizará tal o cual actividad porque eso viola nuestra fe. En Argentina tenemos libertad religiosa y de consciencia garantizada por nuestra constitución. Obligarnos a actuar contra nuestra fe es violar nuestros derechos. Mi hijo puede hacer todos los trabajos especiales que ustedes le pidan para compensar esa otra actividad, que no hará porque somos cristianos. Él realizará la actividad que ustedes manden, se lo aseguro, pero mi familia no autorizará ni el festejo de haloween o cualquier otra actividad, ni cases especiales de educación sexual, ni tal o cual música o tal o cual coreografía.

Me ha sorprendido muchísimo que padres católicos me respondieran cosas increíbles desde la publicación de esa entrada. Muchos, sostenían que lo que yo estaba haciendo era relativizar la verdad católica y reducirla a una cuestión de libertad de creencia. O peor, que yo estaba alabando las creencias de los herejes. Tal vez no fui claro, por eso, recomendé a muchos que me enviaron e-mails que volvieran a leer la entrada a fin de que todas las dudas se disiparan.

Además, creo muy importante señalar algo muy obvio y que todo docente en Argentina lo sabe bien: no se puede obligar a ningún estudiante a profesar algo contrario a sus creencias religiosas o las de su familia. Así, por ejemplo, un niño que es Testigo de Jehová no puede ser obligado a ser abanderado, a jurar la bandera o participar en actos patrios. Tampoco un niño que es evangelista puede ser obligado a besar el cuadro de la Virgen o a asistir a una Misa Católica.

De la misma manera, los católicos que somos coherentes y tenemos convicciones, tenemos que tomarnos cinco minutos para ir al colegio y dejar las cosas en claro, tenemos que tener también cinco minutos para hablar con nuestros hijos, para hablar con nuestros hermanos, para señalar a nuestros padres, para conversar con nuestros vecinos, para predicar, con las palabras o con los hechos. ¿Cuántas veces en el día a día vemos como las personas violan los mandamientos? ¿No podemos en ese entonces, no digo ya salir a los gritos “¡Usted miente!”, sino demostrar en nuestra vida que llevamos a Cristo, no mintiendo? ¿Es tan difícil cuando vemos a una mujer semidesnuda en la calle decirle a nuestros hijos “Así no debe vestirse un Cristiano, porque tu cuerpo es el Templo del Espíritu Santo y Dios no quiere que andes así”? ¿Es tan difícil acaso, tomarse unos minutos por día y preguntarle a nuestros padres, a nuestros hermanos que aún no conocen al Señor Jesús si podemos compartir un pasaje de las Sagradas Escrituras con ellos?

Hace unos días, cuando yo estaba viajando para el Calafate, en el avión había, junto a mi una señora que iba leyendo una revista de espectáculo. Yo estaba leyendo el libro de Samuel, pero fui rápidamente al Evangelio según San Juan y le dije:

-Hola Señora. Veo que está leyendo ¿Le importaría que le lea algo? Le prometo que una vez que termine la dejaré tranquila.
La mujer quedó sorprendida y antes que pudiera decir algo, leí el hermoso pasaje de Juan 14: 1-3:

No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí.
En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.
Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.

Luego, seguí con mi lectura bíblica y la mujer, después de unos diez minutos de mirar a la ventana comenzó a hablar conmigo y pude improvisar un estudio bíblico que duró cerca de dos horas. Yo simplemente señalé algo, estoy seguro que el Señor me usó como instrumento en ese momento para transmitir su mensaje de amor y de salvación, el mensaje que la Iglesia siempre proclamó.

¿Usted no cree que puede hacer lo mismo? Ore al Señor para que él lo utilice como herramienta. Demos Gloria a Dios predicando y llevando el Evangelio.


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